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La asistente impostora del Magnate Cruel

La asistente impostora del Magnate Cruel

Autor: : Dalexys Hechemendia
Género: Romance
Axara Milano jamás imaginó que la vida le exigiría tanta valentía. A los 25 años, ha tenido que sobrevivir a la traición de su propia sangre, la ambición desmedida de una tía que la dejó sin nada tras la muerte de sus padres. Aunque intenta salir adelante con su talento para la pintura, las puertas parecen cerrarse una tras otra. Pero cuando el destino le ofrece una oportunidad, Axara no duda en arriesgarlo todo. Decidida a cambiar su suerte, falsifica un impresionante currículo y consigue un puesto en la empresa más prestigiosa de Europa. Lo que no esperaba era que su jefe sería Cael Van Der Wijk, el magnate más despiadado y temido del mundo empresarial. Con una mirada capaz de desarmar hasta al más valiente, Cael no tolera los errores y está dispuesto a aplastar a cualquiera que no cumpla sus estándares. Axara debe enfrentarse a sus propios miedos mientras oculta su engaño, atrapada en un mundo donde cada paso en falso podría destruirla. Sin embargo, tras esa fachada cruel y autoritaria, Cael guarda secretos tan oscuros como los de Axara. En un juego de poder, mentiras y corazones vulnerables, ¿podrá Axara mantenerse a flote o su mentira será su sentencia? ¿Y qué pasará cuando descubra que la verdadera amenaza no es su jefe, sino lo que comienza a sentir por él?

Capítulo 1 01

"El primer paso"

Axara Milano respiró hondo mientras observaba a las demás chicas en la sala de espera. Había llegado temprano esa mañana, y aunque intentaba proyectar una imagen tranquila, la tensión en el ambiente era palpable. Frente a ella, un grupo de jóvenes esperaban su turno para ser entrevistadas. Algunas jugaban nerviosamente con los papeles de sus carpetas, otras tamborileaban los dedos sobre las rodillas, y una que otra lanzaba miradas de superioridad como si estuviera segura de que ya había ganado el puesto.

Axara bajó la mirada hacia la carpeta que descansaba sobre sus muslos. En su interior, los documentos que había falsificado con tanta precisión parecían pesar más que de costumbre. Si descubren la mentira, será mi ruina, pensó, aunque no se permitió que el miedo la paralizara. Necesitaba ese trabajo. Era su única oportunidad de salir adelante.

El sonido de la puerta abriéndose llamó su atención. Una joven de cabello castaño salió de la oficina. Su rostro estaba pálido, y sus ojos brillaban con lágrimas que luchaban por no caer. Caminó rápido, casi corriendo, y salió de la sala sin decir una palabra.

-Es la tercera que sale llorando -comentó una joven sentada junto a Axara. Tenía cabello negro y recogido en una coleta alta, y sus ojos reflejaban una mezcla de curiosidad y temor. Miró a Axara buscando alguna respuesta, pero ella solo se encogió de hombros.

-¿Por qué crees que salen así? -insistió la chica, esta vez dirigiéndose al grupo.

Una rubia al otro lado de Axara soltó una carcajada ligera. Su maquillaje era perfecto, y su atuendo parecía hecho a medida para resaltar su figura. Cruzó las piernas con confianza antes de responder.

-Seguro es porque se quedaron paralizadas al ver la belleza del señor Cael. Dicen que es irresistible -comentó con una sonrisa que rozaba lo soñador, como si en su mente ya lo hubiera conquistado.

Axara la miró de reojo, su expresión impasible. No podía negar que había oído los rumores sobre el dueño de la empresa, Cael Van Der Wijk. Un magnate joven y atractivo, pero también conocido por su carácter despiadado. Era famoso por no tolerar errores y exigir perfección en cada aspecto de su vida personal y profesional.

-¿Belleza? -repitió Axara en voz baja mientras rodeaba los ojos-. Prefiero no juzgar hasta verlo en persona.

El murmullo en la sala de espera fue interrumpido cuando la puerta se abrió nuevamente. Esta vez, una mujer de mediana edad, con un traje gris impecable y el cabello recogido en un moño perfecto, salió con una carpeta en las manos. Escaneó la sala con la mirada antes de hablar.

-Axara Milano.

Axara sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones por un breve instante, pero rápidamente se levantó. Sujetó su carpeta con firmeza, ajustó la chaqueta de su atuendo y se dirigió hacia la mujer.

