Capitulo 1
NARRA JADE.........
Bebo una gran taza de chocolate caliente mientras miro el paisaje francés por la ventana de lo que durante 10 años fue mi cárcel, odiaba los barrotes con lo que pretendían retener el poder femenino de las mujeres del mañana, un internado de señoritas de buenas familias que diversos motivos dañaban el buen nombre de sus apellidos de abolengo que solo se exaltaban en la sociedad como si estos fueran una mina de riquezas, desde el primer momento que llegue aquí siendo tan solo una niña la primera pregunta que escuche fue ¿ de dónde viene tu apellido Stevenson?, creo que era un apellido por demás normal y común como los miles de ciudadanos que se mueren de hambre en las esquinas de las lujosas ciudades donde provenían las demás, y es que mi apellido no tenía alcurnia o abolengo, mi madre era una simple secretaria que poso sus ojos muy alto.
Mi nombre es Jade Stevenson, tengo 18 años y soy la joven más normal del mundo, rubia de ojos azules, de tez blanca y sin ninguna distinción más que ser la rebelde del grupo, algunas veces las monjas de internado hablaban de la posibilidad de hacerme un exorcismo pero creo que sabían que el diablo tendría que pedirle ayuda a Jesús y sacar mis demonios en su nombre, si ya sé que suena a blasfemia pero no creo en Dios, me quito a mi madre y me inundo en una terrible soledad que hasta hoy no proceso.
Marian era el nombre de mi madre, ella fue abandonada por papá siendo muy joven, no lo conocí y no quería conocerlo, aunque era una niña de 7 años apreciaba ver como mi madre se esforzaba en mil empleos mal pagos por darme todo lo que yo necesitaba, por fin una puerta se abría en medio de la oscuridad de nuestro pequeño departamento húmedo en los suburbios de la ciudad de Nueva York, ella consiguió un trabajo por demás bien pago, allí se enamoró de Jonathan Carpenter el empresario de modas más importante de la ciudad y que en pocos meses se convertiría en mi padrastro, lo odiaba por quitarme el cariño de mamá, odiaba sus reglas y en especial odiaba a mi hermanastro Sam Carpenter.
Estaba rodeada de lujos que jamás imagine pero solo quería mi vida de antes, este dolor se prolongó por un año más de eterna felicidad para mi madre.
Ese día aun lo recuerdo como si estuviera arraigado en lo más profundo de mi zona occipital, mi madre no llego a dormir aquella noche ni los días siguientes, la casa se llenó de policías y su imagen aparecía en los cientos de diarios que circulan en la ciudad, la tierra se la había devorado, estaba sola conviviendo con un niño de mi edad y verdaderamente insoportable, mi padrastro aquel hombre severo sentía real odio por mí, yo era una carga no tenía su sangre y debía permanecer en su casa, decidí agarrar mis cosas que no eran muchas para una niña de 8 años, un poco de ropa, mis juguetes en especial una Barbie edición cascanueces, el ultimo regalo de navidad que mamá había traído para mi, bueno, en aquella época pensaba que era santa y en verdad esa muñeca se volvió mi única amiga, agarre algo de mi cochinito de ahorros y escape de aquella lujosa mansión a la casa de las amigas de mamá en los suburbios el lugar que nunca debimos dejar, ellas me recibieron con agrado mientras yo lloraba su ausencia, dos días después Jonathan llego con la policía, nunca supe si mi acto genero algún problema en aquellas buenas mujeres solo sé que yo fui enviada lejos del país a este internado que odio cada día de mi vida.
Me quedo dormida mientras una lagrima cae de mi mejilla y la limpio rápidamente, tengo la reputación de ser Chucky en este lugar y gracias a eso las hijas bully de los hombres más ricos del mundo solo me ven a lo lejos como un bicho con el que no deben meterse, desde ese primer momento que llegue quisieron quebrantar mi alma pero jamás lo permití, mi madre me enseñó a ser más fuerte que las circunstancias y eso haría a pesar de este encierro que me asfixiaba.
