La Vampira Alfa del Lobo es parte de la Saga Esclava de Caín, es el segundo libro.
Es la continuación de la historia de Aurora, una joven que abandonó su hogar, luego de la muerte de su hermano gemelo, en busca de nuevas aventuras en su vida, lo que nunca imaginó es que ella era la pieza fundamental para que una antigua profecía se cumpliera. Pero para que eso suceda debe conocer a un sinfín de seres extraordinarios que, hasta ese entonces, desconocía su existencia.
En su camino se encontró con Caín, el cual es el vampiro más antiguo que aún existe.
Sufrió un rapto en manos de un hombre lobo, Dilan, contratado por un Clan de Vampiros enemigos de Caín y quienes quieren evitar que se cumpla dicha profecía. La herida ocasionada por Dilan puso en riesgo la vida de Aurora obligando a Caín a convertirla para poder salvar su existencia y en ese acto nace el amor entre ambos, pero, por diferentes circunstancias, Dilan se ve en el medio de ese amor, confundiendo a Aurora y creando un muy peligroso triángulo amoroso.
Pues al capturarlo Caín, no solo perdona la vida de Dilan, sino que hace que se vaya con ella, como su mejor amigo, a un pueblo que él crea y se hagan cargo de una de sus empresas; los Astilleros Tyler. Para eso debe manipular la memoria de Aurora, creando nuevos recuerdos y borrando algunos viejos, incluso el recuerdo que ella tiene de él y su amor.
Pero no contaba con que ella se enamoraría de Dilan, quien fue su verdugo, aunque al recobrar la memoria todo se complica.
Si bien pueden leer esta historia de forma independiente, les aconsejo que lean primeramente Esclava de Caín, para que puedan entender mejor algunos detalles de la historia.
A los lectores que han leído ya la primera parte les agradezco mucho y me honra que quieran leer esta segunda parte y así enterarse como siguió la historia de este trío tan peculiar.
Aurora:
Dejar ir a Dilan ha sido lo más difícil que he hecho en mi existencia hasta el momento. Sé que debería odiarlo, pero no puedo y, por algún motivo que desconozco, justifico su acción, es como si estuviera escrito que debía hacer lo que me hizo. Como si encima tuviera que estarle agradecida de no haberme matado. Tenía un propósito todo esto, hacer cumplir la profecía. ¡La maldita profecía! En los últimos tiempos no escucho hablar de otra que no sea eso y lo fundamental que soy para la supervivencia de las especies, para todos soy muy importante, cosa que me tiene por demás aburrida.
Desde mi vuelta al astillero y a mis recuerdos, Caín se empecina en que todo vuelva a ser como antes. No tengo dudas de su buena intención cuando hizo lo que hizo, pero no midió las consecuencias. Pues he cambiado y cambiado mucho. Ya no soy la chiquilla indefensa e ingenua que levantó aquella noche en la carretera. Y mucho menos la confundida vampira de un principio. Hoy me siento una mujer, sí, una mujer, porque me prometí a mí misma no caer en lo que caen todos y mantener mi lado humano, así que me siento, antes que todo, una mujer.
Ya nada será lo mismo...
- ¡Lu! - grité al escuchar abrir la puerta de mi oficina y verla entrar
- ¡Aurora!
Me paré de inmediato y corrí a su encuentro. Nos abrazamos muy pero muy fuerte. Hacía meses que no nos veíamos y la extrañaba muchísimo.
- Hace mucho que no nos vemos, Lu
- Mese amiga, meses - me dio un largo beso en la mejilla - te he extrañado mucho
- También yo - tomándola de la mano la conduje al sillón y nos sentamos en él - pero cuéntame que has hecho
- Estoy en los preparativos de la boda
- Ah, sí la boda...
Respondí con algo de melancolía, pues con ella, cuando su padre me propuso matrimonio, hacíamos planes soñando con una boda doble. Pero las cosas se habían torcido un poco y eso ya no era posible. Lu se dio cuenta de mi pesar y tomó mis manos en las suyas.
