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La herencia de un millonario

La herencia de un millonario

Autor: : Nancy Rdz
Género: Romance
Titulo: La herencia de un millonario Autor: Nancy Rdz Género: Romance, drama Clasificación: +18 Nuevo León, ciudad industrial por excelencia, alberga una de las empresas más importantes, Grupo Rocamonte La familia Rocamonte tiene un nuevo heredero, Roberto, esta obra nos hará adentrarnos a su mundo, conoceremos la vida de Roberto Rocamonte, un hombre que ha sufrido y luchado mucho por llegar a donde está conoceremos sus misterios, su vida, sus temores, veremos como logra su equilibro laboral y personal. Roberto Rocamonte, arquitecto, abogado y heredero de la familia Rocamonte poderosa en el terreno de la arquitectura, originaria de Nuevo León, un hombre trabajador, ambicioso y determinado, sabe lo que quiere y planea conseguirlo a como dé lugar. ¿Traicionar a tu familia a cambio de dinero y poder? ¿cambiar por seguir a la mujer de tus sueños? La herencia de un millonario, una novela que te quitará el aliento con su montaña rusa de emociones, con esa forma tan particular de ser narrada, llevándonos a imaginar todo lo que está pasando como si tú... pudieras estar ahí...

Capítulo 1 Prefacio

Esta obra está registrada bajo derechos de autor.

Prohibida su reproducción total o parcial.

Código de registro: 2110309671691

Todos los derechos reservados.

Titulo: La herencia de un millonario

Autor: Nancy Rdz

Género: Romance, drama

Clasificación: +18

Instagram @nancyrdzesc

Visita: www.escritorasenlaluna.com

El día que la vi por primera vez fue aquella navidad de hace diez años. Mi hermano Arturo la presento como su novia. Su sonrisa era hermosa, sus ojos marrones los más lindos que jamás había visto en mi vida, su cabello dorado caía como una cascada sobre su espalda, llevaba puesto en la cabeza un listón color rojo que hacía juego con su vestido del mismo color. En el momento en que nuestras miradas se cruzaron sentí destellos eléctricos recorrer todo mi cuerpo, ella sintió lo mismo, después me lo hizo saber. Se acercó para saludarme, le sonreí como un bobo.

-Hola, mi nombre es Clara Arango -dijo esbozando una sonrisa pícara, jamás podré olvidar esos ojos llenos de brillo, la mirada coqueta que me dirigía.

-Roberto Abad, mucho gusto... Señorita -la miraba fijamente, no podía dejar de hacerlo, me había enamorado de la novia de mi hermano.

Fuimos amigos, nos llevábamos increíblemente bien. La amaba en silencio, por respeto a mi hermano y por el miedo de que ella se alejará de mí. Tiempo después se casó con Arturo. Él siempre tuvo el carácter fuerte, yo no sabía que su matrimonio estaba pasando por una crisis, ella no lo dijo. Hasta aquel día meses después de haber dado a luz a mí sobrina Lisa, llega a mi habitación llorando. Recuerdo que la abracé, me partía el corazón verla así.

-¡Voy a dejarlo y me iré lejos de aquí! ¡ya no aguanto más! -soltaba en medio del llanto.

-No puedes irte, ¿Qué pasará con Lisa? -pregunté preocupado, mi mayor preocupación en ese momento era no volver a verla.

-No amo a Arturo, me casé con él solo porque mi padre decía que él era el hombre que me convenía porque era director de Grupo Rocamonte, pero no lo amo, siempre he amado a alguien más, ya no puedo callarlo -la miré con asombro ante lo que estaba confesando, tragué saliva -te amo Roberto, siempre te he amado desde el primer día que te vi, te amo y me lamento por haber tenido miedo de que no me correspondieras, ahora nada importa porque preferí vivir en el infierno de un matrimonio que no deseaba.

-Clara... -me quedé mudo de la impresión, abrí los ojos por completo, ella me abrazaba pidiendo perdón por no haberlo dicho antes -yo también te amo -murmuré.

