Danna vive en una cabaña en medio del bosque. Fue criada en el campo por una pareja de omegas. Sus padres murieron cuando ella tenía 17 años; su padre falleció en batalla y su madre al no tener vínculo con su mate falleció de depresión.
Un día, Danna fue a la manada y la gente estaba alborotada, debido a la coronación del nuevo alfa de alfas. Ella, curiosa, decidió quedarse para observar el acto.
El consejo de ancianos y alfas de otras manadas estaban sentados esperando al nuevo alfa de alfa. Eros hacía 6 meses que había asumido su puesto de alfa de la manada azul tras el fallecimiento de su padre en una batalla por defender las tierras del sur de Alaska.
Por elección de los viejos lobos de las manadas, Eros fue nombrado alfa de alfas debido a que, al igual que su padre, era un guerrero luchador y estratega en las batallas. Además, tenía estudios académicos en la mejor universidad de Estados Unidos y regresó a la manada después de la muerte de su padre.
Eros hablaba al pueblo sobre sus deberes en la manada y en la región, cuando un olor exquisito entró desesperadamente por sus fosas nasales. Su lobo, Hércules, estaba descontrolado murmurando.
-¡Es mi mate!
Él buscaba la procedencia del aroma hasta que vio a Danna. Ella también estaba igual y sus miradas se encontraron. Danna se emocionó al observar al hombre alto y fuerte, de ojos azules; su porte era imponente, y su loba Hedé estaba inquieta. Eros se sumergió en esos ojos místicos por unos segundos, luego arrugó la cara y se sintió molesto al observar el aspecto de su mate con ese cabello negro azulado desaliñado. Llamó a uno de sus hombres de seguridad.
Danna se dio cuenta de cómo la miraba con desprecio, y allí su emoción desapareció. Salió corriendo, apartando a la gente de su camino, corrió por las calles hacia el bosque donde liberaría a Hedé, pero fue interceptada por tres guerreros que la atraparon.
-¡Suéltenme!, por favor, ¿quiénes son ustedes? -gritó desesperada.
-Cálmese, señorita, vamos a la mansión de Eros. Él pronto estará hablando con usted.
Danna fue montada a la fuerza en la parte de atrás de un carro y llevada a la mansión. Desde ese momento, ella supo que su vida cambiaría.
En el estudio, Eros estaba indignado por la mate que la diosa Luna le colocó en su camino. No sabía por qué lo había castigado de esa manera. Cuando sus guerreros entraron con Danna, él la fulminó con la mirada. Pasó por su cabeza «¿Cómo se atrevía a huir de mí?» No podía negar que era hermosa y esos ojos lo deslumbraban, pero para su mandato como alfa de alfas, ella no le servía como mate.
-Omega, ¿cómo te atreves a escapar de mí? Soy tu mate y debes aceptar tu destino conmigo -vociferó de forma tiránica.
Danna se sonrojó al oír su voz, le pareció agradablemente gruesa y áspera, se sintió indefensa delante ese monumento de hombre.
-¿Me escuchaste, omega? Desde ahora vas a estar encerrada hasta que decida qué hacer contigo -vociferó imponente y molesto.
Danna salió de su confusión y con tristeza rogó.
-Alfa, sé que le parezco insignificante, así que le ruego que me deje ir y le prometo que no me verá más.
El olor a flores silvestres no salía de sus fosas nasales. Eros no sabía ¿Por qué ese olor la afectaba tanto? Quería lanzarse a sus labios, pero tenía que mantener la postura. Cuando iba a contestar, escuchó una voz que la sacó de sus pensamientos.
-Eros, mi amor, ¿no me digas que está omega es tu mate? ¿Qué vas a hacer con ella? -expresó Lamia de forma tranquila y dulce.
Eros se acercó a ella con una sonrisa cálida y le tomó las manos con delicadeza y mirándola le susurró.
-¡Lamia! ¡Sí! Ella es mi mate.
-Eros, pero si es tu mate, ¿vas a deshacer nuestro compromiso? - soltó haciendo puchero.
-¡Lamia! Pronto serás la Luna de la región. Te di mi palabra y a los ancianos. ¿Por qué mejor no vamos a descansar? - desvió la mirada a los guerreros que mantenían agarrada a Danna-. - Llévenla a la habitación del ala izquierda de la mansión, no la dejen salir, solo Gin podrá entrar para llevarle comida.