Muy temprano los rayos del sol que entran por la ventana son los que me despiertan después de un largo día de clases sin sentido, nunca entendí como encontrar la tangente me serviría para la vida cotidiana, ¡feliz cumpleaños!- Escucho un grito, abro mis ojos sorprendida y veo a Laura y Samanta mis dos mejores amigas con un pequeño cupcakes y un cerillo como vela celebrando mi último cumpleaños en este lugar – Pide un deseo- sonríe Samanta esperando alguna broma de mi parte pero pido lo que todos los años, volver a ver a mi madre.
Me baño, en un ultimo acto de rebeldía no me coloco el uniforme católico y horrible del internado, me dirijo a la oficina de la madre superiora que se escandaliza con mi vestuario atrevido de short y top -¡¿Qué haces vestida así?!- grita furica mientras su rostro se torna rojizo.
- Porque soy libre desde hoy, así que puede meterse sus reglas por donde mejor le quepan – soy consciente que mi altanería puede ser grosera pero esta mujer me hizo la vida imposible durante mi estadía, llegue a pesar que mi flamante padrastro había pagado para romper mi alma, la anciana todos los días me recriminaba delante de mis compañeras mi actuar, era ese virus que ella quería eliminar sin embargo nunca me expulso.
- No te puedes ir hasta que tu padre no lo autorice – intento mantener la cordura escribiendo en su largo libro de quejas al que llamaba Diario de campo, solo un simple libro para criticar cada aspecto de la vida de sus estudiantes.
- Padrastro- aclare – Desde las doce con un segundo el ya no tiene autoridad sobre mí, me deja ir o la denunciare por secuestro – la amenace firme, creo que ella sabía por mi mirada que no estaba para rodeos, en verdad estaba dispuesta a matar y comer del muerto si era necesario para salir de ese manicomio.
-¿qué harás? No tienes dinero – me dijo levantándose de su magistral silla de cuero acolchonado.
- eso ya no le importa, deme mis papeles y déjeme ir ahora – extendí la mano esperando que cediera.
La mujer no tuvo más opción que temblorosa buscar en los archivos mis documentos y entregármelos, era el primer paso de mi lista de deseos en mi cumpleaños 18.
Me despedí de mis amigas, algunas me regalaron billetes para que subsistiera, la verdad es que desde los 8 años tenía un negocio ilícito de venta de exámenes, los respondía y pasaba las respuestas, ese dinero lo ahorre para este día.
Me dirigí al aeropuerto y pague un pasaje de regreso a casa, debía enfrentar a Jonathan, en dos semanas mi madre seria declarada oficialmente muerta después de 10 años de ausencia, ante la ley ella ya no aparecería tendría derecho a su parte de la herencia por ser esposa de ese hombre, con ese dinero quería buscarla, no me rendiría porque un papel la declarara muerta, ese no era un obstáculo para mí, gastaría todas mis energías hasta saber que había pasado y si Carpenter tenía un mínimo que ver lo acabaría.
Al pisar el suelo de Nueva York y sentir aquella brisa fría no pude evitar llorar, los recuerdos llegaban a mi cabeza con cada rincón que recorría de la ciudad, el short y el top que use como símbolo de rebeldía ante la madre superiora ya no era una gran idea, sentía que el frio me congelaba, tome un taxi y me dirigí a las oficinas de mi rival, el hombre que más había odiado en este mundo Jonathan Carpenter, mi padrastro.
Las oficinas de aquel grupo empresarial dedicado la moda, era unan oda a la oligarquía que tanto odiaba, si era algo izquierdista y el capitalismo se vomitaba en todo el lugar.
- vengo a ver a Jonathan Carpenter – me acerque a una de las mujeres de recepción, la mujer se rio burlona.