Ella alzó la vista, una enorme sonrisa que jamás se borrará de mi mente se dibujó en su rostro. Ese día nos dimos nuestro primer beso, fue la primera noche de tantas que pasamos juntos siempre cuidando que nadie supiera de nuestros encuentros. Decidimos esperar un poco más al menos el tiempo considerable para que Lisa creciera y la pudiéramos llevar con nosotros. Teníamos planes, el sueño de un futuro juntos. Nos iríamos del país a un lugar donde nadie nos conociera.

Hasta aquel maldito día en el que me llamó desconsolada, no pudo ocultarlo más, le dijo a Arturo que lo abandonaría que se iría de la casa, mi hermano no le permitió salir con Lisa en brazos, la echo a la calle. Clara conducía con dirección al departamento que había comprado para poder pasar tiempo a solas sin que nadie nos interrumpiera. Ese día había una fuerte tormenta eléctrica, llovía tan intenso como no había llovido en los últimos años. Ella tuvo un accidente automovilístico en el que falleció. Culpe a Arturo de su muerte. Intente hacerlo sufrir, hacerle sentir el dolor que yo sentía por la muerte de la mujer que tanto había amado. Ese día mi corazón se marchitó junto a Clara, jamás pensé que volvería a amar de nuevo... hasta que la conocí a ella.

Capítulo 2 Hola de nuevo

[Lilian Caballero]

Mientras conducía con dirección a las oficinas de Grupo Rocamonte podía notar como mi corazón palpitaba con mayor fuerza al darme cuenta que ya faltaba poco para llegar a mi destino. Sentía una especie de cosquilleo en mi estómago, hacía un año que no veía a Roberto, exactamente desde la boda de Ana mi mejor amiga. Ella es esposa de Arturo, el hermano de Roberto, quien en una noche loca de tragos tuvimos sexo. Aunque esa experiencia se quedó solo en el recuerdo porque fue algo casual. Ni si quiera sé porque me acosté con él sabiendo que en el futuro lo vería en repetidas ocasiones. Durante meses he estado tratando de evitar este día en el que por fin tenga que verlo de nuevo. Trago saliva. Es que soy una tonta me digo a mí misma, si no me hubiera acostado con él ahorita no tendría problema para venir y entregarle los documentos de sesión de poder de las acciones del hospital de papá que hace un año él compro a mi nombre con la promesa de que se las devolvería cuando confiara en que él haría buen uso de ellas. Él, Arturo y mi padre son los dueños del hospital Los Ángeles, inaugurado hace poco menos de un año en la ciudad de San Pedro Garza García en Nuevo León.

Sonrío con ironía.

Es que lo que Roberto tiene de guapo lo tiene de malévolo, bueno sé que sólo molestaba a Arturo por el rencor que se tienen desde hace varios años, aunque por lo que me ha contado Ana él ya se ha regenerado y eso espero, él no me desagrada, al contrario, recuerdo que aquella noche que pasamos juntos temblaba al sentir su piel rozando la mía, el me imponía era una sensación que nunca había sentido con otro hombre, como si quisiera aferrarme a sus brazos y sentirme segura en ellos. Pero la realidad es que ni él ni yo teníamos intención de algo más, tan claro lo dejo que hasta unos días después apareció por todos los periódicos, televisión local y redes sociales la foto donde se le veía tan feliz con su nueva conquista la tal Andy García, conductora del programa matutino del canal local de Monterrey, una rubia flacucha que se cree la gran y última coca en el desierto, aprieto con fuerza el volante al pensar en ella, lo más seguro es que este con Roberto por su dinero, vi el otro día que insinuaron eso en un programa de la competencia.

Aparco mi auto en el estacionamiento del edificio, tomó la carpeta con los documentos firmados que le entregaré a Roberto. Mientras camino trato de controlar mi respiración no sé por qué estoy así, como si anhelara verlo después de todo este tiempo. Él no significa nada en mi vida, él no significa nada en mi vida, me repito una y otra vez hasta que llego al cubículo de recepción.

Carraspeo para que la chica en el recibidor note mi presencia ya que está muy emocionada mirando su Facebook en el celular.

-Si diga, ¿en qué puedo ayudarla? -dice la chica de cabello castaño perfectamente alaciado, maquillada como si fuera una profesional y lleva puesta una mascada en tonalidades azules que hacen juego con su uniforme de oficina.

