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La felicidad tiene tu nombre

La felicidad tiene tu nombre

Autor: : Keyra Payán
Género: Romance
Elizabeth Jones se verá obligada a contraer matrimonio con Alex Turner, un joven acaudalado que necesita con urgencia encontrar una esposa, ya que se encuentra en una encrucijada impuesta por su abuelo, y podría perderlo todo de no acatar sus órdenes. Pero lo que ellos no imaginan es que, tras firmar ese contrato por conveniencia, se cruzarán cara a cara con el amor, ¿podrán sortear las adversidades que les esperan? ¿Lograrán ser felices juntos?

Capítulo 1 La felicidad tiene tu nombre. Capítulo 1.

Papá me estaba llamando a los gritos, se escuchaba muy enojado y a mí me entró el pánico, desde que murió Mamá él se volvió muy explosivo, cualquier cosa lo irritaba y hasta el más mínimo detalle era el detonante para que su furia se hiciera presente. Tristemente me estaba acostumbrando a esa situación, pero no mi abuela, ella sufría al verlo en ese estado, Pues aún con todo y sus defectos se trataba de su hijo y le dolía ver como el odio lo consumía poco a poco, y más aún que quisiera desquitarse con nosotras por ese cúmulo de emociones que llevaba en su interior.

-Elizabeth, hasta cuando te quedarás en la casa sin hacer nada, es tiempo de qué te busques un trabajo, sabes qué mis ahorros están agotando, ya casi no me queda nada de la liquidación, bastante tengo con ocuparme de tu abuela, si no me ayudas tendré que llevarla a un asilo de ancianos.

-No puedes hacer eso papá, sabes qué si la sacas de su casa la llevarás a la muerte le dije con lágrimas en los ojos.

-no te apures, mañana comenzaré a buscar empleo para ayudarte con los gastos.

Estaba decidida a iniciar desde cero, desde que mamá murió las fuerzas me abandonaron por completo, y lo único que me mantenía de pie era cuidar a mi abuelita, no podía permitir que mi padre la recluyera en una casa para adultos mayores, eso sin duda acabaría con ella, mi abuela estaba enferma, postrada en esa silla de ruedas, pero aun así jamás perdió el entusiasmo y las ganas de vivir, sin embargo, si él la alejaba de nosotros, significaría el final para mi viejita. llegué a mi habitación, era el único rincón donde me sentía a salvo, donde podía llorar y ser yo, derrumbarme sin necesidad de poner buena cara para no afectar a otros, me dejé caer sobre la cama, abracé el peluche de mamá que aún conservaba el aroma de su perfume y eso sin duda me reconfortaba, la extrañaba tanto, me hacían falta sus consejos, sus risas, el chocolate caliente en días lluviosos, toda ella era una necesidad inminente para todos los que formamos parte de aquella casa, ahora tan solitaria y triste.

A papá jamás le importaron mis sentimientos, sólo a mamá y a la abuela, mi padre nunca fue muy responsable que digamos, acostumbrado a que las mujeres de la casa lo resolvieran todo, se pasaba la vida entre cantinas, mujeres y juego, había agotado los recursos que nos quedaban, lo poco que nos dejó Mamá y lo que le dieron de la liquidación en su antiguo trabajo, y ahora quería que yo lo resolviera todo para el seguir llevando la vida que tenía.

Me dolía que él no pudiese ser el refugio que cualquier hija necesita, siempre tan ausente, tan frío, un hombre sin escrúpulos, con la única que se comportaba de manera diferente era con Mamá, y ahora ya no estaba y por ende nadie le importaba, ni siquiera su propia madre, y mucho menos yo, él me veía como un estorbo al igual que a la abuela, y no dudaría en sacarnos de su casa y de su vida en la primera oportunidad que se le presentara, así que no me quedaba otro remedio más que tomar fuerzas y enfrentar todo aquello que el destino me tuviese preparado. Mi alarma sonó y decidí levantarme, me puse en pie y fui a la cocina a preparar el desayuno, puse café y lo tomé bien cargado y sin azúcar, pues sabía que sólo así lograría espabilarme.

