Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > La guardaespaldas del Mafioso
La guardaespaldas del Mafioso

La guardaespaldas del Mafioso

Autor: : Luly Rose
Género: Romance
Un cuerpo fornido y mucho más grande que el de Clara la chocó de lleno, haciéndola tropezar, especialmente porque los tacos aguja plateados que su jefe le había dado no ayudaban mucho. Ambos cayeron al suelo, ella de espaldas al frío y sucio piso, y el misterioso sujeto encima de ella, con cada brazo a los costados de su rostro, sosteniéndose para no aplastar con todo su peso a la joven que había salido de la nada y le había arruinado su huida. Todo pasó muy rápido, Clara abrió grandes sus ojos color miel al ver que su nariz respingada y pequeña rozaba muy de cerca la nariz recta del hombre que tenía delante. Clara no recordaba la última vez que había estado tan cerca de un hombre. En realidad, nunca lo había estado. Quiso protestar, pero el hombre fue más rápido y le ordenó, con una voz ronca pero sensual: -Ayúdame a esconderme.-

Capítulo 1 Un hombre en mi camino

-Clara, ya es tarde, vamos a casa por favor- protestó Micaela, la mejor amiga de Clara.

La joven apoyó con frustración su frente en el pupitre, esperando a que su amiga se dignara a guardar los libros y salir de allí juntas.

-Ya casi termino...- exclamó concentrada la castaña natural de largos rizos pronunciados y mirada color miel que estaba fija en su trabajo práctico de la materia de primeros auxilios de la carrera de medicina.

Micaela puso los ojos en blanco y se puso a jugar con su teléfono, sabiendo que el "Ya casi termino" de su vieja amiga era una completa mentira.

Todos en la carrera de medicina sabían que Clara era una traga libros, la más nerd de todos, la primera en su clase.

Entregaba los trabajos al día y no faltaba a ninguna clase, por más exhausta que estuviera.

Micaela miró a su amiga de reojo con admiración.

La joven sabía que, si su amiga se esforzaba mucho por tener la mejor calificación de la cursada, era porque realmente lo necesitaba.

No había que ser muy astuto para que alguien se diera cuenta de que Clara Herrera era una joven humilde, de bajos recursos.

La castaña llevaba la misma sudadera vieja color gris que alguna vez había sido color negro. Ella misma se la había regalado para su cumpleaños número 24, y Clara ahora tenía 28 años.

Sabía que a su vieja amiga le gustaban las cosas holgadas, que no marcaran su cuerpo despampanante que Micaela sabía que escondía debajo de esa remera de tres talles más y sus viejos pantalones deportivos que le había robado a su tío.

-¡Listo!- exclamó la castaña, cerrando el libro y metiéndolo en su mochila mil veces cocida ya que no podía darse el gusto de adquirir una nueva. Ella misma diría que era un gasto innecesario.

-¡Al fin!- Chilló Micaela, tirándose atrás en la silla agotada.

Clara rió por los gestos de su amiga y ambas salieron del salón que ya estaba vacío hace rato.

Era tarde, casi llegando a la medianoche mientras ambas jóvenes caminaban por una calle desolada de la zona más precaria de la ciudad.

Ambas se frenaron en una esquina iluminada.

-¿Estás segura de que no quieres que te acompañe?- preguntó la amiga preocupada. A partir de esa calle todo se volvía más peligroso.

De día era otra cosa, lleno de comercios y gente yendo y viniendo, pero apenas bajaba el sol y los comercios cerraban sus puertas, el lugar quedaba desolado, lleno de malvivientes y consumidores de alcohol y drogas.

A Micaela no le gustaba que su amiga viviera allí, había insistido en que viviera con ella. Pero Clara se negaba y su amiga sabía bien por qué.

-No te preocupes- exclamó la castaña, quien se sentía mal cada vez que su amiga se sacrificaba por su bienestar.- Ya es suficiente que te alejes tanto para acompañarme hasta aquí.

Micaela la abrazó como despedida.

-Cualquier cosa me llamas ¿Me oíste? Y si el idiota de tu tío no está en casa avísame. ¿Está claro?

-Mica... ya no soy una niña- protestó la castaña, sonriendo de lado.

Micaela hizo un puchero y se volvió por donde habían venido.

Clara la saludó con el brazo en alto hasta que su amiga desapareció de su vista.

Una vez sola, la castaña suspiró pesadamente, dejando que el cansancio le ganara.

"No sé cuánto más voy a soportar esto" Pensó caminando calle adentro.

