Cuando amas... generalmente lo haces sin medidas. Sin control.
No somos conscientes de las dimensiones que puede tomar el amor, porque nuestros sentimientos pueden llegar a confundirnos. Lo bueno se puede mezclar fácilmente con lo malo y enturbiar el amor.
Historias hermosas tienden a caracterizar el entorno del amor.
Pero... ¿Y si ese amor se vuelve oscuro y enfermizo?
¿Cuántas maneras tóxicas de amara existen?
Es un hecho que no todos sabemos amar. Hay mucha gente que lastima lo que más ama y se nutre de su obsesión poco saludable, confundiéndola con el maravilloso acto de amar.
Eso es justo lo que descubriremos en la dimensión del amor.
Que tan grande puede ser el amor.
Hasta donde nos puede llevar amar desmedidamente a una persona, en cualquier variante de ese amor.
Mientras Aidan esconde un gran secreto, y la familia sigue viéndose amenazada por la hostilidad a su alrededor, el amor sigue siendo el pilar de esta novela.
No hay segundo bueno o malo en el que su protagonista no se sienta rendido ante el amor que siente por su pequeña, ni momento en el que ella no le sea recíproca.
Abrumadoramente enamorados y desastrozamente extasiados, esta pareja y toda la familia nos muestran... La dimensión del amor.
Amaia
Mi cuerpo se sentía como anestesiado. No había un solo músculo que no se sintiera raro, era como un dolor ausente, una sensación de agotamiento muscular.
Llevé mi mano a mi rostro y lo tenía vendado, se sentía raro y desesperante no tener idea de lo que había sucedido. Ni dónde estaba.
Por entre las vendas de mi rostro, pude observar el panorama desconcertante que me rodeaba.
Mis ojos no estaban cubiertos, lo que me permitía ver las paredes de ladrillo fino a mi alrededor, estaba sobre una cama de cómodas sábanas y rodeada de lujosos muebles.
Un espejo enorme había justo, al frente de esta . Me senté con cuidado, sintiéndome mareada y observando las marcas en mis muñecas, estaban moradas, con evidentes signos de violencia.
Una vez sentada, al borde de la cama, me ví a mi misma en el espejo.
Llena de moratones por distintas partes de mi cuerpo y con una bata blanca que transparentaba mi silueta a través de la tela.
Descalza avancé hasta la puerta, y enseguida noté que estaba cerrada por fuera. Caminé hasta las ventanas y eran de cristal, del techo al suelo, pero no había forma de abrirlas.
Miré por el cristal, buscando la manera de salir de aquí, pero no lo conseguiría jamás, a no ser que rompiera el cristal y saltara al vacío. Esta dichosa habitación estaba en un primer nivel, o sea qué, o aprendía a volar o tendría que buscar otra estrategia para salir de aquí. Donde sea que fuera esto.
Afuera pude sentir a alguien hablar en un idioma que estaba empezando a detestar...ruso.
Una acalorada conversación en ese idioma, dónde solo se escuchaba una voz, lo que me hacia pensar que era una disputa telefónica, me trajo cosas a la memoria.
Había discutido con Aídan, por culpa de aquella foto que me había roto el corazón. Viendo cómo el auto dónde debían ir mi hermana y Ashton, volaba en pedazos delante de mis ojos y a su vez, yo resbalaba por el borde del acantilado.
Evento que me trajo hasta este lugar, evidentemente.
No tenía idea de dónde estaba ni de quién me había traído aquí, aunque aquel acento ruso en una voz que se me hacía conocida, me daba pistas.
Lágrimas empezaron a desplomar mi cordura. Me dejé caer sobre el suelo y llevando mis manos a cada lado de mi cara vendada, empecé a llorar convulsivamente.
Mi hermana y mi sobrino, así como Ash, podían estar muertos de haber ido en ese coche y yo estaba aquí, no sabía donde ni bajo las órdenes de quién, siendo abatida por el dolor, la pena y el desconcierto.
Sentimientos demoledores.
Mi dolor de cabeza se hizo presente, enviando punzadas retroculares dolorosas. Aquel llanto no cesaba y empecé a morder el dorso de mi mano para tratar de controlar los espasmos que me recorrían el cuerpo, de pensar que tal vez, había perdido a mi melliza.
