Cuando se desató el incendio, Gracie Carter aún respiraba.
El denso humo se le metía en los pulmones, haciendo que cada respiración fuera una lucha. La sangre se extendía bajo su cuerpo, cálida y pegajosa contra el suelo. Frente a ella, el fuego rugía salvajemente, engullendo los muebles de madera mientras se astillaban y explotaban con el calor. El aire estaba lleno del olor abrumador a humo, madera quemada y sangre.
Su cuerpo se negaba a responder.
Indefensa, permaneció donde había caído, mirando a través de la cortina de fuego a la mujer que esperaba en la puerta.
Al otro lado de las llamas estaba Cathy Carter. Llevaba un vestido carmesí que se veía aún más llamativo bajo la luz parpadeante del fuego.
Sonrió, y el triunfo en sus ojos era evidente.
"Gracie", dijo con una sonrisa. "A partir de este momento, mamá y papá me pertenecen. Mis hermanos también. Incluso tu prometido es mío ahora. Con eso en mente, ya puedes morir".
Hablaba en voz baja, pero cada palabra cortaba más hondo que las llamas que las rodeaban.
Gracie la miró con la vista nublada y la boca llena de sangre, incapaz de pronunciar más que fragmentos rotos de palabras.
En ese momento, el odio hacia Cathy la consumió por completo.
El resentimiento que sentía era tan profundo que ni siquiera el fuego ardiente podía reducirlo a cenizas.
Dos décadas antes, Cathy y ella fueron intercambiadas por accidente al nacer.
Una creció siendo atesorada como la amada princesa de la familia Carter, mientras que la otra se vio obligada a sobrevivir sufriendo años de pobreza, hambre y penurias.
Cuando la familia Carter la encontró por fin, Gracie creyó sinceramente que los años dolorosos habían terminado.
Soñó con que por fin tendría unos padres cariñosos, unos hermanos atentos y un hogar al que de verdad pertenecía.
Por desgracia, no podía estar más equivocada.
En lugar del afecto que tanto anhelaba, solo encontró un sinfín de intrigas y trampas cuidadosamente tendidas al regresar a la familia Carter.
Cuando Cathy derramaba unas lágrimas, sus padres decidían de inmediato que Gracie era el problema. Cada vez que Cathy se hacía la víctima, sus hermanos se convencían de que ella era una desalmada. Y cada vez que Cathy soltaba unas cuantas mentiras sin darle importancia, incluso el hombre con el que se suponía que se iba a casar Gracie la miraba con puro asco.
Ni una sola alma se molestó en buscar los hechos, y nadie le dio la oportunidad de explicarse.
Lo que sea que Cathy dijera, ellos lo aceptaban como la verdad absoluta.
"Si fueras ni la mitad de comprensiva que Cathy, no avergonzarías a esta familia como lo haces".
"Una persona cruel como tú no tiene derecho a llamarse mi hermana".
"Alguien como tú nunca formará parte de la familia Phillips".
Esas palabras crueles resonaron en su mente una tras otra, aplastando el último hilo de esperanza al que aún se aferraba.
¿Qué importaba compartir la misma sangre?
Nunca podría competir con los veinte años que Cathy llevaba creciendo al lado de su familia.
Las llamas rugieron aún más fuerte, y el calor abrasador engulló la poca conciencia que le quedaba a Gracie.
De repente, el sonido de pasos apresurados llegó desde fuera de la habitación.
Richard y Elaine Carter entraron corriendo, seguidos por sus hijos.
Cathy corrió de inmediato al abrazo de Elaine y, con los ojos hinchados por las lágrimas y la voz temblorosa, dijo: "Papá, mamá... Lo siento. Todo es por mi culpa. Si hubiera logrado detener a Gracie antes, esto nunca habría sucedido".
"¿Por qué te disculpas?", replicó Jason Carter, el segundo hermano de Gracie, rechinando los dientes, incapaz de contener su furia. "Ella misma provocó este incendio. Si muere en él, se lo merece".
"Así es", intervino Elaine, abrazándola con más fuerza. Parecía que reservaba toda su preocupación para ella. "Una desvergonzada como esa nunca debió volver a la familia Carter".