-Vengo a ver al señor Roberto Abad, podría avisarle que Lilian Caballero lo busca por favor.

Ella entrecierra los ojos y esboza una sonrisa algo altanera que me molesta.

-¿Tiene cita con él? -dice en tono burlón, estoy confundida.

-No tengo.

-Entonces no puede pasar, el señor sólo recibe visitas con cita previa es un hombre muy ocupado.

Me mira despectiva, comienzo a enfadarme.

-Puedes hacerme el favor de llamarle y avisarle que estoy aquí, sé que me recibirá -suelto con enfado dejando caer las manos sobre el recibidor. La miro con desafío.

-No lo haré.

¿Queeeeeé? Maldita tipa, pienso en mis adentros, no puedo creer que sea tan difícil ver a Roberto en su oficina, tal vez debí haber ido a su casa.

Saco mi teléfono rogando, aún conservo su número móvil de hace un año. Me llevo el celular al oído mientras espero con ansias que conteste.

-¿Lily? -dice sin saludar. ¿Acaso tiene mi número guardado también?

Bien, él no saluda yo tampoco.

-Roberto estoy en recepción de Grupo Rocamonte, necesito hablar contigo, ¿puedes recibirme por favor? será solo unos minutos, lo prometo.

-Espera -dice y cuelga. Miro mi móvil. La chica de recepción me mira con malicia, de seguro pensando que Roberto no me atenderá, pero en cuanto el intercomunicador suena la que esboza una sonrisa triunfal soy yo.

La chica levanta el teléfono y su expresión cambia a una más dócil.

-Si señor, enseguida hago pasar a la señorita Caballero.

No borro la sonrisa en mi rostro.

Traga saliva, me mira ahora con cierto toque de odio.

-Señorita Caballero, puede pasar -dice haciendo una mueca en su rostro, pero no me importa, no vine a pelear, vine a hablar con Roberto. Me da las indicaciones de donde está su oficina. Esta en el cuarto piso así que tomo el ascensor y me dirijo hasta ahí. Cuando llego a su oficina, una secretaria me recibe, pero esta vez con amabilidad por lo que también la saludo de la misma manera, apenas me ve y abre la puerta de la oficina de él. Paso y ella cierra la puerta a mi espalda, un escalofrío me recorre el cuerpo.

Roberto está sentado en su silla atrás del escritorio. Me mira fijamente. Bien Lily a lo que has venido, me animo internamente. Pero antes de que pueda hablar él se pone de pie y rodea el escritorio rápidamente acercándose a mí. Me saluda con un beso en la mejilla, tocando ligeramente mi brazo con una de sus manos y yo me quedo inmóvil ante su tacto aspirando su perfume de Versace mientras todo mi cuerpo se estremece ante su cercanía. Huele delicioso.

-Lily, ¿a qué se debe tu visita? -pregunta con una sonrisa en su rostro y yo siento que se me sale la baba, es que es tan atractivo, no, no... no en que estoy pensando, a lo que vine y me voy -ven siéntate -dice sin soltar mi brazo guiándome a un sofá esquinero que hay en un rincón de su oficina.

Nos sentamos.

-Eh... Hola Roberto vengo porque ya casi se cumple el plazo que me diste para tener tus acciones del hospital a mi nombre, así que vengo a darte el documento de sesión de poder de las mismas, está ya firmado -le extiendo la carpeta con los archivos.

Él la toma en sus manos y la hojea con detalle.

Al cerrar la carpeta dice -la verdad es que estoy contento así como estamos ahora, mi cheque llega cada mes por lo que no me molesta si quieres tenerlas más tiempo a tu nombre.

Frunzo el ceño y niego.

-Quiero hacer esto de una vez, tu hiciste el trato con mi padre, compraste las acciones yo sólo te hice un favor.

-Más bien fue una condición -replica y lo miro con reprimenda.

-Tenía miedo de que en algún momento intentaras algo contra mi padre o Arturo, por lo que Ana me ha contado creo que ahora si te has ganado algo de mi confianza.

-¿Algo? -me mira fijamente.

Río.