- No te pongas triste. Sé que planeamos un montón de veces nuestra boda doble y hasta bromeábamos que llevaríamos el mismo vestido con el tul cubriendo nuestros rostros y así confundir por un instante a los novios - hizo una pausa - pero, aunque eso ya no pueda ser posible, seguro que arreglan las cosas con mi padre y terminan juntos, como debe ser
Oír la frase "como debe ser" hizo que me parara como si tuviera un resorte en el trasero
- Otra vez con eso...
- ¿Otra vez con que Aurora?
- Con el "como debe ser", porque siempre conmigo todo es "como debe ser"
- No te estoy entendiendo
- ¡Claro que no! A mí no me entiende nadie, porqué tú tendrías que ser la excepción, ¿eh?, dime, ¿por qué lo serías?
Ya no estaba triste ni melancólica, sino enfadada, muy enfadada. Lourdes se puso de pie y me detuvo con sus manos en mis hombros
- Solo lo dije porque se supone que pospusieron la boda pero no la cancelaron - hizo una mueca de costado con su boca - ¿o me equivoco?
- Mira, una vez alguien me dijo que no olvidara que eras la hija de Tayler y que por ello había cosas que mejor no te contara... - me soltó bruscamente
- No quiero ni pensar quien fue que te dijo semejante cosa, pero imagino que debe haber sido el perro sarnoso de Dilan - frunció el ceño en claro gesto de enojo
- Pues...
- ¡No!, no quiero que me lo digas. No quiero saber nada de ese maldito lobo. Peores cosas no te pudo hacer y cuando tuviste la posibilidad de matarlo, que es lo que se merecía, no solo no lo hiciste sino que lo dejaste marcharse como si no hubiera pasado nada
- Lu, no es lo que crees...
- Yo, nada tengo que creer, claramente eso es algo entre ustedes tres. Lo que nunca voy a entender es como mi padre, el gran Caín, el vampiro más antiguo y despiadado, lo permitió. ¡Eso sí que no lo entiendo!
- Algún día lo comprenderás
- A mí no me interesa comprender nada Aurora. He venido a verte luego de meses y me sales con Dilan
- Tienes razón, Lu, lo siento. Vayamos a almorzar y me cuentas cómo van los preparativos
Dilan:
Aurora me había perdonado la vida, pero yo estaba enamorado de ella y eso era peor, pues se sentía como estar muerto en vida. Ahora era su esclavo en el más literal sentido de la palabra, pues a pesar de ser vampira y yo lobo, ahora era mi Alfa. Esa pócima que le había dado la bruja para que bebiera y luego me mordiera, hacía que no pudiera apartarla de mi mente, pues aunque quería, no podía, mi voluntad estaba quebrantada, mi vida le pertenecía.
Me pidió que me alejara, pero me fue imposible hacerlo. Tenía que verla, aunque fuera de lejos, estoy seguro de que, aunque no me lo diga, sabe que desobedecí sus órdenes y estoy cerca, cualquiera diría que acechándola, pero no, no la acecho, la observo y la cuido desde las sombras. Sabía que estaba prohibida para mí y aun así me permití el lujo de enamorarme de ella, violando todo sentido común. Estaba sufriendo la separación. Pero el recuerdo de la suavidad de su piel, fría pero adorable, así como su exquisito olor y su delicioso sabor me acompañaban día y noche. Nunca olvidaré esa bata roja deslizándose por su cuerpo dejándola completamente desnuda ante mí. No me importó si moría en ese preciso instante, solo me importaba poder disfrutarla una vez más.
- ¿Porque me llamas Dilan?, te pedí que no lo hicieras - se escuchaba triste del otro lado de la línea
- Lo sé y no es que quiera desobedecerte, solo necesito aunque sea oír tu voz de vez en cuando. Aurora, ésto me está enloqueciendo. ¿Porque carajos no me mataste?
- Porque no puedo hacerlo, ya te lo dije
- ¿Decirme que?
- Que no puedo matarte ni dejar que nadie lo haga
- ¿Porque?
- Tú lo sabes...
