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La Venganza del Abuelo de mi Ex

La Venganza del Abuelo de mi Ex

Autor: Sofía de Orellana
Género: Romance
Daphne Marini es una joven dulce, inocente y soñadora, amante de su familia y llena de sueños que quiere alcanzar por sus propios medios. Todo su mundo es una burbuja al ser la princesita de su padre, pero todo eso cambia cuando se fija en un hombre mucho mayor y que en su mente idealiza como su príncipe azul. Magnus Katsaros es un hombre frío, calculador y dominante. Es un protector acérrimo de su familia y para él, nadie puede tocarles ni un pelo. Por eso, cuando su nieto muere por culpa de su novia, todo en él da un vuelco inesperado y se decide a vengar su muerte de la peor manera, que es sometiendo a la culpable a su voluntad, dejándola a merced de las peores humillaciones. Pero todo tiene un límite y él lo probará de la peor manera, cuando el destino le dé en la cara y sepa que a veces las cosas no suelen ser como las muestran. Obra registrada ante las Autoridades Federales en materia de Derechos de Autor de Chile, México y USA, así como en Safe Creative bajo el número2404017542467. Queda estrictamente prohibida la reproducción, adaptación, copia o distribución por cualesquiera medios ya sean físicos o electrónicos no autorizados previamente por la Autora. Todos los Derechos Reservados ©️SofíaDeOrellana
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Capítulo 1 La tragedia

El camino hacia la gran casa en donde vive su novio le da un aire de misterio y sobriedad al trayecto que Daphne está siguiendo en el auto de su padre. Unos minutos después, los suaves toques a la puerta con un aire de nerviosismo hacen que se retuerza las manos en la espera a que la reciban.

-Señorita Marini, buenas noches -el recibimiento cordial de la criada, como siempre, provoca que Daphne revele una sonrisa sincera-. El joven Petrakis la está esperando en la sala.

En cuanto sus ojos se encuentran con los del chico, ambos se apresuran a romper la distancia y se dan un fuerte abrazo porque él es muy cuidadoso de no besarla delante de su familia. Ante la llegada del abuelo político del chico, ambos se miran dubitativos, pero terminan besándose con suavidad como muestra del vínculo y el afecto que lo une.

-Buenas noches, muchachos. ¿Ya van de camino a la fiesta? -La pregunta del hombre es imponente, el cual provoca que la mirada de Daphne baje al suelo. Siempre lo ha admirado y le provoca algo diferente a lo que el Ramiro ha conseguido.

-Sí, abuelo -Responde el muchacho con alegría-. El padre de Daphne nos llevará y más tarde será él quien nos recoja, tal como acordamos.

-Recuerda respetar la hora, aunque ya tengas dieciocho años, sabes que en esta casa se deben cumplir las reglas -La mirada penetrante pasan de su nieto a la novia de este y le dice con severidad-. Cuídense mucho y no hagan algo de lo que cual se vayan a arrepentir luego.

-No se preocupe, señor Magnus... -responde con timidez Daphne mirándolo a los ojos y la mirada de Magnus se oscurece-. Nos divertiremos sanamente.

Ambos chicos se dedican una mirada feliz y tomados de la mano, salen de la casa.

El camino hasta la fiesta se hace relajado y en un tono jovial. Giacomo, el padre de Daphne los observa a través del retrovisor, sonriendo por la alegría de la juventud. Mira a su hija con los ojos brillantes, ella es su orgullo, su mayor logro en la vida y la ha protegido durante toda la vida.

Es por esta razón que él siempre es quien los traslada a cualquier lugar, para asegurarse en dónde estarán y que nada malo le sucederá a su princesita.

Cuando llegan al lugar de la fiesta los reciben con cordialidad ya que es la fiesta de cumpleaños de la prima de Daphne. Tras una promesa a su padre de comportarse en la fiesta y no hacer nada indebido, se despide de él y entra de la mano con Ramiro.

Este acepta la primera bebida que se le cruza por delante y avanza con Daphne hasta la pista de baile, en donde comienzan a moverse al ritmo de la música, en una comunión íntima que aquella relación especial les da. Minutos más tarde se anuncia la llegada de la cumpleañera y todos se detienen para hacer un círculo en la pista.

La chica entra en gloria y majestad con un hermoso vestido ceñido a su cuerpo, dejando cautivados a todos los presentes en un coro algo desafinado, cantan el cumpleaños feliz y cuando se acerca un enorme pastel, la muchacha apaga las velas y luego toda la fiesta vuelve a ser lo mismo.

