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La farsa del amor: el pájaro que destruyó su jaula

La farsa del amor: el pájaro que destruyó su jaula

Autor: : Rabbit
Género: Romance
Tras ocho años de matrimonio, Clayton se lesionó una pierna al salvar a Dylan, renunciando a su carrera de danza y oportunidades de tratamiento para vivir como un "pájaro en una jaula de oro" bajo su protección. Soportó la frialdad de su marido en la intimidad, ignorando que quien compartía sus noches a ciegas era un mendigo que su esposo había buscado para suplantarlo. Dylan guardaba para Nora, su primero amor, la cual tenía una enfermedad terminal. Al quedar embarazada, Clayton descubrió la verdad: no solo había sido engañada, sino que el objetivo desde el principio era del cordón umbilical de su bebé. Tras descubrir la verdad, junto a su padre, emprendió una venganza implacable: expuso el engaño del suplantador y los escándalos empresariales de Dylan, congelando sus activos. Durante el proceso, retomó la danza, recibió rehabilitación profesional y reveló que la enfermedad de Nora​ era falsa, así como su conspiración para contratar a un asesino contra Dylan en el pasado. Este último, abandonado y arruinado, enloqueció; Nora​ fue encarcelada. Clayton no solo brilló nuevamente en el escenario, sino que también encontró consuelo y protección genuina en Greg, quien la acompañó en su sanación. La mujer que alguna vez fue traicionada y herida rompió todas sus cadenas, renació en el amor y el arte, y comenzó una vida nueva.

Capítulo 1

Después de ocho años de matrimonio, mi esposo, el cual padecía de vergüenza a la intimidad, seguía negándose a tocarme durante el día.

Solo cuando lo llevaba al límite por la noche, me cubría los ojos y perdía el control con una pasión ardiente, feroz y salvaje.

Me encantaba lo indiferente y controlado que era en público, pero salvaje y desenfrenado a puertas cerradas.

Hasta el día en que descubrí que estaba embarazada. Me colé en su oficina para sorprenderlo, pero lo escuché hablando con un amigo.

"Dylan, si Clayton llegara a descubrir que te has estado guardando para Nora todos estos años, que nunca la tocaste y usaste a un mendigo como sustituto, ella enloquecería".

Dylan Larson respondió con calculada calma: "A Nora solo le quedan tres meses de vida. Se lo prometí. No puedo romper mi palabra. En cuanto terminen estos tres meses, Clayton y yo estaremos juntos de verdad. Le compensaré lo que le debo. En cuanto a la verdad...". Sonrió con confianza y dijo: "Clayton está tan loca por mí, que aunque lo supiera, nunca se iría. Probablemente me suplicaría para poder estar con el verdadero yo".

Mi mano, que en un principio estaba lista para abrir la puerta, se quedó congelada. Un dolor agudo y punzante atravesó mi pecho.

¿Cómo Dylan se atrevía a pensar que seguiría amándolo después de haberme engañado?

Decidí hacer una llamada: "Papá, quiero divorciarme de Dylan y asegurarme de que lo pague bien caro".

...

Los guardaespaldas de mi padre actuaron rápidamente.

En menos de media hora, fui llevada de inmediato a la oficina de Dylan.

La puerta se abrió de golpe y el rostro del hombre se volvió sombrío al ver a los guardaespaldas detrás de mí.

Caminé directamente hacia él y le lancé en la cara los papeles de divorcio que había preparado.

Sin siquiera mirarlos, Dylan habló con su habitual arrogancia: "¿A qué se debe este berrinche ahora? ¿Solo porque no contesté tu llamada?".

Durante esos ocho años siempre había sido así.

Él siempre tenía el control, desestimando mis sentimientos como si la caprichosa fuera yo.

Ocho años atrás, después de ese accidente automovilístico donde lo salvé, mi pierna derecha quedó destrozada. Mi carrera como la mejor bailarina del país terminó de la noche a la mañana.

Se casó conmigo, diciendo que lo había hecho por gratitud.

También me convenció de no someterme a un tratamiento experimental en el extranjero, el cual tenía una gran alta tasa de éxito.

Me dijo: "Clayton, no quiero que sufras más. Quédate conmigo. Te cuidaré para siempre".

Yo le creí y renuncié a mi única oportunidad de volver a bailar, contenta de ser su pájaro enjaulado.

Después de la lesión, me volví sensible e insegura.

Innumerables noches, me derrumbé porque él se quedaba fuera hasta tarde.

Me volví histérica por su distancia física hacia mí.

Tras cada pelea, yo terminaba llorando mientras pedía perdón de corazón.

"Lo siento, Dylan. Por favor, no te canses de mí. Eres todo lo que tengo...".

Él solo me miraba con frialdad, finalmente abrazándome por lástima y diciendo: "Ahora duérmete".

Pero esa vez fue diferente.