Hacer malabares entre el estudio, las prácticas, el comercio familiar y además pagar las cuentas y cuidar que su tío no se metiera en problemas era casi imposible.

Clara caminó por la calle que era cuesta arriba con sus últimas fuerzas, sintiendo que sus delgadas piernas, pero tonificadas, ardían por el esfuerzo.

La joven siempre había sido atlética, pero con lo poco que había comido en todo el día y con tantas horas fuera de casa, no había cuerpo que aguantara tanto esfuerzo.

La joven castaña estaba tan perdida en sus pensamientos, preocupada por el trabajo que seguramente tendría que hacer hasta altas horas de la noche, que no se dio cuenta que no estaba sola cuando entró al pequeño comercio de su familia.

Apenas la campanita de la puerta sonó en el silencio del local, un gemido agonizante llenó el ambiente.

La castaña levantó sus ojos miel hacia la oscuridad del mostrador del local de comida al paso y retrocedió alerta.

-¿Qué carajos?- exclamó a la penumbra que tenía delante.

De repente, se hizo la luz, descubriendo que, un hombre corpulento y lleno de cicatrices, había encendido la luz del comercio.

Clara retrocedió aún más, chocándose contra la ´puerta.

-Mhhh.. Mh....- el sonido agónico se escuchó nuevamente y los ojos ahora alarmados de Clara se movieron y encontraron a su tío Ricardo en el suelo, amordazado, atado de pies y manos y con varios hematomas en su rostro. Detrás de él, Un hombre delgado, pero con una mirada peligrosa, que le sonreía de forma burlona.

Clara no tuvo que preguntar quiénes eran esos dos hombres, los conocía a la perfección, eras los matones que el jefe de toda la ciudad mandaba para cobrar su maldito impuesto solo por tener un local en su zona.

-¡Habíamos quedado en que el lunes les daría el dinero! ¿¡Que hicieron con mi tío!?- protestó llena de furia, sin tenerle miedo a esos dos idiotas que entre ambos no hacían un cerebro.

El más grande se rió, con esa risa estúpida característica de él, pero dejó hablar a su compañero, quien era más "Inteligente"-

-Ay Clarita, Clarita.... ¿Por qué sigues defendiendo a esta rata inservible?- exclamó el matón, sacudiendo al hombre atado- Tú eres más que esto primor... sabes que la oferta de unirte a nosotros sigue en pie- exclamó guiñándole el ojo provocativamente.

Clara sintió nauseas porque ese hombre desagradable se atreviera a coquetear con ella.

-Ya váyanse, ya lo golpearon suficiente, el lunes van a tener su dinero. El fin de semana voy a terminar de juntarlo, saben muy bien que los días de semana es más difícil conseguirlo-

El matón soltó sin cuidado al tío contra el piso

-Sabemos que el lunes es el día de paga...

-¿Entonces? ¿Solo estaban aburridos y vinieron a arruinarme el día?- exclamó exasperada- ¡Par de idiotas váyanse de aquí!- chilló la castaña. En ese momento el hombre más grandote la agarró del brazo furioso- ¡Suéltame maldito grandulón sin cerebro!- Gritó la joven.

-Tranquilo grandote- ordenó el más delgado, acercándose lentamente hacia la joven.- Vinimos a darte un aviso, para que no haya malentendidos el lunes- susurró muy cerca de Clara, haciendo que la joven girara su rostro con asco hacia un costado por el aliento rancio del matón.

-¿Qué cosa?- preguntó cansada, sintiendo que ya no soportaba más a esos dos idiotas.

¡Era tan tarde!

Tan solo quería hundirse en su cama, o darse una ducha. ¡Lo que sea, pero no tener que lidiar con esto ahora!

-Sabes cómo está el país, las cosas son complicadas, así que tuvimos que aumentar el pago- exclamó tranquilamente, como si realmente fuera un experto en finanzas.

Clara vio rojo, sintiendo que la ira subía hasta su cabeza.

-¿¡Un aumento?! ¡Están locos! ¡Olvídalo! ¡Dile a tu jefe que ni lo sueñe!

El hombre se rió burlándose del escándalo de la mujer.

-Solo tienes dos días para juntar el dinero Clarita, te recomiendo que lo hagas- el matón se giró hacia el hombre amordazado- A menos que quieras que matemos a tu tío como parte de pago.

-No se atreverían...- advirtió la joven. Su tío podría ser un patán, un ludópata, una piedra en su zapato, pero era la única familia que le quedaba y no podía permitir quedarse sola.