Daphne se acerca a ella de la mano de Ramiro y le da un fuerte abrazo a su prima.

-Feliz cumpleaños, prima... Te deseo lo mejor del mundo.

-Gracias, prima querida -Sus hermosos ojos esmeralda se posan esta vez en Ramiro, quien la mira con expresión seria y solo la saluda con un apretón de manos.

-Feliz cumpleaños -Es todo lo que le dice y Daphne lo anima para que la abrace y el muchacho termina cediendo. Se alejan para que los demás también puedas saludarla y Daphne no pierde oportunidad para decirle.

-¿Por qué eres así con ella? Siempre te muestras hostil.

-Porque es mejor mantenerla a raya, esa prima tuya es un tiro al aire.

-Repites palabras de anciano, seguro se lo copias a tu abuelo -Ramiro la ve con seriedad y ella baja la mirada-. Lo siento, creo que me pasé de la raya.

-No importa, vamos a bailar -dice él mientras ve con molestia como la festejada se rodea de chicos y uno de ellos la mantiene pegada a su cuerpo por la cintura.

La fiesta transcurre normal entre la alegría, las bebidas y la música juvenil. En cierto punto, Daphne y Ramiro cambian de pareja, y comienzan a separarse sin darse cuenta. Cerca de la medianoche, y tal como habían quedado anteriormente, Ramiro comienza a moverse por entre toda la gente hasta que llega la escalera para cumplir con aquella promesa a su mujer. Son pocos los momentos que tienen sin vigilancia y los aprovechan al máximo.

Sube cada peldaño hasta llegar a la habitación en donde habían acordado entregarse íntimamente. Su corazón palpita con frenesí, la ama con una intensidad inexplicable. Sin embargo, cuando su mano se posa en el pomo de la puerta unos ruidos desde adentro lo hacen dudar. Reconoce lo que está sucediendo en la habitación y las lágrimas no se tardan en aparecer en sus ojos. A pesar de que sabe lo que encontrará adentro, se da el valor necesario para abrirla y lo que encuentra le rompe el corazón en un segundo.

-¡¡¿Qué demonios está pasando aquí?!! -La muchacha se cubre el cuerpo tras ser expuesta en su infidelidad y Ramiro se acerca a la cama para ver a los dos traidores-. No puedo creerlo... ¡Dijiste que me amabas, se supone que íbamos a tener un hijo!

-¡Pues en eso te equivocas, porque yo hace mucho que dejé de amarte! ¡¿Quién podría enamorarse de un niñito como tú al que su novia debe ir a buscarlo para salir?! ¡Es que ni siquiera eres un hombre capaz de decidir la hora de llegar a su casa! Y sobre el hijo... ¡Pues ya no hay hijo! ¡Soy demasiado joven para arruinar mi cuerpo y mi futuro con un mocoso!

-¡¿Cómo puedes decir todo eso?! ¡Sabes que te amo! Mi abuelo es estricto, ¡es solo eso! ¡Pero nada de aquello justifica lo que acabas de hacerme...! Me rompiste el corazón.

-Eres demasiado dramático, niñito. Es mejor que te largues ahora mismo. Prefiero estar con un hombre en lugar de un niño como tú.

Ramiro, con las lágrimas rodando por sus ojos y la impotencia, sale de allí porque sabe que no puede hacer un escándalo. Baja la escalera rápidamente, sin fijarse en nada ni nadie. Al salir, ve al padre de Daphne llegar en el auto y salir de este. Sin que el hombre consiga preguntarle por su hija o qué es lo que le sucede a él, lo hace a un lado maldiciendo a la familia Marini y se sube al auto para salir raudo del lugar.

Conduce con furia por las calles despejadas hasta que sale de la ciudad y llega a un punto de no retorno. Se detiene en un mirador, uno que está lo suficientemente alto y que delante de él deja ver un oscuro y frío barranco. Saca su teléfono y comienza a escribir el último mensaje que enviará en su vida, dedicado a la única persona que amó y odió en su existencia.

Tira su teléfono a un lado porque desea que lo encuentren y vean la rata asquerosa con la cual se ha involucrado. Retrocede un par de metros y luego acelera todo lo que puede para romper la barrera que impide algún accidente fatal.

Y en su último aliento, tras cerrar los ojos y con sus manos aferradas al volante, lo único que desea es que la vida le cobre el dolor tan profundo que le ha causado aquella mala mujer.

