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La esposa consentida del jefe De Falco.

La esposa consentida del jefe De Falco.

Autor: : Iraya Baute
Género: Romance
Coorah Bell es la única heredera de la familia Bell, son los fundadores del grupo Bell. Por tradición familiar, cada heredero varón puede heredar sin problemas, pero las herederas, para heredar, deben casarse con el hombre que sus progenitores elijan. Coorah se niega, por varias razones, una es Carlos, esto provocó una gran pelea en especial con su tío y su padre, pero finalmente acepto el ultimátum, en tres años, sin que Carlos supiera nada del trato se tenía que casar, sin no lo lograba, debía cumplir sus obligaciones. Cuando pasaban un mes, para cumplir la fecha, y tras la advertencia que llegó de su familia, Coorah organizó un viaje de una semana en un crucero, que salía desde Barcelona, y recorría muchos puertos de Italia, España y Francia. Carlos pareció mostrarse animado, pero por problemas con el trabajo, quedaron en verse en el barco. Lo que Coorah no sabía era que Carlos no iba a ir, de hecho, la engaño, mandándole un mensaje a su móvil, diciendo que ya había embarcado, media hora antes de que el barco zarpara, mientras ella lo esperaba en cubierta, él estaba con su nuevo ligue, una heredera millonaria. Cuando ella se dio cuenta de que tardaba, lo llamó, pero su móvil estaba apagado, ya saliendo del puerto miles de fotos donde su novio estaba teniendo sexo con esa mujer, llegaron a su móvil como único mensaje que la dejó destrozada. Esa tarde noche, la doctora Bell, se cogió su primera borrachera de su vida, intentando borrar ese dolor como podía. Tras casi cegarse con alcohol, en cubierta, y sin apenas comer, Coorah trató de volver a su habitación, iba tan ciega que no se había dado cuenta que, por los pasillos del crucero, que daba a su camarote, algo extraño estaba pasando, un atractivo hombre vestido con un traje de camarero, que ocultaba un cuchillo afilado, escondido en el puño de su manga, trataba de esconderse de los secuaces que lo perseguían, una vez llegó a la altura de la cirujana, está que se proponía abrir con su llave tarjeta, su camarote, en su borrachera, lo confundió con su novio Carlos, por su altura, al verlo de espaldas, y sin pensarlo, lo empujo dentro del camarote. Esa noche una llorosa, enfurecida, y enrabietada cirujana, con lengua de marinero en tierra, y muy borracha, maldijo y amenazo a un desconocido, que confundió con su novio, hasta caer desmayada en sus brazos, el desconocido no era otro que Fazio De Falco, el futuro jefe de la familia De Falco, la familia más peligrosa de la mafia Calabresa, que opera en Europa y Estados Unidos. Gracias al error de Coorah, el jefe no había sido descubierto, por un rival que llevaba buscándolo, el mafioso se había hecho pasar por un camarero, para llegar a Calabria de incognito, en tres días se celebraría la ceremonia donde se le nombraría jefe de la familia De Falcon. Algo que otros miembros de las familias, no quería que pasara. Tras lo pasado, Fazio durmió esa noche en el camarote, junto a la inconsciente Coorah, que no lo soltaba, a la mañana siguiente pensaba hacer un trato con ella, que lo dejara hacerse pasar por su novio Carlos, al principio tras su susto inicial, y sus negativas, un mensaje de la familia de Coorah lo cambio todo, su padre venía en tres semanas, para comprobar si se había casado. -" Acepto a ayudarte, si a cambio te casas conmigo, en una semana."- fue lo que le dijo la cirujana al desconocido. -" Pero ¿tú sabes quién soy yo?"- le preguntó Fazio, su apellido era conocido por los medios por ser el de la familia mafiosas más famosas y peligrosa de la mafia calabresa, con ramificaciones en todo el mundo. La respuesta de Coorah cambiara la vida de ambos para siempre. -" No me importa quién eres, ni lo que haces, tú me necesitas, y yo te necesitó, mientras nos valga, no hay nada más"- Así comienza el matrimonio de Coorah y Fazio De Falco, ella no sabe qué hace él, Fazio no desea que ella lo sepa, porque en definitiva es lo más limpio y puro que hay en su vida, ella salva vidas, él por contrario mata por proteger a la familia, y sus negocios, ¿Puede el amor surgir entre seres tan opuestos? ¿Qué pasará cuando Coorah descubra quien es él en realidad? ¿Qué harán los enemigos de la familia De Falco, cuando descubran que el nuevo jefe mafioso, tiene un punto débil, su esposa?

