El doctor miró a Caroline Harper y le anunció con una sonrisa:
"¡Felicidades, señorita Harper! Tiene dos meses de embarazo".
Ella se sorprendió ante la noticia. Le arrebató el resultado de la prueba al doctor y lo examinó detenidamente. ¿De verdad estaba embarazada?
Luego de cerciorarse por sí misma, salió del consultorio alegremente. Su felicidad era tanta que cuando llegó a la puerta, sacó su celular e hizo una llamada.
"¿Qué pasa?". La voz profunda del hombre provino del otro extremo de la línea tan pronto se conectó la llamada.
Caroline llamó a su esposo, Damian Mayson. Pero al escuchar la frialdad en su voz, se entristeció. No obstante, recordó la buena noticia que estaba por revelarle, y volvió a animarse.
Justo cuando iba a hacerle saber que estaba embarazada, titubeó, y finalmente, se limitó a decir:
"¿Nos vemos esta noche? Hay algo que quiero decirte".
Ella consideró que lo mejor sería darle la noticia en persona más tarde.
"Aún no sé".
Damian colgó al terminar de hablar, sin siquiera permitirle decir algo más.
Caroline, por otro lado, suspiró y regresó a casa. Una vez dentro, se quitó los zapatos y escuchó una voz severa proveniente de la sala de estar.
"Caroline, ¿dónde has estado toda la tarde? No hiciste las tareas del hogar. Te he estado llamando, pero no contestaste tu celular. ¡¿Cómo te atreves?!".
La voz era de la madre de Damian, Megan Mayson. Se puso de pie y, mirando a Caroline con disgusto, espetó:
"¡Apresúrate y prepara la cena enseguida!".
La chica bajó la cabeza, y dado que estaba acostumbrada a la actitud de Megan, no replicó. En cambio, respondió con un hilo de voz:
"De acuerdo".
Después de cenar, Caroline terminó de limpiar, y Damian seguía sin regresar a casa. Ella decidió sentarse en la sala de estar a esperarlo, y no pudo evitar tocarse el vientre, sintiéndose un poco decepcionada.
Ya era tarde en la noche, cuando el ruido de un auto afuera la despertó de su sueño profundo en el sofá.
En ese momento, Damian entró, vestido con un traje negro; a pesar de su atractivo, irradiaba un aura fría.
"¡Damian, volviste!". Caroline se levantó, hecha un manojo de nervios.
El hombre se le acercó con una mirada inexpresiva, dejó un documento sobre la mesa y dijo con frialdad:
"Caroline, divorciémonos".
Ella se quedó perpleja por un momento, y lo miró con incredulidad.
"¿Divorciarnos? ¿Por qué? ¿Acaso hice algo malo? Tú...".
"Ximena recuperó la conciencia".
Entonces ella cayó en cuenta; resultó que el primer amor de Damian había despertado.
Él la miró fijamente y mantuvo su tono frío:
"Ella recuerda claramente que fuiste tú quien la atropelló aquel día. ¿Tienes algo que decir?".
"No, yo no fui. Damian, te juro que yo no lo hice".
Las lágrimas brotaron de sus ojos. Ella y Ximena Shipley fueron compañeras de clase en la universidad y nunca se llevaron bien. Tres años atrás, mientras conducía por la carretera, esta última salió corriendo de repente y se atravesó en su camino. Por suerte, pudo detener el vehículo justo a tiempo.
Pero en ese preciso momento, otro auto aceleró y atropelló directamente a Ximena. El conductor se dio a la fuga, y para cuando Damian llegó, solo vio a Caroline allí. Y antes de que Ximena perdiera el conocimiento, le preguntó a la chica por qué la había atropellado.
Lamentablemente, no había cámaras de vigilancia y Caroline tampoco tenía una dashcam que pudiera demostrar su inocencia.
Ximena quedó vegetal, y ella se convirtió en la culpable así como así.
"Damian, de verdad no la atropellé. Llévame a ver a Ximena. Quiero hablar con ella".
Desde luego, Damian no le creyó, y le dijo con indignación:
"¿Sigues mintiendo incluso ahora? Firma el divorcio, empaca tus cosas y vete de la villa de inmediato. No quiero volver a ver a una mujer despiadada como tú".
