Roma, Italia.
Un año después:
Mi corazón late aceleradamente mientras me deslizo de un lado al otro por la sala vacía de la habitación de hotel donde me encuentro.
No podía dejar que él me encontrara.
No cuando he hecho todo lo posible porque él no me encuentre en este año que llevo huyendo de él.
Lanzo una mirada por encima de mi hombro a la cama donde yace el motivo de mi huida.
Markus es mi vida entera y si tenía que darla para que se quedara conmigo lo haría.
Yo sería capaz de absolutamente todo por mi hijo.
Deslizo la mirada por su pequeñito cuerpo arropado por las sábanas mientras él duerme pacíficamente sin saber que una amenaza nos rodea.
Una amenaza a la cual no puedo enfrentarme de lleno ya que no tengo las armas suficiente para hacerlo.
Me frustra que él me haya encontrado.
La cólera recorre cada partícula de mi cuerpo con fuerza logrando que este tiemble ligeramente.
Aprieto mis labios y me dirijo a la ventana de la habitación donde puedo ver todo a la perfección.
Su auto sigue ahí y el terror me recorre lentamente reemplazando a la cólera.
- ¿Qué está haciendo aquí? -maldigo por lo bajo para no despertar a mi bebé-. ¿Acaso va a revisar todas las habitaciones hasta encontrarme?
Cerré la boca abruptamente porque sabía que él era capaz de hacer eso y mucho más.
Maximillian es un hombre que no teme en establecer su poder.
Es capaz de todo por conseguir un objetivo y el suyo claramente es obtener a mi hijo.
-Pero no va a hacerlo -aseguro con fuerza mientras que me dirijo hasta la cama tomando a mi bebé con suavidad entre mis brazos.
Lo acuno contra mi pecho sintiendo su calor, logrando que mi corazón latiera cada vez más deprisa.
Mi niño sigue dormido contra mi pecho, tan pequeño.
Tan frágil.
Tengo que protegerlo de todas las cosas.
Debo hacerlo.
Él es mi hijo.
Nadie jamás va a quitármelo.
Ni siquiera Maximillian con todos sus millones.
Así tuviera que hacer hasta lo imposible por lograr mi cometido.
Soy capaz de dar la vida por mi hijo.
Debía aprovechar si él estaba recorriendo todas las habitaciones para encontrarme.
-Tengo que irme de aquí -es el pensamiento que me hace tomar el bolso donde llevo todas las cosas de Markus.
Lo coloco con dificultad en mi hombro y comienzo a caminar hasta la puerta pero justo antes de llegar a esta se abre con estrépito mostrándome el rostro que hace unos minutos había visto logrando asustarme.
El mismo rostro en el que no he dejado de pensar durante todo este tiempo tontamente.
Él tiene el ceño fruncido y sus ojos me miran con una frialdad que se clava en mis entrañas dejándome sin aliento por un instante hasta que desliza su mirada al pequeño bulto entre mis brazos el cual observa con fingida ternura.
Una emoción que cambia al volver su mirada a mí después que oigo como llama a mi hijo su -heredero-.
La palabra me hace estremecer porque sé que significa y no hablo del significado de la palabra.
Eso va más a allá de todo.
Maximillian nunca había podido tener hijos con su esposa y ya que esta había tenido un hijo propio que murió de pequeño, Maximillian asumió que él no podía tener hijos.
Ahora está aquí, mirándome fríamente seguramente para que le entregue a mi hijo.
Su único heredero pero eso jamás va a pasar.
Incluso con todo su dinero no puede arrancarme a mi bebé de los brazos ¿Cierto?
Yo tengo mis derechos como madre de Markus y ni siquiera él puede pasar por encima de ellos.
-Lo arruinaste todo cuando huiste, Rebecca -afirmó él con una voz terriblemente suave a pesar de su ceño firmemente fruncido.