-Qué haces levantada tan temprano mi niña.

Dijo la abuela con su singular amabilidad al hablar.

-Hoy voy a buscar trabajo abuelo, quiero ayudar a papá con los gastos.

-Tú deberías seguir estudiando mi amor, es tu padre quien tendría que hacerse cargo de nosotras, no tú.

-Ya lo conoces abuelita, cuando estaba Mamá ella lo resolvía todo, y siempre justificaba sus despilfarros y sus acciones, pero ahora ya no está, y supongo que me corresponde a mí asumir esa parte, pero no te preocupes, estaré bien.

Eres tan buena mi niña dijo mi abuelita tomando mi mano.

Después de asegurarme que todo estuviera bien en la casa subí a mi habitación, quería impregnarme del valor que necesitaba para comenzar a enfrentar la vida después de mi madre y llevando a cuestas la responsabilidad de la familia, elegí el más hermoso de mis vestidos, algo formal y elegante a la vez, siempre preferí vestir de manera sencilla, pero si quería impresionar, tenía que lucir diferente, radiante y segura de mí misma, me miré al espejo y no daba crédito a lo que veía, era una mujer totalmente distinta, estaba dejando a la niña para aprender a defenderme con mis propios medios lo cual no era nada fácil y seguramente me encontraría con bastantes tropiezos en el camino, pero no estaba dispuesta a rendirme, las mujeres de mi familia siempre fuimos guerreras, Y de ningún modo yo podía ser la excepción.

Salí de casa, Los tacones me molestaban, pues no estaba acostumbrada a usarlos y mucho menos caminar tanto, siempre ayude a mamá con las cuentas y con todo lo concerniente a la difusión y a las redes sociales, ya que se me daba muy bien la creatividad y las matemáticas, hacía un día esplendoroso, se vislumbraba en el ambiente el gran salto que daría y la transformación que se asomaba, pasé por un puesto de periódicos y compré uno, y me detuve al observar un anuncio que llamó particularmente mi atención, industrias Turner estaba buscando a una persona para el manejo de sus redes sociales y creación de contenido.

Sin duda ese puesto era perfecto y se ajustaba perfecto a la experiencia qué me dejó trabajar con Mamá, no había comparación alguna, aquí se trataba de una empresa gigante, mientras que la nuestra era pequeña y el alcance de ningún modo se le parecía, sin embargo estaba dispuesta intentarlo, no perdía nada, seguramente asistirían personas calificadas y con mucha experiencia y muy probablemente me dirían que no, pero me gustaban los retos así que decidí ir, el lugar estaba cerca así qué tome mi bolso y me puse en marcha.

A lo lejos se vislumbraba una compañía impresionante, un edificio moderno y de buen gusto, digno del glamour y la elegancia qué siempre se dejaba ver en las fotografías de los diarios más importantes o en las páginas de Internet, en el trayecto me di la oportunidad de investigar un poco sobre industrias Turner, se trataba de un corporativo que tenía a su cargo las tiendas más prestigiosas de ropa y accesorios, en la investigación también salió a relucir Alex, el único hijo y futuro heredero de todo aquel imperio, un chico muy guapo con unos ojos azules que hacían temblar con sólo verlos, una sonrisa de artista de cine, alto, atlético, todo un dios griego que parecía esculpido, lo que se decía de él no era nada alentador, le gustaba andar con muchas mujeres, super estrellas y modelos de marcas exclusivas, claro, que se podía esperar de semejante bombón, sin embargo eso no tenía por qué importarme, yo sólo iba por el trabajo.