Capítulo 1 Prologo.

Coorah:

Universidad de Oxford, Condado de Oxfordshire, Inglaterra, 2019.

-" ¿Estas seguras lo que vas a hacer? ¿No tienes miedo de que mi tío se entere?"- me dijo mi querida prima Kiora, la única que sabía que, desde hacía cuatro años, desde que llegué a Oxford, estudiaba dos carreras, una por vocación, medicina, y la otra para engañar a mi padre, donde desde luego, no tenía grandes notas.

-" Tengo que dejar de engañarme, no puedo seguir este ritmo, necesito concentrarme en mi verdadero sueño, así que voy a abandonar la carrera de empresariales."- le dije totalmente segura mientras me estiraba en mi cama, era madrugada en Oxford mientras que, en Sídney, de donde Kiora me llamaba, ya eran casi medio día.

-" Pero si se entera el tío Lousntak, se va a enfurecer."- me aseguró mi miedosa prima.

-" Como decía la abuela, no hay recompensa, sin sacrificio, sabes que odio esa maldita tradición de que el primogénito de la familia debe llevar la herencia del grupo Bell, sobre todo porque si eres mujer, debes casarte con el hombre que nuestros mayores elijan, cosa que hoy en día es retrograda, y hasta ilegal, seguro. Además, sabes que tengo mi sueño de ser cirujana de trasplantes, y no deseo casarme, por ahora, no es que odié a Heng, me parece un chico serio y trabajador, un encanto, pero sinceramente no es mi tipo, demasiado serio, demasiado implicado en el grupo, es uno de los adoradores de mi padre, es como salir con un clon de mi padre, no gracias."- le dije mirando la hora, debía dormir algo, tenía el vuelo a las ocho de la mañana.

-" Como quieras, sabes que siempre te apoyaré, pero sabes que, si tú no eres la heredera del grupo, la siguiente en la lista soy yo, recuerda que tengo otro sueño, por ahora mi padre, no se opone, tampoco es que me haga mucho caso, pero si todo se descubre, y consigues difícilmente que tu padre te deje seguir tu sueño, me harás una putada gorda, doctora."- me dijo mi prima fingiendo un gemido.

-" Bueno siempre puedes casarte con Heng, y que él lo llevé todo, es muy eficiente, y tú estás colada por él."- dije tirando a dar en la diana.

-" No sé de lo que hablas, .... estúpida, te dejo tengo clase."- me dijo con prisas, y nerviosa, colgando el teléfono, sin dejarme tiempo a que yo me despida.

-" Cobarde"- dije yo mirando mi silencioso móvil.

Me estiré de nuevo para dormir al menos dos horas más, antes de levantarme para ir al aeropuerto, por fin comenzaba mi especialidad en cirugía, y como esperé, me habían dado la plaza en el Hospital Universitario Infanta Leonor, en Madrid, España, en un programa de intercambio de Erasmus, que yo había solicitado, por dos años.

Aunque me sentía algo culpable, le había metido a mi padre de que, mi viaje a España era parte del programa de especialización en macroeconomía, en realidad iba a cumplir mis dos años de especialidad, para luego elegir la rama de cirugía de trasplantes, en tres años y medio si todo salía bien, y con mucho sacrificio, podría cumplir el sueño que tuve cuando tenía doce años, y mi vida se salvó gracias a la generosidad de la familia de mi donante de corazón.

Todo comenzó cuando, mis padres y yo viajamos por vacaciones por toda Europa, mi padre después de años de trabajo cumplió promesa que le hizo a mi madre, y hacer ese esperado viaje, por su aniversario de bodas, sin saber que, desgraciadamente, sería el último.

Nos encontrábamos viajando por una de las autopistas del sur de España, en Andalucía, cuando un camión, que transportaba material de construcción, se le reventó dos ruedas, y el conductor acabó dando bandazos antes de volcar, llevándose varios coches a su paso, mientras el material que transportaba se soltaba de sus correas de seguridad, para caer sobre algunos coches, uno de ellos fue el nuestro, comenzando nuestra gran tragedia.

Lamentablemente, mi madre murió en el acto tras caerle una gran viga de acero, yo fui atravesada por un lateral de esa viga, y mi padre quedó afectado en su pierna derecha, hoy en día, tras muchas operaciones, aun cojea.

