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La elegida del señor Lombardi

La elegida del señor Lombardi

Autor: : Yalow
Género: Aventura
Carina tenía una vida de la que no se quejaba, pero literalmente era una prisionera, no se sentía así por estar atada a las costumbres de su madre, su padre era un poderoso mafioso ruso muy respetado. La vida de Carina se vuelve un infierno tras ser la elegida por el peor mafioso de todos, el más cruel y sádico, ella estaba tranquila, pues estaban seguros de que él no la elegiría a ella, era una chiquilla de veinte años y su hermana era la que supuestamente atraía al señor Lombardi. Después de ser destruida cruelmente por un hombre cegado por la venganza y el odio, Carina se convierte en aquello que jamás esperó ser, los monstruos que dormían dentro de ella despertaron hambrientos, y aquel sentimiento que sin querer sintió por él, aquel sentimiento que aseguraba que era sólo hormonas revueltas, era tan intenso como el odio experimentado.

Capítulo 1 Prólogo

Prólogo:

La fiesta está realmente hermosa, miro todo con admiración y detenimiento, junto mis manos y sonrío satisfecha, mi padre no podía negar que no soy buena organizando fiestas porque me ha quedado genial, con ayuda de mi madre, claro.

-Señorita, señorita -exclama una de las chicas de servicio avanzando hacia mí.

Me giro completamente para estar frente a frente con ella.

-¿Qué sucede? -pregunto mirándola confundida.

-El señor Lombardi está aquí -me dice nerviosa.

Mi pecho se abre de la emoción, había llegado nuestro invitado especial, el señor Lombardi, ay no me quiero imaginar a mi hermana cuando lo vea, ¿en serio pedirá la mano de mi hermana? Por más que intenté de convencerla de que no podía ir por la vida casándose así por así aunque mayormente los matrimonios eran así, yo esperaba que ella deseara algo distinto, pero ni modos, ella vive la vida rulín.

-Ya voy, avísale a mi padre -le ordeno, y voy corriendo hacia la puerta. Freno justo frente a la puerta, recojo mi cabellera y la dejo sobre mi hombro. Me armo de valor y abro la puerta, mi madre dice que debo ser más delicada, suelo ser muy torpe, no me interesa como me vean los demás pero bueno, soy de una gran familia, debo comportarme a la altura.

El alto rubio de ojos grises espera pacientemente relajado en la puerta, en sus dedos tiene un rosario al que acaricia con las yemas de sus dedos una y otra vez.

-Buenas noches, bienvenido -saludo haciendo una reverencia con la cabeza y me alejo de la puerta para que pasen, pues anda con dos tipos detrás.

-Buenas noches -responde, su voz es gruesa y autoritaria. Y tiene cierta seguridad. Da un paso y los dos hombres detrás de él hacen lo mismo.

Mientras entra sus ojos no se despegan de los míos, yo extrañamente no aparto la mirada, sé que debería hacerlo por educación pero no me gusta sentirme intimidada.

-Gracias -murmura y asiento.

-¿Quiere ver a mi padre o desea pasar al jardín? -le pregunto.

-Muy amable, deseo ver a su padre -dice serio.

Le doy una pequeña sonrisa, muy falsa por cierto. -Sígame -le ordeno.

Avanzo hacia la sala resonando mis tacones con cada paso, subo las escaleras para llegar al despacho de mi padre, en el camino no me atrevo a mirar si sigue detrás de mí, sus pasos me lo confirman. Si bien recuerdo, a él lo conozco de una fiesta que asistimos con mi padre, él siempre sale con nosotras, sin miedo, pues es respetado por todos y tiene muchas relaciones.

-Es aquí -aviso abriendo la puerta del despacho. -. Disculpa papá -digo al entrar. -. El señor Lombardi ya está aquí -le aviso avanzando hacia él.

-Oh, gracias querida -exclama parándose de su asiento. -. ¿Cómo va todo? -me pregunta.

-Debes darme un diez -le guiño un ojo divertida.

-No me digas -se hace el consternado. -. ¿Qué acaso vas a la universidad a aprender a preparar fiestas -me reprocha.

-Papá -gruño haciéndome la triste.