- no sea ilusa, si quiere hacer casting de modelo hable con el encargado pero máximo le darán trabajo de limpieza – se rio de mí, creo que nunca me había sentido humillada y quise golpearla y borrarle esa sonrisita burlona de su rostro.
-¿Jade? – escuche una voz familiar, un fuerte abrazo de Clara, la vicepresidente comercial de la empresa y gran amiga de mi mamá.
- ¡Clara!- grite emocionada, ella era una buena mujer que desde la desaparición de mamá estuvo allí para mi haciendo un poco más lenta la agonía de mi soledad.
-¿qué haces aquí? ¿No estabas en Francia?- pegunto sin salir de su asombro, ya era una mujer.
- Vine a hablar con él, en unos días el dinero de mamá pasara a mis manos – tome sus manos intentando tomar un poco más de fuerza para la conversación que venía, ella me abrazo y decidió llevarme hasta la oficina del CEO.
- ¿la conoce?- titubeo la recepcionista mientras yo regresaba la sonrisa burlona.
- es la hija del CEO Carpenter – dijo Clara con una mirada firme mientras tomaba mi mano, regrese la mirada aquella mujer que se ruborizo de inmediato.
-hijastra – aclare, imaginar que era hija de ese hombre me enervaba la piel.
Clara me ayudo a llegar a la oficina principal mirándome sorprendida –Cuando termines de hablar con el búscame en mi oficina – me dio un tierno beso en la mejilla.
Mi corazón temblaba y latía rápidamente al ver abrir esas dos grandes puertas de su oficina, años de sentimientos retenidos estaban a punto de explotar.
-¡¿Por qué dejaste el internado?!- exclamo mientras me daba la espalda mirando al gran ventanal de su habitación, estaba furioso lo sabía porque esa voz había acompañado mis pesadillas .
- es mi decisión ya soy mayor de edad, no tienes por qué meterte en mi vida- le recrimine altiva no estaba dispuesta a ser la niña tonta que él podía dominar.
Giro su silla, su rostro se tornaba rojo de la rabia, se levantó y coloco sus manos en el escritorio con impotencia, odia tener esta edad y tener pensamientos carnales, lo odiaba pero no podía negar que era un hombre muy guapo, sus ojos zafiro que se cubrían con unas enormes cejas dándole ese aspecto de virilidad, su quijada cuadrada y su rostro fuerte me encantaban pero tenía que sacar esos pensamientos de mi cabeza, él estaba prohibido no solo por ser el esposo de mamá si no porque sospechaba que él era el principal culpable.
Alce mi mirada y vi sus ojos delineando mi figura – Bienvenida – dijo señalando su asiento de visitas - ¿que buscas? – pregunto cruzando sus dedos mientras tomaba asiento.
-buscar al culpable de la desaparición de mamá y no voy a descansar hasta lograrlo – Lo mire fijamente haciendo que se sonrojara.
Capitulo 2
- ¿Nervioso?- lo miro con cierta altanería mientras agarro uno de los chocolates suizos que mantiene en una pequeña caja en su escritorio, se cuánto odia que alguien agarre siquiera uno de esos deliciosos dulces.
- ¿Porque lo estaria? - sonrie mirando como buen jugador de poker esperando doblegar mi carácter pero ya no soy esa niña que puede dominar a su antojó.
- Quizas mi presencia te incomode mas de lo que puedo imaginar ¿Es asi Carpenter?- cuestionó alzando la ceja y devorando lentamente el chocolate que derrite en mi boca.
Sonrie mientras esconde la caja de chocolates en su escritorio bajo llave - Nunca me incomodara la presencia de una niña - Cruza sus dedos mientras se recuesta sobre su gran sillón - Tienes razón, eres la heredera de tu madre en pocos dias ella sera declarada oficialmente muerta y le daremos lectura a su testamento -.
- ¿testamento?- abro los ojos sorprendída, no sabia de la existencia de dicho documento.
- el abogado te buscara en la mansión cuando sepa de tu regreso - Jonathan empieza a ver su laptop ignorando mi presencia.
