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La llama del Caos

La llama del Caos

Autor: : sadness3d
Género: Fantasía
La muerte no será el fin de una historia si los dioses así lo desean. Y eso le ocurrió a Charles Davison, quien luego de una agónica muerte provocada por un vil tirano, sería premiado con la bendición de la resurrección, para ser convertido en un nuevo protector ancestral de la tierra. Esto lo llevaría a conocer grandes personas y aprender de ellos, enriqueciendo su baraja de habilidades y técnicas. Y sin saberlo, estar destinado a ser el mayor salvador de la tierra frente a la gran crisis que se avecina...

Capítulo 1 Prólogo

En una era donde todo era vacío estelar y la vida era totalmente inexistente, habiendo un silencio sepulcral, dieciséis seres de aspecto indescriptible, crearon lo que hoy conocemos y lo que no conocemos en el universo, lo cual les convertirían en los dioses que todos los mundos adorarían. Cada mundo creado por ellos contaba con cientos y cientos de vidas que vivían en completa armonía. Y en un mundo al cual conocemos como tierra, serían creados los seres que más se acercarían a lo que sería ser un dios.

A estos se les llamarían "Los protectores ancestrales de la tierra", quienes fueron creados a imagen y semejanza de los dioses, quienes serían los encargados de proteger la vida en la tierra. E incluso sus alrededores. Usando una gran variedad de técnicas de energía, magia, habilidades de combate, etc. Y aunque nunca había sido necesario usar dichas habilidades de combate, puesto que las únicas amenazas para la vida eran productos de la aleatoriedad de la naturaleza, como lo eran tormentas, asteroides, sismos, etc. Siempre las practicaron, entrenaron y enseñaron por si algún día fuese necesario usarlas.

Un día, se presentó ante los dioses un protector de la tierra, este les pidió a ellos poder crear una especie de vida. Algo único de lo cual ellos se harían cargo de guiar y cuidar. Los dioses, quienes estaban más que contentos por sus creaciones, les dieron el permiso y el poder necesario para algo así, y siguiendo el ejemplo de los dioses, los protectores ancestrales crearon a su imagen y semejanza a nosotros, los humanos. Pero sin que ellos se dieran cuenta, algo salió mal creando lo que ellos considerarían el primer y más grande virus de la vida, la maldad.

Esta se fue gestando en silencio a escondidas de los dioses y los protectores. Esparciéndose por toda forma de vida en la tierra, hasta que llegó la primera gran guerra en el planeta. 1000 humanos enfrentados entre si, al ver esto, los dioses bajaron al mundo terrenal, lo cual fue uno de los más grandes errores de ellos. Ya que esto permitió que seis de los dioses fuesen infectados de la maldad, y debido a su gran cantidad de energía e influencia en todo el universo, dio paso a la gran infección de maldad en todo el universo, corrompiendo a todo tipo de vida en mayor o menor medida.

Y mientras que los humanos de buen corazón ganaron la guerra, los dioses malignos se escondieron de los dioses no infectados, mientras creaban guerras en otros mundos. Pasaron décadas desde que esto ocurrió, hasta que llegó la segunda y más grande guerra que los dioses, protectores y humanos habían visto. En la cual estaría el ser más malvado y sanguinario que la vida ha visto, capaz de matar a un dios maligno con una gran astucia e inteligencia, tomar su poder, y en la guerra, alimentarse de la maldad de sus hermanos guerreros caídos y matar a quien sería su líder.

Para derrotarlo, se necesitó del poder de todos los dioses, todos los humanos y todos los protectores. Pero ese no sería su final, ya que gracias al poder divino del dios que mató, al morir pasó a formar parte del mundo astral. Sin embargo, esto si sería el final para la relación de los dioses con el mundo terrenal y los protectores de la tierra. Mientras que el malévolo ser, ocultando su presencia, pasó años inadvertido hasta que provocó la primera gran guerra ancestral en donde todos los protectores volvieron a luchar contra el y todos los protectores que fueron esclavizados por el. Y por segunda vez, fue derrotado, pero su poder era tan inmenso que no serían capaz de matarlo. Así que en un esfuerzo en común, le encerraron en una zona ancestral donde el no podría salir, pero cualquiera que entrara ahí, estaría casi muerto. A este lugar le llamaron "La zona cero".

Y aunque todos creían que era por colaboración de todos los protectores, esto no hubiera sido capaz si no fuera por el protector Zhu Sadan. Quién desarrolló un poder único e incomparable, el cual fue nombrado por el mismo "La llama del Caos". La cual conserva las almas y su energía maligna de todo ser que haya sido un completo monstruo durante su vida, y puede canalizarla para ser usada. Pero si esta técnica cae en manos equivocadas, podrá convertir a cualquier ser en un esclavo, revivir a aquellos seres que fueron encerrados en la llama, e incluso destruir la vida en todo el planeta en el que estés. Y lamentablemente... Él ya sabe sobre eso y moviendo los hilos entre las sombras para dar inicio a la segunda y más sangrienta guerra ancestral...

Capítulo 2 Traición

Hace muchos siglos atrás, dentro del reino de Kedath, la pareja Davison, estaba siendo vapuleada y exiliada lo que había sido su hogar por toda su vida. Sintiendo el odio y el rechazo de los que a quienes ellos consideraban familia, amigos y colegas, pasando de ser queridos a ser simple escoria del reino.

Mientras estos salían, llenos de cascaras, jugo y restos de tomates, de golpes e insultos, miraban por última vez lo que ellos siempre disfrutaron. Los hermosos recuerdos invadían su mente casi tanto como la lluvia llenaba las calles de charcos de agua. Y aún sin entender que fue lo que cambio, o si quiera como pasó, abandonaron el reino, para seguramente nunca más volver, siendo ahora Patrick Davison y Elicia Sweth, la basura y el mayor símbolo de deshonra en los 15

reinos.

Todo luego de que Patrick, quién era un reconocido general de la ciudad de Kedath, traicionó al reino, asesinando a un grupo de 200 soldados del reino. Pero nadie sabía que el real responsable de este atroz acto no fue Patrick realmente, sino que de quién era su mano derecha, Robis Shafat, quién más que idolatrarlo o admirarlo, sentía una profunda envidia y odio hacía el.

Estos oscuros sentimientos lo llevaron a aliarse con uno de los generales del reino enemigo, Sefriat. Justo a este general, planearon una trampa a Patrick.

El plan consistía en engañar a Patrick con que había un sitio con grandes riquezas abandonado, que se encontraba dentro del territorio del reino, y para llegar a este, tenían que cruzar un denso bosque.

Dentro de este habrían dos hechiceros del reino de Sefriat, uno de ellos lanzaría un hechizo que debilitaría casi hasta el desmayo al ejercito y el otro pondría un hechizo sobre Patrick para hacerle creer que eran emboscados, pero que realmente, haría que matará a todos sus soldados, mientras que Robis escaparía para notificar al reino sobre la situación.

Luego de unas semanas de planificación, se dio inicio al plan. Patrick cayó en la trampa y solicito al reino que le permitiese llevarse consigo a más de 200 soldados, solicitud la cual fue aceptada sin duda alguna por el reino gracias a su prestigio.

Y todo salió de acuerdo al plan. Dando como resultado una grotesca escena en donde decenas de cadáveres rodeaban al agotado Patrick, quien seguía con el hechizo en el. Y luego de dos horas, el volvió en si mismo y sin casi tiempo a reaccionar, fue arrestado por soldados del reino de Kedath.

Sin pruebas a su favor, Patrick estuvo a un pelo de la sentencia de muerte, pero su mujer, Elicia Sweth, quien era una noble del reino, conocida por su fuerte carácter y simpatía, rogó por misericordia. Lo cual hizo replantear al rey sobre su decisión, el cual fue darle un castigo menor a la familia Davison en respeto por todos los años en donde esta ayudo al reino.

