Hoy se cumple un año más de la muerte de Ana, la mujer de la vida de Harold. Ana estuvo enferma por algún tiempo, tenía un problema en el corazón. Un día, no se pudo más y su cuerpo cedió.
Harold no ha salido con ninguna otra mujer, Ana fue su gran y único amor.
Sus sobrinos Alexander y David, que se la pasan viendo la computadora, vieron por internet un sitio de citas para personas de la tercera edad.
"Oye Alexander deberíamos inscribir a mi tío Harold en este centro de citas".
"Nos matarla ese señor".
"Ya hace diez años que se murió la tía Ana y Harold no ha salido con nadie. Ya es hora que le demos una manito", dice David.
"Y crees que le conseguiremos una novia aquí?".
"Vamos a probar. Además aquí dice que si Harold se compromete con la mujer que le consiga ganará un millón de pesos de premio".
"Guao. Bueno vamos a intentarlo pero se lo decimos al tío después que le consigan la novia no vaya a ser que ese hombre nos mate", Alexander sabe que, en serio, Harold los golpearía.
Y así comienzan Alexander y David a llenar el formulario de inscripción. Nombre, apellido, dirección, edad.
Todo está listo y solo falta presionar el botón de enviar. Y hay va, ya está listo.
Pasan varios días hasta que llega a la computadora un mensaje de Gmail que dice 'Su solicitud ha sido aceptada'.
"Alexander, mira, llegó un mensaje".
"¡Aceptado!".
La señora elegida es Irma que tiene sesenta y ocho años. Es madre soltera y maestra jubilada que crió a dos hijas, Judy y Jannet. Ahora están solas y viven por su cuenta.
Judy es diseñadora gráfica y trabaja en una revista local en el departamento de marketing. Le encanta lo que hace y dedica todo su tiempo a trabajar.
Por otro lado, Jannet es repostera y tiene un pequeño negocio en el centro, tiene una pequeña de cinco años llamada Arianna, la consentida de la abuela. Ambas viven cerca de su mamá y se preocupan por ella. Irma es su ejemplo de vida.
Alexander y David están emocionados y quieren contar a su tío lo que hicieron pero no saben cómo. Así que le dicen a su hermana Sara que los ayude.
"Ustedes están locos? Cómo se les ocurrió semejante cosa?".
"Harold necesita salir, compartir su vida con otra mujer", le dice David quien siempre es el más osado y se le ocurre este tipo de ideas
"Vamos hermanita, ayúdanos. Si no funciona, qué perdemos?", dice Alexander.
"Bueno, le voy a hacer un almuerzo el fin de semana y aprovechamos de decirle, pero se lo dicen ustedes. Y más vale que el tío Harold lo tome bien".
Y así, como siempre, Sara tiene que enmendar lo que hacen sus hermanos.
Desde pequeños Sara siempre ha sido la que defiende y ayuda a sus hermanos. Ella es la mayor de los tres por eso actúa como su salvadora.
Y cómo no si Alex y David siempre están metidos en problemas por andar inventando.
Sara está casada con un buen hombre llamado Carlos. Se quieren mucho aunque todavía no tienen hijos. Pero en el futuro tendrán como doce, dice Carlos.
Sara le va a preparar a Harold la comida que más le gusta: los tacos mexicanos.
Sara lo prepara muy bien. Lo aprendió de su madre que hace tiempo también murió y que, como dice Sara, le dejó todo lo mejor de ella.
Harold mientras tanto pasa su día jugando ajedrez con sus amigos Luis, Henry y Roberto. Se conocen desde hace mucho. Son compadres, amigos y hermanos.
Sara llama a su tío para hacerle la invitación.
"Tío estás invitado este fin de semana a mi casa, te invito a almorzar".
"Claro Sarita, tengo tiempo que no voy a tú casa y sabes que me encanta como haces la comida".
"Siempre es un placer tío. Van a venir los muchachos también".
"Ha. Entonces voy a tener que llegar temprano porque sino me dejan sin nada, porque esos dos viven para comer. Por eso no se han casado".
"Es verdad tío", dice Sara mientras se ríe de las cosas de su tío.
"Entonces te espero tío, no vayas a fallar".
Harold ama a su sobrina y nunca la dejaría embarcada.
En ese momento llega Carlos del trabajo. Él tiene un taller mecánico y le gusta mucho su trabajo.
Sara le dice a a su esposo que el fin de semana Harold y los muchachos están invitados a comer.
