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La hija del CEO es mi rival

La hija del CEO es mi rival

Autor: : Flagranti Amore
Género: Romance
Se escucha un disparo, luego otro, los asistentes a una reunión de exalumnos, corren para investigar el origen y motivo de los mismos, al abrir una de las recámaras, encuentran, inconsciente, con la pistola en la mano, en el piso de una recámara, a Viridiana Montero, y sobre la cama, está el cadáver de su mejor amiga, Estela Rivas, con un balazo en el pecho, así que llaman a la policía. Germán Domínguez, abogado, acude a ver a Wendy Martí, su exnovia, que se ha convertido en una conocida litigante, para pedirle que defienda a su esposa, Viridiana Montero, eterna rival de Wendy. Y precisamente, por Viridiana, es que Germán termina su relación con Wendy. Martí, no puede creer que aquello esté pasando, su acérrima enemiga, está acusada de homicidio con todas las agravantes. Los mejores abogados de la ciudad, le dicen al padre de Viridiana, que no se puede hacer gran cosa, sino buscar la reducción de una sentencia que tal vez sea de 25 años de cárcel. Ernesto Montero, padre de Viridiana y un importante CEO de la construcción, se encuentra desesperado, sabe que todo acusa a su hija y que él no puede hacer nada por evitar que vaya a la cárcel. Wendy, decide entrevistarse con Viridiana, antes de aceptar su defensa, por lo que acude a verla a la celda en donde la tienen recluida mientras integran la carpeta de investigación con la que la van a enviar a la cárcel de mujeres. Ellas no se han visto en varios años y su encuentro es tenso. Viridiana, con una falsa acusación, había intentado encarcelar a Wendy, y lejos de perjudicarla, le hizo un favor, ya que, gracias a ello, Martí, encontró en la rama del derecho penal, su vocación y pasión. Después de una entrevista, en la que Wendy, se da cuenta que Viridiana, le ha mentido ya que oculta o protege a alguien, decide aceptar el caso y hacerse cargo de la defensa. Durante el proceso, Viridiana, tiene que ir a prisión, en donde la humillan, la golpean, la despojan de sus pertenencias y hasta una de las prisioneras, la quiere convertir en su amante. Wendy, trata de armar un caso que le sirva para defender a la orgullosa heredera y a su paso, va descubriendo cosas que no se imaginaba, que ni siquiera llegó a pensar. Viridiana, estando casada con Germán, tenía por amante, a otro abogado, que en la universidad fue un destacado deportista y que pretendió sin ningún éxito, tener relaciones íntimas con Martí. Javier Contreras, se hizo amante de Viridiana, antes que esta se casara y cuando salió embarazada, hizo todo lo posible por no casarse con Montero, que como última alternativa eligió a Germán y lo engañó, ya que, desde su matrimonio, siguió de amante de Javier Sólo que ella no sabe que Javier, también es amante de Estela, su mejor amiga y por la cual ahora está acusada de homicidio, todo el caso es complicado, lleno de intrigas, pasión y traición, en donde todos los involucrados tienen algo que ocultar y se esmeran por hacerlo. Durante el juicio, la situación da un giro inesperado, algo que ninguno se podía imaginar, sale a la luz una verdad que no se contemplaba. El final es completamente impredecible. En el transcurso de la historia, surgen los dramas del pasado de los personajes, intrigas, violencia y hasta muertes no esperadas, sobre todo con las compañeras de prisión de Viridiana.

Capítulo 1 El homicidio

El violento estallido de un balazo resonó con fuerza y sorpresa en la sala de aquella elegante casa haciendo que todos los asistentes al lugar, dejaran lo que estaban haciendo para voltear a verse confundidos, un segundo balazo les indicó que había sido en la parte alta de la casa, y con toda seguridad en una de las recámaras.

Como si se hubieran puesto de acuerdo, los invitados a aquella reunión, corrieron hacia las escaleras y subieron en busca del origen de los disparos, ansiosos y nerviosos.

Se dispersaron por el pasillo de las recámaras y comenzaron a abrir las puertas, que se encontraban a su paso, en medio de sus nervios, todos y todas, actuaban de manera precipitada.

Luisa, una de las asistentes al lugar, no pudo contener el grito de horror que surgió de su garganta al momento de ingresar a la recámara y ver el cuerpo, medio desnudo y sangrante de Estela Rivas, tendido en la cama con los brazos en cruz y una mueca de horror en el rostro.

En el suelo, muy cerca de la cama, se encontraba el cuerpo, vestido, de la conocidísima Viridiana Montero, yacía inconsciente, con una pistola en la mano derecha.

Atraídos por el grito, todos ingresaron de manera precipitada, a la recámara, para contemplar aquella dantesca escena, la mayoría se mostraban sorprendidos, otros estaban aterrados y las mujeres entre gritos y lamentos comenzaban a llorar por la impresión de ver a las dos mujeres.