- No, no lo sé
- Sí, lo sabes. Dilan, no me hagas decirlo, por lo que más quieras, te lo ruego
- Dilo, Aurora, solo una vez más, ¿porque no puedes dejar que muera? - más que una pregunta fue una súplica. Guardó silencio - ¿sigues ahí?
- Sí, aún sigo aquí
- Entonces dilo, por favor
- No puedo dejar que mueras porque... - hizo una pausa, supongo que para coger coraje para lo que me diría a continuación, fueron solo unos instantes, pero a mí me pareció una eternidad - no puedo dejar que mueras porque... - repitió
- ¡Mier***da, Aurora, dilo de una vez!
- Porque te amo Dilan - gritó llorando - te amo - repitió casi en un susurro
- ¿Y por qué no estamos juntos, mi amor? - le pregunté desesperado
- No podemos, es complicado
- Mi vida, no puedes decirme que me amas y luego que no podemos estar juntos...
- Sí, sí puedo - la oí respirar profundo - te amo y eso no lo voy a negar, pero no podemos estar juntos. Así que, como tu Alfa, te prohíbo que te acerques a mí. Mantente lo más lejos que puedas y no vuelvas a llamarme
Y me colgó.
Esa conversación aún retumba en mi cerebro.
Caín:
Aurora me volvía loco, pues decía entender las razones que tuve para hacer lo que hice, pero parecía no perdonármelo. Aunque en realidad creo que tuvo un gran cambio, hay una Aurora antes y una Aurora ahora. Lo que temía se estaba dando.
- No has comido casi bocadillo y eso que es tu comida favorita
- Perdona Caín, estoy poco hambrienta estos días. Creo que es el estrés del trabajo
Más que estresada parecía triste. Me levanté de la silla y me arrodillé a su lado. Le tomé las manos.
- La próxima semana tengo que ir a Turquía, por los temas del Cónclave
- Lindo viaje - respondió casi con indiferencia
- Precioso, ¿porque no vienes conmigo? Te ayudará a despejarte un poco, además tu eres la inspiración para todos, sería bueno que te dejaras ver
- Lo sé y tienes razón. Pero estamos por cerrar con los australianos en tema del astillero y no puedo irme. Sabes que ahora que no está Lourdes ni Di... - y, antes de completar su nombre, calló
- Dilo - rezongué mientras soltaba sus manos y me ponía de pie - dilo Aurora, ¿qué es lo que tanto te asusta?
- Tu reacción Caín, no quiero molestarle
- ¿Molestarme? ¿A caso crees que me enojaría porque nombraras a ese ser despreciable durante nuestra cena romántica?
- A mi tu enojo no me interesa...
- ¿A no? ¿y qué es lo que te interesa entonces?
Se acercó a mí, su mirada desafiante había cambiado por una de melancolía
- Yo no tengo miedo de que te enojes, solo no quiero molestarte, pues sé que te duele que hable de él. Y no quiero verte sufrir
- ¿Sufrir por Dilan? ¿te has vuelto loca? - traté de sonreír sarcástico - ¡ya ves!, yo no tengo problemas en nombrarlo - ahora era yo quien la miraba desafiante - Dilan, Dilan, Dilan...
Seguí repitiendo el nombre del Lobo, hasta que ella cogió su bolso junto con su abrigo y se marchó si siquiera despedirse.
¿Qué estaba pasando conmigo? Estaba sintiendo algo que jamás había sentido. Me moría de celos, así, simple y llanamente.
Narrador:
La relación entre Caín y Aurora estaba por demás tirante.
Ella se metía de lleno en su trabajo para tratar de olvidar lo confundida que estaba. Y él se abocaba al Cónclave con tal de no pensar en que Aurora había tenido una relación amorosa con Dilan, eso lo perturbaba, pero lo que más intranquilo lo tenía era saber que, aunque ella no lo reconociera, a menudo pensaba en él.
- Escucha, anoche estuve muy grosero, ¿podrás perdonarme?
