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La apuesta del destino: Mi marido magnate inesperado

La apuesta del destino: Mi marido magnate inesperado

Autor: : Haley
Género: Moderno
Katie se vio obligada a casarse con Dillan, un conocido rufián. Su hermana menor se burló de ella: "No eres más que una hija adoptiva. Deberías sentirte afortunada por casarte con él". Todo el mundo preveía las tribulaciones posibles de Katie, pero su vida matrimonial se desarrolló con inesperada serenidad. Todos sus enemigos quedaron destruidos y ella incluso consiguió una lujosa mansión en una rifa. Katie saltó a los brazos de Dillan, acreditándolo como su amuleto de la suerte. "No, Katie, eres tú quien me trae toda esta suerte", replicó Dillan. Sin embargo, un fatídico día, la amiga de infancia de Dillan se le acercó y le dijo: "No eres digna de él. Toma estos 50 millones y déjalo". Katie conoció por fin la verdadera identidad de Dillan: el hombre más rico del planeta. Por eso, esa noche, temblando de miedo, ella abordó el tema del divorcio con Dillan. Pero, inesperadamente, el hombre la abrazó con fuerza y le dijo: "Te daría todo lo que tengo, excepto el divorcio".

Capítulo 1 Huyendo de la boda

A pesar de tener novio, Katie Holland fue forzada a casarse con otro hombre.

Pero había decidido escapar de su propia boda, con la esperanza de que su novio se la llevara lejos.

Pero lo que encontró a continuación quedaría grabado en su memoria para siempre.

Mirando a través de la puerta entreabierta del dormitorio, vio a una mujer desnuda, sentada encima de un hombre mientras se movía vigorosamente.

"Mmm... Dime, Josh, ¿estás enamorado de mí o de Katie?".

Josh Sutton respondió jadeando: "Cariño, ¿cómo puedes siquiera compararte con ella? La habría dejado hace mucho tiempo si no me preocupara que mi reputación se viera afectada".

La sonrisa de la mujer se volvió más amplia. "No te preocupes. Una vez que ella se case con ese perdedor esta noche, nadie podrá interponerse en nuestro camino".

Sus ojos se encontraron tiernamente, se abrazaron y compartieron besos.

Katie palideció completamente. No podía creer lo que veía ante ella.

¡Su novio estaba follándose a la que decía ser su hermana!

De repente, se escuchó un estallido.

La pareja que estaba teniendo sexo en la cama se separó de un sobresalto.

Antes de que Josh pudiera comprender lo que estaba pasando, un jarrón le golpeó la cabeza.

Judie Holland lanzó un grito y se abalanzó sobre Katie. "¿Te volviste loca? Josh ya no está interesado en ti, ¡y la única razón por la que no te dejó es por sentirse responsable! ¿Cómo te atreves a lastimarlo?".

"¡Eres una amante, así que no te corresponde hablar!", respondió Katie dándole un empujón y se volvió hacia el hombre. "Necesito que me respondas, Josh. ¿Hace mucho que has estado viendo a Judie a mis espaldas?".

Él no se atrevía a mirarla a los ojos. "Lo siento, Katie".

La joven sintió como si su corazón estuviera siendo destrozado, el dolor era tan intenso que no podía respirar.

Sus manos se apretaron en puños y sus uñas se clavaron en sus palmas. "Josh, ¿cómo pudiste traicionarme? ¿Olvidaste quién te cuidó durante tres años, te acompañó desde el sótano hasta que compraste tu propia casa?", bramó.

Sintiéndose culpable, Josh desvió la mirada, se cubrió la cabeza y no dijo nada.

Judie lanzó una risa burlona. "¿De verdad crees que volverá arrastrándose hacia ti solo porque le dijiste eso?".

Katie esbozó una sonrisa tranquila. "¿Por qué lo querría de vuelta? No es más que un perdedor que se aprovecha de las mujeres. Me estás haciendo un favor al quedártelo".

Judie se enfureció ante ese comentario.

¿Acaso Katie estaba insinuando que su destino era estar con un perdedor?

Estaba tan furiosa que apretó los dientes. "Vas a arrepentirte de esto. Mi madre debe haberse dado cuenta de que no estás en la boda".

La expresión de Katie se transformó.

Para empezar, nunca había querido ese matrimonio.

