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La Stripper

La Stripper

Autor: : Rocio_CE
Género: Romance
Ariadna es una mujer especial, soñadora, feliz, pero sobre todo, una mujer que daría su vida por los que ama. Su vida no es fácil, porque sobre sus hombros lleva el bienestar de su hermano, su único familiar. Todo cambiará para ella cuando conozca a Oto Russell, un hombre que la volverá loca, pero con el que poco a poco abre su corazón y sin darse cuenta se ve envuelva en toda la diversión que lo acompaña, porque sin darse cuenta Oto saca una parte de ella que había olvidado; la parte que le encanta estar vida. De día es una divertida secretaria, pero en las noches se transforma en una mujer sensual que dará todo lo que esté a su alcance para darle lo mejor a su pequeño hermano.

Capítulo 1 Accidente

Las lágrimas siguen viajando fuera de mis ojos, qué fácil pierdes a lo que más amas de un momento a otro. Espero en el mismo parque de siempre a que llegue. La única persona que sé muy bien que me apoyará en este momento, al hombre al cual amo. Sé que encontraremos la solución a este problema. Que fácil la vida se llevó a mi madre y abuelo

Ayer murieron en el accidente automovilístico, estoy sola con mi pequeño hermano de cuatro años, tan solo tengo dieciséis años. El sol se está ocultando y se me hace extraño que no haya llegado hace horas.

-¿Tú eres Ariadna?-una pequeña niña se me acerca preguntando.

-Sí, soy yo-contesto con voz ahogada. Me siento cansada, mis ojos irritados y un vacío en mi pecho que siento, en cualquier momento, caeré vencida.

-Me enviaron a darte esto-dice entregándome un sobre-adiós-se marcha antes de que pueda preguntar quién lo envió. Como soy demasiada curiosa abro el sobre y descubro un papel doblado en dos, rápidamente lo desdoblo y leo el contenido.

Ariadna, si estás leyendo esto quiere decir que me encuentro muy lejos de ti. ¿Sabes que cuando te conocí me enamoré de ti? Pero al parecer no era tan fuerte ese amor como para no engañarte. Te engañé varías veces, no solo una, cada vez que impedía que nos encontráramos eran una vez que te engañaba. Lo siento, pero siento por ella algo más fuerte que yo mismo. Estoy siendo sincero contigo, espero que seas feliz y alguna vez me perdones.

Para: Ariadna

De: Marcos

En este preciso momento es que mi mundo se termina de desmoronar. Lágrimas y más lágrimas son las que me acompañan en mi dolor.

Despierto agitada y sudando. Hace mucho que no soñaba con lo que pasó hace siete años atrás. Salgo de la cama y hago mis necesidades matutinas, cuando salgo con una toalla envolviendo mi cuerpo, busco en mi clóset una camisa blanca manga larga con una falda de tubo negra, hago una coleta alta a mi cabello negro y me maquillo natural.

Bajo para preparar el desayuno de Alex y el mío. Mientras lo hago pienso en el sueño-recuerdo, suspiro pesadamente. Cuando termino de hacer el desayuno me doy cuenta de que ha pasado más tiempo del que debería.

-¡Alex!-grito porque el dormilón de seguro de quedó hasta tarde despierto.

-¿Si, hermana?-Alex baja limpiando la baba que hay en su mejilla, reprimo la risa que quiere brotar de mis labios y pongo cara enojada. La verdad es que es muy difícil estar mucho tiempo enojada con él. Ese niño desde la muerte de mi madre y abuelo se volvió en mi razón de vivir. Nada me importó con tal de que él esté bien.

Dejar mis estudios fue doloroso, pero, debía buscar cómo íbamos a sobrevivir. Debí trabajar, buscar ayuda porque, mi padre era huérfano cuando adulto y de la familia de mi madre solo recibí un fuerte rechazo. Nadie nos quería y no querían cargar con dos personas más. Así que yo debí hacerme la fuerte y darle todo a mi hermano, todo lo que estuviese en mis manos.

-Es tarde, vete a vestir, tengo que llevarte al colegio-él asiente temeroso de mi reacción.

-Claro hermana, en seguida bajo-sale corriendo escaleras arriba y me permito reír de su reacción. Cuando Alex se arregla nos vamos los dos en mi choche, en el camino estamos hablando.