- Claro que sí, Caín. Se lo difícil que todo esto es para ti. Solo quiero que recuerdes que para mí también lo es - pasó su mano por el rostro del vampiro - te quiero, te quiero mucho, eso no tienes que dudarlo jamás
- Y no lo dudo, pero los celos me están matando
- Ve tranquilo a tu viaje, cuando regreses estaremos más calmados y las cosas serán como antes. ¡Ya verás! Ahora ve que llaman por tu vuelo
- Nos vemos al regreso, te amo Aurora - y se fue
Aurora, en lugar de ir a su oficina, se tomó el día libre y fue a ver a su amiga Ernestina, la bruja.
- Aurora cariño, ¡qué alegría tan grande verte!
- Ernestina, mi bruja preferida
- Anda entra, prepararé té, ese que tanto te gusta, mientras me cuentas que te trae por aquí
- Solo tenía ganas de verte
- Mi niña, a mí no me engañas, algo te sucede
La bruja conocía bien a Aurora, y ésta sabía que no la podía engañar
- Me conoces demasiado bien como para que te engañe
- ¿Ves?, no te digo yo. Ven siéntate, te sirvo el té
Luego de unos minutos la bruja sirvió el té y le ofreció uno a Aurora
- Gracias
- Para servirte mi niña bella
Aurora bebió el té en silencio bajo la atenta mirada de su amiga.
- Sé que eres muy amiga de Caín, pero hoy necesito que seas mi amiga más que la suya
- ¿Si lo que me estás pidiendo es que no le cuente a él nuestra conversación?, mi respuesta es que puedes quedarte más que tranquila. Lo que hablemos aquí no saldrá de estas cuatro paredes
- Te lo agradezco Ernestina. Sé que te estoy poniendo en un aprieto, pues tu eres muy amiga de Caín
- Descuida Aurora, tú eres mi amiga también. Eso lo sabes.
- Estoy muy confundida y necesito hablar con alguien.
- Yo le debo mucho a Caín y le estaré agradecida por la eternidad. También le quiero mucho, pues es un ser de una extraordinaria bondad, aunque parezca mentira, más con un pasado tan sangriento en su haber. Pero eso no quita que sea tu amiga y las cosas que nosotras hablamos queda entre nosotras, así como las cosa que hablo con él y quedan entre él y yo
Aurora bebió otro sorbo de té y continuó
- Dilan me llamó ayer
- ¿Dilan?, ¿por qué no me sorprende? – y sonrió
- A mí tampoco me sorprende, pues sé que se ha mantenido cerca, aunque le ordené que se fuera
- ¿Y qué quería?
- Supuestamente escuchar mi voz
- ¿Sólo eso?, mmm... me parece que no, ¿verdad?
- Pues a decir verdad, no, no solo eso. Me reprochó por qué no lo maté
- ¿Y tú que le dijiste?
- Bueno... yo le dije que no había podido... - Aurora agachó la mirada y trató de esconderla de su amiga
- Aurora, mírame, por favor. Ya te dije que puedes confiar en mí. No tienes que tener miedo a decirme las cosas. Si no quieres está bien, pero si quieres, yo te escucharé, te aconsejaré como siempre y no te juzgaré
La bruja ya estaba sospechando de qué iba la congoja de la joven, pues ella sabía muy bien que Aurora estaba enamorada de Caín, pero también lo estaba de Dilan.
- Tengo miedo, Ernestina
- ¿Miedo de que, mi vida?
- De lo que siento – y largó a llorar desconsoladamente
- No tienes que tenerlo, cuéntame
- Es que estoy muy confundida y no sé qué hacer
Aurora estaba consternada y no se atrevía a decir lo que su cerebro le gritaba, así que fue la bruja quien tomó la iniciativa
- Te lo dije en su momento y te lo repito ahora – Aurora la observaba con ansias – no está mal que quieras a ambos
Se puso de pie como un resorte, por fin alguien lo había dicho en voz alta
- Pero yo no he dicho que... - dijo con voz la quebrada
- Ni falta que hace, mi niña – la interrumpió riendo – se te nota de lejos
- ¿Qué voy a hacer, Ernestina?
- Yo no te voy a decir que es lo que debes hacer, eso te corresponde a ti decidirlo – Aurora la miró algo decepcionada - lo que sí te diré es que no se manda al corazón, ese siente como quiere sentir
- Con Dilan mi corazón latió por primera vez desde que me convirtiera – confesó llevándose la mano al pecho y arrugando su blusa a la altura del órgano tan preciado
- ¡Oh!