-Sí, soy yo.

La mujer asintió, con un gesto tan frío como profesional, y le indicó que la siguiera. Axara caminó con paso firme, intentando ocultar los nervios que crecían con cada paso hacia la puerta de la oficina.

Cuando la puerta se cerró detrás de ella, se encontró en una sala decorada con un lujo minimalista. Había una gran mesa de madera oscura al fondo, donde un hombre estaba sentado revisando unos papeles. A su lado, otros dos ejecutivos observaban atentos, como si estuvieran listos para juzgar cada palabra que saliera de su boca.

Pero fue el hombre detrás del escritorio quien captó toda su atención. Cael Van Der Wijk.

Era incluso más imponente de lo que había imaginado. Su cabello oscuro estaba perfectamente peinado hacia atrás, resaltando los ángulos afilados de su rostro. Vestía un traje negro impecable que parecía haber sido confeccionado directamente sobre su piel. Sus ojos, de un gris frío, se alzaron lentamente hacia ella, como si evaluaran cada detalle de su ser en cuestión de segundos.

-Axara Milano, ¿verdad? -preguntó con voz grave, una voz que parecía no dejar espacio para la insubordinación.

Axara asintió, apretando los dedos alrededor de su carpeta.

-Sí, señor Van Der Wijk.

Uno de los hombres a su lado tomó la palabra mientras Cael continuaba observándola en silencio.

-Cuéntenos sobre usted, señorita Milano. Según su currículo, tiene una experiencia impresionante en diseño gráfico y una carrera destacada en arte.

Capítulo 2 02

"Cuando todo comienza y te atrapa".

Axara tragó saliva. Había ensayado su respuesta cientos de veces frente al espejo, pero en ese momento, su mente parecía haberse quedado en blanco. Finalmente, encontró las palabras.

-Sí, señor. Me gradué con honores en diseño gráfico en la Universidad de Florencia y he trabajado con varias empresas de renombre en proyectos de branding y diseño de interiores. Mi objetivo siempre ha sido combinar la funcionalidad con la estética para crear soluciones innovadoras.

Cael arqueó una ceja, pero no dijo nada. Simplemente continuó mirándola como si pudiera leer cada uno de sus pensamientos.

-¿Por qué está interesada en trabajar aquí? -preguntó el otro hombre, quien parecía menos intimidante, pero no por ello menos profesional.

Axara sostuvo la mirada de Cael antes de responder.

-Porque considero que esta empresa representa el estándar más alto en la industria. Quiero ser parte de un equipo que valore la innovación y la excelencia, y estoy dispuesta a aportar mi experiencia para seguir elevando esa reputación.

Las palabras sonaron convincentes incluso para sus propios oídos, pero el silencio que siguió fue abrumador. Finalmente, Cael habló.

-¿Está dispuesta a someterse a la presión que conlleva trabajar aquí? -preguntó con frialdad, recargándose ligeramente en su silla. Sus ojos parecían retarla, esperando encontrar algún indicio de debilidad.

Axara no vaciló.

-Sí, señor. Estoy acostumbrada a los desafíos y creo que la presión solo impulsa a dar lo mejor de uno mismo.

Cael inclinó la cabeza, como si estuviera considerando sus palabras. Finalmente, hizo un gesto hacia la mujer que había acompañado a Axara.

-Déjela con los formularios. Veremos si es tan competente como dice.

La voz de Cael no dejó espacio para dudas. Axara supo que había superado el primer obstáculo, pero estaba lejos de estar a salvo. Mientras seguía a la mujer fuera de la oficina, sintió cómo su corazón latía con fuerza. Había logrado mantener la compostura, pero la verdadera batalla apenas comenzaba.

Cuando la puerta se cerró tras ella, las demás chicas la miraron con curiosidad. Axara alzó la barbilla, intentando proyectar confianza. Sin embargo, en su interior, sabía que no podía permitirse ningún error.

Esta es mi única oportunidad, y no la voy a desperdiciar, pensó mientras se preparaba para lo que vendría.

Axara llegó a su pequeño apartamento con las manos ocupadas por un par de bolsas del supermercado. Había optado por caminar a casa, necesitaba tiempo para procesar todo lo que había pasado esa mañana en la entrevista. A pesar de los nervios que la habían consumido, lo había logrado: consiguió el puesto. O al menos eso era lo que suponía. Todavía no entendía del todo cómo había convencido a esas personas, y mucho menos al implacable Cael Van Der Wijk.

