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La esposa sustituta del millonario

La esposa sustituta del millonario

Autor: : Nelsy Díaz
Género: Romance
George Castelo días antes de su boda descubre que su prometida le fue infiel. Con la decepción de haber sido engañado decide emborracharse, topándose con Marina en su regreso a casa, una novia que tuvo que huir para no casarse por obligación con un hombre que le dobla la edad, sin conocer más que sus nombres saben que deben resolver sus vidas, uno por lograr su herencia y ella para que no la obliguen a casarse, por lo cual deciden embarcarse en un trato. Fingir que ambos están enamorados frente a todos y casarse para obtener beneficios. Ninguno sabe lo que está desencadenando hasta que tienen que convivir en un matrimonio forzado y en lugar de alejarse crean un vinculo que no esperaban. El descubre en ella a una mujer atrayente, que lo hace sentir celos de todos los que se acercan. Ella ve en George a un hombre protector que la hace reír y le gusta como replantea sus creencias que todos los hombres son iguales. ¿Podrán resolver sus vidas solo con un matrimonio o solo crearán dilemas mucho más grandes al casarse?

Capítulo 1 1

George

Los preparativos para la boda fueron la causa de tantos viajes, eso según mi prometida. Pero tal cosa quedó descartado cuando sostuve en mis manos las pruebas de su engaño. Fotografías de ella por diversos lugares en situaciones comprometedoras con quien menos imaginé. Zac Russell, mi primo.

La rabia hizo que lanzara las cosas de mi escritorio al suelo. Lleno de furia por no haberme dado cuenta antes.

Me jode su infidelidad porque un día la quise, dispuesto a formar una familia con ella por la relación de tres años que tuvimos, pero la muy descarada en el piso inferior sigue presumiendo que en una semana será la esposa de George Castelo, mientras esté tiempo se encamó con mi primo.

__¿Que harás ahora? - preguntó, Gregory mi hermano. - El motivo para casarte también era recibir la herencia de nuestros padres. Tengo la mía pero si no te casas en el tiempo estipulado y procreas un hijo tardará más tiempo en obtener tu parte.

__ Me las arreglaré. - dije tomando el último sorbo de mi vaso. Salí escaleras abajo con la cabeza en alto, no tenía porqué sentirme mal. Yo fui a quien le vieron la cara de idiota, pero ella sería la que perdería todo lo que presume que tendrá al decir su deseado "sí" frente al altar.

La miré sonriente, como siempre que estaba contando cómo le propuse matrimonio. Aunque exageraba siempre y no contaba que solo le di la piedra en una cena junto a la familia. Para ella todo siempre debía ser espectacular y envidiado.

Saludó desde la distancia, me lanzó un beso actuando como la mujer enamorada que siempre se decía y todo ahogaron un suspiro en conjunto al ver "la pareja perfecta".

Pasé de largo y no dije absolutamente nada. Fiel creyente que la venganza era un plato que se prepara en el hielo y se da cuando más frío tenga el objetivo.

Salí rumbo al bar de siempre. Esta vez solo, mis amigos tenían muchas cosas que hacer y el asunto de su padre lo tenía igual o peor que yo. No quería verme como un pobre desolado así que pedí la botella de whisky más cara del lugar y me dediqué a hablar con mi abogado, ordenando que rompa el documento de sociedad con ese traidor. No iba a firmar tal cosa cuando se dijo leal a su sangre y fue capaz de burlarse de mí.

Pasada la media noche ya tenía más alcohol en mi sistema que nunca antes. Solía hacerlo, pero en esta ocasión no había llevado chófer y era consciente que podía morir en un accidente. Miré mis llaves llegando a la conclusión que no iba a ser tan imbécil como para conducir estando en ese estado.

Podía pagarle a alguien que me llevase a mi casa, más no sería confiable. Ser un presa de ladrones era fácil estando borracho.

