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La amante secreta del millonario

La amante secreta del millonario

Autor: : Gio Escritor
Género: Romance
Charlotte es una mujer de 24 años, una mujer fuerte que ha tenido que enfrentar las pruebas más duras en la vida, luego de que su padre abandonó su hogar ella se hizo cargo. La falta de dinero en su hogar llevó a Charlotte a convertirse en una bailarina en un club nocturno para ganarse la vida, y encargarse de su madre enferma y su hermana. Logan Taylor, un empresario de 40 años, un hombre que solía manejar todo a su gusto sin perder una sola batalla, termina acudiendo a un club nocturno para dispersarse de aquella solitaria realidad en la que vive. Entre aquellas bailarinas Logan conoce a Charlotte, una mujer que cumple con todas sus expectativas y hace que pierda la cabeza. A cambio de dinero Logan logró conseguir un contrato con Charlotte, pero la felicidad no les dura para siempre ya que el novio de Charlotte es el hijo de Logan. ¿Lo que Logan siente por Charlotte será un simple capricho o habrá algo más? ¿Charlotte podrá encontrar en Logan el amor verdadero y aquel apoyo incondicional que tanto necesita?

Capítulo 1 Tormento

La música retumbaba, Charlotte se encontraba estática parada frente al espejo, con la mirada barrió su cuerpo, estaba lista para salir y brindar su mejor espectáculo, aquella doble vida presionaba su cuello llevándola a sus límites.

Unos cuantos golpes a la puerta hicieron que volviera en aquella oscura realidad, exhaló con fuerza mientras llevó la mano hasta la mesa, tomó el antifaz y lo colocó en su rostro.

-Adelante -Índico con un tono de voz desanimado.

La puerta se abrió, Charlotte a través del espejo observó el rostro de su jefe, un hombre sin sentimientos, que su único interés era claramente el dinero, lo que sus trabajadoras sintieran o quisieran a él no le importaba.

-Iba de salida, no hay necesidad de su presión, ya sé que debo cumplir con mi trabajo -comentó Charlotte inclinando la mirada.

-Ya alguien salió en tu lugar; esta noche no saldrás a bailar para él público -aseguró su jefe con un tono de voz seco.

Charlotte de manera brusca giró su cuerpo quedando frente a él, su rostro cambió, en ella se podía ver la preocupación, no era para menos, dependía el ciento por ciento del pago que recibía en aquel lugar, y por supuesto que no podía perder su único ingreso.

-Si esta decisión es por lo que sucedió en la noche anterior, déjeme decirle que lo lamento mucho; las cosas se salieron de control, el cliente se quiso propasar, si no me hubiese defendiendo ese desgraciado hubiera logrado conseguir su fin, yo...

Su jefe levantó la mano indicando que se detuviera, Charlotte retiró el antifaz, se acercó y tomó sus manos, en silencio suplicaba.

-Por favor no me haga esto, no tengo a donde más ir, mi madre está enferma y mi hermana solo es una niña, las dos dependen de mí, si no fuera de esa manera no estaría en este lugar.

Charlotte se encogió de hombros y mostró su mirada triste, su vida no había sido nada fácil desde aquel día en que su padre abandonó el hogar por irse con otra mujer.

-Ya cálmate, no vine a despedirte, vine a informarte que esta noche serás exclusiva, un cliente ha pagado suficiente dinero para tenerte en su habitación, tu futuro en este lugar dependerá de como te comportes allí -Charlotte espanto la mirada.

-Pero... -Charlotte respiró con fuerza-. Desde un inicio quedamos los dos que mi contacto con los clientes estaría prohibido, mi trabajo es entretener al público, bailo y hago el espectáculo para que no haya queja de mí, tengo el mismo aprecio que las demás chicas...

-Lo sé -la interrumpió aquel hombre.

Sobre la mano de Charlotte colocó la llave de una de las habitaciones VIP, el dinero que costaba estar allí era bastante elevado, solo las más afortunadas podían estar acompañando aquellos hombres.

