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La debilidad del cruel millonario

La debilidad del cruel millonario

Autor: : Yina Zabala
Género: Romance
Rafael Baker es un exitoso empresario, un hombre atractivo y demasiado inteligente. Su vida cambió completamente cuando el destino lo separó de la mujer que amaba, convirtiéndolo en un hombre frío, arrogante y despiadado. Desde ese momento decidió no creer en el amor. Abigail Taylor es una mujer inteligente y entregada a su familia. Ella busca la manera de salir adelante sin importar las adversidades que se le presente, sin embargo, debe escoger lo que es más importante... el amor o su familia. El destino vuelve a poner en el mismo camino a Rafael y a Abigail, pero ya no son los mismos de antes, ahora están llenos de rencor y de odio. ¿Él será capaz de perdonarla cuando vuelva a encontrarla en su camino? ¿Tendrán una segunda oportunidad en el amor?

Capítulo 1 Planes fallidos

Abigail sonrió una vez más mientras observó por el retrovisor, el vestido blanco era el protagonista en el carro mientras que su rostro irradiaba felicidad. Había llegado el gran día, el que habían esperado desde hace mucho, por el que tanto lucharon.

Por fin uniría su vida a la del hombre que más amaba. El hombre que la hacía sentir plena en todo sentido. Daría el sí al hombre que día a día le mostró que podría ser amada como lo merecía.

A lo lejos se alcanzó a ver la iglesia, enorme e imponente. La hora se iba acercando, sin importar todos los obstáculos que se les presentó por fin estarían juntos.

Faltando muy poco para llegar, el carro se detuvo abruptamente haciendo que ella golpeara levemente su cabeza. Todo sucedió muy rápido cuando un carro se atravesó evitando que pudieran seguir.

Un carro muy familiar.

Abigail vio a la mujer que se bajó del otro carro, era inconfundible... y lo único cierto era que cuando ella estaba cerca, nada salía bien. Hizo una seña y el chofer abrió la puerta e hizo salir del carro a Abigail.

La mujer se acercó a ella con su mirada neutral, con su postura imponente y la miró de arriba a abajo de manera despreciable como si fuera un bicho más del montón.

-Señora Elizabeth, pensé que nos veríamos en la iglesia -dijo Abigail con educación.

Finalmente serían familia y no quería que su matrimonio se viera afectado por culpa de esa mujer.

-Sería lo último que haría, primero muerta antes de ir a esa iglesia a presenciar la peor estupidez que mi nieto piensa cometer -ella espetó con rabia, pero con aparente tranquilidad-. Jamás apoyaría semejante barbaridad.

-¿Entonces si no está de acuerdo qué hace aquí? -ella cuestionó sintiendo impotencia-. No pienso llegar tarde a mi matrimonio por usted, Rafael me espera y no pienso permitir que él crea que no voy a llegar -Abigail dijo intentando volver al carro, pero el chofer no lo permitió.

Elizabeth sacó de su bolso un sobre y lo lanzó al suelo mientras que en su rostro se curvó una sonrisa lo suficiente peligrosa.

La miró con desdén y se cruzó de brazos esperando que Abigail se lanzara al suelo.

-¿Qué es esto? -preguntó Abigail, ella solo comenzó a reír.

-Este es el pase para la libertad de mi nieto, con esto te vas a alejar. No voy a permitir que mi nieto se case con la hija de un asesino -aseveró la mujer.

Abigail sintió como un baldado de agua fría cayó sobre ella, se sintió pequeña frente a esa mujer y sus empleados.

-Veo que ni siquiera te inmutaste... no sé si me quieres ver la cara de tonta o en realidad tu memoria se bloqueó. ¿Qué crees que diría Rafael cuando se diera cuenta que tu padre fue el responsable de la muerte de mi hijo, de su padre? -Abigail tensó su cuerpo-. Contéstame, me imagino que no se lo has dicho porque de lo contrario no estarías así vestida de blanco, gastando mi dinero en semejante payasada -ella la señaló con desaprobación, con asco.

-No sé de qué habla -ella comenzó a reír con notoria elegancia y maldad.

-Mira niña idiota, te advierto que no pienso dejar que la vida de mi nieto se arruine por culpa tuya, no voy a dejarlo, no voy a permitirlo. Por lo que veo seguirás con tu estúpida idea de que no sabes a lo que me refiero aún teniendo aquí las pruebas, te voy a poner las cosas más fáciles niñita, o te devuelves por tu camino y no te casas con mi nieto o hago un par de llamadas y desconectarán a la escoria de tu padre... ¡Qué triste vivir conectado, vivir sedado porque su enfermedad no le permite nada más! tú decides.

