"Aquí mismo lo dice, Rachel te vas a casar"
Tessa, no podía creer que su amado padre, volviera a cometer el mismo y absurdo error de arreglar un matrimonio con la segunda de sus hijas, pero lo que le resultaba más difícil de creer era que Rachel, lo aceptara. -"Estas loca." -le dijo a su hermana soltando un suspiro de resignación, observando como Rachel danzaba tontamente en el medio del salón. -¿Puedes creerlo abuela? "Es teniente" -repetía una y otra vez moviendo el cuerpo, tarareando la melodía de un vals de bodas.
Antonieta le sonrió abiertamente a su nieta y le siguió la corriente al compás del tarareo. Tessa estaba indignada "¿Acaso no se escuchaba? "Es Teniente" "es teniente" repetía una voz que pasaba por su mente. "¿Qué diferencia había?", la iban a casar con un hombre, al que a penas por una carta conocía.
-¡¿Te estas escuchando?!, ¿Qué tiene de maravilloso que sea Teniente?" -se quejó Tessa frunciendo el ceño. -No porque tenga un rango y provenga de una buena familia quiere decir que sea un hombre honorable. ¡Quién sabe!, incluso es posible que nuestro padre este equivocado y aquel sujeto sea un patán vanidoso.
La palabras de Tessa irritaron a Rachel y su respuesta no se tardó en escuchar:
-Puedo entender que tú, mi querida hermana quieras continuar llevando esta clase de vida humilde, simple y aburrida. Yo no, no quiero eso para mí, quiero más. Quiero ser la dama del Teniente, la esposa que toda mujer en este pueblo envidie. Después de todo ¿Qué tiene de malo casarse con un hombre rico? Amber lo hizo y no la acusas de nada como lo haces conmigo.
-Rachel no comiences, tu hermana no está aquí para defenderse -le amonesto Don Benito oyendo por casualidad la conversación, cuando paso de la sala del comedor a la cocina. Rachel se encogió de hombros y soltó una risilla traviesa, no esperaba ser reprendida por su abuelo.
-¿Sabes qué?, olvídalo. Esta conversación no nos llevara a ningún sitio. -expreso Tessa con fastidio, no podía creer que su hermana sea una persona tan superficial.
-Nada que puedas decir hoy arruinara este día. -alegó Rachel mientras diferentes pensamientos de una vida rica, llena de lujos y elegantes vestidos invadían su mente.
Tessa acomodo su postura y miro con desconfianza la carta que su abuela había dejado sobre la mesa. Una gota fría de sudor recorrió su mejilla, pero se armó de valentía y la leyó para asegurarse de que su padre no pretendiera hacer lo mismo con ella. Soltó un suspiro de alivio cuando comprobó que solo Rachel iba a ser desposada.
-"Tranquila cariño, no he omitido nada" -soltó con un dejo de empatía su abuela Antonieta. Ella como todos en la casa, conocían que Tessa prefería entregar su vida al noviciado antes que aceptar un matrimonio arreglado. Si, Tessa aborrecía que el único fin de conservar su decencia, crear una familia y perpetuar un apellido en el tiempo sea solo de esta manera.
-Lo siento abuela, vivo paranoica... - admitió Tess desanimada. -Últimamente en lo único que pienso es que George querrá casarme.
-¿Por qué piensas en eso querida? -consulto Antonieta tomando lugar a su lado.
-¿Cuánto tiempo más podre oponerme? -susurro por lo bajo con una voz inquieta y temblorosa. -No importa cuánto me niegue, algún día mi padre me ultimara como lo hizo con Amber y Rachel.
-¿Alguna vez te conté como saboteé mi primer arreglo matrimonial?
-¿Tu primer arreglo matrimonial? ¿De verdad hiciste eso abuela? -consulto Tessa asombrada. Rachel al escucharla, dejo de danzar y se arrimó a la mesa parando la oreja.
-Si. Tenía tu misma edad cuando hice un voto solemne de castidad. Me negaba a que tu bisabuelo me casara con un desconocido.
-¿Cómo es posible que hayas hecho eso abuela? -Le consulto Rachel sumándose a la conversación. -¡Cuéntanos! ¿Qué dijo la familia de tu pretendiente? ¿Se enojaron mucho? - indagó con un aire burlón.
-"Fue todo un escándalo querida". -dijo Benito asomándose por el corredor - El día de la celebración, su abuela no tuvo mejor idea que decirle al sacerdote que deseaba ser novicia para impedir que se llevara a cabo la ceremonia.