Inclina su brazo y lo dejo rodear mis hombros. -Qué va, sólo bromeaba princesa -besa mi cabeza.

-Bueno, te dejo, tengo una fiesta que administrar -le sonrío divertida mientras me alejo.

-Claro.

Hago un movimiento con la cabeza como despedida del señor Lombardi, quien me mira de manera extraña, pero que ignoro. Bajo las escaleras corriendo y me dirijo hacia la cocina, grande y espaciosa.

-¿La bebida especial de Italia llegó? -pregunto estampando mis palmas sobre la encimera.

-Sí señorita.

-Perfecto -exclamo dándome la vuelta. -. Necesito que alguien esté en la puerta en quince minutos, los invitados seguirán llegando -exclamo antes de subir a mi habitación.

Mi madre está alistándose junto con mi hermana, puesto a que soy la última ya que soy la organizadora de la fiesta, fue mi idea, pues, quise saber como era hacerlo, mamá solía quejarse.

Entro a mi habitación y camino hacia mi cama pero repentinamente siento unas manos en mi cintura causando que suelte un corto grito ya que tapa mi boca con su mano.

-Soy yo, shh -dice soltándome despacio.

Volteo a ver de quién se trata y abro los ojos de la impresión.

-¿Lenin? Por Dios, ¿Qué rayos haces aquí? -pregunto susurrando.

-Eso no importa -me atrae a él de la cintura. -. Vine a estar contigo -me besa.

Corto el beso.

-Dios Lenin no -farfullo. -. Podrían matarte ¿entiendes?

-Entre como de servicio -toma mi rostro con sus dos manos. -. Estaré en la fiesta como uno más -vuelve a besarme, pero ésta vez con más intensidad, desciende sus manos a mi cintura y más abajo hasta tocar mi trasero.

-Ey -le reclamo alejándolo. -. Ya baja, te quiero vivo -beso sus labios cortamente y lo tomo de los brazos guiándolo hasta la puerta. -. Con cuidado.

Cierro la puerta y suspiro, está loco, pero lo quiero, no tenemos tanto tiempo para decir que lo amo, es un gran chico, sólo espero que cuando llegue el momento mis padres lo acepten.

Entro al baño y me ducho nuevamente ya que lo había hecho antes, luego salgo y me visto para la fiesta. Mi vestido es blanco, me llega sobre las rodillas, no revela más que mis hombros desnudos, no es tan ajustado por lo que no se me complicará caminar deprisa, mis tacos son medianos y del mismo color, al ser de piel un poco oscura igual que mi padre me gusta usar colores que hagan contraste con mi piel mulata.

Bajo y me aseguro de que todo esté bien antes de salir al jardín, en el camino me encuentro con Lenin llevando unas bebidas, muy ingenioso.

-Hija -escucho la voz de mi madre y la busco con la mirada.

Avanzo hacia ella y hago un gesto de niña pequeña sacudiendo mi cuerpo emocionada.

-¿Te gusta?

-Me encanta, sólo faltó que estuvieras más sexy -ambas nos reímos por el comentario.

-Ya regreso -le digo.

Me escabullo de ella para ir a la cocina y fingir monitorear las cosas cuando en realidad quería asegurarme de que mi novio no estuviera metiéndose en problemas.

Camino de regreso al jardín pero me encuentro con el señor Lombardi, le sonrío para continuar de largo, éste me devuelve la sonrisa, pero una de mucha satisfacción.

Sigo de largo y empiezo a buscar a mi familia, los veo a lo lejos discutiendo disimuladamente, n o entiendo nada por lo que me apresuro en acercarme pero veo a mi hermana salir corriendo hacia la casa, miro a mis padres y luego a ella, hago lo mismo varias veces hasta que me decido ir tras ella.

Corro detrás de ella.

-¡Mariella! -grito para que se detenga pero ella sube las escaleras apurada, aún en tacones.

-¿Qué sucede? -pregunto pisándole los talones.

-Déjame Carina -ordena molesta.

-Habla conmigo -insisto.

Voltea de golpe a verme. -¡Te quiere a ti! -grita, y se adentra a su habitación tirando de la puerta un portazo.

¿Me quiere a mí?

Miro su puerta con el ceño fruncido, sin poder asimilar nada aún.