Capítulo 2 Un grito desgarrador y un juramento

Cuando Ramiro se marcha de la propiedad, Giacomo llama inmediatamente a Magnus para decirle lo que ha ocurrido, ya que en ese instante el hombre tiene más recursos para seguir a su nieto.

"Giacomo, ¿ya vienen...?

-¡Señor Katsaros, su nieto se volvió loco! ¡Me robó el auto y no sé a dónde se fue!

"¡¿Qué demonios dices?! ¡Mi nieto no es ningún ladrón!

-¡Disculpe, pero eso es lo que ocurrió! ¡Tiene que buscarlo, rastrearlo de alguna manera! No se veía bien, no sé qué ocurrió, pero se veía alterado y salió como si lo siguiera un demonio.

"Gracias por avisarme, yo me encargo a partir de ahora.

En ese momento Giacomo corre a la entrada de la casa para buscar a su hermano y pedirle que le facilite un vehículo para ayudar a buscar al muchacho, y también para buscar a su hija, quien al parecer está perdida por el lugar.

No tarda en encontrarla, la ve bajar por la escalera, algo despeinada, asustada y arreglándose el vestido como si acabara de levantarse, mirando a todas partes. Cuando ve a su padre, palidece, pero aun así se acerca a él.

Giacomo le explica rápidamente lo sucedido y comienzan a moverse por el lugar, hasta que salen tras el rastro del joven gracias al localizador del auto. En el camino Daphne solo se retuerce las manos, sintiendo el peso de lo ocurrido y cuando se acercan al lugar que marca el GPS, un grito de terror sale de la muchacha...

Cuando Magnus corta la llamada, sin darle más detalles de lo que hará a Giacomo, comienza a mover a su gente sin perder tiempo.

-¡¡Barton!! -en pocos segundos un hombre un poco más joven que él, pero de expresión aún más severa, llega a su lado y sin esperar a que hable, Magnus le da la orden-. Saca tres equipos de seguridad de inmediato, tenemos que salir por mi nieto.

-Sí, señor.

Por el intercomunicador comienza a dar órdenes y para cuando salen frente a la casa, ya un auto está esperando por los dos, Barton toma el volante y Magnus se sube de copiloto. Coloca su teléfono desde donde está buscando la ubicación de Ramiro y Barton comienza a seguirla rápidamente. Las calles vacías les dan la ventaja que necesitan y para cuando el punto se detiene, Magnus le dice.

-¡Apresúrate, que ya sabemos dónde está!

Barton no se lo hace repetir y aumenta la velocidad como si fuera un piloto de carreras. Sin embargo, aquella esperanza de saber que su nieto está en perfectas condiciones se cae en el instante en que ven fuego al pie del mirador y un mal sentimiento se instala en el pecho de Magnus.

-No puede ser... -dice con la voz temblando, para cuando llegan al lugar y ven la barrera destruida, el grito de Magnus provoca un eco ensordecedor que remece la fibra de cada uno de sus hombres-. ¡¡RAMIROOOOOO!!

Intenta lanzarse al precipicio para salvar a su nieto, pero Barton lo detiene junto a tres hombres más, mientras que ya dos de sus mejores hombres se preparan para bajar. Barton llama a los equipos de emergencia para trasladar al muchacho a un hospital y en pocos minutos se llena de policías, rescatistas y dos helicópteros que apoyan con la iluminación.

Antes de perder completamente la cordura, Magnus recibe de manos de Barton el teléfono de su nieto, que tiene la pantalla con algunos golpes, pero sigue funcionando. Y allí, con aquel último mensaje que envió, sus ojos se fijan en aquel cuerpo sin vida que suben hasta sus pies y jura que eso no se quedará así.

Decirle a su hija y su yerno no que ha pasado no es sencillo, llegar a la casa derrumbado por dentro, pero firme por fuera y sentarlos en medio de la noche para decirles lo ocurrido, los gritos de su hija... nada de eso es algo que pueda soportar sin hacer nada. Él siempre ha sido un hombre de acción, no puede quedarse con aquella impotencia.

Dos días después, en medio de su sepelio, Magnus se muestra inexpresivo, como si la muerte de Ramiro no le afectara en lo más mínimo. Sus ojos escudriñan todo el lugar antes de posarse en aquella muchacha.

