HANNA.
Jamás pensé que estaría en esta situación con Él...
Mi hermoso y amado chico permanece recostado en esa cama blanca con los ojos cerrados.
Completamente inmóvil.
Y yo estoy de pie frente a Él, ansiosa, agitada y con el corazón latiendome a mil por hora.
Las manos me sudan frío y no puedo evitar que me tiemblen un poco.
Tengo un hueco en el estómago.
Siento que mis lágrimas comenzarán a caer en cualquier momento.
Ahí, en esa cama dura, impersonal y fría de hospital, mi niño...
Mi inquieto y tenaz Leonardo se debate entre la vida y la muerte.
Y no hay nada que pueda hacer por Él.
De hecho tengo irme a ver a los demás quienes deben de estar destrozados como yo.
Jamás esperamos que esta tragedia sucediera.
Mucho menos en este día que había comenzado de forma tan espectacular por la mañana.
"Mi niño, tengo que ir a ver a los papás de Marlene..."
"Regresaré en unos minutos así que no me tardaré."
Me acerco para poder susurrarle al oído.
Sin querer, mi mano como siempre, se dirigió a la suya para acariciarla inconscientemente.
Un fuerte silbido proveniente de una de las máquinas en esta habitación clorada me asusta.
Después otra comenzó a sonar.
Varias máquinas más comenzaron a soltar sonidos y alarmas.
Por la puerta entraron corriendo dos médicos y dos enfermeras de guardia para poder checar que es lo que estaba pasándole a Leo.
"Paro!"
"Está en crisis!"
"Traigan el desfibrilador, prepárense para maniobras de resucitación!"
"Saquen a esta mujer de aquí!"
Gritan a la vez los dos médicos hacia las enfermeras.
Yo estaba a punto de retirarme cuando sentí que la mano de Leo me agarró con fuerza.
Provocando que me quedara helada.
"Me agarró la mano!"
"Me está apretando la mano!"
Grité asustada.
El médico a mi espaldas me miró, después observó la mano antes de decirme.
"Háblele...necesitamos que se tranquilice o su cuerpo no resistirá."
Me agaché para poder volver a susurrarle.
"Mi niño, tranquilo, todo está bien."
"Cálmate y descansa, yo estaré afuera para que te sigan atendiendo..."
"Doctor, baja en ritmo cardíaco, respiración comprometida."
"Está dejando de latirle el corazón..."
Una enfermera comentó.
"Háblale para que se quede con nosotros o fallecerá."
El médico me dice.
Suelto un sollozo.
Me acerco a su oído sin quitarle mi mano de la suya.
"Leonardo, quédate conmigo."
"Mi niño quédate conmigo, no me dejes."
"Sabes que no puedo vivir sin ti."
La enfermera a mi lado le indica al médico.
"Doctor sigue bajando el ritmo cardíaco."
El doctor le pidió que esperara.
Al escucharlo me puse más nerviosa, por lo que con voz temblorosa continúe diciéndole.
"Mi niño, quédate aquí."
"Te necesito demasiado!"
"Me enojaré si te atreves a dejarme Leonardo."
"Por favor, no te vayas."
"Serás mi mano derecha, iremos a todas partes juntos y..."
Los médicos tenían a la mano todo lo indispensable para poder resucitarlo, pues su ritmo cardíaco casi se había desplomado.
"Señora, alejese por favor del paciente."
"Tendremos que reanimarlo pues ha perdido las ganas de vivir."
El médico me ordenó.
Yo asentí.
Le dí un beso en el dorso de la mano antes de intentar retirar la mía, pero Leo comenzó a convulsionar.
Su reacción tan inesperada me asustó casi de muerte!
Los médicos y las enfermeras hablaban entre ellos.
Pedían cosas y gritaban órdenes.
Otros médicos entraron a la habitación empujandome.
Comencé a sollozar de nuevo.
Su mano me dió un apretón de nuevo y me acerque para intentar tranquilizarlo.
"Leo, tranquilo mi niño."
"Debes de resistir, debes luchar."
"Demuéstrame que eres el luchador incansable de siempre."
Leo dejó de moverse de forma errática.
Su mano aflojó su agarre y comenzó a resbalarse de la mía.
Volteé la cabeza para poder ver su mano y después su rostro casi sin vida.
Sin pensarlo grité con todas mis fuerzas, sin importar que todos estuvieran a mi alrededor.
"Si te quedas conmigo me casaré contigo!"
Esperando que lo que dije surtiera algún efecto, los médicos observaban las pantallas conteniendo el aliento...
El corazón de mi niño comenzó a latir de nuevo, débil pero constante.
Su respiración se volvió más fuerte y constante a través de la mascarilla de oxígeno, para alivio de todas las personas en la habitación.
Los médicos me miraron de forma curiosa y a detalle.
Pero en este momento no me importa nada, lo importante es que Leo no fallezca.
Le prometí cuidarlo hace muchos años, le prometí una buena vida y pensé que le había cumplido.
Pero al verlo con el cuerpo casi destrozado, postrado en esa cama me hizo darme cuenta por primera vez que quería ser egoísta y quedarme con Él.
Solo con Él.
El médico que me había instado a hablarle me dijo antes de salir.
"No deje de hablarle, reacciona ante usted."
Y me quedé ahí, al lado de mi niño en en esa silla fría, con la gran mano de Leo entre las mías, sintiéndome mierda absoluta.
Solo porque ya no lloro tan fácilmente y menos frente a la gente no significa que no sienta nada.
Aunque a veces parezca que soy demasiado fría.
Siendo sincera, prefiero parecer de hierro a volver a ser aquella mujer debilucha y llorona que fui hasta los veinticinco años.
"Cómo está Él?"
Me pregunta Ericka, mi mano derecha y amiga irremplazable.
"Bien, está bien..verdad mi niño?"
La voz se me quiebra e intento controlar mis tontas lágrimas.
Ericka se me acerca, me abraza y yo siento que me voy a romper.
En la puerta están de pie una pareja de señores, destrozados al igual que yo.
Hemos pasado por mucho y la señora aún trata de controlarse poniéndose la mano en la boca cuando ve a Leo.
Él ha sido el único sobreviviente de ese terrible accidente automovilístico.
Necesito ir con ellos, pues tenemos mucho de que hablar, pero temo dejar a Leo solo.
Le hago señas a Ericka para que tome su mano y de ese modo pueda salir por unos minutos.
Con cuidado me releva y siento que las piernas se me van a doblar en cualquier momento porque estoy nerviosa por todo lo que ha pasado.
"Que les voy a decir?"
Me cuestionó mentalmente.
Los papás de Marlene me rodean y nos alejamos un poco de la habitación de Leo y nos fundimos en un abrazo necesario los tres.
"A que hora partirá el cortejo fúnebre hacía el panteón?"
Pregunté con mucho pesar.
Los papás de Marlene me toman de las manos e intercambian miradas significativas antes de decirme.