El cierre de la puerta de aquella habitación empezó a ceder y una chica rubia, con un carrito que contenía varias cosas entró y un hombre alto, que no pude ver, cerró la puerta detrás de ella.
Se acercó a mi de manera preocupada y se agachó clavando sus rodillas en la alfombra del suelo, sin saber muy bien que hacer conmigo.
Nos miramos fijamente por unos minutos y sorprendentemente ella acarició mis pómulos, barriendo mis lágrimas con las yemas de sus dedos.
- No llores de esa manera. Todo estará bien - también era rusa la rubia. Su acento la delataba - al señor no le gustará verte llorando.
¿Cuál señor?
¡Ohh dios!¿ Me había secuestrado el ruso?
- ¿Cuál señor? ¿Nikolay?- pronuncié tratando de controlar el dolor de mi labio inferior. Lo tenía lastimado.
- No puedo decirle señora. Perdone por haberla tratado de forma tan familiar, solo debo servirla y cuidarla - la chica se giró hacia su carrito y buscó una bolsa de hielo para luego, apoyarla en mi frente produciendome un alivio de agradecer.
- Yo necesito saber de mi hermana.¿Puedes decirme si sabes algo? - estaba desesperada, le preguntaría a todas las personas que me cruzara con tal de saber algo. Quizá alguien de este sitio sepa si al menos está viva.
- Solo tengo permitido decirle, que ella y su esposo están vivos. Nada más - me dejé caer sobre el suelo con gesto de alivio.
Un suspiro escapó de mí y la rusa me sonrió disimuladamente.
Iba vestida de mucama, pero era muy hermosa y extremadamente jóven.
- Al menos dime si me sacaron de mi país. - necesitaba saber qué tan lejos estaba y empezar a trazar mi plan de escape.
Ahora mismo no quería ver a Aídan, pero mentiría si dijera que no estaba esperanzada con el maldito chip que me había colocado.
Eso me hizo pensar en el colgante. Llevé mi mano a mi cuello, buscándolo, para al menos sentirme más cerca a salir de aquí; pero no estaba, me lo habían quitado o sencillamente lo había perdido.
- El señor no la ha sacado del país señora. Eso puedo decírselo.
La chica me dió al menos un poco de alivio y continuó limpiando algunas de mis heridas, que yo no veía pero si sentía.
Quitó la venda de todo mi rostro y empezó a aplicarme una crema por la parte derecha de mi cara y la frente.
- ¿Sabes que fue lo que me pasó? - traté de hablarle de manera más suave, para tratar de sacar alguna información de toda esta locura.
- El señor nos vigila, no puedo decirle nada más que... que está a salvo con él. No va a permitir que le pase nada. Se lastimó el rostro con la caída y le estamos aplicando un tratamiento que no le deje marcas. Lleva dos días aquí y estaba sedada, para darle tiempo a su piel a sanar sin estrés.
La rusa no dijo más.
Por mucho que traté de sacarle algún que otro detalle, no decía nada.
Sentía un poco de tristeza por haber perdido el colgante que Aídan me había regalado con nuestras iniciales y la de nuestra hija, pero ya vería la forma de recuperarlo.
Pero lo primero, era averiguar dónde estaba y bajo las órdenes de quién y ya luego, largarme de aquí.
Comí todo lo que la chica trajo para mí y bebí bastante líquido, necesitaba recuperar fuerzas para cuando llevara a cabo mi huida.
Lo que sí tenía claro, era que debía salir de aquí cuanto antes y averiguar que había pasado con mi hermana.
Y ya luego, buscar a mi marido y pedirle el divorcio. Ni de coña iba a ser la típica esposa aguantona, convirtiéndolo a él en el típico marido mujeriego, cuya mujercita le asimilaba todas las asquerosas infidelidades.
Aidan
Mientras avanzaba por los pasillos de la agencia a toda velocidad rumbo a la oficina de mi padre, me tropecé con Archer.
