Hanna Müler.
Salí corriendo del hospital, donde estaba haciendo las prácticas de ultimo años de carrera antes de la especialidad. Suelo ser una persona muy previsora, me gusta gestionarme mis tiempos para dedicarlo, sobre todo, a mi hermana Mía de ocho años, pero esta vez Madame Flynn Lee no me dio casi tiempo para prepararme.
Por lo visto esta noche teníamos un servicio urgente, varios millonarios habían llegado a la ciudad para una convención de hoteleros y necesitaban compañía para asistir a diferentes eventos. Se suponía que descansaba este fin de semana, pero por lo visto no era así.
Miré el reloj en mi muñeca, tenía todavía dos horas para llegar a casa, dar de comer a Mia, avisar a la señora Hollman, para qué anoche se quedará con mi hermana, y prepararme para estar lo suficientemente atractiva, para asistir a la convención que se iba a celebrar en el Gran Hotel Miller Continental, daba gracia que Beatriz me recogiera, o sino no sabía de donde iba a sacar el tiempo.
Habíamos sido llamados diez de los mejores acompañantes de mi empresa W.S Company, que iban distribuidos entre damas y caballeros acompañantes. Era una empresa totalmente legal, ofrecíamos servicios de acompañante masculinos o femeninos, niñeras o niñeros, damas o caballeros de servicio, organizadoras u organizadores de eventos, y todo aquello que tuviera que pudiera hacer la vida de los millonarios, las millonarias, los empresarios, las empresarias, solteros, solteras, casados, casadas o viudos, viudas, más fácil.
Las reglas de W.S. Company eran muy claras, no era una empresa de damas y caballeros de compañía, dónde los servicios más especiales, como son las relaciones sexuales estaban rotundamente prohibidos, éramos simplemente una empresa de servicios. También estaba prohibido, revelar secretos de los o las clientes o meterte en algún conflicto donde él o la cliente quedará en evidencia, y lo más importante enamorarse de un cliente o una cliente.
Lógicamente el o la cliente debían comprometerse, también en algunas reglas, bajo contrato, como era, comportarse con educación y respeto hacia su acompañante, no podían darnos regalos que no fueran ya previamente estipulado en el servicio que habíamos prestado, no enamorase de la o el acompañante, y desde luego, no difundir mala publicidad de la compañía que habían contratado. Cualquier rotura de esas reglas tanto por parte de las o los acompañantes como por, el o la cliente que nos había solicitado el servicio constituía un rompimiento de contrato, y la consiguiente sanción económica estipulada en el contrato, o despido, según procediera.
En realidad, este no era mi trabajo soñado, estaba estudiando medicina, me quedaba un año y después, quería hacer la especialidad de cirugía general, además interinidad, que me daría el dinero suficiente para dejar este trabajo. Mientras tanto debía atender a mi hermana, tras el fallecimiento hace dos años de nuestros padres, en un accidente de coche múltiple, donde murieron muchas personas.
Mis padres eran maravillosos padres, y unos auténticos eruditos en medicina, mi padre era profesor de medicina, y se dedicaba a la investigación del cáncer, mi madre, por su parte, era una excelente pediatra, como médicos eran excelentes, pero como muchos importantes científicos, para todo lo que tenía que ver con la economía, la gestión económica y los ahorros financieros, eran un total desastre. A pesar de sus grandes sueldos, no eran para nada ahorrativos. Nunca pensaron tener previsto, por si en el futuro, o como en este caso, tras su accidente de coche que acabó con sus vidas, tener asegurado el futuro de sus hijas.
En su defensa, digo que, hasta hace dos años, era la típica estudiante de medicina, hija de eruditos en ese campo, que sólo se preocupaba por estudiar, y en que su padre le diera todo lo que ella le pidiera, me encanta salir de fiesta a divertirse con sus amigas, que compartían mi oculto hobby, pero todas terminaron desaparecidas, cuando mi familia cayó en desgracia.
Cuando mis padres fallecieron en ese accidente, los acreedores que hasta ahora se habían conformado con recibir un pagaré a cuenta de la gran fortuna que mi padre ganaría cuando sus estudios terminasen, y mientras los sueldos astronómicos pagaban la casa, y los lujos que yo y mi hermana pedíamos, exigieron su ejecución, y cayeron sobre los bienes que quedaban de la familia.