-Te quedaste jugando anoche cuando dije que te duermas-miro de reojo como traga saliva y asiente-¿qué te dije de no dormir tarde?-solo faltan tres cuadras para llegar al colegio de Alex.

-Lo que pasa es que pierdo la noción del tiempo cuando juego, y no me fijé en la hora, discúlpame-lo miro seria y asiento.

-Aceptaré tus disculpas, pero el juego queda olvidado por esta semana, nada de videojuegos-él asiente triste y baja del coche-Alex-llamo cuando lo veo alejarse.

-¿Si?

-Toma-le paso su desayuno cuando entra de copiloto en el coche-sabes que te amo ¿cierto?-veo como eleva la comisura del labio.

-Yo también hermana, que te vaya bien todo el día-beso su mejilla y cuando cierra la puerta al salir, pongo el auto en marcha hacia mi trabajo.

Trabajo como secretaría hace cuatro en un conglomerado dirigida por mi jefe Eric Russell. Es buen jefe, aunque demasiado frío cuando se lo propone, sin embargo, puedo decir que tiene cariño por mí.

Espero que la luz del semáforo cambie de color para avanzar, cuando lo hace acelero y también veo como un auto viene hacia mí. Cierro los ojos y siento el impacto, los abro lentamente y me reviso. Si, sigo viva, salgo como la niña del exorcista.

-¡Está loco!-grito enojada y veo a un joven salir del otro auto. Es rubio y eso me irrita de inmediato, siento mi sangre hervir mientras unos ojos avellana me miran molestos. Alto, muy alto es este tipo. Tiene brazos fuertes. Joder, este tipo esta impresionante, pero mi molestia es palpable por lo que mis hormonas se toman un descanso y mi lado diabólico y molesto sale a relucir en su máxima expresión.

-¿Cómo se atreve a dañar a mi auto?-se queja el muchacho y yo arqueo una ceja.

-¡Le recuerdo que era usted el que estaba manejando como un loco!-le reprocho exaltada-es usted un irresponsable, casi me quita la vida y me pelea por su estúpido auto, ¡por su auto! El mío quedo peor y no estoy llorando como una mujer en sus días-me desahogo-cruzó con el semáforo en rojo idiota-señalo furiosa.

-Pagaré los gastos para la reparación de su-lo mira asqueado-su auto-yo lo miro enojada. Llama a que vengan por el coche y me quedo unos minutos mirándolo como idiota.

-No sé ni cómo tiene licencia, maneja como un retrasado mental, no se crea que estamos en rápido y furioso-le digo con burla. Él enarca una ceja que parece más hermosa que la mía. Tiene largas pestañas, ya por ese hecho lo odio. Las mías no se ven tan bien como las suyas. Suertudo de mierda.

-No es muy buena con los chistes señorita-lo miro molesta. Él me observa divertido. Como detesto que un desconocido se burle de mis intentos de chistes.

-No era un chiste-digo sacándolo de su error. Lo veo hacer una mueca y enfoca sus lindos ojos en mi con mucha atención.

-Ya, como digas, ¿cómo se llama, señorita chistes malos?-pregunta burlón.

-Eso a usted no le interesa y me largo, voy tarde al trabajo-digo cuando veo la grúa venir por mi coche.

-La llevo a donde sea que trabaje-propone él y creo que la cara horrorizada que llevo es una respuesta clara.

-Yo con usted ni a la esquina-suelto y llamo a un taxi haciendo señas con las manos.

-Pero que pesadita-le muestro el dedo del medio y entro al taxi, le doy la dirección de mi trabajo y me lleva hasta la empresa. En el transcurso sólo pienso en ese idiota y en que por su culpa tendré más deudas, ¡agh! Maldito imbécil que parece ciego. Cuando llego entro a recepción camino a paso decidido hasta Clara, la recepcionista.

-Hola Clara-saludo siendo amigable, aunque me cae muy mal porque siempre ha querido mi puesto de secretaría. Ella cree que nadie lo sabe, pero tiene un enamoramiento por el señor Russell, mi jefe.

-Hola, Ariadna-saluda mirándome de arriba hacia abajo-¿Qué se te ofrece?-sonrío muy hipócritamente.

-¿El jefe ha llegado?-pregunto nerviosa.

-Hace una hora y media-responde sonriendo con malicia, alguna mentira le habrá inventado a mi jefe.