"Cremaremos a ambas mañana."
"Ya no tenemos las fuerzas necesarias a nuestra edad en este momento."
"Y queremos regresar a Guadalajara cuanto antes y acabar con este sufrimiento."
"Esperamos que nos acompañes por un momento aunque sea."
"Mañana nos despediremos de Leo, este despierto o no."
"Te agradecemos infinitamente lo que hiciste por ella, por nuestra nieta y por nosotros."
La garganta se me se seca, me duele la cabeza con las palabras del papá de Marlene.
Ellos me están agradeciendo por todo lo que hice, pero me están haciendo sentir la mujer mas desgraciada del planeta entero.
Si tan solo no hubiera presentado a Leo con Marlene, nada de esto habría pasado.
Si tan solo no hubiera hecho ese viaje, si tan solo hubiera forzado a Leo a irse en avión privado como era mi intención, ninguno de nosotros estaríamos en esta situación.
"Claro que iré."
"Por favor avisenme a que hora seyra para que pueda ausentarme de su lado y acompañarlos."
"Todos los gastos correrán por mi cuenta."
Ericka da unos leves golpecitos en el cristal de la puerta de la habitación de Leo, indicándome que tengo que regresar.
"Quieren verlo ahora?"
Hablé mientras caminaba para regresar al lado de mi hermoso niño de treinta años que está postrado en esa cama blanca, incomoda y fría.
Ambos suspiran y me acompañan por un momento, pero no entran a la habitación.
Creo que culpan a mi niño por el accidente.
Pero realmente nadie fue el verdadero culpable.
La neblina inesperada causó la carambola de coches que nadie pudo preveer.
O al menos trataba de convencerme que nadie pudo haber previsto que esa neblina espesa iba a mandar a la mierda dos vidas inocentes esa noche.
Destrozando dos familias enteras.
Sentándome al lado de mi niño, lo observo, sin poder creer cuan drasticamente cambiaron las cosas en tan solo unas horas.
Hace solo unas horas les dí un beso de despedida a Él, a Marlene y a la nena...
Como si fuera una película de horror que comenzaba con un acontecimiento feliz, así había comenzado mi dolorosa travesía.
Ese día desperté como siempre agradecida de poder vivir un día más de hasta entonces intensa y dulce vida.
Me levanté de mi mullida cama para observar por mi enorme ventanal hacia el patio de mi casa.
Me encanta ver el verde del césped, los árboles que crecen lentamente y las flores que ayer sembraron los jardineros.
Mis perritos dentro de su gran casa me observan.
Poniendo la mano en la enorme ventana me dedico a estirarme.
"Buenos días."
Dice Kristoff detrás de mi con su áspera, ronca y sexy voz..
Este hombre es un sueño en verdad.
Alto, atlético, de piel blanca, ojos verdes con vetas cafés, cabello café muy claro con suaves ondas.
Kristoff es un buen amante que sabe muy bien como complacer a una mujer como yo, en la cama.
Además su edad me encanta.
Deliciosos y bien llevados cuarenta y cinco años.
Kristoff me hace sentir como una reina cuando estoy a su merced.
"Buenos días Kris...pensé que te habías marchado ya."
Le dije a mi alemán mexicano mientras acaricio sus poderosos brazos que me envuelven por la cintura.
Girando mi cabeza logro alcanzar su cabeza y buscar sus labios para darle un sensual beso.
Ayer, este dios alemán me dió una sesión de sexo tan delicioso, sudoroso y salvaje que dormí tan bien y desperté de mejor humor.
Nadie diría que tiene cuarenta y cinco años.
Quien conoce a Kristoff piensa que apenas está entrando en los cuarenta.
Su físico trabajado, varonil, junto con sus delineados y hermosos rasgos me tienen toda enamorada.
Soy devota a sus grandes y cálidas manos.
Adoro su carnosa y suculenta boca...
Y muero por su gordo, venoso y enorme miembro que me hace gritar de placer...
Dios mío!
Sabe tan bien este dios teutón como darme tantos convulsionantes orgasmos.
Por eso siempre repetimos la misma terapia.
Él me controla como le gusta.
Y yo dejo que me haga todo lo que quiere.
Aunque a veces, soy la que dirige.
"A qué hora se casa tu niño?"
Me pregunta dándome un beso en el cuello que hace que me comience a calentar.
"Mmmmhhhh..."
Gimo contoneandome levemente contra Él.
"Dentro de dos horas."
"Porque?"
Kristoff me alza la enorme playera que me puse para dormir y sin miramientos me penetra.
"Ahhhhh..."
Gemimos ambos cuando se entierra tan profundo como ahora dentro de mi.
Pego mi mejilla en el frío cristal mientras Kristoff coloca una mano en la ventana para apoyarse.
Su otra me agarra fuertemente por las caderas.
"No me canso de cogerte pequeña."
Me dice al oído y me encanta que me diga pequeña.
Él con su 1.80cms.
Yo con mi 1.60cms.
Soy una mini mujer en su presencia.
Me hace sentir delicada, frágil, femenina.
"Más...más...más rápido...más..."
Mi boca deja de emitir palabras y se concentra en gemir.
Kristoff hace lo mismo.
Sus manos me agarran con fuerza por los senos para atraerme hacia Él.
Un grito conjunto nos hace llegar al orgasmo.
Con la mano enredada en mi cabello tira de mi hacia atrás con violencia y sonrió por su acción.
"Ahora sí puedo irme, te veré por la noche."
Me dice antes de darme un beso brusco, después una nalgada en mi trasero después de que salió dei interior.
Me deja recargada en la ventana mientras intento sostenerme con mis piernas pues siento que me tiemblan como si fuera un ciervo recién nacido.
"Bruto."
Le digo sobándome mi pobre trasero adolorido.
Él se ríe y camina hacia la regadera.
"Hummmm..."
Corro a tomarme una ducha de más de treinta minutos con Él, dónde me puse de rodillas para devorar su membro con mi boca.
Cuando acabamos otra sesión de sexo mojado, me visto a toda prisa y que observo a Martín se lleva a mis perritos a pasear.
Lo saludo desde mi ventana.
Cuando sale por la puerta principal, me alejo para terminar de ponerme los zapatos y esperar a que llegue Ericka.
Un motor cobra vida en el garage y observo el auto de Kristoff retrocediendo.
Con un café en la mano, acciono el botón que abre el gran portón de mi casa.
Me dedica una sonrisa pícara antes de ponerse sus lentes que tan bien le quedan al desgraciado.
Cuando su auto se va, Ericka entra con la camioneta y me subo sin esperar más.
"Eres una insaciable."
Me dice a modo de saludo.
"Buenos días para ti y tiene un hermano de tu edad si quieres alguien que te haga gemir también."
Ericka se ríe por mi comentario.
Nos ponemos en marcha hacia uno de mis centros de negocios para que Paty, mi maquillista estrella nos deje guapas para este día especial.
"Está todo listo?"