¿¡ME QUIERE A MÍ!?

Nota importante:

Ésta historia ha sido creada con fines de entreneter, no romantizarla por favor, estoy totalmente en contra de cualquier abuso, discriminación, u cualquier tipo de acto de explotación contra la mujer.

Capítulo 2 1

CAPÍTULO #1. LA ELEGIDA.

Exclusivamente solo para mayores de +18

Os suplico no romantizar la historia.

Si amor con amor se paga, ¿acaso dolor con dolor se paga?

Será que, ¿amor con dolor se destruye y dolor con amor se construye?

POV: CARINA

Hay algo que mi madre suele decir mucho, que el universo tiende a unir dos personas de manera tan cruel que llega la duda de que si el amor es sólo hormonas revueltas o un sentimiento verdaderamente puro y único. Y es que, el amor y el odio son los mismos sentimientos sólo que experimentados en diferentes circunstancias. Se odia a muerte, y también se ama a muerte.

Se puede odiar a alguien que se amó, con la misma intensidad que se amó. Así de simple.

No dejo de preguntarme que si aquella frase tiene algo que ver con la historia de amor de mi madre, si la hubo claro, muchos no alcanzamos una historia de amor, muchos una historia cruel nos conduce hacia el amor, y es allí donde llega la duda de si el amor en serio es un sentimiento puro y único, y no sólo hormonas revueltas.

Si bien a veces no se suele esperar nada de la vida para que ésta nos sorprenda, sólo que a veces las sorpresas no son lo que uno desearía como sorpresa, lo malo nunca pasa en buenos momentos y siempre hay algo peor. Siempre.

-¿En serio estás en ese libro? -la voz de mi hermana se escucha cerca.

Levanto la mirada del libro y la busco a ella, la pelinegra de ojos cafés más hermosa de la familia, soy la menor, pero soy más alta que ella, ambas somos pelinegras pero a ella le queda más hermoso al ser de piel clara, yo soy digamos algo como mulata, heredado de mi padre.

-Mamá dijo que encontraría respuestas sobre el amor, y que no había necesidad de tener novio para saber del amor -le explico encogiéndome de hombros.

-A ver Carina, tú no quieres saber del amor, tú quieres conocerlo, y eso es totalmente diferente ¿ok? -refuta meneando la cabeza mientras avanza hacia mí. -. Por eso tienes que tener novio, pues experimentas, conoces, descubres -farfulla hacia gestos con la mano.

La miro asintiendo con la cabeza lentamente mientras junto mis labios en una línea.

-Ok -murmuro con inseguridad.

-No seas lenta, sé que tienes novio y quieres orientarte -dice tumbándose a mi lado.

-¿Qué? -exclamo haciéndome la sorprendida.

-Ca -replica. -. A mí no me tienes que decir las cosas.

Cierro el libro suspirando y me enderezo sobre el sofá.

-¿Sabes mi definición del amor? -volteo a verla con atención. -. Que es cruel y bonito, así como agridulce, puede que primero tengas que tragar algo agrio, luego dulce, o viceversa -me dice con una sonrisa.

-Siempre dices que lo único que no daña es el amor propio -le recuerdo.

-Pues sí -afirma con seguridad.l -. El amor propio por sí solo aleja lo malo.

Bufo.

-Claro, tú y mamá me confunden cada día más en cuanto a saber del amor -refunfuño parándome del sofá.

-No esperes ni desees nada, al final la vida te sorprende y no se trata de si es para bien o mal, porque el bien y el mal, se llevan de la mano, arina -dice burlona.

-No me digas arina -reclamo alejándome.

-Seguimos con ¿Amor? -el sonido de unas pisadas de tacón sólo avisaban la entrada de la señora Antonella, y sí, era ella, nuestra madre.

Volteo para verla entrar, sube con agilidad los escalones que la llevan hasta nosotras que estamos en la sala.

-Ni siquiera escuché la puerta -comento mirándola con el ceño fruncido.

-Estaban hablando muy entretenidas -extiende su brazo y me atrae para besarme la mejilla y abrazarme.

-¿Qué traes? -pregunta mi hermana agregándose.