Estuve a punto de fallecer porque mi corazón quedo gravemente dañado, entre otras lecciones, pero como estábamos en España el sistema de trasplantes se activó muy rápido, y recibí mi corazón, un día y medio después de declarar que tenía un grave deterioro cardiaco.

Por mi parte, entre la tristeza que sentía por la muerte de mi madre, a mis doce años, la profunda depresión de mi padre, que sólo quería morir, por la pérdida de la mujer que amaba, y por mi depresión que me inundó ante el dolor, me sentí culpable por haber sobrevivido, incluso por haber recibido un corazón de otro ser humano, cuya familia ahora mismo, estaban llorando su muerte, así como válvula de escape, para dejar de sentirme culpable, sólo pensaba en conocerlos.

Pero por culpa de la política de trasplantes, y pese a que pedí, e incluso rogué, a mi padre, que hiciera lo que fuera para saber quién era mi donante, nunca puede saberlo, lo único que conseguí fue poder dejarles una carta anónima, sin apenas referencias personales nada relevantes, agradeciéndoles, su sacrificio, y que sabría cuidar de ese corazón que me habían donado, esa carta fue entregada por la Fundación Española de Trasplantes, a la familia del donante.

Un año después, mientras estudiaba en Sídney Australia, en el instituto privado la segundaria, sin saber qué hacer con mi vida, y con pocas ganas de cumplir con las tradiciones de mi familia, menos con sólo trece años, recibí, a través de la Fundación, una carta de la familia del donante, donde me explicaban que se alegraban de que el corazón de su hijo, hubiera servido a una niña tan joven, me decían que él que había sido un estudiante de medicina, le hubiera gustado saber que había salvado sin proponérselo su primera vida, y que seguro que él estaba feliz por eso.

Ese fue el momento, tras leer la carta, y llorar mucho, que todo cambio para mí, supe que ya tenía un propósito en esta vida, que por lo menos cumpliría con el deseo del duelo de mi corazón, para por fin dejar de sentirme como me sentía.

Así que comencé a informarme en saber que tenía que hacer para estudiar medicina, y descubrí que me gustaba, no sabía si era por mí, o por la influencia del corazón de mi donante, pero tenía claro en que me iba a especializar, en algo que esperaba que, al dueño de mi corazón, al que decidí llamar Pablo, porque lo único que sabía era que era español, estaría feliz, quería convertirme en cirujana especialista en trasplantes, al menos de esa forma, una parte de él seguiría salvando vidas, después de salvar la mía.

Sabía que esto iba a crear problemas con mi familia, sobre todo con mi padre y mi tío, que tenían mi futuro más que previsto, debido a la dichosa tradición que tienen los Bell para establecer un heredero, que llevara el gran grupo Bell, pero claro yo no pensaba desistir en mi sueño.

Según las tradiciones de mi familia, sólo el primogénito del primer primogénito puede heredar, pero con diferencias que, para mí, son muy machistas, el varón hereda directamente, sin tener que casarse, aunque prefieren que lo haga con la mujer de su elección, que él ame, justo como ocurrió con mis padres.

Pero la diferencia radica en que, la primogénita debe casarse con el hombre que sus mayores de la familia Bell, elijan, en mi caso mi padre y mi tío, así fue la boda de mis abuelos.

Lógicamente el hombre que se case con la heredera también tiene que cumplir unos requisitos, el primero es debe cambiar su apellido a Bell, tomando el apellido de su esposa, y convertirse en su mano derecha, ya que ella será la presidenta del grupo.

También hay una condición que, tanto los herederos, como herederas, deben cumplir, en los siguientes tres años después de su matrimonio, deben tener un hijo, o una hija, que consolide el futuro del imperio de los Bell.

Con esto queda claro que yo seré la primera Bell, que me niego a cumplir esa tradición tan de los siglos pasados, primero no em atrae heredar el imperio Bell, yo tengo un sueño que cumplir, salvar vidas, y nada, ni nadie, me hará desistir de él, nunca, aunque le rompa el corazón, de nuevo, a mi padre.

Capítulo 2 Un novio con pretensiones.

Narrador.

Hospital provisional en la Pandemia, Salón de congresos IFEMA, Madrid, España, 2020.