El guardia de la entrada abrió la puerta para darme acceso, no podía creer lo que mis ojos presenciaban, un vestíbulo impresionante, una recepción de lujo, y hasta el personal lucía en su máximo esplendor, Me recibió una rubia esbelta, vestida con una falda que resaltaba sus pronunciadas curvas, una blusa muy elegante a juego con un blazer qué le quedaba maravillosamente bien, tacones altísimos, peinada con un recogido que acentuaba sus finos rasgos, y por supuesto el maquillaje le quedaba fenomenal, todo aquello destilaba perfección, lo cual hacía que me sintiera fuera de lugar, Pero ya estaba allí y no daría marcha atrás, eso sí que no.

La rubia recibió mi solicitud y me pidió que tomara asiento, lo cual me resultó muy extraño porque casi siempre te dicen que después te llamarán, y no es que yo tuviera mucha experiencia al respecto pero era lo que siempre se escuchaba en todos lados, me quedé allí por más de una hora y de pronto la asistente se acercó y me dijo que podía pasar, que el jefe me recibiría en persona lo cual me dejó sin aliento, me puse super nerviosa, supuse que se trataba del abuelo de Alex, Harol Turner, también había investigado de él pero no por eso mi incertidumbre disminuyó.

-tuviste suerte, señorita Jones, verás al jefe en persona, no es muy frecuente que eso pase, así que aprovecha la oportunidad, dijo la asistente con una sonrisa deslumbrante.

En todo momento se portó muy amable conmigo, creo que le simpaticé, y ella a mí, eso me dio un poco de seguridad, me condujo a una impresionante oficina decorada con una exquisitez admirable, Obras de arte por todos lados, colores vivos que le daban un realce especial a los elegantes muebles, pero eso sí todo con un toque de modernidad y vanguardia, lo cual me sorprendió tratándose de una persona mayor.

-Espera aquí Elizabeth, puedes tomar asiento, el jefe vendrá en un momento, te dejo, te deseo buena suerte.

Le agradecí su gesto de amabilidad y le extendí mi mano, ella la tomó con cordialidad Y se marchó, cuando estaba a solas, mis ojos se posaron en esa impresionante vista de la ciudad que podía percibirse a través de la ventana, cuando de pronto se escuchó una voz sensual que me hizo salir de mi estupor.

-Buenos días, señorita Jones.

No podía dar crédito a lo que mis ojos estaban presenciando, se trataba nada más y nada menos que de Alex Turner, ese Dios griego que con sólo verlo en fotografías despertaba en mí una serie de sensaciones que jamás había experimentado, no me explicaba porque, pero así era, y ahora estaba allí, mirándome con esos ojos azules y esa mirada penetrante que me cortaba la respiración.

-Buenos días, Le contesté con la voz entrecortada por la sorpresa de verlo.

-seré muy claro en lo que tengo que decirle, cuando Ashley me dijo que había llegado una chica con sus características a solicitar empleo, de inmediato quise verla y comprobar con mis propios ojos que usted reúne las características de la mujer que busco.

-No entiendo, yo sólo vine aquí por el anuncio que vi en el diario, Así que no sé de qué me habla.

-escúcheme con atención y le pido que no me interrumpa, al final usted decidirá si lo qué tengo que proponerle le conviene o no, contestó muy seguro de sí mismo y mirándome directamente a los ojos.

Se sentó frente a mí y su mirada continuaba examinándome como si quisiera grabar cada rasgo en su memoria.

-es muy sencillo, usted tiene necesidad de trabajar, vino aquí solicitando un empleo, y el trabajo que yo le ofrezco es que se case conmigo bajo un acuerdo de conveniencia, que dice, ¿acepta?

Me soltó todo aquello con total desparpajo, no se veía ni un ápice de conflicto en su rostro, y claro, Alex Turner seguramente estaba acostumbrado a conseguir cualquier cosa, lo que se propusiera, pero yo, no, jamás me prestaría para algo así así qué frustrada y con total indignación me dispuse a encararlo.

-¿Usted es consciente de lo que me está pidiendo?, Casarse no es un juego de niños o un acuerdo que se pueda tomar a la ligera, yo ni siquiera lo conozco, sólo sé de usted lo que dicen los diarios o las páginas de Internet, además no creo que usted tenga dificultad para conseguir a alguien para comprometerse en matrimonio.