-¿Qué es lo que te ha contado mi cuñada sobre mí? -en sus ojos puedo ver un atisbo de gran curiosidad.

Su pregunta me toma por sorpresa.

Muerdo mi labio, pero luego dejo de hacerlo cuando fija sus ojos en ellos.

-Dice que ya te regeneraste -digo tratando de disimular que me he dado cuenta de la risita que ha soltado, ¿me está coqueteando o es imaginación mía?

-¿A sí?

Recompongo mi postura.

-Roberto, me alegra que ya no molestes a Arturo, ustedes son hermanos y lo normal es que estén unidos o mínimo se lleven bien.

-Lo estamos intentando -se pone de pie y deja caer la carpeta sobre la mesa de escritorio, luego se gira apoyando su trasero sobre ella y se cruza de brazos, se ve tan... -¿si te invito a comer aceptas? Tengo que preguntarlo antes porque recuerdo que en las repetidas ocasiones que te he invitado a cenar en todas me has rechazado.

Me sonrojo y desvío la mirada, es verdad, pero no fueron tantas veces, las únicas que recuerdo fueron dos y las rechacé porque no quería tener algo que ver con el cuñado de mi mejor amiga casi hermana, cuyos antecedentes dejaban mucho que desear, yo venía saliendo de una relación fallida con un médico cirujano que en lugar de reparar mi corazón lo destrozo, él se fue a vivir a Alemania, de eso ya han pasado dos años. Pero ahora dudo un poco porque sé que Roberto ahora tiene pareja.

-¿Acaso no puedes aceptar una comida cordial para dar por terminada la relación de negocios que teníamos?

-Está bien, vamos a comer -por qué no aceptar, es sólo una comida, como él lo dijo es para finalizar nuestra relación de socios y no tengo otra cosa mejor que hacer cuando llegue a mi departamento así que me animo a ir con él.

Capítulo 3 Error

[Lilian Caballero]

Elegimos un restaurante cerca del edificio donde se encontraba Grupo Rocamonte. El lugar se llamaba "Los adobes" su especialidad, cortes de carne al grill. Era un restaurante de ambiente cálido, tenía una terraza en la cuál a la distancia se podía observar gran parte de la ciudad y como no, si su ubicación estaba en el último piso de una de las plazas exclusivas y más populares de San Pedro.

Enseguida nos pasaron a una mesa con la mejor vista que tenían.

-¿Vienes aquí seguido? -le pregunte ya que el mesero lo llamo "Sr. Abad" cuando entramos al restaurante.

-Si, el lugar es muy cómodo y tranquilo, además cocinan delicioso, sé que te gustará.

Un mesero nos muestra el menú, como es la primera vez que vengo a este restaurante le pido a Roberto que ordene por mí, él lo hace gustoso, a los hombres les encanta hacer eso, creo que sienten que ese pequeño acto les aumenta el ego o la hombría. El mesero se retira y trae consigo dos copas de vino tinto cortesía de la casa.

Roberto se pone de pie y toma el cuello de la copa con sus dedos.

-Ven, te encantara la vista, desde este punto se puede observar el edificio del hospital.

Me pongo de pie y doy unos pasos hasta la protección de cristal del límite del edificio.

Es verdad, con facilidad logro distinguir el edificio del hospital de papá.

-Me gusta esta vista -suelto con una sonrisa en el rostro.

-A mí también -espeta él, pero mirándome fijamente, siento su mano en mi espalda y después baja poco a poco hasta llegar a la altura de mi cintura, su mirada se ha oscurecido y la tensión entre los dos es demasiada, algo de mi quiere salir huyendo por que se supone que esta es una comida de negocios, pero otra parte de mi desea estar cerca de él.

Lo miro a los ojos fijamente.

-Lily, ¿has olvidado ya a Miguel Flores? -abro los ojos atónita. Miguel es mi ex novio, el que me rompió el corazón al irse a estudiar una especialidad a Alemania, estaba dispuesta a que mantuviéramos una relación a distancia, pero el decidido que lo mejor era terminar. Cuando Roberto y yo tuvimos sexo había pasado poco tiempo de la ruptura con Miguel, yo no me encontraba en mi mejor momento por eso es que rechacé las invitaciones de él para salir. Pero ahora después de casi dos años mi corazón ya se había hecho a la idea de que un futuro próximo con Miguel era imposible-Lily -Roberto repite sacándome de mis pensamientos.