-Bien, gracias-camino nerviosa hasta el ascensor. Cuando abre marco el último piso, rogando que mi jefe este de buen humor como para soportar mi tardanza. Las puertas se abren y unos impresionantes avellana me reciben.

-Tarde-su voz fría hace que trague en seco.

-Buenos días señor Russell-quisiera decirle que es maleducado por no saludar primero, pero quiero mi empleo y además lo respeto demasiado. Tal vez es frío, pero en los cuatro años que tengo trabajando se ha preocupado por mí, y en cierto punto, me tiene cariño.

-¿Razón por la cual llegó tarde?-suspiro.

-Tuve un pequeño accidente-me mira sorprendido y me inspecciona con la mirada.

-¿Está bien?-sonrío amable.

-Gracias a Dios, todo bien, lástima que haya idiotas que conducen cómo locos-él me sonríe.

-Empiece con su trabajo-da unos pasos, pero se detiene-mis hijos llegarán en cualquier momento, si entran como Juan por su casa no se preocupe-asiento y me dispongo a hacer mi trabajo. Unos minutos después aparece con una enorme sonrisa mi mejor amiga Julia.

-Hola, tonta-saluda y le sonrío, demasiado cariñosa.

-Hola, bruja-le saco la lengua y ella rueda los ojos.

-Olvida eso, debes superarlo-el año pasado Julia se vistió de bruja para una fiesta en el club donde trabajo cómo stripper. Su traje terminó hecho añicos en una pelea con otra chica, desde ese momento le apodé así-Pero bueno-arregla un mechón de su cabello que le cae en la cara.

-Por cierto-me remuevo tratando de ponerme más cómoda en la silla-¿encontraste departamento?-su sonrisa se desvanece.

-Todavía nada-responde afligida-estoy muy asustada Ariadna-confiesa-si no consigo nada este mes, Peter y yo estaremos en la calle-sus ojos se tornan vidriosos y una excelente idea surge en mi mente.

-¿Qué tal si se van a mi casa?-propongo emocionada-podremos estar más tranquilas-ella niega de inmediato.

-No puedo Ariadna, eso sería abusar de tu confianza-la fulmino con la mirada.

-Nada de eso, mi casa es exageradamente espaciosa para solo dos personas. Sabes por qué no la vendo. Además, me podrías ayudar con los gastos y nada mejor que una mujer acompañándome-bromeo para que diga que sí.

-¿Tu hermano no se sentiría incómodo con todo esto?-pregunta preocupada.

-Nada de eso-respondo-de hecho, creo que se sentiría genial teniendo en cuenta que Peter también vivirá allá-ella asiente analizando la situación.

-Está bien-salto de mi asiento y la abrazo-¿cuándo crees que me puedo mudar?-pienso, hoy tengo el día libre en el bar así que podemos acomodar todo.

-Hoy mismo, después de que termine tu turno y el mío-ella asiente.

-Me tengo que ir a trabajar antes de que me despidan y a ti también-bromea y yo río.

-Vete-ella me saca la lengua y yo hago lo mismo.

Me siento y comienzo a teclear concentrada, proyecto todas las citas y juntas de mi jefe más los informes que me ordenó revisar y colocar en orden. Han pasado algunas horas porque siento mis dedos gastados, dos figuras entran cómo flash a la oficina de mi jefe, apuesto a que son sus hijos. Malditos maleducados, por lo menos debieron saludarme, no es cómo si estoy pintada ni nada por el estilo. Suspiro cansada y con hambre, el teléfono suena y lo cojo rápidamente.

-Los informes que le pedí, tráigalos-no me deja contestar y cuelga, me levanto arreglando mi vestimenta. Camino a paso decidido hasta la puerta la cuál toco y hasta que escucho un adelante, abro lentamente y respiro nervioso, entro y todo está en silencio.

-Aquí tiene lo que me pidió señor Russell-camino hasta colocar el informe en su escritorio.

-Gracias-asiento y miro a sus acompañantes, el oxígeno se marcha de mis pulmones al ver a la figura sentada.

-Pero que pequeño es el mundo-su sonrisa sarcástica provoca ganas de golpearlo-¿no lo cree señorita malos chistes?-respiro varias veces, no pensé que el idiota que chocó mi auto está mañana este justamente aquí y que sea hijo de mi jefe.

Mierda, creo que estoy despedida.