Le pregunto a Ericka.
"Si."
Réplica ella.
No necesitamos decir nada más.
Mi celular suena y contesto por medio del Bluetooth de la camioneta.
"Hola mi niño, dónde estas?"
Leonardo me contesta.
"Aquí en el jardín que reservaste..."
"Hanna estoy nervioso."
Su voz tiembla un poco, pero lo ánimo.
"Mi niño todo saldrá bien."
"Hoy por la noche disfrutarás de una luna de miel espectacular."
"Sabes que allá contraté una niñera para que cuide a la pequeña Tammy."
"Así ustedes podrán salir a divertirse."
"Llego en una hora y te veo en el jardín de eventos, de acuerdo Leo?"
Silencio total del otro lado de la línea.
Ericka y yo nos volteamos a ver.
"Leo, todo bien?"
Le pregunta Ericka.
"No, sabes que no Ericka."
"Hanna no quiero hacer esto."
"No quiero casarme, sabes que te amo a ti."
Cierro los ojos tapándome la cara con el antebrazo para después decirle en tono enfadado.
"Dos años solamente Leonardo Corza Lara."
"Solo dos años de matrimonio y si no estás enamorado de Marlene para ese entonces..."
"Entonces hablaremos."
Leo suspiró al oír su nombre y apellido, por lo que dijo resignado.
"De acuerdo."
"Pero te das cuenta cuanto te amo para estar de acuerdo con esta locura?"
"Otra vez con eso."
Pienso.
Incorporándome de mi asiento en la camioneta hablo con voz firme.
"No es una locura, es hacer lo correcto."
"Ya no quiero hablar más del asunto."
"Te veré más tarde."
"Te quiero guapo y arreglado, me oíste Leonardo?"
Colgué sin esperar respuesta.
Ericka me mira inquisidoramente.
"No digas nada, ya se que dirás."
"Entonces no lo diré Hanna pero Él te ama en verdad."
"Por lo que no entiendo porque tú insististe en esto."
La corto rápidamente.
"Porque está mal esto Ericka, porque está mal que me ame, porque no se puede!"
"Porque es diez años más joven que yo, porque esa sencilla razón!"
"Porque ahora tal vez le atraigo, pero que pasará cuando Él tenga treinta y cinco..."
"Y yo cuarenta y cinco?"
"Es una diferencia enorme de edad!"
Mi voz sube dos décimas de volumen debido a mi enfado.
"Además no quiero tener hijos y lo sabes."
"Estoy demasiado grande para pensar en tener hijos!"
"No Ericka, me niego a arruinarle la vida a Leo"
"Marlene es la niña ideal para Él."
"Además tienen una hija juntos y sé que serán felices al correr de los años."
"Así debe de ser y punto!"
Exasperada voltee la cabeza hacia la ventana para abrirla completamente y poder distraerme mirando a las personas que caminan por la acera.
Pero Ericka continúa a pesar de que no quiero hablar más del asunto.
"Pues tú "niño"como le dices, es más centrado, responsable y mejor hombre que ese Kristoff que te andas cogiendo."
"Además te ama y lo sabes."
Ericka habla mientras maneja.
Ella suelta una grosería hacía un conductor estúpido que se nos cruzó al frente y toca el claxon repetidamente.
Me calmo para poder responderle, pues se que tiene razón en algunos puntos, pero yo igual.
"Ya te dije que estoy muy grande para Él, lo sabes y lo sabe Leo."
"Por eso siempre le digo niño, para que tenga perspectiva de nuestra diferencia de edades."
"Este tema se acabó, no quiero hablar más."
Cuando por fin nos estacionamos en esta imposible, super transitada y caótica ciudad de México, Paty nos da la bienvenida.
Ericka y yo tomamos asiento para que Paty nos maquille.
"Marlene y su mamá acaban de irse."
Comenta Paty distraidamente.
"Cinco minutos y las hubieran alcanzado."
Paty comienza a limpiarnos la cara, para después proceder a maquillarnos para la boda de Leo y Marlene.
Boda en la que yo insistí intensamente.
Boda que auspicie y pague de mi dinero en su totalidad.
Boda que ahora odio con toda mi alma por este resultado negativo.
Ahora, tanto Marlene como la pequeña Tammy están muertas.
Siento que indirectamente las asesiné yo.
Nunca quise este resultado.
Quería de verdad que fueran felices los tres como familia.
Siento tanta culpa de lo que sucedió.
Tanta rabia con el clima.
Tanta desesperación de ver a Leo postrado en la cama, pálido, lleno de cortes, heridas y moretones en todo su cuerpo.
Inhaló y exhaló para calmarme.
Pienso que lo único que quería es que mi niño fuera feliz con alguien más acordé a su edad.
Marlene parecía perfecta para Él
Todo iba perfecto está mañana hasta las seis de la tarde, cuando los despedimos para que se fueran a cuernavaca a pasar su luna de miel.
A las diez de la noche me contactaron por celular para avisarme del accidente y la única familiar que encontraron de Leo fui yo.
Y heme aquí.
Con ropa deportiva negra, tenis, con el maquillaje corrido, con un moño mal hecho en el cabello.
Con las esperanzas destrozadas y el alma hecha jirones.
Quisiera poder volver a la mañana y abrazar a mi niño para decirle que la boda se cancelaba.
Que Él y yo podríamos intentar ser una pareja.
Sin embargo, estoy aquí temblando de frío en esta habitación blanca, silenciosa e impersonal.
Con mi niño recostado en coma y sin saber cuándo va a despertar.
O si va a despertar.
Y está idea me aterra aún más.
***By Liliana Situ***
Valoro mucho tu opinión.
LEONARDO.
Abrí los ojos y lo primero que contemplé fue el suelo húmedo.
Me incorporé poco a poco, pues sentía mi cuerpo como si pesará demasiado.
No tengo idea de cómo había acabado en el suelo.
Tal vez me tropecé con alguna piedra o algo más en la calle debido a la neblina que no me deja ver nada.
Busqué en mi pantalón mi celular para encender la linterna, pero no pude encontrarlo en ninguno de mis bolsillos, por lo que supongo que se me habrá caído también.
Me agacho en el suelo y a tientas trato de encontrarlo.
En verdad que jamás había visto neblina tan blanca y densa como esta.
"Maldición."
Digo para mí mismo cuando por fin encuentro mi celular, pero tiene la pantalla estrellada.
Y para rematar mi mala suerte no quiere encender.
"Hanna me va a regañar..."
Es lo único que pienso cuando me siento completamente desanimado en el suelo mirando al objeto estropeado.
Este es el quinto celular que rompo solo en el transcurso de este año.
No es que sea muy descuidado, pero si soy muy olvidadizo.
Me he sentado sobre ellos.
Los he tirado sin querer al suelo.
E incluso había pisado un celular cuando olvidé que lo había dejado en el piso para que cargara la batería del mismo.