-en efecto, no tengo problema con las mujeres, todas estarían dispuestas a hacer lo que yo les pida, Y en el momento que yo quiera, pero por lo general son mujeres frívolas, dispuestas a todo por dinero y mi abuelo jamás aceptaría a alguien así para que sea mi esposa, por lo que la chica que se case conmigo debe ser muy convincente y representar de maravilla el papel de esposa.

El solo hecho de escucharlo me causó tal indignación, no podía creer que, sin conocerme, me estuviese juzgando como una mujer fría y calculadora, ambiciosa y dispuesta a todo por dinero, se me encendieron las mejillas del coraje que sentía, me puse de pie y me paré frente a él.

-Mire señor Turner, yo no me vendo, no soy de las mujeres sin escrúpulos e interesadas con las que usted está acostumbrado a tratar todos los días, soy una persona que tiene sentimientos, y cuando me case con alguien, será porque lo ame, no por un absurdo acuerdo.

-Piénselo bien señorita Jones, nuestro matrimonio le dejará una suma de dinero inimaginable, sin mencionar que durante el tiempo que estemos casados, usted llevará una vida de reina, llena de lujos y la opulencia que jamás soñó, Así que supongo qué, eso alivia cualquier conciencia.

-pues se equivoca señor Turner, mi conciencia no la compra nada ni nadie, siempre actuó bajo mis convicciones y los valores que me ha inculcado mi madre, y aun cuando ya no está, no pienso corromperlos, y mucho menos por dinero, así que vaya buscando a alguien más que le ayude con esa farsa.

Abrió los ojos como platos, me miró incrédulo, supongo que no podía imaginar siquiera que alguien pudiera resistirse a sus encantos y a tal proposición, de pronto se levantó y se plantó frente a mí, Estaba tan cerca que podía escuchar su respiración agitada, mi corazón dio un vuelco, ese hombre me ponía muy nerviosa, me resultaba tan atractivo, tan imponente, qué definitivamente causaba una mezcla de sensaciones dentro de mí, colocó sus manos sobre mis hombros y sonriendo me dijo.

-no estoy acostumbrado al rechazo señorita Jones, y sé que tarde o temprano cambiará de decisión, le dejo mi tarjeta porque estoy seguro que tarde o temprano me llamará diciéndome que acepta casarse conmigo, y a mí me va a encantar la idea de compartir mi vida aunque sea en forma temporal con una belleza como usted, me dijo acariciándome el rostro y dándome un suave beso en los labios qué me dejó sin aliento, luego se marchó dejándome con todo ese mar de sensaciones, todo aquello era una locura, pero la realidad es que ese beso había sido una experiencia única, tardé un poco en recomponerme y cuando al fin pude recuperar las fuerzas, salí de aquel lugar, el trayecto era largo y mientras caminaba, sólo podía pensar en las palabras de Alex, esa sensación de sus labios sobre los míos, no me abandonaba y hacía qué mis piernas flaquearan.

No sé por cuánto tiempo camine, necesitaba despejarme, en toda mi vida sólo había tenido dos novios, y ninguno había conseguido hacerme sentir lo que Alex con ese beso, sin duda se trataba del hombre perfecto, sabía cómo seducir a una mujer, sin embargo, lo que él pretendía era absurdo y yo no estaba dispuesta de ningún modo a prestarme a su juego.

Capítulo 2 La felicidad tiene tu nombre. Capítulo 2. Alex.

Entré a la oficina de Ashley y di un portazo, estaba furioso, no era posible que esa chica se hubiese atrevido a rechazarme, a mí, que jamás tuve alguna negativa por parte de ninguna mujer.

-Me rechazó Ashley, esa mujer se atrevió a decirme que no, tú me dijiste que reunía Las características de la chica que necesito para casarme, ¿cómo pudiste equivocarte?, Le dije a mi asistente echando chispas por los ojos.