-Oh Mariella, me alegra verte hija, todas esas horas sin ti -con cierto sarcasmo mi madre habla mientras se aleja para saludar a su hija mayor que lo primero que pudo hacer fue saber qué le trajeron.

-Ay madre, no sabes cuánto te extrañé -y para rematar, mi hermana le sigue el juego como si nada. Sí, así son.

-¿Dónde está papá? -pregunto

-Pronto llega, saben como es -ladea la cabeza haciendo una mueca. -. Y bueno, yo les he traído sus vestuarios para ésta noche -dice encaminándose hacia la sala y ambas la seguimos.

En ocasiones podemos comprarnos ropas nosotras, sólo que con la condición de nada de escotes que dejen mostrar parte de nuestros senos, podemos mostrar espalda, piernas, hombros y eso, cuando vamos a salir con papá suele ser muy estricto y lo entendemos, a eso eventos que vamos van todo tipo de gente, y claro, los jefes importantes de la mafia no pueden faltar.

Me siento al lado derecho de mi madre y mi hermana al lado izquierdo, esperando ansiosas ver nuestros vestidos.

-Les traje colores nuevos, sus favoritos pueden esperar.

-Mamá, con ésta piel no todo me queda bonito -reclamo.

-Si no me equivoco recién hablamos de amor propio o ¿no? -indaga mi hermana alzando la cabeza para verme.

-Nada que ver -refuto.

-Ya -pide mi madre. -. Traje un rosado claro y un azul cielo, dos de diferentes diseños, y tú Carina, ni se te ocurra modificar tu vestido con esa obsesión de diseñar, sólo falta que cambies hasta la forma de tu cuerpo.

-Y critica todo, va a ser la peor diseñadora -agrega mi hermana.

Paso mi mano detrás de la espalda de mi madre y le jalo un mechón. -Seguro te encantará el vestido de novias que te haré -mascullo entre dientes fingiendo sonreír.

-Gracias -con una sonrisa tomo mi vestido y subo a mi habitación.

Empujo la puerta con mi pie y alzo el vestido para verlo bien, no se ve nada mal, y mi madre sabe elegir en cuanto a mis gustos, nada revelador, tiene una pequeña abierta de un lado, es un rosado claro.

Más tarde nos alistamos media hora antes ya que mi padre detesta la tardanza, es muy puntual, muchos de mis compañeros de la universidad opinan que vivo oprimida, pero no es así, fuimos criadas así y no nos incomoda.

-¿Dónde está Irina? -pregunta mi padre molesto.

-Acá -exclamo bajando las escaleras corriendo, sin miedo por los tacones, pues lo manejamos muy bien, mi madre nos enseñó todo lo que aprendió en su juventud, se me da ser una señorita de sociedad, aunque algunas cosas se me escapan, pero para un principiante que no es entrenado desde pequeño, un calvario.

-Ujum -murmura entrando ambas manos en los bolsillos de su pantalón.

-Éste mechón -lo estiro mostrándoselo. -. El mechón blanco que heredé de la abuela -gruño.

-Deja de querer taparlo -ordena, se acerca y lo quita de la coleta, lo enreda en su dedo y luego lo deja suelto. -. Es bonito tu mechón -aprieta mi cachete sonriéndome.

-Gracias papá -le digo con una sonrisa.

-Si no te lo has cortado es porque en el fondo lo valoras -dice tocando mi hombro desnudo. -. Vamos, recuerden yo las respeto como mis hijas y como mujer, cualquiera que les falte al respeto me lo hacen saber ¿de acuerdo?

-Sí papá -respondemos ambas al unísono.

Mi mamá se acerca y toma el brazo que mi padre le extiende, nosotras vamos delante y ellos detrás de nosotras. Nos montamos en la limusina y salimos de la mansión.

-Mariella -llama mi madre. -. Olvidé comentarte que el señor Lombardi nos acompañará ésta noche, el que tanto querías conocer.

-¿Ésta en la ciudad? -pregunta Mariella con emoción.

-Sí, pues es un hombre de negocios, hoy están allá y mañana ya lo ves en marte -dice mi madre divertida.

-Tengo negocios con él, pero no os concierne.