-Hemos puesto los términos con ese hombre y él aceptó, solo ve y haz tu trabajo, si no aceptas puedes retirarte ahora mismo y nunca más volver, me encargaré de que en ningún lugar te den trabajo, ni siquiera de mesera o para limpiar los baños.

El hombre salió sin brindarle importancia a su trabajadora, ajustó la puerta con fuerza, Charlotte dio unos cuantos pasos atrás cayendo sentada sobre la silla, su corazón palpitaba con fuerza, lentamente bajó la mirada y la conectó con aquella llave.

Su estado económico no le permitía tener elección, Charlotte estaba puesta contra la pared, sus ojos se humedecieron, había aceptado trabajar en aquel lugar para ayudar a su madre enferma, permitir que su hermana continuara los estudios y ella terminar la universidad.

No podía negar que las ganancias que obtenía en aquel trabajo le alcanzaba para hacerse cargo de todos los gastos. Su molestia era porque no quería romper su promesa, no quería que ningún hombre colocara las manos sobre su cuerpo.

Charlotte estaba profundamente enamorada de Liam Taylor, su novio, un chico de su misma edad, a quien había prometido entregar su cuerpo, su corazón y todo su ser una vez que contrajeran matrimonio.

Él era un chico bueno, con calificaciones elevadas, su único defecto era ser hijo de un poderoso empresario, quien fácilmente manipulaba y pisoteaba a quien se le pusiera de frente, un hombre inescrupuloso... Afortunadamente para ella, no lo conocía.

Pero en aquella noche no importaba si Charlotte estaba comprometida, lo único que importaba era ir a aquella habitación, hacer su espectáculo entregando todo de ella sin cometer el más mínimo error.

En su mente solo colocó una prioridad, llevarse aquella suma de dinero a casa para solventar los gastos y asegurar su trabajo.

Charlotte se mostraba nerviosa, tomó una botella con licor y sirvió en una copa, bebió de un solo sorbo, se levantó y quedó frente al espejo, acomodó nuevamente el antifaz y se dirigió a aquella habitación.

Charlotte atravesó el pasillo, al llegar a la puerta se detuvo, sus manos temblaban, su cuerpo estaba agitado, era claro que no estaba preparada, pero la necesidad la estaba llevando en contra de su voluntad.

Charlotte colocó la llave sobre la cerradura, la puerta se abrió, ella tomó aliento llenando sus pulmones, posterior a ello ingresó, con la mirada buscaba en el interior de aquella habitación al dichoso hombre que la había solicitado.

-Adelante, ajusta la puerta -una voz ronca y desafinada provino desde una área oscura.

Charlotte con temor siguió las indicaciones; avanzó dando pasos cortos, el movimiento de sus caderas, su cuerpo delgado, y aquella cabellera rubia llamaron la atención del hombre que se encontraba sentado sobre el sofá.

«Demonios, es más hermosa de lo que había visto antes, el hecho de tenerla cerca y no poderla tocar, de no poder hacer que sea mía será la peor tortura», pensó aquel hombre mientras apretó los puños con fuerza.

Charlotte colocó música, levemente cerró los ojos y se dejó llevar por el momento, su cuerpo se movía de manera sensual, sus manos acariciaban su piel seduciendo a aquel hombre.

-Acércate un poco más -pidió con aquella voz carrasposa.

Charlotte llevó la mirada a su alrededor, estiró la mano y encendió la luz del lugar, sus manos temblaban, su mirada se espantó al observar a su cliente.

«Lo primero que se me vino a la cabeza era que se trataba de un hombre completamente diferente al que se encuentra frente a mí, no es que me agrade, pero no está mal, como lo imaginé», pensó Charlotte intentando acercarse.

Mientras que ella movió su cuerpo, detalló minuciosamente a aquel hombre; con su cabellera rubia demostraba autoridad, su rostro firme como si no le agradara sonreír y aquellos endemoniados ojos color verde que se fijaban en ella queriendo devorarla.

Una vez estuvo frente a él Charlotte retiró su pequeña blusa, los segundo eran intensos, de un solo movimiento dejó que la minúscula falda cayera al piso quedando cubierta con tan solo una delgada tela.