"Qué hicieron ahora David y Alexander, porque seguro que hicieron algo y tú lo tienes que remediar".
"Cómo se te ocurre eso. Solo vienen a comer".
Pero Carlos conoce a su esposa y sabe que algo pasa.
"¿Qué hicieron?".
"Bueno, eh", titubea Sara.
"Sara dime, no quiero sorpresas después".
"Nada, mi amor, tranquilo".
Carlos no insiste más pero mejor se prepara para cualquier sorpresa que haya.
Amanece el sábado y Sara está muy ocupada preparando la comida. Carlos la ve cada vez que pasa cerca de la cocina, él sabe que pasa algo sospechoso.
En algún momento se le pasa por la mente que Sara está embarazada y no se lo quiere decir aún.
Y, curiosamente, ese es el mismo pensamiento que tiene Harold.
"Harold, vamos al club en la tarde para jugar?", pregunta Henry para recordarle a Harold que tienen una cita para jugar como todos los sábados.
"Voy más tarde Henry porque Sarita me invitó a comer."
"Que bueno. Sarita siempre te ha querido como un padre".
"Sí. Me dijo que también invitó a David y a Alexander así que tengo que llegar temprano porque sino se lo comen todo".
"Será que tiene que decirles algo importante?", dice Roberto.
"¿Será que está embarazada?", les dice Luis para terminar de despertar la curiosidad.
"Yo también estaba pensando en eso. Cuando termine de almorzar nos vemos y les cuento".
Y así Harold se despide para cambiarse de ropa para que le dé tiempo de llegar temprano a la casa de Sara.
Llegan Alexander y David, Sara tiene casi todo listo. Alexander y David están un poco asustados pero saben que Sara lo tiene todo bajo control como siempre.
A los pocos minutos llega Harold y trae consigo dos flores azules que compró para Sara.
"Tío, gracias. Están bellas. Sabes que me encantan las flores azules".
"Lo sé. Por eso te las traje".
Se dan un beso cariñoso y Harold saluda a todos. Alexander y David sonríen y se miran. Carlos los mira a los dos y se pregunta qué se traerán entre manos todos.
Comienza la comida, todos están muy callados y se miran unos a otros así que Sara tiene que romper el silencio.
"Tío y cómo está el ajedrez?".
"Bien hija, como siempre gano yo".
"Has pensado alguna vez en salir con una chica?".
"No hija, ya no estoy para esas cosas. Su tía fue mi único amor".
"Bueno tío sé que la quisiste mucho pero, ¿nunca pensaste en rehacer tu vida?".
"Con quién? No conozco a ninguna que la pueda sustituir".
"Y si te conseguimos una novia?", pregunta David.
Todos se miran y en especial Carlos que no sabe qué pasa con todos y mejor ni pregunta.
Harold le dice a su sobrino:
"No inventes. Las novias no se consiguen en internet".
Y Alexander, que ya no se puede guardar el secreto, dice:
"Pues ya te conseguimos una en un sitio de internet*.
Oh no! Carlos casi se ahoga del susto. Y la cara de Harold es todo un poema.
"¿Qué hicieron qué?".
Bueno, ahora tienen que decir toda la verdad.
"No te molestes tío, espera a que te explique", interrumpe David.
"Es que queremos que pruebes a salir con otra mujer".
"Están dementes? Cómo voy a salir con una mujer que no conozco?".
"Bueno, de eso se trata, de que se conozcan".
"Tío van a darte un millón del pesos si sales con una señora y se comprometen. Inténtalo", dice Alexander.
"No, no quiero eso, no estoy preparado. No me mencionen más ese tema ".
Así finaliza Harold la conversación.
Luego de salir de la casa de Sara, Harold va al club y se encuentra con sus amigos que ya están allá y han comenzado a jugar.
"Cómo te fue en la comida", pregunta Luis.
"Sí, cuál era la sorpresa?", sigue Henry.
"¿Sí está embarazada Sarita?", agrega Roberto.
"No, nada de eso", contesta Harold un poco molesto.
"Bueno, pero qué pasó entonces porque te ves algo molesto", indaga un poco más Luis.
"Seguro llegaste y Alex y David ya se lo habían comido todo", menciona Roberto causando un poco de risa.
"No, nada de eso. Lo que pasó es que los tontos sobrinos míos me inscribieron en un sitio de citas por internet y ahora quieren que salga con una mujer que ni conozco".
Todos quedan en silencio por unos segundos hasta que Henry pregunta:
"Bueno, y ¿qué vas a hacer?".