Papá puede ser un hombre muy especial en cuanto a su familia, pero si lo ves en asuntos de negocios, puedes asegurar que es un monstruo, es muy rudo y exigente, he podido percibir aquello cuando está enojado con sus hombres. Y nunca lo he visto reír con ellos, si lo ha hecho ha sido sarcásticamente.

Nadie dice más hasta llegar, no nos metemos en los negocios de papá, si algo causa discusiones en la casa es eso, pues mamá a veces se enoja, aunque no siempre interviene. No puedo negar que se aman, pero siento que es un amor agridulce, no las circunstancias ni nada, sino el amor que se tienen.

El chófer y los dos guardaespaldas bajan y nos abren la puerta. Como de costumbre papá y mamá se colocan detrás de nosotras para entrar al lugar. Con la mano aferrada a la de mi hermana subimos hasta estar en el salón lleno de gente.

Siendo papá un ruso tan poderoso, tenemos que aguantar saludar a medio salón de gente y presentaciones aburridas, miradas de recelo y muchísimos más.

No me quejo, acepto mi vida como tal.

Me alejo de mi familia un poco y busco ir al baño, con agilidad me escabullo en medio de la multitud. Le sonrío a la gente que intenta saludarme pero no me detengo, sonriendo así nada más por ser amable, mis ojos terminan en los de un alto rubio de ojos grises,

Me mira de una manera muy intensa, su faceta de seriedad no se aparta de su rostro, dejo de sonreír y mantengo mis ojos en los suyos, no me da miedo, pero me causa cierta sensación no agradable.

Aparto la mirada para poder seguir mi camino y llegar al baño.

Capítulo 3 2

CAPÍTULO #2. LA ELEGIDA.

No hay ojos sin culpa,

ni mirada inocente,

todo tiene algo atrás.

Suelto un suspiro al estar dentro del baño, ése hombre tiene una mirada intensa. Me miro en el espejo y acomodo mi mechón blanco, parece una cana.

-Bonito mechón -dice una chica saliendo de uno de los cúbicos.

-Gracias -volteo a verla marcharse, lo tengo todo pero hay unas chicas que envidio en específico, en ocasiones no soy segura de mí misma y odio eso.

Salgo del baño ya tranquilizada y con algo de dificultad busco ubicar a mi familia, en el fondo logro ver a mi hermana hablando con un hombre, no logre verlo bien ya que está de espaldas, me acerco y mientras más lo hago logro ver a mis padres.

-Irina -exclama mi padre. -. ¿Por qué no fuiste con tu hermana? -pregunta.

-Papá -reclamo pasando a colocarme a su lado. -. Llámame por mi nombre real cuando estemos fuera -le pido.

-Déjate consentir ¿quieres? No será para siempre -comenta mi hermana dándonos frente al igual que aquel hombre con el que hablaba.

Aquel hombre de la mirada intensa, de cerca se veía además de alto, grande y con aura de peligro y autoridad.

-Mira cariño, te presento al señor Lombardi -dice mi padre. -. Lombardi, te presiento a mi princesa Carina.

-Mucho gusto Carina -saca su mano de su bolsillo y me lo extiende.

-Igualmente -susurro aceptando su mano.

Nos damos un leve apretón de manos en lo que puedo sentir el calor de su mano áspera, demasiado para ser un riquillo ya que supongo que no trabaja en cosas que se necesite mucho esfuerzo.

-Es de Italia -dice mi madre.

-Oh, interesante -murmuro y formo una linea con mis labios.

Después de que mi padre se fuera a solas con el tal Lombardi, mi hermana se lo quedó, yo busqué un lugar un poco silencioso para hablar con Lenin, mi novio, recién tenemos cuatro meses juntos y no es la gran cosa pero quiero intentarlo.

Sonrío mirando alrededor y mis ojos vuelven a encontrarse con él otra vez, raro, está sonriéndole a mi hermana, cuando lo vi por primera vez pensé que no era capaz de siquiera medio sonreír.

Ésta vez no aparto la mirada, mantengo mis ojos fijamente en los suyos hasta que él aparta la mirada para seguir hablando con mi hermana.

De regreso a casa, papá y mi hermana no paraban de hablar, al parecer a ella le gustó mucho el señor Lombardi, y como estaba buscando esposa, me imaginaba lo que venía. Familia de negocios, pues hay que casarse con gente de negocios.