Richard permaneció de pie cerca con una expresión sombría y, cuando por fin habló, su tono fue firme y completamente despiadado: "Déjalo. Una vez que el fuego termine su trabajo, ella no estará cerca para causar más problemas a esta familia".
Cathy escondió la cara contra el hombro de Elaine; temblaba como si no pudiera contener las lágrimas.
Un momento después, levantó la cabeza en silencio y miró más allá de todos los demás, encontrándose con los ojos de Gracie a través de las llamas.
No había tristeza en su mirada, sino victoria y descarada provocación.
"Pero... Gracie sigue siendo tu hija biológica...", susurró Cathy, con voz temblorosa.
Jason soltó una carcajada desdeñosa y dijo: "¿Y qué? A partir de hoy, mamá y papá solo tienen una hija, y esa eres tú".
Esas palabras destrozaron lo último que mantenía unida a Gracie.
Miró a sus familiares y, por alguna razón, casi quiso reírse.
Así que esta era la familia por cuya aceptación casi sacrificó todo. A sus ojos, ella nunca valió nada.
El fuego se extendió hasta el borde de su vestido, quemándole la piel, pero la agonía apenas la sentía ya.
Lo único que quedaba dentro de ella era odio.
Si el destino le permitía renacer, nunca volvería a desperdiciar ni un ápice de esperanza en la familia Carter.
Nunca más.
...
Gracie abrió los ojos de golpe.
Respiraba de forma desigual mientras su pecho subía y bajaba con rapidez. Tenía la frente perlada de un sudor frío. Además, por instinto, levantó un brazo para protegerse del fuego, pero solo tocó aire vacío y frío.
Las llamas habían desaparecido. Y también la sangre.
Durante unos instantes, permaneció inmóvil antes de mirar con cautela a su alrededor.
Paredes de color crema la rodeaban, había cortinas gris claro en la ventana y la maleta gastada que trajo consigo cuando llegó por primera vez a la residencia de los Carter descansaba en silencio en un rincón.
Era la habitación de invitados donde la habían alojado cuando la trajeron de vuelta.
En su vida anterior, Cathy no tardó en encontrar la forma de que la trasladaran al trastero. Era húmedo, helado y estaba en peores condiciones que los aposentos de los criados.
Gracie se apresuró a salir de la cama y se dirigió al baño. Luego, abrió el grifo y se echó agua helada en la cara varias veces.
El agua fría ahuyentó los últimos rastros de su aturdimiento.
La joven reflejada en el espejo tenía la cara pálida y una pizca de miedo aún persistía en sus ojos, pero era sin duda la versión de sí misma de un año antes.
Mantuvo la mirada fija en el espejo, apretando cada vez más fuerte el lavabo.
Unos golpes bruscos y enérgicos rompieron el silencio.
"¡Gracie! ¡Sal de ahí ahora mismo!", gritó una voz que conocía muy bien, llena de ira.
Pertenecía a Jason, su segundo hermano.
Aún frente al espejo, Gracie levantó lentamente la mirada. Esbozó lentamente una leve y gélida sonrisa.
El momento le resultó familiar al instante.
En su vida anterior, todo había comenzado ese mismo día. Cathy se cayó a propósito por la escalera antes de ponerse a llorar y acusarla de empujarla.
Jason llegó furioso, convencido de que ella tenía la culpa. Gracie trató desesperadamente de explicar lo que realmente había sucedido, pero nadie creyó una palabra de lo que dijo. Al final del día, la arrojaron al trastero.
Desde el otro lado de la puerta, la furiosa voz de Jason resonó una vez más:
"¿Empujaste a Cathy por las escaleras? ¿Te volviste completamente loca?".
Gracie permaneció inmóvil un breve instante. Luego se recogió el pelo con calma y se lo sujetó detrás de la cabeza con movimientos suaves y practicados.
Su reflejo ya no tenía ni rastro de mansedumbre.
Cada pizca de duda, miedo y anhelo de su aprobación desapareció por completo.
Tenía una segunda oportunidad en la vida.
Ya que el destino le concedió la oportunidad de empezar de nuevo, no volvería a fingir que la familia Carter era la familia cariñosa que decían ser.
Esta vez, no quería saber nada de ninguno de ellos.
A partir de ahora, la única persona a la que iba a amar y proteger era a sí misma.