Charlotte se dio vuelta quedando de espalda, lentamente inclinó su cuerpo brindando un espectáculo con su trasero, a través del rabillo del ojo Charlotte notó como aquel hombre mordida de su labio ansioso por devorar su cuerpo.

-Acércate más -exigió.

Charlotte tragó saliva, nunca antes había estado tan cerca de un cliente, pero no tenía de otra salida más que satisfacer a aquel hombre.

Con delicadeza Charlotte bailó a su alrededor, se ubicó en la parte de atrás, colocó las manos sobre sus hombros y las dejó caer sobre sus pectorales.

Lo que sus manos estaban sintiendo de cierta manera ella lo disfrutaba; a través de aquella delgada camisa podía sentir como aquel hombre se castigaba en el gimnasio.

Sus manos descendieron aún más palpando su marcado abdomen, la cercanía de sus rostros era suficiente como para que sus mejillas se encontraran.

Su perfume invadió sus sentidos, su aroma a hombre fuerte y autoritario fueron bastante notorios entrando por sus fosas nasales erizando todo su cuerpo.

Él intentó levantarse, pero ella lo detuvo, avanzó y se ubicó frente a él, de un solo movimiento él estiró los brazos y posó sus manos sobre su delgada cintura, inclinó el rostro hacia adelante y cerró los ojos.

Todo de ella hacía que él perdiera la cabeza.

Charlotte continuó bailando para él, retiró aquella tela que la cubría, quedando únicamente con dos pequeñas prendas que no dejaban nada a la imaginación. Lo cual hacía que la boca de aquel hombre se humedeciera.

«El pantalón se quiere romper, mi parte masculina quiere ser liberada, quiero lanzarme sobre esta mujer, besar su cuerpo y tomarla hasta llegar al nivel máximo de placer», sus manos se aferraron a la silla, mientras que su mirada atravesaba su cuerpo.

Él la deseaba desde la primera vez que la había visto, cuando se presentó a bailar para el público.

-Deseo estar contigo -solicitó con la voz agitada, su excitación era difícil de ocultar.

En ese momento Charlotte se detuvo, sus nervios se alteraron, tomó una pequeña bata y la llevó sobre su cuerpo.

-Lo siento, pero mi trabajo ya terminó, me tengo que retirar, según me informó mi jefe usted había aceptado no tener contacto físico -aquel hombre se levantó de un solo movimiento, llevó la mano al bolsillo y sacó un fajo de dinero.

-Pagaré lo que sea necesario para tener tu cuerpo -agregó manteniendo su mirada firme en ella.

-Lo siento, mi cuerpo no está en venta -Charlotte avanzó hacia la puerta.

En ese momento aquel hombre se lanzó contra ella, presionó su cuerpo contra la pared, Charlotte intentó liberarse, pero no lo consiguió.

Charlotte entre sus manos se aferraba a aquellos músculos, su fuerte erección presionaba su vientre, aquel endemoniado hombre había perdido el control, pero solo bastó con tenerla cerca.

Él pasó sus labios por encima de los de ella con tanta delicadeza, sentía el temblor de su cuerpo y eso le excitaba aún más. Deseaba besarla.

Deseaba que sus labios la devoraran con intensidad. Pero se detuvo.

Dio un paso atrás y la liberó, Charlotte aprovechó el momento para salir huyendo a toda prisa de aquella habitación, corrió hasta su pequeño lugar, ajustó la puerta y se sentó en el piso.

Con las manos acariciaba sus brazos, luego frotó sus piernas, su cuerpo seguía temblando ante lo que había pasado.

Con la respiración completamente agitada no podía sacar de su cabeza aquel endemoniado hombre que había causado que su cuerpo perdiera el control.

Capítulo 2 Delirio

Los rayos de luz ingresaban con fuerza a través del cristal de la ventana, Charlotte continuaba profunda en su sueño, luego de aquella noche le fue casi imposible conciliar el sueño.

-¡Charlotte, Charlotte! -los gritos de su hermana hicieron que Charlotte despertara.