Javier Contreras, se abrió paso entre sus ex compañeros y avanzó hasta la cama y con su mano derecha le buscó el pulso en el cuello a Estela, luego le revisó la muñeca y al final les dijo a todos:

-¡Está muerta! -su voz se escuchó sepulcral y contundente.

De inmediato se arrodilló junto al cuerpo de Viridiana, y repitió el mismo procedimiento:

-¡Viridiana aún vive! -les dijo a sus compañeros con emoción- llamen a una ambulancia y a la policía... y sálganse del cuarto, que nadie toque nada para no entorpecer las investigaciones.

Como si aquel grupo de amigos fuera una sola persona, de forma mecánica, todos caminaron hacia atrás, dando varios pasos y obedeciendo la orden que les había dado Javier.

Sabiendo que todos lo observaban con verdadera atención y mucho interés en lo que haría, Contreras, se levantó y se paró junto a la puerta para proteger el lugar, resguardando la escena del crimen para cuando llegaran los peritos y demás personal especializado.

La gran mayoría de los que estaban presentes, eran abogados y todos conocían los procedimientos policiales para preservar la escena de un crimen, así que lo que Contreras, hacía en ese momento, era delimitar el lugar y mantenerlo a salvo de ser contaminado.

Mientras Javier, montaba guardia, los demás comenzaron a comentar sobre lo que habían visto y oído en las últimas horas, sacando sus propias conclusiones sobre lo sucedido en esa recámara, en donde el resultado era, una muerta y otra... ¿herida? Nadie lo sabía en realidad.

Todos conocían a las dos hermosas mujeres, las protagonistas de aquella tétrica e impactante escena y sabían de lo que eran capaces de hacer cuando se proponían algo, de ahí que no les pareciera extraño que las cosas se hubieran salido de control con esos fatales resultados.

La hipótesis era muy clara en la mente de los presentes, ellas, habían discutido y el carácter arrebatado y violento de Viridiana, la había llevado a jalar del gatillo para matar a Estela, lo que nadie podía explicarse era por qué se encontraba tirada en el piso inconsciente.

O estaba muy borracha y había perdido el conocimiento por el alcohol, o se había desmayado por la impresión de lo que acababa de hacer, de una o de otra manera, las cosas estaban claras: había asesinado a Estela, la cual, además, era una de sus más cercanas amigas.

Viridiana, nunca supo cuánto tiempo estuvo inconsciente, despertó en la camilla de una ambulancia que la trasladaba al hospital a toda velocidad y con la sirena abierta mientras los paramédicos le proporcionaban los primeros auxilios, buscando encontrar algún daño que tuviera.

Abrió los ojos y se dio cuenta que tenía una aguja clavada en su brazo derecho, la cual le suministraba suero en la vena, además, tenía una mascarilla de oxígeno en nariz y boca, su mente no coordinaba bien, todo era muy confuso, no entendía en donde se encontraba y mucho menos por qué.

Poco a poco se fue relajando y de pronto, como un potente golpe, recordó todo lo sucedido minutos antes, gritó con desesperación al tiempo que su mano izquierda se elevó para quitarse la mascarilla, justo cuando intentó levantarse de la camilla, todo en un solo movimiento.

Unas manos, fuertes y expertas, la sujetaron por los hombros con determinación, impidiendo que lograra lo que intentaba hacer, mientras una voz varonil y suave se escuchaba decir:

-Cálmese... todo está bien... está usted a salvo... necesito que se tranquilice.

Sin poderlo evitar volvió a recostarse con pesadez, tenía tantas preguntas por hacer, sólo que, al querer hablar la mascarilla de oxígeno se lo impedía y eso la molestó.

Quería saber qué había pasado con Estela, su amiga, se sentía angustiada por haberle disparado en un arranque de coraje, motivada por la ira, esperaba que todo estuviera bien y que por su embriaguez hubiera fallado el disparo y no la hubiera herido, no lo soportaría.

Tuvo que aguantar la impotencia que la invadía por no saber qué había pasado, y aún sin estar plenamente consciente, ahora sabía que tenía que calmarse y esperar la oportunidad para que le dieran información sobre el asunto, mientras tanto, debía dejarlos que siguieran con el procedimiento.

Llegaron al hospital y en la misma camilla la condujeron hasta la sala de urgencias, el médico comenzó a hacerle una revisión general con rapidez, eficiencia y profesionalismo.

Al ver que, en apariencia, no tenía heridas en ninguna parte de su cuerpo, ni motivo para alarmarse, dejó pasar a la investigadora forense de la policía judicial para que recogiera la ropa de la paciente.

Después de presentarse y de explicarle el motivo por el cual se encontraba ahí, la agente de la policía judicial le entregó una bata para que se cubriera y Viridiana, misma se desnudó.