Al menos me es ventaja que yo sea la luz de los ojos de mi padre, así no querrá que me case y podré seguir viviendo en casa con ellos. Aunque fuera sólo por un tiempo más, no se puede huir del destino.

Cuando llegamos a casa ni siquiera como algo y me voy a la cama, durmiendo inmediatamente, estaba agotada.

Despierto con desanimo, mi cuerpo se siente pesado y mi mente cansado, muevo mi cuello de un lado a otro y con pereza me paro de la cama para alistarme e ir a la universidad. No me toma mucho tiempo alistarme, inmediatamente que estoy lista bajo a desayunar.

-¿Dónde está papá? -pregunto para poder despedirme de él.

-Salió muy temprano linda -me contesta mi madre.

-¿Entonces hoy puedo ir sin guardaespaldas? -pregunto emocionada.

-Sabes que no.

Bufo.

-Adiós.

Tal vez deba hacerme amiga de uno de los guardaespaldas y que me cubra cuando tenga que salir con Lenin, así no sólo nos vemos en la universidad, él no se ha quejado tanto por eso, pero sé que le molesta.

Después de tomar todas mis clases, nos fuimos al jardín, donde casi siempre pasábamos el rato juntos.

-Si quieres vivir sácate esa idea de la cabeza -le digo riendo.

-Puedo intentar caerle bien a tu padre -dice como si no fuera nada de otro mundo. -. ¿O vamos a estar así para toda la vida?

-No, pero igual es muy temprano -le contesto con la mirada fija en el cielo.

-Para ti para todo es muy temprano -replica. Sé que sus palabras tienen doble sentido, pero lo ignoro, es lo que suelo hacer.

-Sé que sólo nos vemos aquí, y es como si fuese todos los días, pero entiende por favor.

-Lo hago.

No digo nada más, en ocasiones siento que no debí intentar nada con él, pero cuando nos vemos esos pensamientos desaparecen. Volteo a verlo alejando los ojos del cielo.

No dice nada, simplemente se acerca un poco más y me besa, apasionadamente, como sabe hacerlo para alejar los pensamientos de mi mente.

-Lo siento -dice tocando la comisura de mis labios. -. Olvido que mi novia es hija de unos grandes jefes de la mafia rusa, peligrosa -besa castamente mis labios y me río.

-Siempre me haces reír -digo devolviéndole el beso. -. Me tengo que ir -me alejo y me paro del césped tomando mi mochila.

-Algún día tendremos una cita -asegura sonriendo.

-Algún día -le aseguro de regreso y le lanzo un beso para irme.

Cuando llego a casa, desde la puerta escucho las voces de mis padres alterados, no hago mucho ruido y avanzo en silencio para escuchar algo, pero no logro entender nada.

-¿Está todo bien? -pregunto mirándolos preocupada.

-Nada pequeña -responde mi padre inmediatamente.

Asiento y subo las escaleras yendo a mi habitación. Me cambio y me acuesto en mi cama pensativa, no logro llegar a una idea siquiera de la razón de su discusión.

"Podríamos tratar de hacer la diferencia"

Es lo único que alcancé a escuchar y fue mi madre quien lo dijo.

Escucho un ruido en mi puerta y giro la cabeza para ver de que se trata y veo a mi madre irrumpir en mi habitación. Con delicadeza cierra detrás de ella, tan delicada como siempre.

La recibo con una sonrisa y me la devuelve, pero no con esa felicidad que suele tener, tengo tanta curiosidad de si en realidad es feliz, o todos en casa aparentamos. Se acomoda a mi lado y me hace dejar mi cabeza sobre ella y empieza a acariciar mi cabello.

-¿Te gustaría una historia de amor? -pregunta y sonrío.

-Sabes que a eso no me niego, de esos oscuros amores -comento.

Suelta una pequeña risa y empieza a redactarme la historia.