Desde hacía rato ya, no lo veía. Había echo todo lo que estuvo en mi mano para apartarlo de mi mujer. Y lo había logrado, otra de las cosas que mi pequeña no sabía.
No quería a ese hombre cerca de mi chica, ya habían hecho algunas cosas juntos y no acababa de confiar en él. Encima se estaba tirando a una de las agentes de su equipo, me lo había contado Carter y me parecía muy extraño, que fuera justo Sabrina, una agente con la que tuve un lío un tiempo. Si Amaia se enteraba de eso, se mosquearía y no se porque, me daba la sensación que esa era la intención de Archer... joderme.
- Buenos días comandante Douglas - me saludaba el, utilizando mi nuevo apellido y rango. Demasiado formal para estar hablando los dos solos. No confiaba en él.
- ¿Que quieres Archer? - pregunté combativo.
- Nada nada... Solo te estoy saludando.¿Y tu mujer?
- Muy bien, en casa.¿A ti que coño te importa? - estábamos en medio del pasillo y mis puños apretados estaban al volar hasta su rostro y tirarlo contra la pared detrás de él.
- A mi solo me interesa que mis agentes estén bien. La estoy llamando y no contesta. - claro que no lo hacía, era yo quien tenía su móvil.
- Está rebajada de servicio. No tiene porqué contestarte - me notaba cada vez más cerca de romperle la cara sonriente que tenía.
- Hablaré con el coronel para que la localice. Tengo una misión en diez días y la quiero conmigo - el brillo de su sonrisa me nubló la razón. Le fuí arriba y lo pegué contra la pared, mis puños cerrados sobre el cuello de su camisa y mi fuerza entera sobre la suya. Pero el, no dejaba de sonreír cínico.
- Esa mujer es mía, no te quieras pasar de listo porque te juro por su vida que te mato - lo amenacé con furia. Estaba celoso y jodido.
Extraño mucho a mi mujer y encima saber que otro quiere joderme con ella me ponía muy cabreado.
- ¿Sabe los detallitos que le escondes? - me estaba tocando demasiado los cojones y estaba a nada de sacar mi arma y vaciarla en su pecho - te aconsejo que la dejes trabajar en paz. Solo quiero trabajar con ella, no me obligues a jugar sucio.
Había levantado mi puño para incrustarlo en su cara, justo cuando mi padre me detuvo.
Me obligó a soltar a Archer y el muy cabrón se arregló su camisa, sonriendo tranquilo.
- Vete Archer - le indicó Douglas y yo respiraba tan fuerte que parecía un toro.
Douglas me tenía en una esquina, evitando que saliera detrás de Archer y le partiera la vida allí mismo.
- Necesitas calmarte. Estás empeorando todo. Si sigues así, voy a tener que regresarla antes de tiempo, Archer puede ser muy testarudo, si la busca y le dice, tendrás más problemas de los que ya tienes con ella.
Me tomó del brazo y me llevó hasta su despacho, una vez que entramos el cerró la puerta y yo fuí directo a prepararme un trago, no estaba de servicio.
- Dime de Aitana y Ashton.- pregunté antes de sentir el alcohol quemar mi garganta y preparé otro trago para tomarlo de golpe igual que el anterior, pero el me lo quitó.
- No empieces otra vez a beber así. ¿Dime de Amaia?
- Responde tu primero - no quería que me cuestionara por lo que le había pasado a mí mujer.
- Ellos están bien. Mi contacto se está ocupando de que Aitana no sufra por el estrés. Mañana será la intervención.
Asentí y antes de girarme para irme, le quité el vaso de la mano y bebí mi trago tranquilo.
Cuando tenía mi mano sobre el pomo de la puerta para salir, el me detuvo y poniendo su mano en mi hombro me dijo sereno...
- Tienes que dejar a Amaia tranquila Aídan. Déjala ser lo que quiera ser. Te estás equivocando y la vas a perder cuando lo sepa todo.
- Eso no va a pasar. Ella es mía y sin ella me pierdo. No voy a dejarla ir nunca. Ya veré como lo arreglo.
- ¿Donde está ?
