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La Receta de Tu Voz

La Receta de Tu Voz

Autor: : Mikaela Wolff
Género: Romance
Oliver Smith vivía tranquilo disfrutando de la simpleza de la vida; de su familia, amistades y sexo esporádico con desconocidas, saciando su adicción al sexo con una o varias por noche. Sin embargo, una trágica tarde de otoño, termina con su paz cuando conoce a su peor dolor de cabeza, la chica de ojos azules, Karly Brown. Única sobreviviente de los asesinatos de su familía, un huracán que arrasa todo con su paso y la peor de las prohibiciones, teniendo que aprender convivir bajo el mismo techo. ¿Podrá Oliver sobrevivir a Karly? ¿Quién asesinó a los Brown?

Capítulo 1 001. El Inicio

AMOR

¿Qué es el amor?

El amor es más que un sentimiento.

El amor es una guerra, una batalla constante, librada en ocasiones dentro de nosotros y otras contra el mundo. Algo inevitable que nos convierte, rompiendo nuestra rutina, tirando abajo los conceptos establecidos, cometiendo ilegalidades con el único fin de alcanzar lo imposible... Normalmente, no apruebo la guerra, pero cuando se trata de una guerra por amor, lo hago sin dudar, sin perder la esperanza, aunque en más de una ocasión haya estado apunto de perderla.

Soy Oliver Smith, agente militar y os voy a contar la historia de un idiota unineuronal que cambió toda su vida por una pequeña lunática y sensual mujer que me desespera. Claro que si le preguntas a mi esposa, más que un idiota unineuronal, te dirá que soy un niño ingenuo, su eterno niño ingenuo.

OTOÑO DEL 2018

Si alguien pidiera que me describiera en dos palabras, estas serían, sin duda alguna; hombre y lujuria. Soy la clase de hombre que abre las puertas de los sueños más lujuriosos, tanto en solteras como en casadas. Un demonio travieso que se esconde en el cuerpo de un mortal para hacer pecar a las más santas. Solo sexo, sin amor. Sexo duro y salvaje, por una noche.

Nunca existirá una mujer que sea capaz de darle caza a mi corazón. A pesar de todo, que no quiera amor, no significa que no crea en el dichoso sentimiento, después de todo, creo cuando contemplo las miradas que dedican mis amigos enamorados a sus parejas. Es sólo que yo no salí del tipo amoroso.

¿Decepciono a alguien con mi forma de actuar?

Si, lo hago. Decepciono a las chicas que no me creen cuando digo que todo se resume en un encuentro de una sola noche, y decepciono a las que sueñan con poder derribar mis muros.

¿Me importa?

No. Siempre aviso en donde se están metiendo antes de que el juego de seducción empiece.

-Oliver, por favor -jadea suplicante la latina, sabiendo mi nombre cuando apenas recuerdo la inicial del suyo. Creo que era la "n", pero no pondría la mano en el fuego por ello -Oh, Dios. Papi, eres demasiado travieso.

Sus ojos oscuros me observan desde una posición ventajosa mientras estoy ocupado con la lengua en su parte más íntima, jugando con el piercing en el clitorís. Acaricio sus labios inferiores, separándolos con dos dedos, los cuales dejo perder por su interior, haciéndola gemir al ritmo de la falsa penetración. Alternando los ritmos, apartando la lengua de su punto erógeno para poder masajear con el pulgar. Y beso los muslos abriendo sus largas piernas.

-¡Más! ¡Oliver, más! -gime, provocando la palpitación de mi polla escondida bajo el tejano.

Clavo los dientes en la piel morena, dejando un pequeño recordatorio del encuentro y saco los dedos mojados, lamiéndolos, dedicándole una mirada caliente que es correspondida con su perversa expresión. Entierro la boca en su entrepierna, introduzco la lengua en movimientos ágiles, provocando gritos enloquecidos, saboreando cada rincón. Y por su parte, me agarra de la cabeza, empujándome contra el coño, sin que detenga la acción.

-¡Oh, joder! ¡Sigue así, papi! ¡Sigue así!

Sigo comiéndole el coño entero, complaciendo cada súplica, aumentando los gritos placenteros, sujetando sus muslos cuando los espasmos empiezan y el orgasmo llega, haciendo que pueda disfrutar de los salados flujos vaginales. Sigo atento hasta que se libera al completo, bebiendo sediento, sin desperdiciar ni una gota.

-¡Dios! ¿Quién te ha enseñado? -pregunta, con la respiración alterada.

-Soy autodidacta.

Salgo de la cama desnudándome, exponiendo la dura erección que hace rato quiere entrar dentro del partido.