Tuve que vender la gran mansión que mis padres habían comprado, así como muchos de los tesoros, y joyas que mi madre y yo teníamos, para pagar la deuda que mi padre había contraído.
Cuando todo acabó, nos quedamos con lo suficiente para comprar un pequeño apartamento en las afueras de Londres, cerca de mi universidad, para poder ir caminado, ya que también tuve que vender mi deportivo.
En un principio pensé en dejar mi carrera de medicina, y dedicarme a trabajar para cuidar a mi hermana, pero cuando estaba a dos meses de tener que pagar la matrícula del próximo semestre, una de mis compañeras me habló de la empresa W.S. Company, al parecer muchas y muchos universitarias y universitarios, habían trabajado para ella, usándola para pagarse su carrera, ya que, entre el sueldo, y las propinas que recibía por los o las clientes, te podías permitir ese lujo.
Pese a lo bien que me habló del trabajo, yo lo rechacé de primeras, pensé que tendría que hacer otras cosas por dinero, para mi modo de ver en ese momento, un o una acompañante eran igual que a una prostituta o a un jineteo.
Pero esto era por mis perjuicios, nada más lejos de la realidad. Otras causas de mi primer rechazo fueron que tengo novio hace cuatro años, es un hombre maravilloso que se ha mantenido a mi lado pese a todo lo que he sufrido, ha sido el primer y único hombre con el que he estado y ni quería cruzar esa línea.
Pero como se suele decir, "las ganas nacen de la necesidad", y cuando las facturas se acumularon, la mensualidad del colegio de mi hermana ya no se podía aplazar más, y el semestre de la Universidad estaba muy próximo, decidí probar para intentar resolver por unos meses mi problema. Pero cuando empecé a trabajar, y empecé a tener clientes fijos, me di cuenta de que no era tan malo como mi mente había pensado en un principio. Todos mis clientes eran muy respetuosos y cumplían con las normas de la empresa, comencé a tener clientes fijos, que cuando pasaban por la ciudad, solicitaba mis servicios, siempre estipulaban mi regalo previo, que solía ser económico.
Así mismo, las ganancias de este trabajo me ayudaban a pagar mis estudios y los de mi hermana, así pudimos mudarnos a una casa más grande y mejor, y vender la antigua.
El dinero dejó de escasear, comencé a ahorrar, y pude comprarme un coche, y pagarlo al contado.
Cuando comenzará mi interinidad, el próximo año, dejaría este trabajo, además de que, hasta ahora, mi novio John, no se había enterado, en casi dos años, del trabajo que hacía, pensaba qué hacías turnos extras en el hospital, para mantener así a mi hermana, si todo iba bien, creo que nunca se enterará.
No es que no quiera decirle la verdad, el problema es que John viene de una familia bastante conservadora, la familia Raddiffe, una familia muy conocida en el mundo de la hostelería. De hecho, a raíz de lo que sucedió con mis padres, y debido a que salió en todos los periódicos, donde se hablaba de como la muerte de uno de los mejores científicos alemanes, icono de la lucha contra el cáncer, trajo la quiebra económica de la familia.
Debido a esto, John y yo, tuvimos que fingir que habíamos roto la relación, ante la negativa y la oposición familiar, sobre todo por parte de su madre, de que continuáramos nuestro noviazgo, con una mujer que había perdido su herencia.
La verdad que eso fue idea mía quería facilitarle mucho a mí novio, el que tuviera problemas con su madre, qué le generarán problemas en sus aspiraciones. John se hallaba inmerso en una lucha con sus hermanos mayores, para poder acceder a la presidencia de la cadena hotelera Raddiffe Blue, que había dejado su padre tras su muerte, debido a un paro cardio respiratorio, pero era únicamente su madre, la que tenía la última palabra, por eso decidí ayudarlo.
- "¿Estás lista? Me dijo mi mejor amiga y compañera en la empresa, Beatriz Walker, era una modelo en ascenso, para pagarse su carrera y que le daba publicidad, ya que muchas veces había eventos donde diseñadores, y gente de ese mundillo asistía.
- "Me pongo los tacones y listo, por cierto, este traje que elegiste para mí, ¿no crees que es muy revelador?, como suspire, va a reventar la parte de arriba del vestido, y voy a formar un verdadero espectáculo."- me queje con mis amigas.