Tras la declaración de pandemia mundial a finales de 2019 y principios de 2020, muchos países se vieron abocado a abrir nuevos recursos para paliar la pandemia, este fue el caso de España, que tuvo que habilitar algunos pabellones del Salón de Congresos IFEMA, como hospitales de urgencia, tras la saturación de los servicios en todos los hospitales, para enfermos graves, y algunos pabellones, por desgracia, como Morgue, para los fallecidos.

También se hizo un reciclaje del personal médico libre, y de estudiantes especialistas de último año, para no saturar a los interinos de urgencias, entre los que recibieron el reciclaje fue la interna en cirugía Coorah Bell, y otros cirujanos de otras especialidades, que o bien ya cumplían su último año de especialidad, ya era una experta especialista.

Muchos de ellos fueron enviados al hospital provisional del IFEMA, justo por esta razón se produjeron un hecho que determinó que, Carlos Basterra Muñoz, cirujano plástico, ocho años mayor que Coorah de veinticinco años, acabara conociendo, intencionadamente, a la doctora Bell, con presuntas intenciones románticas, provocando que la decisión de la australiana se volviera aún más firme, ante la idea de no cumplir con sus tradiciones familiares.

La coincidencia se originó cuando uno de los pacientes ingresados, resultara ser Loorean Kelly, de cincuenta y tres años, antigua amiga de la madre de Coorah , que la conocía, y sabía de su pasado, algo que ella mantenía oculto, por razones básicas, como que su padre no descubriera que ella le había mentido.

Justo por eso Coorah le pidió que no dijera nada Loorean, pero está cometió un error inocente, y justificable, esa tarde, que motivó el vespertino interés de Carlos, por la médico cirujana australiana, que, hasta ese momento, él ni había mirado, por considerarla poca agraciada, con respecto a otras mujeres del personal sanitario, y desde luego, para él, estaba gordita.

Esa tarde en su habitación de aislamiento, Loorean estaba mirando su móvil, revisando las noticias de su país, por alguna razón la mujer de mediana edad, paisana de Coorah, tenía la sospecha desde hacía varios días, que esta no la superaba.

Había sido ingresada por tener cargas víricas especialmente elevadas, y de mucho contagio, además estaba en el grupo de riesgo, pues era asmática, aunque tenía la enfermedad desarrollada, aun no necesitaba estar entubada, y se la estaba tratado con diferentes tratamientos, para tratar que superar lo peor.

Uno de los encargados de supervisar esos tratamientos era el doctor Carlos Basterra, esa tarde Carlos se sorprendió de que, a pesar de que su paciente respiraba con dificultad, mientras él junto a la enfermera, estaba tomando sus constantes, con el equipo de protección, ella aún insistiera en mirar su móvil.

-" Debería dejar el teléfono, vamos a tener que ponerle oxígeno."- le dijo el médico en inglés, algo molesto, por la actitud de la extranjera, detrás de su traje de protección integro.

-" Lo siento... necesitaba ... estar cerca de los ...míos... debería comprenderlo ... estoy tan lejos ... de los míos... y no .... sé... si volveré... incluso Coorah ... debe de estar igual... sobre todo ... tras las noticias de lo de su padre.... que se haya recuperado ... de haberse contagiado... y solucionado el problema ... de su emporio tan ... bien."- dijo la australiana, con graves problemas de respiración.

-" Debería dejar de hablar, enfermera hay que entubarla, la saturación le ha bajado mucho, llame al anestesista, ya, hay que sedarla. "- dijo Carlos, sin prestar atentación a lo que decía la rebelde paciente.

-" Doctor...antes ... se lo debo ... dele estos a mi familia... y a la doctora Bell, es ... importante."- dijo la señora Kelly intentando entregarle dos sobres, negándose a colaborar hasta que este se lo prometiera.

El médico acepto para calmar a su paciente, y así poder entubarla sin problemas, de esa forma, la señora Kelly, fue sedada para que entubarla, lamentablemente tras una larga lucha, de meses, la australiana no superó la enfermedad, y murió dos meses después, sin despertar.

Por su parte, Carlos, pese a su promesa ligera, fue desentender de las cartas, pero su enfermera, tras desinfectarlas, se las colocó, por entre las ranuras de su taquilla, en venganza, porque el playboy doctor, como a tantas otras, la había usado con falsas promesas. Su idea era obligarlo a cumplir con su palabra, algo que la enfermera pensaba, que el cirujano plástico español siempre eludía.