Busqué un taxi y al subir le dije la dirección donde debía dejarme. La cabeza me daba vueltas, estaba enojado y con náuseas. Todo junto era un completo desastre.

Le indiqué al taxista que se detuviera cuando no pude detener el vómito. Tanto alcohol tenía a mi estómago quemando, así que botar todo el contenido de mis intestinos fue un alivio. Limpié mi boca con el dorso de la mano, tomando un poco de agua para quitar el mal sabor hasta que alguien tropezó deliberadamente conmigo.

La inestabilidad por estar borracho no me permitió verla a tiempo y cayó sobre mí con un golpe en mi pecho que no pude detener.

La maraña de telas cayó en mi cara impidiendo que pudiera ver con claridad. La vi y la vi y no fui capaz de comprender qué es lo que me obligó a seguir viéndola, inclusive toque su rostro y en menos de nada con un manotazo me apartó levantándose con rapidez.

El rostro con rasgos suaves, labios delgados y rosados me dieron una imagen que creí era una alucinación por las telas blancas que llevaba encima. Su toque ardió en mi piel, su boca se movió más no entendí que dijo. Las hebras de cabello olían a barro, y cuando noté tenía los ojos cerrados buscando que desapareciera.

__ Lo lamento... ¿estás bien? - preguntó tocando mis pómulos. - Estás borracho, eso lo explica.

Se puso derecha con rapidez diciendo al taxista que la llevara consigo, ofreciendo un par de billetes, pero este al verla sucia accedió a hacerlo sin ningún tipo de pago.

Volví a sentarme tratando de no verla más en tanto nos aproximamos a las cercanías de mi casa. No conseguí ver con claridad, pero reconocí mi propiedad y esa carretera llevaba a la que quería ir.

__ Puedo llevarte a un hotel que no cobra mucho. Pasas la noche ahí si quieres o ¿ hay algún sitio al que quieras ir? - preguntó el hombre en tanto me limpié la nariz y saqué unos billetes para pagar el viaje.

__ No creo que alguien me quiera cerca. - dijo la chica de cabello castaño y ojos marrones. - Me escapé de mi boda y de seguro me deben estar buscando por todos lados, pero no para darme un sitio donde descansar.

__ Odio las bodas. - dije bajándome del vehículo. Los dos me vieron - Las voy a odiar en esta y todas las vidas.

__ ¿Vives aquí? - preguntó bajando también.

__ Eso quiero creer. - contesté sacando las llaves. Miró a todos lados, asegurándose de no sé qué, en lo que estaba queriendo meter la llave en la cerradura.

__ Si me dejas quedarme te limpio la piscina. - ofreció.

__ Le pago a alguien para que haga eso. - decliné.

__ Te hago desayuno y me voy antes que despiertes. - insistió.

__ No.

__ Señorita si quiere que la lleve...

__ Un minuto por favor. - se giró hacia mí de nuevo.

__ Si me das ese vestido te puedes quedar y te doy desayuno. - replanteé.

__ ¿Mi vestido? - se miró. - ¿para que...con que me iré vestida. Dame cien dólares por él. - su contrapropuesta me tomó por sorpresa pero no me negué.

__ Hecho. - rebusqué en mi bolsillo.

__ ¿Es en serio? ¿Ya viste lo maltratado que está?

__ No lo quiero para ponérmelo. - extendí el billete. Ella lo tomó casi horrorizada. Me ayudó a entrar y me siguió, no sin antes agradecer al hombre que la llevó. - Duerme en donde sea, pero si te robas algo, tengo cámaras y te voy a buscar hasta que te encuentre. - dije enmedio de la borrachera.

__ Gruñón. - murmuró. Medio giré para verla, pero me fue imposible distinguir más en la oscuridad.

La ignoré y me fui a dormir activando la seguridad antirrobo que tenía en mi casa. No pensé en nada, solo era un borracho que necesitaba caer en una cama. Así muriera en manos de una loca vestida de novia.