La ve llorar desconsolada, aferrada al féretro en dónde yace su nieto, su mayor orgullo, y empuña las manos para no ahorcarla allí mismo, delante de todos. Quiere gritarle que es una cínica mentirosa, que todo aquello es su culpa, pero él no es así.

Solo sus hombres de confianza fueron testigos de su derrumbamiento, de aquel dolor que le causó ver a Ramiro sin vida. Pero aquel otro sentimiento, ese de venganza desmedida... de ese solo una persona será testigo y lo sufrirá en carne propia.

Cuando bajan el féretro, Daphne se aferra a su padre y grita con todo su dolor. Se siente culpable de lo que le ha ocurrido a Ramiro, tenía toda la vida por delante, tantas cosas que hacer con su existencia y ya no podrá hacer nada de aquello que ilusionado imaginó una vez.

-¿Por qué, papá? -le pregunta mirando cómo la última morada de su Ramiro baja lentamente-. ¿Por qué se tuvo que ir así? No entiendo, él era un chico bueno, alegre... no se merecía esa muerte.

-No lo sé, hija. Hay cosas que nunca podremos llegar a entender.

Los ojos de Daphne suben y camina lentamente hasta donde sus padres se encuentran. Dalila, la madre de Ramiro e hija de Magnus, se aferra a ella como si fuera su salvavidas y lloran juntas.

-¡Dime, mi niña! ¡¿Qué hago yo con este dolor que siento aquí?! -le dice golpeándose el pecho-. ¡Mi hijo, nuestro Ramiro... se nos fue!

-Yo... yo lo siento tanto -le dice Daphne en medio de un sollozo-. Yo lo dejé solo, me quedé dormida un momento...

Magnus, quien oye la interacción aprieta la mandíbula al punto de que parece que se va a romper.

«Sí, minutos... los suficientes para montarle los cuernos a mi nieto... pero me las pagarás, juro que tú y tu familia me las pagarán.»

Daphne se refugia entre Dalila y Rómulo, ambos la adoran porque fue una gran amiga y luego una novia ejemplar para su hijo, y para cuando termina de bajar el ataúd, la familia y amigos más cercanos se acercan para lanzar una rosa antes de que la fría y húmeda tierra lo cubra para siempre.

Todos lanzan una rosa blanca, excepto por Magnus. Mira la rosa roja entre sus dedos y cuando la lanza se jura que así es cómo quedará su consciencia, teñida con la sangre de la culpable de la muerte de su nieto, pero al menos aquella deuda quedará saldada.

Capítulo 3 Los planes

Los días van pasando y para la familia cada vez es más difícil aceptar que Ramiro no está. Sus risas, aquellas bromas que tanto divertían a su madre, todo aquello que lo animaba a ser un joven dispuesto a conseguir sus sueños, todo eso ha quedado en el pasado.

Y para Daphne las cosas no son diferentes. Se siente aturdida, como si le hubiesen arrancado a una parte de su alma. Para ella, Ramiro representaba una parte importante de su vida y a pesar de que cometió errores, no deja de sentir que nada será igual sin él a su lado.

-Hija, debes comer algo -La voz preocupada de Giacomo irrumpe en su habitación y cuando ella se sienta en la cama, al hombre no le pasa desapercibido el llanto desmedido que ha tenido su hija los últimos siete días.

-Entiende que no tengo hambre padre.

-Lo sé, no creas que no entiendo tu dolor, sé perfectamente lo que es perder al ser amado. Pero aun así, no puedes abatirte. Eres todo lo que tengo y si te pierdo, no sé qué será de mi vida.

-¿Cómo se supone que yo pretenda continuar con mi vida si él ya no está?

Antes de que Giacomo responda a la pregunta de su hija, su teléfono suena insistentemente y responde al ver que es Magnus.

-Señor Katsaros... Buenos días. Sí, justamente estoy con ella a mi lado -Giacomo extiende su teléfono hacia Daphne y ella lo toma con cierto nerviosismo. Sabe quién está del otro lado, el mismo hombre que siempre le ha producido sentimientos extraños.

-Buenos días, señor Magnus.

"Hola, Daphne. Quería invitarte hoy a una cena en casa, mi nieto dejó una suerte de testamento, a pesar de que era muy joven tenía muchas cosas organizadas y tú, debes estar presente.

-No sé si deba ir... No estoy en condiciones -pero Magnus no está dispuesto a una negativa.

"Enviaré a mi chofer por ti cerca de las siete. Procura estar lista para esa hora porque no me gusta que me hagan esperar.