Lo que no sabía la enfermera es que, en vez de cumplir su promesa, Carlos abrió las cartas, para saber que tan importantes eran, y si merecían ser enviadas a sus destinatarios, o sólo eran delirios de una mujer enferma.

La carta a la familia era como todas, según pensaba Carlos muy lacrimógenas, y llena de arrepentimientos, así que la envió sin problemas. Por el contrario, la que era para la doctora Coorah Bell, fue toda una revelación, allí se contaba todo sobre la familia de ella, su dinero, y su poder. En la carta, la señora Kelly le prometía, que su secreto, quedaría guardado para siempre, que nadie lo sabría, le instaba a que cumpliera sus sueños, y le recordaba que su madre estaría orgullosa de ella.

Esa última parte no le interesó al cirujano, fue más bien saber quién era Coorah, lo que verdaderamente le interesó, pronto busco información de ella, y de su familia, y le pareció que, aunque era fea y bastante llenita, era un método perfecto para hacer un matrimonio interesante, y ventajoso para él.

-" Además, ¿A quién se le ocurriría tocar a esa gordita, si no es por los que vale?"- pensaba el calculador médico.

Carlos adoraba el dinero, y las mujeres, y justo en ese orden, por eso se hizo cirujano plástico, si conseguía a Coorah, tendría una de las dos cosas, las mujeres ya vendrían, o siempre podía hacerle unos arreglitos a su futura esposa, para volverla su gusto.

Fue así como de pronto el médico más guapo y deseado de toda el IFEMA, comenzó a mostrar interés por la cirujana Coorah Bell, algo que extrañó a las antiguas amantes del médico, y más aún a la interesada.

Coorah era todo lo contrario de las mujeres que se solía ver con el médico, la doctora era alta, con curvas, no era delgada, tampoco estaba gorda, simplemente las curvas de su cuerpo eran más pronunciadas en las caderas y en el pecho, y su cintura no era estrecha. Su pelo, aunque siempre estaba recogido, era castaño oscuro, muy sedoso, y sus ojos de color verde oscuros, casi marrones, cuando se enfadaba se volvían chocolate. Desde luego nada que ver con las rubias, morenas, o pelirrojas, de cuerpo delgadas, bajitas, de cintura estrecha, que solían salir con el cirujano.

Por su lado Coorah, al principio, no se sintió muy contenta con la atención del intenso médico, prefería centrarse en su trabajo, más aún, ante una pandemia, y continuó rechazándolo, incluso cuando IFEMA fue cerrado, tras la aparición de las vacunas, y la desaturación de los hospitales.

Lógicamente, debido a las pocas habilidades en este terreno de la australiana, y las expertas técnicas del médico, pronto, casi sin darse cuenta, hizo que Coorah aceptara tomar una copa con él una noche, y sin saber cómo, tras una agradable noche, con un médico respetuoso, y atento, terminaron siendo novios

Hecho que pasó no sin dificultades, como fue el fin del Erasmus de la australiana, que tuvo que volver a Oxford para certificar, sus estudios, y su título, las desavenencias, en los pocos momentos que se veían, ante la insistencia de su novio, en que hiciera dieta, o se hiciera algunos arreglillos, que ella rechazó siempre, y, sobre todo, la negativa de Carlos de no tener ninguna intimidad, hasta que se casarán, ya que, según el médico, era un hombre tradicional.

Pero el peor de las dificultades les surgió el día que Coorah firmó su contrato como cirujana residente, para intentar volver a España, aunque fuera kilómetros de su novio, que trabajaba en Madrid, para la unidad de trasplantes en el mismo hospital que le salvaron la vida, cuando tenía doce años, el Hospital Universitario Virgen del Rocío, en Sevilla, Andalucía. Esta dificultad iba a determinar, sin ella saberlo, el resto de su vida.

Capítulo 3 Un trato envenado. Parte 1.

Coorah.

Habitación 18, de la residencia del Colegio Mayor de Oxford, Condado de Oxfordshire, 2021

-" Todo está organizado, en breve le envió la copia del contrato, doctora Bell, en cuanto al alojamiento, ¿Quiere que le reservemos plaza en el edificio que tenemos para residentes?, la pena es que no tenemos alojamientos individuales, más bien habitaciones compartidas, con zonas comunes, y la cafetería que es gratis para el personal sanitario, nos aseguraríamos de que comparta habitación con otro interino, claro está."- me dijo la encargada de persona de área de recursos humanos del Hospital Universitario Virgen del Rocío, en Sevilla.

