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La Prometida del Rey.

La Prometida del Rey.

Autor: : Rosslix
Género: Romance
Hayley vivió tranquila rodeada de sus mejores amigos y familia por toda su vida, con una madre que siempre intenta venderla al mejor postor mientras que ella trabaja para mantener a su familia. Todo da un giro inesperado cuando llega un visitante desde Alemania para decirle a su madre que Hayley es la prometida del próximo Rey. Sin esperanza alguna o derecho de replicar, su madre la entrega sin remordimiento alguno. Cuando Hayley llegue a Alemania, se encontrará con el peor ser que haya conocido, un príncipe prepotente, lleno de odio hacia la humanidad que solo quiere convertirse en Rey para tener control y poder sobre los demás. Una larga convivencia, un matrimonio arreglado, dos personas que no se aman y un trono que está en juego. ¿Podrá el Rey sin alma amar a la dulce y fuerte Hayley?

Capítulo 1 Prólogo.

Hayley:

Hamburgo, Alemania

••••••••••••••••

Y aquí estaba yo, mirando las expresiones de León Fischer frente a mi.

Daba pasos enormes de un lado a otro y me miraba de una manera que no supe explicar, también había ese brillo que causaba el odio puro que me tenía, no era para menos, nos acabamos de conocer y hoy nos casaríamos.

Estaba tratando de estar lo más recta posible pero el enorme vestido que tenía encima no ayudaba mucho.

Yo no quería estar aquí, no pedí casarme con el porque fui obligada, eso fue lo que paso... Fui obligada a hacerlo, no tenía opción.

-¡No me casaré con esta... Mujer! ¡Es mi última maldita palabra! -alzó la voz a su padre.

-Lo harás León, no tienes opción, si no lo haces, jamás serás Rey.

-¡Yo ya tengo a alguien! ¡Gisselle es mi novia!

-Gisselle es una oportunista León.

-Mientes... La oportunista es esta mujer, que vino de quién sabe dónde, ahora resulta que me casaré con ella -rió sin gracia alguna- ¡No me jodas papá!

-Cuida tu lenguaje León Fischer, soy tu padre y el Rey de esta nación, vas a casarte con esta señorita y es mi última palabra.

Y sin más se retiró de la enorme habitación, en estos momentos deseaba con toda mi alma poder largarme de este lugar, yo no quería estar aquí.

Sus ojos azules conectaron con los míos y un enorme escalofrío recorrió mi espalda, el odio que reflejaban su rostro era del más puro.

-Escúchame bien niña... Voy a hacer cada maldito día de tu vida un infierno, no pienses de que porqué seas mi esposa voy a darte el puesto que claramente no mereces, tu solo serás mi esposa por obligación y te usaré para que me des un heredero, del resto no me sirves.

Salió de la habitación dejándome completamente asustada con sus crueles palabras, toda mi vida soñé casarme pero no de esta forma, caminé hasta el balcón de la habitación y podía ver el mar junto con las casas de la nación, lo que me estaba sucediendo no era justo para mí, yo no merezco nada de lo que me está pasando.

Capítulo 2 Uno.

El que ha superado sus miedos será verdaderamente libre.

-Aristóteles.

Hayley:

Australia.

Desperté por el insistente sonido de mi alarma, solté un gruñido de frustración para tomar mi molesto reloj para lanzarlo al suelo, pero el muy hijo de la fruta no ha parado de sonar, rendida ante mi enemigo el señor reloj, me levanto para al fin recogerlo y apagarlo.

-Te odio -le dije a mi reloj, yo misma reí por mis tonterías, hablándole a un reloj como si me fuese a responder.

Sin muchas ganas de ir a trabajar me duche en el pequeño baño de mi habitación, hecho por mi misma, compré unos tubos y grifería de segunda mano para poder armar una regadera decente junto con un lavamanos, adoraba la creatividad que tenia mi cerebro, era capaz de crear cualquier cosa con material de provecho, siempre pensé que era distinta a las demás chicas que pensaban en adolescentes hormonales, lo mío era explorar y conocer, ver el mundo desde otra perspectiva, pero todo quedó ahí, en un simple sueño.

Nací y crecí en una familia sencilla por así decirlo, soy la mayor de tres hermanos, vivimos en una pequeña casa en los suburbios casi que alejado de la sociedad, no me molesta porque prefiero la soledad antes de estar rodeada de Miles de personas que posiblemente no aporten nada positivo para mí vida.