Capítulo 2 2

George.

Me froté la cara, el dolor martilló mi cabeza al solo ver la luz del sol. Mi estómago quemaba exigiendo que tomara un poco de agua para que la garganta no se me agriete. Como pude me levanté y bajé agarrado de las paredes por el intenso mareo que me mantenía con la mano en mi sien.

Llegué hasta el refrigerador, saqué un jarrón que me empiné para beber la mayor cantidad de agua posible. Me urgía, tanto que por poco acabé con el contenido del recipiente. Solté un suspiro,

No vuelvo a tomar de esa forma, pensé. Siempre estaba Gregory o Aiden conmigo. Incluso Tej se sumaba cuando el trabajo no lo absorbía y lo perdía del mundo exterior.

__ ¡Santa madre de...

Giré sobre mis talones para ver a la mujer vestida de blanco con sus ojos clavados en mí, con un bocado a medio camino y cara de no haber dormido.

__ ¿Quién demonios eres tú? - pregunté a la defensiva.

__ ¿Porqué no traes ropa? - preguntó reparando mi torso sin nada de disimulo.

__ Porque estoy en mi casa. ¿Quién eres y qué haces aquí? - agregué. Soltó el cubierto y se limpió la boca.

__ Me dijiste que me quedará anoche a cambio de cien dólares por mi vestido.

__ Ah, cierto. El vestido. - en realidad no tenía una sola idea pero no lo iba a admitir ante una desconocida. - ¿Porqué es un vestido de novia? No me digas que...

__ Oh, no. Yo estaba sobria, además que estoy huyendo de una boda como para casarme en otra. - se rió. - Me iba a ir, pero luego recordé que si te doy el vestido no tengo con qué irme. - mostró hundiendo los hombros. - Me pagaste cien dólares por él, te pago mi desayuno y si me das al menos un buzo para ponerme te devuelvo el dinero.

__ ¿Negociante?

__ Soy hija de un buen empresario. - se rió. - No diría lo mismo como padre. Pero bueno, ¿trato?

La detallé. Era pequeña, con una sonrisa que mostraba a cada segundo. Ojos relucientes, cuerpo de complexión media y su estatura baja no ayudaba a imaginarla con algo de mi clóset.

__ Te quedará gigante. - solté la jarra casi vacía. - Pero hay ropa que alguien dejó, creo que puede quedarte.

__ ¿Tienes esposa?

__ Gracias al cielo no. - respondí yendo a las escaleras.

Le indiqué que me siguiera y dudó.

__ No te voy a hacer nada. O espera aquí si quieres, pero lo que te traiga tendrás que ponerte y no la opción de escoger, como la tendrás si subes. - titubeó un poco. Se vio como una persona desconfiada, aunque no la culpaba, en cambio comprendí su reacción al verla tomar un candelabro, le quitó las velas y amenazó con este. - Desquiciada.

__ Lista. Soy lista. Si te acercas te rompo la cabeza. - apuntó con el aparato. - Y no miento ¿eh?

Solo volteé la mirada. Aún con el dolor en la cabeza subí a mi habitación. Busqué en la cajonera hasta dar con el que contenía la ropa que Marlene había dejado, ya era más con cada mes, pues se acumuló con todas las veces que se quedó.

__ Ahí tienes. Te quedará grande aún. - le dije. Al ver que titubeó, me hice a un lado. Era más paranoica de lo que creí al principio. - Me daré una ducha ¿bien?. Dejas el vestido y te vas.

Asintió. No me importó que estuviera apuntado con el candelabro, la ignoré y me metí al baño, me deshice de la ropa interior que aún cargaba y me metí bajo la ducha. Quería olvidar la razón por la cual la noche anterior había ido a un bar. No deseé recordar, pero pensar en como se burlaron de mí, convirtió la sangre en lava.

El tiempo que estuve bajo el agua solo sirvió para despejar mi mente recordando que tenía trabajo en la constructora.

