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La Tatuadora Desfigurada: El Secreto del Patrón

La Tatuadora Desfigurada: El Secreto del Patrón

Autor: : Winded
Género: Mafia
Mi hermana Valeria siempre creyó que mi estudio de tatuajes era una asquerosa pocilga, pero para mí, era mi legado, mi vida. Un día, Valeria llegó con una petición monstruosa: quería que usara nuestras técnicas secretas para convertirla en la réplica exacta de Catalina, la novia de "El Patrón" Javier, a quien ella misma había secuestrado. Cuando me negué, intentando hacerla razonar sobre el peligro que ambas corríamos, se abalanzó sobre mí con un bisturí y destruyó mi rostro, dejándome desfigurada en un charco de mi propia sangre. ¿Cómo era posible que mi propia familia, mis padres y mi hermana, me trataran como a un monstruo, celebrando la falsedad mientras mi vida se desmoronaba? Pero mientras sanaba, un frío y afilado deseo de venganza nació en mí: si Valeria quería su "Catalina perfecta", yo se la daría, y la usaría para cavar su propia tumba.

Introducción

Mi hermana Valeria siempre creyó que mi estudio de tatuajes era una asquerosa pocilga, pero para mí, era mi legado, mi vida.

Un día, Valeria llegó con una petición monstruosa: quería que usara nuestras técnicas secretas para convertirla en la réplica exacta de Catalina, la novia de "El Patrón" Javier, a quien ella misma había secuestrado.

Cuando me negué, intentando hacerla razonar sobre el peligro que ambas corríamos, se abalanzó sobre mí con un bisturí y destruyó mi rostro, dejándome desfigurada en un charco de mi propia sangre.

¿Cómo era posible que mi propia familia, mis padres y mi hermana, me trataran como a un monstruo, celebrando la falsedad mientras mi vida se desmoronaba?

Pero mientras sanaba, un frío y afilado deseo de venganza nació en mí: si Valeria quería su "Catalina perfecta", yo se la daría, y la usaría para cavar su propia tumba.

Capítulo 1

Mi hermana Valeria odia mi estudio de tatuajes, lo llama una pocilga.

"Sofía, ¿cómo puedes vivir aquí? Huele a tinta y a desinfectante, como un hospital de pobres", me dijo, arrugando la nariz mientras miraba a su alrededor.

Yo no respondí, seguí limpiando mis agujas. Este lugar era mi herencia, el legado de mi abuela. Ella me enseñó todo, incluso las técnicas secretas de su cuaderno para crear tatuajes que parecen piel real, capaces de ocultar cualquier cicatriz.

Valeria se acercó, su vestido caro rozando el suelo sucio.

"Escucha, necesito que hagas algo por mí".

"No tengo tiempo para tus caprichos, Valeria. Estoy ocupada".

"No es un capricho", su voz se volvió un siseo, "es mi futuro. Y el tuyo".

Señaló la televisión que colgaba en una esquina. Mostraba imágenes del Festival de las Flores, y en el centro de todo, una mujer sonreía. Catalina, la novia de "El Patrón" Javier.

"La quiero fuera", dijo Valeria con una calma aterradora, "y quiero su vida. Tú me ayudarás".

La miré. Su belleza era deslumbrante, pero sus ojos brillaban con una envidia fría y pura. Nuestros padres siempre la adoraron, creyendo que su cara bonita nos sacaría de la miseria. A mí, con mis manos manchadas de tinta, me despreciaban.

"¿Qué quieres que haga? ¿Que le tatúe un bigote?", pregunté, intentando restarle importancia.

"No seas estúpida", espetó. "La he secuestrado. Está en el sótano. Quiero que uses tus trucos, los del cuaderno de la abuela. Quiero que me hagas su cara".

Mi corazón se detuvo. Miré hacia la puerta del sótano.

"Estás loca", susurré. "Javier te matará. Nos matará a todos".

"Él no se dará cuenta", sonrió, confiada. "Soy más hermosa que ella. Merezco su vida, su dinero, todo. Y tú me lo darás".

"No lo haré, Valeria. Esto es un suicidio".

"Oh, lo harás", se acercó, su rostro a centímetros del mío. "Porque si no lo haces, le diré a Javier que tú secuestraste a su preciosa Catalina. ¿A quién crees que le creerá? ¿A mí, o a la tatuadora del barrio bajo?".

Capítulo 2

Esa noche no pude dormir. Daba vueltas en mi cama, el eco de las palabras de Valeria rebotando en mi cabeza. El plan era una locura, una sentencia de muerte. Tenía que convencerla, hacerla entrar en razón.

Me levanté y bajé las escaleras. La luz del estudio estaba encendida. Valeria estaba sentada en mi silla de trabajo, revisando el cuaderno secreto de la abuela con una expresión de codicia.

"Valeria, por favor, piénsalo", supliqué. "Javier es un monstruo. No puedes jugar con él".

Ella levantó la vista, sus ojos fríos.

"Tienes razón, Sofía", dijo con una suavidad que me heló la sangre. "Es demasiado arriesgado".

Sentí una ola de alivio. Quizás había esperanza.

"Gracias, Valeria. Mañana la dejaremos ir, lejos. Nadie tiene que saberlo".

Ella asintió y sonrió. Una sonrisa que no llegó a sus ojos.

"Claro, hermanita. Ahora ve a dormir. Estás cansada".

Confié en ella. Fui una idiota.

Me desperté con un dolor agudo y cegador en la cara. Valeria estaba sobre mí, su rodilla presionando mi pecho. En su mano, brillaba el metal de un bisturí de mi propio estudio.

"Tú siempre has sido el problema", siseó, su aliento olía a alcohol. "Con tu talento y tus secretos. Crees que eres mejor que yo".

El bisturí se hundió en mi mejilla. Grité, un sonido ahogado por el dolor y la sangre.

"Nadie puede parecerse a Catalina si yo no puedo", dijo, trazando una línea brutal desde mi ojo hasta mi barbilla. "Y tú... tú no volverás a ser bonita nunca más".

Me golpeó la cabeza contra el suelo y todo se volvió negro.

Desperté en un charco de mi propia sangre. El dolor era insoportable. Me arrastré hasta el espejo y vi el monstruo que me había creado. Mi cara era una masa de carne abierta y sangre coagulada.

Pero sobreviví. Y en ese momento, con el rostro destrozado, algo nuevo nació dentro de mí. Ya no sentía miedo, solo un deseo helado y afilado de venganza.

Unos días después, Valeria volvió. Ni siquiera se inmutó al ver mi rostro.

"Levántate", ordenó. "Es hora de trabajar. Hazme lucir como Catalina".

La miré a través de mi ojo hinchado. Mi voz era un graznido ronco.

"Claro, hermana. Con mucho gusto".

Mi venganza había comenzado.

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