Doy un pequeño golpe en su escritorio de caoba fina, lo miro fijamente - No me quedare en tu casa - aclaro enérgica, esa es una pesadilla que no estoy dispuesta a repetir.
- Es tu decisión, ahora puedes tomar el automóvil pedirle al chófer que te lleve de comprás para que uses ropa descente o irte hasta que lean el testamento - coloca una tarjeta crédito encima del escritorio.
No tenia a donde ir, y para ser sincera mi acto de rebeldía estaba llenando mi cuerpo de hielo, la ciudad era muy fria en esta época del año, agarre la tarjeta de la mesa siento que me lo debía, lo mire fijamente - Aceptó la ropa pero prefiero pagar un hotel- sonrie mientras le guiñaba el ojo.
Sali de aquella oficina sintiéndome un poco mas fuerte, podia contra el, su secretaria entro a la oficina corriendo con un cafe en las manos, todas sus empleadas siempre debieron obedecer hasta el mas minimo detalle de sus locas exigencias para no recibir un grito o una carta de despido, mi madre fue la única secretaria que entendía al CEO mas amargado de la ciudad.
Llego a la oficina de Claudia, ella habia sido un gran apoyo para mamá, siempre me llevaba al parque o llenaba de regalos, sabia como era Sam conmigo y muchas veces intervino por mi, toma mis manos que se sienten heladas -¿Como te sientes en tu regreso?-.
- Quiero buscar a mamá, saber que paso con ella para encontrar paz en mi alma - suspiro mirando al suelo, espere durante mucho tiempo tener 18 años y poder en medio de aquella adultez legal buscar una respuesta que le diera la paz que necesitaba desde niña.
- Solo debes ir con cuidado, no quiero que te pase algo en medio de la respuesta que tanto anhelas - Claudia agacho la mirada, suspiro mientras tocaba mi mejilla
- ¿sabes algo de ella?- cuestionó pues su actitud me pareció bastante sospechosa.
- Nada - responde de inmediato - Sabes que tu madre fue una gran amiga y tu eres idéntica a ella, ¿Donde te quedaras?-.
- en un hotel, creo que es la mejor opción, regresar a la mansión Carpenter seria una pesadilla - aclaro mientras le doy giros a una pequeña pieza de metal que decora su escritorio perdiendome en las vueltas grises de aquel aparato.
- Lo mejor para ti es quedarte en la mansión Carpenter, solo unos dias yo te ayudaré a conseguir un sitio para que te estabilices - propone - Obedece se porque lo digo -
La mirada de Clara me hacia sentir intranquila, sentia que ella sabia algo que yo no debía saber y su sugerencia era una manera de protegerme ¿Pero de que? Esa era mi pregunta real - Lo haré - prometo, a veces oir es la mejor respuesta a nuestras dudas.
Me despido con un beso en la mejilla, al salir de la oficina de Clara tropiezo con un hombre que grita desaforado -¡Lo siento!- exclamo mientras me levanto del suelo para ayudarle a levantar algunas cosas que se cayeron al suelo.
- ¡Cuidado niña!- me grita en un tono partícular, se detiene un segundo y me mira de arriba abajo, toma mi mamo y me hace dar un giro, me siento incómoda no solo por la ropa provocativa que uso si no por las miradas de las secretarias que sonrien.
- ¿Modelo nueva?- pregunta
- Es la hija del CEO Carpenter - responde aquella recepcionista grosera que quiso evitar mi entrada.
- ¡Hijastra!- exclamo arta de ser llamada la hija de ese hombre.
- Deberias pensar un camino como modelo, te faltan detalles como clase pero eres muy bella - estira su mano - Muchas gusto Aaron T, soy el diseñador de esta empresa -.
Sonrío tímida, habia crecido entre mujeres por demas muy envidiosas, era la primera vez en toda mi vida que alguien aparte de mi madre me llamaba hermosa - No estoy interesada en ser modelo -.