-No vas a quitármelo, no tienes derecho -espeté temblorosa alzando mi barbilla para que él no viera mi miedo claro-. Markus es mí hijo.
Su mandíbula se apretó con rabia y pude ver una lucha interna en sus ojos.
-También es mi hijo -rugió él haciéndome estremecer.
-Déjame irme a casa -murmuré temblorosa.
Había sido una horrible casualidad volver a verlo sin embargo podía escabullirme ¿Verdad?
Podía volverlo a dejar atrás.
Fuera de nuestras vidas.
Sus ojos me observaban de forma penetrante logrando que mi respiración se agitara aún más.
-No seas tonta Rebecca, yo mismo te llevaré a tu casa porque no te quedarás un día más allí.
- ¡No tienes derecho a decidir nada por mí! -exclamé furiosa pero lo único que hice fue que mi niño se moviera inquieto en mis brazos pero gracias a Dios no despertó.
-A partir de hoy vivirás en mi hogar --continuó él como si yo no hubiera hablado, su voz era gélida e imperturbable.
No se parecía en nada al Maximillian que yo conocí hace más de un año.
-Claro que no, te volviste loco si crees que yo voy a obedecer alguna de tus órdenes. ¡Déjame en paz de una vez por todas!
Algo oscuro cruzó por sus ojos sólo que no distinguí de qué se trataba pero de igual manera me hizo estremecer.
- ¿Adivina qué, mariposa? -preguntó con voz lenta y letal que logró estremecerme de inmediato no sólo por su tonalidad sino también por el hecho que me llamara -mariposa- como solía hacerlo antes, cuando estábamos juntos-. No tienes opciones. Estás en mis manos y si realmente no quieres que te quite a Markus vendrás conmigo ahora mismo.
Quise gritar y maldecirlo pero supe que él no amenazaba.
Maximillian siempre cumple con su palabra y eso es lo que más me causa miedo aparté la mirada de él cuando sentí mis lágrimas acumularse en mis ojos para que no viera mi debilidad y en cuanto las aparté volví a mirarlo llena de rabia y odio.
-No sabes cuanto te odio -afirmé y aunque yo misma sabía que no era eso verdaderamente lo que sentía por él.
La mirada de Maximilian no flaqueó.
De hecho en sus ojos no podía ver ningún sentimiento más que frialdad.
Como si no le afectaran mis palabras y probablemente no lo hicieran.
-No seas dramática y camina.
Estamos perdiendo el tiempo aquí -dijo haciéndose a un lado para que yo pasara.
Temblorosa lo hice pero odié lo que sintió mi cuerpo y corazón cuando pasé por su lado en una distancia tan mínima que tuve que rozar su pecho con mi brazo.
No me volteé a mirarlo.
Mantuve la mirada firmemente de frente.
Podía echarme a correr... pero ¿de qué serviría?
Sería completamente inútil y peligroso para mi bebé.
¿Cómo pude imaginar que él no me encontraría?
Después de todo Maximilian es sumamente poderoso.
La angustia hace mella en mí sin saber hasta dónde nos dirigimos pero no sólo por lo incierto sino por el temor a que mis sentimientos por él sean revelados.
No puedo permitir eso.
Sería algo que yo jamás haría.
No estamos en igualdad de condiciones y debo recordar eso.
Protegeré a mi hijo de absolutamente todo y haré lo que tenga que hacer para que siempre permanezca a mi lado.
Braşov, Rumanía.
13 de diciembre de 2020
Rebecca Ardelean:
Abrí los ojos a duras penas sintiendo el dolor extenderse por cada partícula de mi cuerpo.
Pero no se debía a algo físico.
Todo iba más allá.
Mi alma era la que estaba completamente rota.
Hundida en la miseria, yo estaba ardiendo, sucumbiendo en lo oscuro y caótico.
Hace un par de días nunca me hubiera esperado esto.
Mi padre.
