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La bailarina del mafioso

La bailarina del mafioso

Autor: : Berryblossom
Género: Romance
Lilia, una bailarina que busca escapar de un pasado traumático, acepta un trato con Nikolai Volkov, un frío y peligroso mafioso que gobierna el bajo mundo de la ciudad. Ella será su "esposa" durante un año a cambio de protección para su familia. Sin embargo, a medida que se ven envueltos en un juego de poder y secretos, Lilia descubre que Nikolai no solo quiere protegerla, sino que la desea obsesivamente.

Capítulo 1 1

El club clandestino vibraba con el estruendo del jazz desafinado que resonaba entre las paredes de ladrillo rojo. La atmósfera cargada de humo hacía juego con las miradas codiciosas de los hombres que llenaban el lugar. Todo en aquel lugar gritaba peligro, y Lilia lo sabía. Pero seguir allí era un mal necesario.

-Te pedí que bailaras para ellos, Lilia, no que tomes decisiones por tu cuenta -el jefe del club, Valentín, golpeó la mesa con fuerza, sus ojos oscuros reflejando su impaciencia.

-No soy un objeto, Valentín. No voy a bailar para un grupo de desconocidos solo porque tú quieras mantenerlos contentos. Ya hago suficiente -replicó ella, su voz firme aunque sus manos temblaban de furia contenida. Había lidiado con hombres como él toda su vida; hombres que confundían su fuerza con una invitación para doblegarla.

El enfrentamiento provocó que varias cabezas en el lugar se giraran hacia ellos, pero fue una mirada en particular la que quedó clavada en Lilia. Nikolai Volkov, sentado en una esquina oscura del club con un vaso de vodka en la mano, no apartó los ojos de ella ni por un momento. Había llegado esa noche por simple rutina, pero ahora se encontraba maravillado por el fuego que emanaba de aquella mujer que desafiaba a su jefe sin temor aparente.

El espectáculo comenzó pocos minutos después. Lilia, aunque furiosa, tomó el escenario como si controlara cada rincón de él. Su vestido rojo flamenco se movía con ella como una llama viva, acompañando cada pisada fuerte, cada giro elegante. Sus ojos, oscuros y cargados de tristeza, nunca se encontraron con el público directamente, pero encerraban mundos enteros. Y Nikolai, siempre frío e imperturbable, sintió cómo algo dentro de él se tambaleaba. Jamás había visto tanta ferocidad y melancolía coexistiendo de esa forma. No podía apartar la mirada.

Cuando el espectáculo terminó, ella desapareció tras bambalinas. Nikolai no pidió permiso; no era su estilo. En su lugar, simplemente dio una señal a dos de sus hombres. Lilia, apenas alcanzaba a quitarse los tacones detrás del escenario cuando escuchó el ruido seco de la puerta siendo cerrada de golpe. Tres figuras oscuras y amenazantes la rodearon.

-¿Qué es esto? ¡Déjenme en paz! -exigió, aunque sus palabras parecían rebotar en el aire pesado de la habitación. Las respuestas no llegaron, solo gestos para que los siguiera. Después de unos largos instantes de resistencia, entendió que no tenía opción. Una vez fuera del club, la noche fría la recibió de golpe mientras los hombres la escoltaban hasta un auto negro.

Dentro del vehículo, se encontró con Nikolai. Su porte intimidante y esos ojos azules, casi glaciales, no daban indicios de maldad. En cambio, parecían analizar cada parte de ella como si intentaran resolver un enigma.

-¿Qué quieres conmigo? -preguntó Lilia, cruzándose de brazos para ocultar su nerviosismo.

-Protegerte -respondió él con un tono calmado pero firme. Era la primera vez que él rompía su muro de silencio, y sus palabras, crípticas, dejaron a Lilia más confundida que tranquila.