- Piénsalo puedes ser la nueva Melissa William - acaricia mi menton sin dejar de admirar mi cuerpo
- lo pensaré - sonrío mientras me alejo, jamas sere como ella, Melissa William una de las modelos mas reconocidas y elegantes que el mundo conoció, para ser mínimamente parecida tendria que volver a nacer, pensando todo esto me doy cuenta de mis inseguridades, lo que años de Bully y llamarte fenómeno pueden hacer en tu autoestima.
Tomo el auto que mi padrastro me ofreció, si tenia que ir a esa casa haria que el sacrificó valiera la pena, me dirigí a la quinta avenida, la calle de la moda mas importante de la ciudad y empece a comprar cuánto vestido, pantalón, blusa o zapato quise, las vendedoras me miraban de reojo pensando que la chica de los shorts de remate les robaría una de las prendas que jamas podrian pagar pero al ver mi tarjeta negra, una de las mas exclusivas de American Express sonreían falsamente para ofrecerme mil accesorios que compensaran sus bonos de ventas.
El chófer me llevo a la mansión, abrio la puerta del auto para ayudarme a bajar pero me quede estatica tomando aire, este lugar me traía mil recuerdos de mi infancia, respiraba por la boca intentando no hiperventilar, el chófer se arrodillo al frente de mi -¿Esta bien señorita Carpenter ?-.
- ¿como te llamas?- pregunto Intentando distraer mi mente con alguien igual que yo.
- David - respondio tomando mi mano, creo que se dio cuenta de inmediato que estaba aterrada -¿Nos vamos a otro lugar?-
- Tengo que enfrentar esto - suspiré mientras el tomaba mi mano, sali del auto y me dirigí a la entrada de la mansión.
- ¡mi niña!- escuche el grito de Mary, mi nana, aquella buena mujer que cuidaba de la casa ademas de Sam y de mi.
La abrace con fuerza, recordaba su olor a menta - Nana te extrañé - sonrei.
- Prepare tu pay favorito - entramos mientras mis piernas temblaban, me acomode de nuevo en la habitación que use en mi niñez, recordé cada uno de aquellos juguetes y dibujos donde anhelaba una familia feliz.
Me quede dormida un tiempo cuando Nana golpeó para traerme la cena, ella era tan buena conmigo que le di un fuerte abrazo para agradecerle su bondad, mientras comía un fuerte golpe en mi puerta - ¡Llego la fea de mi hermana!- escuche un grito afuera.
Sabia que era Sam, me levanté de la cama esperando defenderme de sus ataques, ya no era la misma niña que asustada lloraba buscando a mamá o a la nana.
- No entiendo porque regreso, acaso no sabe que ella no es una..... - se quedó en silencio al verme, sus ojos me miraron de arriba abajo mientras alzaba la ceja
- ¡¿Que no soy que?!- exclame a la defensiva.
- Una Carpenter - susurro sin dejar de quitarme la mirada.
- No me interesa serlo, solo quiero la herencia de mi madre - cruzo los brazos intentando cubrir mi escote, no tuve tiempo de cambiarme por el cansancio pero su mirada me incomodaba.
El salió de la habitación sin decir nada mas, decidi colocarme la pijama y dormir un rato muy temprano buscaría trabajo para irme de la mansión.
Luego de unas horas escuche un grito que venia de la planta de abajo -¡¿Donde esta Jade?!- era Jonathan que subio las escaleras furioso.
Me hice la dormida escondiendome debajo de las cobijas, escuche a Nana intentar calmarlo - Esta cansada ¿Que sucedió?-.
- Gasto mas de 10.000 dólares en ropa - estaba furioso mientras yo reía bajo las sábanas.
Entro a mi habitación, se quedó unos segundos de pie cerca de mi y acarició mi mejilla - Mañana citala en mi oficina - separo su mano de mi mejilla al ver entrar a Nana.
- La señorita Melissa lo espera - dijo Nana mientras escuchaba la puerta cerrarse.
