- Diez, nueve, ocho...
Se escuchaba una voz femenina suave en un susurro, el reloj de la pared decía que las dos de la tarde estaban por llegar.
- Siete, seis, cinco, cuatro...
Los segundos se volvían eternos para Mon quien continuaba seleccionando botellas de PET por colores en una barra industrial para que se pudieran reciclar
- Tres, dos, uno... ¡Por fin, dos años!- dijo en voz baja mientras lanzaba un pequeño brinquito, la chicharra del cambio de turno sonó, la barra paró su movimiento y los operadores fueron saliendo en órden. Una vez en los vestidores de mujeres, Mon se comenzó a retirar su uniforme: un overol de mezclilla con el nombre de la empresa de plásticos, sus guantes, su cofia y sus lentes de seguridad. Una sonrisa adornaba su rostro ligeramente maquillado que resaltaba sus ojos cafés y su piel apiñonada; soltó su larga y gruesa cabellera color negro que enmarcaba su carita adolescente, se puso de inmediato una blusa morada que resaltaban sus redondos pechos y un pantalón de mezclilla que marcaba sus pompas y sus piernas torneadas.
- Mon, felicidades, ya cumpliste dos años aquí- le decía una compañera suya que le llevaba unos diez años, Mónica era la más jóven.
"Felicidades, échale ganas, muy bien" se escuchaba en el vestidor por parte de sus compañeras, ella solo agradecía, de repente en el altavoz se escuchó: "Mónica Castillo Trejo favor de pasar a recursos humanos".
Mónica terminó de vestirse y se marcó el delineado para verse más presentable, tomó su mochila y se fue muy contenta a la oficina de recursos humanos, ella sabía que cuando era el día del cumpleaños de un trabajador, el día de su profesión o su aniversario laboral, esa área les entregaba un pastel individual y una bolsita de dulces, pero, después de cumplir dos años en la empresa, los trabajadores podían aspirar a un puesto más alto, ya sea en su área o en otra, por lo que su emoción estaba al tope; en el camino todos la saludaban pues era de las más queridas en la empresa.
- ¿Puedo pasar?- preguntó amablemente luego de tocar la puerta y asomarse discretamente.
- Oh, Mónica, pasa, por favor- dijo el jefe del área fijando sus ojos alegres en ella.
Mónica pasó y al estar dentro se percató de que estaba ahí el gerente del área de contabilidad, era un hombre alto, fornido, de cabello café cano y barba café, sus ojos eran azules con una nariz pronunciada, su nombre era Federico González, un hombre de origen Argentino. Mon tragó grueso pues aquel gerente tenía un semblante muy serio, luego pasó.
- Buenas tardes- saludó con un poco de vergüenza y tomó asiento frente a Rogelio Rodríguez, el jefe de recursos humanos, un hombre de estatura media, moreno, delgado y con anteojos que no superaba los treinta años de edad, ambos caballeros contestaron al unísono, posteriormente Federico tomó asiento al lado de Mon.
- Mónica, te hemos llamado porque sabemos que hoy cumples dos años de antigüedad en la empresa y quisiéramos ofrecerte un cambio temporal de área- comentó Rogelio diplomáticamente- una de las auxiliares del área de contabilidad se fue de licencia de maternidad entonces pensamos en ti para este puesto, pues has demostrado compromiso y fidelidad para la empresa.
Mon se quedó atónita.
- ¿Pero esto qué implica?- preguntó serena.
- Bueno, cubrirás tres meses el área en lo que regresa la auxiliar, harías lo que te pida el contador y ya- respondió Rogelio
- ¿Pero qué obtengo de beneficio?- preguntó Mon, de inmediato Federico pensó que Mon era astuta, entonces le agradó más para estar en su área.
- Bueno, como es temporal, se haría un contrato paralelo a tu contrato de planta y se te pagaría un extra como apoyo, una vez terminado el contrato, regresarías a tu área y ese bono ya no se te pagaría más; tu horario ya no sería el mismo, cambiaría un poco y te entregaríamos vales de despensa al mes- agregó Rogelio.
A Mon le agradaba la idea de tener más dinero por lo que su respuesta inmediata fue un rotundo sí.