-Lo lamento Alex, parecía una chica dócil, jamás imaginé que pudiera rechazar tu propuesta, pero debes entenderlo, no todas las personas son movidas por el dinero y la ambición, tal vez ella sea diferente.

-No me interesan los escrúpulos tontos, sabes que necesito con urgencia encontrar una esposa, mi abuelo me dio un ultimátum, y ya lo conoces, sabes que sus amenazas no son en balde.

-A lo mejor cambia de parecer, ¿quieres que le llame para intentar convencerla? Dijo Ashley tratando de tranquilizarme.

-no, no quiero que hagas nada, le daré hasta mañana, estoy seguro de que me llamará.

Realmente no podía tener seguridad de lo que estaba diciendo, ella era tan distinta a todas las demás, que no tenía idea de lo que podía esperar, sus ojos negros y expresivos se clavaron en mi cabeza, y la imagen de esa belleza exquisita no me abandonaba, ¿qué me estaba pasando?,

No era posible que una joven pudiera cautivarme de esa manera, necesitaba con desesperación verla una vez más, convencerla a toda costa de qué se casara conmigo, tal vez eso no sería un matrimonio por amor, pero quién sabe, en el trayecto al menos podría estar cerca de ella, tocarla, besarla, respirar el Dulce aroma de su perfume, estaba hecho una furia, la frustración y el coraje combinado con la gran obsesión que se me había formado hacia Elizabeth consiguieron sacarme de mis cabales.

-no quiero que nadie me moleste Ashley, no estoy para nadie, cancela todas mis citas, necesito pensar, voy a salir un rato, quiero tomar aire.

Elizabeth.

Caminé por largo rato, y cuando por fin pude llegar a mi casa, subí corriendo las escaleras y me quité esos tacones qué resultaron todo un tormento, todavía tenía la sensación en mis labios del beso que me robó Alex, no entendía que me estaba sucediendo, y por qué no podía apartar a ese chico de mis pensamientos, además estaba lo que me dijo, me propuso matrimonio sin conocerme, no pude evitar imaginarme cómo sería mi vida junto a él, si tan solo ese matrimonio pudiese ser por amor, todo sería tan distinto, pero que estaba pensando, aquello no ocurriría ni en mis mejores sueños, él era un mujeriego, y si se atrevió a proponerme semejante cosa es porque debió tratarse de una situación desesperada.

Cuando por fin logré despejarme un poco, me cambié de ropa y me dirigí al cuarto de mi abuelita, seguramente al verla ese torbellino de emociones que llevaba en mi interior se disiparía al menos un poco, pero cuál sería mi sorpresa, al abrir la puerta, me encontré con un panorama desolador, su silla de ruedas no estaba, pensé lo peor, mil cosas llegaron a mi cabeza, abrí los cajones Y con tristeza descubrí que sus cosas no se encontraban allí.

Papá, papá, papá, lo llamaba una y otra vez con desesperación, mi corazón latía a mil por hora, y parecía que se me iba a salir del pecho, Sentía arder mis mejillas, jamás había experimentado semejante rabia, no podía creer que un padre pudiese hacerle algo así a su propia madre, al ser que le dio la vida.

-dime por favor que no te atreviste a llevarla a ese lugar, vamos papá, responde ¿tú no fuiste capaz de hacerlo verdad?

-sí, lo hice, tu abuela era un estorbo, Y ni tú ni yo podemos cargar con ella, Respondió con cinismo y sin ningún remordimiento.

-eres un ser despreciable papá, no entiendo como mamá pudo amarte tanto, eres un monstruo capaz de las peores bajezas, sabes que mi abuelita es lo más preciado que tengo en la vida y te atreviste a separarme de ella, te odio papá, te odio, le grité enfurecida.

-cómo te atreves a hablarme de esa manera, dijo mientras abofeteaba una y otra vez mi rostro.