Desayuné, tomé un par de aspirinas y busqué las llaves del auto cuando ya estaba con mi traje de tres piezas. Sobre la cama estaba el vestido blanco, lleno de barro. Me llevé la mano a la cabeza al recordar haber sentido un bulto de telas caer sobre mí. Su rostro muy cerca y sus labios moviéndose.

¿Que demonios estaba haciendo enmedio de la calle?

Nadie iba a responder a esa pregunta por lo que opté por salir de la casa y trasladarme a la constructora. Había planos que revisar y eso me llevaría horas. De solo pensarlo me dolía aun más la cabeza. Alguien estiró la mano a un lado de la carretera, se me hizo conocida y me detuve.

__ ¿Tú? - preguntó la mujer de nuevo.

__ ¿No tienes a quien llamar para que te lleve a tu casa? - indagué bajando la ventanilla.

__ Por ahora no tengo casa. Que las aguas se calmen y luego de eso regreso. Aunque dudo que eso sea rápido. - dijo al viento. - ¿Puedes llevarme a casa de una amiga? Te queda de camino.

__ No sabes para dónde voy. - expliqué.

__ Pero sé la dirección que llevas y por ese mismo lado queda la casa de Juliana. - solté un resoplo. - Por favor.

__ Acabas de amenazar con romper mi cabeza y ahora me pides ayuda. - me reí al verla subir al vehículo.- Eres bipolar o algo por el estilo.

__ A pocas opciones, te agarras de lo que haya disponible. - se puso el cinturón.

__ Concuerdo. - puse en marcha el auto de nuevo. No tardó más que media hora en indicar que se quedaba en un cruce de calles. Se bajó con cautela y miró a todos lados.

Se veía confundida pero no creí que fuera tan inconsciente de quedarse si no conocía, pero señaló como si me quisiera dar a entender dónde estaba lo que buscaba. Una cafetería.

__ Bien, ahora me voy. Gracias...

__ George. - terminé por ella.

__ Gracias por el intercambio y tu ayuda, George. - cerró la puerta. - Si nos volvemos a encontrar, no dudes en saludar. Soy Marina Torreblanca.

Solo asentí y me masajeé la cabeza antes de ver cómo entró al lugar, mientras el auto se movió sacándome de ese lugar.

Mi día de trabajo inició y por ello me encargué de los planos que revisé en mi ordenador con las medidas que debía ajustar porque quién lo hizo no sé fijó en el terreno, ni lo que el cliente pidió.

__ ¡Mi amorcito! - esa voz nunca me había parecido tan chillona, pero lo aguanté y solo evadí el beso. Tenía un ligero perfume a su amante, eso me hizo apretar los puños al saber su descaro. Asqueado aún más por ello. - ¿Estás muy ocupado?

__ Demasiado. - contesté sin quitarle los ojos a lo que tenía al frente. - Deberías encargarte de tus ocupaciones también. El viernes es tu último día de trabajo aquí.

Se dejó caer en la silla a mi lado.

__ Es verdad. El sábado seré la señora Castelo, la esposa del magnate más codiciado de los tiempos. - suspiró mirando sus manos. - Seré la envidia de todas. Hablarán de mí en cada revista.

__ Eso tenlo por seguro que así será. - solté comprimiendo el desprecio que sentí.

__ Primo, que bueno encontrarte. Justo te estaba buscando. - la punta del lápiz que sostenía se rompió contra hoja sobre el cristal de la mesa del escritorio. - Los últimos documentos para la firma de nuestra sociedad llegaron. Podemos...

__ No tengo tiempo hoy. Quizá luego. - lo interrumpí. - Déjalo por ahí, buscaré un tiempo para revisarlos.

__ No molestes Zac. - le dijo Marlene. - Mi prometido está muy ocupado.

Se enfrascaron en una conversación que muchas veces se dió pero hasta ese momento presté atención a los detalles. Siempre se entendieron, no era algo de momento.