Tras estas palabras, Damian se dio la vuelta y salió de la villa.
Caroline se desplomó en el sofá, sintiendo todo su cuerpo débil. Había estado a su lado durante tres años, pero seguía siendo una mujer malvada a sus ojos. Un dolor agudo se apoderó de su pecho, como si lo estuvieran cortando con un cuchillo.
Caroline se puso de pie y fue a su habitación. No pudo evitar sonreír con amargura al mirar su rostro pálido y su figura delgada en el espejo.
Hacía tres años, Damian había luchado por la propiedad de la familia Mayson. El único requisito de su abuelo para que heredara la empresa había sido que se casara. Como él creía que Caroline había tenido la culpa de que Ximena entrara en coma, ella tuvo que casarse con Damian en nombre de esta última.
Nadie sabía que a Caroline siempre le había gustado él, por lo que en ningún momento se negó. Había sido tan ingenua que pensó que, después de su matrimonio, podría cambiar la impresión que Damian tenía de ella. Había renunciado a la oportunidad de estudiar en el extranjero e hizo todo lo posible para complacer a su esposo y a las personas que lo rodeaban. Incluso cuidó a Ximena en el hospital, esperando poder aclarar la verdad cuando despertara.
Hacía dos meses, Caroline y Damian habían tenido sexo por accidente. Como solo sucedió una vez, ella no esperaba quedar embarazada. No obstante, pensó que un bebé podría mejorar su relación.
Hasta ese día, Caroline tenía la sensación de que todo era una broma. Era momento de despertar.
Afuera estaba lloviendo fuertemente. Hubo un tremendo relámpago, seguido por un fuerte trueno. Caroline se detuvo en la sala de estar, agarró el acuerdo de divorcio y lo firmó con una mano temblorosa.
Los meses pasaron rápidamente. Caroline estaba en la sala de partos de un hospital en un país extranjero.
Ya llevaba mucho tiempo gritando y sudando profusamente por todas partes. De repente, se escucharon los llantos de unos bebés.
"Felicitaciones, señorita Harper", declaró el médico con alegría. "Ha dado a luz a gemelos".
Caroline curvó los labios en una débil sonrisa. Mirando a sus bebés, respiró de alivio y se desmayó.
Cuando volvió a abrir los ojos, lo primero que vio fue un techo blanco. Al girar la cabeza hacia un lado, se dio cuenta de que una enfermera estaba cambiando la botella de infusión.
"Señorita, ¿dónde están mis bebés?", preguntó débilmente. "¿Cómo se encuentran?".
Hacía unos meses, cuando Caroline se marchó de la casa de la familia Mayson, había planeado abortar. Sin embargo, cambió de opinión en el hospital, pues se dio cuenta de que no quería perder a sus bebés. Al final, decidió dar a luz sin decírselo a la familia Mayson.
La enfermera hizo una pausa y vaciló durante unos segundos.
"Señorita Harper, lamento mucho su pérdida", declaró. "Sus bebés murieron unos momentos después de nacer, debido a una deficiencia de oxígeno".
Caroline sintió que su corazón se hundía.
"¡Imposible! Yo los escuché llorar. Es imposible...".
"Señorita Harper, el hospital ya emitió el certificado de defunción. Lo siento por su pérdida".
Tras estas palabras, la enfermera salió de la sala. Con el corazón lleno de emociones complicadas, Caroline se sacó la aguja y se levantó de la cama. Pero en cuanto sus pies tocaron el suelo, se sintió tan débil y adolorida que cayó.
De repente, la puerta de la sala volvió a abrirse y entró una mujer con ropa de diseñador.
"Cuánto tiempo sin vernos, Caroline", saludó Ximena con una sonrisa, mientras caminaba lentamente hacia la cama.
"¿Qué estás haciendo aquí?", preguntó ella, mirándola con disgusto. Luego, se agarró al borde de la cama e intentó ponerse de pie, pero su cuerpo le dolía tanto que sintió que ya no le quedaban fuerzas.
"¿Qué planeabas hacer después de dar a luz a los hijos de Damian en secreto, Caroline? ¿Querías utilizarlos para obtener el título de señora Mayson? Oh, debes estar muy triste porque murieron demasiado pronto".