Hanna, quien en verdad cree que cumple su papel de "hermana mayor" se la pasa regañándome por mis descuidos.
Ambos tenemos dinero para poder costear más celulares nuevos y de los últimos modelos además.
Pero Hanna esta en contra de los gastos innecesarios.
Por lo que otro celular roto, el quinto de este año entra en su categoría de gastos superfluos.
Y tontos.
Pero ya me preocuparía por la regaños más tarde, ahora tengo que apresurarme a llegar a su casa esta mañana.
Tengo que decirle que no quiero casarme con Marlene.
Hanna tiene que saber que tampoco sere un padre desobligado con mi pequeña hija.
Tengo que decirle que seré un buen padre por ella y que vería a la nena todo el tiempo que Marlene me la dejara.
Incluso asumiría mi responsabilidad si Marlene me otorgaba la custodia total de la nena.
Y Hanna es perfecta para ser una madre para mi niña.
Mi situación no es tan diferente a una de divorcio, donde los padres se separan pero quedan en los mejores términos posibles por los hijos.
Solo que en mi caso, yo me divorciaba primero.
Sin haberme casado.
Por eso avanzo por la calle con prisa, tratando de apartar está densa neblina blanca con las manos.
Mientras más lo pienso, más me parece una buena idea este arreglo.
Yo ya tengo una hija y Hanna la ama también.
Se que ella no quiere tener hijos por un trauma de su adolescencia del que nunca me ha hablado y se que es tabú para ella en cuanto a la maternidad se refiere.
Por eso creo que no es descabellada está idea.
Además Marlene trabaja para ella, yo tengo mi propia empresa, somos adultos y autosuficientes los tres.
Tammy tendría más amor y cuidados.
Yo sería feliz de compartir mi vida con Hanna abiertamente y no solo desearlo con toda el alma.
Cada vez que alguien me preguntaba cómo es que termine enamorándome de Hanna siempre digo que fue por la cercanía diaria.
No puedo decir que me enamoré de ella solo con verla la primera vez porque mentiría.
De hecho cuando la conocí por primera vez, ni siquiera me fijé en ella realmente.
Yo tenía veinticuatro años cuando la conocí.
Ella ya tenía treinta y cuatro cumplidos.
Aunque siendo muy francos, Hanna no aparentaba para nada su edad.
Ella estaba tratando de pegar algunos carteles en las paredes fuera de un local que tenía puertas de cristal.
Tenía una escalera pequeña en las manos y luchaba por ponerla derecha.
Yo iba caminando por esa misma calle sin ganas hacia una engorrosa entrevista de trabajo.
Desde lejos me resultó divertido ver a esa chica de cabello café claro, pantalón de mezclilla azul fuerte ceñido, sudadera gris y lentes negros forcejear hasta quedar roja por el esfuerzo con la pequeña escalera.
Sin decirle ninguna palabra, extendí la mano para poder tomar la escalera y accionar la pequeña palanquita que tiene por debajo para dejarla completamente recta.
Me miró aliviada y me dió un lindo "gracias" con los carteles bajo el brazo.
Hanna subió la escalera con algo de miedo y trató de pegar uno, pero los demás carteles se le cayeron al suelo.
"Podrías por favor levantarlos?"
Me pidió y lo hice, los dejé en la mesita que tenía afuera con más cosas.
Estaba a punto de irme cuando ella me detuvo.
"Oye chico, no te vayas."
"Podrías, por favor ayudarme a pegar estos carteles?"
"Te pagaré por tu tiempo, de acuerdo?"
Su propuesta fue música para mis oídos.
Ella me pagaría por pegar sus carteles y esa idea me agradó.
Hanna entró en su local, pero salía de vez en cuando para ver cómo iba yo con la tarea asignada.
Cuando terminé mi tarea asignada, doblé la escalerita y se la entregué en las manos.
Iba a pedir mi pago cuando ví unas chicas entraron al local junto con unas señoras.
Una chica se acercó para saludar a Hanna con un beso en la mejilla.
"Entra y cuando acabe te pagaré de acuerdo?"
Me dijo y no me quedo más remedio que entrar.
La verdad es que no me entusiasmaba la entrevista de trabajo, aunque necesitaba dinero con urgencia.
Hanna dirigió una especie de junta informativa acerca de productos nutricionales, productos de belleza y otras cosas que en el momento la verdad no me interesaron.
Pero ella hacía amena la presentación.
Contaba alguno que otro chiste y nos hacía reír a todos.
Yo me dediqué a ver si alguna chica estaba buena, pero para mí desgracia no.
Cuando su junta terminó y algunas mujeres se reunieron en torno a ella, me levanté para irme.
"No te vayas, chico aún no te he pagado."
Comento a mis espaldas.
Las mujeres salían observándome detenidamente, por ser el único hombre en aquella reunión.
Hanna lo notó y luego me estudió con calma.
Volteó a a ver a Ericka y después comprendería esas miraditas que se lanzaban ambas a la perfección.
"Cómo te llamas?"
Me preguntó ella sentandose en un silla frente a mi.
Sin dejar de mirarme, Hanna bebió de su vaso un líquido amarillo anaranjado que olía a jugo de mango y naranja combinados.
"Leonardo y tú?"
Pregunté por pura educación, pero realmente lo que yo quería era irme.
"Me llamo Hanna."
"Quiero preguntarte si quieres trabajar para mí?"
Me cuestionó sin rodeos.
"En que consiste el trabajo?"
Pregunté intrigado.
La otra chica se sentó a su lado.
Delgada como ella, cabello negro largo, aspecto sobrio y vestida como Hanna, como si fuera un especie de uniforme informal.
Ambas se miraron un segundo y Hanna habló.
"Tu trabajo consistirá en venir todos los días a esta hora y darle la bienvenida a las chicas que entren."
"También me ayudarás a repartirles bebidas y snacks, te parece bien?"
"Te pagaré más si conversas con ellas y las atiendes bien."
"Podría hacer eso."
Pensé.
Hanna continuó hablando.
"Además quisiera usarte como inspiración para un reto que tengo en mente, te pagaría por bajar de peso."
No me molestó que hiciera ese comentario.
A decir verdad si estaba pasado bastante de peso en esa etapa de mi vida y no lo escondía.
Creo que pesaba más de cien kilos en ese momento gracias a qué tenía una vida muy sendentaria, comía mucha comida chatarra y no hacía nada de ejercicio.
Mi rutina diaria había consistido en sentarme frente a mi laptop en la oficina.
Con un maldito horario completo de nueve de la mañana a seis de la tarde.
Tomaba refresco como agua, comía pizzas y hamburguesas por la noche y haraganeaba en el sofá de la casa de mis padres los fines de semana.
Pero por un recorte de personal perdí mi trabajo, mis padres me dieron un ultimátum para que buscará otro empleo después de dos meses de no hacer nada.
Debido a eso me dirigía a esa entrevista en otra oficina.
Me atraía la idea de bajar de peso y ganar dinero pero tenía dudas.