- Claro que sí, Licenciado Rogelio, ¿qué debo hacer para aplicar al puesto?- Preguntó Mon entusiasmada y entonces Federico respondió.
- Solo tienes que presentar un examen de conocimientos, si lo pasás, estás dentro.
Mon sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y un picor en su brazo izquierdo la molestaba, se sentía nerviosa pero aceptó.
- Sí, está bien, lo haré- dijo tratando de demostrar seguridad, Federico sonrió un poco y sacó de un folder manila un compendio de hojas engrapadas por un lado y un lápiz.
- Tenés dos horas para entregarlo- replicó Federico, a veces se notaba su acento.
De inmediato Mon lo empezó a leer, Federico salió y Rogelio siguió checando unos pendientes que tenía; una vez terminado de leer ella se dio cuenta que eran ejercicios matemáticos, algunos acertijos y un par de preguntas sobre la empresa por lo que empezó a responder lo que sabía, al cabo de una hora con veinte minutos terminó, entonces se lo entregó a Rogelio, él llamó a Federico y unos minutos después ingresó a la oficina, tomó el compendio y lo revisó de reojo, Mon moría de nervios.
- Bien, empezás mañana- contestó Federico sin más y salió de la oficina, Rogelio y Mon se quedaron impresionados, luego Rogelio se recompuso y platicó con Mon.
- Bien, Mónica, te debes presentar con ropa formal-casual, mañana tengo listo tu contrato a esta hora. Un consejo: No llegues tarde, Federico es muy estricto con la puntualidad.
Mon seguía impresionada, no sabía si lo que estaba escuchando era real o estaba soñando.
- Ok, muchas gracias, licenciado- respondió en automático, se levantó y salió de la oficina, olvidó por completo que le darían un presente, incluso Rogelio lo había olvidado.
Ella caminó por el pasillo y justo antes de llegar al ascensor Rogelio la alcanzó para entregarle su pastel y su bolsa de dulces, solo los tomó, agradeció secamente y salió de la empresa, miró su teléfono y ya eran las cuatro de la tarde, tenía varios mensajes y llamadas de Evan, su novio, fue entonces que decidió llamarlo.
- ¿Bueno, Evan?- dijo ella en cuanto él respondió.
- Amor, te he estado llamando porque no me has contestado, no me has dicho si ya saliste o algo.
Ellos tenían la costumbre de llamarse por teléfono cuando salían del trabajo para poder pasear en el centro de su comunidad por la tarde, además para comunicarse pues la situación con homicidios e inseguridad estaba muy complicada.
- Lo siento, amor, es que me sucedió algo increíble- le dijo ella aún anonadada.
- ¿Qué sucede Mony?, ¿estás bien?- preguntó muy preocupado.
- Sí, solo que creo que me acaban de ascender.
- ¿Ascender a supervisora?- preguntó él intrigado.
- No, bueno, mejor te explico en un rato, cuando te vea en el kiosco, ¿Te parece?
- Va, te veo en el kiosco. Te amo.
- Yo también te amo, Evan.
De inmediato colgaron, Mon se apresuró y tomó un autobús que la dejaba en el Kiosco pues ya no había alcanzado a sus compañeras para irse caminando con ellas a casa. Cuando llegó ahí, Evan la esperaba parado con los brazos cruzados, era un hombre alto, delgado, moreno de cabello ligeramente largo de color negro, ojos café oscuro y labios voluminosos, era muy atractivo físicamente y en el ámbito personal, era un hombre sincero, trabajador y muy comprometido aunque no a mucha gente le gustaba su compañía. Tenía diecinueve años igual que Mónica y trabajaba en una empresa automotriz de ensamble, ganaba un poco más que Mon.
De inmediato él fue hacia ella y la abrazó.
- Amor, me tienes preocupado, ¿qué sucedió?- preguntó con zozobra.
Mon le contó todo lo que había sucedido con lujo de detalles.
- ¡Amor, esto es increíble, en serio es increíble!- dijo saltando de alegría.
Mon se dio cuenta de lo increíblemente buena que era la noticia entonces empezó a saltar junto a Evan, ella se sentía muy contenta.
- Ok, entonces iremos a la tienda del centro para comprarte unos conjuntos y puedas ir a trabajar con un atuendo formal- dijo muy contento Evan y la abrazó tiernamente- me siento muy orgulloso de ti, Mon y te voy a apoyar siempre, te lo prometo.