De sobra sabía que era parte del procedimiento, sobre todo ahora que sabía que había matado a su compañera y amiga de un balazo. Aún se sentía ebria, y tenía ganas de gritar, de llorar, de correr a ver el cuerpo de Estela, sólo que, no podía hacer nada de eso y lo sabía.

La forense, recogió las ropas, las colocó en una bolsa que etiquetó y luego le realizó una serie de fotografías, a la hija del CEO, tomó impresiones de su rostro, y de algunas partes de su cuerpo, además, tomó muestras forenses de las manos y las uñas, Viridiana, cooperaba en todo.

Ella sabía que todo aquello era con el fin de ver si había rastros de pólvora en sus manos, así como también sabía que no podía hacer nada por ocultar esas pruebas en su contra.

Le fue asignado un cuarto en el nosocomio, mientras se restablecía un poco, y un policía de uniforme se encargaría de cuidar la puerta para que no se diera a la fuga.

El médico que la atendiera le hizo unas preguntas en el cuarto y ella respondió a todas con completa coherencia y sin titubeos, por lo cual estaba lucida y consciente y así quedó asentado en el informe.

No tenía lesiones físicas, no se había herido o lastimado, sólo se había desmayado por alguna causa desconocida, así que requería que le hicieran algunos estudios.

-La tendremos una hora más bajo observación y después le daré el alta para que se proceda de acuerdo a la ley -le dijo el médico con tono profesional- con toda seguridad, de inmediato la trasladarán a la Agencia del Ministerio Público para que rinda su declaración.

-Gracias, doctor... ¿Qué pasó con Estela? -preguntó casi susurrante, aun sabiendo la respuesta.

-¿Estela? -respondió el galeno confundido y viéndola con atención.

-Sí, la muchacha pelirroja que estaba conmigo en la recámara... a la que le disparé... -explicó.

-Ah, pues según informaron los paramédicos, estaba muerta al llegar al lugar de los hechos. Un balazo en el pecho que fue mortal por necesidad, lo siento, nada pudimos hacer por ella.

-Gracias, doctor... -respondió ella y de esa manera confirmó las palabras de la forense cuando le pidió su ropa, en un primer momento no le había creído ya que pensaba que era un ardid para que confesara haberle disparado y de esa manera tuvieran todo en su contra.

Ahora, ya no tenía ninguna duda, había matado a Estela, sí, su mejor amiga había muerto víctima del disparo que ella le había hecho en un arranque de ira, coraje y frustración, ese maldito temperamento suyo que no podía controlar y que la impulsaba a actuar sin medir las consecuencias, como ahora, en que había matado a la única mujer que había sido su amiga por varios años.

El médico salió del cuarto habiendo concluido con su labor y Viridiana, se dejó caer de manera pesada sobre la cama, sin poderlo evitar comenzó a sollozar con verdadera angustia.

Se sentía muy deprimida y se arrepentía por todo lo sucedido, entre la cruda física y la cruda moral, se sentía abatida, sin ganas de nada, molesta con ella misma y sobre todo, arrepentida.

Ahora no importaba lo que Estela, le hubiera hecho, o lo que le gritara para ofenderla, no merecía morir y mucho menos a sus 27 años de edad, cuando la vida tenía todo por brindarle y su futuro era prometedor, lleno de esperanzas y de sueños que le había compartido alguna vez.

No era justo que hubiera sido ella misma quién le quitara la vida, le había disparado en un movimiento reflejo motivado por el rencor y el coraje que le provocaran las palabras y las acciones de la que consideraba su mejor amiga, quería callarla, que no siguiera ofendiéndola y ese, fue el resultado.

Mientras sollozaba con angustia y dolor, un grupo de imágenes comenzó a visualizarse en su cabeza, rostros y situaciones que se agolpaban con tal fuerza que, tuvo que hacer un esfuerzo para que ya no siguieran girando como en un carrusel que la lastimaba en lo más profundo.

Y contra lo que esperaba, se detuvo en una imagen en la que estaba con Estela, discutiendo a gritos, en el pasillo de las oficinas de la constructora para la que trabajaban, la del CEO Ernesto Montero, justo un día antes de dispararle en aquella recámara:

-¡Te lo advierto Estela, tú me conoces mejor que nadie y yo no soy de las que andan con amenazas tontas, déjate de esos juegos conmigo y no me provoques! Es por tu bien, mejor cálmate ya.

-¿O qué...? A mí no tienes con que chantajearme, ni mucho menos con que amenazarme, lo único que tienes que hacer es admitir que Javier y yo nos amamos, y tú nos estorbas para ser felices, así que, porque no aceptas de una buena vez que él ya no quiere nada contigo y que además le causas desprecio, repulsión y hasta asco, por ser tan rogona y tan ofrecida, como él dice eres una...