"Es seguro esto de bajar de peso?"
Pregunté con recelo.
Ella me explicó cómo funcionaba todo el incluso hizo una apuesta conmigo
"Si no bajas de peso, yo te doy el dinero del premio de primer lugar."
Aseveró Hanna segura de si misma
La mire aún con recelo.
"Pero si bajas de peso me das la mitad del premio en compensación y trabajas para mí como inspiración para otros, te parece?"
Dijo ella y la otra chica le hizo señas, pero Hanna la tranquilizó.
Esperó mi respuesta.
"De acuerdo."
El dinero del premio era cuantioso y como fuera lo tendría en poco mas de tres meses.
Me pareció bien.
Nos estrechamos la mano cerrando el trato y fue así como comencé a ver a Hanna a diario.
Estábamos juntos los tres a todas horas, pues ni Hanna ni Ericka me dejaron ni a sol ni a sombra.
Incluso los fines de semana me los pasaba con Hanna en su casa.
Así, de esa forma tan espontánea había comenzado mi relación laboral con ella.
Relación que evolucionó rápidamente a enamoramiento.
Y después evolucionó a estar perdidamente enamorado de Hanna.
No me importa que sea una década mayor que yo.
Su forma de ser siempre es alegre y jovial, por lo que me siento muy a gusto con ella.
Reíamos de las mismas cosas, nos mandamos Whatsapp por las noches aunque habíamos estado juntos todo el día y me dormía pensando en ella.
Cada día con Hanna era único.
Teníamos una rutina de ejercicio y comidas estricto, pero siempre hacíamos cosas diferentes durante el día.
Un día podíamos ir a muchos centros de belleza que ella manejaba junto con sus socias.
Otros días íbamos a otro local para que yo hablara de como había perdido tanto peso.
Otros días nos íbamos a hablar con familias de lo que ella vendía.
Otros días nos quedabamos en su casa para que le ayudara con las redes sociales de su negocio.
Así poco a poco me fui encariñando con ella y sus perros.
Me encariñé con ella y las tardes que pasábamos viendo Vikki Rakuten, una app para ver doramas en la sala de su casa.
Aunque al principio la odié porque todas las series están en coreano, después me gustó.
Me encariñé de ella más al verla todos los días por las noches en traje de baño.
Me encariñé con ella y sus intentos fallidos de hacer que dejara de comerme el chocolate a escondidas.
Con ella y los besos que le robaba sin su consentimiento y que la tomaban completamente por sorpresa.
Con ella y las mañanas que caminaba a su casa como ahora para que fueramos juntos en su auto a trabajar.
Con ella y su forma de retarme con la mirada cuando la contradecía.
Me enamoré de su franca forma de hablar.
Por eso siempre dice que está mal que sienta algo por ella.
Que no es para nada normal.
Me ha organizado muchas citas a ciegas con algunas jóvenes de mi edad, me ha presentado a algunas amigas suyas.
Incluso me presentó a Marlene y caí en su trampa.
Pero no puedo enterrar este amor por ella.
No puedo, ya lo intenté y no resultó.
Debería de habeme enojado con ella por haberme tendido esa vil trampa con Marlene, pero la verdad es que le perdonaría todo.
No tengo orgullo cuando se trata de Hanna.
Esta neblina se vuelve más y más densa mientras camino.
No alcanzo a entender porque no me he topado con nadie más en la calle y no pasa ningún auto....
Pero eso no me importa, tengo que hablar con ella antes de seguir con esta locura suya.
Acepté porque apostamos de nuevo y sabía que ganaría.
Podía darle dos años de mi vida como amigos a Marlene y estrechar los lazos afectivos con mi hija, lo había considerado seriamente como una opción real en mi vida.
Casi se me hace imposible que esté a punto de casarme y sentar cabeza con la mamá de mi hija, pero no porque la ame.
No, no amo a la mamá de mi hija.
Hago esto por amor a Hanna.
Debería haberle dicho que ni de broma me iba a obligar a casarme con Marlene.
Aunque Marlene es guapa, tres años más joven que yo y divertida, no la amo.
Solo tenemos una hija juntos, eso ed lo único que nos une.
Dos años de mi vida, que trataría de que pasaron lo más rápido posible, para divorciarme y poder casarme con Hanna.
Ella tendría cuarenta para ese entonces.
Yo treinta años.
Pero eso no importaba, aunque a ella si que le importaba demasiado esa notable diferencia de edades.
Siempre me trataba como si fuera su hermano pequeño.
Jamás me había visto como un amante o novio potencial y lo había dejado claro infinidad de veces.
Las veces que me aventuré a acorralarla para besarla o para tratar de hacerle el amor siempre se burlaba de mí.
Los besos entre los dos primero fueron inocentes, pero después subimos juntos la intensidad.
Recuerdo el día que por primera vez la besé de forma apasionada.
Ese día en verdad pensé que podría hacerla mía.
Por fin.
Nos habíamos mojado metiendo a sus perros a sus casas.
Corrimos a la casa cuando más fuerte caía la lluvia, pero en el trayecto ella se resbaló por lo mojado del pasto y se cayó.
Corrí a levantarla y la regañé por estar descalza.
"Ayudame y no me regañes."
Me dijo ella entre risa y dolor, pues se había dado un sentón muy doloroso.
Le ayudé a levantarse.
Los dos entramos empapados y escurriendo a la estancia de su casa.
Con las manos entrelazadas, subimos despacio la escalera de su casa.
La acompañé todo el trayecto a su habitación con la vista fija en sus pechos.
La blusa blanca que traía se había vuelto casi transparente con la lluvia revelando esa vista tan deliciosa de sus pechos suaves y llenos.
Tenía el pelo pegado a ambos lados de la cara y se ponía una mano en su trasero sobándoselo por el golpe que recibió.
Le paso la mano por la cintura y antes de que llegaramos a su habitación, abrí la puerta y le ayudé a entrar.
Ella creyó que estaba siendo caballeroso, como me dijo después, pero la verdad es que estaba cumpliendo mi perversa fantasía.
Le puse seguro a la puerta, aunque sabía que nadie entraría pues Hanna vive sola.
Ya llevaba un buen tiempo dándole besos robados.
El primero fue sin querer.
El segundo fue una muestra de cariño.
Los demás fueron porque yo quise.
Ahora quería hacerla mía, si podía.
Le pase el brazo por la cintura y la atraje hacia mi sin importar que estuviéramos fríos y mojados.
Sostuve su cara con una mano y incliné despacio para besarla.
Ella no se retiró ni echó la cabeza hacia atrás como otras veces.
Parecía que de verdad quería que pasara algo entre los dos.
Ya le había dicho que me sentía atraído por ella, pero Hanna jamás me dijo lo mismo.
Sus fríos labios me recibieron, ladeé un poco la cabeza y ambos cerramos los ojos ante el placer.