Quien siempre me trató como a su niña había sobrepasado los límites conmigo y me había terminado golpeando después de una noche de borrachera.
Estaba tan furioso que sentí un miedo atroz apoderarse de cada músculo de mi cuerpo.
Esa violencia era inesperada e injustificada.
No entendía qué era lo que le estaba pasando pero bien sabía que no era nada bueno.
Después del primer golpe vino una lluvia de ellos.
Traté de huir en medio de mi aturdimiento pero él no me dejó hacerlo.
Tiró de mi pelo largo con tanta fuerza que sentí que casi se desprendió de mi cabeza y como consecuencia me hizo caer al suelo.
No entendí ni una palabra de lo que estaba diciendo porque no sólo él lloraba sino que yo también lo hacía.
En un momento me levantó del suelo y me arrastró descalza a un lugar.
No pregunté.
Me limité a quedarme callada en medio de mi llanto.
Como si conociera perfectamente mi destino.
Cosa totalmente absurda porque yo no soy de darme por vencida pero que mi papá me tratara de esta manera quebraba todas mis defensas y rompía mi corazón en pedazos.
¿Qué podía hacer?
Me sentía como un cascarón vacío.
No sé a qué me trajo a Rumanía.
Vivimos en Italia hasta que se le ocurrió la maravillosa idea de traerme aquí.
Sé hablar Rumano, mi padre lo es al igual que yo pero creo que él mismo a veces lo olvida.
Me llevó a vivir a Italia desde que tengo uso de razón así que el italiano es más como una lengua materna para mí que el mismo rumano.
No sé quiénes son estas personas que lo rodean pero soy consciente que no son nada buenas.
Puedo sentirlo.
Le hablan deprisa a papá y con violencia pero no soy capaz de entender absolutamente nada.
Soy un manojo de nervios.
Me abrazo a mi misma guardándome del frío asesino que cala mis huesos aunque estoy segura que no es el clima lo que precisamente me afecta.
Trago saliva inquieta.
Temerosa.
Pero la sensación se vuelve mucho peor cuando uno de los hombres me mira de una manera que me hace temblar.
Tengo tanto miedo que doy un paso atrás pero la firmeza del agarre de mi padre en mi codo me detiene.
No me permite huir.
-Entonces dámela, nos pertenece. Le pertenece al club -dice el hombre en perfecto rumano y esta vez si logro entender a la perfección porque lo dijo de forma tan suave y letal que lo capto todo.
Yo niego con la cabeza asustada por sus palabras mientras las lágrimas caen a borbotones por mis mejillas sin poder detenerlas.
Me siento humillada.
Dolida.
Pero no sólo eso.
Mi voluntad se quiebra.
-No -susurro a la nada como si fuera posible poder evitar lo inminente, mi padre. Mi propio progenitor estaba dándome a estos hombres-. ¡No!
Grité con tanta fuerza que mi garganta comenzó a doler de repente.
Comencé a correr tratando de escapar de mi destino pero mi padre una vez más no me lo permitió.
Tiró de mi cabello como había hecho en casa logrando derrumbarme.
La cabeza me dolía.
De hecho todo mi cuerpo lo hacía pero nada era peor que el dolor en mi alma.
-No lo entiendes Rebecca, no puedes irte.
Lo siento hija, yo...
- ¡No me hables! -grité rabiosa mirándolo con cólera cuando estos dos hombres me tomaron de los brazos levantándome del suelo-. Eres despreciable ¡Te odio tanto, no quiero volver a verte en mi vida! -chillé histérica.
Él comenzó a balbucear y vi lágrimas en sus ojos pero no logró mover ninguna fibra en mí.
Puede que realmente no lo odiara porque era mi padre pero esto sería algo que jamás en mi vida le perdonaría.
¿Y se atrevía a mostrarse dolido cuando él mismo me había vendido?
La rabia consumía mi corazón golpeando bajo mi pecho.
-Re...