-No hagamos la prueba y junta el dinero, Clarita- sentenció el hombre, pasando por el lado de ella empujando con fuerza su hombro.

El hombre más grandote hizo lo mismo, haciendo que la joven trastabillara y cayera de rodillas contra el suelo

-Hasta el lunes cariño- saludó el matón saliendo por la puerta, no sin antes cambiar el cartel a "Cerrado".

Clara se quedó en cuatro patas contra el suelo mirando sus propias manos, lágrimas de rabia mojaron el piso.

Las protestas mudas de su tío la hicieron volver en sí y se arrastró en silencio hasta él, desatándolo lentamente, lo último que sacó fue la mordaza, como si no quisiera escucharlo.

-Clara...- dijo el hombre con la voz ronca- Voy a conseguir el dinero, este fin de semana vamos a conseguir el doble en ventas- dijo tan seguro que la castaña por un momento le creyó.

Pero eso no era cierto, apenas tenían ventas para subsistir, con este aumento se irían rápidamente a la quiebra.

Y lo que menos quería era perder el comercio de sus padres, era lo único que le quedaba de ellos.

La castaña suspiró, levantándose del suelo, ayudando a su tío.

-No va a ser suficiente- dijo desganada- Voy a tratar de conseguir un trabajo de fin de semana, de todas maneras, no tengo facultad esos días- exclamó arrastrando los pies contra el piso.

El tío no protestó, si algo odiaba era tener que trabajar más de la cuenta, si Clara conseguía el dinero, entonces no iba a tener que hacer horas extras.

---

Clara entró a su pequeño cuarto, uno improvisado que tenía en el entrepiso del comercio y hundió su rostro en la almohada pensando en que hacer para conseguir el bendito dinero, solo para estirar un mes más su agonía. Porque los matones venían todos los meses por su dinero.

¡Su dinero!

Que ella se había ganado con sudor y lágrimas.

-Malditos delincuentes- gruñó con odio, si había algo que odiaba en este mundo, eran los malvivientes, personas que vivían a costa del esfuerzo de otros.

"No puedo contarle esto a Micaela" Pensó con angustia.

Su amiga ya le había prestado dinero muchas veces, no podía arrastrarla una vez más a sus desgracias.

"Esta vez tengo que hacerlo por mi cuenta" Pensó sollozando contra la almohada.

---

Para Clara no había sido muy difícil conseguir un trabajo de medio tiempo y además nocturno, ya que de día ayudó a su tío con el comercio.

El problema era el tipo de trabajo que había conseguido.

Si, le iba a dar suficiente dinero como para pagar el aumento, pero tenía que entregar su dignidad a cambio.

Clara bajó del caño que estaba colocado sobre una tarima en un pequeño escenario de cortinas rojas y lentejuelas de un antro de su barrio.

Un lugar desagradable, con olor a tabaco y alcohol, donde hombres poderosos venían a ver un buen show y distraerse de su rutina.

La joven castaña sabía que era pésima bailando y siendo sensual, pero también sabía que su cuerpo escultural contrarrestaba su danza torpe.

-Voy a tomarme mi descanso de media hora- exclamó a su jefe, un hombre depravado y bañado en oro gracias a los esfuerzos de jovencitas como ella.

-¡No te demores mucho cariño! ¡Te quiero bailando en ese caño en media hora!- exclamó el con voz rasposa por tanto wiski.

Clara no protestó y rápidamente salió por la puerta trasera apoyándose en la fría y húmeda pared hasta deslizarse en el suelo.

-En este momento no me vendría mal ser adicta al cigarrillo- pensó frustrada, sintiéndose llena de ansiedad por el trabajo denigrante que había conseguido- Todo sea por el comercio- se dijo así misma, dándose ánimos miserables.

"-¡Ven aquí maldito!"

Carla se incorporó de golpe y asustada, girándose hacia donde venía el grito furioso.

En ese momento, un cuerpo fornido y mucho más grande que el de ella la chocó de lleno, haciéndola tropezar, especialmente porque los tacos aguja plateados que su jefe le había dado no ayudaban mucho.

Ambos cayeron al suelo, ella de espaldas al frío y sucio piso, y el misterioso sujeto encima de ella, con cada brazo a los costados de su rostro, sosteniéndose para no aplastar con todo su peso a la joven que había salido de la nada y le había arruinado su huida.

Todo pasó muy rápido, Clara abrió grandes sus ojos color miel al ver que su nariz respingada y pequeña rozaba muy de cerca la nariz recta del hombre que tenía delante.