- ¿Está mal?
- No, claro que no. Solo me sorprendió, pues a los vampiros...
- Si, nos late en corazón muy pocas veces y solo en contadas ocasiones
- Y por lo que tengo entendido es cuando las emociones los desbordan, es un reflejo que les queda de su vida como humanos
- Bueno, a mí no me había latido hasta que estaba en el calabozo con Dilan y se soltó de las cadenas, para acercarse a mí y ...
- Ok, ok, ok... - detuvo el relato la bruja – tampoco es que me tengas que contar los detalles de tu encuentro sexual con Dilan – y sonrió – aunque tengo una pregunta
- ¿Cuál? – la miró desconcertada
- ¿Son tan ardientes y salvajes como dicen a la hora de copular?
- ¡No te lo puedes imaginar!, además su cuerpo ardiente pegado al mío que es frío, la sensación es indescriptible
- Ya, ya, entiendo entonces la fascinación que tienen todas por los lobos – respondió sonrojándose
- Te hice sonrojar, perdona Ernestina, no era mi intención
- No lo sería, pero me hiciste subir la temperatura y uno ya no está en edad de pasar estos calores – ambas rieron a carcajadas
- Ni tanto, todavía estás en edad de merecer – siguieron riendo – gracias amiga mía
- Nada que agradecer, sabes que cuentas y siempre contarás conmigo
- Me horrorizo de solo pensarlo, mucho más en decirlo en voz alta, pero también le quiero
La bruja trató de consolarla lo mejor que pudo, pero era evidente que la joven tenía un conflicto y muy groso entre manos, más aun siendo la protagonista de la antigua profecía, todas esas cosas la estaban abrumando por demás. Luego de despedirse, Aurora subió a su coche y emprendió su camino a casa. Su mente estaba llena de dudas, aunque su corazón lo tuviera todo muy claro, estaba enamorada de ambos.
Al llegar a su edificio se dirigió a su lugar habitual de estacionamiento. Se detuvo y apagó el motor. Aun tomada del volante comenzó a llorar sin consuelo. De pronto la puerta del coche se abrió abruptamente y una mano, llena visiblemente de garras, la jaló hacia afuera, mientras otro sujeto apretaba en su boca y nariz un pañuelo mojado. Claramente era algún tipo de sedante, muy potente como para tumbar a un vampiro, ya que se desvaneció casi en el acto.
- Ya está, avísale al jefe que la tenemos y vamos para allá
Durante el viaje, que duro poco más de una hora, estuvo por despertarse en varias ocasiones, pero el pañuelo, nuevamente sobre su cara, la hacía volverse a dormir
- ¡Ya deja de meterle tanto esa mier***da, que la vas a matar!
- ¿Te has vuelto loco?, ¡es un vampiro!, ¿qué crees que nos pasará si despierta?
- ¿Y qué crees que nos hará el jefe si se la llevamos muerta?
- No lo sé, pero no me arriesgaré
La llevaron a una casa en las afueras de la ciudad. Allí los estaban esperando unos cuántos individuos más. Depositaron a Aurora en una cama, le ataron las manos encima de su cabeza a uno de los barrotes del respaldo y le pusieron una capucha negra en la cabeza. A diferencia de la vez anterior que había sido raptada, esta vez parecía que querían que estuviera cómoda ya que ni siquiera le pusieron cinta en la boca para mantenerla callada. Obviamente las cuerdas están preparadas con algún tipo de hechizo que hacía que un vampiro no pudiera desatarse por más fuerza que tuviera. La taparon con una manta y la dejaron en la habitación, vigilada por alguien sentado en un rincón.
- Jefe, tenemos a la vampira, en la habitación, atada sobre la cama tal y como nos pidió
- Genial, vigílenla bien y me avisan cuando se despierte
- Bien
- ¡Nadie le hable!, ¿entendieron?, es importante que nadie le hable
- Sí, jefe, como ordene