Después de escuchar sus palabras, el amor que había ardido durante ocho años en mi interior se convirtió en cenizas frías y muertas en mi pecho.

Cuando guardé silencio por demasiado tiempo, Dylan perdió la paciencia. Extendió la mano hacia la mía, entonces me aparté, evitando cualquier contacto con él.

Luego levanté la mano, tiré al suelo y rompí ese brazalete que me había dado como señal de compromiso.

El brazalete de hizo añicos, al igual que nuestro patético matrimonio.

"Dylan, lo escuché todo".

Su rostro finalmente cambió, pero no se disculpó. En cambio me miró sorprendido, incluso con la ira de aquel que se siente traicionado.

"¿Vas a desechar nuestros ocho años por este asunto trivial? ¿Qué sacrifiqué yo por ti? ¡Renuncié a la oportunidad de estar con Nora abiertamente! He estado atrapado en una relación con una inválida como tú durante ocho años. ¿No es suficiente?".

El nombre de Nora era como una aguja envenenada que iba directamente a mi corazón.

Podía recordar que después del accidente automovilístico, estaba acostada en la cama del hospital, y él se había quedado vigilante a mi lado.

En ese momento me conmovió profundamente.

Pero al escuchar sus palabras me di cuenta de todas esas veces que ponía excusas para salir de mi habitación tarde en la noche.

En ese entonces, pensaba que estaba ocupado con el trabajo.

Pero comprendí que iba a la habitación de alguien más, esa persona que realmente le importaba.

Y esas noches en las que me vendaba los ojos, un extraño con aliento a sudor y cigarrillo me tomaba bruscamente.

Cada vez, era como una pesadilla de la que no podía despertar.

Pensé que era un problema psicológico debido a mi lesión y visité un sinfín de doctores.

Pero Dylan solo me culpaba con frialdad. "Clayton, ¿no puedes cooperar un poco?".

Pero ya lo entendía todo.

No era una enfermedad. Fueron ocho años de violación, aprobada silenciosamente por mi propio esposo.

Me reí tanto que mis hombros comenzaron a temblar y las lágrimas rodaban por mis mejillas sin parar.

Dylan se inquietó por mi risa, frunciendo el ceño mientras gritaba: "¿Estás loca?".

Levanté la vista con una mirada llena de odio.

El hombre se enfureció completamente por mi mirada, y de repente levantó la mano.

Instintivamente, protegí mi estómago con ambas manos.

Él me miró y su ira cambió a una comprensión repentina.

"¿De verdad estás embarazada?".

Entonces, sus ojos se iluminaron con un brillo de esperanza.

No tenía nada que ver con convertirse en padre.

Sus siguientes palabras me sumieron en un infierno helado.

"Clayton, Nora necesita un trasplante de células madre para salvar su vida. Si tienes al bebé y le donas la sangre del cordón, haré como si nada de esto hubiera pasado".

Capítulo 2

"¿Que done la sangre del cordón?".

Esas palabras me atravesaron, afiladas como un cuchillo, perforando directamente mi corazón.

¿El bebé que estaba esperando realmente estaba destinado a ser nada más que medicina para la mujer que amaba?

La sangre me subió a la cabeza y todo mi cuerpo comenzó a temblar.

Dylan intentó tocar mi hombro, pero lo aparté con disgusto.

Su rostro se puso sombrío y su tono se volvió helado. "Clayton, no seas desagradecida. Si aceptas, no me divorciaré de ti. Una vez que nazca el niño, le daré la mejor vida. Este es el mayor favor que puedo ofrecerte. Después de todo, llevamos ocho años casados".

¿Un favor?

Me reí con amargura.

Agarré una figura de porcelana cercana y la lancé con todas mis fuerzas contra su frente.

Se escuchó un sonido de algo rompiéndose y la sangre comenzó a fluir desde su sien.

Lo miré ferozmente y exigí: "¿Qué te hace pensar que puedes sacrificar a mi propio hijo por ti y por esa mujer? ¿Con qué derecho usas a mi hijo como un escalón para tu amor?".

Dylan se limpió la sangre de la frente y su mirada era oscura y aterradora.

"¿Con qué razón?".

Sonrió y su expresión estaba llena de desprecio. "¡Porque ahora eres una persona con discapacidad!".

Sus palabras frías, como un cuchillo afilado, cortaron repetidamente mi herida ya cicatrizada.

"Clayton, mírate bien. ¿Qué podrías hacer sin mí? Solo eres una bailarina lesionada. Sin mí, tú y este niño no tendrían futuro".

Se acercó a mi oído, diciéndome con un tono burlón: "No lo olvides, el bebé que estás esperando, solo es el hijo de un mendigo. ¿Crees que la familia Wallace aceptaría a un nieto engendrado por un mendigo? Así que, donarle la sangre del cordón umbilical a Nora es tu única oportunidad de demostrar tu valor".