Justo al otro lado de la puerta, Cathy permanecía pegada a Jason, con el rostro enrojecido y los hombros temblándole como si no pudiera mantenerse en pie.
"Jason... déjalo ya", murmuró, agarrándole débilmente la manga con los dedos. Apenas se le oía la voz. "Probablemente Gracie no lo hizo a propósito. Podría haber sido un accidente".
"¿Un accidente?". Jason soltó un bufido corto y cortante. "No creo que eso sea lo que pasó".
Mientras hablaba, se colocó de forma más protectora delante de ella, ocultándola instintivamente de la vista. Su voz cambió, volviéndose de nuevo suave cuando la miró. "No tengas miedo, Cathy. Yo te protegeré. Nadie te molestará".
Cathy se quedó mirando el suelo. Le temblaban las pestañas. "Pero... Gracie es tu verdadera hermana". Como si las palabras por sí solas le dolieran, continuó: "Yo solo soy la falsa. Si de verdad me odia tanto... puedo devolverle la habitación".
Jason apretó la mandíbula de inmediato. "¿Por qué dices eso?". Adoptó de nuevo un tono frío mientras continuaba: "Ella creció quién sabe dónde. Esta familia la acogió y debería estar agradecida por ello. ¿Y ahora lleva aquí unos días y ya cree que puede montar una escena y empujarte por las escaleras?".
Volvió a levantar el puño y golpeó la puerta con más fuerza esta vez.
"Gracie, deja de fingir que no estás ahí. ¡Abre!".
Ni siquiera había terminado cuando la puerta cedió por fin.
Cualquier comentario cortante que Jason hubiera estado dispuesto a soltar a continuación se le atascó en la garganta.
Gracie estaba de pie en el umbral, con el pelo recogido en alto, mostrando un rostro inquietantemente sereno. No se le notó ni un atisbo de miedo, no se le vio ninguna reacción defensiva y no mostró nada de esa versión frágil y fácilmente nerviosa de sí misma, dejando solo una calma inquietante que parecía fuera de lugar.
"¿Qué pasa?", inquirió Gracie.
Su tono era vacío, casi aburrido, como si su presencia ni siquiera le pareciera lo bastante importante como para reaccionar.
Jason estalló sin razón aparente. En un tono agudo, comentó: "¿Aún te atreves a hacerte la inocente? ¡Empujaste a Cathy por las escaleras!".
Gracie no se inmutó. Mantuvo sus ojos fijos en él. "¿Y dónde están tus pruebas?".
Esa única frase cayó sobre el hombre como una avalancha. Jason se quedó en silencio por un instante.
Incluso Cathy se puso rígida, con un destello de algo ilegible cruzándole el rostro antes de que pudiera ocultarlo.
Gracie dio un paso adelante de todos modos, acortando un poco la distancia. Se desvió más allá de Jason y se centró directamente en Cathy.
"Tú eres la que hace la acusación. Así que muéstrame pruebas. ¿Puedes demostrar que de verdad te empujé?".
Una extraña e incómoda presión se apoderó del pecho de Cathy.
Había algo en esta versión de Gracie que no parecía propio de ella.
Si hubiera sido antes, ya estaría derrumbándose y llorando, presa del pánico, luchando por defenderse en todas direcciones. Nunca se habría quedado así, serena e imperturbable, pidiendo pruebas.
"Gracie...". Los ojos de Cathy ya estaban llenos de lágrimas, y su voz temblaba al borde del llanto. "Sé que me guardas rencor por haber ocupado tu lugar... veinte años... Con tal de que no me eches, te daré lo que quieras. La habitación, puedo darte la habitación. No competiré contigo por mamá, papá, ni siquiera por nuestros hermanos. Solo promete que no me odiarás más".
Su voz se quebró por completo en la última palabra. Al instante siguiente, las lágrimas corrieron por sus mejillas, mientras su cuerpo se balanceaba inestablemente, como si pudiera desplomarse en cualquier momento.
Jason terminó de inmediato con una expresión agria. La rabia se apoderó de él mientras daba un paso al frente. "Gracie, mírala: todo esto es culpa tuya. Pídele perdón ahora mismo".