Abro el cajón de la mesa de noche, sacando el último condón, cosa que no me preocupa, ya que tengo tres cajas más en el armario. Rasgo el paquete plateado con los dientes y escupo el envoltorio al suelo.

Con el seguro puesto, para evitar indeseables accidentes, regreso a la cama y atrapo de nuevo sus piernas, alzándolas por encima de los hombros. La chica me facilita el encuentro con su interior, separando las paredes vaginales con sus dedos delegados, esperando por la misma acción que yo. Entro levemente con la punta y a continuación, me entierro de golpe, liberando gemidos que acompañan a los de la invitada.

Entro y salgo. Me muevo a capricho. Aumento la oferta ante la demanda constante de sus gritos.

¡Más fuerte! ¡Más salvaje!

La habitación huele a sexo por cada una de las cuatro paredes, sin olvidarse de ninguna equina.

Me inclino hacia sus pechos, flexionando sus rodillas en mis hombros con facilidad para alcanzar su pezón derecho con la boca. Chupo y tiro de ellos, masajeando el contorno, sin ser capaz de capturar al completo sus tetas dadas las dimensiones.

Sigo marcando el ritmo con puras embestidas, sin aflojar el compás, dado a las altas exigencias que cumplo a la perfección. Me clava las largas uñas en el torso y antes de que me siga marcando, atrapo las muñecas con una mano y las llevo por encima de su cabeza, lejos de mi alcance, quedando a escasos centímetros de su boca. Su aliento acaricia mi barba sombreada y bajo enseguida a las tetas, entreteniéndome con los pezones, lamiendo y succionando.

Se retuerce del placer en un nuevo grito más intenso que el anterior y salgo, volviéndome en simple espectador de su momento. No estamos sincronizados. Se corre demasiado rápido y a mi me gusta que tengan más aguante. Si ellas exigen y cumplo, estoy en mi derecho de exigir.

-Coges muy rico, papi.

Me siento en el borde de la cama, apoyando la mano en la cabeza. La chica se acerca abrazándome por detrás, apoyando los melones en la espalda y me acaricia el brazo con ternura, produciendo un intenso escalofrío en mí. No me gusta. No puedo con la mierda del afecto procedente de personas que no pertenecen a mi reducido círculo de amistades y familiares.

-¿Estás bien?

-No me he corrido -respondo sin gracia.

-No te preocupes, papi -susurra picara a mi oreja izquierda -Me voy a encargar con mucho gusto de nuestro pequeño problemilla.

Se baja de rodillas al suelo, envolviendo la polla con la mano y lame inicialmente la punta, prosigue metiéndose todo el grosor con apetito. Comiendose los veinte centímetros a buen ritmo. Apoyo las manos abiertas sobre el colchón, dejándome hacer virguerias con su lengua, sintiéndome compensado con la buena mamada que está realizando.

El móvil suena en la mesa de noche y le hago una coleta a la latina, impidiendo que sea tan intensa mientras que compruebo el contacto.

SAMUEL

Sólo un nombre es suficiente para que detenga el encuentro de golpe y sin remordimientos.

Alejándome de la chica, la cual sigue de rodillas en el suelo sin comprender mi actitud, me acerco a la ventana y contemplo el sol salir por el horizonte. Otra noche sin dormir donde he follado con tres tías distintas; un trío con gemelas y el dúo con la latina. Y dada la llamada, sé que aún me queda un largo rato sin dormir.

-Oliver, cariño -dice la latina con suavidad, pronunciado una palabra prohibida, cariño. No soy su cariño y no puede creer que lo vaya a ser -¿Ocurrió algo malo? Porque si no es así...

-Aséate y vístete, lárgate de mi casa -digo con brusquedad, cortando de raíz toda esperanza que tenga por tenerme -No me gusta repetirme.

-¿Perdona? -levanta una ceja.

-Tengo un asunto que atender y me sobras.

Otra llamada se produce después de que no haya llegado a atender a Samuel.

ARIANA

-¿Me recuerdas tú número?

-No te lo he dado y no te lo daré.

-¿Volveremos a quedar? -pregunta insistente, limitando mi paciencia.

-No me jodas y lárgate. Nosotros no vamos a quedar por más que insistas, te lo dije antes de que vinieras y no voy a rectificar. Esto fue un polvo y nada más. Punto y final. Adiós.

Se le tiñe las mejillas con un suave rojizo, desprendiendo chispas rabiosas a través de la mirada opacada, furiosa por no haberme creído. Da dos zancadas rápidas y antes de que me estampe la mano en la cara, atrapo su muñeca interrumpiendo su próposito.