- Como ordene, alfa.
Danna estaba devastada por la escena que acababa de presenciar. Su corazón sangraba de decepción al ver cómo Eros le hablaba a otra loba. A regañadientes, se dejó guiar por los hombres hacia la habitación que le habían asignado. Al entrar, suspiró con tristeza al contemplar su destino, marcado por la diosa Luna: un mate frío y arrogante que no la amaba a ella sino a otra loba.
Con ganas de llorar, se recostó en la puerta y observó el lugar con desánimo. La habitación estaba pintada de blanco y tenía una cama en el centro. A un costado, se encontraba una mesa y un pequeño closet. También notó una puerta a la derecha, que seguramente conducía al baño.
Caminó hacia la ventana, buscando una posible vía de escape, pero se dio cuenta de que estaba demasiado alta para saltar. Dio unos pasos hacia la cama y sintiéndose abrumada por lo que pasó se sentó en ella.
En ese momento, decidió conectarse con su loba en busca de consuelo y fortaleza.
-Hedé, nuestro mate nos desprecia. Ese idiota es prejuicioso por ser omega.
-Si decide rechazarnos, seremos una deshonra y nos confinará de estas tierras -Su loba estaba ansiosa.
- Loba tonta, por su mirada fría y sin ninguna emoción, te aseguro que estamos en problemas. Si es así, prefiero quedarme sola.
Hedé se entristeció al pensar en un posible rechazo de su mate. Danna liberó su enlace cuando sintió que abrían la puerta. Una joven llegaba con unos vestidos en una mano y en la otra una bandeja con comida. Miró a Danna de arriba a abajo y arrugó la cara. Con voz despectiva, le dijo:
-Soy Gin, aquí le manda la señora Lamia, Luna del alfa Eros, para que cambie esos trapos mugrosos y también el alfa le envía comida.
Danna rodó los ojos y apretó los dientes. Sentía la mirada pesada de la joven sobre ella. Solo pudo levantarse y tomar las cosas para luego decir.
-Gracias.
Gin, con desinterés, le dio la espalda y salió de la habitación. Danna se dispuso a comer y luego se acostó y se durmió hasta el día siguiente.
En la mañana, se despertó temprano y se quedó mirando por la ventana. De repente, sintió un sofocón. Su celo parecía que se había adelantado. Había escuchado que cuando se encuentra a su mate, en algunos casos se adelanta el celo. Es una necesidad fisiológica aparearse y ser marcada por su pareja. Ella estaba sintiendo el olor refrescante y corporal de su mate. Danna trató de calmarse al sentir el sudor erizante recorrer su cuerpo. De repente, sintió cómo de golpe se abrió la puerta, haciendo que se sobresalte.
Minutos antes, Eros estaba en su despacho cuando un olor delicioso le provocó escalofríos. Se puso furioso y hechizado, salió a toda velocidad. Sin tocar, entró lamiéndose los labios y cerrando la puerta con los pies.
Danna se giró y se sonrojó por la mirada caliente que le transmitía Eros. Él estaba haciendo un esfuerzo extremo para no saltar sobre ella y comérsela entera, dando unos pasos hacia Danna vociferó.
-¿Esto es una trampa tuya, omega? ¿Estabas planeando esto para que te tome como mate? -Él notó sus mejillas rojizas, haciendo que se viera tierna y sensual. Se quedó petrificado cuando la vio directamente a sus ojos. Para Eros, ella no solo era hermosa y sensual, sino que sus ojos eran impresionantemente místicos de color azulado verdoso con destellos dorados, haciendo que Hércules aullara de deseo.
Danna negó con la cabeza, asustada. Ella tampoco lo quiere como su mate.
-Al... alfa déjeme ir -exclamó tímidamente, parpadeo varias veces y trago saliva para tomar valor y continuar-. Mi celo se ha adelantado y... sé que no soy de su agrado, así que... es mejor que me vaya.
-Escúchame bien, omega -dijo Eros con tono amenazante-. Es mi problema si me agradas o no, así que más te vale que me complazcas y sepas cuál es tu lugar en mi vida.