Capítulo 2 Nuevo jefe

Creo que soy la persona con menos suerte en este mundo. Si me equivoco pueden comprobarlo en este momento donde tengo a mi jefe y sus dos hijos mirándome cómo maníacos. El estúpido ese me mira con una sonrisa que le quiero arrancar cuanto antes, estúpido. Suspiro mientras trato de no verme nerviosa, trío de locos.

-¿Se conocen?-la voz de mi jefe, mejor conocido como el imponente Javier Russell, suena entre las paredes del espacioso despacho.

-Claro, padre-se adelanta a decir el imbécil ese. Mis ojos lo miran fijamente mientras le lanzan dagas para que cierre esa estúpida boca.

-¿Ah, sí?-pregunta mientras nos mira-¿se puede saber de dónde?-quiero contestarle que no. Y que es un entrometido por querer saber más de lo que debe.

-Padre, la señorita frente a nosotros es mi novia-mis ojos automáticamente se abren de par en par. ¿Escuché bien lo que dijo? No, creo que no me limpie bien los oídos hoy cuando me bañé esta mañana.

-¿Novios?-pregunta su padre y yo aún estoy paralizada por la inmensa estupidez que acaba de decir el señorito presente.

-¿Qué somos novios?-pregunto aturdida mientras él sonríe divertido.

-Ariadna, amor, ya no tenemos que mentir, ya no hay que ocultarnos. La verdad, desde que mi padre me habló de ti siempre me llamaste la atención, ahora no hay impedimento para nuestro amor-deberían darle un premio al mejor idiota del año. Puedo asegurar que ganaría una fortuna.

-¡Usted y yo no somos nada!-espeto furiosa, él solo sonríe de manera arrogante.

-Amor, ya no discutas más-su tono relajado hace que mi mal humor crezca de manera sorprendente. Quiero matarlo por idiota.

-Amor nada, yo a usted lo vengo a conocer hoy-el señor Russell y el otro hijo con cara de amargura nos miran divertidos. ¿Qué diablos les pasa a estos hombres?

-Pero que aburrida eres Ariadna-dice mientras bosteza de forma falsa.

-Aburrido va ser cuando te corte las...

Mis palabras se ven interrumpidas por la estúpida de mi otra jefa, la señora Julieta. Esa mujer sí que es una amargada. Se la pasa reclamando todo el día, fastidiando y quejándose por todo. Cómo si el mundo tiene la culpa de que su esposo le pegue los cuernos con otra. Y ella es una mujer muy, demasiado amargada.

-Siempre tan maleducada señorita Monroe-arqueo una ceja. Algo por lo que siempre he mantenido mi empleo es gracias a hacer feliz a mi jefe con uno de mis comentarios fuera de lugar.

-Disculpe mi atrevimiento, pero es usted la que entró sin permiso y escuchaba conversaciones ajenas, la maleducada aquí es otra-ven, a eso me refiero con mis comentarios fuera de lugar. Ninguna de mis compañeras tendría el valor o la capacidad de estupidez al riesgo de ser despedidas que yo. Pongo mi mejor cara de angelito y una falsa e hipócrita sonrisa se forma en mis labios mientras los Russell se ríen por lo bajo y muy discretos.

-Siempre con algo que decir, ya verá cuando se le despida por no callar-sale de la oficina enojada sin decir a que vino.

-Yo me retiro señor Russell-digo mientras camino hacia la puerta.

-Pero nuera, ¿por qué te vas tan pronto?-mi cara debe de arder del enfado que las palabras burlonas de mi jefe provocan.

-No soy su nuera señor Russell-cruzo mis brazos molesta y él se mantiene serio.

-Mi hijo lo acaba de confirmar, no tienes por qué negarlo-quiero acercarme y abrazar su cuello muy fuerte con mis manos.

-Es cierto cuñada, únete a la celebración-ahora es el otro hijo del señor Russell quién habla.

-¿Tú quién eres?-pregunto molesta.

-Oliver Russell, cuñada, estoy seguro de que mi hermano te habló de mí ya que planean casarse-me atraganto con mi propia saliva cuando las palabras salen de su boca.

Todos los Russell estallan a carcajadas dejándome a mí como: ¿Qué mierda?, pero es entonces donde caigo en cuenta que se burlan de mí. Al parecer todos sabían del jueguito que el idiota ese tenía conmigo.