La aludida resopló. Reconocía que se estaba repitiendo el mismo cansino acto de siempre.
En su vida anterior, había sido lo bastante tonta como para dejarse llevar por la culpa una y otra vez. Sus hermanos usaron eso como un arma, asignándole el papel de villana permanente de la familia, como si hubiera nacido para interpretarlo.
Ahora, eso solo la hacía enojar.
"Déjate de tonterías", replicó. Luego, clavó su mirada fría e inquebrantable en Cathy. "Si me acusas de empujarte, entonces trae pruebas. Sin ellas, esto es solo difamación".
"¡Tú!", estalló Jason, incapaz de contenerse más. "Mírala. Apenas puede mantenerse en pie, ¿y tú sigues retorciendo las palabras para salirte con la tuya?".
"¿Salirme con la mía?". Gracie ladeó ligeramente la cabeza, poco impresionada. "Bien. Llamemos a la policía y que ellos decidan, entonces".
Mientras lo decía, sacó su celular sin dudarlo.
Cathy perdió la compostura. "¡No, no lo hagas!", estalló.
Gracie ladeó ligeramente la cabeza, y una leve sonrisa, casi divertida, se dibujó en sus labios. "¿Y por qué no? ¿Temes lo que puedan descubrir?".
Cathy se apretó el labio inferiorç, visiblemente atormentada. "Los Carter no son una familia cualquiera. Si la policía se involucra y se corre la voz, dañará a nuestros padres. También dañará a la empresa. Gracie, eres una de nosotros. No puedes solo desahogarte e ignorar lo que eso le hará a nuestro apellido".
Jason suspiró suavemente y comentó: "Cathy, tú eres la que siempre se preocupa por la familia". Luego, volvió su mirada de disgusto hacia Gracie; su expresión era severa. "Y tú, si tuvieras aunque fuera la mitad de su conciencia, no habrías arrastrado a los Carter a esta desgracia en primer lugar".
Gracie no respondió de inmediato. Primero, alternó su mirada entre ellos. Luego, despacio, juntó las manos, una, dos veces. Cada aplauso era deliberado y estaba cargado de un toque de burla.
"Impresionante actuación".
La expresión de Cathy vaciló. "Gracie... ¿de qué hablas?".
"Si estás tan en contra de involucrar a la policía", afirmó Gracie con indiferencia, guardando ya su celular. "Entonces saca las imágenes de seguridad. ¿No hay una cámara justo al lado de las escaleras? Recupera la grabación y veremos quién miente".
Jason espetó sin pensarlo: "¡Esa cámara lleva muerta siglos!".
En cuanto eso salió de su boca, se puso rígido.
Gracie lo miró. Esbozó una sonrisa, lenta, casi divertida... y demasiado segura.
"Oh, así que sabías que estaba rota. Y aun así, seguiste insistiendo en que la empujé. Dime, Jason... ¿realmente piensas con tu propia cabeza? ¿O Cathy se encarga de esa parte por ti?".
"¡Cállate!". Jason finalmente perdió los estribos, entrando a zancadas mientras le lanzaba la mano como si quisiera agarrarla en el acto. "Si no te disculpas ahora mismo, no te vas a librar de esta...".
"De acuerdo". La interrupción de Gracie fue limpia e inmediata.
Tanto Jason como Cathy se quedaron quietos, desconcertados por la rapidez con la que cambió de opinión.
"¿Hasta aquí vas a llegar con tu insistencia de que asuma la culpa?". Se le escapó una carcajada, pero no había ni rastro de calidez en ella. "Entonces claro. Aceptaré la culpa".
Al segundo siguiente, se movió. Extendió la mano y agarró a Cathy por el pelo.
"¡Ah!".
Cathy ni siquiera tuvo un segundo para prepararse antes de que Gracie tirara de ella hacia delante. El dolor le desgarró el cuero cabelludo y su grito resonó con fuerza por el pasillo.
Jason se quedó paralizado una fracción de segundo, y luego su voz se quebró en el aire: "¡Gracie! ¡¿Te volviste loca?!".
Gracie ni siquiera disminuyó la velocidad. "¿No me acusaron ya de empujarla por las escaleras?". Siguió tirando de Cathy hasta el rellano de la parte superior de la escalera.