-¡Eres un idiota! -grita con rabia.

-Si, lo soy. Por haberte elegido, por haberte dejado entrar en casa, por haberte tumbado en la cama y haberte dado dos putos orgasmos -digo sin perder la dureza en el tono -Por otro lado, te lo dije desde el primer momento, sólo íbamos a follar y nada más. La ciudad es pequeña y todos me conocen, follo por placer, joder.

-Creía que sería diferente conmigo.

-Te equivocaste -la suelto -Vístete y vete, no sigas humillándote por mi. No valgo nada para que lo hagas. Si quieres amor, sal y búscalo. Existen miles de hombres que sabrán amarte como te lo mereces, pero no yo.

La chica se rinde y se viste, maldiciendome, dejándome de cabrón para arriba sin que me importe. Antes de salir me hace una pequeña dedicatoria con el dedo del medio, niego y atiendo la llamada.

-Buenos días, Ariana.

-Buenos días, conejo follador. Ya era hora que contestaras, creía que te había engullido alguna clase de anaconda -bromea agradablemente.

-¿Qué necesitáis?

-Día en el pantano. ¿Te apuntas?

-¿Cuánto vais a tar... ? -escuchó el claxon, ruedo los ojos y camino por la habitación -¿Cuánto lleváis esperando?

-Lo suficiente para conocer el rostro de la víbora frustrada -contesta Ariana y Samuel se ríe de fondo -¿Desde cuándo las dejas insatisfechas? ¿Acaso tienes problemas de erección y no nos lo has confesado?

-Me alegra saber que te preocupa mi polla después de haberme interrumpido el polvo, pero no tienes de qué preocuparte. Me masturbaré pensando en ti, dedicándote la corrida hasta la última gota.

-¡Grosero! -recojo el pantalón del suelo.

-No te metas con mi chica -interrumpe Samuel mientras me pongo el pantalón y voy por la camiseta -Es mía y no hay ni un solo cachito para tí.

-No me interesan las planas.

-¡Te sigo escuchando! -grita Ariana.

A falta de ponerme los zapatos, voy al cuarto de baño mojándome el cabello, usando los dedos para peinar los mechones castaños hacía atrás.

-Sé que me escuchas. Cinco minutos y bajo -atrapo el desodorante.

-¿Tan rápido te corres? -Ariana está loca.

-¿Estás segura de querer seguir hablando sobre mi vida sexual?

-Cero comentarios, cero comentarios -se ríe tan bromista como siempre, teniéndome más que acostumbrado a sus pequeños sonidos de chinchilla -Así que sé un buen conejo, mueve tu colita esponjosa deprisa o nos largamos sin tí.

-Un café y estoy con vosotros.

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Instagram: MikaelaWolff

Capítulo 2 002. Ángel Caído

Salgo con tres cafés para llevar, acercándome a la pareja feliz, la cual se encuentra fumando apoyados en el capó del coche. Les entrego dos de los cafés y Ariana se lanza a abrazarme, llena energía y con una agradable sonrisa decorando rostro. Le correspondo la acción sin dudarlo, estos son los abrazos que me gustan, los que no buscan otro propósito que la amistad.

-¡Tigretón! -exclama radiante.

-¿No era suficiente conejo follador que ahora añades tigretón?

-Es tu culpa por ser un tigre cazando gacelas -responde Samuel, riéndose y chocando puños conmigo -¿Cómo estás, tío?

-No me quejo. Dime. ¿A qué lunática se le ha ocurrido el chiste malo?

-¡Ey! -Ariana me patea la espinilla.

-¡Oh, joder! ¡De esta me acuerdo, Ariana! -grito adolorido.

-¿En serio? -corre detrás de Samuel y lo usa de escudo -Tendrás que pasar por encima de mi peluchito antes de que me puedas hacer algo.

-¡Eres una mocosa malcriada!

-¡No soy ninguna mocosa! ¡Tengo veinte años! -me señala sin mostrarse.

-Será de aspecto porque lo que representa tu edad intelectual es de cinco.

-¡Idiota! -me muestra el dedo mediano.

-Venga, chicos. Paz, amor y el plus para el salón -interviene Samuel, con la frase recurrente de un antiguo comercial.

-No uses tus chistes malos, por favor -rogamos Ariana y yo, sincronizados.

-Prometo no hacerlo si os subís al coche de una vez, los demás se han adelantado. Llegaremos últimos para no variar.