-¿Cómo sabes eso abuelo? - Consulto Tessa sonriéndose por la situación.
-Yo era el prometido. -revelo con una sonrisa tomando sus anteojos del viejo aparador.
-Pero ... ¿Cómo lograste que se casara contigo?
-Esa es otra historia Rachel. -respondió Benito besando la frente de su esposa y retornando de nuevo para la sala conjunta. -¡Cuéntame abuelo! -insistió Rachel siguiendo sus pasos.
-No creas que no puedo entenderte Tessa. -dijo Antonieta observando marchar a su esposo. -A veces solemos ser tan obstinados que no vemos las buenas cosas que nos ofrece la vida.
-Tu caso es excepcional abuela- espeto Tess con desencanto.
-Lo sé. Soy una mujer afortunada -admitió tomándola de la mano-Solo, cuando llegue el momento, has lo que dicte tu conciencia. ¿De acuerdo?
Tessa se mostró de acuerdo con sus palabras, pero... ¿Acaso intentaba mostrarle el camino a espaldas de su padre? Pensó en silencio.
Los días continuaron transcurriendo en Artegas, una pequeña localidad en el estado monárquico de Genar, situado a orillas del atlántico sur. A pesar de sus dimensiones, Artegas había sido un lugar muy codiciado por sus recursos naturales, principalmente por la monarquía Verterriana, de la cual fue foco de invasión durante años.
Asimismo se rumoreaba que el Rey, Casimiro Segundo, había tenido una relación prohibida con la realeza Verterriana, razón por la que se sospechaba que el monarca cedió tierras mediante un tratado de paz, para ocultar la existencia de un hijo bastardo...Genar estaba condenado, y los días inevitablemente contados.
Los días de armonía para los ciudadanos Arteganos acabaron desde entonces.
Por disposición del Rey, la población fue dividida en dos clases sociales diferentes. Los soldados Garratenienses con ascendencia Verterriana, subordinaban las diferentes localidades del estado, entre ellos los Arteganos, que no podían rehusarse ya que ello estaba penado con la muerte.
Una nación divida, dejaba entrever que solo los ciudadanos Garratenienses podían acumular bienes o dinero por derecho reclamando las mejores tierras. Trabajar para un Garrateniense o casarse con uno de ellos, era la única manera de asegurarle a las mujeres Arteganas un lugar en la clase media acomodada, o en el mejor de los casos, un lugar en la alta sociedad.
Rachel soñaba con convertirse en una de ellas, como su hermana Amber, que desde el momento que contrajo matrimonio con un Sargento Artegano, su vida estaba estrechamente vinculada al entretenimiento y el disfrute al aire libre. Rachel no quería ser menos que ella, estaba feliz que su futuro esposo tuviera un rango mayor que el de su cuñado.
El tan esperado día llego, las tres mujeres de la casa se dividieron los quehaceres temprano en la alborada. Don Benito, el abuelo de las muchachas, se retiró con un paso tranquilo y lento hasta el puerto, para recibir personalmente a su yerno.
En horas del mediodía, Tessa acomodaba los últimos preparativos sobre la mesa, cuando acabo con eso, recordó un detalle importante. Su padre amaba el aroma a jazmín al ingresar a la casa, su difunta madre solía darle la bienvenida colocando un ramo en cada ocasión que el regresaba. Impulsada por complacerlo salió al patio trasero y corto delicadamente un pequeño ramo, de regreso se situó a un lado de la puerta y junto al aparador remplazo las viejas flores del florero por las nuevas.
Fue cerca de otro trecho, que el sonido del timbre corrompió el silencio dentro de la propiedad. Todas se mostraron emocionadas, principalmente Rachel que se asomó a la ventana. Expectante, no perdió de vista el carruaje lujoso que se estaciono en el acceso principal y soltó una carcajada cuando oyó a los vecinos cuchichear:
"Regreso el General". Rachel agitada por la presencia solemne del Teniente se dio la vuelta y avanzo hasta el centro de la sala acomodándose el fleco nerviosamente.
-Abuela... -susurro deteniendo a Antonieta a medio camino. -¿Cómo luzco? ¿Me veo bien? -Indago con un gesto de inquietud.