Bea era la que se encargaba de las compras, y adjudicación de los vestidos de la damas o caballeros de compañía. Tenía un ojo clínico para la moda y el estilismo, así que cada día recibía en mi casa, el vestido que me tocaba esa noche que trabajaba, yo lo tenía que devolver limpio y sin roturas al dia siguiente, o se me descontaría del sueldo, ese día también era cuando iba a cobrar por el servicio que había realizado la noche anterior.
- "Menos quejas, Caperucita, que es para que tu lobo se sienta a gusto a tu lado, y te dé una buena propina."- me dijo mi graciosa amiga.
- "Mientras sea una propina, y no quiera comerme."- le dije burlándome también, que estúpida fui.
Lastimosamente debí insistir más en cambiarme este vertido de Caperucita pervertida, ya que, por culpa de este maldito, y de un mal entendido, mi vida iba a comenzar a cambiar, drásticamente, quisiera yo o no.
Nota autora: Estimados lectores, Muchas gracias por su apoyo. Este libro forma parte de mi serie de CEO y embarazos por sorpresa. Esta una historia independiente y completa. Si están interesados en los otros libros de la serie, mi orden de lectura sugerido es el primero "La noche que te convertiste en la madre de mis hijos", segundo "Promesas entre hielo y fuego", la tercera sería "La amante contratada del CEO", y por última la próxima novela que se subirá ¡Eres Mía, heredera! También todas las pueden encontrarlos en la plataforma, si no están se publicarán próximamente. ¡Muchas gracias! Y un saludo.
Roy.
- "¡Roy William Miller! ¿Cómo se te ocurre no cogerle el teléfono a tu madre?, y ni se te ocurra colgarme, porque sabes de lo que soy capaz."- la voz de mi madre me paralizó, mientras leía el informe que me acaban de entregar para firmar mientras miraba ceñudo a mi asistente Fletcher Gordon.
Había intentado ignorar las llamadas de señora Miller, la diosa y señora de todo nuestro reino, nos son mis palabras, son las palabras de mi padre, que después de veintitantos años casados, seguía enamorado de esa mujer como el primer día, pero como veis, mi madre siempre tiene recursos para salirse con la suya, así que, ante la ofensa que era para ella, que su hijo mayor la ignorara, como si eso fuera posible, llamó a mi asistente, que por desgracia, y porque podría peligrar su trabajo, si mi padre se enteraba que habían ignorado a su diosa, tuvo que cogerlo.
Todo esto del amor de mis padres, su gran historia de amor era verdaderamente mi problema, o más bien el culpable que yo tuviera que desplazar el cese central del Grupo Miller a Londres.
Mis hermanos y yo habíamos crecido, conociendo la historia de mis padres, pero, mientras a mi hermano pequeño Marcus y a mí, nos daba igual esas idioteces, mis influenciables hermanas, y en especial, mi melliza, Ailan Caroline, crecieron creyendo en esas historias, es por eso, que la cabezota de Ailan se había liado la manta a la cabeza, y a pesar de los consejos de los varones de esta familia, en especial de mi adsorbente padre, se trasladó a Londres para vivir, como una chica normal y trabajadora, lejos de la vida de lujo que conocía desde pequeña.
Al principio ninguno nos preocupó este hecho, pero cuando se casó a escondidas de nosotros, sobre todo de mí, su hermano mellizo y auténtico mejor amigo, fue cuando decidí, mudarme yo, y toda cede, a Londres, para desde allí, manejar al grupo Miller, y vigilar más de cerca a ese maldito de Walter.
Ese idiota nunca me había caído bien. Bueno, ningún hombre que se acercara a mis hermanas gozaba de la aprobación de mi padre, mi hermano o la mía, pero esa es otra cuestión, ahora estamos hablando de ese bastardo, no sé por qué será, pero era algo relacionado con mi hermana melliza, tenía la sensación de que no era feliz, y sólo hay un culpable Walter Patel.
-No lo haría, pero estaba ocupa..."-. Como siempre esa mujer tenía la última palabra, ni me dejaba hablar.
- "El día que creas que puedes engañarme, Roy William Miller, ese día, tu madre habrá dejado este mundo, te tuve dentro, te conozco más que a ti mismo, así que déjate de escusas, y explícame, ¿por qué tu hermana me ha llamado para avisarme que no la dejas en paz?, ¿Qué has hecho, Roy?, y quiero la verdad."- me dijo mi madre, la maldita Ailan había tardado en llamar a mi madre, pero eso era algo que yo tenía previsto, menos mal que en esto tenía el apoyo oculto de mi padre.