Subimos al coche y Samuel enciende el motor, conduciendo por calles de poca afluencia hasta llegar a la general, donde en un par de ocasiones somos detenidos por los semáforos en rojo. Salimos de la pequeña ciudad de Figueres, dejando atrás las últimas edificaciones de la época franquista mientras El Patio de Pablo López suena de fondo, haciéndome mover los dedos por inercia como si estuviera presionando las teclas de un piano invisible, susurrando cada estrofa a un nivel casi inaudible.

-¿Estaremos todos? -bostezo y doy un trago al café.

-Las tres parejas y el eterno soltero de oro. Tenemos que encontrate una novia -blanqueo los ojos a las palabras de Ariana.

Anna, Esther y Eva han sido las tres últimas candidatas que me ha propuesto Ariana, dentro de una extensa lista de candidaturas que no parece tener fin. Chicas hermosas que han fracasado en el intento de cazar mi corazón, ni siquiera me las he follado. No tengo planeado tener sexo con ninguna de sus compañeras de unversidad para ponerla en una mala situacón, menos sin son amigas suyas.

-No, gracias -respondo con sequedad.

-¿Por qué?

-¿Acaso lo has olvidado? No podemos emparejarme porque soy un tigretón. ¡Rawr! -arruño al aire provocando la risa de los tres.

Las cosas siempre deberían ser así. Simples, sin complicaciones.

-Te dije que le quedaría perfecto, peluchito.

-Siempre tienes razón, peluchita.

Comparten la mirada cautivados por el amor que se sienten y pateo el respaldo de Samuel para que regrese la vista a la carretera.

-Joder, tío -se queja.

-Ni tío, ni nada. Mira la carretera antes de que nos matemos, ya haréis cursilerías cuando lleguemos.

Cada vez más lejos de la ciudad nos adentramos por un recorrido donde la naturaleza montañosa predomina, cruzando varios pueblos. La carretera asfaltada se convierte en un camino de tierra, los bosques son el paisaje principal y sin bajar la ventanilla ya se huele la pureza de aire, mezclado con un intenso y agradable aroma de robles. Y al final del todo, aparece el dándonos la bienvenida al pantano de Boadella.

Samuel aparca al lado del todoterreno negro de Rafa y bajamos. Voy al maletero y me hago con varias bolsas llenas de comida chatarra y bebida gaseosa. No es mi comida predilecta, pero un día distinto no perjudica a nadie.

Choco el puño con Rafa y doy la mano a Pablo. Me doy la vuelta para saludar a las chicas cuando Ariana, haciendo de las suyas, ya les está informando sobre la salida de la latina.

-Tendriais que haber visto la salida de la última conquista de conejo follador, literalmente escupía fuego por la boca mientras lo maldecía -explica Ariana divertida.

-¿Te has vuelto impotente, Oliver? -sonríe maliciosa Olga, la novia de Rafa. Y continúa -No me extraña. Tanto follar te ha dejado seco y ahora ni se te levanta, me encargaré de preparar un funeral en condiciones para tu pequeño amigo.

-Mi amigo sigue vivo y con ganas de diversión, nada de qué preocuparos.

-¿En serio? -arquea una ceja Victoria, la novia de Pablo, realizandome un escaneo de pies a cabeza.

-No es mi culpa que algunas tías no pilen el concepto de sexo casual -me defiendo -No voy a enamorare, no quiero enamorarme y nadie me va a cambiar.

-A mi me gustas tal y como eres, siendo nuestro pomposo conejito.

-Si pillas el concepto deja de presentarme a tus compañeras -la despeino, ganándome una mueca de mejillas hinchadas como las ardillas -Por otro lado, gracias por aceptarme tal y como soy. ¿Por qué no existen más chicas como tú?

-Existen. Solo que los hombres santos nos encargamos de conquistarlas antes de que el demonio saque sus sucias zarpas -responde Samuel, envolviendo la cintura de Ariana, besando su coronilla.

-Samuel tiene razón -participa Pablo, apoyando la mano en mi hombro -Tenemos que proteger a las chicas inocentes del sucio cantante del grupo, a no ser que decidas aparcar el tema del sexo a un lado.

-Mi próposito en la vida es seguir follando hasta que no se me levante y entonces, cuando llegue ese momento, consumiré viagra para seguir teniendo sexo.

-Todos necesitamos amor, conejo follador.

-Soy la excepción.

-¡Idiota inmaduro!

-Todo lo que me falta de inteligencia lo compenso con el atractivo.

-¡Engreído!

-Lo justo y necesario, plana.

-Deja de meterte con mi peluchita -dice Samuel, clavándome los ojos marrones.

-Ella he empezado -señalo a Ariana.