Después de colocar mi horrible uniforme salí de mi habitación que habitación como tal no es, es un ático viejo que remodelé con pocas cosas para poder dejarles la habitación a a mis hermanos y la otra a mamá, y hablando de ella, amaneció como siempre, amargada.

-Hayley, recuerda que hoy hay que pagar el alquiler y pagarle a Dennis.

-¿A Dennis? Pero... No entiendo, no me digas que lo hiciste de nuevo -me toque el puente de la nariz- cigarrillos de nuevo Lina.

-Así es -me miró mal- eres la única que trabaja en esta casa y tú debes es mantenerme a mi y tu hermanos... Bastante que te di de comer cuando el bastardo de tu padre nos abandonó.

Y ahí iba la misma cantaleta de todos los días, no había un solo día en que hablara del abandono de mi padre, de hecho jamás lo conocí ni ya poco quise hacerlo, por algo nos había abandonado a mi y a ella, pero en vez de mejorar todo, fue lo contrario, se busco a un tipo que hizo fue embarazarla y querer abusar de mi siendo una adolescente, al menos ella lo apuñaló por intentarlo y pudo huir.

Desde que tengo uso de razón mamá había caído en el cigarrillo y el alcohol, a diario bebia unas cuantas cervezas y fumaba, de vez en cuando usaba drogas para según aliviar su dolor ya que siempre cuenta que amo a mi padre pero el nos había dejado por una mujer de mejor posición económica. No me siento orgullosa de tener la madre que tengo pero, al menos esta ahí.

Hay veces en las que deseo con el alma irme lejos de ella, para poder respirar, conocer el mundo y librarme de esas noches en las que la escucho llorar y gritar por el, de llamarme bastarda por no llevar su apellido y del odio que me tenía por parecerme mucho a el. A pesar de sus tratos hacia mi, jamás la he dejado de querer porque a pesar de todo es mi madre y si sigo aquí es por Hugo y Daniel, mis gemelos hermosos, por ellos es que trabajo a diario para que no repitan el ciclo de no estudiar porque si, dejé de hacerlo para trabajar y poder tener algo que comer.

Trabajaba a diario en un supermercado ordenando la comida en los anaqueles por casi todo el día, guiar a clientes a donde sea que estén los productos y siempre tener una sonrisa cálida para ellos, aunque por dentro mi vida sea una total desgracia.

Cuando era menor de edad, me gustaba enseñar a los niños a leer y escribir al igual que dibujar y fomentar la lectura, siempre ahorraba algo de dinero para comprar libros de segunda mano e ir a la escuela o a los parques a leerles cuentos como: El principito, Mobi Dick entre otros... Siempre hacia todo lo posible por llegar los sábados para su lectura.

Pero siempre me tocaba regresar a mi realidad, dónde escuchaba a mamá llamarme de mil formas, dormir a los gemelos para que no escuchen sus lamentos, cocinarles y ayudarlos con sus tareas, porque a mí, me tocó crecer antes de tiempo.

Me despedí de los gemelos quienes comían su cereal a gusto, ambos eran unos castaños preciosos y bastante idénticos.

Tomé mi vieja bicicleta, coloqué mi bolso en su cesta y me subí para manejar hasta el supermercado. Me gustaba manejar bicicleta porque podía disfrutar de lo bonito que tenía la naturaleza para ofrecer, saludaba a algunos vecinos y niños del barrio, siempre me mentalice de que nada ni nadie podía romperme, por más que el mundo se me estuviera follando de la manera más brusca y salvaje, siempre iba a sonreír, soportar hasta lo más mínimo para que nadie destruya la persona buena que soy, porque así es que yo misma me considero, una buena persona.

Estacione mi Boo en el área de bicicletas, la amarré a su cadena y tomé mi bolso para entrar al supermercado, saludé a Tony de vigilancia y como siempre me regalaba un chocolate, fui hasta el área de los casilleros y dejé ahí mis cosas, recogí mi cabello en una trenza para colocar mi gorra y empezar con mi jornada diaria en el trabajo.

-Pero aquí está mi rubia favorita.

-Hola morena preciosa -salude con un beso en la mejilla a Joana, mi única y mejor amiga.

-¿Lista para un día de mierda?

-Siempre estoy lista -reí.