- No lo sé, pero voy a averiguarlo. Es mi mujer y yo lo voy a resolver. Se está escondiendo de mí, porque sabe que en dos palabras la tengo de regreso. Pero cuando la encuentre te aviso.
- No sé porque no te creo nada.¿Y el chip de rastreo? - preguntó impidiendo nuevamente que me fuera de allí.
- Se ha quitado el colgante. No hay manera de rastrearla.
- ¿Te crees que soy estúpido? - ya sabía que no lo era, pero tenía que darle espacio a mi pequeña y darme tiempo a mí para encontrar la manera de que hiciera lo que quería pedirle - estás demasiado sereno, te conozco. Tu sabes dónde está. Si haces algo a mis espaldas vamos a tener muchos problemas. Dime quién la tiene Aídan, deja que te ayude.
Ni de coña. De Amaia me encargo yo y nadie más.
- Escúchame - me giré hacia el respirando hondo - no se dónde está y se ha quitado el colgante, no tengo como rastrearla. Si te parece que estoy tranquilo es que no me conoces. Pero tengo que crear una estrategia para encontrarla y cuando lo haga, necesito tener a su hermana sana y salva. Luego de eso, arreglaré lo que sea con Amaia.
- ¿Cómo crees que se va a poner cuando sepa que la has estado manipulando para que sea madre?
- Me importa una mierda como se ponga. Yo sé perfectamente ser su furia y su calma. - abrí la puerta para marcharme, tenía cosas que hacer - pero no voy a permitir que ella se niegue a ser madre. Eso jamás.
Salí de allí cabreado.
Nadie entendía la dimensión del amor que le tenía a Amaia.
Me moría por esa mujer.
Cuando supe por su terapeuta que no quería hacer el tratamiento para intentar tener un hijo,me vine abajo.
Me di cuenta de que me había escondido ese gran detalle, a mí, a su marido, al padre de sus hijos.
Me fuí con el especialista y me dió un tratamiento para ella, y es lo que le he estado aplicando sin su consentimiento.
Le dije que llevaba un chip en la vagina para localizarla pero en realidad, eso es una cápsula intravaginal para su tratamiento.
Hay muchas cosas que aún le escondo, pero son para su seguridad y bienestar.
Pero eso es algo que nadie entiende, me tildan de posesivo y controlador con ella, pero es que mientras más a salvó esté mi pequeña, más a salvó estaré yo y todo aquel que le haga daño.
Así de demente, es mi forma de amarla.
Cuando subía a mi auto, para ir a casa de Linda, mi suegra, me sonó el móvil.
- ¿Que coño quieres? - dije hosco.
- Que cachonda me pone tu voz áspera. Es lo que más me gusta de tí. Tu salvajismo - que raras eran algunas mujeres. Y está la que más.
- Acaba de decir para que mierda me llamas. No tengo todo el día. Creí que nos veríamos esta noche - ella suspiró.
- Me muero por sentir tu magnética presencia a mi lado. Por oler tu piel y morder tu boca.
- Acaba de decir para que me llamas ahora.
- Quiero que nos veamos ahora. En este mismo momento. Necesito sentirte ya. No quiero dejarlo para por la noche.
Eso no era lo que había organizado con ella, pero era el tipo de mujer del que no podías esperar que cumpliera su palabra.
De todos modos, yo era un cabrón de mierda y ella lo sabía, así que le gustaba jugar conmigo, pensandose ganadora. Y yo la dejaba.
Menuda estúpida.
- De acuerdo. Voy para allá. - acepté escuchando como sonreía alegre.
- Ya sabes dónde te espero hermanito. No demores.
- Hasta ahora Ali...
Aitana
Dos malditos días habíamos estado mi marido y yo en manos de la miserable de Alicia Miller.
Hay muchas escorias sueltas por el mundo, y definitivamente me ha tocado conocer a unas cuantas personalmente, pero ninguna como ella y su madre.
Mientras Ash y yo nos cambiamos de ropa, el día de la boda, Alicia entró a mi habitación y me puso una pistola en la cabeza para sacarme de allí y obligar a Ashton a irse con ella.