Fue entonces cuando Nikolai le explicó lo que sus hombres habían descubierto: Aleksei Romanov, un mafioso conocido por su brutalidad y por destruir todo lo que tocaba, había vuelto los ojos hacia ella. La responsabilidad de su familia -deudas, compromisos rotos- había caído irremediablemente sobre sus hombros, y Romanov no era el tipo de hombre que aceptara excusas.

-Yo me encargo de él. Pero con una condición: de ahora en adelante, eres mía -le dijo Nikolai, inclinándose ligeramente hacia ella, su presencia tan intensa que hacía difícil recordar cómo respirar.

Lilia lo miró, su primer impulso de rechazarlo quedó atrapado en su garganta. Sabía que no estaba segura con ningún hombre. Sin embargo, algo en Nikolai le hizo dudar, como si su frialdad escondiera alguna chispa de humanidad todavía intacta. Entre el peligro de Aleksei y el enigma que era Nikolai, las certezas se desdibujaban, dejándola atrapada entre dos males.

Capítulo 2 2

-He investigado sobre ti. Sé de tu talento como bailarina, sé del esfuerzo incansable que haces para cuidar de tu familia. Y también sé que estás al borde del colapso financiero y que tienes a tu hermana en la cárcel por culpa de un mafioso.

Lilia se tensó. Que este hombre supiera tanto sobre ella la ponía en guardia, pero no sabía cómo escapar de lo que parecía ser un interrogatorio calculado.

-¿Qué es lo que quiere de mí? -preguntó, tratando de sonar fuerte, aunque su corazón latía con fuerza.

Nikolai la miró directamente a los ojos, con una intensidad que parecía perforar cualquier barrera que intentara construir.

-Quiero ofrecerte un trato. Necesito que seas mi esposa durante un año, alguien que esté bajo mi protección completa. A cambio, me aseguraré de que tú y tu familia nunca tengan que preocuparse por nada.

El silencio era casi ensordecedor. Lilia no sabía cómo reaccionar. La propuesta era tan inesperada como asfixiante.

-¿Esposa? -repitió, confundida.- ¿Qué le pasa?

-Significa que estarás a mi lado en eventos, reuniones, y en mi vida cotidiana -explicó Nikolai, con un tono que no daba espacio a negociaciones.- No se necesita amor ni compromiso sentimental, pero habrá lealtad absoluta. En mi mundo, eso lo es todo.

Lilia sintió una oleada de emociones confusas. Cada fibra de su ser le gritaba que aquello era peligroso, que no debía siquiera considerar aceptar. Sin embargo, el peso de las circunstancias la mantenía plantada en esa silla. Necesitaba ayuda, y sabía que Nikolai podía cumplir su promesa.

-¿Por qué cree que aceptaré? Está muy confiado... Esto puede costarte más de lo que vale -murmuró, más para sí misma que para él.

Nikolai ladeó la cabeza, evaluándola con una mezcla de intriga y algo más oscuro.

-Ya viví suficiente oscuridad, Lilia. Esto no será peor que nada de lo que hayas enfrentado antes.

Contra su instinto, contra todo deseo de libertad, Lilia aceptó. Pero lo que no entendía en ese momento era que ese simple "sí" cambiaría su vida de formas que aún no podía imaginar.

Lilia no tuvo tiempo de reaccionar. Apenas sintió el tirón firme de sus captores, se encontró siendo escoltada hacia el exterior del club y empujada dentro de una limusina negra. El lujo del interior contrastaba violentamente con la oscuridad en la que se encontraba su vida. Los asientos de cuero, el suave zumbido de la calefacción... nada podía calmar su mente mientras ya planeaba cómo escapar de esa trampa.

-¿Crees que esto va a funcionar? -soltó, retadora, al hombre que la observaba desde el otro extremo del auto. Los ojos azules de Nikolai eran como un océano en calma, pero sus palabras tenían el filo de un arma.

-Deja de perder energías planeando un escape, Lilia. Ya aceptaste. No hay vuelta atrás -respondió Nikolai con voz grave, casi sin emociones. Sabía que ella estaba analizando cada detalle, desde las puertas hasta el posible conductor. Pero también sabía que no tenía ninguna oportunidad.

