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La hija abandonada del CEO

La hija abandonada del CEO

Autor: : ANKH
Género: Romance
La vida obligó a Brooke, aquella mañana, a dejar abandonada a su hija recién nacida frente a la lujosa mansión; su situación financiera no le permitía cuidarla. Era mejor que estuviera con su padre, el multimillonario Esteban Robinson, era su deber cuidarla y hacerse cargo de ella. "Esto será sólo por un tiempo" una promesa que Brooke espera cumplirle a su pequeña Hope. Años más tarde, Brooke regresa para vengarse de la familia Robinson y recuperar a su hija. ¿Logrará vengarse de Esteban, el hombre que tanto amó? ¿Podrá recuperar el cariño de su propia hija? Una decisión equivocada, una promesa y una venganza son los hilos que tejerán esta historia.

Capítulo 1 El acto más doloroso

Por más que lo estuviese intentando, Brooke no era capaz de perdonarse por lo que estaba a punto de hacer. Se encontraba justo a la entrada, justo en el porche de Steban Robinson, llevaba ahí ya varios minutos mirando a su pequeña bebé que cargaba en brazos, apenas dos meses tenía, no había tenido tiempo a vivir nada y ya estaba a punto de ser dejada como una huérfana en la puerta de una casa. "¿Qué tipo de persona soy?", se preguntaba Brooke una y otra vez, "¿Qué tipo de madre estaría dispuesta a abandonar a su bebé siendo tan pequeña?".

Por más que se hubiera pasado los días anteriores auto convenciéndose de que era lo mejor para su hija, ahora ya no le parecía una buena opción en lo absoluto. Las lágrimas corrían por sus mejillas como cascadas, no era capaz de frenarlas, sentía que le estaban arrancando una parte de ella, que estaba a punto de cometer una atrocidad pero, no era capaz de mantener a su propia hija y no iba a permitir que se muriera de hambre, no bajo su cuidado.

"Esto solo será por un tiempo, un tiempo prudencial, solo hasta que logre conseguir un trabajo estable con el que pueda mantener a mi pequeña, hasta que pueda darle la vida que se merece", este pensamiento era el único capaz de ofrecerle un poco de aliento, así que se aferró a él para dejar a la bebé sobre la manta que había colocado en aquella cesta sobre el suelo, tocó el timbre de la puerta y, rápidamente, se escondió detrás de los arbustos que adornaban los laterales de la entrada a la mansión.

Para su suerte, se había hecho muy buena amiga de los trabajadores en el tiempo que estuvo viviendo ahí con Esteban, el padre de esa bebé, eso le facilitó mucho las cosas, solo tuvo que hacer una llamada para garantizar su entrada a la propiedad a pesar del sistema de seguridad tan estricto que había ahí, al contar su historia, sus antiguos amigos de la mansión le brindaron su ayuda sin pensárselo dos veces.

Hacia casi un año que no veía a Esteban, ni sabía nada de él así que, estar ese día ahí en la que por un tiempo fue su casa, la incomodaba demasiado, la hacía recordar los momentos que vivió en ese lugar y eso no la ayudaba en lo absoluto.

¿Hubiera sido más sencillo hablar con él directamente y pedirle que cuidara a su propia hija por un tiempo hasta que ella pudiera hacerlo? Sí, por supuesto, pero él ni siquiera sabía que hacía solo dos meses se había convertido en padre, eso sin mencionar que desde el día en el que Brooke recogió sus cosas sin previo aviso él ni siquiera intentó contactarla, no le interesó saber qué había sucedido para que de repente ella decidiera terminar una relación que marchaba a la perfección.

En palabras mucho más resumidas, él no era más que un patán, era idéntico a su madre aunque por mucho tiempo se hubiese esforzado por aparentar lo contrario, eran dos ramas de un mismo árbol podrido hasta la médula y, aún así, aunque no le gustara ni un poco tenía que dejar a su bebé con ellos, era la única opción que tenía.

Mientras esperaba a que abrieran la dichosa puerta, ella le daba vueltas al asunto una y otra vez, pensando por enésima si habría alguna otra solución que se le estuviera escapando, sabía perfectamente bien que no la había pero tenía que intentarlo al menos, esta acción era la más dolorosa que había tenido que hacer en toda su vida, cada segundo más que pasaba era un segundo más que la desgarraba por dentro, estuvo a punto de cargarla y correr lejos de ahí a toda velocidad cuando el crujido de la madera moviéndose resonó bulliciosamente en el silencio de la propiedad.