Estela ya no pudo terminar la frase, la mano de Viridiana, se estampó contra su rostro de manera violenta y despiadada, la golpeó con tal fuerza que sus uñas rasgaron la delicada piel de la pelirroja, provocando que unas gotitas de sangre aparecieran en su mejilla, el golpe había sido impulsivo y lleno de coraje, tal y como acostumbraba Viridiana a actuar.

-A mi ninguna puta desgraciada me va a venir a insultar... mejor lárgate o soy capaz de matarte como la infeliz zorra que eres... tú si eres una ofrecida, una buscona, una perra... -sentenció Viridiana, furiosa por completo, al tiempo que empujaba a Estela, por el pasillo con la intención de sacarla de las oficinas, no la soportaba, no quería ver más ese hermoso rostro que la retaba con cinismo.

Capítulo 2 La Confrontación

-¿Te duele la verdad...? Me alegra mucho, y de seguro que Javier, se va a poner feliz al saber que ya estás enterada de todo lo nuestro, que ya no tenemos que ocultarnos más para ser felices -le gritó fuera de sí Estela, mientras con una mano se acariciaba la mejilla.

De pronto, sintió algo húmedo en su mano y vio que tenía sangre en los dedos, era apenas una mancha, aunque eso provocó que Estela, se enfureciera más de lo que ya estaba.

-¡Esto lo vas a pagar muy caro...! ¡Estúpida...! ¡Te lo advierto Viridiana, esto no lo voy a olvidar nunca! Ahora si te pasaste de lista y vas a tener que pagar por ello -los ojos de la pelirroja estaban cargados con un odio mortal que de haber sido pistolas habrían acribillado a la otra.

-Lárgate de aquí o te mato con mis propias manos -respondió fuera de sí Viridiana.

Estela, ya no dijo más, sólo sonrió con cinismo, la barrió, de pies a cabeza, con la mirada, llena burla y luego, se dio la vuelta, irguió la cabeza y con pasos firmes y sensuales se encaminó hacia los elevadores, sintiendo en su espalda, las miradas de odio y rencor que su amiga le echaba.

Al ver que salía del pasillo, Viridiana, se dio cuenta de que empleados y empleadas de la constructora, habían sido mudos testigos de aquel altercado, se sentía humillada y frenética así que ignorando a todos caminó hasta la oficina que Javier Contreras, ocupaba y entró sin llamar a la puerta.

El atractivo y elegante abogado, se encontraba sentado detrás de un fino escritorio, revisando unos contratos, levantó la vista de los papeles que leía y de inmediato se dio cuenta de que la hija de su jefe estaba que reventaba del coraje, no obstante, se mantuvo sereno en su sitio.

-¿Qué demonios te traes tú con esa ofrecida de Estela? Y será mejor que me digas la verdad o no respondo te lo advierto -le dijo ella plantándose frente al escritorio viéndolo con toda la ira que sentía.

-¿Yo con Estela...? Nada, ¿por qué? -respondió Javier, con un tono de voz neutro, al tiempo que se levantaba de su lugar y caminaba hacia la muchacha que lo veía con furia.

-Ya no la soporto, siempre con lo mismo, dice que tú y ella se aman, que los deje en paz para que puedan disfrutar del gran amor que se tienen, que le has dicho que es mejor que yo en la cama y que yo ya te tengo aburrido... -dijo la abogada Montero, viéndolo a los ojos.

-Mi amor, y tú que le haces caso a esa loca que solo trata de causar problemas entre tú y yo -dijo Javier, al tiempo que le acariciaba la mejilla con ternura tratando de calmarla- sabes que siempre te ha envidado y que no soporta que yo nunca me haya fijado en ella por estar contigo.

No le hagas caso, no vale la pena, sabes muy bien lo mucho que te amo, ignora todo lo que te diga y disfruta de los pocos momentos que podemos pasar juntos tú y yo, no tiene caso que te amargues con palabras que carecen de fundamento y que no se sustentan.

» -Para que todo esto se acabe de una buena vez, es preciso que te cases conmigo, que formemos una pareja legal, ya no podemos seguir viéndonos a escondidas como adolescentes.

Habla con mi padre y dile que me amas, yo te respaldaré, me divorcio de Germán, así tú y yo viviremos felices por siempre sin que nada se interponga entre nosotros, como siempre lo hemos planeado.

-Todo eso está muy bien, y te juro que nada me gustaría más, sólo que... ¿y tu hija?

.-También es tu hija, y lo has sabido siempre, aunque, si no la quieres a nuestro lado, que se quede con Germán, ya que tanto la adora y sin que nadie nos lo impida nos iremos de luna de miel seis meses.

-Yo creo que tú te estas precipitando, hay que pensar bien las cosas y...