"Pues nada. No pensarás que voy a hacer semejante locura".
"Pues a mi no me parece tan mala idea", dice Luis.
"Entiende, no puedo hacer eso. Por muchos años no he salido con nadie. La única con la que salí fue con Ana y desde que se murió no he vuelto a hacer algo así".
"Pues ya es hora de que empieces. ¿Qué hubiera querido Ana que hicieras, que te quedaras el resto de tu vida solo?", le dice Henry.
"¿Quieres envejecer solo y amargado?", agrega Roberto.
"De todas maneras ellos lo están haciendo por dinero. Dicen que van a pagar un millón de pesos si la cita se concreta".
"¡Un millón de pesos! Hasta yo me quiero inscribir", le dice Henry pero él está casado con Helen, así que ni lo piense.
"David y Alexander me deberían inscribir también a mí. Desde que me divorcié de la bruja de mi esposa no me he vuelto a comprometer con nadie", así dice Luis que se divorció de su esposa hace varios años.
"Yo lo pensaría, de todas maneras qué vas a perder. Si no te gusta no se pierde nada,", le sugiere Henry.
"Solo te pierdes un millón de pesos", le recuerda Luis.
"Y si te gusta te ganas una esposa y un millón de pesos,", agrega Roberto.
A Harold sigue sin gustarle la idea pero lo va a pensar. Tal vez sus amigos tienen razón.
Pasan los días y Sara y sus hermanos están todavía esperando la respuesta de Harold.
Harold va a la casa de Alexander y David, que viven juntos, para hablar con ellos y aprovechar la oportunidad de reclamarles por meterlo en eso de las citas por internet.
"Bueno, expliquenme cómo es esto pero esto no quiere decir que acepte".
Empieza hablando David que, según su tío, es el más responsable.
"Bueno tío es solo una cita. Si todo sale bien te pagan un millón de pesos, pero si no quieren continuar con la cita no pasa nada".
"Ustedes saben que no me gusta nada estas cosas, no entiendo nada de eso del citas por internet. En mis tiempos uno conocía a la muchacha, le llevaba flores y después era que se comprometía con ella y solo si tenía la bendición de los padres".
"Bueno tío ahora todo es moderno. Las novias se pueden conseguir por internet. Y ya no hay que llevar flores", dice Alexander.
"Claro y con razón ustedes no tienen novia, par de vagabundos".
David continúa con la explicación:
"En fin tío, la cosa es que ellos te asignan una señora que se adapte a tu perfil y que te pueda gustar".
"Abe María purísima, como cambian las cosas. Y ya me consiguieron una mujer?".
"Claro tío. ¿La quieres conocer?".
Harold se lo piensas un momento pero la curiosidad mató al gato y decide echar un vistazo.
"Bueno, vamos a ver. Pero si no me gusta no voy".
"Te va a gustar tío, ya verás", sigue David muy animoso.
"Aquí está, ven para que la veas".
Sin embargo Harold no quiere ver cómo es la mujer.
"No, mejor no la veo porque si no me gusta después. No, mejor dime el nombre y dónde nos vamos a ver".
"Bueno tío se llama Irma, tiene sesenta y ocho años, es maestra jubilada. Se ve muy bonita y elegante la señora".
"Yo podría salir con ella", dice Alexander animando un poco a su tío.
"Pues debería hacer que ustedes salgan con ella a ver si se les pasa lo inventores y se consiguen novia".
Los muchachos lo que hacen es reírse de Harold.
"Pero tío pareces un adolescente en su primera cita".
"Bueno después de tanto tiempo que esperaban ustedes. Su tía fue la última mujer con la que salí".
"Se van a conseguir en el centro comercial", sigue diciendo David.
"Y mira aquí dice cómo va ir vestida ella: blusa roja con pantalón de jeans blancos. Debes grabar eso y el nombre", agrega Alexander.
"Bueno no creo que se me vaya a olvidar. Se llama cómo?".
"Irma tío. Creo que te lo vamos a tener que anotar".
"No se me va a olvidar. Irma".
"Bueno tío, ya sabe. La cita es el sábado a las dos".
"Tienes que ser puntual tío*, le recuerda David.
Llega el día más esperado por todos menos para Harold. Este día se levantó temprano, no ha dormido bien pensando en la cita de hoy.
"¿Qué me voy a poner?".
Esta es la pregunta que Harold tiene en su cabeza desde que se despertó. Tiene una camisa bonita de rayas azules.
"No, esta no. El azul era el color que más le gustaba a Ana".