-Ya lo he superado.

Estoy apoyada de espalda al barandal de cristal del restaurante Roberto frente a mí, ahora no me mira, tiene la mirada fija hacía el horizonte, bebe de su copa un enorme sorbo, después voltea hacía mi ladeando un poco la cabeza. Mi corazón comienza a palpitar fuertemente, continua con su mano en mi cintura, pero ahora me atrae hacía él. De mi temor a las alturas en este momento ni me acuerdo.

-Lily desde esa noche no he podido dejar de pensar en ti, en tus labios, no sabes cuanto deseo un beso tuyo ahora mismo -abro más los ojos, pone su mano en mi cuello y con su pulgar delinea el contorno de mis labios. Ahora mismo las personas a nuestro alrededor no existen, en la pequeña burbuja de mi mente solo estamos él y yo. La verdad es que yo también he pensado en él.

Roberto y yo nos besamos, un beso lento pero apasionado de esos que reviven el alma. Nos cuesta separarnos. Quiero más de él, pero de pronto la imagen de su rubia novia invade mi mente.

-¿Aún sigues con Andrea? -le pregunto sin rodeos.

-Si -dice sin algún atisbo de vergüenza.

Intento alejarme de él, pero me cierra el paso con su brazo. No me deja.

-Lily, mi relación con Andy no es formal, es algo complicado de explicar, yo le doy cosas que quiere y ella me da igual manera.

Frunzo el ceño.

-¿Qué cosas le das tú?

Él me mira. Tuerce la boca.

-Dinero -sabía que esa mujer era una interesada.

-¿Y ella que es lo que te da?

-Sexo a veces-su manera de ser sincero me provoca bochorno, es algo muy incómodo. Ella debe complacerlo muy bien porque de otro modo como se explica que han durado un año en esa relación.

Comienzo a enfadarme, sé que no tengo derecho y ni si quiera sé porque me siento así.

-Si ella te da buen sexo, ¿entonces por qué buscas los besos de otra mujer?

Intento alejarme, pero él no coopera.

-El año pasado mi padre estuvo insistiendo tanto en que yo buscara una pareja estable, soy el director de Grupo Rocamonte una empresa familiar, como tal debo tener esa imagen y es lo que Andrea me ofrece, la imagen de una novia perfecta, nuestra relación ni si quiera es real, sólo estoy con ella para tener a mi padre contento.

Sonrío de manera irónica dándome cuenta del tipo de hombre que Roberto es, él no el hombre que quiero en mi vida, me siento decepcionada.

-Sabes que, creo que esta salida ha sido un error, adiós Roberto.

Lo empujo y me doy cuenta que hay personas que nos están viendo desde sus mesas, salgo lo más rápido que puedo del restaurante sin mirar atrás. Soy una tonta, me repito en mis adentros, por un momento pensé que Roberto ya no estaba con Andrea por la manera en que me beso. No estoy dispuesta a volver a ilusionarme por hombres que no valen la pena. Durante el trayecto a mi departamento me trato de convencer de que el amor es un asco y es mejor estar sola, así no me preocupo por nada ni por nadie, me gusta la soledad, soy una chica solitaria no necesito a nadie para ser feliz.

Llego a mi departamento. Siento seca mi garganta, lleno un vaso con agua y me dejo caer en el sofá. Miro a la pared fijamente. Mi móvil suena y es un mensaje de texto de mi padre.

[4:50 p. m., 07/08/2021] Papá: Hola hija, ¿ya le entregaste los documentos de las acciones a Roberto?

¿Por qué me viene a preguntar sobre él justo ahora? Tomo agua, pongo el vaso en la mesita de centro y le contesto.

[4:51 p. m., 07/08/2021] Lily: Si, ya.

La verdad es que no me siento con el humor para platicar con alguien, menos de trabajo y mucho menos de Roberto, estoy enfadada con él, pero más conmigo por comportarme como una niñata ingenua, como si fuera una inexperta a mis 28 años.