Le mandó un mensaje al pobre chófer de nuestro auto, diciéndole que su esposa estaba grave en el hospital y el hombre salió a toda pastilla de la boda, sin imaginar que moriría a manos, de la sangre fría de Leticia que puso una bomba en el auto.
Están locas las dos mujeres estás.
Al final nos tuvieron en habitaciones separadas estos dos días y no sé que habrá sido de Ashton en ese tiempo, pero a mí, casi me matan del hambre y la sed. Llegué al hospital casi deshidratada, sino llega a ser por un guardia que me daba agua y un pan de vez en cuando, hubiese muerto con mi hijo dentro.
Ahora me veo de vuelta al hospital, llena de cables que monitorean mi cuerpo y con mi esposo en la misma habitación y parecida condición. Solo que el duerme y yo desperté hace una hora.
- ¿Cómo te sientes? - me pregunta Aídan, tomándose un café que me da ganas de arrancarselo de la mano y tomarmelo yo.
- Estoy bien Aídan, solo quiero irme de aquí. ¿Donde está Amaia? - es muy raro que mi hermana no esté aquí.
- Está fuera del país, por trabajo. - me dice el, queriéndome ver la cara de estúpida. Lo conozco lo suficiente para saber que esa actitud serena, no es la de el cuando mi hermana está por ahí, sola.
- Perfecto. Pues márcale al móvil, quiero escuchar su voz y que sepa que estoy bien.¿Está preocupada no? - lo q me respondió fue lo que me dió la seguridad de que algo le había pasado a mí melliza.
- No puedo hacer eso Aitana. Tu hermana está incomunicada, es una misión muy importante. Tendrás que esperar.
Me senté en la cama, cuidando mi intravenosa y observando como mi marido dormía en la cama de al lado.
- No me manipules Aídan que yo no soy Amaia. ¿Dónde coño está mi hermana? - que mi hermana lo deje hacer lo que le dé la gana, no quiere decir que yo le permita lo mismo. A mí no me va a torear.
- Ya te respondí Aitana, puedes creer lo que te plazca. Yo me largo, dile a mi hermano que me llame, tengo que ir a un lugar.
El muy cabrón se fue y me dejó con la palabra en la boca.
Mirando como Ashton dormía, me levanté con cuidado y empecé a buscar mis pertenencias, pero no encontré nada más que mi ropa.
Como Alicia nos había sacado a punta de pistola de la boda, no pude llevarme nada y mucho menos un móvil.
Mientras la zorra esa y su madre habían salido, un equipo de agentes nos rescató y dos ambulancias nos trajeron para acá. Ahora tenemos policías cuidando la puerta, así que ellos serían mi ayuda para dar con mi hermana.
Abrí la puerta de la habitación, sobresaltando a uno de los guardias, que para mí sorpresa era el mismo que cuidaba la puerta del cuartucho en el que me tenian las Miller.
El chico era calvo y enorme, con unos impresionantes ojos verdes y pelo muy negro. Me miró de arriba a abajo y le hizo una seña al otro guardia, que se dirigió enseguida a mí...
- ¿Desea algo señora? - me preguntó.
- Un móvil por favor, necesito hacer una llamada - contesté, pensando en que hacía aquí el mismo hombre que estaba en la casa de las Miller.
- Tendrá que esperar señora a que venga mi jefe, no podemos dejar a nadie entrar o salir de esta habitación, a menos que sea el personal de salud y tampoco pueden comunicarse con nadie hasta que venga el coronel.
O sea Douglas.
¿Pero y esto que es?
¿Por qué no está aquí la policía, interrogandonos por el secuestro de las locas estás?
- Tu estabas conmigo allí.¿Por qué estás aquí ahora? - le dije al chico que me mantuvo viva esos dos días. No puedo entender que esté en los dos sitios. O allí bajo el mando de las Miller estaba infiltrado, o lo está ahora.
- Señora, debe esperar por el jefe. El le explicará - me respondió enseguida y me dió la espalda.
Comencé a salir de la habitación y me detuvo, poniendo una mano en mi cintura y pegándome a su pecho, empujándome para que entrara.
Luchamos cuerpo a cuerpo entre los dos, yo para salir y el para obligarme a entrar.