Magnus corta la llamada, dejando a Daphne completamente perpleja. Acaba de decirle que no está disponible para ese tipo de cosas y aun así el hombre ha desoído sus deseos. Su padre le pregunta qué es lo que quería Magnus y cuando ella le explica, el hombre comienza a movilizar a todo el mundo y se deshace en preparativos para que Daphne pueda ir hasta la casa de sus exsuegros.

Pero Daphne no está dispuesta a mostrarse de una manera diferente a cómo se siente. Saca a todo el mundo de su cuarto y se encierra en el para prepararse. Sabe que a Magnus no puede hacerle un desaire como ese, pero también comprende que no puede dejar de ir, tal vez ella sea de ayuda para los padres de Ramiro.

Cuando se llega la hora, Daphne está en la entrada de su casa acompañada por su padre. Quien deja un suave beso en su sien y ella baja la escalinata hasta el vehículo en donde Barton le abre la puerta. Si él no supiera la verdad, diría que aquella muchacha en verdad es inocente y está dolida por lo que le ha ocurrido al nieto de su jefe. Pero para él solo es una mujer a la que los remordimientos la están matando.

Cuando llega a la mansión Katsaros, Dalila corre para abrazarla y se lleva las manos a la boca sorprendida del aspecto de la muchacha.

-¡Oh, por Dios, Daphne...! ¿Qué es lo que ha pasado contigo? ¿Estás enferma?

-Sí, pero de dolor -La muchacha respira profundo para no llorar en ese momento y Dalila sabe a lo que se refiere.

-No creí que la muerte de mi hijo te afectara tanto. Después de todo lo de ustedes solo llevaba algunos meses.

-Es verdad... pero nuestra amistad comenzó mucho antes que eso. Ramiro siempre será parte importante de mi vida... Aunque ya no esté conmigo.

-Ven, vamos a la sala con mi esposo mientras la cena está lista.

Rómulo se acerca a ella para saludarla y los dos se funden en un abrazo que pretende ser consolador. Los tres comienzan a hablar de lo difícil que ha sido aquella semana y Dalila no puede evitar emocionarse cuando recuerda detalles mínimos de su día a día con Ramiro.

-Puede ser que yo no lo haya llevado en mi vientre... Pero nadie puede cuestionar mi amor de madre por Ramiro... -Daphne asiente y en ese momento, Magnus hace su entrada triunfal.

Daphne se lo queda viendo como un cervatillo cegado por una potente luz en medio de la más oscura noche. Va con un impecable traje negro y su porte imponente. Ella se pone de pie para saludarlo y cuando estrecha su mano nota la frialdad en el cuerpo del hombre, una que la estremece.

-Buenas noches, señor Magnus... Gracias por invitarme.

-Era la última voluntad de nieto... -dice con tono serio sin darle mucha importancia a la chica-. Pasemos a la mesa, la comida ya está lista.

La cena transcurre tranquila y sin mayores palabras. Luego se lee la carta que Ramiro tenía a modo de testamento y para Daphne solo queda una carta, la que guarda cuidadosamente en su bolsillo y después de eso decide que es momento de retirarse.

Se despide amablemente de Magnus y Rómulo. Nuevamente sus ojos se posan en aquel hombre que la mira con una expresión rara, haciendo que su cuerpo se estremezca.

-Querida, no dejes de venir -Le dice Dalila-. Ramiro te quería mucho... Y nosotros también.

-Intentaré hacerlo... Venir aquí y no verlo es muy difícil. Pero lo intentaré, se lo prometo.

Daphne les dedica una última mirada antes de subirse al auto y mientras deja la propiedad, Magnus comienza a trazar su estrategia para llevar a cabo su venganza.

Una hora después, cuando Barton llega a la casa, se acerca al despacho de su jefe y con gesto casi militar, le dice.

-La señorita Marini ya está en su casa. En el trayecto no leyó la Carta.

-Bien... Necesito que a partir de mañana comiencen a acondicionar la casa de campo.

-¿Se irá unos días para descansar, señor?

-No... En esa casa habrá cualquier cosa menos descanso. Quiero que pongas solo a un pequeño grupo de gente que se ocupe de ella y que sean de mi más absoluta confianza, los más discretos -Magnus se pone de pie con esa expresión severa que a Barton le advierte lo que se avecina-. He vivido lo suficiente para reconocer a una mentirosa... Y esta no se escapará de mi venganza.

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