En realidad, tenían la vista puesta en Judie, la verdadera hija de la familia Holland. En cambio, Katie no era más que una hija adoptiva que había sido acogida junto con su madre.

En horas tempranas, esa tarde, Maddie Holland, la madre de Judie, la invitó a tomar el té y Katie se desmayó después de tomar una taza.

Cuando se despertó, se encontró vestida de novia, sentada en la suite nupcial.

A través de la puerta, Maddie le informó que se casaría en lugar de Judie, cumpliendo el compromiso contraído entre las dos familias hacía mucho.

Por supuesto, Katie se negó rotundamente.

Se rumoreaba que el novio era un hombre malvado. La propia Judie lo había rechazado hasta el punto de intentar quitarse la vida.

Katie no podía aceptar ese matrimonio.

Desesperada, se atrevió a escapar por la ventana, sin esperar que...

Abrumada por la furia y la desesperación, agarró con fuerza el vestido de novia y apretó los dientes.

"No se saldrán con la suya", siseó.

Luego, se dio vuelta y escapó.

Julie no la persiguió; en cambio, informó a sus padres sobre lo ocurrido.

En Dailens, para la familia Holland, localizar a alguien era pan comido.

Katie siguió corriendo sin detenerse.

Parecía que había perseguidores a cada paso que daba.

Pero entonces tropezó con una roca en el camino y cayó al suelo.

"¡Detente!". Un grupo de fuertes hombres con picanas eléctricas la estaban persiguiendo.

Katie no dejaría que la arrastraran.

Mordiendo sus labios con fuerza, se obligó a levantarse y continuó escapando.

Una hora después, encontró refugio en un almacén, jadeando en busca de aire.

Había llegado a los suburbios. Era probable que sus perseguidores no pudieran encontrarla ahí.

Cuando subió al segundo piso, utilizó lo que le quedaba de energía para bloquear la puerta.

Finalmente se permitió un momento para recuperar el aliento.

Pero ese alivio duró poco, ya que pronto escuchó ruidos en la oscuridad.

¿Era una rata?

No, peor, era el inconfundible sonido de pasos.

El eco de botas de cuero sobre el suelo penetró en la silenciosa noche.

El miedo se apoderó de Katie.

Su boca se torció incontrolablemente.

"Usted...", dijo con voz temblorosa. "¿Usted vive aquí? No quise entrometerme, así que me iré...".

Pero cuando quiso levantarse, una mano grande la agarró por detrás.

Una hoja afilada rozó su delicado cuello.

Katie estaba tan asustada que apenas podía abrir la boca para hablar.

De repente, una fría voz masculina la interrogó desde arriba.

"¿Quién te envió aquí?".

Capítulo 2 Noche de bodas

Katie estaba desconcertada ante la pregunta del hombre.

"No sé de qué está hablando", preguntó con el ceño fruncido.

"No es bueno que mientas". La mueca del hombre se volvió amplia mientras presionaba más la daga.

Un hilo de sangre se deslizó por el frágil cuello de Katie.

El miedo que experimentó en ese momento superaba con creces al que había sentido durante la persecución.

Con la voz temblorosa por el miedo, ella murmuró: "Por favor, escúcheme...".

Entonces, le contó que la habían obligado a contraer matrimonio sin amor, manteniendo su historia simple. "No he visto su cara, así que no sé quién es...", suplicó. "Por favor, déjeme ir... Mi mamá me está esperando en casa".

Su gentil súplica tocó el corazón del hombre.

A continuación, alivió la presión de la daga en su garganta.

De repente, se escuchó un fuerte golpe en la puerta.

"¡Debe estar aquí! ¡Entremos!".

El rostro del hombre se endureció, arrastró a Katie y la inmovilizó contra la pared.

"¡Gime!", ordenó.

Katie se quedó completamente estupefacta.

La sensación cálida y cercana que la envolvía hizo que temblara por completo.

En un segundo, la puerta se abrió con fuerza de una patada. El hombre la agarró por la cintura y fingió estar teniendo sexo con ella.

"¡Ah!".

El gemido forzado de Katie se escuchó por todo el almacén.

Los intrusos armados se quedaron inmóviles de sorpresa.

Maldiciendo en voz baja, se fueron a toda prisa.

"¡Maldición! ¡Qué pérdida de tiempo!".