-Cállate -susurré negando con la cabeza y él apartó la mirada.
Los hombres comienzan a llevarme por las calles oscuras siendo guiado con el que dijo que yo le pertenecía y tengo tanto miedo.
¿Qué sería de mí ahora?
¿Van a violarme?
¿A dónde me llevarán?
Todos mis sueños e ilusiones se desploman frente a mí martirizándome.
Quebrándome.
Todo es su culpa.
Las piedras se clavan el mis pies y debería dolerme pero no lo hace.
Con cada paso que doy siento que pierdo mis fuerzas.
Me paraliza y lo odio.
Porque no me gusta sentir debilidad.
Mucho menos frente a estos bastardos a los que no conozco en lo absoluto.
Nos detenemos frente a un club.
Sé muy poco sobre la ciudad porque a penas salí a caminar cuando llegué pero he visto este lugar.
El mismo a donde las señoritas como yo jamás podrían acercarse.
Me horrorizo pensando mil posibilidades por segundo y ya estoy llorando otra vez.
El hombre nos conduce, no por la puerta principal, sino por otra que yo no había notado y nos encontramos de frente con una mujer hermosa quien dirige toda su atención en mí.
- ¿Una nueva? -entiendo perfectamente y el hombre que nos había estado guiando no le responde pero sorprendentemente tira de su cintura para atraerla mucho más hasta su cuerpo y besarla con ardor.
Aparto mi mirada ruborizada por la muestra pública asqueándome aún más de este sitio.
-Lubirea mea, no puedes hacer eso frente a las muchachas. Vamos fetiță, te guiaré a tu habitación.
Los hombres me sueltan enseguida cuando la mujer me tiende su delicada mano y yo como acto reflejo decido correr en el camino contrario a donde íbamos.
A la salida pero ellos no tardan en detenerme logrando que volviera a llorar.
El hombre que besó a la mujer se detiene frente a mí me aprieta la barbilla con firmeza pero no causándome dolor antes de clavar sus ojos penetrantes en mí logrando que me estremeciera de miedo.
-No vuelvas a intentar huir, fetiță -gruñó él visiblemente molesto -fetiță quería decir niña, creo que es así- me repito mentalmente tratando de recordar las palabras en rumano-. Christel va decirte todo lo que tienes que hacer si quieres salir de aquí con vida, porque supongo que eso es lo que quieres ¿O no?
Su tono es sarcástico.
Mortal.
Como si estuviera hipnotizada por sus ojos azul eléctrico asiento y él me empuja ligeramente hasta la mujer que en silencio me guía a la habitación que supuestamente debo ocupar.
Aprieto mi labio con mis dientes sacándome sangre de estos y cuando ella me ve niega con la cabeza repasándome lentamente con la mirada de pies a cabeza.
-Eres muy guapa, fetiță. Es una lástima que hayas caído en este lugar -murmuró como si realmente sintiera lástima por mí-. Te enseñaré todo lo que tienes que saber. Será un camino largo pero puede que no espinoso si pones de tú colaboración.
-No, por favor señora. Yo no vine aquí voluntariamente, tiene que ayudarme -le supliqué acercándome a ella apretando mis manos con las suyas sin detener las lágrimas que seguían cayendo-. Mi padre me vendió.
-Fetiță, casi todas están aquí sin opción. Tu padre le debía mucho dinero a Răzvan y el precio fue pagado por ti. Cuando te entregó canceló toda la deuda.
-No por favor, no fue mi culpa. Tienen que liberarme.
Vi la compasión brillando en las pupilas de la mujer y tuve un deje de esperanza pero lo que salió de su boca a continuación no fue nada esperanzador.
-Gagică yo no puedo hacer nada para salvarte. Lo siento, la única que puede hacerlo eres tú misma.
- ¿Pero cómo? -le pregunté con desesperación y ella apartó la mirada de mi rostro pareciendo ligeramente avergonzada.