-Con mi papá no se meta señora, porque no sabe lo que soy capaz de hacer -ella esbozó una sonrisa.

Abigail sintió una opresión en su pecho, todo esto era demasiado para ella.

-Claro que sí sé de que eres capaz, tengo aquí las pruebas, tu y tu familia deben ser igual de delincuentes. No soy una mujer a la que le guste repetir las cosas, pero estás advertida niñita en donde te cases con mi nieto, en ese mismo momento tu papá pasará a una mejor vida.

-Usted no se atrevería a hacerlo... -Abigail titubeó.

-Claro que me atrevería, cuando me enteré que mi nieto se iba a casar con una empleaducha como lo fue su madre decidí que haría hasta lo imposible por detenerlo. No voy a dejar que mi nieto cometa el mismo error que mi hijo. Esta vez, así tenga que usar todos los recursos que estén a mi alcance voy a evitar que él se equivoque. Y no me importa mancharme las manos, por la felicidad de mi nieto soy capaz de cualquier cosa.

-Si eso fuera verdad, no estaría impidiendo que nos casemos, soy yo la felicidad de su nieto.

Elizabeth soltó una sonora carcajada, dio un par de pasos con elegancia y negó.

-No me conoces nada niña, puedo ser tan peligrosa, como poderosa.

Abigail sintió un escalofrío recorrerla por completo. Ella tomó su teléfono y lo puso en altavoz mientras la sonrisa llena de satisfacción en su rostro se ensanchaba un poco más.

-Doctor, ¿Cómo está? Aquí con Elizabeth Jones, sí habló conmigo días atrás, solo quería recordarle que tendrá su aguinaldo por comportarse a la altura conmigo, por sus servicios, pero sobre todo por el trato que tengamos con Gerard...

Abigail le quitó el celular de sus manos y lo lanzó al suelo, en esos momentos no le importó nada, no le importó más que salvar al único familiar que le quedaba, por encima de la mujer más importante del hombre que amaba.

-No se atreva a ponerle un dedo encima a mi papá porque o si no...

-¿Por qué o sino que? -ella gritó-. A mí no me amenaces, no eres más que una insípida empleada que quiere escalar de cualquier manera. ¿En realidad crees que mi nieto te va a tomar en serio luego de saber quién eres en verdad? Aquí no vengas a exigir, las mujeres como tú no terminan bien... No me hagas perder más el tiempo y vete lejos, lo más lejos que puedas de mi nieto.

-Entiendo que usted me odia, pero de hay a que le importe muy poco la felicidad de Rafael es algo que no voy a comprender, él va a sufrir.

-Ya me aburriste, me aburriste niña... Si necesitas dinero, te lo daré. -Ella sacó un cheque y lo lanzó al suelo-. Vete lejos. Quédate con las pruebas, me imagino que quieres ver que tanto sé de tu vida. Tengo un par de copias más por ahí. No quiero que mi nieto sepa que yo tuve algo que ver con esto, te lo advierto. Porque no solo se muere tu padre, si no que también te mueres tú... Y Rafael también sufrirá las consecuencias.

Ella le hizo señas a su chofer y se subió en el carro mientras que Abigail se quedó allí mirando el desastre que había a su alrededor.

Tomó las dichosas pruebas, y sus ojos se llenaron de lágrimas, ella se había puesto en la tarea de averiguar cada parte de su vida.

Limpió las lágrimas que salieron repentinamente rodando por sus mejillas, mientras buscaba fuerza para tomar decisiones.

-Señorita ¿continuamos? -dijo el chofer tocando su hombro, haciendo que ella volviera a su cruel realidad.

-Sí por favor llévame a la iglesia -pidió, él simplemente movió su cabeza asintiendo y luego se subió esperando que ella se subiera al carro.

Abigail tomó los documentos y se subió al carro, su cabeza no dejaba de dar vueltas, las palabras de esa señora seguían rondando una y otra vez.

Al llegar, se veían las personas alrededor, sus invitados, prácticamente todos de él y de su prestigiosa familia.

Ella bajó del carro y allí lo vio, sus ojos oscuros como una noche intensa, la observaban desde su lugar, su rostro tenía una sonrisa genuina y enamorada.