-Esta es mi casa y yo hago lo qué se me da la gana, mi madre es una vieja decrépita, y yo no pienso pasarme la vida cuidándola, y tú, deja de ser tan estúpida, además ya tengo otros planes para ti, por ahora lárgate a tu cuarto, me enferma verte, decía mientras me zarandeaba.

Salí corriendo, me sentía presa del miedo y la desesperación, temía nunca volver a ver a mi abre, y eso sería lo peor que pudiera sucederme, cerré la puerta de mi habitación con llave, y luego me tiré en la cama, Las lágrimas salían a borbotones empapando las sábanas, había un terrible dolor dentro de mí, en muy poco tiempo estaba perdiendo a las dos personas que más me importaban, mi madre estaba muerta, y mi abuela era lo único que me quedaba, cuando logré tranquilizarme un poco las palabras de mi padre vinieron a mi cabeza, ya tengo otros planes para ti había dicho, ¿qué significaría aquello?, Nada bueno seguro.

El terror se apoderó nuevamente de mí, era casi seguro que su mente ya tramaba un maquiavélico plan, El cual sólo me traería dolor. Necesitaba que aquel terrible día por fin terminara, lloré hasta que me quedé sin lágrimas, el cansancio me venció y por fin pude quedarme dormida, y entre sueños lo vi a él, era Alex con esa sonrisa deslumbrante extendiéndome sus brazos, fue así como desperté y una idea se dibujó en el horizonte.

Alex.

-Vaya, hasta que por fin llegas, ¿Se puede saber dónde te habías metido?, Espero que ya tengas a una prometida que presentarme, No me decepciones Alex, siempre he confiado en ti, no me obligues A dejar de hacerlo, dijo mi abuelo desafiante.

Sabía que él no tendría mucha paciencia, y eso me desesperaba aún más, lo que estaba en juego era de suma importancia, y me podría cambiar la vida, ella lo significaba todo para mí, y el solo hecho de pensar que algo o alguien pudiera lastimarla me destrozaba por completo.

-Te aseguro que te sorprenderás abuelo, le contesté altivo, es una belleza, la nieta perfecta para ti.

-Eso espero, ojalá que no me decepciones como lo hizo tu Madre.

Sus palabras estaban llenas de crueldad, eran como látigos lacerando mi piel, en ese momento hubiese preferido que me golpeara hasta asesinarme, no soportaba que hablara mal de ella, pero no podía hacer nada, estaba con las manos atadas y sólo me quedaba obedecer y seguirle el juego.

Mi despiadado abuelo se marchó, y cuando me quedé en silencio salí a la terraza para contemplar la vista panorámica que siempre me tranquilizaba, pero fue en vano, ya que la imagen de Elizabeth seguía torturándome, veía su encantadora sonrisa en todos lados, su olor tan particular me llegaba como oleada de aire fresco, recordando mi fracaso al intentar convencerla de qué aceptara mi propuesta. Esa situación sin duda me estaba cansando, y tenía que hacer algo al respecto, cuándo me disponía a llamar a Ashley, mi teléfono móvil sonó, se trataba de un número desconocido así que me dispuse a contestar si mucho ánimo, no podía creer cuando escuché la voz al otro lado del teléfono.

-Señor Turner, Habla Elizabeth.

Cuando escuché su nombre, sentí que el corazón se me iba a salir del pecho de la emoción, pero decidí actuar con cautela y no demostrarle lo que estaba sintiendo.

-Vaya señorita Jones, me alegra escucharla, pensé que su decisión era definitiva, le contesté con aires de superioridad, Dígame, ¿lo ha pensado mejor y decidió aceptar mi propuesta?

Deseaba con toda mi alma que me dijera que sí, que se casaría conmigo, que sería mi esposa aun cuando todo aquello se tratara de un absurdo contrato, no me importaba nada en ese momento, sólo Ella y lo que pudiese decirme.

-Alex, ¿podríamos quedar para vernos?

Capítulo 3 La felicidad tiene tu nombre. Capítulo 3. Elizabeth.