-Tienes que pagar el dinero que debía tu padre y si no puedes hacerlo entonces tendrás que trabajar.
- ¿Trabajar? Bueno, puedo hacer lo que quieran, puedo...
-No un trabajo común, tienes que prestar tus servicios al club hasta pagar el último centavo. Tienes que ser una de nuestras păpuşi.
Su declaración me hizo estremecer de miedo -păpuşi quería decir muñecas y estoy segura de que no se refiere a las de niños-.
-Yo tengo que... ¿Acostarme con los hombres? ¿Tengo que convertirme en una prostituta? -le pregunto casi sin voz y ella se queda mirándome por un tiempo hasta que rompe el silencio.
-Eso o también puedes bailar para ellos pero te garantizo que encontrarás el dinero mucho más rápido acostándote con ellos gagică.
Sólo tienes que usarlos como moneda de cambio.
Volví a negar con la cabeza.
Yo no puedo hacer eso.
No puedo.
Me sentía rota.
Como una muñeca, sí, pero sin alma.
Vacía.
Pero eso es mejor que sentir el dolor de mi ser quebrándose y dejándome sin aliento.
-Por favor, no... -susurré pero sabía que nadie iba a ayudarme.
Nadie iba a meter las manos por mí porque mi propio padre decidió venderme.
Gracias a Dios aprendo todos los movimientos que Christel de enseña.
Ella curó mis heridas.
Me dio ropa y comida.
Luego le exigió a Răzvan, quien era su esposo que aún no me enviara a bailar.
Ella le dijo que yo no estaba lista aún.
Después de eso se dedicó a enseñarme el arte del baile.
Ella lo hacía parecer tan fácil pero no lo era.
Aún me parece repugnante tener que bailar para un montón de hombres asquerosos pero es eso o acostarme con ellos que es mucho peor.
Escucho el sonido de la música y no tardo en seguirlo bajo las instrucciones de Christel.
Cierro mis ojos y me entrego al sonido de la música penetrando cada partícula de mi cuerpo.
Muevo mis manos con elegancia pero al mismo tiempo con destreza y sensualidad.
Arqueo mi espalda al ritmo de la música hasta que hago el movimiento final y Christel estalla en aplausos haciendo que abriera mis párpados de golpe y sonreírle de la misma manera.
Hasta que recordé el porqué estaba haciendo esto y mi sonrisa se apagó evidentemente.
-No te preocupes fetiță, todo va a salir bien. Si sólo quieres bailar respetaremos eso, de hecho siempre cuidamos de nuestras chicas. No tienes de qué preocuparte ¿Sí?
Yo asentí con la cabeza aunque yo no lo creía del todo.
Aún tengo miedo pero eso es algo que no puedo erradicar completamente de mi pecho.
¿Qué iba a hacer cuando estuviera afuera?
Lo único que sé hacer es pintar.
Ir a la universidad ahora no es una opción para mi y eso es algo que sigue quemándome por dentro pero que también debo aceptar.
Ignoro mis pensamientos tontos y me centro en mi realidad.
-Hoy es el día en el que empezarás a bailar.
No fue fácil de convencer a Răzvan de que me diera una semana para entrenarte pero lo conseguí y que bien lo haces niña, tienes un don natural para hacerlo. Estoy segura que conseguirás mucho dinero -me dijo Christel y yo asentí aún sintiendo la presión en mi cuerpo.
Mi corazón latía de forma acelerada mientras echaba un vistazo a la casi inexistente ropa con la que iba a vestirme.
Ellos la habían dejado en mi cama hace unas horas atrás pero al saber que hoy mismo debo llevarlas puestas hace que mi corazón se estremezca y sienta náuseas.
Siento que Christel se detiene detrás de mí y apoya una de sus manos en mi hombro en señal de consuelo.
Me doy la vuelta para enfrentarla y sorpresivamente ella me abraza con suavidad impregnándome de su perfume caro.