-¿Yo? A parte de idiota, mentiroso. Me parece muy fuerte por tu parte -se lleva las manos a la boca haciéndose la víctima -Dile algo más, peluchito.

-Impotente -me ataca, Samuel.

-¡Oh, joder! ¡No tengo ningún problema con la polla!

Todos se ríen y me adelanto, antes de que acaben de desesperarme. A cada uno de ellos les encanta provocarme por un único motivo, se lo pongo demasiado fácil.

La mañana prosigue con buen pie, teniendo conversaciones tribales entre risas, gritos y alguna que otra pelea infantil. Samuel y Ariana desaparecen en varias ocasiones para hacer manitas. Rafa es más de comerle la boca a Olga delante de todos, si la quiere besar, la besa y no hay más. Con o sin lengua. Pablo y Victoria son de dejarlo todo cuando no estamos cerca. Sin ir muy lejos, sólo los he visto besarse en un par de ocasiones y eran simples picos.

A la hora de la comida, Samuel aprovecha para sacar la guitarra acústica, rozando con suavidad un par de cuerdas.

-¿Cantas? -me pregunta.

-Eso no se pregunta -respondo, dando un último bocado.

Samuel inicia con los primeros acordes de Pa, amb oli y sal de Blaumut. Le encanta la música de su tierra, siendo el más apasionado de la cultura catalana.

-Esperarem que passi el fred i sota l'arbre parlarem de tot. Un bioritme elemental, un mar d'antenes i animals. Els astronautas volen baix, els núvols passen com qui no diu res -canto en catalán, disfrutando de una suave brisa otoñal - Amb les butxaques a les mans, caminarem els passos d'altres peus. Esmorzarem pa amb oli i sal, ho vestirem amb unes copes de vi. Deixant de banda la ciutat, la tarda és llarga, i potser més, molt més, la nit.

Todos empezamos a silbar en la parte de los silbidos de la canción y cuando vuelve a entrar la parte de la letra, sigo cantando con voz grave sin desafinar en ninguna nota. Las chicas se levantan bailando, cantando el estribillo y volviendo a silbar en las partes correspondientes. Rafa mueve las manos como si sostuviera baquetas de su batería y Pablo aprovecha para grabar con el móvil.

Al terminar la canción, Samuel ya está tocando otro tema, en la cual pongo la letra con la voz sin necesidad de preguntar cual es. Vivimos rodeados de felicidad, contagiados por un sentimiento vivo. Con sonrisas imborrables en nuestra cara, disfrutando de cada segundo sin filtros, siendo nosotros en un ambiente tranquilo. Sin preocupaciones, ni dolores de cabeza.

Esta es nuestra vida, mi vida. No necesito más.

Estoy tumbado en la hierba con los ojos cerrados y escuchando el sonido de la naturaleza: las caricias de las hojas entre sí, la corriente del agua y el cantar de varios pájaros. Una relajante composición que me induce lentamente al mundo de los sueños.

-Oliver -interrumpe Ariana.

-¿Si? -cuestiono sin abrir los ojos. Y aclaro -Antes de que empieces. Si has venido a proponerme a otra compañera, ya sabes la respuesta.

-¿Por qué no crees que exista el amor para tí?

-¿Qué clase de pregunta es esa? -abro los ojos, encontrando una mirada avellana con una pizca de preocupación.

-Responder con otra pregunta es hacer trampas -se queja, alargo la mano y acaricio su mejilla derecha con la misma ternura que le dedicaría a mis dos hermanas pequeñas.

-Supongo que es porque no ha surgido.

-¿En ese caso por qué no le das una oportunidad?

-Si un tipo como yo le diera una oportunidad al amor y lo encontrará, sería rechazado. A nadie le gustan los idiotas y yo lo soy, un autentico idiota.

-Superala, Oliver -interrumpe Samuel y le dedico una mirada de pocos amigos -Quiero decir... Eres un idiota, pero seguro que existe alguien en este mundo que aceptaría a alguien tan idiota como tú.

-¿Has tenido novia? -pregunta Ariana confundida.

-No -respondo sincero.

-¿Te has enamorado alguna vez? -vuelve a preguntar Ariana retirando un mechón claro tras su oreja, generando una necesidad inmensa por matar a mi mejor amigo.

-No -respondo.

-Pero...

-Hora de irnos -interrumpe Pablo, salvándome el culo de una conversación incómoda.

Ariana sale corriendo para ayudar a recoger, dejándome con su novio. Me levanto del suelo limpiando la tierra de la ropa, contemplando el paisaje que empieza a apagarse mientras el sol inicia su escondite por detrás de las montañas.

-Lo siento -se apresura a disculpar Samuel.