Ella se colocó en su puesto como cajera y yo a tomar el carro para ir al área de los embutidos y colocar lo que iba en los anaqueles. Conocí a Joana hace unos tres años, venía de estados unidos y vive a una cuadra de mi casa, casi siempre nos vemos en el trabajo, es una chica de armas tomar y muy divertida.

-Disculpe señorita

Voltee para mirar al dueño de la voz, era un hombre un poco alto y con algunas canas, su traje era bastante elegante aunque su forma de hablar era chistosa.

-Buenos días señor ¿En qué puedo ayudarlo?

-Estaba buscando el área de las harinas.

-Esta al siguiente pasillo, si busca pastas le recomiendo la de espinaca, es muy buena para la salud.

-No me lo va a creer, pero estaba buscando esa pasta -sonrió-, eres muy amable Hayley.

Fruncí el ceño -¿Cómo sabe mi nombre?

-Lo tienes en tu gafete -rió.

-Oh lo siento -miré mi gafete-, a veces soy un poco distraída... Es que vienen tantas personas a este lugar que ni yo misma me acuerdo de como me llamo pero.. -me tapé la boca al darme cuenta que estaba hablando muy rápido-, lo siento, seguramente usted es un hombre ocupado o está apurado -reí avergonzada-, lo siento de nuevo.

-No te preocupes, me hiciste reír -rió-, tuve una mañana un poco estresante pero... Me hiciste el día, un placer conocerte Hayley, espero volverte a ver.

-Pues claro que me va a volver a ver -reí-, trabajo aquí todo el día... Oh lo siento.

-Deja de disculparte, me voy y de nuevo gracias.

El señor se fue y yo seguí en lo mío hasta que se acercó Raul, mi novio.

-Hola hermosa novia mía -me dió un beso en la mejilla- ¿Todo bien?

-Todo bien -me concentré en el trabajo-, deberías estar arreglando el aire acondicionado Raul.

-En un rato lo hago, solo quería venir a saludar a mi hermosa y despampanante novia.

Siempre decía que era hermosa, aunque jamás me consideré así, ya que siempre crecí odiándome a mi misma por las cosas que decía mamá sobre mi parecido a ese hombre, mis ojos azules y cabello rubio, los odiaba.

Raul es mi novio desde que tengo quince años, hemos estado juntos desde entonces, es un chico muy tierno y divertido, me ama y yo lo amo más que a nada, ambos tenemos una meta de reunir el dinero suficiente para conocer Italia, nuestro país favorito, se que lo lograremos, amaba a mi chico.

-¿Qué haremos hoy? -preguntó mientras bailaba, siempre hace eso.

-No lo sé, estaba pensando trabajar horas extra, Lina le debe a Dennis unos cuantos cigarrillos y cervezas -suspiré-, lo siento.

-Linda, pero te he dicho que te puedo ayudar en eso... Pero jamás recibes mi dinero -se acercó a mi- sabes que lo hago para aliviar un peso de ti.

-Lo sé y lo aprecio, pero no me siento bien usando tu dinero para pagar los vicios de Lina, lo siento.

-Esta bien -suspiró-, ni modo contigo Linda... Me tengo que ir, hoy salgo temprano pero vendré por ti, su tuvieras un teléfono te llamaría para saber a qué horas sales, pero ni eso me quieres aceptar.

-Sabes que no me gusta que me den nada, prefiero trabajarlo por mi misma -el asintió-, mejor vete ¿Si? Me puedo meter en problemas.

-Ok dulcecita -reí-,nos vemos más tarde, te amo.

Y- yo a ti, cuídate.

Me dió un beso y se fue, siempre me reía por alguna ocurrencia de Raul, amaba en la forma que buscaba protegerme pero siempre me alejaba de eso, no quería meterlo en mi mundo porque yo no estaba orgullosa de la vida que tenía, pero al menos era honesta y eso es lo que me importa, Raul me amaba sin importar quien es mi madre o lo que hacía, siempre iba a cuidarme y lo ha hecho genial hasta ahora.

(...)

Mi turno había terminado al fin, ya era hora de cerrar el lugar y esperé a Raul por un momento pero jamás vino, estaba segura de que su auto se averió de nuevo, casi siempre pasaba, porque siempre lo encontraba en medio de la carretera peleando con su Volkswagen viejo.

Monté de nuevo mi bicicleta y maneje hasta la casa, cuando llegue la guarde dentro, había total silencio, fui a la habitación de los gemelos, ellos ya dormían, fui hasta mi habitación y cuando entré todo estaba hecho un desastre.