-Nada, no digas más, te doy tres días para que hables con mi padre o te juro que la que va a hablar con él soy yo y creo que la siguiente vez que nos veamos será en visita conyugal en el Reclusorio,

Ah, porque te aseguro que ahí es a dónde vas a ir a parar y de mi cuenta corre que así sea, así que tú sabes lo que vas a hacer, nos casamos o te vas a la cárcel ya no hay de otra.

-Viridiana, no seas impulsiva y piensa bien las cosas por una vez en tu vida, yo... yo te amo, aunque, no quiero darle un disgusto a tu padre, él estima mucho a Germán y no me perdonará que yo destruya tu matrimonio... ya no es tan joven y podría enfermarse o morirse si lo hago pasar un coraje.

-En eso hubieras pensado antes de traicionarlo tantas veces... así que ya lo sabes, tres días o habló con él y le cuento todo... te aseguro que no habrá piedra bajo la cual te puedas esconder, o agujero en el cual puedas meterte... a donde mi padre no pueda encontrarte y ya sabes cómo es él cuando le pagan mal... los traicioneros no merecen perdón ni clemencia.

-Está bien, te prometo que en tres días hablaré con él... ya sabes que por tu amor soy capaz de todo, aunque, si se enferma, tú tendrás la culpa -respondió Javier, con un tono amable y conciliador, sabía que ella lo tenía en sus manos y no quería molestarla más- Otra cosa, ¿Vas a ir a la fiesta?

-¡Vamos a ir a la fiesta...! -dijo ella con determinación- ¿Acaso no lo habíamos planeado así desde hace unos días? ¿O es que tienes otros planes como llevar a Estela?

-N-no... no... ¿cómo crees eso? Ya te dije que, entre ella y yo, no hay nada... ni lo habrá jamás, puedes estar segura... es sólo que, me parece una locura muy descarada que vayamos tú y yo juntos.

Tú sabes que todos nos conocen desde hace varios años, como también conocen a Germán, y yo creo que no está bien que les demos más motivos para que comiencen con...

-Por eso mismo, porque todos nos conocen, esperan vernos llegar juntos, pasa por mí a las ocho en punto, sabes que me gusta la puntualidad así que no me hagas esperar.

-"Ya verá esa infeliz de Estela, quién es más mujer de las dos, si esperaba otra cosa en la reunión, se va a quedar con las ganas" -musitó para sí misma, Viridiana, sin ocultar su enfado

-Ahora bésame y vete a tu casa para que te arregles para mí, sabes que me encanta lucirte y que todos vean lo que traigo a mi lado -le dijo ella sonriendo con coquetería

Javier ya no contestó, la tomó entre sus brazos y la besó, fingiendo pasión.

Para Viridiana era un beso lleno de amor, de pasión, de anhelo, para él era un formulismo con el que tenía que cumplir, sabía que ella lo podía hundir y no quería ir a parar a la cárcel.

Sus labios se unieron entre abiertos y sus lenguas se juntaron, ella se estrechó más al cuerpo de él sintiendo la firmeza de sus músculos y notando que la pasión la invadía.

Estaba tan apasionada por Javier, que no se daba cuenta de que para él ya no era lo mismo estar con ella, si en algún momento, el abogado sintió pasión por esa fogosidad que ella manifestaba, por ese cuerpo perfectamente diseñado, ahora era algo que ya no le producía el menor interés.

Viridiana, se separó de él y caminando hacia la puerta del privado le dijo:

-Nos vemos a las ocho en punto, y ya sabes que no te voy a esperar, así que será mejor que pases por mí y que no me salgas con algún pretexto a última hora... ¿de acuerdo, mi amor?

-No te preocupes, Viri, ahí voy a estar puntual, como siempre, sin pretextos.

Un par de horas más tarde, Viridiana, llegó a su casa y se encontró con Germán, su esposo, que jugaba con su hija en la sala de la casa, la niña se veía feliz y él tierno y amoroso como siempre.

Apenas y les brindó una rápida mirada, sin siquiera "un saludo", ni "un hola", ni "un ya llegue", sólo los vio cómo, si estuvieran observando algo ajeno a ella y luego subió a su recamara para cambiarse las ropas, contaba con el tiempo necesario para arreglarse.

Germán la vio subir y ni siquiera intentó llamarla, de sobra sabía que, para ella, Patricia, su hija, no significaba nada, desde que la niña naciera Viridiana, jamás le había prestado la más mínima atención.

Igual que a él, eran como unos muebles más del decorado de la casa y de su estatus, ignoraba tanto a la niña, que ni siquiera quiso darle pecho cuando la dio a luz, decía que no quería estropear su hermosa figura, Germán, no recordaba un solo momento en el que Viridiana, hubiera cargado a su hija.

Desde el primer día, Patricia, fue alimentada con fórmula y tuvo su recámara aparte para que no molestara a su madre con sus llantos, siempre atendida por una muchacha que se encargaba de cuidarla bien y por él, que trataba de estar con ella el mayor tiempo posible.