Ahora, viviendo en una pequeña cabaña, Patrick y Elicia viven de sus cosechas. Y con un pequeño niño al que cuidar... El cual para Patrick, considera su mejor y más grande triunfo, por encima de cualquier guerra o batalla ganada con anterioridad.

Por otro lado, Elicia suele recordar su vida antes de aquel momento, incluso se podría decir que extraña vivir esos tiempos. En su tiempo, ella era parte de la alta nobleza del reino, y como tal gozaba de un sin fin de privilegios, e incluso estaba cerca de ser parte de la Corte del rey, pero todo eso se vio frustrado por el atroz atentado que hizo su marido.

A pesar de eso, Elicia sabía que este atentado olía algo sospechoso, ya que Patrick nunca tuvo un solo motivo para realizar tal espantoso acto. Ella dentro de si, sabía que él no haría por nada del mundo eso, pero eso no podría probar su inocencia.

Desde que fueron desterrados, ella nunca ha querido preguntarle a Patrick sobre lo ocurrido, cree que todo ha sido sumamente difícil para el, y esto a pesar de haber mantenido la paz entre ellos dos, solo hace que su curiosidad y sus propias dudas vayan en aumento.

Cuando supo que estaba embarazada, ella sintió una gran felicidad, pero a la vez, una gran incertidumbre. ¿Cómo podrían alimentar a una cabeza más? Si hubiera pasado antes, no tendría esas preguntas, pero en ese momento, sencillamente no era el más idóneo para ello. Y como era ya una costumbre en esta familia, cuando uno esta mal, el otro estaba ahí para ayudar.

-¿Qué ocurre querida? Te veo algo decaída desde hace unos días. -pregunta Patrick mientras se acerca a Elicia-.

-Patrick... Yo... Yo no estoy segura de que tener un bebé sea una buena idea -responde cabizbaja-.

-¿Qué? ¿Por qué dices eso Elicia? -réplica Patrick bastante asombrado de la respuesta de su esposa-.

-¿Acaso no te das cuenta Patrick? Mira en donde vivimos... Si ya nos cuesta alimentarnos nosotros mismos, no me puedo imaginar cuan difícil será hacerlo con un bebé hambriento...-toma algo de aire y continúa- Tu sabes que siempre quise un bebé... Pero no así. Esto parece una burla de los dioses hacia nosotros... ¿No lo ves?

-Yo... Elicia... Se que las cosas no están bien y que no estamos en nuestro mejor momento, pero quizás este bebé sea todo lo que necesitamos. Quizás no es una burla de los dioses hacia nosotros, sino un regalo. -responde con tono triste-.

-¿Un regalo? ¿Y por qué ahora? De verdad Patrick, creo que lo mejor será que demos el bebé a una familia que lo pueda cuidar... Creo que es lo mejor para noso- -Patrick la interrumpe-.

-Lo mejor para nosotros será tenerlo... Créeme querida. Estoy seguro que hallaremos la forma de solucionar nuestros problemas, por favor... -caen rebeldes lágrimas por el rostro de Patrick- Se que todo esta muy mal... Se también que todo esto es mi culpa... Sé... Sé que todo esto esta siendo muy duro para ti... Incluso más que para mí. Pero creo que todo saldrá bien -no pudo seguir conteneriendose y empieza a llorar- Y... Y-yo creo... Q-que necesitamos e-esto... P-por favor... ¡T-te juro q-que t-todo saldrá b-bien...! S-solo no hagas esto p-por favor... T-te juro q-que me esforzaré para que no nos falte nada...

Ante esta triste escena, Elicia, no pudo negarse ante la petición de su esposo. Lo conocía durante tanto tiempo y tan bien, que el solo hecho de verlo llorar le rompió el corazón, puesto que su marido nunca lo había hecho. Incluso durante la muerte de su madre a manos de unos soldados de un reino rival, el se mantenía firme.

Incluso era tal su fortaleza mental, que durante su exilio, a pesar de verse cabizbajo y apenado, no lloró en ningún momento, ni antes, ni después de tal evento. Por lo que verle llorar sencillamente era inédito para Elicia y un indicio de dar marcha atrás a la idea que le estaba planteando.

Y así pasaban los meses, el vientre de Elicia cada vez crecía más y las necesidades de esta con ello. Elicia empezaba a sentir las primeras patadas del bebé, lo cual llenaba de felicidad a la pareja. Acercándose cada vez más al gran momento del nacimiento.

Hasta que por fin llego el momento del nacimiento de quien sería la más grande bendición para este par de enamorados. Al no contar con nadie que asistiera el parto, Patrick tuvo que ingeniárselas para saber que hacer en tan importante momento, que luego de mucho esfuerzo, por fin terminó. Con el nacimiento de un pequeño niño, que luego de un pequeño debate, llamarían Charles Davison.

Luego de limpiar la habitación, y de secar al niño, Elicia le dio de amamantar por primera vez, al hacerlo, sintió una paz interna sublime. Ya con el niño seco y limpio, pudieron notar mejor sus hermosos rasgos. El pequeño Charles tenía una piel oliva que quizás era común, pero a la vez, era perfecto para el. Sus pocos cabellos eran de un color marrón, mientras que sus pequeños ojos tenían un hermoso color azulado.

Cuando Patrick vio los ojos de su hijo, no pudo evitar recordar a su madre, quien había muerto hace ya unos cuantos años atrás por una enfermedad. Ella también tenía unos hermosos ojos azules, y que a la vez, siempre le trasmitieron un profundo sentimiento de paz en el. Luego de un rato, sus ojos se pusieron cristalinos al haber recordado tantas cosas de su vida, como su madre cuidó de el hasta su último aliento y como siempre le hizo ver el lado bueno de todo.

Patrick agita la cabeza en un intento de suprimir sus ganas de llorar, para luego recostarse junto a su amada Elicia y entrar en un profundo sueño.

Y así pasaron los años, Charles creció y con ello sus ganas de ayudar a su padre en la plantación y cultivo de comida además de un profundo interés por el arte de la guerra. Siendo su padre, el único y gran instructor de eso.

Patrick siempre que le enseñaba a pelear, le recalcaba algo muy importante «Luchar no significa matar a todo lo que se te ponga delante hijo, luchar significa querer proteger a tus seres queridos, proteger a lo que amas. Pero también significa luchar por lo que es justo y castigar a quienes no lo son.», por lo que Charles siempre creció con un sentimiento de justicia enorme.

Cuando Charles tenía once años, ya era un maestro en el manejo de las espadas, escudos, armas blancas y arcos. Además, el arte del cultivo era otra de sus grandes habilidades. Esto enorgullecía a su padre, quien siempre se vio a si mismo en su hijo, y no solo eso, sino que veía a su hijo como alguien mejor que el.

En un día cualquiera, mientras Patrick entrenaba a su hijo, oyó unos sonidos que venían desde algo lejos, pero que al ser un general de guerra bastante experimentado, reconoció inmediatamente. Se trataban de gigantes. No sabía si eran los gigantes de Werendulf o los de Prienan, pero lo que si sabía, es que debían correr inmediatamente de ahí. Por lo que detuvo el entrenamiento con su hijo y corrió a la casa donde se encontraba su mujer.

-¡Vamos a la casa ahora Charles! -grita bastante eufórico Patrick-.

-¿Q-qué pasa padre? ¿Por qué estás tan alterado? -pregunta desconcertado Charles-.

-¡No hay tiempo de explicaciones hijo! ¡Solo corre lo más rápido que puedas maldición!

Luego de un par de minutos, llegan a casa en busca de Elicia.

-¡Elicia deja todo lo que estés haciendo y ven ahora mismo hacía acá!

-¡¿Qué te ocurre Patrick?! ¡¿Qué se supone que esta pasando?! -responde desde el otro lado

de la casa-.