En su habitación donde yo había estado cientos de veces antes, ahora quería demostrarle que podía ser el mejor de sus amantes.
Su cuerpo es perfecto, firme y suave a la vez por la natación.
Aunque soy más alto que ella siempre lograba abrazarla por la cintura.
Hanna tiritaba de frío y de excitación, lo podía sentir y mis dedos buscaron quitarle la blusa.
Nos separamos un segundo y yo me quite mi playera también.
Ahora ella buscó mis labios y me apretó a su cuerpo agarrándome por el pantalón.
Le quite el sujetador que estaba empapado igual y sus pechos se pegaron contra mi pecho, que ahora estaba más firme y marcado.
Todo gracias a ella y mi esfuerzo en el gimnasio y alberca era solo para ella.
Nuestras respiraciones se agitaron increíblemente, pero yo era el más excitado.
Hanna de vez en cuando apartaba sus labios de los míos y me daba una sonrisa malvada.
Eso solo lograba encenderme más.
Subí las manos a sus pechos, los acaricié con devoción.
Eran más grandes de lo que esperaba y tenía duros los pezones.
Sentí una de sus manos tratando de desabrocharme el cinturón y el pantalón.
Dejé que lo hiciera y con una mano hice lo mismo con su pantalón.
No iba a parar hasta poder tenerla debajo de mí.
Quería demostrarle que no había brecha de edades a la hora de hacerle el amor.
Unos ligeros gemidos se le escaparon de la boca y la abracé con fuerza para besarla con intensidad.
Justo cuando creí que por fin íbamos a hacer el amor, me empujó apartándose de mi.
Me ordenó que fuera a bañarme a la habitación de invitados.
Hanna se puso su bata y caminó a si baño, dejadome con mi miembro erecto.
Me quedé sin saber que había pasado como un idiota.
Cuando terminamos de vestirnos y arreglarnos, me dijo muy seria.
"No se volverá a repetir jamás."
Su actitud me desconcertaba, porque pensaba que de verdad me deseaba, pero solo le gustaba provocarme.
Pero todo eso estaba por cambiar, ese día estaba decidido a decirle que si me casaría con alguien sería con ella.
Apresuré mis pasos y la casa de Hanna apareció frente a mi.
Por un momento dejé de sentir la excitación del recuerdo que tenía hace unos segundos en mi mente.
El recuerdo de sus pechos en mis manos y mi decepción dolorosa.
Ahora solo sentía nervios y un nudo en la garganta.
Miedo de lo que me iba a decir.
Miedo de que me forzara a hacer algo que no quería.
"Bueno, aquí voy."
Dije tomando exhalaciones con neblina.
Abrí la puerta de la casa de Hanna para enfrentar cara a cara a la mujer que amo.
***By Liliana Situ***
Valoro mucho tu opinión.
"Como está Leo?"
Ericka me pregunta mientras entra en la habitación del hospital.
Me extiende un vaso de café termogénico de la línea de perdida de peso que manejamos.
He pasado la noche más terrible de toda mi vida.
La constante preocupación de cada ruido que las máquinas emitían no me permitía más que dormir unos pocos minutos.
Además los constantes chequeos que médicos y enfermeras le hacían a Leo aunado a los ruidos magníficados de la madrugada en esos pasillos fríos me recordaban mi terrible situación.
Como desearía que esto fuera una pesadilla para despertar en mi cama!
Quisiera despertar en la habitación de mi casa al lado de Kristoff en este momento.
"Igual que ayer."
"No ha tenido ningún progreso y gracias por el café."
Ambas damos pequeños sorbos a nuestros cafes reconfortantes y Ericka se acerca para ver de cerca a Leo.
Ahora su cara está más magullada, más amoratada, más inflamada.
Pobre Leo.
Ericka se sienta a mi lado y con su mano derecha frota mi adolorida espalda.
Mi amiga percibe mi angustiada y devastación por como encuentro al ver así a mi amado niño.
De pronto las siento resbalar por mis mejillas, calientes, saladas.
Salen de mis párpados como una cascada que me quema por dentro y por fuera.
"Sabía que no habías llorado."
"Por eso estoy aquí."
Me dice Ericka mientras intento no sollozar muy fuerte para que Leo no me oiga.
Quien lo hubiera pensado...
Hacía tantos años que había jurado no derramar ni una lágrima más por un hombre.
Y ahora estoy desbordando toda mi rabia por los ojos.
Todo debido a este niño que se debate entre la vida y la muerte.
Hace mucho años, cuando era más joven que, lloré mucho por hombres.
Por uno en especial que me rompió completamente.
Ese estúpido me devastó emocional y mentalmente.
Me hirió a tal grado que pensé en morir como única forma de escape ante mi dolor.
Ese idiota hizo trizas mi frágil y endeble autoestima.
Me humilló, me pisoteó el alma, me dijo que era un desperdicio de aire en este mundo.
Ahora puedo ver atrás y ver lo estúpida que era.
Lo crédula que era, razón por la cual ese idiota pudo hacer y deshacer conmigo como le dió la gana.
Desde el momento en que me recuperé un poco decidí que no lloraría nunca más.
Como si fuera una llave de agua, cerré mis lágrimas pues para mi demostraban mi debilidad.
Pero en este caso no aplicaba.
Lloro porque no puedo hacer nada por alguien que estimo demasiado.
Lloro por alguien que he conocido por mas de una década.
Lloro por alguien que había estado ahí desde el inicio de mi carrera de empresaria.
Y ahora, ese alguien estaba postrado en cama, intubado, en coma.
Sin poder moverse y no tengo como ayudarlo.
"No te preocupes por nada de los centros ni de tu casa, me encargaré de todo yo."
"Martín ya esta enterado, al igual que Kristoff."
"Martín se hara cargo de tus hijos peludos, pero Kristoff me dijo que..."
Tomo un pañuelo desechable que me ofrece Ericka para sonarme la nariz y secarme las lágrimas que siguen fluyendo.
Por más que intento no puedo parar.
Es como si todas las lágrimas acumuladas en estos años de abstinencia ahora salieran de mi cuerpo.
Ericka prosigue.
"Kristoff me dijo que estaría en tu casa hoy."
"Quiere verte, pero que no vendría por nada del mundo al hospital a cuidar a Leonardo."
"Especificó que primero moriría antes que cuidar a Leo."
Levanto un poco los ojos hinchados y rojos.
Con un poco de voz quebrada por el llanto logro articular una oración.
"Por mi se puede morir ese bastardo alemán."
"Es solo un hombre molesto que coge medianamente bien, que se vaya al carajo."
Tomo mi vaso para terminarme el café y siento mi estómago tan lleno como si hubiera comido demasiado.
Ericka agacha la mirada y se retuerce las manos, esa no es una buena señal...
Conozco a mi amiga tan bien que sé que tiene algo más que decirme.
Y se que no será algo bueno, estoy completamente segura.
"Tal vez es mal momento para decirte esto pero..."
Se calla y me seco las lágrimas que aun salen.