Habían pasado cuatro años desde que su hija naciera y durante todo ese tiempo, Viridiana, no se había acercado a la niña para nada, incluso había dado órdenes de que, Patricia, no estuviera cerca de ella.

Casi una hora después de su llegada, Viridiana, regresaba a la sala, hermosa y elegante, arreglada con esmero y delicadeza, y Germán, dejó a la niña unos segundos para encararla:

-¿Así que, siempre sí, te vas a la fiesta? -le dijo en tono neutro.

-Sí, te lo dije con toda claridad hoy por la mañana, el que tú no tengas ganas de ir no tiene por qué afectarme a mí... yo si quiero saludar a los viejos compañeros y saber como les ha ido -dijo ella firme.

-Es que, pensé que, podíamos quedarnos en la casa y ver una película en familia, Paty, necesita pasar tiempo contigo, conocerte bien y saber que tiene a su madre al lado para...

-Esas son cursilerías tontas, la niña va a saber que soy su madre cuando lo tenga que saber y en cuanto a eso de ver una película, juntos te aseguro que no puede haber nada más aburrido en la vida. Prefiero irme a divertir con mis amigos, es en vivo y en directo y sin comerciales -respondió ella con tono burlón

-¿Con tus amigos o con Javier? -preguntó Germán, más con ironía que con celos.

-Javier, se cuenta entre mis amigos y ya no me quites más el tiempo que me están esperando y sabes que no me gusta la impuntualidad... ah, y no me esperes despierto, no sé a que horas voy a llegar.

Germán, ya no dijo nada más, sabía que sería inútil replicarle, al final iba a hacer lo que se le pegara su gana, siempre lo había hecho y no iba a cambiar ahora sólo porque él se lo pidiera.

Volteo a ver a su hija y por un momento, se enterneció, si no fuera por el gran amor que le tenía a la niña, hacía varios años que se hubiera largado de esa casa que no le proporcionaba ni una sola satisfacción, ni en lo profesional, mucho menos en lo personal.

Estaba casado con una hermosa y sensual mujer, llena de personalidad y pasión, aunque, en muy contadas ocasiones podía tenerla, era ella la que decidía cuando quería estar con él, cuando no era así y Germán trataba de acercársele, Viridiana, le decía que no molestara o que se fuera a dormir a otra parte, que no quería ni que la tocara porque no estaba de humor.

Capítulo 3 Las Consecuencias

Viridiana, conocía el verdadero sentir de Germán, y no le importaba para ella sólo existía una cosa importante en el mundo: ¡Viridiana Montero! Así que llegó hasta el carro donde la esperaba Javier, y se subió en él, con el porte de una reina, con movimientos firmes, suaves y llenos de sensualidad.

Javier, la observó por un momento, no podía negar que era muy hermosa y que tenía una personalidad que cautivaba, además el tener a una hija le había sentado bien, su cuerpo había embarnecido un poco haciéndola más voluptuosa, más cautivante, más sensual, sólo que, en Javier, ya no despertaba esa pasión con la que lo sedujera hacía varios años, mientras estudiaban en la universidad.

Llegaron a la casa en donde se llevaría a cabo la reunión de ex alumnos y de inmediato saludaron a los amigos, la mayoría de los presentes se conocían, habían estudiado en la misma facultad, incluso, muchos en el mismo grupo, y establecieron nexos que todavía los mantenían unidos.

Viridiana, sintió la admiración y la envidia con la que la recibieron algunas de sus amigas, en ninguna de ellas había una verdadera simpatía por verla, no existía una sola de ellas, que la estimara con sinceridad, aunque eso no le importaba, mientras la admiraran, la envidiaran y le temieran todo estaba bien, después de todo ella era la mejor y tenía que demostrarlo a cada momento.

Con la mirada buscó a Estela, sabía que no se perdería esa reunión por nada, y de pronto la vio, sonriendo con mucha alegría, estaba con otras de las compañeras, los ojos de ambas se encontraron y la pelirroja sonrió con burla para luego levantar su copa como si brindara con ella.

Los ojos de Viridiana, se endurecieron de coraje y rabia, hubiera querido caminar hasta ella y ponerla en su lugar, aunque, no deseaba armar ningún escándalo que les arruinara la fiesta a todos.

Siguió saludando y conviviendo con los que le hacían alguna pregunta, con los que elogiaban su ropa o sus joyas, no faltaba la que hablaba de sus elegantes zapatos y cuando le decían que se veía mejor que nunca después de tener a su hija sonreía complaciente halagada en lo más grande de su vanidad.

Las horas transcurrieron entre brindis, platicas y bailes, de pronto ya no vio a Javier, entre los invitados, con la mirada volvió a buscar a Estela, y tampoco la encontró, de manera disimulada comenzó a caminar por la casa tratando de hallarlos, sólo que, no podía localizar a ninguno.