Cerró la puerta con el pie, dejó las bolsas sobre la pequeña mesa que tenía en la cocina y se quitó la chaqueta. Su apartamento era modesto, apenas un espacio suficiente para ella sola. Pero, a pesar de ser pequeño, era su refugio, un lugar que había conseguido con esfuerzo y donde, por fin, sentía que tenía control sobre su vida, aunque fuera por momentos.

"Bueno, al menos esto me ayudará a salir adelante por un tiempo", murmuró mientras sacaba los productos de las bolsas y los colocaba en el refrigerador. Había comprado lo básico: leche, pan, algo de queso y una pequeña porción de pollo. No podía darse grandes lujos, pero ese trabajo significaba la posibilidad de no tener que volver a preocuparse por si llegaba a fin de mes.

Mientras organizaba las compras, escuchó el sonido característico de una notificación en su celular. Secándose las manos con un paño, sacó el teléfono del bolsillo de su chaqueta. Al desbloquearlo, vio un mensaje que no esperaba recibir tan rápido.

Señorita Milano, bienvenida a Style Van Company. Usted ha sido elegida como asistente personal del señor Cael Van Der Wijk. Debe presentarse mañana a primera hora en la empresa.

Axara soltó un extenso bufido al terminar de leer el mensaje. Dejó el celular sobre la mesa y se pasó una mano por el rostro.

-¿Asistente personal? -dijo en voz alta, dejando que el eco de sus palabras resonara en el pequeño apartamento. No podía creerlo. Cuando se presentó a la entrevista, había entendido que el puesto sería en el área de diseño, algo que se suponía que encajaba con su "experiencia". Pero, ¿asistente personal? Eso no estaba en sus planes.

Capítulo 3 03

"Cuando algo se nota"

Se dejó caer en la silla junto a la mesa, mirando el teléfono como si este pudiera darle una explicación lógica.

-¿Cómo se supone que voy a sobrevivir a esto? -preguntó al aire, frustrada. Asistente personal del jefe más temido de Europa. Excelente, Axara. Esto va a salir muy bien, pensó con sarcasmo.

Respiró profundamente y trató de calmarse. Quizás no era tan malo. Sí, tendría que lidiar directamente con Cael Van Der Wijk, pero eso también significaba que podría aprender mucho, ¿no? Además, el sueldo seguramente sería más alto que el de cualquier otro puesto.

"Solo tengo que mantener la mentira hasta reunir suficiente dinero", se dijo, intentando convencerse a sí misma. Se puso de pie y retomó la tarea de guardar lo que quedaba de las compras.

Mientras colocaba la última caja de leche en el estante del refrigerador, su mente comenzó a divagar. Recordó la intensidad de la mirada de Cael durante la entrevista, cómo parecía escanear cada rincón de su alma con esos ojos grises y fríos. Había algo inquietante en él, una mezcla de poder y peligro que la ponía nerviosa. Pero también había una pizca de admiración. Era innegable que el hombre tenía una presencia arrolladora.

Sacudió la cabeza, tratando de apartar esos pensamientos. No podía permitirse pensar en él de esa manera. Ese trabajo era una cuestión de supervivencia, nada más.

Terminó de organizar todo y decidió que lo mejor sería prepararse para el día siguiente. Sacó la carpeta con los documentos falsificados que había usado en la entrevista y los dejó sobre la mesa. Necesitaba repasarlos, memorizar cada detalle. Si iba a trabajar tan de cerca con Cael, no podía permitirse ningún error.

Después de un rato, cerró la carpeta y se reclinó en la silla, mirando el techo. Había tantas cosas que podían salir mal. Si descubría que no tenía el título que decía, o que jamás había trabajado en las empresas que había puesto en su currículo, todo se derrumbaría.

-Pero no tengo opción -se dijo en voz alta, con un tono firme. Había llegado tan lejos. Ahora no podía retroceder.

Antes de ir a dormir, revisó su pequeño guardarropa, buscando algo que pudiera parecer lo suficientemente profesional para su primer día. Sacó un blazer negro y una blusa blanca, prendas sencillas pero elegantes.

-Esto tendrá que bastar -murmuró mientras las colgaba en el respaldo de una silla.