Y descarta la primera. Luego hay una de cuadros.
"Muy informal", se dice Harold. Y así descarta una y otra. Parece que necesita un poco de ayuda.
Por otro lado, en casa de Irma todos están muy emocionados. Irma fue quien se inscribió en esta página y cuando se lo dijo a las muchachas ellas se sintieron felices por su mamá. Ella tenía tiempo que no pensaba en esto de salir con alguien, para ellas fue una buena idea.
Este día Judy y Jannet y también Arianna están en casa de su mamá.
"Mamá me parece maravilloso que hayas hecho esto. Te ves muy feliz", así le expresa Judy su alegría.
"Sí mamá, estoy muy feliz por ti", le dice también Jannet.
"¿Ustedes creen que le gustaré?".
"Claro. Si no, entonces es ciego".
Arianna es pequeña pero una niña avanzada para sus cinco años.
"Abuela, ¿te vas a ver con un novio?".
"Bueno, aún no somos novios. Pero, vamos a conocernos y después te cuento".
Arianna le regala una sonrisa a su abuela y sigue jugando con los adornos que están en la mesa.
"Ya tienes todo listo mami, la ropa que te vas a poner y la colonia que vas a usar?", pregunta Judy siempre tan perfeccionista.
"Claro hija. Tú sabes que yo todo lo tengo en orden".
"Y, ¿ya sabes cómo se llama el hombre con el que te vas a conseguir?", pregunta Jannet.
"Sí. Miren, lo tengo aquí en la computadora".
Todas se acomodan en el sofá y miran la foto y los datos de Harold.
"Oh, vaya es muy guapo", exclama Judy.
Jannet nota que Harold no colocó con qué ropa se va a presentar.
"Cómo lo vas a reconocer mami? Tienes que estar muy pendiente cuando lo veas", le recuerda Jannet.
"Bueno linda me imagino que él me va a reconocer y aquí tengo la foto. De todas maneras no olvides que hay un millón de pesos de por medio".
"Ah pues sí. Seguro te reconocerá".
Todas se ríen. Irma se levanta para calentar un café y repartir galletas.
En casa de Harold las cosas no están tan bien. Harold aún no se ha decidido sobre qué camisa usará.
David y Alexander están allí para darle algo de ayuda. Ya son las diez de la mañana y todavía no saben qué se va a poner. Parece que necesitan más ayuda y para eso llaman a Sara. Ella siempre tiene la manera de convencer a su tío y hacerlo sentir bien.
Adicional a todo esto también se vinieron Henry, Roberto y Luis que no se podían perder este momento y dar su opinión.
"Tío ponte tú camisa azul clara con la corbata azul marino igual que tus pantalones nuevos. Te verás elegante y a mi tía Ana le encantaba que te vistieras de azul", así es como Sarita convence a Harold.
"Es verdad linda. Pensé en no ponerme el azul porque me recuerda a Ana, pero es mejor que ella vaya conmigo", y así se resuelve la situación.
Harold ya está listo para salir a cumplir con su cita. Todos le dan recomendaciones de cómo debe actuar cuando se encuentre con Irma pero Harold no escucha nada de lo que le dicen.
Mientras en casa de Irma todo está bajo control. Irma ya está lista y las chicas están felices por ella.
"Mamá estás hermosa. Seguro lo vas a conquistar".
"Gracias mi Yudy querida. Te amo".
A Harold lo va a llevar Carlos y la idea es que lo deje en la entrada del centro comercial y vuelva a casa. Eso es lo que le ha dicho Sara.
Por supuesto, los demás piensan que sería mejor quedarse con él para ver lo que pasa, pero Sara no lo va a permitir.
Irma por otro lado tiene su propio carro, así que se sube en él y se dirige al centro comercial.
"Recuerda tío tú cita va vestida: con blusa roja con pantalón de jeans blancos. No te confundas", le repiten los muchachos.
"Sí ya sé, ya sé. Ustedes me confunden más", dice Harold.
Por fin van en camino. Irma toma la autopista principal. Hay un poco de cola pero ella va con suficiente tiempo. Así que no hay angustia.
Por fin llega y se da unos retoques frente al espejo, se estaciona y sube para el lugar de encuentro cerca de la heladería 'Ice Cream'. Se sienta y espera con paciencia.
Harold también llega y sube a la heladería... Oh, ya lo olvidó.
"Heladería qué me dijeron?".
En este centro comercial hay dos heladerías y Harold no puede recordar cuál es la del encuentro. No quiere llamar a sus sobrinos.