-Me gustaría tanto poder ayudarte pero no está en mis manos ¿Lo entiendes?
Su mirada penetrante me hace temblar pero aún así asiento con la cabeza.
Por alguna razón confío en ella.
Siempre ha sido amable, sólo espero que después de hoy todo siga siendo así.
-Gracias por tu ayuda Christel.
Ella me sonríe con dulzura y aparta su mano de mi cuerpo.
-Ojalá ese bastardo no te hubiera dejado aquí.
Tu no tienes culpa de esto.
Eres tan inocente -susurró al final desviando sus ojos hasta la ropa que debía ponerme.
-Bueno, lo mejor será que te asees y te vistas.
Vendré dentro de poco para llevarte a la sala y no te preocupes. Nadie va a tocarte, de eso me aseguraré yo misma.
Christel se dio la vuelta y salió por la puerta dejándome sumergida en un silencio agónico.
Tomé la toalla que estaba sobre la cama perfectamente doblada y me dirigí al baño pequeño que gracias a Dios era privado.
Me desnudé lentamente frente al espejo del cuarto de baño y me di cuenta de mi cuerpo bien formado.
No soy vanidosa pero sé que más de un hombre se fijará en mí esta noche y eso me aterra.
Pero enseguida aparto esos pensamientos tortuosos de mi cabeza y entro a la ducha.
Dejo caer el agua caliente sobre mi cuerpo relajando mis músculos tensos aunque sea por un instante.
Pronto cumpliré veintiún años aunque no lo parezca y nadie se ha molestado en preguntármelo.
¿Qué iba pensar yo que pasaría mi cumpleaños en este lugar encerrada, bailando para hombres asquerosos que se les enciende la lujuria al ver cuerpos lozanos danzando?
Me estremezco al pensar que ellos me pudieron obligar a acostarme con uno de esos hombres pero afortunadamente no lo hicieron y todo esto se lo debo a mi padre.
La rabia se ha ido acumulado todos los días desde el primero.
Pero nada puedo hacer.
De todas formas ellos no me dejarán ir a menos que yo les pague, incluso si no tengo nada que ver con el trato no les importa.
Dejo salir un suspiro cansado y cierro la llave apoyando mi frente por un momento en los azulejos del baño sintiéndome drenada pero aún así hago un esfuerzo por salir del baño y me dirijo hasta la cama.
Seco mi cuerpo arrancando cada gota de mi piel y luego dejo caer la toalla al suelo para comenzar a vestirme con mi ropa de bailarina erótica.
Empezando desde la ropa interior sexy en la que por supuesto me tenía que quedar después de deshacerme del resto de ropa en el escenario.
No podía ser tan fácil.
Di un gruñido molesta terminando de colocarme las seductoras medias y el resto de mi vestuario hasta que Christel volvió a aparecer.
-Bueno, luces espléndida.
Voy a maquillarte, tu número es a las 11:00 pm así que debemos terminar más o menos en veinte minutos ¿Estás lista?
Yo tragué grueso y negué con la cabeza.
-No aún pero sé que voy a hacerlo.
No te preocupes Christel.
No voy a fallar.
Reuniré todo el dinero que les debe mi padre y un poco más salir adelante por mi misma.
Ella sonrió enseguida y asintió como una madre orgullosa.
-Así se habla.
Tú puedes.
De inmediato comenzó a sacar un montón de maquillaje sobre la cama y puso manos a la obra. Haciéndome quedar lista antes del tiempo acordado.
La puerta de mi habitación fue tocada por uno de los hombres de Răzvan anunciando que debía salir al escenario.
Todo mi cuerpo se puso en tensión al escuchar eso pero Christel lo notó de inmediato.
-Calma Becca, todo saldrá perfecto.
Bailas de una manera tan envidiable.
Nada va a salir mal.
Seguido de esas palabras me tomó por el codo con suavidad llevándome hasta un pasillo oscuro hasta llegar a una puerta de donde podía escuchar la música en todo su esplendor.