-" No se preocupe, ya tengo el contrato de compra de una casa, está en pueblo de Dos Hermanas, cerca de Sevilla, la mudanza comenzara este fin de semana, la próxima semana me incorporo al trabajo."- le dije con seguridad, mientras veía llegar con cara ansiosa, sudorosa, y con nerviosismos, mientras me miraba haciéndome gestos indicando a la puerta, a la que pronto sería mi excompañera de habitación.

-" Bueno la estaremos esperando, con mucha ilusión, Doctora Bell, y gracias por elegirnos."- me dijo la jefa de personal, antes de colgar, mientras Mabel no dejaba de hacer gestos nerviosos y agitados, hacia la puerta.

-" ¿Se puede saber que te pasa? Estas histérica."- le dije nada más colgar, ante lo aspavientos que hacía, casi sin hablar.

-" Tienes ... visita sorpresa, estarán ... aquí, en nada, ... me he pegado una carrera desde ... el vestíbulo, desde que los vi ... hablando con el celador en la puerta, ... es un maldito ... código rojo... Ahora dime ... ¿Es como ... para estar nerviosa? ... ¿o no?"- me dijo mi compañera de habitación, cuando al fin pudo hablar, entre jadeos, por el ejercicio que había hecho, en aras de nuestros años de amistad, y confianza.

Un código rojo era el código que usábamos cuando nos referíamos a la llegada prevista o no, de invitados incomodos o alterantes, ya fueran familiares, o de otro tipo, que sólo nos podían crear problemas, agitarnos, o molestarnos, pero que eran inevitables.

En el caso de Mabel, un código rojo implicaba a su exasperante madre, su adorado y cariñoso hermano, pero claro que era por él mismo, sino porque siempre venía acompañado del más incómodo de todos los invitados, el mejor amigo de su hermano, que resultaba ser el exnovio oculto de Mabel, un ser estúpido, retrograda, y ridículo, que llevaba muy mal que mi amiga lo hubiera dejado, para estudiar derecho.

En mi caso un código rojo implicaba a mi padre, el CEO de grupo Bell, un grupo que se encargaba, entre otras cosas, de la mayor flota pesquera de Oceanía, el indomable, serio, y estricto Lousntak Bell, y como no, su hermano menor, y vicepresidente del grupo, padre de mi mejor amiga, mi prima Kiora, mi consentidor, pero insistente, mi tío Dural Bell.

Mi familia no es la típica familia, sobre todo desde la muerte de mi madre, tiene muchas tradiciones, y secretos, algunos muy graves, y de muchos de esos secretos yo soy participe, como el de ocultar que no estudié empresariales, sino medicina.

Mi padre es el ser menos familiar, y más obsesionado por el trabajo, que yo conozco, incluso mucho antes del accidente, que nos arrebató la vida de mi madre, trabaja sin parar, tras su muerte, y mi recuperación, después de meses tras el trasplante, nunca más volvió a tomarse tiempo para él, menos para mí, sólo viajaba por trabajo, algo que me sirvió para cumplir mi sueño, lejos de Sídney.

Mi tío Dural es quien asumió el papel de padre en todo ese tiempo, algo que mi tía Ellin, siempre ha odiado, al principio no entendía ese odio, pensaba que era debido a la diferencia evidente que tenía del trato que mi tío tenía conmigo, en referencia del que tenía con su hija Kiora, algo que yo no entendía, y que trataba de paliar implicando, de forma directa, a mi prima en todos los halagos, o regalos, que mi tío me daba, y que Kiora no recibía. Pero esto fue hasta que descubrimos cual era el motivo real de este dispar trato, y lo supimos, para colmo, de la forma más traumática posible, sobre todo para Kiora, aunque a mí, también, me afectó, financiando mi decisión de cumplir mi sueño.

Ese día, mi prima y yo, estábamos tratando de escaparnos de nuestra nana, y guardiana, para asistir a una fiesta, donde habría chicos, en la playa, algo que teníamos prohibidísimo, sobre todo yo, por razones que pronto supe que tenían que ver con la tradición principal que se adjudica a la primogénita de la familia. Recuerdo que en ese momento yo tendría como unos quince años, por lo que Kiora debía tener trece.