Respiro hondo para tranquilizarme.
"Aprovechando que ya estás llorando creo que es mejor que lo sepas."
Una angustia aplastante sube por mi pecho y se estaciona ahí, por lo que corto el flujo de mis lágrimas de una vez para poder escuchar atentamente lo que Ericka dirá.
"Los papás de Marlene fallecieron también en el camino."
"No fue un accidente, fue provocado."
"Toda la familia esta muerta."
Tan pronto termino de escuchar y asimilar sus palabras me levanto de un salto de la silla.
Salgo corriendo como loca del hospital.
Ansiedad, coraje, angustia, miedo, culpa, mucha culpa, rabia...
Todo eso corre por mis venas, por mis pies que me impulsan para seguir corriendo escaleras abajo.
Necesito salir de este hospital de mierda!
Cuando llego a la calle me alejo de la vía principal para localizar un acceso vacío, grito lo más fuerte que puedo.
"Hanna, que haces?"
"Porque saliste corriendo?"
Me grita Ericka quien está agitada por correr detrás de mi.
Ahora ella, mi amiga es lo único más cercano que tengo a una familia.
Leo también lo era y esperaba que Marlene, la nena y sus padres también lo fueran para mí.
Siempre consideré a Leo como si fuera mi hijo.
"Es que no lo ves Ericka?"
"Solo he traído muerte y sufrimiento!"
"Todo lo hice mal!"
Grito mi frustración.
"Yo debería haber muerto, yo debería estar en esa cama en coma!"
"Marlene y Tammy deberían de estar felices en su casa o visitándome como antes!"
"Lo arruiné!"
"YO soy la culpable...yo... yo..."
Digo derrumbadome en el suelo golpeándome fuertemente la cabeza.
Todo me da vueltas y sigo la oscuridad.
"Podrías recogerlos por favor?
Le pido al chico gordito que me ayudó a abrir la escalera con la que batallaba ferozmente por abrir.
Esa cosa me había ganado hasta que Él apareció para abrirla tan fácilmente.
Desde ese día Leo estuvo presente en mi vida todos y cada uno de los días, sin importar si fuera fin de semana.
Poco a poco se convirtió en mi confidente, en mi amigo, en mi niño.
Bajó de peso muchísimo gracias a que lo puse a dieta, pues comía tan mal que no podría creer que había sobrevivido tantos años con esa alimentación a base de comida chatarra.
No fue fácil al principio quitarle todas sus comidas y reemplazarlas por comida sana, ejercicio y suplementos alimenticios.
Pero ambos lo hicimos juntos.
Ambos sufrimos hambre juntos.
Ambos sobrevivimos a las tentaciones cuando recorríamos la ciudad en mi camioneta entregando pedidos.
Reíamos siempre, algunas veces nos mandamos al carajo por el hambre que hacía mella en nuestro carácter, más veces en el mío que en el suyo.
Pero a pesar de todo eso, siempre estuvimos juntos los tres.
Ericka también estuvo a nuestro lado, aunque ella, maldita suertuda siempre contó con una figura envidiable.
A veces nos jugábamos bromas pesadas, salíamos a bares y a lugares para bailar juntos.
Fuí testigo de como las chicas al principio de nuestra dieta lo evitaban, pues a pesar de que Leo tiene unos ojos hermosos miel y piel blanca, es alto y lindo de cara, su cuerpo rechonchito le impedía ligar.
Pero poco a poco la grasa fue cediendo y se fue acomodando donde debía estar.
Pronto tuvo pectorales marcados, tuvo abdomen marcado, por el cual trabajo mucho, sufrió mucho en el gimnasio y con las pesas por ese abdomen.
Pronto sus brazos pasaron de ser rollizos a estar definidos.
Se hicieron notar sus músculos y sus camisas se le pegaban y delineaban bien su figura.
Yo lejos de verlo como el hombre irresistible que se estaba convirtiendo, me sentí orgullosa de que juntos habíamos cambiado mucho.
Porque gracias a qué los dos fuimos a muchos gimnasios ahora yo también tenía una figura envidiable, delgada, tonificada, marcada.
Tenía senos y nalgas firmes, algo que ni siquiera cuando era más joven tuve y menos cuando estuve con ese idiota...
Ambos ganamos premios por ser la pareja mas constante en gimnasios y escuelas de natación.
Pero el galardón más valioso lo teníamos de la aprobación del otro.
Leo me decía que me veía más joven, casi de su edad.
Yo le decía que ahora era un imán de niñas que se disputaban por hablar con Él en los bares y en la pista de baile.
Desde ese momento Leo no dejó de salir con muchas chicas, me contaba como iban sus relaciones, pero siempre terminaba con ellas al cabo de una semana.
Se que su celular sonaba constantemente con los mil mensajes que lo inundaban de sus admiradoras a las cuales no siempre les contestaba o las ignoraba.
Pero siempre nos contestaba rápidamente a Ericka o a mí.
Algo bueno surgió gracias a nuestros logros pero con el de Leo en especial, pude tener mas éxito en mis negocios.
Leo era inspiración para muchos chicos y chicas que también tenían sobrepeso u obesidad.
Mi niño fungía como orador motivacional mostrando su antes y después del que se sentía muy orgulloso y los instaba a seguir su ejemplo.
Dieta sana, suplementos de nuestra linea de productos y ejercicios mas mucha agua, ese era su secreto.
Me enorgullecía ver que las salas de las presentaciones de mis juntas de negocios estaban repletas de mujeres jóvenes, de más edad, de hombres, de chicos como Leo que me escuchaban.
Ellos podian ver de primera mano mis resultados, pero era Leo quien los terminaba por convencer.
Por eso es que decidí hacerlo mi socio además de mi amigo.
Los tres hicimos mucho dinero ayudando a la gente a bajar de peso y mantendiendola sana.
Me alegraba por Leo que ahora parecía un galan de novela, pues a donde iba siempre había una que otra chica que le coqueteaba discreta o indiscretamente.
Me sentía tan orgullosa de Él y de su éxito.
Más que un amigo y socio lo consideré mi hijo, aunque solo fuera diez años más joven que yo.
Yo lo veía de esa forma.
Algunas veces olvidaba que era también un hombre con hormonas y me acercaba demasiado a Él.
Lo abrazaba, besaba en la boca, pero como un piquito nadamás, como hacen algunas mamás con sus bebés.
Tal vez ahora que lo veo ese fue mi error.
Le mandé las señales equivocadas, por eso cuando pasó lo de la alberca me asusté de verdad.
Lo disimulé muy bien en ese momento y agradezco ser mujer porque no se me notó nada la excitación de la que era presa.
Pero ese fue el detonante para buscarle una esposa a mi niño y alejarlo de mi.
Ese día fue cuando me senté a pensar muy seriamente en algo que me conviniera, que me ayudara en mi negocio y que me quitara de encima a Leo.