Clara no recordaba la última vez que había estado tan cerca de un hombre. En realidad, nunca lo había estado.

Quiso protestar, pero el hombre fue más rápido y habló primero.

-Ayúdame a esconderme.- Ordenó, con la voz más grave y aterciopelada que jamás había escuchado.

Capítulo 2 Una misteriosa heroína

-¿Cómo está mi padre doctor?- preguntó el joven de cabellos negros como la noche y mirada igual de escura, al médico personal de la familia White.

Su padre, llamado Frank White o mejor conocido Sr. White, era líder de la primera familia, El famoso y temido Grupo Sol que lideraba la mafia de la ciudad.

-Está delicado joven Withe, lo recomendable es que haga reposo por un tiempo y que no se haga mala sangre por nada- dijo el médico.

Iván White asintió con la cabeza sin mostrar ninguna emoción.

"Así que llegó mi momento de tomar el mando, me he estado preparando para este momento durante toda mi vida"

-Gracias por cuidarlo, ya puede retirarse- exclamó el joven.

El médico se inclinó en señal de respeto y salió del pasillo junto con un guardaespaldas de la familia que lo escoltaron hacia la familia.

Iván entró con cuidado al cuarto de su padre, donde era constantemente vigilado por dos de sus guardaespaldas, cada uno parado en postura recta contra una de las esquinas, con la mirada felina y atenta a cualquier peligro.

-Padre... ¿Me buscabas?- preguntó Iván.

El hombre estaba postrado en la cama de forma horizontal, el joven nunca lo había visto así, tan débil, siempre había sido un hombre intimidante y no solo por su contextura de gigante sino por su actitud dura para con sus enemigos y sus amigos.

El hombre movió sus viejos y oscuros ojos hacia su primogénito y con un simple gesto de su mano ambos guardaespaldas los dejaron solos, cuidando desde el otro lado de la puerta.

-Hijo... mi hijo favorito- exclamó con la voz ronca.

Iván tuvo que contenerse para no poner los ojos en blanco, harto de que su padre lo adule tanto a él y deje tan de lado a su hermano menor.

-¿Cómo te sientes ahora? Realmente me asustaste- exclamó el joven, sentándose en el borde de la cama.

El Sr. White bufó intentando sentarse en el respaldo, pero su hijo se lo impidió.

-El miedo es tu peor enemigo Iván, no debes tenerle miedo a nada, o van a comerte vivo allí a fuera- sentenció duramente su padre.

Iván sabía a qué se refería con eso, sabía que si el hombre no podía levantarse de la cama él tendría que hacerse cargo de todos sus asuntos y por lo tanto su vida iba a estar en peligro.

-Hoy a la noche tienes la reunión con los italianos, no falles, es tu momento de poner a prueba todo lo que te enseñé.

Iván asintió con la cabeza y se levantó de la cama caminando hacia la puerta.

-Hijo...

Iván se paró en seco, pero no se volteó, esperando que el Sr. White le dijera alguna frase que lo anime.

-No falles.

El azabache no se sorprendió con esto, su padre nunca había sido más que un jefe para él.

El joven jefe no dijo más nada y salió del cuarto, dejando que los guardaespaldas entraran nuevamente al cuarto del paciente.

"Si muero, Nick va a tener que hacerse cargo de la empresa familiar y no puedo permitir que mi hermanito corra peligro"

Iván jamás se perdonaría que su hermano menor tuviera que hacerse cargo de la empresa familiar, Nick era un hombre libre, sin el peso del Grupo Sol ni de su padre en su espalda, en cambio él era la imagen y semejanza de su padre, su destino era ser el jefe de toda la mafia y que todos le temieran.

---

Iván estaba contemplando su figura frente al espejo de su vestidor, esa noche había elegido un traje ceñido a su cuerpo que marcaba perfectamente su ancha y trabajada espalda y su cintura estrecha, con un pantalón de pinzas color negro y unos zapatos de cuero negro con un leve tacón que le agregaba más altura a sus ya 1.90.

Se acomodó su camisa color gris oscuro con el último botón suelto y tiró su cabello negro y lacio peinado hacia atrás.

Era todo un mafioso.

El líder tirano y sin corazón que dominaría el Grupo Sol y por lo tanto manejaría al Grupo Luna, los inferiores, los que estaban escalones más abajo en la jerarquía mafiosa.