Decidí ignorar el resto. Incluso al terminar con los planos me enfoqué en tres invitaciones que tenía a galas y presentaciones de sociedades. Cualquier cosa era mejor que escucharlos hablar.

Matrimonio Diheston-Torrenegro.

Era el título en una invitación a una boda, al abrirla y ver la fecha noté que había sido la noche anterior. A uno cuantos kilómetros del lugar donde me encontré a la loca vestida de blanco. El apellido me sonó y por ello me puse a investigar en internet dando rápido con el evento. Los periódicos amarillistas hablaban sobre el novio plantado que quedó en el altar y fotos de una mujer muy conocida subir a un taxi dejando el velo atrás del cual al encontralo dijo que ella se había bajado en un lugar remoto.

pensé sin quitar los ojos de la pantalla con una descabellada idea surgiendo.

Las entrevistas a su casi marido eran enfocados en que la boda solo sufrió un cambio de fechas ya que aún la relación estaba en pie. Es el único que querría casarse, porque ella aseguró no querer hacerlo

Al hacerse noche me fui a mi casa rechazando a Marlene de querer ir conmigo, no la quería cerca. Pero mi cabeza no me dejó en paz. Quería venganza o más bien cometer una idiotez.

*****

__ Con medios turnos aquí no te irá bien. - le dijo una mujer de cabello corto. - Deberías sacar dinero de tus tarjetas y quedarte en un hotel porque otra visita de tu prometido a este lugar no la soporto. Ese viejo es asqueroso.

__ Lo sé, pero no puedo ir a un cajero sin mis tarjetas. Si voy a un banco mi padre me encontraría de inmediato y aún no tengo un trato que ofrecer para no casarme. - respondió ella sacando una libreta para tomar la orden de los que habían llegado.

Me quedé mirándola y pedí un café con un desayuno el cual no tardó en llegar. Casi se notó que solo estaba perdiendo el tiempo, pues cuando todos se marcharon aún seguí en mi silla.

La miré a lo lejos esperando que me notara, tardó más de lo pensado viéndome con una sonrisa, al reconocerme. Parecía hasta amable y no la loca que me amenazó.

__ ¡Hola! - saludó con emoción. - ¿Se te antoja algo más? Puedo ofrecerte varias otras opciones - cuestionó al ver lo que aún había en el plato.

__ Soy quien quiere ofrecerte algo - fui directo. Arrugó el entrecejo confundida, pero luego de un segundo captó algo, sonriendo de nuevo. Le dió curiosidad y bajó la libreta.

__ Si es un trabajo permanente o que dure, acepto. - quiso bromear. Se sentó frente a mí. Esperando la propuesta que deseaba, pero su proposición no era nada como lo pensé - Dime, George. ¿cuál es ese trato?

Iba a cometer una estupidez. Lo tuve claro, pero viendo todas las posibilidades, era la que más se ajustó a mis necesidades.

__ Firmas un documento, con este recibes un millón por mes, más todos los beneficios que dicho documento te dará. - solté de golpe. Sus ojos se agrandaron.

__ Siento que se trata de vender mi alma al Diablo. - se rió. Colocó los brazos sobre la mesa y soltó el aire. - ¿Que documento es ese?

__ Un acta de matrimonio. - dije directamente. El color abandonó su cara un segundo. Luego se repuso.

__ No. - fue su respuesta. Fuerte y clara

Capítulo 3 3

Marina.

Me preparé para muchas cosas, entre esas estaban, ser asaltada, quedarme varada en la calle, mecánica, sobrevivir cuando practicamos senderismo, incluso hacer origamis me salían muy bien. Porqué sencillamente vi muchos panoramas en la vida, llegué al punto de que cuando mi padre me propuso ser la esposa de uno de sus socios a quien le debía dinero, dije que sí, pero en mi cabeza ya tenía la idea de escapar. Solo me avisaron con dos semanas de antelación y no pude sacar dinero porque me canceló las tarjetas y el poco dinero que me daba era para gastos diarios.