No podía dormir, intentaba dar vueltas en aquella cama para encontrar mi mejor lado pero las mil dudas en mi cabeza no me permitían concentrar el sueño.
Varias horas despues cuando el frio de la madrugada entraba por las ventanas escuche unos ruiditos que me llamaron la atención, camine en medio de la oscuridad de aquella casa intentando encontrar el lugar de donde provenían.
Una pequeña luz en la habitación de Jonathan y la puerta medio abierta llamaron mi atención, sabia que estaba pisando candela pero queria quemarme, me acerque y mire que sucedía
Una mujer desnuda gritaba en medio de los fuertes brazos de el, nunca lo había visto de esa forma, su cuerpo musculoso, su rostro ruborizado y sus ojos llenos de deseo.
Yo aun era virgen, nunca habia tenido un interés real en el sexo, una vez vi una película porno a escondidas en la escuela, no sentí excitación mas que el morbo de lo que sucedía pero esta vez era distinto, no eran actuados los gritos de aquella mujer pidiendo mas a Jonathan, sentí un cosquilleo en mi intimidad, un impulso de frotar mis piernas y tocar mis pezones que empezaron a endurecerse, quería irme pero no podia dejar de mirar, mas que la escena que de por si ya era hermosa, verlo a el de esta manera tan real hacian que por un momento olvidara mi odio.
El se dio cuenta de mi presencia pero lejos de decirme algo me miro fijamente mientras gruñía, los dos nos conectamos en ese momento con nuestras miradas y exclamo un gran suspiro que me hizo reaccionar y salir corriendo de alli.
Me cubri con mis cobijas mientras sentía una pequeña humedad en mi intimidad, mi corazón latía y me sentía incompleta como si algo me faltará, estuve intranquila toda la noche, no podia tener estos pensamientos por el se supone que debia odiarlo.
Muy temprano la nana me levanto para que asistiera al estudió, camine con mis pies temblorosos, duránte toda la noche estudie mil excusas para justificar mi imprudencia, llegue al estudió con el rostro sonrojado esperando sus reproches pero no dijo nada - Sientate - seguia mirando su laptop - El abogado no tarda -
Bebi un poco de agua mientras me mantenía en silencio y lo observaba con disimuló, no podia creer que el hombre amargado que estaba en frente de mi fuera el adonis sensual de la noche.
Un hombre llego a la oficina con un maletín y nos saludo - Tu madre me dejo un testamento, este debe leerse en dos semanas que la justicia la declare legalmente muerta a menos que las partes osea tu y Jonathan decidan abrirlo -
- quiero verlo - mire a mi padrastro esperando apoyo en este momento, el accedió
- El documento es corto - explico el hombre leyendo el encabezado del documento - Mis bienes le pertenecen en un 100% a mi hija Jade, pero se le entregaran a los 25 años y si Jonathan acepta el sera su albacea hasta esta fecha -.
Capitulo 3
- ¿albacea?- estaba exaltada, no podia depender de el, mi madre confiaba en el amor ciego que sentía por Jonathan pero yo no queria darme ese lujo, confiar mi dinero por seis años me volvería loca.
- Ella pide que te quedes en la mansión con tu padrastro, el te entregara los bienes que te corresponden despues del fallecimiento - El abogado me entrego una lista detallada de las cuentas y casas que pasarían a mi poder.
- ¡Ustedes planearon esto para quitarme todo!- grite a los dos, no querian que me vieran como la tonta del cuento, la niña que podían dominar.
- ¡cálmate y sientate! - Jonathan me miro furioso frunciendo el ceño, me senti la niña de ocho años temerosa a sus regaños y obedecí - Disculpa, esta bastante alterada - le explico al abogado que agacho la mirada
- Nunca me habian acusado de algo tan vil, tengo una de las mejores carrerras de leyes del país, Marian confio en mi como lo hizo su familia por muchos años - el hombre cerro el maletín
- ¿familia?¿Conoce a la familia de mamá ?- ella nunca me habia contado de la existencia de miembros de mi familia, su frase favorita era recalcar que nos teníamos una a la otra y a nadie mas.