Así que decide esperar en la heladería del primer piso hasta que llegue la mujer con la ropa indicada. Si no llega entonces subirá a la del segundo piso.
Espera unos minutos y de repente entra la dama con blusa roja y pantalón de jeans blancos.
Tiene el cabello lila. Realmente es blanco pero se lo pintó lila como las mujeres modernas. Le queda muy bien.
"Vaya, es hermosa", se dice Harold.
La dama mira las vitrinas y Harold se le acerca a paso lento mientras traga un poco de saliva.
"Hola", dice Harold con voz suave.
"Hola", responde ella con una sonrisa en los labios.
"Mi nombre es Harold".
"Un placer. Me llamo Hilda".
Hilda, ese no fue el nombre que le dieron a Harold pero, por supuesto él está tan fascinado con ella que no se ha dado cuenta.
Hablan un rato sobre moda y las mejores telas y luego Harold le dice a Hilda:
"¿Deseas un helado?".
"Claro, aunque preferiría mejor un café con leche y un pedazo de torta".
"Tienes razón. Vamos a la panadería".
Hilda acepta muy feliz.
Hilda es una mujer de casi la misma edad de Harold. Es una mujer independiente. Estuvo casada pero su esposo la dejó por una mujer más joven.
Desde entonces Hilda pasa de su trabajo a su casa y de vez en cuando sale con sus amigas Magaly y María Eugenia o Mariu como las llaman todos.
Irma aún espera sin entender qué pasó. Después de media hora decide caminar un poco por el centro comercial y entra en la panadería por un café y sale.
Hilda y Harold están muy concentrados uno en el otro que no notan la presencia de Irma.
Pasan las horas y Harold e Hilda caminan por el centro comercial conversando y conociéndose un poco.
"Bueno, ya es muy tarde y debo irme", menciona Hilda mientras mira el reloj.
"Sí, como han pasado las horas. No lo había notado. Te acompaño para tu casa?", Pregunta Harold.
"Por supuesto. Vivo aquí detrás del centro comercial".
Así Harold acompaña a Hilda hasta la entrada del edificio donde vive. Se despiden y Harold le da un beso en la mano como los caballeros de tiempo atrás.
Irma ya ha llegado a su casa y escribe en el sitio de internet que su cita no llegó.
"Buenas noches madre. ¿Cómo te fue en tu cita?", pregunta Jannet en un mensaje.
"Hola linda. Bueno no me fue tan bien, mi cita no llegó".
"¡En serio! No puede ser. Escribe a la agencia para saber qué pasó".
"Es lo que acabo de hacer. Y mi pequeña Ari?".
"Ya está dormida mami. Nos vemos mañana y me cuentas qué te dijeron en la agencia".
"Sí hija. Que descanses".
Harold llega a casa de Sara muy emocionado y con una gran sonrisa.
Todos se miran mientras ven a Harold con cara de felicidad, una cara que no tenía en bastante tiempo
"Esto es lo mejor que me ha pasado. Ella es hermosa".
Todos están felices por Harold ansioso de saber lo que sucedió.
"Y, ¿cómo te fue?", pregunta Sara.
"Muy bien. Hilda es maravillosa.
Hilda? Ese no era el nombre que le habían dado.
"Hilda? La mujer de tu cita se llama Irma no Hilda".
"¿Ah no? Ella me dijo que se llamaba Hilda".
"Rayos tío, será que te equivocaste?", pregunta David con ojos de sorpresa.
"Vamos a buscar en la computadora".
Alexander trae la computadora, entra en el sitio y hay un mensaje que dice:
"Su cita no se cumplió. Usted tiene otra oportunidad para programar otra salida o puede perder los beneficios que le otorgará el programa".
"Tío te equivocaste. Y ahora, ¿qué podemos hacer?" , pregunta Alex.
"Podemos hacer otra cita", sugiere David.
"Y cómo voy a salir con las dos?".
"Nosotros te ayudaremos", afirma Luis.
"Vamos tío. Tenemos que ganar el dinero, son mil pesos", le recuerda Alexander.
"Ahora sí se complicó todo esto", menciona Harold terriblemente preocupado.
"Bueno sal con las dos. Así recuerdas tus viejos tiempos", menciona Carlos.
Sara solo lo mira y lo quiere golpear.
"Claro, esa idea no está tan mala. Podemos hacer eso y así no tienes que dejar a la mujer que te gustó y seguimos concursando por el premio", menciona David.