- ¿¡ Que coño haces con mi mujer!? - la voz de Ashton nos distrajo y ambos nos giramos hacia mi marido, que ahora se estaba aguantando de la cama, para levantarse cómo podía.
- Tranquilo señor, que solo estoy impidiendo que su esposa salga. Tengo órdenes que cumplir - le decía el calvo, mientras yo me encaminaba aguantando mi suero hasta donde estaba Ash.
- Pues cumple tus órdenes sin abrazar a mi mujer. - Ash me tomó del brazo y me ayudó a sentarme a su lado, en su cama.
El guardia no contestó nada y salió, dejándonos solos.
Me giré hacia el y tomando su rostro entre mis manos, le besé los labios con suavidad y ternura y el, en menos de un segundo volvió el beso, algo mucho más carnal y terminó mordisqueando mis labios y recostandome sobre la cama comenzando a manosear mi cuerpo haciéndome gemir.
- ¡Oh angel, como te echado de menos ! - besaba todo mi rostro y recorría mi cuerpo con sus manos - ¿Cómo están mis bebés?
- Estamos bien Ash, pero no me dejan hablar con mi hermana y el idiota de Aídan vino y se fue sin querer decirme algo cierto sobre ella - mientras yo hablaba el acomodaba mi cuerpo al lado del suyo en la misma cama y besaba mi vientre con amor. Yo cerré mis ojos, acariciando su sedoso pelo con mis dedos.
- ¡Buenas noches! - la voz del médico nos hizo levantar la vista hacia el, y dejar el tema de Amaia para cuando terminara de examinarnos a los dos.
Pero de esta noche no pasaba que yo supiera de mi melliza.
Amaia
La rubia no había vuelto desde que me dió de comer.
Podía observar que era de noche, a través del cristal de la ventana.
Todo lo que había podido averiguar era que alguien que conocía y tenía acento ruso, hablaba mucho por teléfono detrás de la puerta de mi habitación, pues siempre que hablaba nadie le respondía. Eso indicaba que le hablaba a alguien por vía telefónica.
Estaba esperando a que la chica rubia viniera a tráeme comida, para intentar salir de aquí y poder ver al menos quien coño estaba detrás de mí puerta.
Llevaba más de una hora sentada en el suelo, justo detrás de la puerta pues no tenía manera de saber a qué hora vendría la chica. Solo podía esperar a que la sintiera caminar por el pasillo.
Otra vez, hablaba por teléfono el tipo que antes se me hacía conocida su voz al oírlo hablar en ruso, pero ahora hablando en mi idioma, ya era evidente de quién se trataba. Es que tan pocas veces lo había oído hablar, que me era muy fácil reconocer su voz, sobre todo por las veces en que me había ayudado.
Y algo me decía que si en esta ocasión, no me estaba ayudando, es porque en el fondo no estaba en peligro. O de lo contrario, Carter no era tan leal como parecía. Pero es que yo creía en su lealtad.
Sin embargo esa voz, sin lugar a dudas, era la de Samuel Carter.
No tuve tiempo de averiguar con quién hablaba , ni siquiera de comprobar que en realidad era él quien estaba afuera, pues cuando iba a tocar la puerta para llamar su atención, se abrió de golpe y casi caigo al suelo, cuando me eché hacia atrás y ví quien estaba adentro de la habitación conmigo.
Abrí mi boca hasta donde ella me lo permitió y llevé mis manos a mis mejillas, poniendo la mayor cara de asombro que he puesto en mi vida.
- ¿ Tú has sido quien me ha secuestrado? - su sonrisa me daba ganas de partirle la cara de un guantazo.
- ¡Hola pequeña! ¿Me has echado de menos?
- Pero Aídan,¿Cómo puedes ser tan cabrón? Tú, tu definitivamente estás mal de la cabeza. Pero es que estás fatal tío, como para ingresar - el muy idiota se recostó en la puerta y cruzó brazos y piernas, estas últimas a la altura de sus tobillos como si nada de esto estuviera mal.
Yo daba vueltas por la habitación mientras mi marido me miraba tan tranquilo que daba genio. Encendió un cigarro y siguió allí, recostado mirándome con pasión.