Mi única opción fue escaparme de la limosina que me llevó a la iglesia. Preparada para muchas cosas, no para recibir una segunda propuesta de matrimonio en menos de una semana.

Pero ahí estaba, con un hombre de mirada color miel proponiendo que fuera su esposa. Mi respuesta estaba dicha, por ello me incorporé para alejarme de alguien extraño que me compró mi primer vestido de novia.

__ Es conveniente para tí - insistió. Mi risa se dejó ver.

__ ¿Conveniente para mí? - en tono mordaz pregunté. - Por si no lo recuerdas acabo de escapar de una boda que no quise. Odio el matrimonio forzado y no quiero casarme con alguien que lo único que sé es su nombre.

__ George Castelo. - contestó. - Es mi nombre, para que te lo grabes bien ya que puedo convencerte de hacerlo.

__ ¡Ay por favor! No seas ridículo. No hay nada en el mundo que logre eso. - me di la vuelta.

__ Tu padre te sigue para que te cases con su socio a quien la deuda suma diez millones solo en capital, está a punto de caer en quiebra y la única posibilidad de no ser un limosnero en unos meses es que el matrimonio Diheston-Torrenegro se realice.- me detuvo. - El tipo busca una esposa para que le dé un heredero, pero yo no quiero un hijo. Solo el matrimonio por dieciocho meses, no habrá nada más que asistir a eventos conmigo, presentarte como mi esposa frente a un abogado que determinará si es real para ceder la herencia que mi abuelo dejó.

__ No me has convencido.

__ Tarde o temprano te vas a cansar de trabajar por seis dólares la hora y ese sueldo no te sostendrá a tí y a tu padre. - me hizo doler el corazón. - Si aceptas el contrato, luego del tiempo estipulado nos divorciamos y puedes olvidarte de mí. Como si nunca haya existido.

__ No, esa es mi respuesta. - mi orgullo siempre me movió y en ese instante también lo hizo. Mi sueño siempre fue salir de todo sola, no porque sintiera que no necesitaba de nadie, si no porque mi hermana lo intentó y no pudo hacer más que casarse para ayudar a mi padre a no perder la única sociedad que lo sostenía. No quería lo mismo para mí.

Trabajé las horas que faltaban. Tan solo quería un baño, dormir en un sitio más cómodo y no molestar a Juliana con mi presencia todo el tiempo. Ella ya tenía suficiente con su esposo borracho que gastaba su sueldo, obligándola a trabajar para no dejar a su pequeña sin lo necesario.

Llevaba una vida muy apretada, aún así no dudó en ayudarme. Para la mañana fui a trabajar unas horas y al terminar en busca de un nuevo trabajo, la tarde la tenía libre, así que ese era mi objetivo, conseguir un turno al menos en otro sitio.

Un restaurante llamó mi atención. Había ido con mi hermana algunas veces, me pareció buena idea.

Aprovechando que no había mucha gente me acerqué. No me fue difícil hablar con el gerente, este accedió a darme unos minutos, era todo lo que necesitaba.

__ ¿Porqué querría trabajar aquí si puede hacerlo en otro sitio? - preguntó con cierta desconfianza. - Hasta donde sé, su familia es de...

__ Estoy comenzando desde abajo, por mis propios medios. Por ello solo quiero un trabajo, no pido trato especial ni nada. - expliqué con seguridad. Hasta a mí me asombró la forma en que la historia hizo conexión con la realidad.

__ Déjeme realizar unas llamadas y en unos momentos, le diré en que puesto podría encajar. - añadió con cierto grado de complejidad. - Si me puede esperar afuera, por favor.

Asentí, saliendo de la oficina en donde todos pasaban rápido. Parecía que le temían al solo nombre pegado en la puerta, aún así preferí no preguntar y caminé unos metros. Recosté mi espalda en la pared, miré la mesas ocupadas repasando el sitio que ahora me pareció irreal estar viendo desde otra perspectiva.