Tenía que ser fuerte e Iván lo sabía, con tan solo un error, el Grupo Luna podría apropiarse de todo el poder que su padre se había ganado a costa de la sangre de otros.

Asintió a su reflejo y respiró hondo.

-Aquí vamos...- se dijo a sí mismo, saliendo del vestidor donde dos guardaespaldas armados lo estaban aguardando para escoltarlo al lugar de encuentro.

Iván no era tonto, aunque los italianos querían cerrar el trato de venta de armas con la familia White, no había que confiar en ellos, tenían la mala fama de traicionar a sus socios.

-Señor White - exclamó uno de los hombres que siempre lo había protegido- Ya lo están esperando en el restaurante.

-Señor White... suena bien- exclamó sonriendo ampliamente mostrando toda su hilera de perlas blancas y brillantes.

---

Llegaron rápidamente al restaurante acordado, un lugar de pastas, para que su invitado se sintiera como en casa.

Caminó hacia la mesa privada y reservada para negocios, entrando con una gran presencia, con la frente en alto y la mirada dura.

El mafioso italiano se levantó de su asiento y entendió sus manos en alto, con su maldita sonrisa falsa y sus palabras escandalosas.

-Pero mira nada más, el pequeño Iván ya es todo un hombre-

Iván pudo detectar el sarcasmo en sus palabras.

-Un gusto volver a verlo- respondió estrechando su mano con firmeza.

Ambos se sentaron enfrentados, rodeados por sus guardaespaldas que intercambiaban miradas atentas y de advertencia.

-Entonces dime... ¿Tu padre no va a hacer acto de presencia esta noche?

-Me temo que solo vamos a ser tu y yo...

-¿No será que tu padre ya está más cerca de la tumba que de los negocios?- preguntó burlón.

-Solo son rumores- respondió secamente.

"Si se enteran que mi padre está delicado todo se va a ir al carajo en segundos" Pensó sabiendo que todos anhelaban tener el poder del Grupo Sol.

-Y bien... ¿Cerramos el trato? 10 millones de dólares por tu mercancía.- sentenció el joven White.

-Aunque la oferta de tu padre fue tentadora en su momento, aún tengo mis dudas de si cerrar el trato o no.

-¿Se puede saber cuáles son?- murmuró apretando con fuerza las muelas.

-Bueno... para mi familia es una ofensa que tu padre estuviera "Ocupado" con cosas más importantes que ver a su viejo amigo, y enviar a su niño mimado.

"¿Niño mimado?" Pensó furioso a sus adentros.

"No soy un niño, soy el jefe del Grupo Sol, quien maneja todo en esta ciudad, maldito idiota"

Iván se contuvo y tuvo que tragarse sus ganas de mandar a la mierda al italiano.

-Con todo respeto, pero ya no soy un niño, preferiría que me llame Sr. White.

El hombre se rió burlón, haciendo irritar al joven mafioso.

-Puede confiar en el Grupo Sol, que el trato que está haciendo es el mejor que va a conseguir, ninguna otra familia le va a dar tanto dinero por su mercancía.

El italiano se movió en su asiento y sin más vueltas apoyó un arma sobre la mesa, alertando a los guardaespaldas de Iván, quienes sostuvieron sus armas, haciendo que los guardaespaldas del italiano también lo hicieran.

Iván levantó la mano en alto, tranquilizando a sus guardaespaldas.

-No hay necesidad de llegar tan lejos- dijo tranquilamente el joven mafioso, haciendo reír al italiano.

-Solo es una advertencia, no me gustan que jueguen conmigo ¿Sabes? Tengo pocas pulgas.

"Eso ya lo veo" Pensó a sus adentros el azabache.

-No tengo más opción que esperar a que tu padre se digne a reunirse conmigo y que no mande a uno de sus niños a verme- sentenció levantándose de golpe, tomando su arma en sus manos.

Iván no se inmutó, mirándolo desde abajo, luego se levantó con tranquilidad, extendiendo su mano hacia el mafioso italiano.

-Espero que cambie de opinión y nos veamos pronto. Créame, no va a conseguir mejor oferta que esta y es por tiempo limitado.

El hombre miró con sospecha la mano del joven, pero finalmente lo estrechó.

-Vas a ser un buen negociante algún día niño...

-Gracias...

-¡A no ser que te mate antes de eso!.

Todo pasó muy rápido, los guardaespaldas del italiano arremetieron sin piedad contra los suyos, bajándolos al suelo rápidamente, dejando indefenso al joven White, quien no dudó en correr lejos de allí esquivando las balas, saliendo hacia el salón principal, donde todos los comensales comenzaron a gritar al ver a Iván con un arma en la mano siendo corrido muy de cerca por dos italianos también con armas.