- No se m permite hablar de este tema - suspiro el hombre -¿Aceptara ser el albacea?- le pregunto a Jonathan ignorandome
- Es lo que queria Marian - acepto sin chistar, sabia que me tenia en sus manos no podria irme de la mansión sin perder el derecho a su fortuna.
Al salir el hombre intente retirarme pero me lo impidió -¡¿Porque fuiste tan grosera?! - coloco su mano con fuerza en el escritorio dejándome de piedra, su voz gruesa ponía nervioso a cualquiera, y hacia catarsis a mi infancia donde sus ordenes eran ley y me atemorizaba.
- Porque se planeas, ni me darías un centavo de tu fortuna por las buenas - si, estaba nerviosa pero no me habia escapado del internado para doblegarme.
- Deberías investigar antes de hablar niña, es obvio que no sabes nada de lo que sucede - abrio el cajón de su escritorio para sacar unos papeles que me entrego antes de salir - Si quieres hablar búscame en mi oficina -.
Al pasar dejo su aroma varonil en el aire , habia estado diez años rodeada de mujeres, que el aroma de un hombre como Jonathan me causara cierto cosquilleo en mi intimidad lo consideraba en el rango de lo normal, algo habia cambiado en mi con la escena de la noche, lo vi de una manera tan diferente que en mi cabeza solo existia esa imagen, sus musculosos brazos sosteniendo a una mujer que saltaba sobre el, tenia que pensar diferente o caería en sus redes.
Revise los papeles que el me entrego, no entendía mucho solo se explicaba una larga lista de clausulas y bienes, necesitaba la ayuda de un profesional, pensé en Clara pero ella seguia siendo empleada de Jonathan, debia buscar un agente externo para tener una visión mas clara de mis pasos.
Al salir de la oficina de el, Sam me jalo del brazo y me arrinconó contra la pared -¿Porque no te doy la bienvenida? Debes estar nerviosa al sentirte alejada de todo - suspira muy cerca de mi oído
No me gustaba su mirada, observaba mi cuerpo con deseo y morbo haciéndome sentir culpable de usar una pijama ajustada - No quiero nada de ti - le di un empujón pero no logre moverlo siquiera un poco
- Sigues siendo salvaje, pero ahora quiero domarte - mordía su labio mientras con su dedo índice delineo el borde de mi pijama pasando muy cerca al busto, lentamente bajo su mano intentando acariciar mi seno.
- Nadie doma a una salvaje - le di una patada en los bajos - Las mujeres no nacimos para ser domadas, deberias estudiar historia del último siglo - me burle de el mientras se agachaba intentando sostener sus bolas despues del dolor que le habia causado no solo a su virilidad si no a su ego de macho conquistador.
Subi a mi habitación, era horrible sentirte acosada, desde que sali del internado tuve que soportar los comentarios sexistas y las miradas morbosas de cientos de hombres en las calles ¿Acaso la mujer debe cargar con esto?, La respuesta ideal sería No pero solo me quedaba ser fuerte y soportar hasta saber una pista del paradero de mi madre.
Agarre la muñeca cascanueces, aun seguia en su empaque, recordé que antes de partir hacia Francia le pedi a la nana cuidarla y al parecer eso habia hecho, la saque para admirar cada detalle de su vestido rosa, ella representaba esa parte de mi niñez feliz que un dia sencillamente dejo de existir y aun me quemaba, la lance al suelo llena de rabia, no queria estar en la gran mansión de Jonathan Carpenter, no queria estar cerca de mi odioso hermanastro y mucho menos queria sentir esto en mi corazón por un hombre mayor y prohibido.