Miré el rostro de la persona que había amado durante ocho años, y mi estómago se revolvió.

Aquel hombre seguía justificando sus acciones desvergonzadas.

"A esto no se le puede llamar sacrificio. En realidad estarías salvando una vida. Clayton, Nora es inocente. Si te niegas a donarle el cordón por puro egoísmo, no será diferente de matarla con tus propias manos. Este pecado te seguirá el resto de tu vida. Tú y tu hijo vivirán en culpa para siempre".

Lo miré con frialdad.

¡Vaya amor tan noble!

Esa llamada redención se construía sobre el sacrificio de mi hijo y esa profunda afección pisoteaba mis huesos rotos y arruinaba mi vida.

Antes imaginé incontables veces que mis piernas se curarían y que tendría un hijo encantador con Dylan.

Le enseñaría a bailar y le diría que su madre una vez fue la estrella más brillante del escenario.

Pero ese simple sueño fue arrebatado primero por las mentiras de Dylan.

Luego, intentaba convertirlo en un medio para ayudar a otra mujer.

Sentía como si me apretaran el corazón, tan doloroso que apenas podía respirar.

Reuní todas mis fuerzas para empujarlo.

"Dylan".

Me limpié las lágrimas, mirando su aspecto lastimero y le dije con voz fría: "Me divorciaré. El niño es mío, y nadie más lo tocará. En cuanto a ti... Me aseguraré de que pagues por estos ocho años de humillación y decepción".

Después de decir eso, no miré atrás a su rostro sorprendido y me alejé.

Los guardaespaldas me siguieron de inmediato, protegiéndome de cualquiera que intentara detenerme.

Detrás de mí escuché el furioso rugido de Dylan rodeado de una escena de caos.

Pero no miré atrás.

Capítulo 3

No hubo lágrimas ni histeria. Solo una calma inquietante dentro de mí, mientras se encendía una llama de venganza.

En el carro, saqué mi teléfono y marqué un número.

Al otro lado estaba Elora Wade, la periodista investigativa más competente de mi padre.

Era una mujer conocida en ciertos círculos por ser capaz de "descubrir secretos ocultos".

"Elora. Soy yo, Clayton", dije con una voz inquietantemente firme. Quiero la información completa sobre el sustituto de Dylan. Su pasado, su familia y cada registro de transacción entre ellos dos. Cuanto más detallado sea, mejor".

Elora se quedó en silencio por unos segundos antes de preguntar: "Señorita, ¿qué quiere decir con eso de un sustituto?".

Forcé una sonrisa y dije sin emoción alguna: "Dylan solo es un egocéntrico obsesionado con el control. Nunca toleraría una imitación cualquiera. Para asegurarse de que ese mendigo pudiera desempeñar su papel perfectamente, Dylan escribió su manual personalmente. Este tenía decenas de páginas donde lo detallaba todo. Hasta los detalles privados e íntimos de cómo creía que debía ser tratada. La copia digital está en mi nube".

La voz de Elora adoptó una nueva gravedad. "Entendido, señorita. Tendrá todo lo que necesita en tres días".

La interrumpí: "No, necesito que hagas algo más. Informa a mi padre que es momento de actuar. Comienza con las cosas pequeñas. La evasión de impuestos en su empresa. Los escándalos de explotación de pasantes. Quiero que vea, impotente, cómo el imperio del que tanto se enorgullece es devorado lentamente desde adentro, como un cáncer que lo corroe lentamente".

Para cuando terminé, el carro había llegado a la villa que había compartido con Dylan después de casarnos.

No volví al dormitorio lleno de recuerdos humillantes. En cambio, caminé directamente hacia el fondo de la casa, a una habitación que había estado sellada durante ocho años completos. Era mi estudio de danza.

Habían pasado ocho años desde que puse un pie aquí por última vez.

Dentro, todos los espejos estaban cubiertos con gruesas telas blancas.

Caminé y señalé para que retiraran las telas de una en una.

Los espejos reflejaron a una desconocida.

Su rostro se veía pálido y su figura era frágil.

Me apoyé contra la barra fría, levantando lentamente mi pierna derecha.

En el tobillo, había una cicatriz grotesca, fea y dolorosa.

Alguna vez me sentí inferior por esa cicatriz, ya que era un recordatorio constante de que era una persona con discapacidad que nunca podría volver a pisar un escenario.

Pero en ese instante, al mirar la versión herida de mí misma en el espejo, sentí una calma sin precedentes.

Dylan destruyó mi carrera de baile y mis sueños.

Pero probablemente nunca imaginó que también me construyó un escenario mucho mayor con sus propias manos.

Un teatro de venganza, con toda la familia Larson como telón de fondo.

Y justo en ese momento, el espectáculo estaba a punto de comenzar.

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