Desde hace una semana que me habían traído aquí no había salido ni una sola vez pero aún así podía escuchar la música seductora poniéndome cada día más nerviosa.
Tal y como ahora sin embargo siento que la tensión dentro de mí se incrementa a un punto que no puedo detener el temblor de mis manos.
Veo las luces en el escenario parpadear y en este aparece una chica muy sexy con un micrófono.
Los silbidos por parte de los hombres no tardan en hacerse notar y ella sonríe con chulería.
-El siguiente show es de una de nuestras nuevas chicas.
Su nombre es Jade y viene a mostrarles una danza que les atrapará -dijo con voz seductora la mujer pero yo no hice nada sin embargo Christel me empujó hacia adelante y desconcertada volteé a mirarla.
-Vamos, Jade eres tú.
Nunca decimos los nombres reales de las chicas, es tu turno. ¡Ve!
La música de mi acto comenzó a sonar y de inmediato me dirigí al escenario bajo todas esas miradas que se clavaban en mi cuerpo logrando hacerme sentir incómoda.
Pero pronto descubrí que sólo hay una manera de salir de esto.
Y esa manera es concentrarme en el baile que nadie en absoluto perturbe mi mente... comienzo a hacerlo.
La música penetra mi piel moviéndome al ritmo marcado.
Estoy flotando.
Me vuelvo sólo baile.
Me olvido de todo a mi alrededor dando lo mejor de mí pero no para ellos sino para mi misma.
Danzo sin importarme si los demás me ven porque esta es mi esencia.
El mundo desaparece a mi alrededor y sólo yo quedo sobre este.
Debo decir que jamás me sentí mejor que en este momento entonces comienzo a sentir una mirada penetrante que hace que vuelva al presente.
Como si mi alma lo hubiera buscado alzo la mirada y ahí está él.
Todo mi cuerpo lo percibe y aunque no tengo ni la menor idea de qué es lo que me está pasando lo seduzco con la danza mientras sus ojos se clavan en mi ser.
No sé cómo pero mi alma lo conoce.
Me estremezco ligeramente pero no pierdo mi compostura.
Sigo bailando hasta que finalmente todo ha acabado.
La música se detiene y mis pechos se alzan de arriba a abajo con cada respiración que doy.
No puedo despegar mi mirada de él como si estuviera tentándome.
Pero no lo analizo o por lo menos trato de no hacerlo pero si algo no podré olvidar será ese par de ojos zafiro que penetran mi cuerpo con una intensidad abrumadora.
Me voy por donde vine tan rápido como puedo dadas las instrucciones de Christel sintiendo mi corazón pesado.
No escucho ni los vítores del resto de los hombres.
Sus ojos se han clavado en mi cabeza aún sin quererlo y yo me siento asustada por la intensidad de los sentimientos que me embargan.
- ¡No lo puedo creer! ¡Lo hiciste perfecto Becca! Sólo que olvidaste los billetes en el suelo.
Por esta noche no te preocupes.
Igor los recogió por ti pero no puede volver a pasar ¿Lo entiendes cariño? -me preguntó Christel y yo asentí de modo mecánico-. ¡Bien, esta noche festejaremos a lo grande, por fin conocerás a las otras chicas!
¿Quién era ese hombre y por qué me había afectado de esta manera?
Tenía que sacármelo de la cabeza porque mi objetivo es uno.
Escapar de aquí cuanto antes y no lo podré hacer sintiendo cosas estúpidas por un hombre desconocido y peor aún, que apenas acabo de ver.
- ¿En qué estás pensando Rebecca? -susurré por lo bajo mientras Christel me devolvía la mirada con curiosidad.
- ¿Dijiste algo? -cuestionó con una ceja arqueada.
-No, nada.
Quiero conocerlas.
-Ellas también a ti -afirmó.