-¡Mierda mierda!- gritó mientras corría con todas sus fuerzas por los callejones de la ciudad, sintiendo que una bala golpearía en su espalda en cualquier momento. -¡Traigan refuerzos maldita sea!- gritó al teléfono.

Dobló en un callejón y comenzó a correr con todas sus fuerzas sintiendo sus pulmones salir por su garganta.

Se giró para mirar hacia atrás sin dejar de correr, descubriendo para su desgracia que dos matones italianos lo venían siguiendo.

-¡Ven aquí maldito!

Cuando volvió su vista hacia el frente, lo único que sintió fue que algo frenó su huida, cayendo de lleno al suelo.

Abrió sus ojos negros confundido, y al ver lo que tenía delante de su vista se sintió abrumado, debajo de él había una mujer, de ojos grandes, redondos y de color miel, casi tan brillantes como el oro.

Se quedó petrificado mirando ese rostro angelical bañado en gliter plateado y pestañas largas con labios pintados con un fuerte rouge color rojo, que intentaban hablar sin emitir sonido.

Aunque su corazón latía con fuerza ante esa mirada tan llena de vida, no como la suya, el miedo a morir fue más fuerte.

-Ayúdame a esconderme- ordenó con la voz dura, mientras se levantaba de encima de la joven que se había interpuesto en su escape.

Iván miró con impaciencia como la mujer de pocas ropas lo miraba de arriba hacia abajo con desprecio como si él fuera el vulgar en la situación.

Esa mujer misteriosa estaba prácticamente desnuda.

Con un pequeño top engomado plateado con una falda tubo del mismo color que dejaba a la vista su ombligo y por debajo sus muslos tonificados.

"Claramente es una prostituta" Pensó al ver los grandes tacos aguja y el dinero metido al costado de su falda.

-Olvídalo- sentenció la mujer misteriosa de cabellos castaños.

La joven se dio vuelta dispuesta a dejarlo a la merced de esos asesinos, pero el joven mafioso la sostuvo del brazo haciéndola girar hacia él.

"¿Olvídalo? ¡Nadie le decía que no a Iván White!"

-¿¡Que haces?! ¡Suéltame!- chilló la castaña forcejeando con el joven.

El mafioso escuchó los pasos a lo lejos de los mafiosos.

"Mierda, necesito desaparecer"

-Te pagaré, si me ayudas te pagaré, lo que quieras.

La joven lo miró con una ceja enarcada.

-¿Lo que yo quiera?

Iván se giró nervioso hacia los italianos que estaban más cerca.

-¡Si lo que quieras!- exclamó desesperado, perdiendo por completo la paciencia.

Clara pareció pensarlo y el joven sentía que su vida estaba en manos de esa mujer demasiado relajada para su gusto.

-Está bien, 500 dólares.

Iván la miró con ambas cejas enarcadas, quiso reírse de ese monto ínfimo, pudo haberle pedido un millón de dólares y se lo hubiese dado por su vida, pero la joven parecía muy segura de ese monto.

"Que tonta, seguro lo va a usar para alcohol o drogas" Pensó.

-Trato hecho, ahora ayúdame a esconderme.- ordenó.

En un rápido movimiento, la joven de la calle lo empujó detrás de un conteiner parándose en medio del callejón con los puños cerrados en señal de pelea.

-¿Qué haces?- exclamó en shock el joven mafioso.

-Darles su merecido a esos maleantes.

-¡Estás loca te van a matar!

Los ojos negros de Iván se agrandaron a su máxima expresión cuando la pequeña joven se tacos altos y ropa pequeña y ceñida daba una patada voladora hacia los mafiosos.

Capítulo 3 Nos volveremos a ver

La patada voladora de Clara fue certera en el pecho del hombre del doble de tamaño que ella.

El grandulón italiano cayó de lleno como un muñeco de trapo contra una pila de bolsas de basura.

Clara rápidamente se giró hacia el otro hombre que la apuntaba con el arma y con otra patada mandó a volar la pistola muy lejos de allí.

El mafioso italiano gruñó, furioso de que una mujer lo desarmara tan fácil humillando su ego masculino, el hombre comenzó a arremeter contra la castaña intentando golpear el rostro de su enemiga, pero Clara fue más rápida, gracias a su pequeña estatura y delgadez, esquivó con agilidad cada golpe con solo mover su cuerpo de un lado hacia el otro.