Las personas a su alrededor la miraban, sus rostros eran falsos, sus sonrisas eran falsas, simplemente estaban ahí por Rafael. De fondo vio a su abuela sonriente como todos los demás invitados, la mujer estaba ahí lista para ver todo en primera fila.

Abigail caminó acercándose a él, con pasos firmes y decisivos, con un nudo en la garganta que no se podía comparar con absolutamente nada.

-Estás hermosa... estás espectacular -él dijo entre susurros.

Ella absorbió las ganas de llorar y su rostro se endureció.

-Tú también te ves muy bien...Rafa, necesito hablar contigo, pero no aquí.

Él arrugó su entrecejo, ella no era la mujer que conocía, se veía distinta, fría.

-¿Sucede algo? el sacerdote nos está esperando, tardaste un poco más de la cuenta... Sin embargo, aquí teniéndote enfrente debo decir que la espera no fue en vano, no me canso de verte, no tienes idea lo mucho que anhelo que seas mi esposa... que seas solo mía.

-Rafa, no me voy a casar contigo.

Capítulo 2 Despedida

El rostro de Rafael cambió, parpadeo un par de veces y bajó su cabeza para luego volverla a mirar. Esas palabras lo dejaron en shock, nunca pensó que iba a escuchar algo así.

Abiagil enterró las uñas en sus dedos, quería gritarle la verdad, sobre su abuela, sobre todo, pero también tendría que contarle la verdad sobre su padre y él jamás la perdonaría.

-¿Qué fue lo que dijiste amor? -Rafael se acercó a ella, completamente seguro de que había escuchado mal-. ¿Estás bien Abi?

-Dije que no me voy a casar contigo -repitió, sonando lo más convencida posible-. No me casaré.

-Abi ¿esto es una broma? -él se rió con agriedad-. Me estas diciendo que no te vas a casar conmigo así vestida de blanco, después de dos años de relación, después de que planearamos toda una vida juntos ¿es en serio? -él intentó mantener el control, manejar su voz, su ansiedad y todo lo que estaba sintiendo en ese momento.

-Rafa no es una broma, me di cuenta que casarme contigo sería el peor error de mi vida.

Él abrió sus ojos ante la frialdad con la que ella hablaba, la miró fijamente buscando esa complicidad en su mirada, pero fue en vano, no encontró nada.

Ella por su lado, mantuvo una seriedad impecable, convenciendose así misma que lo que estaba diciendo era la única verdad.

-¿El peor error de tu vida? -él sacó todo el aire que acumuló sus pulmones y la miró de nuevo-. ¿Abigail qué sucede? tú no eres así, te conozco bien mi amor. Habla conmigo, lo que sea que esté pasando lo podemos solucionar.

Él la tomó de la mano, pero ella se soltó sintiendo como su tacto quemaba. Se soltó porque tal vez sentirlo la podría hacer fallar y hacer que todo se complicara.

-Siento tanto de verdad decirlo hasta ahora, lo siento, mientras estuvimos juntos fui muy feliz, pero ya no. No me imagino una vida a tu lado, no eres lo que busco.

-Abigail... Abi amor si es miedo lo que tienes en estos momentos es algo normal. Nos amamos, nos amamos como un par de locos, eres mi vida, eres la persona con la que quiero envejecer -él habló con desesperación.

-No es miedo, no eres lo que yo busco -ella habló entre súplicas-. Contigo me voy a quedar estancada en la vida, necesito a alguien que me dé lo que necesito y ese no eres tú. Perdóname, lo siento.

-¿Es por otro hombre? -su voz se quebró.

-Quiero buscar a alguien mejor para mi vida -mostró una calma totalmente falsa-. Lo que siento no es tan fuerte como para casarnos.

-De verdad no lo entiendo, estábamos bien, estás aquí... anoche fuiste mía una vez más. Y ahora simplemente me estás diciendo que no soy lo que buscas. ¿Pretendes que te crea? -él hizo una pausa y tomó aire-. Porque no te creo, tus besos, tus caricias, tus palabras... nada de lo que dices ahora tiene sentido.

-No me importa si no me crees, no quiero estar más contigo. No quiero seguir cometiendo errores, y tu eres un error, lo mejor es acabar con esto.

Sus palabras le dolían más a ella que a él, pero lastimarlo era la única manera de que él la dejara ir.