-Te ves hermosamente malvada - embromo Tessa palmándole el hombro de forma optimista. Puede que ella no estuviera de acuerdo con el pensamiento de su hermana, pero no significaba que le deseara una vida miserable. Rachel soltó un suspiro de alivio y le dedico una amplia sonrisa por intentar calmarla.
Antonieta armonizo los dichos de su nieta con una mueca y sin perder tiempo retomo el paso a la entrada principal. Las jóvenes aguardaron el ingreso de los hombres expectantes en la sala, el corazón de Tessa exploto de júbilo cuando identifico la voz de su padre saludar a su abuela.
En un abrir y cerrar de ojos, Tessa se encontró observando dos pares de zapatos; nuevos, lustrados y costosos. Alzo la vista paulatinamente, los ojos profundos y bondadosos de George se posaron en los suyos con una sonrisa abierta. Su rostro se ilumino a la misma vez que se dejó rodear en sus cálidos brazos, dio gracias a dios por tenerlo de vuelta.
-Bienvenido papa... -susurro con un hilo de voz, se limito a llorar.
-Que gusto verte cariño, has crecido tanto -dijo George tomándola de la mano y haciéndola girar sobre su mismo eje, como cuando era pequeña. -luces hermosa.
-Gracias papa. -expreso con una sonrisa, que desafortunadamente se perdió en cuestión de segundos. Tan pronto como se apartó de George, noto que a su lado había un hombre buenmozo, esbelto, de cabello castaño y ojos color avellana con un uniforme diferente al de su padre.
Rachel estaba encantada, el sujeto que se presentaba caballerosamente "era un Garrateniense", y Tessa sin ninguna duda lo desaprobaba.
-Tess...por favor -le advirtió Don Benito con un gesto de ojos que cambie la cara. El anciano, reconoció de inmediato la mala actitud de su nieta. Tessa obedeció tensando la mandíbula, no podía controlar los malos pensamientos que fluían en su cabeza ¿Cómo era posible que esta clase de hombre tenga el privilegio de desposar a una integrante de su familia? ¿Acaso su padre había perdido la cabeza? Con mucha dificultad se mantuvo en silencio, observando como Rachel coquetamente se presentaba. Tessa no tenía intenciones de darle la bienvenida, pero era consciente que negarse a ello le causaría muchos problemas.
Resignada respiro hondo cuando el joven hombre se dio la vuelta, sonrió forzadamente pero sus ojos fríos no podían ocultar la humillación que sentía.
-Mucho gusto, Tessa Martínez. - expreso forzando la voz, dando por culminado su gesto de buenos modales, sin embargo, el imperceptible toque de pulgar que Don Benito le dio en la espalda la obligo a inclinar levemente la cabeza, tomar los dos extremos de su vestido y flexionar las rodillas en modo de reverencia.
-Buenos días, señorita -expresó el hombre recogiendo una de sus manos tomándola desprevenida-Teniente coronel, Donato Amadeo Beltrán. Mucho gusto. - expuso mirándola a los ojos con un beso suave y delicado en el dorso de su mano.
...
El almuerzo de bienvenida fue incómodo para Tessa, la idea de compartir la mesa con un Garrateniense le revolvía las entrañas. Mientras la comida era servida, ella se retiró un momento y se fregó las manos con jabón en la cocina, la sensación de repulsión por aquel beso, todavía la invadía. De regreso a la sala se disculpó por la demora y tomo lugar cerca de su padre, a un lado de su abuela, quien aguardo paciente su llegada para bendecir la mesa.
-Cuéntenos, Teniente ¿Qué le parece el lugar? -Consulto Don Benito después de rezar.
-Es un lugar magnifico señor -dijo colocando los cubiertos a un lado del plato-No recordaba esta parte de Genar.
-Lo dice como si como si no conociera su propia Nación Teniente. -manifestó Tessa en el doble sentido, asumiendo que sus privilegios eran diferentes a los suyos. Antonieta capto de inmediato su provocación y le dio un puntapié debajo de la mesa. Tessa contrajo la mandíbula ahogando un chillido de dolor.
-De hecho el Teniente Donato fue lugareño del lugar mi querida Tess. -acoto George cortando una pequeña porción del jugoso filete que tenía en el plato. Ella miro a su padre fijamente intentando mostrar interés en sus palabras, sin embargo sus ojos no acompañaban el gesto mentiroso de su boca "Una sonrisa falsa". -Su rostro -prosiguió George -¿No te es familiar mi querida Tessa?