-Olvidado. Sólo te pido que no vuelvas a pronunciarte sobre ese tema -suspiro fastidiado y echo el pelo hacía atrás -Lo que pasó es cosa del pasado y no hay necesidad de que tengamos una conversación acerca de esa mierda.

-Deberías tenerla, lo que pasó...

Sin apartar la vista del estampado natural de una tarde otoñal, las palabras de Samuel desaparecen a causa de la interrupción de un ángel cercano a las aguas, a varios metros de nosotros. Tiene la cabeza agachada, centrada en el pequeño oleaje rompiendo en las pequeñas piedras, sin darme la oportunidad de descubrir su rostro, más allá de sus mejillas redondas y pálidas, pálidas como si hubiera tenido un encuentro con un fantasma.

El viento juega con su melena castaña dándole algo de viveza, porque para lo que representa lo demás es como si no respirara.

Una lágrima se desliza por la piel de porcelana y un escalofrío interrumpe viajando por todo mi cuerpo.

Sentimientos encontrados, sentimientos negativos.

Vestida con simpleza da un primer paso hacia el agua, seguido de otro, y a continuación, da otro más provocando que los conceptos se quiebren, exterminando la calma experimentada durante el día.

¡No es real!

Dudo de la veracidad y cuando me pellizco para comprobar que no estoy metido dentro de una pesadilla, se sumerge al completo haciendo que pierda de vista a una criatura angelical que ha sido desterrada del cielo. Un ángel de alas rotas. Un ángel caído.

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Capítulo 3 003. Nunca Héroes

¡Reacciona! ¡Reacciona! ¡Reacciona!

¡Maldita sea, Oliver Smith! ¡Reacciona de una puta vez!

El cuerpo se mueve después de una primera paralización momentánea, me quito la chaqueta lanzándome a las aguas oscuras, las cuales hasta hace un momento se mostraban relajantes y ahora se han convertido en una amenaza. No soy un héroe. A decir verdad, tengo miedo. Sin embargo, no voy a permitir que nadie se quite la vida delante de mis narices.

Nado deprisa llegando al último lugar en que la he visto antes de desaparecer metida en su deseo retorcido de suicidarse. Atrapo una gran bocanada de aire sumergiéndome con la única esperanza de encontrarla.

Las aguas turbias dificultan la visión, sin embargo, doy con ella enseguida contemplando una escena perturbante. Con los ojos abiertos y envuelta de abundantes burbujas, indicando que debo actuar rápido, antes de que sea demasiado tarde y la pierda.

Realizo otro movimiento llegando a la altura de la pequeña demente, rodeo su cintura y hago intento para sacarla, pero algo me lo impide empujándome de lleno a la frustración. Sabiendo muy bien que el tiempo está en nuestra contra y que no le puede quedar mucho oxígeno, atrapo sus mejillas haciendo que me note.

¡Estoy aquí!

Uno nuestras bocas con el único propósito de llenar todos sus pulmones, vaciando los míos mientras cuestiono porque no me la puedo llevar conmigo. Es una contrarreloj contra la muerte y vamos perdiendo.

Regreso a la superficie necesitado de oxígeno.

-¡Oliver! -me alcanza Samuel.

-¡No la puedo sacar! ¡Algo la tiene atrapada! -grito desesperado, sintiendo que algo se rompe en mí.

-¡No te rindas!

Vuelvo a adentrarme bajo la superficie, acompañado por Samuel, el cual va directo a analizar la situación mientras la desconocida alarga la mano hacia mi. Se la atrapo, entrelazando nuestros dedos, perdiéndome una vez más en su boca, compartiendo el oxígeno equilibradamente. Con la mano libre atrapándome de la nuca sin que me pueda despegar, dándome a entender su deseo de no morir.

Quiero decir; te sacaremos de aquí.

Quiero que crea que lo haremos, que lo conseguiremos y mañana recordaremos esto como un mal momento debido a una falta de fluidez.

Samuel capta mi atención, tirando de la pierna y bajo a su altura, indicandome que es lo que la mantiene sujeta. Una trampa mortal formada principalmente por plásticos tirados por algún imbécil que no tiene mucho apreció a la naturaleza.

Vamos deshaciendo todas las ataduras que forman la red que mantiene atrapadas sus piernas, usando las manos, la fuerza bruta e incluso los dientes. Lo hacemos hasta que rompemos la última sujección.

Voy a por su cintura y salimos a la superficie, respiramos con fuerza y dolor en los pulmones. Acaricio con suavidad la mejilla de la desconocida, mantiene una mirada apagada de intensos ojos celestes que advierte que ninguno está a salvo. El frío está calando en nuestros cuerpos y como no nos demos prisa en salir, podemos enfermarnos cogiendo una hipotermia o algo más grave.