Su cabeza dolía, abrió uno de sus ojos y posterior a ello cubrió su cabeza bajo la sábana, lo único que deseaba era continuar durmiendo y no saber nada de lo que sucedía a su alrededor.

Su pequeña hermana tomó la sábana y la jaló con fuerza descubriendo el rostro de Charlotte, quien soltó un fuerte gruñido.

-Mia Strong, ¡largo de mi habitación!, hazlo antes de que me enfurezca y te quite todas las comodidades que te brindo -amenazó Charlotte entre gruñidos.

-Hermana ven pronto, mamá se siente mal -al escuchar aquellas palabras de un solo movimiento se levantó de la cama.

Charlotte llevó una bata sobre su cuerpo y junto con su hermana se dirigieron a la habitación donde descansaba su madre, al ingresar pudo notar lo mal que estaba.

-Mamá por favor cálmate, sabes que ante esta situación lo que más te conviene es respirar profundo, de inmediato me pondré en contacto con el médico. Mia, por favor quédate junto a mamá, vendré pronto.

Charlotte fue a toda prisa hasta su habitación, tomó el móvil y se puso en contacto con el doctor, ver a su madre en aquella situación hacía que ella quisiera romper en llanto.

Regresó a la habitación de su madre y con la mano acarició su cabeza, hizo que tomara unos cuantos sorbos de agua, su hermana se mostraba bastante preocupada.

Unos cuantos minutos más tarde el doctor estaba allí, Charlotte le pidió a su hermana que saliera de la habitación, ella estuvo presente mientras que revisaban a su madre, por las caras que hacía el doctor ella entendió que nada andaba bien.

-Esta recaída se debe a que ella ha pasado por alto el consumo de sus medicamentos -Charlotte conectó la mirada con su madre.

-Mamá, ¿eso es verdad, acaso has dejado los medicamentos? -Su madre frunció el ceño y apretó los labios.

-Ay hija, a veces pienso que no vives con nosotros, el medicamento se acabó la semana pasada -Charlotte espanto la mirada.

-¿Por qué no me dijiste? -le reclamó.

-Porque sé que son demasiado costosos, porque no me siento bien siendo una carga para ti, ya es suficiente con que te hagas cargo de alimentarnos, de pagar la renta y encargarte de todos los gastos.

»Siento mucho que todo ese peso tenga que caer sobre tus hombros, quisiera recompensar tu sacrificio, pero no tengo ni a donde caer muerta, tu padre es el culpable de nuestra desgracia -habló con la voz entrecortada y una lágrima rodó por su mejilla.

-No te preocupes yo me haré cargo, de inmediato iré por tu medicamento -Charlotte se retiró a su habitación mientras que el doctor terminaba de revisar a su madre.

Al ingresar a la habitación se sentó en el borde de la cama, sacó todo el dinero que tenía, luego de contar una y otra vez, ella se dio cuenta que las cosas estaban peor de lo que había imaginado.

«¡Mierda!, al comprar el medicamento de mi madre no podré pagar el alquiler, adicional debo un mes atrasado en la universidad», pensó mientras lamentaba su terrible situación económica.

Charlotte salió mostrando su mejor cara, lo único que importaba era hacer que su madre y su hermana estuvieran bien. Al llegar a la entrada se cruzó con la dueña del lugar, su presencia era más que clara.

-Buenos días Charlotte -saludo ella muy amable.

-Buenos días -respondió.

-Veo que ya vas de salida y te ves con prisa, no quisiera retrasarte, así que seré breve, he venido por la renta -aquellas palabras fueron un fuerte golpe para ella.

-Olvidé la cartera en mi trabajo, en la tarde prometo que me pondré al día con el pago -la cara de molestia en aquella señora fue de inmediato.

-Espero que esté hablando con la verdad, si en la tarde no se ponen al día lo mejor es que me desocupen, porque no estoy para hacer obras de caridad con nadie -la señora pasó por su lado y se alejó.

Charlotte tomó aire y continúo con su camino, fue por el medicamento de su madre y al regresar hizo que lo bebiera.