Iván aún estaba viendo atónito la escena que parecía sacada de una película de acción con la mujer como protagonista, como si fuera una agente encubierta fingiendo ser una prostituta.

No podía creer que esa mujer estuviera dándole duro y sin asco a dos hombres que se habían preparado toda su vida para ser máquinas de matar.

Clara se cansó de esquivar los golpes del hombre y con un giro de 360 grados de su atlético cuerpo le propinó una fuerte patada en la cabeza, haciendo que el italiano cayera inconsciente contra el suelo como un saco de papas.

Clara sonrió victoriosa, quitándose el sudor de su frente y sus cabellos pegados a su rostro mientras respiraba agitadamente.

Odiaba la violencia, solo lo utilizaba cuando era realmente necesario y esta era una de esas ocasiones, porque ese hombre misterioso que había arruinado su descanso de media hora, le daría el dinero del alquiler de su comercio que tanto necesitaba.

Iván movió sus ojos negros hacia el hombre que había caído en la pila de bolsas cuando este se incorporó lleno de furia en sus ojos.

Clara estaba de espaldas al italiano, sin darse cuenta de que aún tenía el arma que ahora apuntaba a su cabeza para matarla.

-¡Cuidado!- gritó el joven mafioso.

Iván corrió y tomó a la misteriosa chica de la cintura alejándose junto con ella de la bala.

Ambos cayeron hacia un costado y un segundo después Iván se abalanzó hacia el hombre forcejeando con este hasta sacarle el arma y dejarlo indefenso contra el suelo.

Iván lo apuntó con el arma que le había quitado justo en medio de la frente.

Clara miró la escena aún en el suelo y cerró con fuerza en los ojos, simplemente no podía ver el fusilamiento de ese hombre, solo le haría regresas sus traumas, esos que la acompañaban todos los días de su vida.

Pero cuando no escuchó el sonido del cañón, abrió lentamente los ojos, viendo que el joven azabache guardaba el arma en su bolsillo y le daba un golpe al italiano noqueándolo, pero sin matarlo.

-Maldito cobarde- le gruñó a su enemigo.

Clara miró la espalda del joven de traje negro subir y bajar agitado como un animal salvaje.

"Realmente es muy guapo" No pudo evitar pensar, a ver su torso de triángulo invertido y ese pantalón... que apretaba perfectamente sus glúteos redondos y firmes, un calor invadió a la joven castaña, sonrojando sus mejillas.

"¿En qué estás pensando Clara? ¡Olvídalo! ¡Ese hombre es un maleante de la clase que odias!" Le dijo la vocecita de su mente.

-¿Estás bien?

La voz grave y aterciopelada del joven mafioso la hizo volver en sí. Cuando se quiso dar cuenta, el joven estaba parado delante de ella extendiendo su mano abierta para ayudarla a levantarse.

Clara frunció el ceño y quitó la mano del hombre de su camino, levantándose por su propia cuenta.

-Puedo sola- sentenció secamente.

-Claro...- exclamó el hombre poniendo los ojos en blanco.

"Debe haberse escondido ido por aquí el muy cobarde"

La voz de uno de sus enemigos se escuchó a lo lejos.

-¡Mierda!- exclamó alarmado el joven mafioso- ¡Sácame de aquí!- ordenó.

Clara bufó frustrada.

¿No iba a poder deshacerse de ese hombre nunca?

Lo tomó de la mano y lo jaló a través de la puerta trasera del bar.

Lo que la castaña no esperaba, al tocar y entrelazar su mano con los dedos largos y blanquecinos de ese demonio, era que todo su cuerpo gritara enloquecido, sintiendo una descarga eléctrica nacer de la unión de ambos y llegar hasta su corazón.

Una vez dentro del bar se soltó rápidamente del agarre como si la piel fría del joven le quemara.

Ambos suspiraron aliviados al escuchar que los mafiosos italianos seguían de largo sin percatarse de su escondite.

-Bien, me voy- exclamó sin emoción Iván, acomodando su camisa revuelta y sacudiendo el polvo de su traje.

Clara lo observó con una ceja enarcada.

-¿A dónde crees que vas?- sentenció cruzándose de brazos.

Iván la miró incrédulo sin entender qué quería esa mujer de él.

La mano de la castaña apareció con la palma abierta hacia arriba frente a él.

-¿Y mi paga por salvarte el trasero niño rico?- protestó.

"¿Niño rico? ¡Cómo se atreve!"