Ayudado por Samuel, llegamos a tierra firme, dejándonos caer en la hierba. Despego el cabello mojado de su perfecto rostro. No tiene ninguna imperfección, más allá de la expresión inocente que la hace no apta para uno de mis encuentros placenteros.

Acaricio la suavidad de los delgados labios húmedos con la yema del índice, ascendiendo por la punta de su nariz y me detengo al observar los iris azules que no rivalizan con el azul del cielo. A pesar de todo, prefiero el azul de cielo, pues el suyo está falto de vitalidad. Hemos rescatado su cuerpo, pero su alma se ha quedado atrapada en las aguas turbias.

-Un poco más y no lo contamos ninguno -pronuncia Samuel y me incorporo sentado.

-Ni lo menciones -ayudo a la chica sentarse, sin apartarle la vista, -¿Cómo te llamas? ¿Qué edad tienes? ¿Dónde vives? -pregunto lo primero que se me viene a la cabeza sin obtener respuesta -Soy Oliver Smith. Ardiente británico de veintiséis años con residencia en Figueres -bromeo y una chispa de vitalidad me indica que voy por el buen camino.

-¿Nombre? ¿Edad? ¿Residencia? Ni que esto fuera Tinder -dice Samuel.

-Cállate, ha reaccionado -digo volviendo acariciar su mejilla, tratando de no perder la chispa que he encontrado -¿Cómo estás?

-Los chicos ahora vienen con un par de mantas para que os podáis cubrir -informa Victoria, apareciendo con la respiración agitada y clava los ojos oscuros a la desconocida, endureciendo la expresión -¿Estás loca? ¿O qué te pasa? ¿A quién se le ocurre lanzarse al agua de esa manera?

-Cállate, por favor -pido, casi suplico.

-Ha puesto vuestras vidas en peligro.

-Tus comentarios negativos no van a ayudar a nadie.

-Pero...

-Acompáñame, Victoria -interrumpe Samuel, levantándose tembloroso del suelo con una ligera sacudida que induce a un ligero mareo -Necesito despejarme un poco y no creo poder hacerlo solo.

Samuel y Victoria se retiran, dejándome con la desconocida.

-No se lo tengas en cuenta. Es buena chica y se preocupa por nosotros -me observa, ladea la cabeza y atrapa las rodillas con las pequeñas manos -Prosigamos. ¿Dónde vives? -no responde -¿Alguien a quién pueda llamar? -permanece callada -¿Estás feliz de conocer al hombre más atractivo del planeta? -ni una sonrisa delante de la estúpida pregunta -No te voy a morder, pequeña. Así que facilitame las cosas y dime que puedo hacer para que me hables.

Desliza la mano en mi mejilla, recorriendo la barba sombreada y va bajando hacia el mentón con una suavidad fuera de lo común que provoca los temblores de mi cuerpo. Sube el meñique al labio inferior, moviéndose a su capricho por el contorno y provoca un dolor agudo en el corazón.

-¿Quién eres? -pregunto una vez más, en esta ocasión, la pregunta va más dirigida a mí que a ella.

-Ya estamos aquí -Olga rodea a la desconocida por detrás, envolviendola con una manta.

-Tenemos que llamar a emergencias -digo cuando el bestia de Rafa me tira una toalla en la cara, la cual usó para secarme inúltimente -No jodas, Rafa. No estoy para tu agresividad. ¿Acaso no te das cuenta de la situación?

-Si eres un flojo, no es mi culpa -se cruza de brazos.

-Te haré un resumen para que lo captes. La chica ha intentado suicidarse, no tiene ninguna intención de colaborar y está agotando mi paciencia, así que no acabes de exterminar la poca cordura que me queda.

-Está bien. Llamaré a un amigo policía y...

-Tarde, ya estoy llamando a la policía -aparece Ariana con los ojos pegados en la pantalla del móvil. Lleva el aparato a la oreja y alza la vista hacia la chica, haciendo que el aparato se le caiga -N...no... pue...puede ser -tartamudea y cuestiona abrumada -¿Karly?

-¿La conoces? -pregunto sorprendido.

-Es mi mejor amiga -responde al acto.

-Samuel no parecía conocerla.

-No es muy sociable, pero ella sería incapaz de suicidarse -aclara, arrodillándose delante suya y le aparta todo el pelo mojado detrás de los hombros -Karly. Soy yo, Ariana. Sabes quién soy. ¿Verdad? -asiente y suspiro aliviado con su reacción -¿Qué ha pasado?