-Debo salir, debo encargarme de unos asuntos, Mia se quedará contigo, estaré pendiente al llamado si algo llegase a suceder, te quiero mucho mamá -Charlotte besó la frente de su madre.

-¿A dónde vas hermana?, es fin de semana -preguntó Mía.

-Cuida de nuestra madre volveré lo más antes posible -Charlotte se despidió de su hermana y se retiró.

Charlotte tomó un taxi con destino a aquel club nocturno, necesitaba solucionar su situación económica antes del anochecer, las deudas presionaban su cuello.

Su teléfono móvil no paraba de sonar dentro de su cartera, Charlotte apretó los ojos y ante la insistencia no tuvo de otra salida más que dar respuesta.

-Hola -respondió desanimada.

-Hola princesa, ayer quería hablar contigo, pero terminé de guardar mis cosas y cuando salí ya no estabas, tenía algo muy importante que decirte -Charlotte llevó la mano hasta la cabeza.

-Salí con prisa, adicional no quise molestarte, te veías ocupado con Madison, sabes que esa mujer no me agrada, no soporto su manera prepotente de actuar solo porque tiene dinero.

»Pero nada que hacer, la consideras como tu mejor amiga, y aunque no lo quieras admitir siempre la pones primero que a mí -Charlotte le reclamó de manera indirecta.

-Princesa no pienses de esa manera, en el fondo Madison es una buena persona, solo que tú estás indispuesta y ni siquiera le permites acercarse a ti, sé que en el futuro podrán ser muy buenas amigas -Charlotte resopló.

»Pero no te amargues por Madison, en verdad tengo una noticia muy importante para ti, sabes que te amo, que lo eres todo para mí, que espero con ansias locas casarme contigo y vivir junto a ti.

»En la mañana tenía intenciones de ir a buscarte para compartir un fin de semana agradable con la mujer que amo, pero mi padre se apareció de repente, me pidió que llevara unos documentos de un negocio importante.

»Sin otra salida tuve que aceptar, en estos momentos voy en su avión privado, regresaré el lunes a primera hora, te amo Charlotte, espero que me extrañes como lo estoy haciendo -ella simplemente resopló.

-Adios Liam, también te amo -Charlotte terminó la llamada, no tenía cabeza para otra cosa más que para resolver su situación económica.

Se sentía molesta porque mientras que su novio viajaba con las mayores comodidades, ella se encontraba sin un solo centavo, desesperada buscando dinero para pagar la renta y fuera de ello el lunes ponerse al día con sus obligaciones en la universidad.

A pesar de que Liam tenía todo el dinero de su padre a su disposición, ella no quería ni un solo centavo de su bolsillo, Liam le había hecho saber que odiaba a las oportunistas e interesadas, y por supuesto ella no estaba en aquel grupo.

El taxi se detuvo, Charlotte entregó los últimos centavos al conductor, ella dio unos cuantos golpes en la puerta, el personal de seguridad abrió una pequeña ventanilla.

-¿Qué quieres? -preguntó con arrogancia.

-Necesito hablar con el jefe -solicitó Charlotte.

-Sabes las reglas, tendrás que esperar hasta la noche. -La pequeña ventanilla se cerró.

Charlotte se dio vuelta, sabía que por más que insistiera no le permitirían el ingreso, el día era largo, su estómago rugía de hambre, se sentó en una barda y esperó hasta que cayera la noche.

Las luces del lugar se encendieron, las puertas se abrieron al público, Charlotte se levantó, ingresó dando pasos largos yendo directo a hablar con su jefe, para su mala suerte no se encontraba.

Charlotte estaba impaciente, se dirigió a su lugar y se cambió de ropa, se preparó para brindar el mejor espectáculo, debía ganar dinero suficiente para pagar el alquiler o por lo menos la mayor parte.

Una de sus compañeras llamó a su puerta y le indicó que saliera, Charlotte se presentó, aplausos, silbidos y gritos que la animaban, ella movía su cuerpo de manera explícita, al instante una lluvia de billetes caían sobre ella.