"¡Cállate! Apúrate y revisemos el siguiente lugar. Está gravemente herido, ¡así que no llegará muy lejos!".

"¡Entendido, señor!".

El ruido comenzó a apagarse.

Pero entonces...

Las pestañas de Katie revolotearon y sus mejillas se ruborizaron. "¿Se fueron?".

"Sí, gracias", respondió él con una voz más ronca que antes.

"De nada. ¿Ahora puedo irme?".

Katie sostuvo su vestido de novia, sintiendo una mezcla de miedo y timidez.

Justo cuando estaba por aceptar, la mirada del hombre se posó en su vestido de novia roto.

La luz de la luna brillaba a través de la ventana e iluminaba algo en el vientre de la mujer.

Desconcertado, se detuvo en seco.

La chica que recordaba de hacía años tenía una marca muy parecida.

De la nada, sintió un raro impulso.

"He cambiado de opinión".

"¿Qué?". Katie se quedó sorprendida.

Desde las sombras, él preguntó: "¿Realmente deseas casarte con un hombre que no amas por obligación?".

La joven agarró su vestido de novia con más fuerza.

¿Cómo podía aceptar un matrimonio arreglado? Definitivamente no estaba dispuesta.

Su silencio lo dijo todo.

El hombre se inclinó hacia ella con una sonrisa. "¿Qué tal si continuamos con lo que acabamos de hacer? Esas personas quieren mandar en tu vida. ¿No te gustaría vengarte de ellos?".

Katie no entendía nada.

Venganza... ¿Era posible?

Su novio de hacía mucho la había traicionado, y ahora la estaban utilizando como moneda de cambio.

Las palabras del hombre tenían un encanto diabólico, por lo que consideró una idea imprudente: tener sexo con él.

Al recordar las palabras de los intrusos, preguntó: "¿Vas a morir pronto?".

"Sí, no viviré por mucho tiempo".

"¡Entonces, continuemos!", respondió Katie decisivamente.

Como el hombre estaba en su lecho de muerte, nadie sabría lo que había pasado entre ellos.

El hombre se acercó con una sonrisa y besó ligeramente su oreja. Sus labios rozaron delicadamente su pendiente de perla.

"Disfruta de tu noche de bodas, querida".

A la mañana siguiente, Katie se despertó y vio que llevaba puesta una chaqueta.

El hombre no estaba.

Quizás había preferido terminar su vida en otro lugar tranquilamente.

El pensamiento dejó su corazón con un extraño vacío, ya que habían compartido momentos íntimos la noche anterior.

De repente, la puerta se abrió de golpe.

Varios guardaespaldas entraron.

¡La familia Holland la había encontrado!

Katie corrió hacia la ventana, pero los guardias la golpearon con fuerza contra la pared.

Una hora después, la arrojaron a los pies de Fabian Holland y Maddie.

Con sus uñas afiladas, Maddie le dio un pellizco. "¡Nuestros hombres han estado buscándote toda la noche!", espetó. "¿Cómo pudiste hacer esto? ¿Cómo pudiste huir en tu propia boda?".

Katie tenía la piel desgarrada y sangrando. Soportando el dolor, se encontró desafiantemente con la mirada de la mujer. "¡Él ni siquiera me quiere!".

"Suficiente".

Fabian apartó a su esposa y levantó a Katie con una sonrisa reconfortante. "No le hagas caso, Katie".

Mientras se frotaba su brazo herido, ella se sintió agraviada. "No quiero casarme con ese hombre".

Pero Fabian no estaba de acuerdo. "Katie, no estás siendo razonable. Piensa en los años que tú y tu madre vivieron con nosotros. Ahora, cuando te toca pagarnos, ¿dudas en hacerlo? No se puede ser tan cruel".

Katie se dio cuenta de que era un hipócrita.

"Devolveré el dinero lo más rápido que pueda", declaró retrocediendo.

El hombre esbozó una sonrisa. "No se trata de dinero, pero me enteré de que tu madre necesita un trasplante de riñón. Katie, ¿podrás cubrir esos gastos?".

Ella apretó los puños con frustración.

No, no podría hacerlo.

Capítulo 3 Me casaré con él

Katie había utilizado sus ahorros para decorar la casa de Josh.

Cuando su madre se enfermó, esperaba hablar con él sobre la posibilidad de vender la casa.