Mónica sentía que todo estaba saliendo bien, se sentía importante en su trabajo, se sentía amada y protegida por su novio, entonces fueron a la tienda del centro para comprar su ropa, luego Evan la acompañó a su casa y finalmente él regresó a su departamento.
Ahí en su casa, Mónica saludó a su mamá, ella estaba sentada en el comedor.
- ¿Cómo estás, mami?- preguntó Mónica arrodillándose frente a ella.
- Me duele la cabeza, Mony, pero estoy bien- dijo intentando sonreír con dificultad.
- Ay mamita, mejor ve a la cama y descansa, en un rato más salgo por medicamentos para que se te pase el dolor.
- Hija, pero salen muy caros- le contestó preocupada.
- No te preocupes, mamá, me ascendieron, entonces no te preocupes por el dinero.
Su mamá, quien se llamaba Rita, escuchó lo que Mónica le contaba sobre su empleo, ella se puso muy contenta y luego se comieron el pequeño pastel entre las dos.
*
*
*
Al día siguiente, Mónica llegó puntual, para su sorpresa, el gerente ya se encontraba en su lugar de trabajo, también sus compañeros.
- Muy bien, señores, les presento a Mónica Castillo Trejo, ella estará cubriendo su permiso de maternidad de la compañera Ángeles, bla, bla, bla. A trabajar.
Todos se fueron como maquinitas hacia su escritorio de trabajo.
- ¿Pero señor, qué hago?- preguntó ella sin entender nada, Federico la miró despectivamente mientras los demás hacían una cara de asombro.
- ¿Alguna vez has trabajado en el área de contabilidad?- preguntó él.
- No, señor, es mi primera vez- respondió Mónica seria y con un poco de temor.
- Bien, cuando no sabes cómo usar el shampoo, ¿qué haces?- preguntó con un tono sangrón, pero Mónica mantuvo la calma.
- Leo la etiqueta- contestó ella con seguridad.
- Entonces ya sabés lo que debes hacer- se dio la vuelta y siguió caminando hasta su pequeño cubículo.
Mónica se sintió enojada y una compañera suya con corte de honguito le señaló un librero donde estaban los manuales de procedimientos, por lo que Mon agradeció, luego se fue a sentar y comenzó a leer todos los manuales, en la sala sala todo lo que se escuchaba era el sonido del tecleo en calculadoras y computadoras, pero llegó un momento en el que el gerente salió a desayunar, como tenía un puesto alto se encontraba prácticamente todo el día ahí, por lo que se iba a desayunar a las ocho con treinta minutos, luego pasaba a cualquier área que le tocara o cosas así, en realidad era muy poco el tiempo que estaba en su cubículo por las mañanas, por las tardes era más frecuente que estuviera en su cubículo después de la comida. Entonces, cuando cruzó la puerta todos se levantaron, los becarios fueron por café y la misma mujer del corte de honguito puso música guapachosa para amenizar la jornada de trabajo.
Todos formaron una fila y saludaron a Mónica, le dijeron que sí tenía que leer los manuales pero que mejor fuera con la contadora del corte de honguito pues ella le iba a enseñar cómo funcionaba el área, además le dieron consejos para sobrellevar al jefe como: Siempre llegar temprano, no tomarse sus comentarios de forma personal y solo hacer lo que él dijera, ella pensó que eran cosas simples entonces pensó que podía con ese desafío.
Más tarde llamaron a Mónica para firmar el nuevo contrato, se dio cuenta que le estarían pagando un veinticinco por ciento extra de su sueldo, por lo que no lo pensó dos veces y firmó todas las hojas.
Su trabajo fue arduo pero se acopló rápidamente al modo de trabajo de sus compañeros, así como al agrio carácter del gerente, pronto hizo amistad con dos compañeras suyas: Diana y Fernanda. Diana era su jefa inmediata, y Fernanda era amiga de Diana ambas eran contadoras, solo ella era auxiliar. Todas las tardes iban juntas a comer, en la zona de alimentos de la empresa, como tenían un rango administrativo, la planta les otorgaba el comedor pues estaban más horas que un operador, excepto Mónica que tenía su horario reducido. Como ambas contadoras ya eran casadas, regularmente se sentaban a platicar sobre sus maridos, la comida, los hijos y las mascotas, pero veían a Mon como su hija pequeña, incluso siempre le hablaban con cariño.