Mientras nos escondíamos cerca de la puerta cerrada del garaje, en espera de encontrar el momento adecuado para coger la pequeña motocicleta que mi tío me había regalado, y que yo compartía con mi prima, ya que ella nunca recibió una, oímos una fuerte discusión en la ventana abierta del despacho de mi tío, que estaba encima de la puerta del garaje, y esta se producía entre él, y mi tía. Tras lo que escuchamos, tanto Kiora, como yo, entendimos porque para mi tío trataba así a mi tía, pero sobre todo a mi prima, su hija, de forma tan diferente que a mí.

En la discusión, entre múltiples insultos, llantos y gritos de mi tía, a los que su marido sólo respondía con palabras bruscas, dolorosas, y con monosílabos en ocasiones, supimos que la boda de mis tíos fue un arreglo precipitado, que nunca fue por amor, al menos, por parte de mi tío.

Pero esa no fue la mayor de las sorpresas que mi prima y yo conocimos, y que determino el trato que tendríamos en adelante, todo había sido culpa de la maldita tradición familiar, mi madre fue primero amiga, compañera de clase, y conoció antes a mi tío, cuando mi padre la conoció gracias a su hermano, hacía dos años que mi tío y ella eran amigos.

Rápidamente, ambos se enamoraron, y se casarón dos años después de conocerse, fue ese motivo por el que mi tío se calló los verdaderos sentimientos que tenía por mi madre, sólo busco una mujer que se le pareciera, para tener una copia de la mujer que amaba en su casa, esa fue mi tía, aunque su parecido sólo era físico, su carácter era radicalmente opuesto. Así que su matrimonio fue un trato, a cambio de riqueza, que al principio a mi tía le valió, lógicamente en ese trato no entraba tener hijos, algo que mi tío reprochó a su mujer, para él, no tenía por qué querer a esa hija, para desgracia de mi adorada prima, cosa que no pasaba con su sobrina.

Al morir mi madre, mi tío asumió el roll que mi padre, por el dolor o por lo que fuera, dejó a un lado, el rol de padre. Justo por eso, él es el que más insiste en que yo regrese a cumplir mi deber de heredera, de hecho, fue mi tío quien eligió, alentando a mi padre, el hombre que debía ser mi marido, y que ellos querían para mí, que extrañamente, se parecía en carácter, y forma de ser, a mi padre y a mi tío.

Con la información que descubrimos, entre lágrimas, y mucho dolor, por parte de Kiora, y de sorpresa e ira incontrolable, por mi parte, esa tarde no fuimos al final a la fiesta, sólo nos fugamos, para estar a solas, y consolarnos mutuamente, fue esa tarde donde nuestra alianza de primas paso a ser una alianza de hermanas.

Ninguna de las dos habíamos elegido nacer en esa familia a tan atópica, y desde luego no íbamos a ser manejadas por ellos, como si fuéramos parte de sus propiedades, ni mi prima, ni yo, queríamos convertirnos en las próximas CEOs de grupo Bell, Kiora quería dedicarse al mundo de la moda, ser diseñadora, y desde luego, y, sobre todo, no ser como su madre, ella quería casarse con un hombre que la amara no sólo a ella, sino que, también, a los hijos que tuvieran.

Por mi parte, como sabéis, yo ya tenía claro mi sueño, y estaba decidida a hacer lo que fuera para que mi futuro no fuera manejado ni por mi padre, ni por mi tío, haría lo que fuera, mentir, engañara, huir, incluso vender mi alma al diablo, pero desde luego, nunca sería un número más en la fábrica de hacer CEOs, en la que se había convertido mi familia, la aniquiladora familia Bell.

Esa fue la promesa que nos hicimos las dos, en esa playa solitaria, mientras el sol moría en el mar, juramos que ambas lucharíamos por nuestros sueños, pese a ellos, y sobre todo que nos apoyaríamos para cumplirlo, no necesitábamos que nuestras familias nos quisieran, ya nos amábamos nosotras, entre nosotras, lo suficiente como paliar la falta de amor que teníamos. Ambas nos merecíamos ser felices.

-" ¡Eh! ¡Ehh! Vuelve, ¿Dónde te has ido? ¿Me estás escuchando? Regresa, ¡Demonios! No tienes tiempo para que huir..."- la voz de Mabel me hizo regresar de mis recuerdos, gracias a ellos, pude recapacitar.

-" No voy a huir, llevo haciéndolo los últimos seis años, es hora de enfrentarlos."- le dije segura, mientras ella me miraba incrédula, como si me hubiera salido otra cabeza.

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