La mirada de Rafael se cristalizó, mostrando dolor, desconcierto y rabia en sus ojos. Subió las manos intentando tocarla, pero algo lo detuvo. Las personas a su alrededor murmuraban sin saber que pasaba.

-¿Es tu última decisión Abi? responde, porque si es así, la respetaré. ¿Es tu última decisión?

-Es mi última decisión.

Ella terminó por decir y dio media vuelta para caminar de nuevo hasta el carro, escuchó palabras vagas de algunas personas en el camino. Ella tenía la esperanza de que él la estuviera siguiendo y que le insistiera de nuevo.

Sin embargo, él quedó allí mirándola desconcertado, mirándola dolido, ella le dio una última mirada, una en donde confirmaba que esto tenía que acabar no solo por él, también por su padre, por ella y por el amor que había entre los dos.

Una última mirada entre ambos fue la despedida, dolorosa, pero necesaria.

Ella llegó hasta su casa, necesitaba irse de ahí, escapar lejos antes de tenerlo de nuevo frente a ella. Miró una vez más las fotos de los dos y cada uno de los recuerdos que quedaban en esas cuatro paredes.

Al abrir la puerta, dos hombres la estaban esperando, los reconoció notando que eran empleados de Elizabeth. Ella intentó pasar de largo, pero uno de ellos la tomó con fuerza del cabello y le dio un golpe en su abdomen.

-Solo queremos asegurarnos que se vaya lejos -dijo el otro y le dio otro golpe-. Si intentas volver... morirás.

Ella se agarró con fuerza al caer al suelo, viendo como ellos se iban como si nada pasara. Limpió sus lágrimas dispuesta a irse lejos con la promesa de dejar a Rafael en el pasado.

Capítulo 3 Reencuentro

Cuatro años después

Abigail corrió con fuerza, la noche había sido caótica una vez más. De nuevo iba corriendo a su trabajo, ser la secretaria de presidencia no era nada sencillo. Su vida era una completa rutina todos los días, pero estaba bien así, tranquila y medianamente feliz.

Al llegar, su jefe el señor Miller estaba bebiendo una taza con café. Cuando la vio soltó una carcajada.

-Creí que no ibas a venir para la reunión de hoy -dijo el hombre mirando la computadora.

Ella se sintió apenada, desde que estaba trabajando en esa empresa él se había comportado como un verdadero padre para ella. Y le tenía un gran cariño, uno que era correspondido por él.

-Lo siento, es que Gabriel...

-¿De nuevo no te dejó dormir? -ella negó con su cabeza.

-Estuvo muy enfermo. Pero me quedaré más tiempo por el tiempo que llegue tarde, lo prometo.

-No hay problema, lo importante es que Gabriel esté bien. Abigail hoy viene mi hija con su esposo y quiero que estés a su disposición, espero contar con tu apoyo -pidió con paciencia.

Ella hizo una mueca de tristeza y se sentó frente a él.

-Sé que quiere irse, que ya está cansado y busca disfrutar su vejez, pero debo decir que me hará mucha falta. Trabajar con usted fue lo mejor que me pudo haber pasado y no sé si pueda acostumbrarme a un nuevo jefe.

El hombre se puso de pie y se hizo frente a ella, le dio una mirada fraternal y acarició su cabeza.

-Estaré viniendo por aquí de vez en cuando, adicional estoy completamente seguro de que lo harás muy bien, eres una muy buena empleada -dijo él, con una sonrisa genuina-. Confío en ti, en que seas de gran apoyo para él y para mis hijos.

-Pero no será lo mismo sin usted señor. Amo trabajar en esta empresa, por su comprensión, por su apoyo y su cariño.

-Pero no vas a estar sola aquí mi hijo estará acompañándote como siempre y mi hija vendrá con su esposo. Te garantizo que todos te van a tratar como una más de la familia, como siempre lo has sido. -Ella sonrió.

Él le dio un abrazo lleno de melancolía. Era el último día que trabajaría para su jefe, ella esperaba que al menos pudiera continuar con su trabajo.

Era lo único que tenía y que le ayudaba a mantener todos sus gastos.

Luego de que organizara algunas cosas en la oficina de su jefe, ella bajó el auditorio en donde iban a hacer la presentación formal del nuevo integrante de la empresa.

Abigail estaba bastante nerviosa, la hija de su jefe era una mujer que no había tratado con familiaridad, solo la había tratado máximo dos veces y era claro que no era muy amable... solo esperaba que su esposo fuera completamente diferente a ella.