Ya en la cama, con la luz apagada, Axara se permitió unos minutos para pensar en lo que le esperaba. Por más que intentara convencerse de que todo saldría bien, no podía ignorar el nudo en su estómago. Su nueva vida comenzaría al día siguiente, y estaba lejos de ser como ella la había imaginado.

Con un suspiro pesado, cerró los ojos y se dejó llevar por el cansancio, sabiendo que el próximo día sería uno de los más importantes de su vida.

A la mañana siguiente, Axara no necesitó esperar a que la alarma de su teléfono sonara. Había pasado gran parte de la noche dando vueltas en la cama, atrapada en un torbellino de pensamientos sobre lo que le deparaba el primer día en Style Van Company. Para cuando el reloj marcaba las seis, ya estaba de pie, demasiado nerviosa para quedarse más tiempo bajo las mantas.

Con movimientos mecánicos, preparó un desayuno sencillo: una taza de café negro y unas tostadas con un poco de mermelada. Se sentó en un taburete frente a la meseta de su pequeña cocina, mirando la televisión encendida, aunque no le estaba prestando atención. Las imágenes y sonidos del noticiero matutino pasaban desapercibidos mientras su mente divagaba.

Hoy es el día. Mi primer día como asistente personal del hombre más temido de Europa. La idea la hacía temblar de los nervios, pero al mismo tiempo le daba un extraño impulso de determinación. Tenía que hacerlo bien.

Cada bocado de las tostadas parecía pesado, como si su estómago no estuviera listo para recibir comida, pero sabía que no podía ir al trabajo con el estómago vacío. "Ser impecable, Axara, eso es lo único que importa hoy", se dijo mientras tomaba un sorbo de café.

Una vez que terminó, llevó el plato y la taza al fregadero y las dejó allí. Eso lo limpio después. Ahora tengo que concentrarme en prepararme. Fue directo al baño, encendió la luz y se quedó unos segundos frente al espejo. Su reflejo le devolvió la mirada: ojos ligeramente hinchados por la falta de sueño y una expresión mezcla de miedo y emoción.

-Puedes hacerlo, Axara -susurró, intentando animarse mientras recogía su cabello en una coleta improvisada. Abrió la ducha y esperó a que el agua alcanzara la temperatura adecuada antes de desvestirse y entrar.

El calor del agua sobre su piel fue un alivio inmediato, relajando sus músculos tensos y ayudándola a despejar su mente. Cerró los ojos y dejó que el agua cayera sobre su cabeza, llevándose con ella parte de la ansiedad que la había estado atormentando.

Mientras enjabonaba su cabello, no pudo evitar que su mente volviera a Cael Van Der Wijk. Había algo en él que era difícil de olvidar. Su presencia era imponente, casi sofocante. La manera en que la había mirado durante la entrevista, como si pudiera ver a través de cada mentira que había dicho, todavía le causaba escalofríos.

¿Y si se da cuenta? ¿Y si me delata frente a todos? La pregunta flotó en su mente mientras enjuagaba la espuma de su cabello. No podía permitirse fallar. Necesitaba este trabajo. Era su única oportunidad de salir adelante.

Terminó de ducharse, secándose con cuidado antes de envolverse en una toalla. Regresó al dormitorio, donde había dejado lista la ropa que había escogido la noche anterior: una blusa blanca perfectamente planchada, un blazer negro y una falda lápiz que había comprado en una tienda de segunda mano pero que aún lucía elegante.

Con paciencia, comenzó a vestirse, ajustando cada prenda con cuidado. Luego se sentó frente al pequeño espejo que tenía en la pared para maquillarse. No era experta, pero sabía que un toque de base, delineador y un poco de labial podían hacer maravillas. "Profesional, pero no demasiado", pensó mientras pasaba el cepillo por su cabello, dejándolo caer en ondas suaves sobre sus hombros.

Cuando terminó, se puso de pie y se miró en el espejo de cuerpo entero que había en la esquina de la habitación. La imagen que veía era bastante diferente a cómo se sentía por dentro. Parecía segura, lista para enfrentar cualquier desafío, pero por dentro, sus nervios seguían a flor de piel.

Tomó su bolso, revisó que todos los documentos estuvieran dentro, y respiró profundamente antes de salir de su apartamento. La ciudad estaba despierta, con el tráfico matutino y las personas apuradas por llegar a sus destinos. Axara caminó hacia la parada de autobús con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.

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