Charlotte entrecerró los ojos y dibujó una leve sonrisa en su rostro, juró no irse a casa hasta no obtener el dinero que necesitaba.

Era casi la medianoche, y a pesar del dinero que había reunido no llegaba ni siquiera a la mitad, a la distancia Charlotte observó a su jefe y sin otra salida pasó en medio de la multitud y lo acechó justo al lado de la barra.

-¿Qué sucede Charlotte, qué haces aquí?, sabes muy bien cual es tu lugar, vete, me estás haciendo perder dinero -le reclamó.

-Sé muy bien cual es mi lugar, pero sí estoy aquí es porque necesito de tu ayuda -aquel hombre bebió un sorbo de licor.

-¿Mi ayuda o mi dinero? -preguntó con arrogancia.

-Necesito una elevada suma de dinero, necesito pagar el alquiler de la casa, mi madre está enferma, fuera de eso debo dinero en la universidad -explicó Charlotte mostrando su cara más dulce buscando convencer a su jefe.

-Lo siento Charlotte, pero no soy un cajero automático, si quieres dinero debes ganártelo, mira como hacen tus compañeras, ellas no tienen la necesidad de humillarse ante mí suplicando miserias -Aquel hombre se dio vuelta y se retiró.

Charlotte llevó la mirada a su alrededor, sus compañeras estaban sentadas sobre las piernas de los clientes, siendo manoseadas como fruta en el mercado, fuera de ello si querían más dinero debían ir a las habitaciones y tener sexo con cualquier hombre.

Los ojos de Charlotte se humedecieron, su jefe era la única salida que tenía para conseguir el dinero que necesitaba, y el hecho de contemplar caer tan bajo aún no cabía entre sus posibilidades.

Charlotte limpió las lágrimas y se dispuso a ir de regreso a su lugar, de repente alguien la sostuvo del brazo impidiendo que se pudiera marchar, ella rápidamente giró la cabeza, su mirada se espantó.

«Es el mismo hombre de anoche, nunca podré olvidar su rostro, su mirada se ha quedado grabada en mí», pensó ella mientras que su corazón palpitaba con fuerza.

-No te asustes pequeña, lo escuché todo, si lo que buscas es ayuda económica yo te la brindaré, lo obtendrás todo solo si aceptas mi propuesta.

La respiración entrecortada de Charlotte lo decía todo, movió su brazo con fuerza logrando liberarse.

La cercanía de él la ponía nerviosa inexplicablemente, como si el aire le faltará, sus piernas perdieron fuerza y flaquearon.

-No quiero nada que venga de usted -resopló y luego se marchó meneando su expendio cuerpo.

Capítulo 3 Ahora eres mía

Durante el resto de la noche Charlotte no se podía concentrar, su cabeza daba vueltas, el ofrecimiento de aquel hombre había logrado causar más preocupación que sus problemas económicos.

Al terminar se sentó, se retiró el antifaz y bebió una copa de licor; una vez más contó el dinero, había logrado conseguir apenas la mitad para pagar el alquiler, a eso debía sumarle los gastos de la casa y aquella deuda en la universidad.

En el rostro de Charlotte se podía notar que estaba agotada, a punto de darse por vencida.

Era una noche lluviosa, tomó uno de los gabanes y lo llevó sobre su cuerpo.

Sosteniendo la cartera sobre su cabeza se retiró. Atravesó la puerta, a pesar de la falta de dinero el clima se encargó de obligarla a buscar un taxi, en aquel momento las luces de un auto se encendieron desde la parte de atrás.

Charlotte no le brindó importancia, continúo con su marcha, a su lado se ubicó un sedán color oscuro, la ventanilla de la parte de atrás se abrió.

-Charlotte, te estaba esperando -aquel tono de voz hizo que toda su piel se erizara.

Charlotte detuvo su marcha giró su cuerpo y conectó la mirada con aquel hombre, el brillo de sus ojos se opacaba con la presencia de aquel misterioso hombre que mostraba completo interés en ella.

-No soy un acosador, ni mucho menos un pervertido, estoy interesado en conocerte, por favor sube al auto, hablaremos de negocios -Charlotte resopló.