El auditorio se llenó de cada uno de los empleados, Abigail se ubicó en una de las sillas de atrás, encargándose de gestionar absolutamente todo.

Las luces del escenario se pusieron tenues cuando el presidente se ubicó al frente, recibiendo un aplauso agradable de cada una de las personas sentadas allí.

Dio algunas palabras de aliento a sus empleados, para luego presentar a su hija y finalmente al hombre que lo iba a reemplazar.

Abigail tenía una sonrisa en su rostro, se encontraba feliz, la empresa era como su segundo hogar. Y aunque iba a extrañar a su jefe, estaba feliz por él.

No obstante, esa sonrisa se borró rápidamente cuando el hombre subió al escenario y se hizo al lado de aquella mujer.

Abigail sintió como todo su cuerpo comenzó a sudar inesperadamente, era como el más cruel de los espejismos.

Rafael estaba frente a ella, ignorando por completo su presencia.

Estaba ahí con un poco más de barba de lo que recordaba, pero causando los mismos sentimientos en ella.

Abigail sintió que le faltaba el aire, necesitaba respirar... no podía estarle pasando eso. No después de haber empezado de cero y haber dejado su vida atrás, el amor que sentía por él atrás.

Los aplausos a su alrededor la aturdieron, sin esperar más salió de aquella sala tratando de buscar oxígeno.

¿Cómo iba a enfrentarse a él luego de haberlo dejado plantado en el altar?

El temor se apoderó de su cuerpo, se encerró en uno de los cubículos de la empresa esperando que esto fuera un mal sueño.

Una pesadilla que esperaba pronto pudiera disolverse.

Comenzó a escuchar el ruido de las personas, la reunión había terminado más pronto de lo que imaginó.

Solo podía pensar que si eso era verdad ¿Qué pasaría con ella ahora y con su trabajo?

No podía irse de la ahí, le debía una gran cantidad de dinero a la empresa luego de pedir un préstamo para su padre, adicional que en ningún lado iba a encontrar un salario similar... definitivamente estaba completamente perdida.

Solo podía pensar en ese momento en Gabriel y en su padre. Ellos dependían por completo de ella.

Su teléfono comenzó a sonar al ver en la pantalla que era su jefe, temía lo peor.

Ella respondió luego del tercer llamado, su voz estaba temblorosa y la ansiedad en su cuerpo la estaba sobrepasando.

-¿En dónde estás Abigail? Creí que ibas a estar en la oficina. Quiero presentarte formalmente con el esposo de mi hija, ella también está aquí esperándote.

"Su esposo" escuchar esas palabras le dolía... Él se había casado.

Ella apretó sus ojos. ¿Por qué le tenía que pasar eso?

-Abigail ¿Estás ahí? -el hombre insistió.

-Ehh sí, aquí estoy -respondió ella con su corazón completamente agitado.

-Necesito que estés aquí, deben conocerte, empezarás a trabajar con ellos en un par de días.

-Señor, no me siento nada bien, quería pedirle si me puedo retirar -dijo con baja voz.

-Abigail, ellos te están esperando. Preséntate y luego te retiras. Les dije que eras la mejor de las secretarías. Te espero aquí, no tardes más de cinco minutos. No me hagas quedar mal.

La llamada terminó dejándola con una crisis interna terrible.

Mientras tanto, en la oficina de presidencia levantaron sus copas para celebrar.

-No tienes idea lo agradable que es contar con tu presencia en nuestra empresa Rafael.

-Es un gusto. Expandirnos de este modo será bastante satisfactorio para todos -respondió Rafael con seriedad, como siempre.

-No solo te entregué a mi hija Rafael, sino que ahora te entrego mi empresa y mi legado. Espero que lo hagas muy bien, no solo con la empresa, espero que sigas haciendo muy feliz a mi hija, la luz de mis ojos. Confío plenamente en ti -habló el hombre mientras colocaba una de sus manos en su hombro.

-Claro, no pienso defraudarlo.

La puerta de la oficina se abrió, Abigail entró con su rostro bajo, vio de espaldas al par de hombres allí y se dirigió hasta donde ellos estaban y con pasos torpes cortó la distancia.

-Aquí estás -mencionó su jefe-. Rafael déjame presentarte a tu nueva secretaria, una mujer incondicional, leal y la mejor de todas.

Rafael se giró, al verla allí frente a él, la copa entre sus manos se cayó estrellándose con el suelo.

-Rafael, te presento a Abigail Taylor.

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