-¡Maldita sea Elicia solo ven ahora! ¡No tenemos tiempo para hablar!

Elicia al escuchar tan alterado a Patrick, va a la entrada y sale inmediatamente de la casa. Ya junto a Patrick y Charles, echan a correr por los prados por al menos una hora. Elicia y Charles exhaustos piden descansar un poco, pero Patrick sencillamente se niega a eso y toma a su mujer en brazos, mientras sigue corriendo con Charles. Hasta que llegaron a la orilla de un lago, Elicia y Charles creían que se detendrían ahí para beber agua, sin embargo, Patrick no detuvo la marcha, hasta que llegaron a una pequeña cueva, en donde por fin se acabaría su maratón.

Patrick toma un respiro, y luego de eso busca un cuenco que había dejado hace años atrás ahí, que con suerte debería seguir ahí a menos que haya sido tomado por algún deambulante. Y escarbando un poco por la tierra lo encuentra -Gracias a los dioses sigue aquí...-. Les dice que irá a buscar un poco de agua y estará de regreso para explicarlo todo, a lo que Elicia y Charles asienten con la cabeza.

Luego de unos diez minutos, Patrick vuelve a la cueva y les da de beber agua en el cuenco. Y a continuación, empieza a explicarles a su mujer y su hijo todo este alboroto.

-Uff... Siento haberlos sacado así de la casa... y de hacerlos correr tanto -suelta una pequeña risita y continúa- Pero realmente no teníamos nada de tiempo.

-¿Pero porqué no papá? No entiendo que era tan grave para que salgas corriendo así de la casa.

-Yo tampoco lo entiendo Patrick, ¿qué era tan grave para salir así de casa?

-Bueno... La razón es muy sencilla -hace una pausa y continúa- Gigantes.

-Oh... Ya veo -musitó Elicia-.

-¿Gigantes? ¿A qué te refieres con eso papá? -pregunta Charles atónito-.

-Hijo, en mis tiempos de guerra, conocí muchos razas de seres vivos y muertos, algunos más peligrosos que otros, pero uno de las razas vivas más fuertes y destructivas. Son los gigantes.

-¿Tan así papá? ¡¿Y qué tan grandes son?! -Pregunta intrigado por lo que escucha-.

-Muy grandes hijo... Si tuviera que hacer una estimación de cuan altos son en promedio... diría que como mínimo miden tres metros y medio.

-¡¿Tres metros y medio?! ¡Fabuloso!

-Si... Fabuloso, y peligroso. Para acabar con uno, necesitábamos de un grupo de al menos 15 soldados experimentados, y muchos de ellos morían en el acto. No es para tomarlo a la ligera hijo.

-Oh... Ya veo papá... Y, ¿Cuándo podremos volver a casa?

-No lo se hijo, el ruido que hacían no era de un solo gigante. Creo que eran un grupo grande de ellos. Quizás... Fueron a atacar al reino de Kedath... -termina cabizbajo-.

-¿Atacarán al reino? Pero... Eso no pasaba desde hace décadas Patrick. ¿Por qué crees que lo harían ahora? -cuestiona Elicia sorprendida de tal suposición-.

-No lo sé querida. En teoría el reino tenía un pacto de paz con ellos. Realmente es una sorpresa. -hace una pausa y continúa- Pero bueno, nos quedaremos acá unas cuantas semanas y volveremos. Esta zona tiene una gran cantidad de recursos, antes pude alimentar a una tropa de 50 soldados, nosotros somos tres, seguramente no habrá problemas.

Y así lo hicieron, pasando dos semanas alimentados de los frutos de las cercanías. Pero ya era hora de volver. Comieron su última comida antes de volver y salieron camino a casa. Fue un trayecto largo, puesto que ahora podían ir relajadamente hacia casa. Por lo que el viaje que tomo dos horas, ahora fueron cuatro.

Cuando llegaron, notaron que el reino estaba en perfecto estado, lo que significaba que habían ganado, pero en cuanto a su hogar, estaba todo destrozado. Al parecer los pasos de los gigantes destruyeron muchas cosas dentro de casa, pero nada que no se pudiera recuperar con algo de tiempo.

Y aunque todo parecía estar en paz, Patrick tenía un presentimiento de que algo andaba mal. Había bastantes indicios para que el pensará eso, entre una de las más evidentes fue que el reino cambió de bandera. Algo que en los trecientos años de su existencia, nunca había pasado.

Otros de los indicios era que los soldados no estaban resguardando la entrada, y la misma estaba completamente cerrada. Cosa que el solo había visto en dos ocasiones, una de ellas fue la guerra contra el reino elfo de Jinshua, y cuando el Rey Octavio pasó el trono al actual rey Augusto, su hijo.

A Patrick, la incertidumbre sobre que estaba aconteciendo en el reino no se le quitaba de la mente -¿Qué es tan importante para hacer eso?-, era una de las tantas preguntas que rondaban en su cabeza.

Pasaron los días, y todo seguía igual, con lo que al final Patrick dejo de darle importancia al reino. Aunque su hijo se había dado cuenta desde hace ya un tiempo que el siempre estaba al pendiente del reino, incluso sabía ya cuando su padre estaba pensando en el, por lo que le llamó la atención que volviera a estarlo y se decidió a preguntarle algo que Patrick siempre quiso evadir.

-Padre... ¿Puedo hacerte una pregunta?

-Claro hijo, ¿Qué necesitas saber? -responde mientras bebe algo de agua-.

-¿Por qué siempre estás tan pendiente del reino? Se supone que madre y tu se fueron hace mucho de allí, ¿Qué es tan importante para que sigas pendiente a el?

Esto hizo que Patrick se trapicara, al instante, Charles fue en su ayuda para evitar que fuera a ahogarse. Luego de esto, Patrick aprovecha de recuperar algo de aire y, con suerte, evadir la pregunta. Cosa que no consigue puesto a que Charles insiste en saber.

-Bien... Así que llego el día, sabía que en algún momento te surgiría la curiosidad, solo no esperaba que tan pronto... -toma un poco de aire y continúa- Pues... Supongo que no es tan fácil deshacerte de los recuerdos hijo.

-Oh... Ya veo. Pero, si tu recuerdas con tanto cariño... ¿Porqué tu y madre se fueron del rei- -en ese momento, Patrick se pone de pie y le da un freno a las palabras de su hijo-.

-No quiero hablar de eso, Charles.

-Pero padre... Yo... Yo quiero saber porque estamos acá en vez de estar en el reino, siempre me pregunto el porque tu y madre hablan tan bien del reino pero no quieren volver allí.

-Charles... No quiero hablar sobre eso. Ya te lo dije. -Patrick sonaba ya algo irritado-.

-Pero padre... Yo solo quiero saber p-

-¡No! ¡Ya te lo dije maldita sea! No voy a hablar sobre eso. Mejor ve a casa y trae algo de ropa de cambio. Vas a entrenar mucho más.

Asustado por la furia que desprendían las palabras de su padre, este solo asiente con la cabeza y va camino a casa.

Habían pasado ya alrededor de veinte minutos y Charles no volvía, Patrick pensó que el se habría sentido mal por la forma en como le reprendió hace un rato, y haciendo un gran esfuerzo por relajarse y dejar su orgullo atrás, decide volver a casa. Cuando ya iba en la mitad del camino, empieza a escuchar algunos sonidos, los cuales eran sin duda alguna caballos.

Esto llamó demasiado la atención de Patrick, quien empezando a preocuparse, decide apurar el paso y empezar a correr a casa. Lo cual le permite llegar justo a tiempo para ver como una tropa de cerca de treinta soldados destruían su hogar. Y casi al instante ve como su querida esposa Elicia y su hijo a quien asustó hace un rato, estaban siendo rodeados por alrededor de 7 soldados. Furioso ante tal escena, empuña su espada para ir en ayuda de su familia.