Decidí tomar una ducha, necesitaba sentir que mi cuerpo se relajara despues de aquella noche de emociones y mañana de sorpresas, habia una sensación diferente en mi, empece a explorar mi cuerpo, se que muchas mujeres lo han hecho desde mas jóvenes pero era la primera vez que sentía la necesidad de hacerlo, nunca había visto algo tan excitante y era la primera vez en mucho tiempo que tenía la privacidad de una habitación.
Aun no entiendo como llegue hasta mo feminidad, aquella que la noche anterior se habia humedecido, habia leido algo de la masturbación pero una cosa es la teoría y otra la práctica, mi mano empezo a moverse sola sobre mi punto g.
Cerré mis ojos para que la imaginación me ayudará, y ahora era yo la que me movia encima de Jonathan besando su boca ruda, mientras tocaba mis senos y bajaba lentamente a mi feminidad en mi cabeza el con sus manos fuertes me acariciaban.
Era la primera vez que lo hacia, la primera vez que el sexo me interesaba y no lo veia como algo asqueroso, quizas era mi transformación de madurez o el desarrollo normal de las cosas pero habia algo que no me dejaba disfrutar el momento de mi primera autoexploración, la imagen de mi padrastro que seguía vigente en la cabeza.
Logre encontrar una especie de liberación luego de sentir una corriente en mis piernas, esa sensación de incompleta estaba matando mi cabeza desde la noche pero ahora sentia como una chispa se encendía en mi y cai al suelo de la ducha respirando lentamente para procesar lo que seria mi primer orgasmo.
Termine la ducha, me sentia culpable y sucia por lo que habia hecho y pensando en quien, sali del baño en bata y recogí la muñeca del suelo, no podía sentir rencor de la que fue mi unica amiga de la infancia, mientras acomodaba su vestido de bailarina me percate de algo inusual, su vestido se sentia mas rígido de lo que recordaba, empece a quitárselo para inspeccionar la razón, pegado en el cuerpo de mi Barbie una pequeña hoja doblada en muchos pliegues.
" Mi conejo, soy yo mamá " esas primeras líneas por poco me hacen desmayar, era la letra de mi madre podría reconocerla a kilómetros, ademas tenia su fragancia esa que aun me acompañaba en mis noches.
" no estaré contigo por un tiempo, confía en Jonathan yo regresare ".
Necesitaba saber mas, leí unas 200 veces la pequeña carta pero no había mas que una frase de despedida, al examinar la hoja encontré un logo en la parte superior, un fondo verde y un par de cervezas chocando, recordaba ese logo fue parte de mi memoria, el nombre de
" Taberna Libertad" aparecía en la parte inferior del logo
Googlee intentando buscar algo, una sola pista aunque fuera inútil me daba esperanzas de encontrarla, habia una dirección asi que la anote en un papelito para después pedir un Uber me dirige aquel lugar
Cuando llegue mis ilusiones se desinflaron un poco, el lugar ya no existia se habia convertido en un cafe muy sencillo de pastelitos, quise entrar pasar el trago amargo con un cupcake de arándanos era mejor que regresar a casa a soportar mi propia soledad.
Una mujer con una gran sonrisa me atendió -¿Que quieres mi niña?- me dijo luego de entregarme la carta
Pedi un capuchino y un cupcake mientras miraba la barra -¿Sabe que paso con los anteriores dueños de la taberna?-.
- No se nada - dijo algo nerviosa mientras preparaba mi pedido.
Alce mi mirada apreciando la decoración del lugar muy a los años 50S una de mis décadas favoritas, algo me helo la sangre y me hizo levantar de la silla de inmediato - Ella.... Ella es mi mamá - señale una foto donde tres mujeres se abrazaban, mi mamá se veia mucho mas joven pero la reconocería a kilómetros de distancia.
La mujer abrio los ojos mientras sus manos temblaban, entro a la cocina -¡Ven rapido!- grito.
Una cara familiar salio de la cocina con lágrimas en los ojos pregunto -¡¿Eres tu Jade?!-