-¿Negocios?, ¿qué clase de negocios podría tener yo con un hombre como usted?

-El clima es demasiado fuerte, sube a mi auto, te aseguro que no perderás el tiempo, los dos saldremos ganando -Charlotte levantó una de sus cejas.

-No importa lo que ofrezca, nunca estaré con usted -respondió Charlotte con firmeza.

Aquel hombre esbozó una sonrisa, recostó la cabeza en el cojín de la silla, sacó la punta de la lengua y la pasó sobre sus labios.

-Tengo el dinero que necesitas para que puedas pagar el alquiler de la casa, para que atiendas a tu madre enferma, y puedas encargarte de la deuda que tienes en la universidad, todo eso a cambio de algo muy sencillo -Charlotte tenso la mandíbula.

Ella inclinó la mirada, golpeó con el zapato el piso, estaba molesta y frustrada. Charlotte no era tonta sabía muy bien que frente a ella tenía la única oportunidad de solucionar su mala situación, pero no estaba dispuesta a entregar su cuerpo, a nadie que no fuera Liam.

-¿Qué quiere de mí? -Logan le brindó una sonrisa cargada de lujuria-. Lo sabía, con esa exagerada suma de dinero lo que usted pretende me causa repulsión, puede satisfacer sus necesidades con una mujer diferente, no soy esa clase de persona que pretende comprar...

Charlotte continuó con su marcha, estaba mal económicamente, pero lo último que buscaba era destruir su integridad, aquello que había cultivado para entregar a una persona que llegaría a amar sinceramente.

Nuevamente el auto se acercó, el hombre fijó la mirada en ella, cada vez demostraba más interés en Charlotte; debido a su manera de actuar no tuvo de otra más que descender del auto.

La lluvia golpeaba contra su cuerpo, su mirada se fijó en ella, sus labios color carmesí hacían que él perdiera el control deseando lanzarse sobre ella y devorar sus labios.

-Antes de que sigas negándote a mi ofrecimiento, necesito que me escuches. -Él dio un paso corto reduciendo la distancia-. Solo quiero que bailes para mí, únicamente para mí.

Charlotte dejó caer su mirada en sus labios, aquel tono de voz fuerte extrañamente la hacía sentir segura, la curiosidad la invadió, sintió deseos de conocer aquel hombre.

-Si aceptas pagaré el dinero que me pidas por tu exclusividad, firmaremos un contrato, bailarás para mí, para nadie más -Charlotte quedó en shock al escuchar aquellas palabras.

-Ya le dije que no estoy en venta...

-Ya lo sé -la interrumpió-. Prometo que no tomaré tu cuerpo, no hasta que tú así lo quieras, ya no tendrás que venir a trabajar en este club nocturno a cambio de unos cuantos billetes, te daré dinero, dinero de verdad... La cantidad que te mereces.

»Te presentarás solo para mí, haré que disfrutes los encuentros conmigo, haré que pierdas la cabeza por mí, y cuando lo hagas te entregarás libremente. Hasta entonces me conformaré con ver tu cuerpo semidesnudo frente a mis ojos -Charlotte quedó en silencio.

«Maldita sea, como quisiera tener dinero y no estar pasando por esta situación, no ser tratada como mercancía, aunque no lo quiera aceptar, esta es mi única salida, porque de lo contrario mañana seré expulsada a la calle junto con mi madre y mi hermana.

Me veré obligada a abandonar mis estudios, no tendré ni siquiera para la medicina de mi madre, no puedo permitir que terminemos en aquella tétrica situación.

Si acepto haré que cumpla con su parte, él asegura que no tomará mi cuerpo, no hasta que yo lo quiera, no pone una fecha en específico, así que tendré tiempo de sobra para comprometerme con Liam y así mi situación económica no será la misma.

Liam será el primer hombre en mi vida. Hasta entonces aprovecharé la oportunidad para mejorar la situación en mi casa, por lo menos hasta que termine la universidad y pueda encontrar un mejor empleo; nada segura que termine yendo a la cama con este sujeto», pensó Charlotte mientras observaba al hombre y al auto que se encontraba a su lado.