***
Maximillian Dahl:
Después de la muerte de mi esposa, mi familia cree que debería volver a casarme y a tener un heredero ya que con Juliana no pude tener hijos.
Como si ellos pudieran de alguna manera influir sobre mis decisiones.
Bufo por lo bajo sumamente molesto por el duro día que tuve hoy y doy un largo sorbo al whisky que sostengo.
Siempre he sido la cabeza de la familia.
De hecho todos desde mi nacimiento sabían que yo sería el protector de la familia Dahl pero no es sencillo hacerlo cuando todos y cada uno de mis familiares creen tener derecho sobre las decisiones que tomo a nivel personal.
Me casé con Juliana cuando ambos teníamos veintiún años.
Ninguno de los dos estaba enamorado del otro. Nos casamos por intereses de la empresa de nuestros padres y yo además quise darle un apellido al hijo que ella había dado a luz aunque él no fuera mío.
Desafortunadamente el niño murió y para Juliana el mundo se oscureció.
Se obsesionó con tener más hijos.
Incluso yo quería que saliera embarazada pero nunca se dio.
Mi mujer murió de depresión y todos creen que me afectó al punto de que no quiero tener una relación estable.
Efectivamente echaba de menos a Juliana pero ella era más una especie de amiga para mí que una esposa y aunque mi familia diga lo que diga no volveré a casarme.
No cuando ahora sé lo que es el matrimonio.
¿Por qué casarme cuando hay tantas mujeres disponibles hoy en día sin necesidad de un anillo?
Sus pensamientos arcaicos no me influyen.
Si quisiera un heredero esos serían mis sobrinos.
El resto pueden irse al diablo.
He levantado la empresa de mi padre casi desde los confines del infierno y soy el único con derecho sobre la empresa así que ellos pueden lloriquear todo lo que quieran pero yo estoy a cargo.
Doy un paneo aburrido por el bar al que me invitó mi mejor amigo.
Răzvan, su hermano, es el dueño del lugar.
Rashim no deja de hablar sobre las preciosas mujeres del lugar pero no estoy interesado.
No quiero tener nada que ver con una prostituta.
No es que esté en contra de su trabajo pero yo no necesito pagar por sexo.
Simplemente lo obtengo.
- ¿En serio no te gusta ninguna de ellas? Maldita sea, debes estar loco. Todo esto parece un paraíso.
-Quizás para ti lo sea Rashim pero no tenemos la misma definición de paraíso -le digo antes de acabarme el whisky y llamar a una chica que se acerca de forma sensual a nosotros pero yo no presto demasiada atención.
Si vine aquí fue a distraer mi cabeza y acompañar un rato a mi mejor amigo.
-Buenas noches, dama. ¿Podrías traernos un par de whiskys más, por favor?
A la mujer le brillaron los ojos al mirarme y una gran sonrisa se expandió por su cara.
Movió sus pechos de forma vulgar probablemente para que yo los mirara pero eso lejos de agradarme cumplió una misión completamente diferente.
-Por supuesto caballero, ya se los traigo.
Me guiñó un ojo y escuché a Rashim reír a mi lado pero lo ignoré.
La misma mujer hermosa que presentaba los bailes había aparecido otra vez para hacer venir a una chica nueva.
-Jade- la había llamado y por alguna razón me quedé intrigado hasta que ella apareció con su cuerpo cubierto tal y como comenzaba una bailarina exótica sólo que ella era diferente.
De alguna manera podía sentirlo.
Atrajo mi atención directamente hasta ella hasta el punto que no pude volver a apartar mis ojos a ningún otro lugar porque yo estaba presenciando el baile de un verdadero ángel que me había cautivado aún sin el menor esfuerzo.
No sé cómo esa chica lo hizo en un segundo pero me gustó.
Me gustó con tanta fuerza que ni siquiera yo pude entenderlo.
Entonces me quedé perplejo.
Admirando su perfecto ser.