-¿Qué pasó aquí? -susurré.

Toda mi ropa estaba revuelta y de inmediato busque mi cofre donde tenía ahorrado mi dinero, mis lágrimas salieron cuando mi cofre estaba vacío, salí de mi habitación buscando a Lina y la encontré en medio de su cuarto tirada en el piso.

-Lo hiciste de nuevo ¿No es así Lina? Usaste mi dinero para drogas... ¿Porque? Si eso era para conocer Italia -sollocé- ¿Hasta cuándo será esto?

Había una jeringa y esas cosas para drogarse, las recogí y las eché a la basura, tomé a Lina en mis brazos y la lleve al baño, Estaba demasiado drogada, la coloqué debajo de la ducha y la abrí, me importaba poco mojar mi uniforme, estaba molesta, dolida por lo que había hecho, ya ésta era la segunda vez que lo hacía, todo mi esfuerzo de trabajar horas extras había Sido en vano.

-Eres igual a George... Una bastarda que no lleva su apellido, por ti me dejó bastarda, por tu culpa me dejó.

Ya esas palabras dejaron de dolerme hace mucho tiempo, ya habia soportado todos sus malos tratos hacia mi, ella jamás me golpeó, pero sus palabras me hacían daño, yo estaba segura de que no tenía la culpa de que el la dejara, yo no era culpable de que el haya Sido un muy mal hombre con ella y dejarnos en este lugar, no tenía la culpa de que ella fuera cruel conmigo, siempre me mentalice de que jamás habia Sido mi culpa.

Si seguía aquí era porque la quería, pero amaba más a mis hermanos y se que si me voy ella no dejará que me los lleve, cómo me amenazó una vez con asesinarlos si me iba y por eso es que sigo resistiendo a todo esto. Ni siquiera Raul podía ayudarme. Nadie podía hacerlo, nadie.

Capítulo 3 Dos.

Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría.

-Salomón.

Leon:

Hamburgo, Alemania.

Ser el futuro Rey de una nación, no es nada sencillo, hay que andar de un lado a otro sin descanso alguno, me he preparado por años para suplir a mi madre en poco tiempo, aunque la verdad, no me apetece ser Rey.

Requiere de mucha responsabilidad y eso es lo que menos tengo, por más que me he preparado no deseo ser Rey, pero por el otro lado, quería serlo. Se que me estoy mal interpretando, pero no podía dejar el trono a manos de otras personas. Soy el primogénito de esta familia y el único que puede seguir el reinado cómo se debe.

Por años me he preparado en todo tipo de cosas, etiqueta, modales, gustó por la moda, equitación y muchas cosas más. Me he acostumbrado a los lujos y la buena vida, algo que si me gusta, tener un buen auto, mucho dinero y comprar todo lo que se me plazca, al fin de cuentas soy el príncipe y el futuro Rey.

Ya cumplí los treinta y esa es la edad adecuada para asumir el cargo, así que en unos meses seré el próximo Rey de Alemania.

-Leon, tienes visita -anunció Abel, mi fiel amigo y comandante de la guardia Real.

Ha sido mi mejor amigo desde que tengo memoria, fue la única persona que pudo jugar conmigo en mis ratos libres, su padre era parte de la guardia Real y ahora trabaja para el futuro Rey.

-¿Quién es? -pregunté mientras me estaba midiendo el nuevo traje que adquirí de París.

-Es Giselle.

Mi sonrisa no se hizo esperar, Giselle es mi novia desde hace cinco años, la conocí en el cumpleaños de su padre el Duque de Luxemburgo. Es una mujer despampanante, hermosa y muy refinada, una mujer digna de ser una Reina, mi Reina.

-Hazla pasar de inmediato y que no me molesten mientas esté aquí.

-Entendido.

Abel no oculta su desagrado por ella, pero no me importa, el tiene que respetar mi relación por ser su futuro Rey. Miré por el espejo a Giselle quien venía vestida de Prada, una de sus piezas favoritas y por supuesto, la mía.

-Mi Rey -sonrió- que hermoso traje, aunque el color no es muy bonito.

-Pues si lo deseas puedo pedir otro color de tu agrado -la tomé de la cintura-, todo sea por mi futura Reina.

-No sabes lo feliz que me hace oír esas palabras, cada vez falta menos para que seas el Rey de esta nación -sonrió-, después mi coronación cómo Reina.