-Está bien, acepto -respondió Charlotte entre dientes.

Aquellas palabras fueron música para los oídos de aquel hombre, no quería presionarla, por más que deseaba sentir su cuerpo decidió darle tiempo, aún sabiendo que no era aquella clase de persona que solía ser paciente, lo que le gustaba lo tomaba a como diera lugar.

Abrió la puerta del auto y le indicó a Charlotte que siguiera, ella llevó la mirada a su alrededor, no había nadie presente, subió con temor, él se ubicó a su lado.

De un sobre sacó unos documentos, tomó un bolígrafo y se los brindó a Charlotte.

-Este es un contrato de exclusividad, no podrás decirle a nadie lo que suceda entre los dos, soy un hombre importante y ante el más mínimo escándalo me veré perjudicado ante los medios, socios y demás empresarios

»También estipula que tendrás que cumplir con tu parte sin importar lo que suceda, el documento contiene esos y otros cuántos términos, si quieres puedes tomarte todo el tiempo para que lo leas -la presión sobre Charlotte era bastante, lo único que deseaba era regresar a casa.

-No hay necesidad -respondió ella y luego firmó.

Una vez que el contrato estaba firmado, sacó otro sobre, el cual se lo entregó en sus manos, se sentía un ganador, claro está que siempre lo era.

-Dentro del sobre va dinero suficiente para que puedas cubrir tus gastos, también va un teléfono, ahí te llamaré, cada vez que me ponga en contacto contigo tendrás que cumplir, sin importar lo que estés haciendo deberás acudir a mi llamado.

Charlotte abrió el sobre, sus ojos se espantaron al observar los fajos de dinero, tragó saliva, tomó el teléfono junto con el sobre y los guardó dentro de su cartera.

-¿Cómo quiere que lo llame?

-Soy Logan, no habrá apellidos, ni tampoco temas personales, adicional exijo que me hables de tu -Charlotte asintió levemente con su cabeza.

-¿A dónde quiere que vayamos? -él chasqueó la lengua dentro de su boca.

-Hoy no iremos a ningún lado, ya es demasiado tarde y he perdido la paciencia, bájate del auto; me pondré en contacto contigo cuando quiera verte -habló en un tono de voz seco.

-Adiós Logan -se despidió Charlotte y descendió del auto.

«Sabía que tarde que temprano ibas a caer en mis redes, lo que no logras imaginar es que has vendido el alma al diablo, tu impaciencia y tu falta de dinero hizo que no detallaras el documento que firmaste.

Te tengo Charlotte, estás en mis manos y te someteré a mi antojo, serás de mi propiedad hasta que me canse de ti y luego te desecharé como a las otras», pensó Logan esbozando una sonrisa malvada en su rostro.

-Conduce Robert, vamos a casa -ordenó Logan al conductor y se marchó a toda prisa.

Charlotte rápidamente tomó un taxi, le pidió que la llevara a casa, con sus dos manos sostenía la cartera, recostó la cabeza en el cojín de la silla, cerró los ojos y exhaló con fuerza, lo que acababa de vivir apenas lo podía creer.

«¿Qué has hecho Charlotte?, te vendiste como nunca pensaste hacerlo... Te vendiste como la peor de las mujeres», se reclamó Charlotte a sí misma dándose golpes de pecho, su moral la había puesto por el piso.

Al llegar a casa fue hasta la habitación de su madre, de manera cuidadosa abrió la puerta, la fiebre había desaparecido, su estado de salud había mejorado, su pequeña hermana estaba acostada a su lado siendo su única compañía.

Charlotte salió de manera cuidadosa para no despertarlas, luego fue hasta su habitación, dejó la cartera, se retiró la ropa y se lavó, al terminar colocó una bata sobre su cuerpo y una toalla alrededor de su cabeza.

Por primera vez luego de tanto tiempo Charlotte iba a dormir unas cuantas horas sin preocuparse por el dinero, lo que ella jamás imaginó era que las preocupaciones que vendrían serían aún más intensas y difíciles de solucionar.

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