El mayordomo, un señor sumamente dulce al que Brooke conocía muy bien, salió desde detrás de la puerta principal. Ella fue testigo de su cara de sorpresa cuando se encontró delante de sus ojos a la bebé en el suelo. No le tomó mucho tiempo notar el papel que se encontraba enganchado de la manta por un imperdible. Brooke se había tomado mucho tiempo para seleccionar cuidadosamente las palabras que escribiría en esa nota, nadie podía saber que ella era la madre, temía que si la abuela de la pequeña se enteraba, la enviaría a algún orfanato o algo por el estilo.

"Mi nombre es Hope, soy hija de Esteban, mi mamá me dejó aquí en contra de su voluntad porque por mucho que le duela, no tiene los recursos necesarios para mantenerme, ella me dijo que tú serás un excelente papá y que nos llevaremos muy bien." Esas fueron las palabras que Brooke dejó plasmadas en la nota mientras las lágrimas caían sobre el papel a medida que escribía, algo que se podía notar con facilidad debido a los borrones que estas dejaron sobre la tinta.

Por un momento, el mayordomo se quedó ahí parado sin saber qué hacer, la confusión estaba clara en su rostro hasta que la voz de Esteban se escuchó desde dentro del salón.

-Gregor ¿qué estás haciendo ahí parado? ¿qué ha pasado...? -su voz se detuvo en cuanto sus ojos se encontraron con la pequeña y Gregor, sin decir ni una sola palabra, le extendió la nota. Estuvo leyendo el papel por lo que pareció una eternidad, evidentemente estaba conmocionado, era lógico que no supiera qué hacer. Mientras más pasaba el tiempo, más palidecía, hasta que agachó su cuerpo fuerte y alto y tomó a la bebé en brazos hacia dentro de la mansión- No te quedes ahí congelado Gregor, cierra la puerta, tenemos muchas cosas que resolver a partir de ahora.

Brooke estaba dividida, por una parte, acababa de sentir un gran alivio, sabía que su hija estaría a salvo hasta que ella fuera en su busca pero, por otro, estaba destrozada, había caído en la cuenta de que esa sería la última vez que vería a su pequeña en una buena temporada, que ya no la tendría más en sus brazos, que no la acurrucaría hasta quedarse dormida, que no escucharía más su peculiar idioma. Estaba hecha pedazos y no sabía cómo saldría del lugar tan oscuro en el que se encontraba, estaba completamente sola. Sentía como si un camión la estuviese aplastando en medio del pecho de la forma más dolorosa que existía en el mundo. Se sentía culpable, impotente por no poder hacer nada más por su propia hija que entregarla a los brazos de las personas que más odiaba, de las personas que quería destruir hasta convertirlas cenizas.

Lo único que sabía y que la mantenía a flote para no perder la cordura era que debía superarse a sí misma lo más pronto posible, solo de ella dependía volver a ver a su bebé y, aunque tuviera miles de obstáculos en medio del camino, aunque le costara trabajo, aunque tuviera que comenzar una y otra vez, sabía que tenía que hacerlo, se lo debía a Hope, se lo debía a ambas, solo así podrían reunirse de nuevo y cumplir la promesa que había hecho casi un año atrás, vengarse, vengarse de todo lo que la familia Robinson le había hecho.

-Sonia Robinson, no tienes ni idea de lo que se te viene encima, te destruiré de la forma más cruel que pueda hacerlo, pagarás por lo que le hiciste a la que pudo ser mi familia, más te vale cuidar tu espalda -dijo Brooke mientras limpiaba con el dorso de su mano las lágrimas que tenía en sus mejillas, a partir de hoy comienza tu fin -dijo; aquellas palabras no sólo estaban llenas de dolor sino de rabia y rencor, y más que palabras serían una promesa que la hermosa mujer cumpliría. Miró la enorme mansión antes de dar la espalda y salió caminando con paso firme.

Capítulo 2 La traición

La primera vez que Brooke conoció a Esteban sintió como si dos trenes hubiesen colisionado, ella era una estrella hasta ese momento, hasta que sus miradas se cruzaron y explotó convirtiéndose en una supernova, la más enorme que se había visto ¿Sonaba a cliché? Pues sí, pero ¿a quién demonios le tenía que importar? Los clichés a lo largo de la historia han sido los preferidos de muchos tanto en la literatura, como en la cinematografía y eso era por una razón, son hermosos y Esteban para ella era esa explosión, ese deseo incapaz de controlar, al menos en ese momento.

Ella no era más que una simple camarera en aquel bar para gente rica, había atendido a muchas personalidades, muchos empresarios, celebridades, pero nunca, nunca, lo había visto a él ahí, estaba segura de ello porque si lo hubiera visto antes, habría sido capaz de reconocerlo en cualquier lugar. Aquel cabello color miel rizado cayendo sobre su frente de forma descuidada, esos ojos color avellana a juego y esa sonrisa esplendorosa eran incapaces de olvidar y, por alguna razón que desconocía, el destino había jugado a su favor.