Se que ella podrá manejarlo de la mejor forma, es fuerte y decidida, algo que siempre me gustó de ella, a parte de su belleza.

-Me quedaré en Alemania por unos meses más, papá vendrá después, estaré aquí para tu coronación.

-Me parece bien -besé sus labios.

-Ve a cambiarte ese traje, odio ese color, no te favorece querido.

Se separó de mi para sentarse al filo de la cama, fui a mi closet y me coloqué otro traje de color gris, ya listo ella me dió una amplia sonrisa dándome la aprobación.

-El gris en definitiva es tu color.. ¿Nos vamos?

-Claro que si.

Hoy tenemos un almuerzo con mi padre, a él tampoco le agrada Giselle, no me importa lo que piense, ella es mi novia y es mi vida.

Caminamos por el largo pasillo del palacio hasta llegar al jardín, a lo lejos ví a mi padre junto a mi madre comiendo muy a gusto, cuando llegamos ambos saludamos con cortesía, ayudé a sentar a Giselle y luego me senté a su lado.

-Ya estoy aquí padre.

-Ya veo -sonrió-, la idea era hablar solamente contigo pero... Ya que está la hija del duque, pues, el tema será aún más interesante.

-Papá por favor.

Mi relación con papá no es la mejor del mundo, es un hombre muy frío y dominante, me ha criado con mano dura y distancia, siempre ha intentado controlar mi vida, lo hizo hasta mi mayoría de edad, pero ya no más.

-Como ya sabes, hace unos meses cumpliste los treinta años -hablaba mientras tomaba el café-, ya estás en la edad de ser coronado como Rey, en unos meses haremos la ceremonia de coronación.

Gisselle y yo nos miramos y sonreímos emocionados.

-Pero antes de eso, tienes que casarte.

-¿Casarme? -el asintió-, eso no será un problema, me casaré con Giselle -tomé su mano.

-No hijo, no entiendes... -lo miré sin entender-, no te casarás con la señorita, ya tu tienes prometida.

No podía creer lo que estaba escuchando. ¿Prometida?

-¿De que hablas padre? Si esto es un chiste déjame decirte que es de muy mal gusto.

-No un chiste Leon, tu ya tienes una prometida, soy el Rey y sabes que mi palabra tiene que cumplirse.

-¡No puedes hacer esto papá! -me levanté molesto- ¡Yo estoy enamorado de Giselle! ¡Ella será mi esposa!

-Pues no lo será hijo -su tono tranquilo me daba más rabia-, te casarás con una linda chica que es muy digna de ti, cuando tenías cinco años, hice la promesa de que te ibas a casar con ella antes de ser Rey, ya el momento y lo harás.

-¡Esa promesa la hiciste tú! ¡No yo! ¡Soy un hombre mayor y puedo tomar las decisiones por mi maldita cuenta!

-No es así Leon, mientras vivas bajo mi techo, uses mi dinero y los lujos que tienes, harás lo que diga, me importa un carajo la edad que tengas, vas a casarte con tu prometida y es una orden.

-No lo haré y es mi última palabra.

-Entonces ve despidiéndote de tus lujos, dinero y autos... -se encogió de hombros-, he cometido demasiados errores contigo Leon, no puedo poner en riesgo de dejar en manos de cualquiera la nación, eso no lo voy a permitir.

-Su alteza -habló Giselle-, siento que eso fue directamente para mí.

-Que comes que adivinas querida -dijo mi madre con una sonrisa-, nosotros sabemos la clase de persona que eres, aunque mi hijo es demasiado tonto para darse cuenta... No puedo arriesgar tampoco la integridad de esta nación dejándola en manos de una mujer como tú, ésta nación necesita una mujer que sea el apoyo del futuro Rey, que sea leal, honesta, humilde, sencilla, llena de muchas virtudes... Y créeme que la prometida de mi hijo tiene todas esas cualidades.

-Yo también las tengo -dijo seria.

-Oh no querida -rió-, tu y yo sabemos que no las tienes -negó-, yo jamás he atacado a otra mujer, porque siempre he considerado que somos el sexo fuerte de una relación y que debemos darnos apoyo entre nosotras, pero en tu caso, sabemos que no eres digna de ser una Reina.

-Mamá te pido que respetes a Giselle, ella ha Sido leal en todo éste tiempo y ha estado conmigo para todo.