Corre en dirección a su hijo y apuñala de forma casi mortal a tres de los soldados. Estos, al ver tal escena, se forman en posición de ataque y batallan contra Patrick. Estos soldados, para fortuna de la familia Davison, eran algo nuevos en el campo, por lo que no tenían tanta experiencia en combate y eso le daba algo de ventaja a Patrick.

Este último, quien de poco en poco era rodeado por los soldados, hizo que Charles en un arranque de adrenalina, se zafe del hostigamiento de los soldados y entra a su casa. Dos soldados van tras el, pero botando algunas sillas y muebles de la casa mientras corría en ella, hizo que estos torpes soldados se tropezarán.

Lo cual le dio el suficiente tiempo para que Charles llegará a la habitación de sus padres y tomará una de las espadas que tenía Patrick en ella. La empuñó y fue en ayuda de sus padres. Sus primeros contrincantes fueron los dos soldados que lo persiguieron. Estos al ver a Charles con la espada no sintieron temor alguno. Creyeron que sería un niño fácil de vencer, nada cercano a la realidad. Charles fue capaz de plantarle cara a ambos y con poco esfuerzo, rebanó las piernas de estos soldados con una fuerza y velocidad abrumadora, para que casi al instante, degollará a ambos soldados, quienes seguramente nunca en su vida llegaron a creer que un simple niño de once años fuese siquiera capaz de algo siquiera similar.

Saliendo de la casa, Charles salta hacía los soldados que tenían a su madre retenida. Blandiendo la espada como el maestro que este es, era capaz de mantener una batalla reñida con siete soldados, quienes iban de a poco cayendo en la batalla. Patrick, quien de lejos miraba de reojo a su hijo, no podía estar más orgulloso de el.

Y cuando Charles estaba por acabar con el último soldado, a lo lejos suena un ruido ensordecedor. Y consigo traía cerca de cuarenta soldados, quienes rodeaban a una persona quien cabalgaba un caballo con armadura de oro. Los soldados corearon una orden y empezaron a dividirse en grupos para apoyar la feroz batalla. Patrick, quien ya había acabado con algunos soldados, al ver la cantidad de soldados que se le acercaban, sencillamente sintió que todo estaba ya acabado. El era capaz de pelear contra diez, incluso quince soldados. Pero ya veinticinco, de los cuales vio algunos que el conoció en su época de general, sabía que ya muchos muchos de ellos serían soldados más que experimentados. Patrick se maldecía a si mismo y ya daba por centado que todo había acabado.

Entrando en combate, Patrick intentaba mantenerse firme y por ratos lo conseguía, pero su cuerpo se estaba agotando. Cuando ya veía que todo estaba perdido, sonó desde lejos una voz que el podría reconocer en cualquier lugar, era Robis Shafat.

-¡Detengan la batalla! -grita con fuerza Robis- Pero neutralicen a todo aquel que no sea del reino.

-Gracias a dios... Alguien con quien podre hablar -dijo Patrick para si mismo-.

-¡Si mi majestad! -respondieron al unísono los soldados-.

Esta última frase despertó nuevamente las alarmas a Patrick, ¿desde cuando se referían los soldados a Robis como su majestad? Algo andaba mal, muy mal.

-Espera... ¿Cómo que majestad? -dijo en voz baja Patrick-.

En eso, Robis se acerca lentamente a la posición de Patrick, para luego de unos segundos, estar frente a frente con el.

-Vaya vaya. ¿Pero a quién tenemos aquí? -toma un segundo para mirar al cielo y continúa- ¡Pero si es el famoso Patrick Davison!

-R-Robis... ¿Qué significa todo esto? -hace una pausa para tomar algo de aire- ¿Qué pasó con el rey Octavio?

-Hey, espera un segundo Patrick. El que hará las preguntas seré yo. ¿O acaso te crees superior al rey de Kedath? -Suelta una carcajada y continúa- ¿Cómo terminaste así amigo?

-Tu sabes bien porque pasó Robis... No quiero recordarlo. -responde con un tono triste en su voz mientras agacha-.

-Jajaja. El asesino del reino. Si, lo recuerdo bien. -luego de eso, se dirige hacia donde esta Charles y Elicia- ¿Y a quién tenemos por aquí? ¡Elicia Sweth! ¡La más hermosa noble que el reino pudo tener! ¿No es así, querida?

-Cállate desgraciado. ¿Por qué mejor no le dices a tus subordinados que nos dejen en paz? -alegó bastante molesta-.

-Jeje... Tu siempre tan ruda eh... -abofetea cruelmente a Elicia, quien cae al piso-.

Al ver y escuchar eso, Patrick y Charles estallan en ira y cada uno intenta ir en ayuda de Elicia, pero los soldados los golpean fuertemente hasta tirarlos al piso. Y viendo esto, Robis continúa con sus humillaciones hacia la familia Davison.

-¿Y este chiquillo rudo quién es? A ver... déjame pensar. -da unas vueltas sobre si mismo mientras dice frases sin mucho sentido- ¡Ya lo sé! Si solo esta el bastardo de Patrick, y la zorra de Elicia, entonces este chiquillo es la suma de ambas basuras, su hijo.

-¡T-Tu! ¡M-Maldito cuando te ponga las manos encima, yo y mi padre de mataremos! -grita Charles enfurecido en el piso-.

-Jajaja... Tienes el mismo humor de tu padre, que divertido. -al instante le da una fuerte patada que hace girar en el piso a Charles, dejandole insconsciente.-.

-¡Hijo! ¡Maldito seas Robis! ¡Qué mierda te he hecho para que nos hagas esto?! -al escuchar esto, Robis vuelve con Patrick-.

-Nacer. Eso hiciste Patrick. Desde tu nacimiento fuiste un trozo de mierda a quien la vida le quiso ayudar, incluso yo quise hacerlo, pero es una lástima que estabas destinado a ser un maldito asesino. ¿No es así?

-Yo... -vuelve a agachar su cabeza de la vergüenza-.

El mayor golpe de moral que puede recibir Patrick es que le recriminen sus presuntos actos de su pasado, aun cuando no fue así, sencillamente hace que Patrick caiga en una profunda tristeza y vergüenza.

-Sabes... Patrick, desde hace un tiempo quise hacer esto. Nunca estuve de acuerdo con la decisión del rey Octavio sobre tu exilio. Un trozo de basura como tu no lo merecía. Y ver que incluso exiliado, tienes una mujer como Elicia y un estúpido hijo, solo me da asco. -dice con un tono sumamente amargo-. Pero... Yo no soy como el rey Octavio, ¿Sabes? Yo soy mucho más práctico y severo. -mira de reojo a Charles, quien seguía tendido en el piso- Y creo que tu mereces un castigo.

Patrick, quien se sentía tan humillado y avergonzado, no podía replicar ante tales alegatos de quien fue su mano derecha por un largo tiempo. Pero este nunca se imaginaría cual sería su castigo.

Robis se acerca al pequeño Charles, le vierte algo de agua en su rostro lo que fuerza su despertar, para luego tomarlo del pelo y recita las siguientes palabras.

-Un pecador como tú, un asesino como tú, no tiene derecho a tener felicidad en su vida. Y creo que matarte no hará que pagues nada de tus actos, ni tampoco matar a Elicia. -hace una pequeña pausa- pero quién pagará tus actos, será tu pequeño hijo.

-¡¿Q-Qué?! ¡No! ¡No le hagas nada! ¡El no tiene nada que ver en esto! Si quieres desmembrarme, hazlo, si quieres usarme como trapo, hazlo. ¡Pero no le hagas nada a mi hijo! -grita desesperado-.

-¡Jaja! ¿Tu realmente crees que eso saciara en algo tu deuda con todo el reino...? ¡Jajaja! Estas realmente loco. Pagarás por toda tu vida el pecado de haber traicionado al reino.