Todo entre ellos fue un efecto rebote porque Esteban también quedó completamente prendido cuando la vio, esa camarera tenía una belleza que era inigualable, ni todas las mujeres que él conocía eran capaces de igualarlas, no importaba los procedimientos de belleza a los que se sometían, ni la cantidad de dinero que gastaban en botox y cirugías plásticas, había algo en esa chica que la hacía especial, tenía ese brillo en su mirada y un tono rosado en las mejillas que le encantaba.

Esa fue la primera vez que se vieron y, a partir de ese día no pudieron separarse jamás. Primero fueron las citas furtivas que duraban toda la noche, esos encuentros clandestinos eran lo más satisfactorio para ambos, pasaban todo el día deseando que llegara la noche y, cuando lo hacía, se perdían en sus pieles, se fusionaban una y otra vez, nunca habían experimentado algo igual, pasaban horas sin que se cansaran el uno del otro. Poco a poco fueron creando un vínculo inigualable, un vínculo que no todos eran capaces de entender, sobre todo Sonia Robinson, la madre de Esteban cuando este le contó que se había enamorado de una camarera y que le había propuesto matrimonio.

Junto con Sonia, todos los medios de comunicación explotaron, la noticia salió en todos los periódicos, en cada canal de noticia, en cada emisora, el gran magnate de las joyas, Esteban Robinson había salido de la soltería y estaba comprometido con una simple camarera "¿Habrá perdido el juicio?" "Esa camarera evidentemente anda tras su dinero" "¿Será este el fin del imperio Robinson?", eran algunos de los comentarios que más se escuchaban por aquel tiempo, los periodistas y camarógrafos habían comenzado una cacería, pero a la pareja de tortolitos no les interesaba, ellos estaban viviendo en su propia burbuja, su propio cuento de hadas, hasta que Sonia apareció como la bruja malvada.

Para ella, su hijo no estaba más que cavando su propia tumba, no podía comprender cómo teniendo tantas chicas hermosas y de buenas familias interesadas en él, había preferido a esa don nadie, ni cómo estaba tan cegado por ella. Por supuesto, para sus ojos, Brooke no era más que una interesada, al igual que los medios estaba segura de que esa chica solo estaba interesada en la fortuna y no estaba dispuesta a ver cómo arruinaría a su hijo, así que comenzó con sus planes y estrategias para sacarla de sus vidas de una vez y por todas.

No desaprovechaba oportunidad para hacerle saber a Brooke lo mucho que la detestaba, siempre le hacía recordar que no era más que una camarera que se había colado a través de los ojos de su hijo y que no estaría ahí por mucho tiempo. Las primeras palabras que compartieron jamás se escaparon de la mente de Brooke, Esteban las había presentado y Sonia tenía dibujada una sonrisa amplia hasta que él tuvo que dejarlas a solas para atender una llamada de negocios.

-Escúchame bien pequeña rata -comenzó a decir Sonia con el mayor desprecio del que fue capaz- sé que piensas ahora mismo que estás en la cima del mundo, que has conseguido el pez gordo, pero te equivocas si piensas que voy a permitirlo. A partir de hoy tienes dos opciones, o te vas ya de nuestras vidas o me aseguraré de hacer tu vida un completo infierno y créeme, sé muy bien cómo hacerlo. Esteban tiene un mundo entero por descubrir y no serás tú la encargada de arruinarlo, si lo que quieres es dinero puedo dártelo ¿cuánto necesitas? Nombra cualquier cifra y la tendrás hoy mismo -Brooke no era capaz de creer lo que estaba escuchando, esta no era para nada la experiencia que esperaba al conocer a su suegra.

-Señora Robinson, está usted equivocada, no es el dinero lo que estoy buscando de su hijo -Brooke tenía pensado explicarle que estaba perdidamente enamorada de él, pero Sonia no le dio la oportunidad para hacerlo, la interrumpió de inmediato.

-Si no es dinero ¿qué es entonces? Habla de una vez niña, no tenemos mucho tiempo antes de que mi hijo entre por esa puerta, lo que quieras te será dado, una casa, una propiedad, un mejor trabajo del que tenías, joyas, ropa, lo que sea pero dilo ya antes de que... -el sonido de los fuertes pasos de Esteban la hicieron guardar silencio de inmediato.

-Entonces ¿qué han hablado en mi ausencia? Mi madre puede llegar a ser un poco fuerte pero es una excelente mujer -le dijo a Brooke- estoy convencido de que se llevarán de maravilla.