- Entonces, me encontré a mi ex en el mercado, en ese tiempo cuando yo estaba con él pues, era guapo, se vestía bien, incluso olía bien, pero esta vez que lo vi, ya está algo envejecido, además que que ni siquiera se había bañado, entonces miré a mi esposo y dije: Bueno, no será muy guapo pero por lo menos ya está bañado y arreglado- contaba Fernanda mientras hacía ademanes exagerados, las otras dos solo reían, Diana porque le causaba gracia y Mónica porque no quería verse mal frente a ellas.
- Ay, no, eres malvada Fer- agregó Diana.
- Y tú, mi niña, ¿tienes novio?- preguntó Fernanda con indiscreción refiriéndose a Mon.
- Sí- una sonrisa sincera se dibujó en su rostro.
- Mira, se nota el amor en su mirada- dijo Diana- ¿Cómo se llama?
- Evan, tenemos la misma edad.
- Oh, los dos son tan pequeñitos. ¿Desde cuándo se conocen?- cuestionó Fernanda haciendo su voz aguda.
- Nos conocimos en la preparatoria, pero nos salimos por falta de recursos y bueno, seguimos siendo novios. Tenemos juntos más o menos tres años. Él trabaja en una fábrica donde ensamblan autos- sin querer, Mon había dado información de más pero hubo algo que les causó curiosidad a ambas mujeres.
- Mi niña, ¿entonces no terminaste la preparatoria?- preguntó Diana abriendo mucho los ojos cual búho, Fernanda también quería saber.
- No, mi mamá enfermó y luego le salió un tumor en el cerebro que no le permite hacer movimientos finos y es inoperable, entonces renunció a su trabajo y yo tuve que buscar empleo, Evan seguía estudiando pero subieron las cuotas y ya no pudo costearlo, así que nos salimos- comentó con sinceridad.
- Eso es triste, porque eres muy buena con esto de los números- afirmó Diana.
- ¿Pero eso lo sabe Federico?- preguntó Fernanda en un murmullo.
- No lo sé, pero de todas formas, solo es un trabajo temporal.
Más tarde regresaron a su área de trabajo y Federico se encontraba en su cubículo, al verlas entrar a la oficina se levantó y con voz firme llamó a Mónica.
- Mónica, ¿podés pasar a mi cubículo por favor?
- Sí, licenciado- contestó rápidamente ella, mientras que todos guardaban silencio y los veían.
- ¡Bola de chismosos, trabajen que para eso se les paga!- gritó enfurecido Federico pues odiaba que sus trabajadores hicieran chismes.
Todos bajaron la mirada y regresaron a sus labores mientras ellos dos ingresaban al cubículo, él le pidió que tomara asiento, ella se sentó y se miraron a los ojos.
- Mirá, Mónica, vos has tenido un buen desempeño aquí. Como la empresa ha crecido, se necesita personal en esta área, sin embargo, estoy pensando en vos para tener un contrato fijo.
Su carita de Mónica se iluminó al escuchar esas palabras.
- Sí, me encantaría trabajar con ustedes- respondió con una mezcla entre emoción y nervios.
- Lo sabía, solo que estuve revisando tus documentos, así como tu hoja de vida pero no tenés formación escolar en contaduría.
Su ilusión se fue apagando lentamente con cada palabra que iba escuchando del gerente pero decidió seguir prestando atención al hombre.
- Entonces, si querés estar en esta área, es necesario que vos te gradúes como auxiliar contable. Tenés mucha habilidad para esto, explota ese talento.
Ella quería decirle que no quería regresar a la escuela pero decidió no decir nada y dejar que siguiera hablando.
- Entonces, me di a la tarea de buscar esta mañana, convenios de la empresa con escuelas que ofrezcan la carretera- le entregó unos panfletos y continuó- en cualquiera de ellas podés tener una beca, en esta escuela solo pagarías el quince por ciento de la colegiatura. Así que si vos te animas a estudiar, hablaré con Rogelio para que te de otro contrato temporal en lo que dura la carrera y una vez graduada, firmaré tu alta de planta aquí, estarías ganando un poco más del doble de tu salario actual.