El trayecto fue breve. Poco después, Lilia fue escoltada hacia la impresionante sala de reuniones de Nikolai. La combinación de mármol oscuro y ventanales enormes le daba a la habitación un aire intimidante, pero lo que más perturbaba a Lilia era la presencia impasible de Nikolai, quien la examinaba como si buscara atravesar su fachada y descubrir el secreto que guardaba.

-Quiero que me hables sobre Aleksei -dijo Nikolai, sin rodeos. No tenía tiempo para juegos, pero no iba a forzarle respuestas. Todavía no.

-No tengo nada que decirte -replicó ella, levantando el mentón con desafío.

Nikolai la miró en silencio por un largo instante antes de moverse con la gracia de un depredador hacia su escritorio. Presionó un botón y llamó a uno de sus hombres.

-Investígalo todo. Quiero saber exactamente qué busca Aleksei con ella -ordenó, sin siquiera mirar a Lilia. El hombre asintió y salió de inmediato.

Lilia sintió una mezcla de alivio y rabia. Por un lado, le aterraba que desenterraran los secretos que había hecho todo lo posible por mantener ocultos. Por el otro, le enfurecía cómo Nikolai asumía el control sin consultarla, como si su vida fuera un simple juego de poder.

-No tienes derecho... -comenzó a decir, pero Nikolai la interrumpió.

-Tengo todo el derecho -contestó, girándose para enfrentarla. Su voz se mantuvo calmada, pero había algo en su tono que no admitía réplica. -Tu vida ya no te pertenece, Lilia. Ahora es mía.

Lilia dio un paso hacia él, con los ojos encendidos de ira.

-No necesito tu protección -dijo con firmeza, tratando de mantener la compostura. Nikolai sonrió, pero no era una sonrisa amable. Era un gesto que parecía decirle que él ya había escuchado todas las variaciones de esa frase antes.

-Escucha algo, Lilia -dijo él, esta vez acercándose lo suficiente como para que sintiera el peso de su presencia-. Si no es conmigo, Aleksei te destrozará. Y créeme, no eres lo suficientemente fuerte para enfrentarlo por tu cuenta. Nadie lo es.

El silencio se apoderó de la habitación, con Lilia enfrentando su mirada implacable. Ella intentaba encontrar alguna fisura en su armadura de hielo, pero lo único que veía era determinación. Nikolai no retrocedía, no ofrecía consuelo, pero tampoco mentía.

Minutos después, uno de sus hombres regresó, hablando en voz baja al oído de Nikolai. La confirmación llegó: Aleksei la estaba buscando por una deuda millonaria de su familia. Un problema aparentemente sencillo, que ahora tenía un grado de complicación que Nikolai no podía ignorar.

Sin añadir una palabra más, Nikolai se giró hacia Lilia, intrigado e incapaz de apartar la mirada. Había algo en ella, algo que resonaba con una tristeza y una fuerza indescifrables, que empezaba a encender en él un retorcido sentido de posesión. Sus palabras finales, aunque ásperas, no dejaban lugar a dudas.

-Aleksei no volverá a acercarse a ti mientras estés bajo mi protección. Y por lo que veo, no tienes otra opción. Ahora me perteneces.

Lilia lo miró con furia contenida, pero por primera vez, no le devolvió el golpe. La realidad era ineludible, y por mucho que le doliera admitirlo, sabía que Nikolai tenía razón. La pregunta, sin embargo, seguía siendo: ¿qué costo tendría esa protección?

Capítulo 3 3

Nikolai había escogido el lugar con cuidado. Un almacén abandonado, lejos de las miradas curiosas y empapado con el aire de peligro que le convenía a la ocasión. Las paredes desgastadas y el eco de cada paso daban a la reunión un aura de tensión que era casi palpable. Lilia lo seguía de cerca, obligada por los hombres de Nikolai, quien no parecía dispuesto a dejarla escapar de su control. Ella había jurado no mostrar miedo, pero cada movimiento de la noche la estaba poniendo a prueba.