Cuando la idea llegó a mi la sentí como una revelación divina, algo mandado del cielo mismo.
Aún puedo recordar las caras de ambos cuando les dije que quería un rostro femenino para nuestros centros de negocios.
Les expliqué que ya era hora de que fueramos mas agresivos en nuestra publicidad, por lo que indiscutiblemente Leo sería la imagen principal para las mujeres.
Pero necesitábamos una chica de su edad para que fuera la inspiración femenina y atrajera a los hombres.
A los dos les pareció buena idea cuando lo plantee asi, por lo que comenzaron los castings de jovencitas que quedaban encantadas y enamoradas con Leo.
Pero la ganadora, después de muchos meses de castings y rompimientos de Leo con infinidad de niñas fue Marlene.
Tímida al hablar con las personas, Marlene poseía un bonito cuerpo joven y tonificado.
Una sonrisa hermosa que le iluminaba toda su hermosa carita de niña, cabello largo y suave, ojos de color verde claro mezclados con café, lo que la hacía única entre todas.
Para mi sorpresa incluso Leo parecía enamorado perdidamente de esta niña.
Yo por fin me sentí feliz al ver que mi plan había salido a la perfección.
Como buena cupido que soy entablé una relación estrecha con los papás de Marlene que siempre acompañaban a su única hija a todos lados.
Los tres hablamos largo y tendido mirando a nuestros retoños reír felices, tomarse de la mano tímidamente ante nuestra mirada inquisidora.
Después de varios días de convivencia fuimos testigos de un beso casto en los labios de ambos, casi un razón por estar nosotros presentes.
Pero ese beso nos alegró el corazón a los adultos.
En una reunión que tuvimos los papás de Marlene y yo a solas hablamos el noviazgo de nuestros vastagos ampliamente.
Leo no tenía más familia, se había distanciado de todos.
Por lo que pasé a tomar el papel de su orgullosa madre, representante, amiga, socia, todo.
El viaje que sellaría el destino de la familia de Marlene se discutió en esa reunión.
Todos nos frotamos las manos imaginando el hermoso futuro de nuestros niños.
El avión aterrizó en la playa que habíamos elegido y nos dispusimos a pasarlo bien en esa semana en ese destino paradisiaco.
El calor era agobiante, por lo que pronto todos nos cambiamos en nuestras habitaciones de hotel.
Leo tenía una habitación solo porque así lo había decidido yo, pues quería que consumaran su amor Marlene y Él.
Leo se molestó cuando le dije que estaría solo pues quería compartir habitación conmigo como lo había hecho otras veces.
Pero en esta argumenté que ni hablar.
Yo quería ligar en la playa y coger con algún hombre en mi cama hasta desmayarme.
Entre risas mías Leo tomó sus maletas poniendo los ojos en blanco y dando un portazo al entrar a su habitación.
No me importaba, no quería que se repitiera la escena de la alberca nunca mas.
Por lo que durante el día estaba siempre acompañada de los papás de Marlene.
Y Leo siempre estaba solo con Marlene.
Los aventamos al ruedo solos.
A veces desaparecíamos por horas para darles privacidad.
Incluso compramos a escondidas un afrodisíaco que les pusimos en sus bebidas que les llevamos un día para que aquello se diera prisa.
Podría sonar feo pero ambos queríamos bebés hermosos de esa pareja joven y lo antes posible.
Los papás de Marlene la habían tenido cuando ya casi rozaban los treinta años.
Solo pudieron tenerla a ella, pues sus demás hijos murieron en el parto o no llegaron a termino.
El último intento de tener otro hijo por parte de la mamá de Marlene terminó en aborto y la remoción de su matriz.
Por lo que dedicaron cuerpo y alma a su única y preciosa hija.
Y vaya que era preciosa, era inteligente, linda, considerada, amable y virgen, una joya rara para mi Leo.
Ese cabrón no era virgen porque ya me había contado algunos de sus triunfos sexuales.
Desde tríos hasta maratón con varias chicas en una sola noche.
Pero vamos, Leo es joven, apuesto, bien equipado, me consta de primera mano.
También es atento, detallista, amable, cariñoso, respetuoso, otra joyita rara es mi Leo.
Ese día, dos días antes de regresar a la ciudad les dimos el doble de afrodisíaco en sus bebidas cuando brindamos de noche en el bar.
Cuando la música electrónica sonó alentando a los jóvenes a hacerse dueños de la pista, vimos con alegría que Leo y Marlene no podían quitarse las manos de encima.
Vimos como Leo tomó la iniciativa, nos hicimos los despistados para que salieran discretamente del bar y comprobamos que habían subido a la habitación de Leo.
Chocamos las manos por nuestra obra terminada y planeamos la boda de nuestros hijos.
Esa noche los papás de Marlene se fueron a caminar solos a la playa hablando de sus futuros nietos.
Muchos nietos y nietas.
Mientras que yo le metía la lengua hasta la campanilla a un turista británico que me estuve comiendo con los ojos durante esos días de vacaciones.
Pude escuchar los ligeros gemidos en la habitación de Leo.
Por lo que abrí mi puerta y me dispuse a tener sexo caliente con ese hombre delicioso.
Sin importar lo tarde que me durmiera o no durmiera siempre me despertaba a las seis de la mañana para hacer ejercicio.
Por lo que desperté al bello durmiente británico que yacía magnífico en mi cama desnudo.
Lo invité amablemente a regresar a su habitación.
Ovbiamente le extendí la invitación para repetir el glorioso y extenuante sexo que tuvimos en las sillas, en la cama, en el jacuzzi del baño, en el sillón, en la mesita de centro, en todos lugares.
Además de que le recordé de que solo estaría esa noche por lo que lo esperaba temprano, apenas comenzara a oscurecer para poder comernos mejor.
Cuando salió de mi habitación Leo estaba de pie frente a mi molesto.
Entró a mi habitación gritando furioso que lo engañado en ese viaje.
Gritó que había sido tan cruel para empujarlo a tener sexo sin protección con Marlene.
Se paseó por la habitación como una fiera enjaulada presa del enfado.
Me dijo que como era posible que lo engañara de esa forma si sabía que me amaba.
"A ver Leonardo, explicame eso último por favor."
Le dije sentándome en mi cama después de recoger mi ropa esparcida por toda la habitación en la calentura de la noche con ese magnífico espécimen masculino que sabía bien donde tocar y cuando tocar.
"Lo que oíste Hanna."
"Sabes que te amo, te amo desde hace mucho tiempo pero tu sigues ciega en no querer verlo."
Se me acerca y me recuesta en la cama presionando mis brazos con los suyos para sujetarme.
"Te amo Hanna, no me importa tu edad, te amo a tí y no a Marlene."
Por primera vez en años me sentí nerviosa con un hombre.
Leo si despertaba algo en mi que trataba de enterrar profundo en mí.
Pero no quedo ahí, sin avisarme me besó...
***By Liliana Situ***
Valoro mucho tu opinión.