La idea no le agradaba por completo a Mónica pero al escuchar las ventajas prefirió hacerlo, aunque tenía una mala corazonada.
- ¡Por supuesto que sí, jefe! Le agradezco mucho su atención.
Federico sonrió y buscó un montón de papeles.
- Bueno, entonces hay que llenar estas formas y debes ir a inscribirte, tómate el día de mañana para hacerlo. La siguiente semana me das tus papeles para hablar con Rogelio.
Mónica agradeció y salió del cubículo sin más.
- ¿Qué ha sucedido, Mónica?- preguntó Fernanda.
- Nada, solo me ha dado más trabajo- contestó desganada, pues ella no quería volver a la escuela y tampoco quería comentar nada de su conversación con el jefe.
Saliendo del trabajo, Diana la llevó muy cerca de su casa, ahí encontró a Carolina, su amiga de toda la vida, se encontraba trotando pero paró su rutina para platicar un momento.
- ¿Cómo estás, Carola?- preguntó después de darle un beso en la mejilla izquierda a se amiga.
- Bien, haciendo ejercicio porque ya van a ser los exámenes para ingresar a la milicia.
Carolina era una chica de cabello oscuro, delgada pero con los músculos bien marcados, su agilidad física era envidiable, incluso su inteligencia era brillante, su sueño más grande de Carol era ser militar y estudiar en su universidad, lamentablemente no había podido lograrlo pues le habían fallado varías cosas los intentos pasados pero se había hecho el propósito de no rendirse y si era necesario, lo intentaría hasta que ya no tuviera oportunidad por la edad, este era su tercer intento.
Ambas se dirigieron al pasto para que Carol estirara y no le diera un calambre por el esfuerzo que hacía, entonces Mónica le contó lo que le habían ofrecido en la empresa.
- Amiga, eso es lo mejor, te vas a superar, ganarás más dinero, está increíble- dijo entusiasmada Carol.
- No quiero regresar a la escuela, tengo diecinueve, estaré con niños de catorce o quince años, ¿sabes la burla que me harán?- preguntaba ella con desánimo.
- Yo pienso que es una buena oportunidad. Por fin terminarás lo que no pudiste en su momento y creo que lo harás bien.
- Pues sí. ¿Puedes acompañarme a esta escuela mañana? Mi jefe me dio el día para arreglar mis papeles.
- ¿Ves? Incluso te apoyan, sería una tontería que desperdicies esta oportunidad- dijo regañándola.
- Pues por eso me iré a inscribir.
Carol sonrió y la abrazó, se sentía feliz por su amiga, quedaron de ir juntas a la escuela. Más tarde se encontró con Evan y le contó todo, este rió un momento.
- Te mandaron a regresar a la escuela- reía muy fuerte, entonces Mónica bajó la cabeza y se puso triste, él lo notó y dejó de hacerlo.
- Hey, amor, discúlpame, actué como un tonto pero hablando en serio, míralo como la oportunidad de terminar lo que iniciaste hace años- levantó su barbilla para mirarla- eres maravillosa, inteligente y muy dedicada, puedes con esto y aunque salgamos menos tiempo, será por una buena causa. Te amo, voy a estar contigo siempre- dijo con ternura y Mónica sonrió de manera forzada.
*
*
*
Al día siguiente, Mónica se encontró con Carol, tomaron un autobús y llegaron al lugar, la escuela era bonita aunque los chicos ocupaban uniforme y eso no le agradaba a Mónica, pero se alentaba a ella misma con la beca que le estaban otorgando y el dinero que iba a ganar, entonces entregó sus papeles, una amable recepcionista recibió los papeles y la colegiatura, entonces le entregó sus libros, su uniforme y su carga horaria.
- Las clases inician la siguiente semana, el turno que aplica para su empresa es el vespertino, entonces entraría a las tres de la tarde y saldría a las siete de la noche, su revalidación de materias reduce su estancia en el plantel a dos años, entonces la esperamos. No olvide portar su uniforme.
Ambas salieron del lugar y rió Carol.
- Usarás uniforme de colegiala, hasta tienes el atuendo perfecto para provocar a Evan.