Corté la comunicación con Alex, no podía creer que me hubiese atrevido a llamarlo después de haberle dicho qué su propuesta no me interesaba para nada, pero me encontraba en una situación desesperada y era necesario tomar cartas en el asunto antes de qué las cosas se pusieran peor para mí, mi malvado padre ya había sacado a la abuela de casa, y quién sabe lo que pretendía hacer conmigo, cada vez que él amenazaba había que tener mucho cuidado, pues sus planes tenían la cualidad de ser letales para quien se viera afectado, y en este caso era yo, me atormentaba el no saber nada de la abuela, segu

ro estaría muy triste y desilusionada, Y como no estarlo si su propio hijo había sido capaz de semejante bajeza. Por fin me decidí a salir de mi habitación, me daba miedo hacerlo, pero debía comportarme de manera normal antes de huir de ese lugar, mi padre no podría sospechar nada, ya que si lo hacía evitaría a toda costa mi partida, avancé sin hacer ruido, cuando de pronto escuché la voz de mi padre hablando con alguien por teléfono.

-Necesito prepararla un poco más, sólo es cosa de convencerla, muy pronto la tendrá se lo aseguro, si me da un adelanto le prometo qué mi hija hará todo lo que usted le diga , ya vio sus fotografías, y como pudo darse cuenta es muy hermosa, y será toda suya, sólo transfiérame un poco de la cantidad que acordamos y nuestro trato será un hecho.

Dios mío, eso no podía estar pasando, mi propio padre me estaba vendiendo al mejor postor, sabía que era capaz de todo, pero llegar a esos extremos, jamás lo imaginé, regresé presa del pánico a mi habitación, debía actuar rápido, de otra manera se me acabarían las oportunidades para escapar. Estaba absorta en mis pensamientos cuándo de repente la puerta de mi habitación se abrió, era mi padre con su característico gesto de maldad en el rostro, me volví presa del pánico, mi corazón empezó a latir de una manera descomunal, sentía que se me iba a salir del pecho, pero aun así tomé las fuerzas para disimular para que no se diera cuenta de nada, él no podía saber que yo estaba enterada de sus macabros planes, era la única manera de salir bien librada de todo aquello.

-Espero que ya estés más tranquila, tu abuela estará bien, no tienes de qué preocuparte, ya es vieja y es mejor que esté en manos de gente que la pueda cuidar, tú eres joven y hermosa, y tienes un futuro prometedor, no te puedes echar esa carga encima hijita, dijo mi padre con un gesto retorcido en su rostro, no entendía como ese ser tan perverso y monstruoso pudiese ser mi padre, y mucho menos comprendía cómo mamá siendo una persona tan maravillosa, pudo alguna vez sentir amor por esta abominación, quería salir corriendo, huir de ahí y no volver a verlo nunca, pero hubiese sido inútil ya que él lo hubiese evitado a toda costa, así que decidí hacer acopio de las pocas fuerzas que me quedaban y tomé la decisión de seguirle la corriente.

-quiero mucho a mi abuela papá, y en cuanto tenga un empleo me gustaría traerla de regreso, te prometo que no te molestará, yo me haré cargo de ella y de todo lo que necesite, sólo dime, ¿dónde está?, te lo suplico, quiero ir a visitarla por lo menos, saber si está bien.

-Por ahora tú no tienes que preocuparte por eso, te prometo que, si haces lo que te digo, muy pronto te diré dónde está y podrás ir a verla, pero sólo si me obedeces.

Un terrible escalofrío recorrió mi cuerpo, tenía que apresurar los planes, no podía permanecer un minuto más en esa casa, me hallaba en peligro, y dentro de poco mi vida podría convertirse en un terrible infierno.

-Claro papá, haré lo que tú me digas con tal de recuperar a mi abuela, él sonrió victorioso y me dejó sola.