Un montón de sueños, aspiraciones, planes, todo se fue a la basura justo cuando aquel hombre había pisado la puerta de su casa, de ninguna manera estaba interesada en eso de postularse para ser su esposa, pero llegó un motivo tan fuerte que no la dejó con otra opción, pero no tuvo que postularse, sólo tuvo que mirar a aquel hombre a los ojos y ya él la había elegido como esposa. ¿Negarse? Imposible, debía poner a su familia de primero, y no, no era una deuda, ni una amenaza de muerte, era libertad, una libertad que de un día para otro su familia perdió, ella se lo devolvió, pero, se privó de su libertad.

-¿Y? -levanto mi cabeza para verla a los ojos.

-¿Cuándo te he contado una historia completa en un día? -pregunta tocando mi mejilla.

-Siento que te gusta dejarme en suspenso -hago un leve puchero y ella ríe. Apoyo ambas manos sobre la cama y la miro a los ojos mientas ella juega con mi cabello que cae sobre mi hombro derecho. -. ¿Sabes? Opino que si se sufre mucho, pero se encuentra el amor verdadero, único y puro, y no unas simples hormonas revueltas, vale la pena.

Pasea su dedo pulgar alrededor de mi mejilla.

-Hay crueldades que te hacen dudar de si el amor vale la pena, tal vez por lo estricto que somos yo y tu padre, hay muchas cosas en la vida que ustedes no han vivido, y que debieron vivir para ser fuertes.

-Soy fuerte, mamá -aseguro. -. Tal vez sólo no ha llegado una situación para demostrarlo.

-Claro -ella ríe negando con la cabeza.

La miro con muchas dudas en la mente, pero me las trago con mis salivas, aunque ella es mi madre, se me ha quedado esa costumbre de no meter mis narices en problemas de adultos.

-Verás que sí, te lo demostraré algún día.

-Sí -junta sus labios en una semi-sonrisa.

-Y así se quejan si me pongo celosa -exclama Mariella entrando a la habitación.

-Ya creciste como para mimarte -mi madre es la primera en defenderse.

-Oh, claro, son sólo cuatro años más grande que ella -reprocha subiéndose a la cama. -. Además lo merezco, no saben cuando me vaya a casar.

-Ah -jadea mi madre como si recordara algo. -. Tenemos fiesta, ya saben cosas de negocios de su padre...

-¿Puedo prepararla yo ésta vez? -propuse interrumpiéndola.

-¿Segura? -indaga.

-Claro, lo haré bien lo prometo, siempre las organizas tú y aunque te ayudamos...

-No pasa nada -me interrumpe. -. Le diré a tu padre y listo.

Asiento.

-Las dejo chicas -ella baja de la cama y nos deja solas.

-¿Me están ocultando algo? -pregunto.

Mariella me mira haciéndose la indignada.

-No me veas así -le advierto. -. Estabas hablando con el tal Lombardi como si se conocieran desde antes, a mí no me cuentan nada, y así te quejas de que me consienten.

-Hay temas que no te conciernen -aclara.

-Escúchate -digo con ironía. -. ¿Ya estás en los negocios de la familia? Hablas como si fuera así.

-Arina -dice en voz alta pero no me provoca nada.

-Nunca me he quejado de nada, de nuestra misteriosa vida, lo tenemos todo, sí, ¿de qué hay que quejarse? Preguntaría cualquiera que no estuviera en nuestra posición, pero tú perfectamente sabes de que hablo.

-Relájate -me pide. -. Nuestros padres nos aman.

-Sí -ríe sarcástica. -. Supongo que seremos las princesas de la mafia, o una la reina y la otra princesa, te recuerdo que papá no tiene ningún varón, ¿Qué pasará si no queremos?

-Papá nunca nos obligaría a algo que no queremos -asegura.

-Pero si a casarnos con alguien que confía y quiere como a un hijo para que se haga cargo del negocio ¿no?

-Deja de hacerte estúpidas ideas en la cabeza, las cosas en la mafia no funcionan así -exclama con tanta seguridad que me confunde, porque lo dije por decir, no pensé que ella estuviera en los negocios de la familia. -. En la mafia sólo se busca hacer crecer el imperio, y mantener el poder, y en cuánto a eso sabes como es papá.

-No me quejo -repito.

-No lo hagas -me dice así nada más y abandona la habitación.

¿Acaso será verdad que la vida nos obliga a ser lo que no somos?

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