Luego de escuchar eso, Patrick corre a salvar a su hijo, pero antes de que siquiera pueda acercarse, recibe dos flechas. Una en cada pierna, lo cual casi no le permite caminar, ni mucho menos correr.

Por parte de Elicia, ella también intento salvar a su hijo, pero recibió un golpe en su cabeza por parte de un soldado, lo suficientemente fuerte para noquearla en seco. Y así, sin nada que pudiese ayudarles. Patrick vería como su hijo es asesinado en frente de el. Los soldados hacen que este se siente en el piso mientras lo sostenían de los brazos, mientras que Robis arrastraba al pobre Charles en frente de el.

Cuando padre e hijo estaban frente a frente, y ambos llorando sabiendo que sería la última vez que se verían, dejaron de lado su lado fuerte y solo dijeron una frase, que se llevaría Charles a la tumba y por el resto de la vida de Patrick.

-Te amo hijo -dice llorando intensamente-.

-Yo también, papi -dice con los ojos cerrados mientras las lágrimas caían por su joven mejilla-.

Algunos soldados de los que estaban presentes, mayormente los que llegaron a conocer a Patrick, no pudieron evitar sentir pena por ellos. Incluso sintieron ganas de ayudarles, pero eso pondría en peligro sus vidas como las de su familia. Por lo que aun cuando sentían la necesidad humana de socorrer a la familia, sencillamente no podían.

Robis empuño su espada, y con un rápido movimiento, degolló al joven Charles. Su cabeza rodo por el piso hasta llegar a las piernas de su padre, quien no paraba de llorar por lo que estaba viendo. La sangre derramada por el piso mancho los pantalones y el cuerpo sin vida de Charles. Patrick aún no podía creer lo que estaba pasando, deseaba despertar y que todo fuese una cruel pesadilla, pero no fue así, nunca despertó.

Robis luego de tal acto, le ordenó a todos los soldados que se retirasen, quedando a solas con el destruido Patrick, solo para reabrir otra vieja herida, y hacer que Patrick se hunda en la miseria y depresión como nunca antes. Robis se acerca al oido de Patrick para confesarle algo terrible.

-Pobre Patrick. Caíste en mi trampa. Espero hayas disfrutado todos estos años en exilio. El reino de Sefriat y yo estamos muy agradecidos de tu debilidad. Por cierto. El rey Octavio era un pésimo luchador. Hubieras visto como rodó su cabeza por el trono. Casi igual a la de tu hijo.

Al escuchar eso, Patrick abrió totalmente sus ojos, los cuales ya no podían estar más inyectados en sangre. En un solo día vio como toda su vida se desmoronó. Vio caer a sus dos seres amados, y supo la verdad sobre su exilio. Y ahora, ni siquiera puede acudir al reino, ya que Robis se hizo con el poder asesinando al rey y usurpando el trono. Todo estaba perdido.

Cuando Robis se fue, Patrick, con las pocas fuerzas que le quedaban, se levantó y aunque pensó en despertar a Elicia, prefirió no hacerlo. Si ella viera a Charles así, seguramente se querría morir con el, al igual que el lo quiere ahora. Fue a casa y buscó la pala, se fue a las profundidades del bosque y cavó una tumba. Dejando el cuerpo de su difunto hijo dentro de el, y poniendo flores que encontró en ese momento junto a una cruz de madera. Para luego ir con su mujer y caer rendido ante el cansancio.

Mientras estos dos dormían, la ira de los dioses se hizo presente. Haciendo que caigan rayos por doquier y dejando caer una fuerte lluvia junto con fuertes terremotos. Cualquiera pensaría que sería el apocalipsis, pero no. Los dioses vieron todo e impactados por la crueldad mostrada hacia la familia Davison, tomaron una decisión.

Aquel joven Charles, quien creció junto a sus padres y aprendió todo de ellos, sería uno de los nuevos protectores ancestrales del planeta. Este volvería a la vida dentro de unos días, y sería resguardado por el protector ancestral Bill Hunders. Quién le enseñará todo lo que deberá saber para convertirse en un digno protector ancestral elegido por los dioses.

Capítulo 3 El obsequio divino

Pasaron unos días desde la que se suponía, era trágica muerte de Charles Davison a manos del tirano Robis Shafat. Patrick y Elicia lloraban día y noche, recordando cada imagen de lo acontecido, pero lo que ellos no sabían, era que los dioses le darían a su hijo un obsequio divino, la resurrección.

Aquellos dioses que tomaron tal decisión, bajaron al mundo terrenal en forma de brisa, rescatando el cuerpo degollado del difunto Charles sin dejar el más mínimo rastro de esto, y llevándoselo al mundo espiritual, donde sería recibido por un adulto Bill Hunders, quien formaba parte de los protectores de la tierra.

Llegando al lugar donde estaba Bill, los dioses tomaron su avejentada forma física, posándose frente a Bill, quien, mirándolos con asombro, no entendía el porqué de su regreso. Los dioses pasaron un largo tiempo sin tomar contacto con ninguno de los protectores ancestrales de la tierra, luego de la denominada plaga maligna. Ocurrida hace unos cuantos siglos atrás, cuando el humano recién empezaba a expandirse por el basto mundo.

Los dioses miraron a Bill, sabían perfectamente el porqué de su asombro, pero no tenían la intención de hablar sobre ello, al contrario, solo querían explicar el porqué de su presencia y largarse de aquel lugar al cual ellos no querían volver, aun cuando la nueva generación de protectores no tenía ninguna culpa.

-Hola, joven Bill. -dicen al unísono los seis dioses presentes-.

-H-Hola dioses... ¿Q-Qué los trae por acá? -luego de decir esto, suelta una pequeña risa nerviosa-.

-Nada relacionado con ustedes directamente, joven Bill -respondía uno de los mayores dioses de ahí- Solo... Te tenemos un pequeño regalo, si es que se le puede llamar así.

-¿R-Regalo señor? ¿A qué se refiere con eso? -pregunta Bill aún más confundido-.

Desde atrás, aparece un séptimo dios, quien cargaba consigo el cuerpo de Charles.

-Necesitamos que revivas a este humano. -aquel dios deja en el piso el cuerpo y cabeza de Charles- Además de eso, te harás cargo de el, será tu nuevo discípulo.

-¿N-Nuevo discípulo? -da un vistazo rápido a Charles y continúa- Además... ¿Cómo se supone que deba revivirlo? Acaso no ven que...

-Si, sabemos perfectamente su estado -se pronuncia el menor de los dioses- Joven Bill, ustedes los protectores ancestrales de la tierra, son los únicos capaces de revivir a los humanos -hace una pausa para mirar a Charles- ¿O acaso no sabe que son su propia creación?

-Ah... ¡C-Claro que lo se señor! -responde nervioso- Aunque bueno... Yo no soy exactamente un protector original. Supongo que ustedes lo saben...

-Y por eso le elegimos a usted como su maestro -responde el dios que se encontraba al centro de todos- Usted y este joven vienen del mismo mundo y al parecer, tienen una historia similar.

-¿Historia similar? ¿A qué se refiere con eso señor?

-Este niño, ha vivido una tortuosa vida, y ha sido separado de sus padres de una forma muy cruel -hace una pequeña pausa- Creo que eso es más que evidente.

-Si... Es muy evidente -responde con algo de pena al saber ese pequeño detalle-.

-Bien, nosotros nos retiramos. Muchas gracias por su amabilidad joven Bill. -agradecen la hospitalidad- Oh espera. Una última cosa. Tienes estrictamente prohibido llevarlo al mundo terrenal, y también hacerles saber a sus padres que el estará vivo.

-¿'Qué? ¿Por qué? -cuestiona sorprendido de aquella regla tan... cruel-.

-No tienes por qué saber eso. Solo cúmplelo y ya -responde seriamente el dios que estaba al lado izquierdo del grupo- ¿Entendido?