Él la agarró de la cadera con firmeza y le acarició el labio inferior con la lengua, buscando acceso a su boca. Ella abrió la boca y Eros introdujo la lengua, explorando y lamiendo cada rincón de su boca. Danna trató de llevarle el ritmo y liberó un gemido de placer mientras que él movía la lengua a un ritmo más calmado. El calor de sus bocas los envolvió en una sensación embriagante, haciendo que Eros soltara un sonido gutural que provocó en ella vibraciones por toda su columna vertebral y constantes palpitaciones en su parte íntima.
Eros la levantó de la cintura y la colocó en la cama, luego le quitó el vestido por la cabeza, dejando al descubierto sus senos desnudos. Sonrió con malicia y la miró a los ojos, mientras lanzaba la prenda al suelo le ordenó.
-No te muevas.
Unas chispas de emoción recorrió el cuerpo de Danna mientras observaba cómo se desvistecía rápidamente delante de ella. Se desabrochaba la camisa botón a botón. En Su mente susurró «¡Más de prisa!» El movimiento de los músculos de su pecho la hace babear.
-Mírame, omega.
Ella alzó la vista para encontrarse con dos esferas azules que la estudiaban detenidamente mientras él se quitaba los zapatos, los calcetines y los pantalones, luego se bajó el bóxer por las piernas. Su erección quedó libre bajo la mirada de Danna, haciendo que expandiera sus ojos, tragó en seco y una poderosa pulsación estallara en su intimidad.
Él se subió a la cama y se montó sobre ella, le tomó las muñecas y se las puso sobre su cabeza, le abrió las piernas con la rodilla izquierda y se acomodó entre ellas, colocando los antebrazos a cada lado de su cabeza y mirándola con ojos feroces le susurró.
-Necesito estar dentro de ti con desesperación.
Danna sintió la gruesa punta de su erección presionando la puerta de su entrada, lo que le provocaba un placer inconmensurable. Pero reaccionó al sentir un dolor punzante dentro de su intimidad.
-¡Duele! Sácalo, sácalo -el fuerte dolor hizo que quisiera escapar, pero el alfa era mucho más grande y fuerte que ella.
-No lo haré -confirmó, él la besó suavemente mientras permanecía en su ajustado interior. Él estaba confundido. No pensó que, siendo una omega, fuera virgen. Estaba sumamente satisfecho y feliz por ser su primer apareamiento; esa loba era suya, solo tendría un macho y era él. Dio un rugido de orgullo.
Danna escucho ese ronquido y automáticamente expuso su delicado cuello para el alfa.
Sin poder evitarlo, Eros empujó hacia adelante su hombría para llegar hasta el fondo en ella y saco sus caninos de lobo, luego llevo su boca al delicioso cuello y hundió sus colmillos en su piel haciendo que Danna gimiera de dolor y unas lágrimas salieran sin permiso.
Eros trató de resistirse en marcarla, pero Hércules, está descontrolado, quería a su mate a su lado y exigió marcarla. Él empezó a embestirla suavemente por ser su primera vez, no quiere ser salvaje.
A Danna se le va pasando el dolor y la sensación de tenerlo dentro de ella es maravillosa, pronto se acostumbró a su grosor y dejó escapar un suspiro placentero mientras él le lave con deseo su marca, luego se acercó a su boca y tomó sus labios con prisa, moviendo la lengua al ritmo de sus caderas.
Ella se zafa de su agarre y le clavó las uñas en los brazos.
-¿Te gusta? -preguntó mientras la penetraba con lentitud.
-Siii... -respondió jadeando sin aliento, estaba experimentó un tremendo espasmo que le recorrió su cuerpo, obligando a sus músculos a aferrarse a la firmeza de él.
Eros, al sentir su hombría presionada y al escucharla gemir en su boca mientras se liberaba, lo enloqueció y arremetió sus últimas estocadas con profundidad, sintiendo como se sacude dentro de ella, con los ojos cerrados emitió largos y graves sonidos. Sus sacudidas dentro de ella eran celestiales. Él se separó de su boca y hundió rostro en su cuello, aspirando su olor, luego se dejó caer al lado de ella, la pegó contra su torso firme y cálido.
Danna está sofocada recuperando la respiración, cuando notó que Eros la quitó de su pecho y la tumbó nuevamente en la cama, se da la vuelta y la sujeta de las manos y otra vez se coloca sobre ella.
-Eres mía lobita y quiero comerte completita.