A partir de ese día comenzó una guerra entre esas dos mujeres, una guerra de la que Esteban jamás fue consciente y, en su ignorancia pudo ser feliz, un sentimiento que distaba mucho del que Brooke experimentaba día a día que pasaba en esa familia pero, a pesar de ello, jamás fue capaz de contarle a él lo que su madre hacía a sus espaldas, todavía era una chica demasiado noble y gentil como para contarle, sabía que eso lo lastimaría y ella solo quería darle felicidad.

Sonia era una mujer despreciable, una persona diferente a la que su hijo pensaba que era, no había un solo momento que no aprovechara para hacer sentir mal a su nuera, desde llamarla ramera hasta filtrar información falsa a la prensa en la que aseguraba que había sido prostituta antes de conocer al gran magnate.

Capítulo 3 Un plan malévolo

A pesar de todo, Esteban no hizo caso a los comentarios, no le interesaban en lo absoluto y se desvivía por hacer a Brooke feliz. Así pasó el tiempo, hasta que llegó el punto quiebre, un día como otro cualquiera, uno de los jardineros pidió hablar con Brooke, era ella la que se encargaba de los ornamentos de la mansión en la que ahora vivía, solo que desconocía completamente que Sonia le había pagado a este jardinero para que la tomara desprevenida y le diera un beso, uno fugaz era todo lo que necesitaba para que quedara impreso en una fotografía y así fue.

De un momento a otro, la señora Robinson tenía entre sus manos una "prueba" de que Brooke le estaba siendo infiel a su hijo y comenzó a mover sus cartas.

-Bueno, bueno, pero a quién tenemos aquí, nada más y nada menos que a la infiel más grande que haya existido -le dijo Sonia en cuanto entró a la cocina donde estaba Brooke preparando la cena, quería darle la noticia a su prometido de que dentro de unos meses se convertirían en padres.

-No tengo ni idea de lo que me estás hablando ¿acaso no te cansas? Llevo un año y medio junto a tu hijo ¿cuándo te darás cuenta de que no importa lo que hagas, él me seguirá creyendo a mí? -le respondió muy segura de sí misma sin saber lo que estaba por caerle encima.

-Yo que tú no estuviera muy segura de ello, sé que le estás siendo infiel con uno de los jardineros, los vieron besándose esta mañana -la más cínica de las sonrisas se dibujaba en su rostro.

-¡Eso no fue lo que sucedió! Yo no le estoy siendo infiel a Esteban, nunca lo he sido, ese chico simplemente me besó de la nada, incluso lo abofeteé, él pidió disculpas y se marchó –le explicó Brooke sintiéndose ofendida.

-¡Oh! Solo que eso no es lo que muestra esto –le dijo mientras colocó encima de la isla una de las fotografías que le habían tomado donde se veía a la perfección a Brooke besándose con el jardinero.

-¡Tú! -le dijo Brooke con los ojos cargados de odio cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo- Eso lo planeaste tú solo para intentar destruirme, he guardado silencio todo este tiempo respecto a tu trato hacia mí, pero no lo haré más, hoy mismo Esteban sabrá la clase de madre que tiene.

-Solo que no lo harás, verás, hay algo que se te está escapando, en cuanto mi hijo vea estas fotos se dará cuenta de que todo lo que se decía sobre ti era cierto, o al menos eso pensará. He pasado todo un año sembrando pequeñas semillas poco a poco y hoy por fin esas semillas darán sus frutos. Para que veas que no soy tan malvada como piensas, te daré dos opciones, justo como la primera vez que nos conocimos, o recoges tus cosas ahora mismo y te largas de aquí dejando a Esteban pensando que lo abandonaste porque murió el amor, o le mostraré estas fotos y él mismo te echará quedándose con el corazón hecho pedazos pensando que no eres más que una zorra. Creo que lo mejor es evitarle el dolor ¿no estás de acuerdo?

-¿Cómo has sido capaz de armar todo este plan tan cruel? -le preguntó Brooke con las lágrimas corriendo por sus mejillas.

-¡Oh, pequeña paloma! Las mejores estrategias se planean con calma, paso tras paso, solo así lograrás tener éxito, recuerda eso para tu futuro.

-De acuerdo, me marcharé, pero Esteban vendrá tras de mí, me buscará y todo tu plan se irá a la mierda. No te pienses que has ganado, solo me marcho porque no seré la culpable de ocasionarle sufrimiento, ya te lo dije una vez, él verá a través de ti y sabrá la verdad.

-No paloma, no irá detrás de ti, yo me encargaré de que no lo haga, buena suerte -dijo Sonia ya de espaldas, mientras se marchaba.

-¡Esto no se quedará así Sonia, lo prometo! -fueron las últimas palabras que pronunció Brooke en esa casa.

Sin imaginar que apenas su infierno estaba por comenzar.

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