El coraje comenzó a invadirla, sabía que podían estar juntos, aunque no estaba segura, no quería creer que las palabras de Estela, fueran ciertas y que Javier, prefería a la pelirroja que, a ella, eso era algo inconcebible, jamás podría haber un hombre que prefiriera estar con su amiga que con ella.

Viridiana, ya había brindado varias veces con todos y cada uno de los amigos que conocía, ya se sentía muy mareada por el licor, aunque eso no le quitaba el coraje que sentía, el solo pensar que esos dos pudieran estar juntos, era más que suficiente para sacarla de sus casillas.

Caminaba hacia el inicio de las escaleras para subir a las recámaras, era el lugar más idóneo para llevar a cabo su traición, fue entonces cuando recibió el primer mensaje de texto de Estela, en su celular:

-¡Estoy gozando mucho de la verdadera pasión...! Te juro que jamás en tu vida vas a gozar tanto como yo en este momento... eres demasiado arrogante para eso... ¿sabes con quién estoy?

Viridiana hizo un esfuerzo supremo por no correr hacia las escaleras y subir a buscarlos hasta que pudiera dar con ellos en donde quiera que, ellos estuvieran engañándola.

La detuvo el miedo que sintió de hacer el ridículo ante todos, ¿y si no estaban en la casa? ¿y si todo era parte de algún plan de Estela, para hacerla enojar y quedara en ridículo frente a todos?

Se preguntaba tratando de encontrar una respuesta que la satisficiera, aunque por el licor ingerido y el coraje que la invadía, su mente no coordinaba bien, no la dejaba analizar las cosas con frialdad.

No quiso arriesgarse a un ridículo así que no contestó el mensaje, no sabía que decir en ese momento. Se detuvo un momento y respiro profundo, el teléfono vibró y sonó, otro mensaje de texto:

-¿Eres tan imbécil que no adivinas que estoy con Javier? Tú mejor que nadie sabes que es incansable y que además tiene mucho ingenio cuando se trata de hacerla feliz a una... Hmmm... rico...

-¡Siempre has sido una puta...! ¡Maldita...! ¡Te voy a matar y te haré cachitos para luego aventarle tus restos a los perros! A ver si no se vomitan con la clase de porquería que eres -respondió Viridiana, accionando las letras del teléfono lo más rápido que pudo, completamente fuera de sí.

-Me voy a morir, sí, sólo que, de pasión, de placer, de lujuria, Javier, es increíble y le gusta mucho disfrutar conmigo... ¿a qué contigo no es igual? Ya te lo dije, le das asco... por gorda y deforme... -fue el otro mensaje que Estela, le envió, sabiendo que con eso atacaba su gran vanidad.

-¡Puta...! Donde te encuentre te mueres... yo no estoy gorda y mucho menos deforme... soy más mujer que tú en todos los terrenos y cuando quieras te lo demuestro -respondió Viridiana, fuera de sí.

-No tienes que buscar mucho, estoy en la recámara principal con Javier, si quieres ver como goza él sin poner cara de guácala... y sin contener el vómito... ven y compruébalo por ti misma.

-¡Ramera...! ¡Te juro que te vas a arrepentir hasta de haber nacido! Ya no te soporto... quisiera verte muerta y bailar sobre tu cadáver, infeliz... perra... buscona... -respondió Viridiana, ya enloquecida por completo y dispuesta a darle una paliza a aquella que la ofendía de esa manera.

Sin detenerse a pensar en nada más que en sacar su coraje y su frustración, subió las escaleras a toda prisa, tropezando un par de ocasiones por la borrachera que llevaba, caminó a la recámara principal y entró sin llamar a la puerta, ahí estaba la pelirroja, en una coqueta ropa interior de lencería y con los brazos en jarra en una actitud retadora y con una mueca de desprecio.

-No quise dispararle... la verdad es que no era mi intención matarla... tan sólo quería darle una cachetiza para que me pidiera perdón -pensaba Viridiana, recostada en su cama del hospital.

Todo aquello le parecía tan absurdo y tan confuso que no entendía bien como se fueron dando las cosas, cómo fue que llegó al punto de asesinarla a sangre fría, ¿por qué jaló el gatillo del arma?

Horas más tarde, el CEO de la constructora, Ernesto Montero, su padre, consiguió un permiso para poder verla y hablar con ella en el cuarto del hospital, quería saber en qué estado se encontraba su única hija y escuchar en sus palabras lo que había sucedido esa noche.

Viridiana, nunca lo había visto tan preocupado y acongojado, como en ese momento, parecía haber envejecido de golpe, tenía ojeras y bolsas bajo los ojos y aunque no perdía su porte altivo y determinado se veía con toda claridad que la estaba pasando muy mal.