- Una no se prostituye pero sí se viste como una prostituta para que la asciendan en el trabajo- dijo Mónica muy triste.
Carol la abrazó y se fueron juntas para regresar a casa, unos metros antes de la puerta entraba un hombre alto joven de cabello corto color café y barba cerrada quien puso una cara amable y sin mirarlas solo dio los buenos días, ellas respondieron, luego siguieron su camino sin darle más importancia.
Al día siguiente Mónica fue al área de recursos humanos, ahí se encontraban Rogelio y Federico, entregó sus documentos a ambos, este último sonrió triunfante.
- Estás tomando una buena decisión, Mónica, los estudios de nivel medio superior siempre ayudan mucho para buscar buenas y mejores oportunidades- dijo Rogelio con una voz suave.
Aunque todo el mundo le decía a Mónica que era una buena decisión la que tomaba, ella no se sentía muy convencida, tenía un mal presentimiento que no la dejaba estar en paz, estuvo así todo el día y no le agradaba mucho esa sensación.
Más tarde en su habitación se vestía con una blusa amarilla de cuello redondo con mangas cortas y se ató su cabello en media coleta, un listón cubría la liga de su cabello, se quedó observándose detenidamente en el espejo de cuerpo completo que tenía recargando en la pared, entonces comenzó a hablarle a su reflejo.
- Mónica, has hecho cosas increíbles en estos dos meses, ahora viene el reto, estás asustada porque no conoces. Reconozco que tienes miedo a lo desconocido, pero esto hará que te superes, así que deja de ser una cobarde.
Se sonrió y comenzó a ignorar su presentimiento, después se fue a una fiesta con Carolina.
*
*
*
En una habitación con paredes de madera, una cama amplia y un colchón cómodo dormía Aarón, tenía una pesadilla, soñaba con una chica de cabello rubio, piel muy blanca y pecas en su nariz, llevaba un vestido blanco transparente, le decía con voz aguda
- Te amo Aarón pero no puedo estar contigo.
Despertó sobresaltado por lo que se sentó en su cama, pasó una mano por su cabello y respiró profundamente, reconoció que estaba en casa de sus padres, aún no eran las siete de la mañana pero decidió levantarse y alistarse para desayunar. Entró a la regadera para refrescarse, peinó su cabello castaño claro con un poco de gel, se aplicó un poco de protector solar en la cara y delineó su barba que había dejado crecer un poco, lo hacía ver más autoritario aunque solo tuviera veintiséis años, una pestaña había caído al interior de unos de sus ojos aceitunados, entonces con mucho cuidado la retiró, luego se vistió casual con mezclilla, una camiseta de algodón color blanco cubría su abdomen trabajado y unos zapatos cafés de gamuza formaban en conjunto un atuendo perfecto para un domingo familiar.
- Buenos días- saludó con su voz gruesa a sus padres que se encontraban en la mesa del jardín para degustar el desayuno.
- Mi amor, qué guapo te ves hoy- dijo su madre mientras se levantaba para darle un beso en la mejilla y un cálido abrazo- Buenos días.
- Buenos días, hijo- contestó sonriendo su padre.
Él tomó asiento y la sirvienta sirvió los diferentes platos con frutas; los padres tenían una conversación casual pero de repente miraron a Aarón quien solo se enfocó en desayunar.
- ¿Cómo te va en la escuela?, ¿todo bien?- preguntó dulcemente su madre.
- Bien, mamá, estamos por empezar el siguiente ciclo escolar, me dejaron varias materias con números pero ahora me asignaron la tutoría de los muchachos de segundo semestre.
- Hijo, si no te gusta tu trabajo, sabes que siempre puedes regresar a la empresa y dirigirla- contestó su padre.
- Amo mi trabajo, papá, solo que no me gusta ser tutor de niños de primer año, aunque sean de segundo semestre son muy rebeldes y cuestan más trabajo, como que aún no se acoplan al ritmo de trabajo del nivel medio superior, entonces hay muchas bajas, problemas con la autoridad, en fin- expresó con afán de convencer a su padre.
- Solo enfócate en tu trabajo, hijo, puedes hacer eso y más- intervino su madre.