Ella quería resistirse, pero se sintió aturdida y su cuerpo ardía en llamas ante la mirada lujuriosa de su mate. Él se apoderó de sus labios y exploró con devoción su boca, mientras una mano bajó a su zona íntima y con el dedo pulgar hizo círculos en su entrada. Eso la puso a temblar y abrió su boca para lanzar un grito de placer.
-Loba traviesa estas húmedas. ¿Lo estás disfrutando? -Él ronroneó mientras se separaba de su boca, aproximó sus labios a sus pechos y empezó a besarle el pezón izquierdo.
-Siii...-soltó con dificultad sintiendo como su pezón se enderezaba bajo su suave y juguetona lengua haciendo que se estremezca de regodeo.
Eros entre jadeos aprisionó el pezón suavemente entre los dientes y alzó la mirada, con una sonrisa malévola balbució.
-Hummm, son los senos más exquisitos que he probado en mi vida ¿Necesitas otra ronda para calmar tu celo? - sugirió y cambió su boca al pezón derecho.
-Si... ¡Por favorrr! -exclamó en un hilo de voz.
El alfa estaba más que excitado y se introdujo dentro de ella, empezó a moverse como un animal salvaje haciendo que los jadeos de Danna fueran más intensos, le gustaba la forma como lo hacía.
Eros la puso en cuanta posición se le antojó, ella no tenía control de su cuerpo, mientras la tenía en cuatro, se corrió soltando un gruñido glorioso.
Danna se restregó en su hombría, estaba embriagada por la sensación que le producía ese hombre.
-Qué rico se siente.
-Omega coqueta, ya no tendré piedad de ti -Él la volteo y la vuelve a tomar embistiéndola salvajemente.
Pasaron el día entre éxtasis y gruñidos. Después de un intenso encuentro, Danna se sintió exhausta y se quedó dormida, mientras él se levantó de la cama para pedir comida. Al regresar con una bandeja en la mano y colocarla en la mesa, se acomodó a su lado, abrazándola contra su pecho. Admiraba la belleza y dulzura que emanaba de su loba mientras acariciaba suavemente su cabello.
Danna se despertó apenada y trató de alejarse, incorporándose en la cama.
Eros la miró sorprendido y se levantó para agarrar la bandeja que tenía en la mesa.
-¿Qué haces? Mejor vamos a comer, tengo hambre.
Ella asintió con timidez y lo siguió hasta la mesa, aunque todavía se sentía un poco incómoda por la situación. Comieron en silencio, y a medida que pasaba el tiempo, Danna se sentía más avergonzada. Luego de comer él salió de la habitación, ella perezosa se acostó y se quedó dormida, no pasó mucho tiempo cuando sintió unos besos húmedos en su cuello, ella abrió los ojos sofocados y trato de quitárselo de encima.
-¿Quédate quieta? Eres mía -Aunque a él no le agrade quién es, estaba embriagado de deseo, llevó su boca a los labios de ella y empezó a besarla suavemente.
Danna se sentía atraída por su mate y más ahora que la ha marcado, aunque sabe que no la quiere, no tiene voluntad para resistirse ante su encanto.
El alfa en ese momento la embistió salvajemente, sentía su hombría presionado y eso lo envolvía de gozo, así lo hicieron varias veces.
Cuando terminaron su lobo gruñó de satisfacción y la marcó nuevamente, Hércules amaba a su mate y la quiera pase lo que pase, Eros estaba consternado, sabe que eso le va a traer problemas con los viejos lobos. Él le lamió la marca con cariño, luego se levantó de la cama y se vistió tranquilamente para decirle.
-No creas que esto significa que somos mates -dijo él con seriedad-. Tengo una misión con la región y tú no estás en mis planes.
Las palabras de Eros golpearon el corazón de Danna con fuerza. Aunque sabía que su relación era por su celo, no esperaba que él lo expresara de esa manera tan fría.
-Entiendo -respondió ella con voz temblorosa, tratando de ocultar la decepción que sentía-. No esperaba que fueras mi mate, será mejor que te marches y no regresar a esta habitación, yo buscaré la manera de controlar mi celo, como lo hice en anteriores ocasiones.
Eros se enfureció al ver esa actitud retadora en Danna. Para él, ella era suya, aunque solo la tenga de amante. Con voz ronca, vociferó.
-Omega, no seas atrevida. Eres mi mate y tienes que complacerme cuando te busque. Yo voy a decidir si te rechazo.
Danna se sintió abrumada por la furia en la voz de Eros. Su corazón latía con fuerza mientras enfrentaba su mirada dominante.