Parándose junto a la cama, Ximena la miró con una sonrisa condescendiente y triunfante.
"¿Qué estás haciendo aquí?", insistió Caroline. "Tú mataste a mis hijos, ¿verdad?". En ese momento, sintió que estaba a punto de desmoronarse.
Sus bebés habían nacido bien. Incluso escuchó sus gritos y los vio con sus propios ojos antes de perder el conocimiento. ¿Cómo podían morir?
Ximena hizo una mueca burlona.
"Oh, Caroline, no me incrimines. La muerte de tus bebés no tiene nada que ver conmigo".
"¡No te creo!".
"¡Mírate! ¡Eres tan miserable ahora! ¿Quién hubiera pensado que la belleza de la Universidad de Adephia terminaría así? Una vez dijiste que ganarías el campeonato en el Concurso Internacional de Piano, ¿verdad? ¿Cómo puedes competir conmigo ahora? Por cierto, ya me he mudado a la casa de Damian. Él y su madre me tratan muy bien, y pronto celebraremos nuestro compromiso".
Caroline se la quedó mirando y dijo:
"¿En serio? Eso es porque Damian aún no sabe el tipo de persona que eres. Pase lo que pase, descubriré la verdad sobre el accidente automovilístico y la muerte de mis hijos. Y no te preocupes, tampoco dejaré de tocar el piano. No permitiré que te salgas con la tuya, Ximena. Me vengaré".
Los ojos de Ximena brillaron con furia. Mientras observaba a Caroline tirada en el suelo con el rostro pálido, no pudo evitar recordar los días en que ella la había derrotado en la universidad, aunque siempre se había considerado mucho mejor que Caroline.
Ximena adoptó una expresión feroz. Estaba tan furiosa que dio un pisotón a la mano de Caroline con sus tacones altos.
Su rostro palideció más por el dolor.
"Caroline, no existe tal cosa como la verdad. Y no vuelvas a soñar con tocar el piano. Tu destino es que yo te pisotee para toda tu vida".
Mientras Ximena hablaba, Caroline entró en coma. De repente, ingresó una enfermera.
"Esto no es bueno. La paciente está sangrando mucho".
Caroline fue llevada a la sala de emergencias. Se sentía al borde de la muerte. De repente, escuchó vagamente a alguien entrar y hablar con una voz masculina, baja y extraña:
"Tienen que salvarla a toda costa. Si ella muere, todos morirán con ella".
Estaba confundida. ¿Quién era ese sujeto?
Adentro de la enorme oficina del Grupo Mayson, se encontraba Damian, muy guapo con su traje negro. Estaba mirando la lluvia caer con fuerza a través de la ventana, sin ninguna expresión.
Tenía el ceño ligeramente fruncido, sintiendo un leve dolor en su corazón. Por algún motivo, una premonición ominosa surgió en su interior.
Cinco años pasaron rápidamente. Caroline salió del aeropuerto de Adephia con un traje blanco. Su cabello rizado estaba esparcido sobre su nuca. Cada uno de sus movimientos era delicado y elegante. Al quitarse las gafas de sol, dejó al descubierto su fino y deslumbrante rostro.
Los transeúntes no pudieron evitar mirarla unas cuantas veces. Cualquiera que no la conociera pensaría que era una celebridad.
Cuando Caroline observó la bulliciosa ciudad, diferentes emociones brotaron de su corazón.
Por un momento, se perdió en sus pensamientos. Al recuperar el sentido, caminó hacia el baño.
Pero se chocó con una niña pequeña cuando salió.
"¡Ahhh!".
Caroline se sobresaltó al escuchar un grito infantil.
Sin embargo, rápidamente se disculpó.
"Lo siento, no fue mi intención".
La pequeña alzó la cabeza y sus ojos se iluminaron de inmediato.
"¡Guau, eres tan hermosa!", exclamó con sorpresa. "¿Eres famosa?".
Caroline observó el rostro suave de la niña y sonrió.
"No, no soy famosa".
"¿En serio? Pero eres muy hermosa y tienes una voz bonita. Me agradas mucho. Te voy a dar un dulce que traje de Italia".
La niña sacó un trozo de chocolate de su pequeña bolsa y se lo entregó a Caroline.
"¡Adiós!", dijo luego.