- "Simplemente he investigado al estúpido de su esposo, pero esa idiota no me quiere creer, están tan cegada por ese maldito ... que no atiende a razones."- le dije no iba a decirle a mi madre que había descubierto, o muy probablemente se presentaba en Londres, para partirle la cara a su yerno, y menos se lo diría mi padre, porque de seguro acababa en la cárcel, después de asesinarlo.
Mi protección por mis hermanas lo abarcaba todo, incluso protegerlas de la respuesta de mis padres, al saber que su hija estaba siendo tratada de la forma que lo hacía la familia de su marido, e incluso el mismo.
Había intentado hacérselo ver a Ailan, pero como le dije a mi madre, esa idiota estaba ciega del todo, en especial a lo referente a quien creía ella, que era el amor de su vida.
- "Me da igual lo que hayas descubierto, tu hermana lo ama, y yo confió en ella, para tu padre, tu hermano Marcus, y para ti, gran CEO, no hay nadie que pueda ser bueno para vuestras hermanas, por eso aplaudo la idea de Ailan de buscar su propio futuro, su amor. Si yo no hubiera conocido a tu padre, que sabe lo que ..."- no escuche más.
Directamente le entregué el móvil a su dueño, mi asistente, para que el continuara escuchando la historia del gran amor de mi madre, el hizo una reverencia, y salió de mi despacho con el móvil, mientras aún se oía la voz de mi madre inmersa en su historia. La conocía al dedillo, y no deseaba volver a escucharla otra vez. A continuación, cogí mi móvil le invié dos mensajes, a dos números distintos, cada uno, igual de cortante.
Por suerte o por desgracia había heredado el carácter frio, decidido, huraño e intransigente de mi padre, cuando algo no me gusta, simplemente lo digo.
- "Señor Miller, encárguese de su esposa, no puedo dirigir el emporio Miller, y cuidar de mi hermana, su hija mayor, si cada cosa que hago, recibo una de sus quejas, haga su trabajo, y yo haré el mío"- mi primer mensaje fue a mi padre, el otro responsable de que yo estuviera ahora en Londres, suelo usar este trato con mi padre desde niño, somos los peores rivales en los negocios, porque ninguno da su brazo a torcer.
-" Ailan Caroline Miller, me da igual las veces que llames a mamá, te voy a proteger de ese cerdo, pese a ti misma, así que por mí llámala la veces que quieras, y otra cosa, sería interesante que esta noche te pararas por el Gran Hotel Miller Continental, de seguro que te interesa, lo que veras allí"- fue a mi hermana quien recibió el segundo mensaje.
Sabía que ambas respuestas nos iban a tardar en llegar, así que mientras avisaba a mi secretaria para que tuvieran mi Lamborghini esperándome en la entrada, ya que debía ir a casa a cambiarme, para esa noche, no me sorprendió que mi móvil sonara de forma consecutiva, tras la llegada de dos mensajes.
- "Entendido, esconderé los móviles. Y recuerde CEO, su deber, por cierto, Te quiero."- decía el primer mensaje que llegó, era de mi padre, haciéndome sonreír, una orden, y después un dulce, típico Norman Miller.
Mi padre es el ser más frio, calculador, y serio que yo conocía, en los negocios y para el resto del mundo. Era un temible tiburón blanco, y no hablemos con aquellos que pretendían dañar a los suyos, nadie escapaba a sus fauces.
Por el contrario, con su familia, y en especial con su mujer, su diosa, era como un maldito cachorrito, un gran oso mimoso. Y lo entendía en parte, la sobreprotección de los míos era un gesto heredado, nací con él, no podía permitir que nadie les dañara.
- "¡Idiota! Deja de meterte en mi vida. Mira que eres pesado, Roy. Nos vemos esta noche, y espero que no sea una de tus estupideces, o sabes cómo me las gasto, y por cierto me llamo Ailan Caroline Patel, no lo olvides."- se quejó mi hermana.
Mis padres nos educaron a los cuatro para defendernos en la vida, no solo en el trabajo, con nuestra herencia, en las relaciones de los demás, en no tener que depender solo de nuestro dinero y también, a defendernos físicamente, en especial las mujeres de mi familia, fue una exigencia de la señora Miller.