-Lo siento Ariadna, pero el juego de Oto era muy divertido, tenías que ver tu cara-habla más tranquilo el señor Russell.

-Inmaduros-murmuro bajito para que nadie me escuche.

-Mucho gusto señorita chistes malos, mi nombre es Oto Russell, nuevo dueño y jefe de usted durante largos meses-se presenta él dejándome quieta en mi lugar. ¿Nuevo jefe?, debe de estar jugando de nuevo. Miro a mi jefe con cara de querer respuestas.

-Estaré tomando unas vacaciones con mi esposa y el tiempo que voy a durar fuera de la empresa mi hijo Oto estará a cargo de ella. Oliver se encargará de mi otra empresa. Necesito que lo ayudes en todo lo que él necesite, eres la persona a la que le confiaría una misión como esta-literalmente me deja sin palabras. En todos los años que llevo conociendo al señor Russell nunca lo había visto hablar de una manera tan dulce. Él es dulce conmigo a veces, pero nunca de esta manera.

-Cuente conmigo-sonrío y él asiente feliz.

-Muchas gracias-le guiño un ojo de manera divertida y él hace lo mismo.

-Me retiro-ellos asienten y yo salgo para seguir con mi trabajo.

***

-Estoy agotada-susurro mientras caigo en la cama.

Julia y yo llevamos todo el día trasladando sus cosas a mi casa, ahora nuestra. Peter está de lo más feliz con esta decisión ya que tiene con quién jugar mientras no estoy.

-Habla por dos-susurra Julia.

-Oye, ¿pasamos por el bar?, creo que sería bueno sacar el estrés que tenemos-propongo mientras nos ponemos de pie.

-Estoy de acuerdo contigo, me doy un baño y nos vamos-asiento porque yo necesito un baño urgente, estoy sudada y pegajosa.

Llego a mi habitación y me despojo de mi ropa, camino hasta el baño y abro el grifo dejando que el agua artificial caiga sobre mi cuerpo relajándolo en segundos. Todavía no creo que tenga un nuevo jefe y que sea un tipo tan idiota. Su sonrisa sarcástica me hace querer golpearlo. Si hubiese sido una chica normal ya estuviera babeando a sus pies porque algo que no negaré es que tiene un cuerpo... Uff, es todo un playboy. Esa boca de pecado, sus penetrantes ojos avellana, pero arruina todo eso desde que abre la boca para decir alguna estupidez cagando el momento. Y es buena idea que Julia venga a vivir aquí ya que gracias al idiota ese me quedé sin coche.

Termino de bañarme y salgo a cambiarme, busco una ropa de las que uso para ir al bar que consta de una minifalda, una blusa corta negra, botas altas, cabello amarrado. Pinto mis labios de rojo carmesí, rubor entre otras cosas. Me miro al espejo y sonrío mostrando mi blanca dentadura, mi cara cambia totalmente cuando me maquillo de esta manera. Parezco otra persona, más mayor y más sexy.

Llamo a la niñera que cuida de Alex. Es una muy buena chica que cuida de su abuelo enfermo y este empleo es con el que paga sus medicamentos y paga la carrera de su universidad.

-Luciana, te necesito aquí-hablo cuando responde el teléfono. Todo queda en silencio-¿Luciana?-escucho la respiración de alguien quien se mantiene en silencio.

-¿Ariadna?-entonces escucho la dulce voy de Luciana.

-Lo siento Luciana, pero te necesito está noche, tengo que salir al bar y necesito que vengas a cuidar de Alex, te pagaré más porque el hermano de mi mejor amiga está aquí y lo cuidarás a él también-me explico-lamento arruinarte la noche, pero necesito ir al bar-termino de hablar.

-Claro, cierra la puerta ya voy en camino-responde tranquila.

-Gracias hermosa-camino con el teléfono en manos hasta la habitación de Julia.

-Descuida, es mi trabajo-responde colgando.

Camino y mis tacones se escuchan haciendo eco por todo el pasillo de la segunda planta de la casa. Me detengo frente a la habitación de Julia y toco.

-Pasa-se escucha la voz de mi mejor amiga, entro y la encuentro cambiada.

Lleva un vestido muy corto con unas medias negras de cuadros, su cara maquillada, su pelo marrón esta con mechones rosa luciendo muy graciosa y sexy.