Lo veía morderse los labios y pasar su lengua por encima de ellos y me sentía humedecer de verlo, pero me regañaba mentalmente para no ceder a su magnetismo sexual. El no se lo merecía, pero mi cuerpo no obedecía a mi mente, en lo que a Aídan y mi deseo por él se refería.
- Pequeña, podría estar toda la vida aquí, solo viendo tu cintura desnuda bajo esa bata, tus pezones duros y apetecibles marcandose para mí, tu culo prieto y joder, es que la tengo muy dura solo de mirarte nena.
- Pues te haces una paja, o ve y busca a Cinthia para que te la tires o te haga una buena mamada, como hacen todas las putas. - me había encendido con sus palabras pero el dolor de la última foto suya, aún me quemaba el pecho.
- Tenemos que hablar de eso cariño. Tienes que escucharme. - el empezó a avanzar hacia mí y yo a retroceder.
- No me interesa nada de lo que me vayas a decir. Ya no confío en tí - yo estaba pegada prácticamente a la pared del fondo de la habitación y Aídan ya estaba a solo medio metro de mí.
Apagó su cigarrillo en el cenicero de la cómoda y siguió avanzando el poco espacio que nos separaba.
Me ví obligada a poner mi mano en su pecho, para que no se acercará más, pero el continuó y yo pasé por su lado, para alejarme, obteniendo así que me tomara de la cintura y me pegara a su pecho, sin esfuerzo alguno levantando mis pies del suelo.
- Aídan suéltame - empecé a protestar y el a ignorar mis protestas.
- Nunca Amaia, nunca. - dijo en mi oído y pasó su lengua por el borde, llevándome a morderme la mía para no gemir.
Joder, es que lo amo mucho. Y lo deseo todavía más.
Me volví a regañar mentalmente y clavé mis uñas en sus brazos, pero no me bajó.
Yo pataleando y el caminando hacia el final de la habitación, abrió una puerta que no sabía que estaba ahí, es que no se veía.
- Aídan basta.
- No, te traje aquí para hablar y vamos a hacerlo. Solo te dí estos dos días, para que sanaran tus heridas. Pero ya estás bien y hermosa como siempre. Tienes que oírme.
Me paró delante de una mesa, me subió a ella y presionando su cuerpo con el mío, tomó un trapo y me amarró las manos en la espalda, por mucho que luchara con el, siempre su fuerza superaba la mía. O quizá mi subconsciente luchaba mal, para perder siempre. Tal vez lo hacía a posta.
Le mordí un hombro y el gimió sonriendo, lo estaba calentando más. Traté de apartarlo con mis piernas y las abrió tanto que me caí sobre la mesa, quedando acostada y el amarró uno de mis pies al tirador de una gaveta y luego hizo lo mismo con el otro, a pesar de que lo golpeé en la cabeza con el, y sonrió para luego ayudarme a sentarme. Le puso llave a ambas gavetas, para que no pudieran abrirse.
- No quiero que me folles. - lo miré serio y el cogió una silla, la puso justo entre mis piernas y se sentó, quedando su rostro delante de mi sexo abierto y por suerte para mí, aún tenía ropa interior puesta. Al menos las bragas me protegían.
- Ahora vamos a hablar - dijo el encendiendo la luz con un mando a distancia y clavando su vista en mi sexo.
¡Joder que morbo me estaba dando!
- De acuerdo - dije rápido - empiezo yo - el asintió haciendo un gesto con su mano para que yo hablara - quiero el divorcio.
Me miró serio y yo que seguía con las manos amarradas a mi espalda y los pies abiertos, amarrados también, justo delante de su cara, expuesta completamente a él, me sentí nerviosa.
Apretó su mandíbula y los puños también, los tenía sobre sus piernas, completamente cerrados. Pero de pronto, abrió una mano y la llevó directo a mis bragas, las rajó con facilidad, tiró al piso los pedazos de encaje y tomó cada lado del escritorio en el que yo estaba sentada, abierta de piernas y lo arrastró por el suelo, conmigo encima, acercándome a él, a su boca y a su dominio.
- ¡ ¡¡Nuncaaa!!!