Viridiana, le contó parte de lo sucedido ocultándole lo de su aventura con Javier, y lo que este había hecho en la empresa, le dijo que Estela, la había ofendido y la había agredido con un cuchillo, que temió por su vida y por eso tuvo que dispararle en defensa de su vida.

El empresario la escuchó en silencio hasta que ella terminó de hablar, su mente, analítica y fría para los negocios, le permitía plantearse un amplio panorama sobre lo que estaba escuchando.

-En la recámara no se encontró ningún cuchillo. Los mensajes en tu celular sólo eran de ti hacia ella, en ellos la amenazabas con matarla y hacerla pedacitos... decías que querías verla muerta para bailar sobre su cadáver... ¿hay algo que no me hayas dicho, hija? -preguntó su padre con un gesto de visible preocupación sobre todo al ver que ella había palidecido ante sus palabras.

-Te he dicho todo lo que pasó, alguien debió haber tomado el cuchillo, no puede ser que no lo encuentren, estoy segura de que lo vi en su mano derecha y se acercaba a mí para hacerme daño, no tengo por qué mentir sobre una cosa como esa... tienes que creerme papá... esa es toda la verdad y no hay otra, en serio... -insistió Viridiana tratando de mantener la compostura.

-No te preocupes... ya veremos lo que hacemos -dijo suspirando con resignación- voy a tratar de conseguirte al mejor abogado que pueda encontrar, para sacarte de este lío en el que te has metido. En unos minutos te van a trasladar a la Agencia del Ministerio Público, no rindas tu declaración hasta que no llegue tu abogado, recuérdalo... no hables con nadie sin asesoría legal.

-¿En quién has pensado... en Víctor García para que lleve mi caso? -preguntó ella con curiosidad.

-Sí, es el mejor penalista que conozco y en el que puedo confiar, sólo que, no está en México y no tienen idea de cuándo va a regresar, yo creo que voy a hablar con Héctor Saldaña, aunque es de los más caros es tan bueno como García, incluso lo ha superado en un par de ocasiones -respondió Ernesto, tratando de mostrarse confiado, no quería que ella lo viera asustado y titubeante.

-La verdad es que, no creo que pueda hacer gran cosa por mí, ni él, ni ningún otro abogado, todo está en mi contra, tienen pruebas, huellas, mi presencia en el lugar de los hechos...

-No te preocupes ni te atormentes pensando en eso, algo encontraremos que pueda servir para tu defensa, ya lo verás... Afuera está Germán, quiere hablar contigo.

-¿Javier, también está afuera? -preguntó interesada con sinceridad.

-No, no he sabido nada de él, traté de localizarlo por teléfono, aunque no me contesta, ojalá y que pronto se ponga en contacto conmigo, lo necesito para que haga algunas gestiones de la oficina, por eso fue que lo he estado llamando... ¿qué le digo a tu esposo?

-Hazlo pasar, por favor, tengo algunas cosas que decirle y... gracias papá, de verdad... gracias...

-¿Por qué, mi amor?

-Por estar aquí conmigo por... -Viridiana ya no pudo hablar, los sollozos ahogaron sus palabras y se abrazó a don Ernesto, con todo el amor que sentía por él- por estar a mi lado y apoyarme en todo este problema en el que me he metido por impulsiva y arrebatada -terminó sollozando.

El empresario le correspondió al abrazo y le dio un beso en la frente, sintiendo que su corazón se partía en pedazos, nunca habría imaginado ver a su única hija en aquella situación tan delicada y sobre todo tan complicada, como ella decía, todo estaba en su contra y si la declaraban culpable, pasaría muchos años en prisión y entonces sí, no podría hacer nada por ayudarla.

La quería más que a su propia vida y aunque sabía que la había educado caprichosa, voluntariosa, arrogante y altanera, siempre procuraba disculpar sus impulsivas actitudes.

Al fin y al cabo, era su única hija, su única compañía, ya que él había enviudado hacía diez años y desde entonces Viridiana, y él se volvieron inseparables, incluso ella estudió leyes para trabajar a su lado, para seguir sus pasos y apoyarlo en todo momento.

-Tengo que ir a ver a unos inversionistas a Japón, tú sabes que es un viaje que ya estaba programado desde hace dos meses por lo que no podemos cancelarlo... lo más seguro es que, estaré fuera unas tres semanas, no quiero que te preocupes por nada, voy a dejar instrucciones precisas y contundentes para que cuentes con todo el apoyo necesario y que no te haga falta nada.

Intentaré regresar lo antes posible y ya no me moveré de tu lado hasta que toda esta pesadilla termine, te lo prometo tú sólo trata de ser fuerte y no te desesperes -le dijo Montero, después de haber estado abrazado a ella por unos minutos y separándose de la persona que más amaba en el mundo.

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