Desde niños practicábamos diferentes deportes, y artes marciales, cada uno se había especializado en arte marcial que más le gustaba, Marcus Philip, de dieciocho años, está estaba en el último año de instituto, el próximo año irá la universidad, aún no sabía que quiere estudiar. Es un experto en Pangkur y en King Boxing, en este último ha ganado muchos premios. Amelia Paola, de veintidós años, es estudiante de Fisioterapia, es una experta en jiu-jitsu y en cardioboxing, y es la menos femenina de mis hermanas. Da golpes, como panes.
Luego esta Ailan Caroline, que trabaja de jefa del departamento de diseño y arquitectura del grupo Miller, como hermanos mellizos, solemos practicar los mismos deportes, de todo tipo, pero es en el boxeo, y el Aikido, donde ella destaca.
Por mi parte, soy mejor en Full Contac, y en Krav Maga. Así que, con este panorama, y por experiencia, cuando alguna de mis hermanas te dice que te lo iba hacer pagar, significaba, en pocas palabras, que iba a doler, y mucho.
Pero esta noche tenía que abrirle definitivamente los ojos a mi estúpida hermana, a como diera lugar, ese maldito no podía seguir teniéndola engañada. Tenía que abrirle esos ojos de una maldita vez.
Nota de la autora: Si no conoces la historia de sus padres te aconsejo que la leas primero, es mi mejor novela, y la que más ha gustado. Se llama "La noche que te convertiste en la madre de mis hijos". Esta en las mejores plataformas: Hinovel, Dreamer, Sueñonovela, Buenanovela, y Joyread. De pasos me ayudas a que mis novelas cojan popularidad. Un saludo a todos, y a todas.
Hanna.
Cuando llegamos al Gran Hotel Miller Continental, ya no esperaba nuestra Madame, en la habitación asignada para cambiarnos, maquillarnos o retocarlos, si fuera preciso, si hubiera algún accidente, que solía ocurrir con más frecuencia de lo que creéis. Siempre que asistíamos a un evento así, sobre todo si somos varios, quién nos contrataba, en este caso el hotel, nos asigna siempre una habitación para que las damas o los caballeros de acompañantes, tuviéramos un sitio donde descansar y arreglarnos.
Nuestra misión principal, había cambiado, no iríamos a un cliente determinado, más bien íbamos a embellecer, como un ornamento más el evento que se iba a producir. Muchas personas piensan que una dama de acompañante es lo mismo que una prostituta, o que un caballero acompañante, es lo mismo que un boy sexual, pero nada más lejos de esta explicación. Por lo menos en la empresa que yo trabajo, servimos de acompañante, de ornamento, para ayudar a una a un cliente tremendamente tímido, con problemas para relacionarse, e incluso para acompañar esposas, o maridos, en el momento en que su pareja se encuentra haciendo negocios, en ese mismo hotel. Se sorprenderían al saber cuántas eminencias, en ciencia, tecnología, medicina, matemáticas, nos contratan para que los acompañemos a diferentes eventos sociales, a los que ellos no están acostumbrados.
Entre mis clientes fijos, suelo tener hasta tres matrimonios, como por ejemplo el caso del matrimonio Miyamoto. El señor Miyamoto es una persona que habla muy bien el inglés, pero su matrimonio es un matrimonio tradicional japonés, con lo cual, por el contrario, su esposa no habla ningún otro no idioma que el suyo, es por eso, que suelo ser la elegida, para esta pareja, e incluso hemos trabado una gran amistad.
Aprendí japonés, gracias a mi gran oculto secreto, y es que soy, y no me juzguéis por ello, una maldita friki mangaka de libro. Desde mi adolescencia, siempre ha adorado la cultura japonesa, pero, sobre todo, su literatura y su música, soy devoradora de manga y anime.
Tuve mis periodos, otaku, cuando vivían mis padres, solía ir a convenciones disfrazada de mis personajes de manga favoritos, pero eso ocurrió en mi época de adolescente, y guardo esos foros, como ocultos secretos, no me avergüenzo, pero tampoco es que lo vaya enseñando, y más ahora que, Mía está a mi cargo. Como siempre he dicho, fui una niña privilegiada hasta que mis padres murieron, nunca me faltó nada.