Estuvieron los tres pasando un día familiar, hasta que llegó la tarde y Aarón debía regresar a su casa para ordenar todo para sus clases de inicio de curso, se despidió de sus padres, después se fue. Su vida era monótona y esperaba que siguiera siendo así entonces inició su clásica rutina: planear su clase, leer un poco del tema, estar en el gimnasio y regresar a descansar a casa.
*
*
*
Llegó el día lunes, Mónica fue a trabajar y llevaba una maleta extra la cual dejó en el casillero, llevaba su uniforme y sus libros. Todo su día fue normal, hasta cierto punto fue tranquilo, a la hora de la salida se dirigió a la ruta de autobuses que la dejaban más cerca de su escuela, solo tardaba veinte minutos en llegar, entonces entró a una cafetería donde se cambió de ropa para entrar a sus clases, la falda era de tela escocesa azul marino, tableada, llegaba debajo de la rodilla, usaba una blusa blanca de manga corta, calcetas blancas y zapatos escolares negros. Se sentía infantil, luego se tuvo que atar el cabello en una coleta para usar el moño de la escuela, el suéter era azúl marino también pero era opcional usarlo pues hacía calor aunque debía llevarlo.
- Odio esta ropa- dijo dramática, luego tomó valor y se fue a clases.
Se sentó hasta atrás en la última butaca, varios de sus compañeros eran muy jóvenes, de entre quince y dieciséis años, tenían muy buena comunicación entre ellos pero hablaban mal de Mónica por ser la nueva y mayor de la clase. Los profesores asignados a ese grupo iban pasando para presentarse y a la hora de hacer sus típicas presentaciones aventaban a Mónica para contestar cualquiera de ellas.
- Que conteste la nueva- se escuchaba salir de la boca de Brianna, una compañera de Mónica, rubia de ojos verdes.
Entonces ella se cansó y prefirió tomar un rol malvado como mecanismo de defensa, por lo que a cualquier pregunta contestaba acertadamente pero hacía comentarios como "¿no tiene algo mejor que enseñar, profesora? Esto se ve en la primaria" por lo que se volvió un pésimo ambiente para los profesores.
En un grupo de una red de mensajería instantánea donde se encontraban todos los profesores de segundo semestre comenzaron a hablar de la chica nueva. Aarón sacó su teléfono y empezó a leer los mensajes de sus compañeros.
- Se porta grosera esa señorita- escribió la maestra de artes.
- Es inteligente, pero muy difícil de tratar- continuó el profesor de inglés.
- Desafía a la autoridad, ojalá nos puedas apoyar con la señorita Mónica, Maestro Aarón- pidió la profesora de gramática.
Aarón suspiró y respondió seco.
- Ok.
Guardó su celular y entonces se dirigió al salón de clases, todos estaban parados.
- Buenas tardes, jóvenes, tomen asiento que iniciará la clase- dijo el joven profesor que vestía un traje café con una camisa blanca de manga larga y mancuernas, además de que no usaba su saco, sino un chaleco café, cargaba sus materiales en un maletín de piel.
Todos los muchachos se sentaron en sus butacas con mala cara, solo Mónica estaba sentada desde el inicio, en la fila de atrás mirando por la ventana, Aarón se percató de eso pero luego comenzó la clase. Escribió en el pizarrón con letras grandes "Cálculo diferencial e integral".
- Bien, chicos. Soy su profesor de cálculo y tutor, Maestro en enseñanza de las matemáticas Aarón Montero Vega. Esta es una materia que suele ser ligeramente difícil pero con órden y constancia lograrán pasarla. Iniciaremos con el programa ahora.
Borró el letrero y anotó al centro: Límites.
Todos los alumnos sacaron sus libretas de mala gana pues sus profesores anteriores solo habían hecho dinámicas de presentación.
- Ay profe, pero eso mañana lo vemos- dijo una alumna.
- Ya nos queremos ir- agregó otro alumno.
Aarón no se detuvo y siguió escribiendo sus límites, explicó dos y al mirar las caras de sus alumnos se le ocurrió una idea.
- Ok, si alguien puede resolver esta derivada, nos iremos.
Entonces escribió hasta abajo Dx X²
Todos quedaron en silencio y mirándolo pero entonces se escuchó una voz burlona al fondo del salón.
- Es 2X- luego murmuró con el afán de que Aarón escuchara- De nuevo solo nos hacen perder el tiempo, ineptos.