-Yo no soy propiedad de nadie, Eros -dijo con voz firme-. No me vas a obligar a complacerte solo porque dices que soy tu mate. Yo también tengo derecho a decidir.
-No me subestimes, omega - Eros frunció el ceño y gruñó-. Soy el alfa de alfas y puedo hacer lo que quiera.
Danna no se dejó intimidar y lo miró directamente a los ojos.
-No me importa cuál sea tu rango o título -dijo con valentía-. No me vas a obligar a nada que no quiera.
Los labios de Eros se tensaron en una línea recta de enfado, mientras daba unos pasos hacia ella. Danna inspeccionó rápidamente la habitación en busca de una vía de escape, pero solo encontró una opción: el baño, y tendría que esquivar a su mate para llegar hasta allí. Aunque parecía imposible, decidió intentarlo. Exhaló una larga bocanada de aire, luego intentó saltar por encima de la cama para escapar. Sin embargo, quedó atrapada en el revoltijo de sábanas y soltó un chillido cuando sintió que él la agarraba del tobillo con una mano y tiraba de ella.
-¡Eros! ¡Suéltame! -exclamó con miedo.
Él la jaló de los pies y le dio la vuelta, se sentó en la punta de la cama y la puso encima de sus piernas boca abajo, dándole varias nalgadas, haciendo que los ojos de ella se humedecieran por el dolor.
-Vamos a aclarar las cosas -mirándola con una expresión de absoluta seriedad-. No vuelvas a retarme porque te voy a castigar y no tendré compasión contigo -Él la lanzó en la cama con rapidez, se quitó la ropa y desesperado por su cuerpo se volvió a hundir en ella y la embestía salvajemente.
Danna trató de oponerse a sus arremetidas, pero no podía, cada movimiento la llevaba al borde de la lujuria, rodeo sus pies en la espalda de él para sentir las estocadas más profundas y apaciguar el calor que emanaba de su interior.
Los dos días siguientes los pasaron encerrados y Eros solo salía a buscar comida. Danna estaba adolorida e irritada por el roce de hacerlo varias veces consecutivas, y su hermoso cuello fue marcado cuatro veces.
-¿Mira cómo me dejaste mi lindo cuello? No veo la necesidad de tantas marcas -soltó molesta mientras lo veía vestirse.
Eros tampoco comprendía por qué su lobo la marcaba tanto, respondió con tranquilidad.
-No te quejes, soy tu mate, no veo cuál es el problema.
-¿Puedo salir de la habitación?
-Yo voy a estar ocupado visitando otras manadas, tú puedes salir solo de la habitación, pero tienes prohibido salir de la mansión. Mis hombres te mantendrán vigilada para que no te escapes.
-Eros, ¿por qué no me dejas ir? Sé que no me quieres como tu Luna.
-Omega, me perteneces y no te dejaré ir nunca. Desde ahora, debes dirigirte a mí como tu alfa y llamarme así. Obedece y así evitaremos peleas. Deja de ser tan rebelde, no quiero castigarte.
Danna se encogió de hombros, resignada a aceptar que ese era el destino que la diosa Luna le había reservado. Aunque sus palabras la conmovieron un poco, sabía que no tenía otra opción más que obedecer. Con timidez, le respondió.
-Está bien, alfa. Gracias por dejarme salir de la habitación.
Eros sonrió con alegría, sabía que su lobo, Hércules, no quería alejarse de Danna y él también se sentía cada vez más atraído por ella. Estaba decidido a encontrar la manera de convencer al Consejo de Lobos para que le permitieran tenerla a su lado. Se acercó a ella, le dio un beso tierno y luego salió de la habitación.
Durante un mes, Danna pasaba la mayor parte del tiempo en el jardín de la casa, sembrando flores y viendo cómo florecían. Eros había mejorado su actitud con ella y casi todas las noches se colaba en la habitación de su mate para dormir. El corazón de Danna estaba lleno de felicidad en las noches que compartían juntos. Él la trataba con cariño y se entregaban al amor en varias ocasiones.
Sin embargo, Lamia estaba furiosa. Había notado los cambios en Eros. Como le habían ordenado el Consejo de Viejos Lobos, ella se la pasaba con Eros visitando las manadas y Gin le contaba todo lo que hacía y escuchaba sobre Danna.