Karly abre los labios dispuesta a hablar, aún así no emite ni una palabra, ni una vocal. Solloza en el mayor de los silencios. Expuesta, frágil y vulnerable. El alma se me parte en dos.

-Tranquila, Karly. Estoy aquí y todos ellos también, son amigos míos, así que no tengas miedo porque no dejaremos que nada malo te pase -Karly vuelve a mover los labios, el silencio aparece una vez más -Karly...

Karly endurece la expresión y retira las lágrimas con fuerza, como si le molestaran su mera existencia. Intenta hablar de nuevo sin ningún resultado, se muerde el labio haciéndose sangre y el cuerpo le tiembla al completo. Se despeina desesperada y mira con agonía a Ariana.

-Karly...

Karly sujeta con dificultad la mano de Arian, deslizando el índice por su palma, dibujando líneas invisibles e irregulares.

-¿Muertos? -pregunta insegura. Karly asiente y las lágrimas se vuelven más profundas -¿Quién? -escribe dos letras, se detiene sin ser capaz de seguir -Llamaré a tus padres Karly y... -dibuja una cruz, no puede ser verdad -Karly... -señala con determinación la palma de Ariana -No te entiendo...

-Yo si -digo con un nudo en la garganta -Me encargo de la llamada a la policía. Dame la dirección de su casa, tenemos que ponernos en marcha. Ahora.

Rafa levanta a Karly cargándola con sus inmensos brazos y camina directo hacia el aparcamiento. Olga sale a buscar a Pablo, Samuel y Victoria. Y Ariana camina a mi lado, siguiendo los pasos de Rafa varios metros hacia atrás.

Llamo a la policía y solo espero por una rápida actuación.

-Buenas tardes. ¿Cuál es su emergencia? -pregunta el agente.

-Pelea doméstica, posibles heridos. No estoy seguro -Ariana me mira como si estuviera loco, pero creo que es mejor omitir el detalle de que posiblemente hayan muerto.

-Un momento. Le pasaré con mi compañero.

-Soy Oliver Smith, hijo de Aaron Smith -pronuncio a papá, esperando que su fama adelante cualquier gestión innecesaria.

-¿Cuál es la dirección? -pregunta el agente.

-¿Dónde vive? -pregunto a Ariana, la cual me responde desorientada y comparto la información con el agente -Nosotros estamos de camino con la hija, no tardaremos más de diez minutos.

Cuelgo tras una breve despedida, Ariana me atrapa del brazo y me mira tratando de buscar una explicación a mis palabras.

-Tu amiga lo ha dicho, no yo.

-La has malinterpretado.

-Ojalá tengas razón y lo haya malinterpretado, ojalá todo esté bien y tu amiga esté loca. O mejor aún, ojalá que todo esto sea un macabro plan que has organizado para que me conmueva con una chica y conseguir tu propósito de emparejarme.

-¡Yo no haría eso! -grita indignada.

-Sé que tú no harías eso, pero puestos a pedir, todo es mejor que la mierda que he interpretado de tu amiga.

Samuel conduce siguiendo las indicaciones de Ariana. De mientras, Karly se encuentra acurrucada contra mí, necesitada urgentemente de calor, tiritando de frío y miedo por partes equitativas. Alcanzo a coger otra manta y nos cubro.

-Todo estará bien -susurro.

Acaricio uno de sus mechones oscurecidos por la humedad, las gotas de agua se deslizan por su cara entristecida y solo deseo que las cosas no sean tan graves como me las imagino.

Mi amigo detiene el coche delante de una casa mediana con un jardín compuesto de particulares rojas negras y las luces de los patrullas me invitan a bajar a por una respuesta. Arropo más a Karly, saliendo y acercándome a la propiedad cuando los pies se me clavan como anclas en el suelo. Los paramédicos salen con tres camillas, transportando tres cuerpos cubiertos hasta la cabeza. No tengo que ser muy inteligente para saber qué se tratan de tres cadáveres.

¿Por qué la vida es tan cruel?

Visualizo a la indefensa chica que he salvado envuelta por varias mantas dentro del vehículo, observando la trágica escena que contemplan todos mis amigos desde dentro de los automóviles. No soy capaz de ponerme a la altura de los sentimientos que está experimentando Karly, pero sí ante toda esta mierda me siento insignificante e inmensamente triste, sé que su dolor es mil veces peor o incluso más. Después de todo, ella quería suicidarse y yo interrumpí su deseo.

No me arrepiento, pero...

¿Me odiará por haberla detenido?

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