-No padre -declaro firme pero con educación.
-¿Porque debería serlo? - interrumpió Rachel fastidiosa ante la idea de que su prometido sea relacionado en el futuro con su hermana.
-Victoria Steverman -pronuncio George con un gesto formal. Tessa trago grueso, le basto con oír el nombre de su patrona, para darse cuenta del parentesco a fin que había entre ellos. -La señora Steverman es la abuela del Teniente. - declaro el general.
-¿La señora Steverman? ¿La patrona de mamá?
-La misma Rachel -asintió George.
-Entonces, ¿Conoció a mi madre Teniente?
-Si, tuve el placer de conocerla cuando adquirí la mansión Guerre d´ Amour. Aunque le confieso que fueron pocas las ocasiones que he pasado en la propiedad y que tuve el agrado de conversar con ella. -Rachel abrió grandes los ojos, la vivienda que anunciaba Donato, se ubicaba en un elegante barrio en el centro de la cuidad, solo las personas de prestigio podían vivir en esa ubicación. Rachel no podía sentirse más afortunada, al fin saldría de los barrios bajos y tomaría el lugar que le correspondía en la alta sociedad.
-Esta noche, la señora Steverman conmemorara nuestro regreso con una celebración especial. Prepárense, hoy asistiremos todos -anuncio el General fijando su mirada en la menor de sus hijas- Incluida tu Tessa.
-Sepa disculparme padre - dijo Tess pasándose la servilleta por la boca -Pero la señora no me ha mencionado que tuviera la noche libre. - hacia poco más de una semana Tessa había sido asignada en una nueva mansión y la señora Steverman le había requerido que prestara sus servicios esta noche, ciertamente no la entusiasmaba, era consciente que esta celebración implicaba servir a personas que ella abominaba. Entre ellas, la señora Beltrán una mujer extremadamente fina y odiosa, nuera de Victoria.
-No debe preocuparse señorita -dijo Donato levantando su copa con elegancia- Como dueño de la propiedad, estoy en posición de anunciarle que no debe presentarse a trabajar. -Tess lo observo manteniendo su expresión seria y asintiendo con la cabeza, ¿Qué otra cosa podía ser peor, que trabajar para este hombre dentro de la mansión? Pensó.
Algunas horas después en la noche, la familia viajo al centro de Genar para participar del evento. Rachel y Tessa quedaron sorprendidas por los elegantes carruajes y la muchedumbre de personas que convoco el evento. Rachel pudo jactarse, que el elegante vestido que le había obsequiado su padre no desmerecía a ninguno otro que otra dama llevara puesto. George se había asegurado de que ninguna de sus hijas desentonase con el resto.
-Observa Tessa -susurro Rachel en su oído- "Soldados Garratenienses" tal vez entre tantos, exista algún pobre, aburrido y humilde desalmado que esté dispuesto a tomarte como esposa - se burló.
-Que la boca se te haga a un lado querida. - respondió de inmediato Tessa quien se contuvo de golpearla por augurar un mal. Rachel presto atención como la mano de su hermana se empuño con firmeza, supo que debía apresurase en bajar. Sujeto la mano de su padre y camino del brazo junto con él, en tanto Tessa se mantuvo a una distancia considerable observando como Benito descendía con lentitud, escalón por escalón.
-Adelántate cariño, en algunos minutos los alcanzamos. -dijo Benito tomando la mano de su esposa evitando que tropezara con el escalón de la carroza. Tess negó con la cabeza.
-No abuelo, me siento a gusto aquí con ustedes. - Antonieta y él se sonrieron el uno al otro, pudieron darse cuenta de que Tess no deseaba llamar la atención.
Una vez que se aproximaron hasta la fachada exterior, subiendo por las escaleras, Tessa se encogió de hombros presionada por las miradas que se posaban sobre ella. Irónicas, serias y especialmente de mal gusto, provenían en su mayoría de las mujeres que susurraban el parecido que tenía con la sirvienta.
-"No es posible Lady Rosy" -soltó una mujer de mediana edad a sus espaldas- "Una jovencita de su categoría está limitada por los estatutos del monarca a esta clase de eventos". ¡Imagínese!, una criada Artegana arreglada como una dama de clase, no, Steverman no permitiría tal cosa. - cerro con convicción.