-Ah... cierto, tus 500 dólares- exclamó burlándose de la suma.

Sacó su billetera de cuero con las siglas "IW" grabadas en oro en la solapa

-Ten... 1000 dólares, te los mereces- exclamó con desdén y superioridad.

Pero Clara no tomó los billetes y le envió una mirada furiosa. Ella no pensaba aceptar la falsa generosidad de ese hombre.

La joven castaña no era idiota, sabía que ese joven era un mafioso en todas sus letras, no había que ser muy listo para darse cuenta de que toda su aura oscura lo decía a gritos.

La joven no pensaba deberle ni un centavo a los de su tipo, ya tenía suficiente con los que le cobraban la cuota mensual por su comercio.

-No... te dije 500 ni más ni menos- sentenció cruzándose de brazos.

Iván no podía creer lo terca que era esa mujer.

¿Rechazar dinero gratis? ¡Pero que tonta!

-Lo que digas- exclamó guardando los billetes que sobraban y colocando los 500 dólares en el escote de la joven en un hábil movimiento.

Clara se escandalizó, poniéndose roja como un tomate ante el descarado atrevimiento de ese idiota al rozar con sus dedos su pequeño pecho apretado en el top plateado.

-¡Cómo te atreves!- chilló quitando los billetes de su piel desnuda.

¡Nadie, jamás la había tocado! Que ese hombre peligroso fuera el primero le daba nauseas.

Clara levantó su mano abierta que voló hacia el rostro del hombre, pero el mafioso fue más rápido y la tomó con fuerza de la muñeca.

-Por favor cariño...- exclamó divertido el joven mafioso- No me digas que un simple roce te avergüenza. Seguro por un buen monto te dejas hacer mucho más que eso.

-Tú no me conoces, así que guárdate tus comentarios, niño rico- exclamó con dureza soltándose de su agarre.

Iván no pudo evitar sonreír ampliamente y de forma genuina.

Jamás nadie se había atrevido a hablarle así sin temer por su vida, todos le tenían miedo, esa era la reputación que le daba ser un White.

Un poco de honestidad no le hacía mal a su corazón duro como una piedra. Esa joven era diferente, podía ver la llama de su pasión plasmada en sus ojos dorados.

De repente esa mujer semidesnuda y de habilidades de samurái le llamó la atención como ninguna mujer había hecho jamás.

-Por cierto linda... ¿Cómo te llamas?- exclamó utilizando su voz coqueta que ponía a sus pies a cualquier mujer.

Pero esa joven no parecía caer ante su voz sensual e hipnotizante, aún mantenía su ceño fruncido como un profundo surco entre sus cejas.

"¿Acaso no sabe sonreír?"

Clara tuvo que hacer una fuerza sobrehumana para que su mirada color miel no temblara ante los ojos negros y penetrantes de ese hombre que parecían leer su alma.

Estaba loco si creía que le iba a dar su nombre verdadero, pero tampoco podía negárselo, lo mejor era no ser enemiga de un hombre como él.

-Lola- sentenció sin titubear, utilizando su nombre de bailarina nocturna.

-¿Lola cuánto?

"¡Mierda! ¿Para qué quiere saber tanto de mí? Seguramente es para mandarme a silenciar"

-Lola García-

-Lola García- repitió el azabache, tomando la mano de la joven que se sintió tiesa bajo su agarre y la besó- Nos vamos a volver a ver, Lola...

Las pupilas de Clara temblaron al sentir el calor y la humedad de esos finos labios contra su piel, tragó saliva pesadamente y fingió que no le había afectado el toque.

-Ni lo sueñes- escupió con fuerza- ahora vete, que tengo trabajo que hacer- exclamó empujándolo por la misma puerta por donde habían entrado.

Clara no le dio tiempo a reaccionar y cuando Iván se dio vuelta para quedarse con la última palabra, la puerta ya se había cerrado en su cara, dejándolo solo en el callón.

No pudo evitar sonreír, divertido por la actitud rebelde de esa mujer.

Justo en ese momento aparecieron sus refuerzos, rodeándolo protectoramente.

-¡Señor! ¿Se encuentra bien?- preguntó uno de ellos, revisando que el hijo de su jefe estuviera sano y salvo o su cabeza rodaría.

El guardaespaldas vio cómo en el rostro del joven White se dibujaba una sonrisa divertida y hasta lasciva mostrando sus dientes brillantes y blancos que parecían tener colmillos sedientos de la piel de esa joven.

-Nunca me he sentido mejor.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022