-S-Si señor... -los dioses asienten en forma de aprobación y se despiden al unísono- A-Adiós... -mira por unos segundos como los dioses vuelven a su forma espiritual y se desvanecen del lugar-.

Luego de la sorpresiva platica con los dioses, Bill se acerca al cuerpo de Charles, y mientras carga en su hombro el cuerpo del mismo, toma su cabeza y se dirige a una gran sala iluminada por llamas blancas. En ella, convoca una pequeña mesa, en donde deja el cuerpo y la cabeza de Charles, alineando ambas partes para luego conjurar unas palabras y unirlas nuevamente en un cuerpo.

Seguido de eso, hace aparecer cientos de librerías, leyendo en cuestión de segundos, cientos y cientos de libros buscando la forma de revivir a ese chico -Seguramente mi maestro debe haber dejado algo por aquí en su momento-, decía Bill para si mismo. Al cabo de unos minutos, allá la forma de revivirlo, y luego de unos cuantos intentos de práctica intentando reanimar a quien sería su cena, ya estaba preparado para revivir a quién sería su primer discípulo.

Haciendo movimientos con las manos y conjurando frases en diferentes idiomas, el cuerpo de Charles se iba levantando y, envuelto por cientos de luces y partículas, iría retomando su color natural, trayendo a quien estaba muerto, de nuevo a la vida. Sin embargo, esto no sería tan sencillo. El cuerpo de Charles había permanecido muerto por mucho tiempo, por lo que le tomaría un tiempo recuperarse.

A sabiendas de esto, Bill toma el cuerpo de Charles, le recita un pequeño canto al oído y lo carga a una de las habitaciones de su templo. Esta canción lo haría dormir por días, evitando así que despierte antes de tiempo y su cuerpo pueda recuperarse completamente.

Y así pasó una semana, en la que cada día Bill iba a visitar a Charles para corroborar que sigue durmiendo, además, le cantaba una pequeña canción que le permitía nutrir el cuerpo de Charles sin hacerlo despertar al intentar hacerle comer de una forma natural. Hasta que llegó el día donde Charles despertó, pero que, por esas coincidencias de la vida, Bill no estaba ahí.

Charles abrió sus ojos, aunque no podía ver mucho, sentía que algo no estaba bien. A medida que su vista se iba adaptando, lograba ver cada vez más detalles. A la vez, Charles de poco en poco iba sintiendo más fuerza y energía, lo cual le permitió levantarse de la cama en donde se encontraba.

Empezó a explorar aquella habitación, una de las cosas que más le llamó la atención fue el fuego blanco, que por encima de todas las joyas y lujos que esa habitación tenía, para el joven Charles no se comparaba en nada con aquel fuego. Una de las cosas de las que Charles se percató, es que aquel fuego no emanaba calor. Incluso introdujo su mano en él y no sintió el más mínimo dolor.

Luego de eso, miro la ventana que se encontraba a la izquierda de su cama. Instantáneamente fue allí con la esperanza de ver el campo de su casa, pero lo que vio, sencillamente lo aterró. La ventana no tenía ningún tipo de paisaje, al ver afuera, todo estaba vacío, no había la más mínima cosa allí afuera.

Eso hizo que Charles recordará todo lo que pasó antes de despertar ahí, como vio a su padre llorando y diciéndole que le amaba, para luego sentir la espada atravesar y consigo rebanar su cuello. Como golpeaban a su madre y como el luchó y luchó, sin tener éxito. Lloró de la pena, no sabía en qué lugar estaba, pero seguramente era la muerte, creía saber que al morir, quedo completamente solo y encerrado en una habitación. Quiso escapar por la puerta, pero al abrirla, vio nuevamente el total vacío.

Y mientras el lloraba al costado de la cama, Bill sintió la presencia del joven despertar, por lo que apuró el ritmo y asesino al ser que amenazaba con asesinar y alimentarse de las almas de todo un pueblo, para luego teletransportarse a su templo. Dentro de él, corrió a la habitación del joven Charles.

Abrió rápidamente la puerta y al ver a Charles llorando desconsoladamente, se le intento acercar, pero no esperaba que Charles se pusiera en una posición de combate mientras tomaba una copa de oro que había ahí y lo intentaba amenazar con él. Mientras sus ojos, los cuales estaban inyectados en sangre y lágrimas, pregunta asustado y exasperado a Bill.

-¡¿Quién eres y porque estoy aquí?! -grita asustado-.

-Eh... Oye niño tranquilo -dice mientras das pequeños pasos- déjame explicarte todo esto.

-¡No te acerques! -Mueve la copa como si fuera una espada- ¡¿Dónde tienes a mis padres?!

-Ah... Sobre eso... Pues yo...

-¡¿Dónde están?! ¡Habla maldita sea! -grita aún más fuerte y enfurecido-.

Viendo la escena, Bill agacha la cabeza y conjura unas cuantas palabras. Esto hace que el cuerpo de Charles se debilite, pero a la vez se tranquiliza.

-¿Ahora estás más calmado niño? -pregunta Bill cabizbajo-.

-¿Q-Qué me hiciste...? ¿Acaso eres un hechicero? -cuestiona Charles que aún calmado no se siente seguro de Bill-.

-Eh... No exactamente... -hace un suspiro y continúa- ¿Me puedes dejar explicarte todo con calma?

Charles, quien seguía inseguro, asiente con la cabeza y empieza a escuchar a Bill.

-Bien... como digo esto para que no suele ridículo. Bien -pausa- Tu fuiste asesinado hace quizás... ¿dos semanas? Pues bien. Los dioses te han dado el regalo de la resurrección, y a la vez fuiste elegido para formar parte de los protectores ancestrales de la tierra.

-¿Dioses? ¿Protectores ancestrales? ¿Qué es todo eso?

-Uh... Bueno -mira al cielo en busca de respuestas- Pues. Somos seres que estamos unos cuantos eslabones por encima de ustedes, aunque bueno, tú ahora estarás a mi nivel supongo. Y bueno, nosotros los protectores estamos encargados de proteger a la tierra de entidades malignas que la amenazan... Y créeme, no son pocas.

-Eh... Disculpe señor, pero... Creo que usted tiene mucha imaginación...

-¿Ah sí? Si todo fuera mi imaginación... ¿Cómo se supone que podría hacer esto...?

En ese mismo instante, un aura dorada los rodea a ambos, casi al punto de dejarles ciegos. Charles sintió una gran presión en su cuerpo y de repente, cae al suelo. Al abrir los ojos, ambos estaban fuera del planeta, rodeados por un cubo delgado que parecía una especie de agua.

Charles quedo boquiabierto por un par de segundos, y luego de volver en sí mismo, no podía entender ni creer lo que estaba viendo. Primero creyó que estaba muerto, pero cuando apareció Bill de la nada, pensó que solo estaba bajo los efectos de alguna droga. Aunque sabía dentro de él que ninguna de las dos cosas explicaría que el estuviera vivo, si es que realmente lo está.

Bill, con su vasta experiencia y al haber vivido algo muy similar cuando el se volvió un discípulo de su maestro luego de lo que había sido su muerte, solo espero unos segundos para que Charles asimilara todo lo que estaba viendo.

Aunque tardó más de lo esperado, Charles realmente estaba muy impactado por todo lo que estaba viviendo, y aún no podía creer del todo que aquello que sus ojos veían, era real. Por lo que Bill dejó de esperar y empezó a explicarle la situación.

-Joven Charles, sé qué esto es muy chocante para ti -da una pequeña sonrisa- Lo sé perfectamente.

-¿D-Dónde estoy s-señor? -tartamudea del impacto-.

-Pues, este es tu planeta. Nuestro planeta -hace una pausa y continúa- Es muy grande, ¿verdad?

-S-Si... es inmenso... -y mientras mira asombrado el planeta tierra, pregunta- ¿Esto es real, señor?

-Completamente.