Después de todo, habían sido pareja durante tanto tiempo que estaba segura de que aceptaría.

Sin embargo, cuando abordó el tema, Josh respondió: "Katie, esa casa es mía".

Su comportamiento gélido la sorprendió.

Al principio, Josh insistió en que no debería contribuir con el pago de la casa, lo que ella interpretó como un gesto de afecto.

Por lo tanto, cuando le pidió que pagara las renovaciones, ella no lo pensó dos veces.

Sin embargo, una vez que el supuesto nidito de amor estuvo decorado, Josh le informó que como ella no la había comprado, no podía ponerla a su nombre.

Aunque Katie sentía que algo iba mal, lo aceptó porque confiaba en él.

Hasta ese momento cuando...

Su madre estaba gravemente enferma, y solo después de sorprender a Josh con Judie en la cama, entendía lo estúpida que había sido.

"Katie...". Fabian le dio una sonrisa. "Entiendo que no tengas mucho dinero, pero como llevas tanto tiempo viviendo aquí, prometo ocuparme de los gastos médicos de tu madre si aceptas casarte con Dillan Gilbert en lugar de Judie".

Su aparente amabilidad hizo que Katie se sintiera asqueada.

"¿Cumplirás tu promesa si me caso con él?".

"Sí, pero debes fingir ser Judie. No es fácil tratar con ese hombre y no quiero complicaciones".

Katie estaba ante un dilema.

Tenía que decidir entre su propia felicidad y la salud de su madre.

Al final, eligió a su madre.

"Está bien, me casaré con él", respondió con voz temblorosa. "Pero tenemos que hacer un pacto".

"No hay problema".

Fabian redactó un contrato y lo firmó.

Cuando Katie bajó la cabeza para dejar su firma, su mano tembló mientras sostenía el bolígrafo.

Una lágrima cayó y manchó la tinta del papel.

Sentía mucho resentimiento.

¿Pero contra quién? Si no se hubiera enamorado tan estúpidamente, ahora no estaría a merced de los demás.

Después de firmar sus nombres, Fabian guardó el contrato con una sonrisa. "En tres días, reorganizaré tu boda. Asegúrate de que tu verdadera identidad permanezca en secreto".

Katie asintió levemente y se dio vuelta para alejarse. No podía soportar un momento más en ese lugar de mentirosos.

Una vez que se cerró la puerta, Maddie espetó con disgusto: "¡Tuvimos que ofrecerle apoyo financiero para obtener su consentimiento! ¡Es una perra ingrata!".

"No te preocupes". Fabian aseguró el documento y le dedicó una sonrisa reconfortante. "¿De verdad pensaste que cumpliría mi palabra?".

Maddie se dio cuenta de que su esposo tenía un plan en mente, así que lo miró coquetamente, con una oleada de alivio. "Eres bastante astuto. ¡Me alegro de que seamos conscientes de su vulnerabilidad, o de lo contrario, Judie se casaría con ese hombre!".

Fabian sonrió mientras reflexionaba sobre el inesperado giro de acontecimientos. Justo cuando Katie escapó de la boda, Dillan no estaba por ningún lado.

Fabian estaba desconcertado.

Dada la terrible situación financiera de Dillan, tendría que haber estado ansioso por la boda con la esperanza de establecer el contacto con los Holland; después de todo, para eso propuso casarse con la hija de Fabian, con la que estaba comprometido.

Fue entonces cuando pensó en Katie.

Una vez que estuvieran casados, Dillan no tendría salida, incluso si descubriera que se había casado con la mujer equivocada.

¡Pero Dillan no fue a la boda la noche anterior!

¿Se había dado cuenta de su truco?

Poco después de que saliera, Katie escuchó una risa burlona.

Sosteniendo el brazo de Josh, Judie se encontraba a poca distancia, tapándose la nariz. "¿De dónde salió esta vagabunda?", se burló. "¡Apesta!".

Katie se acercó y le dio una bofetada. "Ahora tú apestas tanto como yo".

"¡Ah, perra!".

Judie lanzó un grito y agarró el vestido de Katie. Para su sorpresa, debajo había numerosos chupetones.

"¡Oye!". Judie se tapó la boca con sorpresa. "Por eso anoche huiste de la boda. ¡Estuviste con otro hombre!".

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