-¿Nos vamos?-pregunto y ella asiente.

-¿Luciana ya viene en camino?-pregunta mientras avanzamos hacia su coche. Entramos y tomo el mando el coche.

-Ya viene, de seguro en cinco minutos está aquí, es la persona más puntual que conozco-respondo mientras pongo el auto en marcha.

Mientras el auto está en movimiento le cuento todo lo que pasó a Julia con los hombres Russell. Ella solo ríe a carcajada mientras yo la asesino con la mirada.

-¿Enserio te hicieron eso?-pregunta contenido la risa.

-Claro, son tan inmaduros-le digo y ella ríe.

-No puedo creer que el señor T Russell se prestó a eso-murmura.

-Yo tampoco en ese momento, estaba toda paralizada-ella va a hablar, pero llegamos al bar. Entramos por la puerta trasera y nos encontramos a Javier, jefe del lugar.

-Pero angelito del infierno-me saluda con una sonrisa-no te esperaba hoy-sus ojos pasan a Julia.

-No, pero quería bailar un poco-él sonríe contento.

-Pasen, ustedes bailaran en cinco minutos, retoquen lo necesario y que bueno que decidiste venir porque hoy el bar está repleto de gente-asiento y camino con Julia.

Retocamos nuestro maquillaje hasta que Luisa, otra bailarina, entra a la habitación y me dice que nos toca bailar. Asiento y camino hasta un lado del escenario.

-Aunque muchos no la esperaban, otros anhelaban que estuviera esta noche con nosotros, esta noche nos complace presentar el angelito del infierno y listilla, pasen chicas-Julia y yo entramos al escenario el cual se llena de luces con múltiples colores. Avanzamos hasta el tubo y comenzamos a bailar acorde a la canción PillowTalk de Zayn Malik. Muevo mi cuerpo en el tubo mientras toco mi cuerpo de manera sensual. Los hombres comienzan a vociferar muchas cosas sucias que haría a nuestros cuerpos. Algo que de verdad se hacer es bailar, toda clase de música me se mover a tono. No sé en qué momento mi ropa desaparece y solo deja el encaje interior y muevo mi cuerpo hasta que la canción termina y nos despedimos de todos. Me coloco la ropa y hoy hacia la barra a servir tragos. Pasan varios minutos hasta que una voz hace que me congele en mi lugar.

-No lo puedo creer, secretaría de día y stripper de noche-la voz de Oto hace que me quede quieta donde estoy.

Trágame tierra.

Capítulo 3 Mentira

No puedo creer que mi suerte llegue a ser tanta, maldito el segundo donde ese imbécil se cruzó en mi camino. No puedo creer que después de todo lo que he pasado me hayan descubierto. ¡Estúpido! ¿Por qué tuvo que venir justamente hoy a molestar mi hermoso ser?

Él me observa en silencio y con una sonrisa digna de una película de terror. Sé que me despedirá porque digo, ¿Quién en su sano juicio dejará a una stripper trabajar de día en tu empresa y de noche bailar? La respuesta es sencilla: nadie.

-¿Me vas a ignorar?-pregunta mientras yo sigo repartiendo bebidas y lo ignoro completamente.

-Angelito del infierno-ruedo los ojos porque, en definitiva, hoy no es mi día.

-¿Qué pides?-pregunto mientras espero a que se digne a hablar y no a mirarme los senos como un depravado sexual. Aunque comienzo a pensar que lo es.

-Dame un whisky-responde. Me doy vuelta a buscar su bebida siendo consciente de que me mira el trasero.

-Parecer desesperado nunca te ha hecho ver sexy-le respondo mientras le paso su alcohol.

-Siempre con algo que decir bonita-Arthur sonríe mientras lleva el alcohol a sus labios.

-Siguiente-lo hago rodar para poder servir a más personas, las personas están acumuladas en la barra locas por venir a beber.

-Tengo una secretaría muy sexy-murmura Oto con una sonrisa pícara en sus labios.

Oto, orto, el idiota me tiene harta.

-Lástima que el jefe sea un idiota-y su sonrisa se esfuma.

-Que amargadita estas-murmura dando un trago a su bebida.

Lo miro detenidamente y luego su vaso. Una idea algo descabellada llega a mi mente, pero si funciona podré conservar mi empleo.

-Se acabó mi turno-y lo dejo con la palabra en la boca.