Aun así, en mi tiempo libre, disfruto de las nuevas series animadas, y algunos mangas, aunque estos menos por falta de tiempo, cuando salen por mis plataformas favoritas. Eso sí, al menos una vez al mes, libro de mi trabajo, de mis estudios, así como de todas mis obligaciones, me enfundo mi kimono que me regalaron los Miyamoto, me arreglo el pelo, recogido japones adornándolo con flores y preciosa horquillas, que también me ha regalado esa pareja, compro todas las golosinas japonesas de las mis marcas favoritas. Y así, me paso el día, poniéndome todas las series animadas, o leyendo todos los mangas que pueda, lógicamente en japonés original, cualquier friki mangaka que se precie, te diría, que sólo existe esa forma de hacerlo.
Con esta explicación solo quiero hacerte ver, que las malas interpretación que se ha hecho siempre de las acompañantes, por lo menos en lo que yo he conocido en mi empresa, pocas veces es acertada, somos más como relaciones públicas, o adornos del que nos contrata, que, del que suelen atribuirnos.
Eso no quiere decir que, no hay acompañante que reciban un plus por el sexo, sobre todo en compañía de dudosa legalidad, o muchas y muchos, que trabajan por libre.
Como te contaba en cuanto llegamos a la habitación asignada, ya nos esperaba la Madame, que nos dio las instrucciones para los cambios en la nueva contratación, ninguno teníamos asignado un invitado determinado, en realidad los contrató el propio hotel, que, ante la situación de mayor número de hombres, que de mujeres quiso igualar la desproporción. De esta manera, se hacía mucho más lúcido, vamos que éramos como los floreros de la sala, o los candelabros, cuadros, o los maravillosos espejos que había en las paredes.
Por eso habíamos sido seleccionadas las seis mejores acompañantes femeninas, y los cuatro masculinos que tenía la agencia. Como norma general se nos pedía que nos relacionáramos con todos los invitados, haciéndoles sentir cómodos, y ayudando a que ellos que detectáramos que no se integraban en la reunión, bien por timidez, o bien porque no estaban en su ambiente.
A nuestro contratante le interesaba que este tipo de eventos de hostelería no quería que salieran deslucidos, porque sus participantes o invitados no tuvieran las habilidades necesarias en este tipo de reuniones.
Así que cuando finalizamos nuestra reunión previa antes de desarrollar nuestro trabajo, mínimamente nos retocamos el maquillaje, siempre con la estimable ayuda de nuestra estilista particular, Beatriz Walker, y sin dilación. nos dirigimos al evento, que ya estaba por comenzar.
Pronto entré en mi faceta de niña rica, de atractiva supuesta heredera, que era el papel que solía atribuírseme siempre, solía sonreír mucho, interesarme por los temas que hablaban y, a la vez, estar pendiente de los descolgados de los grupos, que estaban en una esquina, aislado.
Justamente así estaba un invitado, que miraba, con su copa en la mano, de un lado para otro, sin saber qué debía de hacer. Después de casi dos años haciendo esto, aprendí a identificar las personas que se sienten fuera de lugar.
- "Veo que este tipo de reuniones no son lo tuyo."- dije al acercarme, él estaba de espaldas a mí, mirando por la ventana del gran salón, como queriendo escapar por ella, así que ese fue mi modo de iniciar la conversación, siempre sonriendo.
Al girarse hacia mí, noté como sus ojos se abrían, al igual que su boca. No soy la típica mujer que intenta hacer ver que no se la impresión que causo en los hombres cuando me ven, mi genética ha sido bastante favorable, por ser muy diversa, padre alemán, madre inglesa, pero con raíces españolas.
Pero sinceramente, aunque prefiero siempre estar vestida con mi bata de cirujana, mi gorro, y mi mascarilla, que como iba vestida en ese momento, que era los más cercano a que una sexy caperucita, de una madera traviesa, se hubiera escapado del cuento para ofrecerse a ser devoradas por todos los lobos hambrientos que encontrara. En traje que había elegido Bea, no cruzaba la línea de los indecente, porque tenía unos centímetros más de tela, que cubrían en los sitios adecuado, pero vamos que, con un poco de imaginación, esos centímetros desaparecían rápidamente.
-"Soy Hanna, un placer"- le dije extendiendo mi mano a modo de saludo, ante su evidente falta de comunicación y alto grado de asombro.
Una norma en la empresa es decir tu nombre únicamente, puedes cambiártelo si quieres con los diferentes clientes, pero yo no suelo hacerlo, lo importante es hacer que el cliente se sienta a gusto.
- "Walter Patel"- dijo medio ahogado.