-¿Por qué debo estar aquí? -exigió saber, con la voz firme pero la mirada nerviosa moviéndose entre las sombras del lugar.

Nikolai no la miró, pero su tono fue inamovible. -Es mejor que veas por ti misma cómo funcionan estas cosas. Así, la próxima vez pensarás dos veces antes de desafiarme.

Antes de que pudiera replicar, las enormes puertas metálicas se abrieron con un chirrido y un grupo de hombres entró en formación meticulosa. En el centro, Aleksei Romanov avanzaba con la seguridad de un depredador en su territorio. Sus ojos se posaron en Lilia un momento, y la sonrisa en su rostro tenía algo de triunfo y crueldad. Ella se estremeció involuntariamente.

-Nikolai -dijo Aleksei, abriendo los brazos como si saludara a un viejo amigo. -Parece que tenemos un asunto pendiente entre nosotros. Y creo que sabes por qué estoy aquí.

Lilia sintió la mirada de Nikolai, pero él no se movió. Con una calma aterradora, respondió:

-Si viniste para hablar sobre la deuda, estás perdiendo tu tiempo.

Aleksei soltó una carcajada fría y cruzó los brazos.

-No estoy perdiendo el tiempo, Nikolai. Estoy aquí por lo que es mío. Lilia es la garantía de esa deuda, y no creo que tengas derecho a interferir.

Nikolai finalmente se giró hacia él, dejando clara la frialdad en su mirada.

-Te equivocas. Ella ya no es tu problema, Aleksei. Lilia está bajo mi protección ahora, y no permitiré que nadie toque un cabello de su cabeza.

El aire en el almacén se volvió más pesado. Aleksei avanzó un paso, sus hombres ajustándose instintivamente a su alrededor.

-¿Eso significa que estás dispuesto a la guerra por ella? Porque si ese es el caso, déjame asegurarte que estás jugando una partida peligrosa, Nikolai.

Antes de que Lilia pudiera reaccionar, Nikolai dio un paso al frente con una velocidad que desarmó a uno de los hombres de Aleksei. La pistola cayó al suelo con un estruendo metálico, y el silencio que siguió fue ensordecedor. Nikolai se enderezó, dejando la pistola a un lado, y sonrió apenas un poco.

-Ella no es un objeto para comerciar, Aleksei. Y si insistes en esto, pagarás con sangre -sentenció, con la calma de alguien que sabía que tenía la ventaja.

Aleksei observó la escena con los labios apretados, sus ojos moviéndose entre Nikolai y Lilia. Finalmente, dio un paso atrás, mirando a Nikolai con furia contenida.

-Esto no ha terminado, Volkov. Te arrepentirás de esta decisión.

Sin más, giró sobre sus talones y salió del almacén con sus hombres siguiéndolo de cerca. El eco de sus pasos se desvaneció poco a poco, dejando a Nikolai y Lilia solos en el almacén vacío.

El corazón de Lilia latía con fuerza, pero trató de mantener la compostura cuando Nikolai se giró para mirarla. Él no dijo nada, pero en sus ojos había una mezcla de determinación y algo más, algo que ella no pudo descifrar del todo. Era como si estuviera estudiándola, buscando algo que aún no entendía.

-Esto no cambia nada -dijo ella, finalmente rompiendo el silencio. -No necesito tu protección.

Nikolai esbozó una sonrisa fugaz, más peligrosa que tranquilizadora.

-Lo que necesites ya no importa, Lilia. Ahora estás conmigo, y mientras sea así, nadie te tocará. Pero recuerda esto: si intentas huir, Aleksei no será el único problema que tendrás que enfrentar.

Las palabras de Nikolai fueron una advertencia y una promesa al mismo tiempo. Y aunque Lilia odiaba admitirlo, algo en su interior le decía que estaba entrando en un mundo del que podría no salir jamás.

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