-¿Ah si? -sonrió-, dime algo hijo ¿A cuántas obras de caridad ha asistido? ¿A cuántas fiestas benéficas ha ido? ¿Ha ido a orfanatos o hospitales? A ninguno ¿Cierto? No puedo dejar que una mujer así esté dentro de mi Reino, he trabajado por treinta años para forjar un camino, no puedo dejar en manos mi trabajo de años a una mujer como ella.

-Tu no sabes cómo es la supuesta prometida que tengo mamá.

-Claro que si sabemos mi amor, es una chica dulce, honesta y trabajadora, ama a los niños y fomenta muchos valores, para mí, ella es digna de ser mi sucesora y tu esposa.

Tomé a Giselle de la mano para irnos de este lugar, caminamos hasta mi habitación y pude descargar toda mi ira, no es posible que mis padres hayan querido buscarme una esposa. Ya no estamos en la época antigua en donde las promesas de matrimonio existían.

-¡Mierda y más mierda! No puedo permitir esto... Yo te amo es a ti Giselle.

-Tranquilo cariño -me tomó las manos-, buscaremos una solución a todo esto.

-¿No escuchaste? No hay una solución, me harán casar con una mujer que no conozco y que no amo, no es justo.

-Lo sabemos cariño -acarició mi mejilla-, tus padres jamás me han querido, sabes que siempre he Sido respetuosa con ellos, llevarme bien con ellos pero... Jamás van a aceptarme -bajó la cabeza-, sabes muy bien que yo sufro de fobia social y por eso no he ido contigo a esos eventos.

-Lo se mi amor -la abracé-, pero no hay salida, debo cumplir con mi deber como próximo Rey, sabes lo mucho que me he preparado para esto, si no cumplo con mi deber, mi primo tomara el cargo y eso no puedo permitirlo, lo lamento pero debo cumplir.

-¿Que? -se separó de mi.

-Lo que escuchaste Giselle, te amo, pero... Debo hacerlo, si quiero ser Rey, debo hacerlo.

-Escúchame Leon, he soportado los malos tratos de tus padres hacia mi, las humillaciones publicas de la prensa, he estado a tu lado en los peores momentos ¿ahora me sales con esto? No lo puedo creer, simplemente no lo creo.

Lo que estoy haciendo no es lo justo para ella, pero es lo correcto, a pesar de que mi padre me crio de una manera rígida y cruel, no puedo simplemente seguir con Giselle si voy a casarme, esto es por el trono que es lo único que me importa.

-Lo lamento Giselle.

-No, yo lo lamento mas -se alejó de mi- no puedo creer que me dejes por una mujer que ni siquiera conoces.

-Lo se, pero... Esto se basa ahora en principios y si sigo a tu lado, el trono me sera arrebatado y eso no lo puedo permitir, me casare con esa mujer, pero solo sera un año o quizá menos, te prometo que no me acercare a ella, que le hare la vida imposible para que se vaya, sabes que te amo es solo a ti.

-No te creo nada Leon -comenzó a llorar- he estado a tu lado desde siempre, no es justo lo que me estas haciendo.

-Solo un año Giselle, te lo prometo... -me acerque a ella- Podremos vernos cuando quieras, pero ahora todo va a cambiar.

-¿Me lo prometes Leon? -asentí- Prométeme que no te vas a acercar a ella, que jamás la vas a tocar a ella.

-Jamás -tomé sus mejillas- se que te has sacrificado por mi y por eso te amo, pero solo sera un año ¿bien? Se que no es justo para ti, pero es un sacrificio que debemos hacer para estar juntos.

-Espero que me cumplas Leon, cumple tu promesa.

-Claro que pienso cumplirla Giselle.

No quiero hacer esto, por que se que la estoy lastimando a ella, pero no me queda de otra, ahora debía ser mucho mas meticuloso para verme con ella, se que no sera lo mismo. Pero tengo que aparentar frente a todos que amo a mi esposa, aunque dentro de mi ya la odie así no la conozca.

Pero esto es un riesgo, un enorme riesgo de perder el trono que tanto trabajado me ha costado tener. He trabajado por años para ser rey por mas que dentro de mi no quería serlo. Mi orgullo no me dejara que mi primo lo obtenga.

Ahora estaré atado a una mujer de la cual no tengo la mas mínima idea. Tengo que aparentar frente a todos que la amo y que estoy feliz de estar casado, pero no pienso acercarme a ella, no cuando esto sera un matrimonio falso.

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