[4:53 p. m., 07/08/2021] Papá: Podrías avisarle que mañana tenemos una reunión de accionistas en el hospital a las 5:00 p.m. tenemos que tratar un asunto importante.

Me acomodo en el asiento, que asunto tratarán en esa reunión, yo he asistido todas las juntas en nombre de Roberto desde que inauguramos el hospital de mi padre, pensé que todo estaba bien. Pero es algo que ya no me corresponde saber, ya que ahora él es el accionista.

Resoplo. ¿y si piensa que es un pretexto para escribirle? No quiero que piense que estoy buscando un pretexto para hablarle.

[4:57 p. m., 07/08/2021] Lily: Mi padre me acaba de comunicar que hay una junta de accionistas mañana a las 5:00 p.m. en el hospital, te espera puntual.

Envío, releo el mensaje, es formal y seco, quedo satisfecha.

[4:57 p. m., 07/08/2021] Roberto: Ok.

¿Ok? Que significa eso, ¿Qué si irá? Lo más probable es que se haya enojado porque me fui del restaurante. Al menos ahora que le he cedido sus acciones ya no tendré que volver a verle la cara.

[Roberto Abad Rocamonte]

Después de que Lily me dejo solo en el restaurante, también me fui. Se me había quitado el apetito. Cometí el error de decirle que Andrea me daba sexo y una buena relación a cambio de dinero, pensó que soy el peor tipo del mundo. Creo que eso ya lo pensaba desde antes. Quise infundir algo de celos. Anteriormente ella me había rechazado varias veces, ese tipo de cosas un hombre no las olvida tan fácilmente.

Me detengo en un semáforo, estoy conduciendo en dirección al departamento de Andrea. Veo un nuevo mensaje en mi móvil, es un mensaje de texto de Lily, lo abro por inercia. Cuando lo leo, me molesto aún más por la frialdad en que lo escribió, le contesto con un ok y aviento el celular al asiento del copiloto.

Acelero de golpe en cuanto cambia a verde. Verla de nuevo removió en mí una mezcla de sentimientos, había olvidado el sabor exquisito de sus besos, la reacción que tiene mi cuerpo cuando la está cerca. Pero lo que más me gusta de ella es que no me mira como lo hacen los demás. En mi familia todos me ven siempre con desconfianza, con cautela. De alguna manera me siento cómodo de que tomen su distancia conmigo porque así nos dejamos de sentimentalismos. Pero con Lily es diferente, ella me mira de manera tierna. Si no fuera porque Arturo me advirtió que no me le acercara ahorita estuviera pensando en la manera de relacionarme con ella.

Recuerdo muy bien que hace un año mi hermano me pidió que no se me ocurriera acercarme a Lily porque ella estaba saliendo de una relación en la que la ruptura la dejo muy dolida. En ese momento no estaba para andar reparando corazones de una mujer rota, por lo que dejé todo hasta ahí, ella era una mujer atractiva que me llamaba mucho la atención, pero podía vivir con eso, sin necesitar más de ella. Luego tuvimos aquella noche en que compartimos intimidad, yo sabía que ella estaba despechada y había bebido, pero quien era yo para no satisfacer sus necesidades de placer. Al día siguiente ella se despertó, dijo que la noche anterior había sido una equivocación que si hubiera estado sobria nunca se hubiera acostado conmigo, sus palabras golpearon directo a mi ego, estaba enfadado por lo que no volví a llamarla. En ese entonces mi padre estaba muy insistente en que buscará una relación formal con una buena mujer, según él ya era hora de que sentará cabeza, prometió que me daría un veinte por ciento más en las acciones si hacía lo que me estaba pidiendo así que cuando conocí a Andrea se lo planteé y ella gustosa acepto ser mi novia a cambio de una generosa remuneración mensual. Ahora el cincuenta por ciento de las acciones en Grupo Rocamonte es mío. Pero necesito encontrar la manera de quedarme con el otro cincuenta por ciento. Sé que mi padre planea heredárselo a mi hermano, pero él ya tiene su empresa, es justo que Grupo Rocamonte sea mío.

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