Solo entonces miró a Jason. Su expresión era inquietantemente serena, demasiado tranquila, casi inquietante. "Entonces, más vale que te dé algo real por lo que culparme".
Antes de que nadie pudiera reaccionar, Gracie empujó a Cathy hacia delante, haciéndola perder el equilibrio y caer por las escaleras.
Fuertes impactos resonaron en el aire, mientras un cuerpo rodaba por la escalera.
El grito de Cathy desgarró la casa. Luego cayó de escalón en escalón, hasta el piso inferior, donde finalmente quedó tendida, desmadejada. Durante varios segundos, ni siquiera se movió.
El rostro de Jason se descompuso en un instante, "¡Cathy!". Bajó corriendo las escaleras sin vacilar.
Abajo, toda la casa se alborotó.
Los criados se quedaron clavados en el sitio, ninguno se atrevió a dar un paso adelante, ni siquiera a respirar hondo.
Nadie imaginaba que la hija perdida de los Carter, que acababa de regresar, fuera capaz de algo tan cruel, y mucho menos de llevarlo a cabo con una frialdad tan escalofriante.
Arriba del todo, Gracie permanecía en lo alto de la escalera, con una mano apoyada en la barandilla mientras miraba hacia abajo.
Su expresión no cambió y la calma permanecía en su rostro, pero debajo había algo más duro, más cortante, casi peligroso.
Una vez, justo en este mismo lugar, la obligaron a arrodillarse, llorando, jurando entre jadeos que no había hecho nada, solo para ser ignorada por completo.
Esta vez, ni siquiera sintió la necesidad de explicarse.
Si ya estaban decididos a condenarla, no veía razón alguna para luchar contra la versión que les convenía.
"Cathy, ¿estás bien?", preguntó Jason, con la voz tensa y alarmada, mientras corría a cargarla.
Cathy estaba tan herida que apenas podía respirar hondo. Las lágrimas no paraban de brotar por su rostro; esta vez, no eran una actuación.
"Jason... me duele...", balbuceó, con la voz temblorosa. "Supongo que... Gracie de verdad no me quiere aquí... Quizá... quizá solo debería irme...".
"¡No!", espetó Jason. Su furia superó su inquietud. "¡La que tiene que irse es ella, no tú!".
Levantó la barbilla y clavó la mirada en su verdadera hermana. La rabia pura ardía en sus ojos.
"¡Gracie, baja de ahí ahora mismo!".
Ella no se movió ni un centímetro; ni siquiera parpadeó, solo se quedó allí mirándolo como si su furia no significara absolutamente nada.
Dejó que pasara un instante antes de hablar por fin, con un tono firme y desconcertantemente sereno: "Lo siento. Sí la empujé. Pero Cathy siempre ha sido tan amable y comprensiva... que lo dejará pasar, ¿verdad?".
Todo el salón pareció paralizarse.
Jason se quedó helado, con el cuerpo rígido; mientras Cathy abría los ojos de par en par, totalmente conmocionada.
Incluso los criados que los rodeaban se quedaron mudos, como si no pudieran creer lo que acababan de oír.
Gracie admitió tan claramente haber empujado a Cathy por las escaleras, solo para seguirlo con una disculpa casual, como si no fuera más que un pequeño malentendido, y luego se dio la vuelta para esperar el perdón.
Antes de que nadie pudiera recuperarse, Gracie ladeó un poco la cabeza y continuó: "¿Qué? ¿Nadie tiene algo que decir?".
"¡Tú!", gritó Jason, pero la ira ahogó sus palabras antes de que pudiera añadir algo más.
Parecía que quería maldecir, que quería subir corriendo las escaleras y arrastrarla él mismo, pero incluso contuvo ese impulso, como si no pudiera decidir dónde empezar.
Gracie se apoyó con ligereza en la barandilla, con los ojos llenos de una clara y cortante diversión.
"Dije que empujé a Cathy. También pedí perdón", continuó, imperturbable; "¿No es eso exactamente lo que todos querían? ¿Por qué esas caras largas?".
A Cathy le dolía todo el cuerpo, pero en cuanto oyó esas palabras, sintió un calor que le recorrió el pecho. Le temblaban violentamente los dedos y se clavaba las uñas en las palmas de las manos; sin embargo, se obligó a mantener la compostura.