En ese justo momento, ignorando las malas lenguas a espaldas de sus abuelos, Rachel alardeaba con la cabeza en alto y el cuello estirado el recibimiento honorable con el cual fue recibido George, "Su gran valor en combate y las vidas Garratenienses que había salvado", no eran un detalle menor. Los ojos de Rachel desprendieron un gran destello, finalmente en la entrada principal fueron recibidos ceremonialmente por el dueño de la mansión: El teniente Donato.
-Sean bienvenidos -expreso cordialmente.
-No podíamos dejar de asistir Teniente, nos complace que nos haya invitado. -dijo Rachel tomando los bordes de su vestido con una reverencia.
-Teniente - aprobó George parabién con un gesto ascendente de cabeza.
-Pasen por favor, en un momento estoy con ustedes. -expreso Donato abriéndose paso por las escalinatas. Rachel quedo anonadada, el Teniente se apartó un instante de ellos para escoltar en persona a sus abuelos. Esto llamo la atención de los presentes que aguardaban su ingreso dentro de la propiedad, y las preguntas no se tardaron en escuchar:
¿Quiénes son?, ¿Por qué sus compatriotas alababan a un General Arteniense? ¿Acaso les permitirían el acceso a los demás? ¿Cuántos más como él había en el lugar?
Los pómulos de Tessa comenzaron a acalorarse, no solo por los comentarios, sino por la presencia de Donato que de pronto se apareció frente a ellos.
-Buenas noches- se anunció en general, sin tener que referirse a ninguno en especial.
-Muchas gracias por la invitación joven Donato -dijo Benito tan pronto se posiciono a su lado-Sepa disculparnos por nuestra lentitud, como podrá observar, hemos perdido la prisa con los años- Donato se sonrió de forma encantadora, Tessa sintió fuego emerger de sus mejillas, no esperaba verlo sonreír abiertamente frente a personas poderosas.
-El tiempo siempre será honorable en compañía de una bella esposa. No hay prisa, si me lo permite caminare a su lado. -Benito y Antonieta consintieron alegremente y Tess, cabizbaja se hizo a un lado para darle espacio.
-Señorita Tessa, me complace que haya decido acompañarnos - expreso Donato con un tono de voz que detonaba sarcasmo. Él estaba al corriente que Tess por alguna razón lo odiaba y no estaba dispuesto a dejar pasar más de esta noche en averiguarlo.
Tessa tomo una respiración profunda y le dedico una sonrisa falsa por encima del hombro -El placer es todo mío "Teniente"- entono mordazmente.
Transitando entre la gente, los rumores no tardaron en acrecentarse. Paso a paso Tessa no pudo hacer oídos sordos a los cuchicheos, "Rachel era por mayoría, el rumor de mayor escándalo".
-Se dice que el joven Donato presentara en sociedad a su prometida - anuncio una dama, aventándose el abanico por la cara.
-He escuchado que es una joven hermosa y sensual -dijo otra con una mueca estirada.
-Yo he oído que es una jovencita de estatus privilegiado, muy adinerada y cortejada por los hombres. Pero claro, su familia no perdió la oportunidad de hacerse más rica concediéndola en matrimonio con el teniente Donato. -menciono una muchacha desencantada. Tess rodo los ojos decepcionada, a excepción de la incuestionable belleza de Rachel, nada de lo que hablaban era cierto.
Algunos minutos después, llegados a la mesa principal Donato advirtió que sus padres platicaban animadamente con el General y Rachel. En tanto los hombres conversaban de asuntos de estado, su madre como de costumbre, se ocupó de explicarle a su prometida la dinastía familiar ilustrada en los valiosos cuadros que decoraban el salón.
-"Mi hijo y tú serán el de mayor valor" -expreso con emoción. El contraste de tanto lujo embriago a Rachel que pudo imaginarse ilustrada por un pintor sofisticado en un cuadro de gran tamaño, pero además, lo que le causaba mayor emoción era demostrarle a Amber, que ahora no solo ella podía ostentar su fina porcelana, los adornos de plata y su valiosa mansión. Ahora ella estaría a la altura, siendo parte de un linaje que su hermana mayor jamás alcanzaría.
-Padre, madre -se anunció Donato -Permítanme presentarles al resto de la familia.
-"Tessa" - expreso la señora Beltrán sin simular su asombro por la sirvienta -"Mírate jovencita, eres toda una dama". En la cuenta de tres segundos, Tessa tomo una gran bocanada de aire y sonrió con frialdad. Después de todo ¿Qué más de esta mujer podía esperar?