Charles sencillamente seguía incrédulo ante tal escena, ni siquiera sabía si realmente era la tierra, puesto que nunca estuvo aquí.

-¿Y c-cómo sé que e-eso es v-verdad? -dice temeroso ante la grandeza de la tierra-.

-Sencillo, dime un lugar al que te gustaría ir.

-Bueno... No conozco ningún lugar señor... -dice apenado- Pero... ¿Podríamos ir a mi casa? ¡Podría presentarte a mis padres!

Bill estuvo a punto de hacerlo, hasta que recordó lo que dijeron los dioses. Por lo que, con algo de tristeza, tendrá que decirle que no.

-Lo siento. No podemos ir allí.

-¿Q-Qué? ¡¿Por qué no podemos?! -responde molesto-.

-No está permitido hacerlo -mira con tristeza la cara de molestia de Charles- Yo... Yo no lo tengo permitido.

-¿Quién te prohíbe hacerlo? -se acerca con furia en sus ojos a Bill- ¡¿Quién?!

-Dioses. -dice secamente al ver como se acercaba Charles- Mejor no hagas lo que estás pensando, no tendré ningún trato especial contigo en ese caso.

-¿L-Los dioses? -ríe de forma irónica- ¡Ja! Si claro, no creo que ellos sean tan crueles.

-Lo son. -luego de eso, se le viene una idea a la cabeza que podría permitirles ir- Espera, creo que si podemos ir.

-Jaja. Seguramente tu eres quien no quiere que vea a mis padr- -se detiene en seco al escuchar a Bill- ¡¿De verdad?!

-Si.

-¡Entonces vamos ahora señor! -dice emocionado al saber que volverá a ver sus padres- ¡¿Qué estamos esperando?!

-Claro, pero antes de ir, debes saber algo. -al escuchar eso, Charles mira intrigado a Bill- Tú podrás verlos, pero ellos no a ti. Tampoco podrás tocarlos ni hablarles. Ni siquiera podrás interactuar con las cosas del ambiente.

-¿Qué? ¿Por qué? ¡No entiendo porque haces esto!

-Tengo que cumplir las órdenes de los dioses. Lo siento hijo. -Charles agacha la cabeza y suelta un par de lágrimas- ¿Aceptas las condiciones?

-S-si... Acepto señor.

-Bien. Vamos.

Al hacer eso, el cubo que los rodeaba se empieza a mover casi tan rápido como el sonido. Charles, quien aún no entendía el porqué de las crueles condiciones que dictaron los dioses sobre el, solo pensaba en qué sentido tendría la vida sin sus padres. Mientras que Bill, no necesitaba siquiera usar alguna técnica sobre Charles, entendía perfectamente los sentimientos de Charles, al fin y al cabo, él vivió algo muy similar.

Hace muchos años atrás, en uno de los 12 continentes de aquel era, existían muchas facciones a falta de un sistema político como las monarquías o democracias presentes en otros continentes. Pero había dos facciones que siempre estuvieron en disputas, incluso llegaron a tener pequeñas guerras, era el día a día de estas facciones. La familia de Bill vivía en una de ellas, la llamada Wunderland. Los padres de Bill eran hábiles soldados, y cada vez que había una batalla, ellos luchaban en ellas, siempre sobrevivían, muchos le llamaban la pareja de gatos.

Y como era casi costumbre, un día llegaron al hogar Hunders la orden de presentarse al campo de batalla, pero algo era diferente. lago tan pequeño, pero tan impresionante y peligroso. La facción enemiga, Pidriat, se había aliado con una de las tantas facciones de ese continente, pero que era una de las más poderosas, la facción Cruells. Estas facciones denominaron a su alianza, La luz de la muerte. Unidas formaron un ejército de más de 17.000 soldados en contra de Wunderland, el cual vio como de la noche a la mañana, su enemigo casi triplicó los números de su ahora pequeño ejército de 6.000 soldados.

La facción de Wunderland hizo todo lo que pudo por contener el ataque, mientras los padres de Bill le llevaron con su tía, Tania Quelts, quién tenía en su propiedad un refugio secreto. Ellos al ser soldados experimentados, fueron designados a la primera línea de contención. Dentro del refugio de la tía Quelts, Bill podía escuchar gritos desesperados de mucha gente, sentía mucho calor y escuchaba a la ciudad arder, y viendo esto, su tía le tapo sus oídos con unos corchos de vino junto a unas telas.

Ya habían pasado muchas horas, los gritos y el fuego había cesado. Tania se acercó a Bill y le sacó los corchos de los oídos a Bill. Tania creía que todo había terminado, por lo que iría a ver allí afuera como estaban las cosas. Para luego volver a buscar a Bill. Le pidió que no saliera hasta que ella volviera, y Bill asintió con la cabeza. Pero Tania, nunca volvió.

Bill obedeció a Tania lo qué más pudo, pasando todo un día dentro del refugio, pero sentía mucho frío y tenía mucho miedo, por lo que no pudo aguantar y escapó del refugio. Y no había alcanzado a salir de la zona del refugio, cuando vio a su tía tirada en el suelo, con una flecha ensartada en su cabeza.

Ante tal escena, Bill corrió de allí, asustado y con miedo, buscó a sus padres por todos lados, pero por donde iba, solo veía cadáveres, mucha gente que el conoció estaban entre ellos. Y a las afueras de su pueblo, había muchos más cadáveres, hasta que por fin... Llegó con sus padres. Quienes fueron mutilados en batalla. Bill al ver eso lloró, se sentó junto a sus padres y con su inocencia de niño, quiso despertarlos. Rescato sus brazos e intento ubicarlos en su posición, pero ya era demasiado tarde. Ellos no despertarían nunca más. Y mientras el lloraba, el sonido de un caballo se acercaba, era su verdugo. Quién no titubeo y perforó el pecho del niño, el cual moriría casi poéticamente, junto a sus padres.

Pero para su desgracia, él no podría reunirse con ellos en el cielo. Los dioses aparecieron frente a él y en un acto de lo que ellos llaman, bondad, le dan el obsequio divino de revivir. Aunque a diferencia de Charles, no fue realmente por bondad. Sino que aquello que los dioses llamaron Ezkath, dictamino que el no podía morir aún, porque él estaba destinado a cumplir una importante misión.

Bill siempre recuerda eso, y ese llamado Ezkath parece ser el destino. Él no puede evitar sentir algo de rencor hacía eso, ya que, si no existiera, podría estar ahora en el más allá con sus padres, no podía evitar empatizar con Charles, a el también le hubiera gustado volver con sus padres y no estar cumpliendo algo que ni el sabe que es. Y esto mismo hacía que el empatizara tan bien con Charles, el dolor que ellos sienten es idéntico.

Mientras viajaba, no podía parar de pensar sobre si realmente vale la pena respetar las restricciones de los dioses, porque al menos a él le hubiera gustado tener la opción de no hacerlo. Y de reunirse con aquellos que él amó, que ama y que siempre amará. Pero a la vez sabe que, aunque tenga sus contras, todo esto hizo que el conociera grandes personas. Y de ellas aprender grandes lecciones y quiere creer que podrá hacerle pasar lo mismo a quien ahora es su discípulo, Charles.

Pasado unos minutos, por fin llegaron a su destino, Charles se quedó mirando su hogar destruido. Aun había sangre desde el ataque, y todo se sentía tan... Diferente. Charles ya no sentía esa paz y alegría que lograba percibir antes de morir. Luego de eso, corrió hacia donde el entrenaba siempre con su padre, puesto que, según la posición del sol, el debería estar ahí.

Cuando llego al sitio, seguido muy de cerca por Bill, vio el lugar vacío. Solo había una polera de el, su polera favorita. Estaba muy mojada, como si hubiera sido roseada por agua, en eso se acerca Bill y habla un poco con el.

-Tu padre no ha parado de llorar desde que te fuiste -toma la polera de Charles- Siento mucho no poder permitirte siquiera tomar esto. No es mi intención hacerlo, créeme.