Pasó casi media hora y seguí en espera. Haciéndose raro el que haya sido tanto tiempo.

Unos autos se detuvieron frente al sitio. El corazón se me detuvo cuando esa figura conocida bajó de uno de ellos, quise correr, esconderme, pero no tenía caso. Vio en mi dirección fijamente sacándose las gafas de lectura que se seguro se olvidó quitar, ya que estaba segura que le habían avisado de mi presencia en el sitio.

__ Entra al auto. - determinó serio.

__ No, si sigues con ese empeño en que me case con ese tipo. - retrocedí pero su equipo de seguridad me atemorizó. - Papá, podemos salir de este embrollo de otra forma, no es necesario que me case con alguien que no...

__ Sube al auto, Marina. - sentenció con severidad. - Tuve suficiente con callar rumores. Pagar para que el apellido no quede en el suelo por tu culpa. ¡Nos dejaste en vergüenza!

__ Si me dejas explicarte. - me apresuré. - Si dejas de ver todo por negocios y me escuchas, entenderás que no quiero estar con alguien a quien le tengo terror...tú socio tiene tu misma edad.

__ Por ello necesita ese heredero. Por eso debes pensar en nuestra familia. Por eso debes actuar como lo hizo Susan. - mostró esa cara de hombre negociante que conocí más que a mi padre. - Todos hacemos sacrificios, Marina.

Tocó mi mejilla y una lágrima solitaria se deslizó por mi mejilla. Nunca me escucharía a menos que hiciera lo que quería, no sentía compasión más que por él mismo y darme cuenta de eso dolió.

__ Vamos a casa. - susurró cerca de mi frente. Dejé que mis lágrimas salieran todas antes de negar. Con cautela moví la cabeza de lado a lado.

__ No. - aclaré mi garganta.

__ ¿Qué? - quiso que lo dijera viendo su cara. Un tipo de saco beige pasó a su lado, distraído con un teléfono, quizá la señal del destino y mi única opción, junto a otros dos hombres que hablaban entre ellos.

Si mi destino era siempre el mismo, sería mi decisión como y con quién aceptarlo.

__ No, papá. - inhalé profundo tratando que mi voz no se rompiera. - No haré eso. No me casaré con Angelo Diheston. No quiero caer en lo mismo y hacer tú voluntad porque así como con Susan querrás mandar mi vida aún casada y no quiero. No quiero que decidas como visto, que debo comer y vivir atada a tí, porqué solo me ves como un negocio más.

Me volteó la cara con la mano. Mis lágrimas brotaron mientras mi decisión era tomada, poniendo a temblar mis labios.

__ Pagaré tu deuda. Te juro que lo haré, pero no yendo contigo. - me limpié la cara. - Solo que no te sorprendas si me alejo por completo. No quiero sentir resentimiento por tí.

Me di la vuelta logrando controlar el temblor en mis rodillas. Estaba aceptando un destino que nunca quise, pero a cambio de casarme con un sujeto que me doble la edad, tomé la siguiente opción. Crucé el gran salón en busca de la mesa. Sequé mis ojos, tomé aire al dar con ella.

En el segundo nivel, en uno de los extremos estaba la mesa con los tres hombres que parecieron inmersos en su conversación. Avancé hasta ellos, sus ojos me encontraron y su risa se desvaneció con lentitud.

__ ¿Aún quieres casarte conmigo? - pregunté directamente captando las tres miradas.

Por más que buscara no iba a encontrar una solución a todo buscando trabajo por todos lados. Lo único que había logrado era tener ciento sesenta dólares en mi bolsillo y que mi padre me encontrara, para la próxima de seguro sería el socio de mi padre y a ese si le tuve pánico desde que lo conocí.

No iba a arriesgarme. Quizá me arrepentiría después, pero en era mi única opción.

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