***

-¡Estás loca!-grita mi otro jefe mientras da vueltas.

-Por favor Javier-pongo mis manos adelante en modo de súplica.

-¿De das cuenta de lo que hablas?-pregunta quedando frente a mí.

-Lo sé, pero es lo único que se me ocurre. Ese trabajo me da un buen sueldo que sabes necesito porque tengo un niño de ocho años con necesidades de escuela, hospital, cosas tecnológicas, entre otras cosas-le hago saber algo derrotada.

-Pero, ¿drogar a un cliente?-pregunta negando-¿te estás escuchando?-suspiro.

-Lo siento, olvida todo, mejor me voy-camino hasta la puerta.

-Espera-una sonrisa triunfadora se asoma en mis labios.

-¿Puedo?-pregunto temerosa de su respuesta, aunque verdad la necesito.

-Todo queda bajo tu responsabilidad-me advierte y yo pongo mi mejor cara de ángel.

-Muchas gracias-respondo feliz.

-Entonces vete y haz lo que tengas que hacer-sugiere y le hago caso.

-¿Qué te dijo?-la voz de Julia me sobresalta de mala manera.

-Qué no estaba preparada para casi morir de un paro cardíaco-ella rueda los ojos en señal de que deje el sarcasmo y hable.

-Entonces...

-Dijo que sí, pero que todo queda bajo mi responsabilidad-asiente. contenta.

-Mejor avanzamos-caminamos y ella se filtra entre la multitud mientras yo hablo con los "chicos peligrosos".

-Solo necesito que la consigan-le susurro sobre la música.

-Está bien preciosa, espera unos segundos-espero pacientemente, aunque muy nerviosa-úsala bien, es fuerte y muy eficaz para lo que necesites-asiento agradecida cuando me pasan el polvo.

-Aquí tienen el pago-y me marcho a la barra. La música a todo volumen mientras varias chicas bailan y el salón iluminado en diferentes colores. Un buen ambiente sin dudas.

-Llegó mi stripper favorita-la voz del idiota me hace suspirar cansada.

-¿Un trago?-pregunto de forma brusca.

-Sí, bien preparado, con limón y todo-ruedo los ojos y me dispongo a prepararlo y distraerlo para poder drogarlo.

-¿Cuál chica crees que baila mejor?-pregunto señalando a el escenario.

-Sin duda la pelirroja-comenta con una sonrisa sin despegar la mirada de la linda chica que baila sensual. Aprovecho su libido y le agrego la sustancia a la bebida y luego el limón para finalizar, la muevo y poco y listo.

-Aquí tienes-paso su vaso y él se bebe todo el contenido sin siquiera pestañear.

-Diablos, está fuerte-dice haciendo una mueca de asco.

Salgo de la barra y le hago una seña a Julia de que el plan marcha bien. Camino hasta el escenario para mover mi cuerpo al estilo de Nicky Minaj con su famosa Anaconda. Todos me silban y vociferan palabras obscenas sobre mi cuerpo, pero yo solo los ignoro mientras muevo mi trasero de muchas formas. La canción sin duda es pegadiza. Me acuesto en el suelo donde bailando simulo tener acto sexual con alguien invisible. A veces odio bailar de esta manera porque sin duda bailar es mi pasión, pero odio tener que hacerlo donde idiotas crean que son más que uno solo porque tienen dinero y pueden comprar todo. Camino fuera del escenario y voy hasta la chica más quisquillosa de aquí.

-Larissa, te tengo una propuesta-le hago saber mientras ella coquetea descaradamente con un cliente.

-¿Cuál sería esa?-pregunta muy interesada.

-¿Ves ese chico de allá?-pregunto señalando donde esta Oto.

-Muy guapo-comenta, pero en su mirada parece que sabe algo que se escapa de mi entendimiento.

-Y millonario-sus ojos captan toda su atención en mi persona.

-¿Enserio?-pregunta.

-Si-respondo-necesito que me hagas un favor-le hago saber.

-¿Cuál es?-pregunta interesada.

-Él esta drogado. Necesito que te vayas con él al hotel que te voy a dar, duermes. Si quieres viólalo de paso, mentira, no hagas eso, pero si te pregunta por mi haz como si nunca me hubieras conocido. No trabajo aquí, no sabes quién soy y mucho menos porque me conoce, ¿ok?-ella asiente media confundida.