El profesor Aarón supo de inmediato de quién hablaban sus compañeros maestros.
- Entonces le aburre venir a clases, señorita. Levántese y dígame cuál es su nombre- dijo con firmeza.
Mónica se levantó desafiante, todos la miraron.
- Mi nombre es Mónica Castillo Trejo.
Llamó rápidamente la atención del joven profesor pero mantuvo una expresión neutral.
- Muy bien, señorita Castillo, he escuchado hablar mucho de usted, sus profesores se han quejado de usted y eso que es el primer día, entonces, como tutor de segundo semestre vamos a hacer un trato, por lo menos para mi clase.
El profesor comenzó a escribir en el pizarrón tres ejercicios, uno era un límite, un problema de derivadas y una integral, todos en el salón se quedaron callados, no tenían idea de cómo se resolvían los complejos ejercicios.
- Señorita Castillo, si usted responde bien estos ejercicios, obtendrá un diez de calificación global y no tendrá que entrar a ninguna de mis clases- comentó el altanero profesor.- Pero si falla, deberá entrar a todas mis clases sin excepción alguna, se sentará en la butaca de enfrente y guardará silencio durante toda la clase, cualquier cosa que usted diga será utilizada en su contra y tendrá reporte.
Mónica miró los ejercicios, se incomodó porque todos sus compañeros la observaban, entonces mordió el interior de su mejilla, luego el profesor extendió el marcador azul y ella caminó con firmeza hasta el pizarrón, tenía nervios pero los disimulaba bien. De inmediato respondió el límite, tendía al infinito, la derivada tenía por resultado coseno de dos equis y resolvió con dificultad la integral.
El profesor la miraba, colocó su mano en su barba, algo en ella le llamaba la atención, no sabía si había sido su perfume cuando se acercó para tomar el marcador de su mano o su mirada desafiante, la vio de reojo y se fijó en el buen desarrollo que tenía, de inmediato separó la vista y suspiró con pesadez.
- Ya está terminado, profesor- respondió con altanería.
Él tomó el marcador y comenzó a hablar.
- Es inteligente, señorita Castillo- sonrió ella con descaro- pero no lo suficiente- se borró la sonrisa de Mónica-Tome una fotografía de estos ejercicios y más adelante me dice en qué se equivocó- finalizó el profesor.
Mónica cerró los ojos y cubrió su cara por un momento, luego sacó su teléfono y tomó una fotografía.
- Puedo observar que le encanta llamar la atención, lástima que su ignorancia se haga lucir aún más. Ahora puede tomar asiento, señorita Castillo- continuó diciendo el profesor.
Después de ese incómodo momento el profesor Aarón le entregó copias del reglamento escolar a cada alumno.
- Léanlo, meditenlo y aprendan las reglas. En caso de romper alguna de ellas habrá sanciones que van desde reportes hasta bajas definitivas.
Los ojos del joven profesor se posaban constantemente en Mónica quien seguía de pie analizando cuál había sido el error, pero luego sonó la chicharra; de inmediato los alumnos abandonaron el salón, incluso ella lo hizo, Aarón se quedó pensando.
- De verdad que estoy enfermo, fijarme en una niña de alrededor de catorce años es una jodida aberración.
Respiró profundo y soltó el aire por su boca, se acercó al pizarrón y colocó en el ejercicio de la integral un "+C".
- Lo único que te faltó, niña, fue la constante.
Sonrió con ironía, luego se dispuso a borrar el pizarrón, una vez limpio tomó sus cosas y subió a su coche negro con dirección al gimnasio, realizó su rutina sin ninguna novedad, un par de chicas de alrededor de treinta años lo miraron con deseo, incluso intentaron acercarse a él con el fin de conseguir su número de teléfono pero aunque ellas eran guapas, realmente él no estaba interesado, por lo que les dio largas hasta que llegó la entrenadora de estas.
- Nunca lograrán tener nada con él, es muy reservado- decía la entrenadora mientras jalaba a las mujeres, la realidad era que ella también había intentado relacionarse con Aarón pero tampoco lo había logrado. De nuevo se enfocó en la rutina hasta que terminó, luego se fue a casa a planear su clase, cenar algo ligero y dormir para iniciar con sus clases matutinas.