No podía permitirse perder los nervios todavía.
"Gracie...", su voz salió tensa, forzada entre dientes. "No te culpo". Cada palabra parecía tener que ser arrancada. "Si te hace sentir mejor... puedo vivir con ello...".
"¡Cathy!", gritó Jason, como si no soportara lo que oía. Su expresión se retorció de pánico y furia a la vez mientras se giraba hacia la escalera y ladraba hacia arriba: "¡Gracie, te pasaste de la raya!".
"¿Lo hice?", preguntó Gracie, con voz tranquila y casi distante, mientras lo miraba por encima. "Entonces dime, ¿qué piensas hacer al respecto? ¿Echarme de esta casa? ¿O correr directamente a mamá y papá para que se encarguen de mí por ti?".
Esbozó una sutil sonrisa, carente de toda calidez.
"Dime, Jason... ¿acaso tienes ese tipo de autoridad sobre mí?".
Esas palabras cayeron sobre el aludido como un puñetazo, dejándolo sin aliento.
Su expresión se quedó fija.
Paso a paso, Gracie bajó la escalera sin ninguna prisa. Cada pisada caía en un silencio tan espeso que solo agudizaba la presión en la habitación de abajo.
"¿Necesito explicar por qué me trajeron de vuelta aquí en primer lugar?".
Al llegar al último escalón, se detuvo y miró a Jason con firmeza, midiendo cada palabra con cuidado:
"El Grupo Carter se está desmoronando desde dentro. La junta directiva está inquieta. Los medios de comunicación los rodean como buitres. Lo que realmente buscan es una narrativa conveniente: su hija perdida durante veinte años regresa, algo limpio, pulido, que haga que la familia Carter parezca estable, respetable, unida. En otras palabras, solo soy su solución de imagen pública. Y mientras este pequeño espectáculo siga en marcha, ninguno de ustedes podrá darse el lujo de correrme".
El silencio se apoderó de la habitación.
Jason se quedó allí, aturdido, con la ira y la incredulidad tensando su rostro, pero no dijo nada.
Porque Gracie dio en el clavo.
Los Carter no se habían esforzado en localizarla y traerla de vuelta a su mundo por un afecto largamente enterrado: la necesitaban. Eso era todo.
En su vida anterior, Gracie no vio la verdad hasta que todo se derrumbó a su alrededor.
Esta vez, no tenía intención de volver a ser tan ingenua.
"Si no tienes el poder de acabar conmigo, entonces deja de fingir que puedes decidir algo sobre mí". Sus ojos se deslizaron más allá de Jason y se posaron en Cathy. "Y esa habitación...".
Una leve sonrisa, casi despreocupada, se dibujó en sus labios.
"¿No acabas de decir que me la devolverías, Cathy?".
La aludidida apenas consiguió contenerse.
No quería renunciar a ella. En absoluto.
Ese dormitorio, el mejor de toda la mansión Carter, fue preparado personalmente para ella por Richard y Elaine. No era solo un espacio, sino también la prueba de su lugar, de su posición, de todo lo que había mantenido dentro de esta familia.
Pero las palabras ya estaban dichas.
Echarse atrás ahora solo haría que todo lo que había hecho antes pareciera fingido.
"Si de verdad la quieres, Gracie...". Respiró hondo y forzó una frágil sonrisa. "Haré las maletas y me iré".
"¡Cathy!", gritó Jason al instante, con la voz cargada de pánico.
"Jason". Ella lo detuvo antes de que pudiera continuar, volviéndose hacia él con los ojos brillantes por las lágrimas mientras estabilizaba su tono lo mejor que podía. "Ha pasado muchos años fuera de esta familia. Darle la habitación es lo menos que puedo hacer".
Gracie no reaccionó. Ni un parpadeo de emoción cruzó su rostro mientras la observaba.
Por supuesto que llegaría tan lejos; Cathy se doblaría ante cualquier cosa si eso significaba mantener intacta la actuación.
Así era ella.
Gracie desvió la mirada hacia Jason y comentó con rotundidad: "La oíste. Tu querida Cathy fue quien la ofreció. ¿O piensas retractarte de su palabra por ella?".