-¿Por qué te escondes de él?-pregunta sin entender.

-Porque él es mi jefe en mi otro empleo y si sabe que trabajo aquí me despide, ¿cuento contigo?-ella asiente.

-Solo por estar a solas con ese bombón, yo hago lo que sea-asiento rodando los ojos.

-Vamos-camino hasta Julia.

-Está casi inconsciente-me hace saber Julia cuando me acerco a ella.

-Ya nos vamos al hotel-ella asiente y entre las dos lo sacamos del bar.

-Como pesa-se queja Julia y yo asiento en acuerdo.

-Es verdad-lo subimos a la parte trasera de su coche y suspiramos.

-Buen día para conocer y casi ser despedida por el hijo de mi jefe-murmuro subiendo al piloto y Julia de copiloto.

-Rápido, no sabemos que trae esa sustancia-pongo el coche en marcha y recorremos todo el camino hasta nuestro destino. Un hotel barato, donde ni cámaras ni personas que puedan reconocernos hay.

-Buenas noches, ¿en qué podemos servirles?-habla una chica con aires de aburrimiento.

-Se supone que si es un hotel una habitación-digo rodando los ojos y logrando que ella se siente derechita en su lugar.

-Tenemos la habitación 304 desocupada-murmura la chica.

-Deme la llave-la pasa sin objetar y pago por una noche.

Caminamos hasta el coche y sujetamos a Oto para que no caiga al suelo. Lo llevamos bajo la curiosa mirada de la chica. Lo tiramos en la cama y suspiramos.

Para: Larissa

Asunto: El chico guapo.

"Ya te entregué la dirección del lugar, la habitación es la 304 dejaré la llave bajo la alfombra que hay en la puerta.

Le doy a enviar y hago señas a Julia para irnos de ese lugar. Antes de irnos voy hasta la chica.

-Ni una sola palabra de que nos vio, ¿ok?-ella asiente un tanto asustada.

Necesito dormir.

***

-Julia, rápido, Alex, Peter muevan sus traseros, vamos tarde-grito preparando el desayuno de todos y los almuerzos de los chicos.

-Rápido chicos, a comer-todos desayunamos como un rayo y salimos. Todos subimos al auto de Julia ya que el mío sigue en el mecánico gracias a Oto.

Lo dejamos en el colegio y Julia conduce hasta la empresa. Cuando subo a mi puesto suspiro al ver que mi nuevo jefecito no ha llegado.

Pasan alrededor de horas cuando veo la figura de Oto asomarse por las puertas del ascensor.

-Buenos días-saludo amable.

Oto trae unas ojeras horribles y muy visibles y la resaca se le nota a kilómetros de distancia.

-¿Qué hay de buenos?-responde él caminado al despacho. Lo sigo como siempre lo hacía con el señor Russell.

-¿Necesita un café, señor?-pregunto con toda la paciencia que me queda.

-Necesito que me digas la verdad porque estoy sumamente confundido y enojado. Y créeme, eso no es buena combinación-yo solo me quedo en silencio.

-¿Qué verdad?-pregunto calmada.

-Que es una stripper-responde y yo empiezo a reír como toda una loca maniática. Si. No tengo una risa muy femenina que digamos.

Mi risa es más como foca retrasada. Cuando salía con mi primer novio (que terminó conmigo ese mismo día), me llevo a salir a un restaurante, hizo un excelente chiste y yo comencé a reír tanto que fui la sensación del momento ese día. Si. Pasamos una vergüenza grande, muy grande por mi culpa y bueno como era de suponerse me termino ese mismo día. ¿Lindo no?

-Señor Russell, ¿tiene algún cable suelto o qué?-pregunte sin dejar de reír.

-Sé que fue usted quien estaba en ese bar-susurra mirándome fijamente.

Nuestras miradas se cruzaron y los latidos fuertes de mi corazón es lo único que soy capaz de escuchar y sin ser consciente de que nuestros labios se llamaban y...

Ok, no. Debo dejar de leer y ver películas, está afectando mi cerebro.

-Si usted va a bares y ve mujeres parecidas a mí, no me confunda señor. A mí me respeta yo no bailo ni nada de eso. Con permiso-y salgo de la oficina dando un fuerte portazo.

Qué mentirosa eres Ariadna, iras al infierno por eso.

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