Cuándo la puerta de mi cuarto se cerró rompí en llanto, en tampoco tiempo la vida me estaba cambiando de una manera brutal, primero la muerte de mi madre, después lo que ese monstruo le había hecho a mi abuela, y ahora la próxima víctima sería yo al venderme con quien sabe quién, de sólo pensar lo que me harían me horrorizaba, Dios, definitivamente la única solución era casarme con Alex, por lo menos allí estaría tranquila y seguramente él podría ayudarme a encontrar a mi abuelita, su familia tiene todos los medios así que no creo que hubiese ningún inconveniente por esa parte, no me gustaba la idea de casarme por conveniencia, pero no era el dinero lo que yo buscaba, sino un refugio, la protección de alguien que pudiese ayudarme y sacarme de aquella pesadilla en la que se estaba convirtiendo mi vida. Necesitaba armar un plan de escape, así que respiré profundo, le puse seguro a la puerta y comencé a guardar lo más indispensable en un pequeño bolso. Hasta ese momento todo marchaba de acuerdo al plan, había quedado de ver a Alex en la noche, pero había decidido no contarle nada, me daba mucha vergüenza que él supiera la clase de hombre que es mi padre, así que sólo pondría como condición para casarme con él lo de mi abuelita, seguro que él me preguntaría porque decidimos recluirla en un asilo de ancianos, entonces tendría que decirle que no teníamos los recursos para tratarla, que allí por lo menos contaría con sus medicinas y estaría bien alimentada, esa historia probablemente pudiese sonar convincente y no creo que él me hiciera más preguntas al respecto. Las horas pasaban y los pensamientos de horror no dejaban de rondar mi cabeza, saldría de esa casa que por mucho tiempo fue mi hogar, mi refugio, y ahora se estaba convirtiendo en el lugar más peligroso para mí, bajé a la cocina para preparar la cena, las cosas debían lucir en calma para que nada saliera mal, mi papá era muy perspicaz y cualquier gesto o movimiento de mi parte lo pondría en alerta, preparé su plato favorito, seguramente pensaría que estaba esmerándome con él para que me diera información sobre mi abuela, así que no sospecharía nada.

Le puse a la comida unas gotas de las que mamá tomaba para dormir, son muy efectivas, así que el sueño terminaría por vencerlo y así yo podría salir de la casa sin problema. Me sentía muy nerviosa, todo aquello era como una bomba de tiempo, sabía de lo que podía ser capaz papá con tal de lograr sus obscuros propósitos, y nada ni nadie lo detendría, si me descubría estaba perdida.

Nos sentamos a la mesa y papá veía la comida con voracidad, al parecer tenía mucha hambre, siempre estuvo acostumbrado a que Mamá lo atendiera, él no movía ni un solo dedo, y aun cuando ella estaba enferma la manipulaba para qué hiciera lo que deseaba, recuerdo con mucha tristeza como en sus últimos días le faltaban las fuerzas, y aun así, se esmeraba en atenciones para nosotros, yo le ayudaba en todo, no quería que se cansara, pero aun así ella seguía adelante, siempre anteponiendo el bienestar de los demás, incluso a costa de su propia salud, parpadeé para detener las lágrimas que amenazaban con salir a borbotones por los recuerdos que estaba trayendo al presente, pero no, debía hacer uso de todo el temple que me quedaba para lograr liberarme de las garras de mi malévolo padre. Empezamos a comer, todo parecía transcurrir con normalidad, pero yo me sentía cada vez más nerviosa, las manos me temblaban, estaba sudando frío, sólo esperaba qué mi papá no se diera cuenta de lo que estaba pasando.

-cariño, mañana te llevaré a conocer a un señor que está muy interesado en ti, debes comportarte muy bien con él, si eres buena y gentil, el asegurará nuestro futuro, sólo tienes que ser muy complaciente, dijo mi padre con un toque de somnolencia en su voz.

Al parecer el somnífero que puse en su comida ya estaba haciendo efecto, y sólo debía esperar unos minutos para tomar mis cosas y escapar, no sabía lo que me esperaba allá afuera, pero seguramente sería mucho mejor que todo aquel horror que mi padre me había preparado.

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