-No entiendo porque son así los dioses... -levanta la cabeza y mira con sus ojos llenos de lágrimas a Bill- ¿Por qué son así?

-No lo sé. A veces me gustaría ser un dios, quizás podría hacer las cosas de otra forma.

-Mi madre... ¿Cómo ha estado mi madre?

-Tu madre... Ella está destrozada. Aun no asimila tu muerte.

En ese momento, Charles echa a llorar y corre hacía su casa, mientras Bill le sigue.

-Señor... ¿Ellos están aquí?

-Si. Están dentro. De todos modos, no intentes usar la perilla, no es necesario.

-¿Y cómo se supone que entre?

-Solo pasa y ya. Imagina que no hay puerta.

Al entrar. Todo estaba tan apagado, los trastes no habían sido limpiados y toda su casa seguía igual, lo único que se podría decir que cambió, es que no estaban los cadáveres de los soldados que él mató. Bill solo se quedó en silencio mientras miraba la escena.

Charles se dirigió a la sala principal, que aun siendo algo pequeña, para ellos era lo suficiente para disfrutar de aquellos momentos de completa paz. Tenía una pequeña esperanza de que ellos pudiesen estar ahí, pero al llegar, estaba totalmente vacío. Así que apenado, va a la habitación de sus padres.

Estando ahí, Charles presenció la tan deprimente escena. Su padre no paraba de llorar, incluso sus nudillos estaban sumamente lastimados, lo cual indicaba que había descargado su ira con golpes. En cuanto a su madre, ella estaba acostada en la cama, en posición fetal.

Se podía notar fácilmente que la habitación no ha sido ordenada, al igual que el resto de la casa. Elicia y Patrick se veían muy delgados, al parecer no habían comido mucho por bastantes días. Las almohadas de ambos estaban muy húmedas, debido al desconsolado llanto que han tenido en esta semana desde la que era, la muerte de su único hijo.

Charles, vigilado por Bill, se acercó a su padre, se puso frente a el y vio los rojos ojos del mismo. Quería darle la mano, decirle que todo estaba bien y que el seguía aquí. Quería volver a entrenar con su padre, comer las deliciosas comidas de su madre y seguir como si nada hubiese pasado. Pero los dioses no querían eso y no podía entender el porqué de eso.

-Lo siento hijo. Se que esto es difícil para ti.

-Yo... Yo quiero volver con ellos...

-No puedes. Lamentablemente no puedes Charles.

Esas simples palabras, quebraron por completo el corazón de Charles, quien sufría al ver a sus padres así y estando delante de ellos, no poder ayudarles a superar todo el sufrimiento que ellos están pasando.

No podía seguir ahí, por lo que se acerca a su padre, y aunque el no pueda saberlo, le da un pequeño beso en la frente y se despide de el, mientras que a su madre le recita en su oído un pequeño trozo de la canción de cuna que ellos le cantaban de niño. Para luego pedirle a su maestro Bill que se fuesen de ahí, a lo que el solo asiente y empiezan su viaje de regreso, y en secreto, hacer un pequeño hechizo para que los padres del niño vayan recuperando sus fuerzas y con suerte, superar esta situación.

-Bien, llegamos. -deshace el cubo de protección- ¿Quieres que te muestre el templo?

-N-No señor... No tengo ganas... -al escuchar eso, Bill da un pequeño suspiro y asiente con la cabeza- Bien, entonces te llevo a tu cuarto. -da un chasquido con sus dedos y Charles ya se encontraba en su habitación-.

Llegando a su habitación, Charles se recostó en la cama y empezó a sollozar. Bill, quien estaba mirando gracias a una de sus tantas habilidades por medio de una esfera de energía, sintió mucha pena por el chico, y la necesidad de ayudarlo en algo, ya que sabía que, si el sufrió al no poder siquiera tener alguna chance de volver con sus padres, el dolor que Charles sentía era aún más grande al no tener ni esa opción entre sus manos.

Teniendo la intención de ayudarle, se va a una de las salas del templo, y con unos cuantos metales preciosos confecciona dos pequeños amuletos. Ambos en el centro contaban con una pequeña roca rosada que al ser puesta en el sol daba un reflejo bastante particular. Este reflejo se adaptaba al portador y le mostraba el rostro de un ser querido que ha perdido. En el caso de Bill, pudo ver a sus padres en él.

El confeccionó el amuleto para que tanto los padres y el mismo Charles pudieran salir de su sufrimiento, por lo que además de darle ese reflejo único a la roca, le dio ciertas características que con suerte les podrían ayudar a sanar las heridas que tenían dentro de sus tan lastimados corazones. Y una de las características más importantes es que a quienes portasen el par de amuletos, sentirían una pequeña conexión. Y aunque a Bill le hubiese gustado hacer que ambos amuletos funcionasen como brújulas para que se pudieran reunir, tuvo que desistir de la idea ya que podría romper las reglas puestas por los dioses.

Con el par de amuletos listos, solo le agregó un pequeño hechizo extra, el cual haría que cuando tenga un portador, grabe el nombre del mismo o si esta emparejado, grabaría el nombre de la pareja junto con algún mensaje con relación a su pérdida. Y con esto listo, hace un corto canto y aparece nuevamente en la casa de la familia Davison. Haciendo uso de su intangibilidad, entra a la casa y dentro de la habitación de Elicia y Patrick, pone sobre una pequeña mesa uno de los amuletos que el creó. Y dando dos pequeños golpes por debajo de la mesa y gracias al anterior hechizo que el puso sobre ellos, llamó la atención de la pareja.

Ellos se levantaron algo desanimados, incluso si no fuera por el hechizo que Bill puso sobre ellos, quizás ni lo hubieran hecho. Al momento de que ambos se acercaron al lugar de donde habían sentido los dos golpecitos de Bill, vieron ese amuleto. Se sorprendieron muchísimo y ambos tomaron el amuleto. Lo observaron por unos segundos y al momento de darle vuelta, vieron cómo se estaba grabando algo, ellos saltaron del susto y lanzaron lejos el amuleto, pero rápidamente lo encontraron y lo tomaron de nuevo. Para poder leer lo que se estuvo grabando.

"No permitan que la muerte sea una razón para caer."

"Este es un regalo divino para ustedes"

"Patrick Davison y Elicia Sweth"

Esto hizo caer en llanto en a ambos. Y mientras ellos lo hacían, Bill era testigo de tan triste escena. Y luego se dio cuenta que cometió un pequeño error, el cual era haber hecho dos amuletos, lo cual significaba que solo uno de ellos podría portarlo, lo cual podría crear discusiones que podrían complicar la ya quebrada relación de la pareja. Por lo que, en un último regalo para ellos, ilumina las manos de Patrick y Elicia Sweth, en la que ellos sostenían el amuleto, y crea un tercer amuleto idéntico al que ellos tenían.

Patrick y Elicia no podían creerlo, parecía un sueño. Haber recibido un regalo de esta forma por lo que ellos creían que eran dioses era, a la par que emocionante, algo cruel. Y mientras lloraban de la emoción, se pusieron sus amuletos en su cuello. Y en ese momento, cada uno se dio cuenta de aquel detalle de la roca que Bill había dejado, viendo la cara de su pequeño hijo. No necesitaron ni siquiera preguntar si estaban viendo lo mismo, sus ojos lo delataban. Y mientras se acercaban a paso lento, con las lágrimas cayendo por sus mejillas, y una triste sonrisa de par en par, abrieron sus brazos para darse uno de los abrazos con más sentimientos que se habían dado nunca mientras agradecían a los dioses que supuestamente habían hecho todo esto por ellos.

Bill, conmovido por la escena, solo soltó una pequeña sonrisa y como ya su último regalo a los padres de quien ahora sería su discípulo, puso orden en todo su hogar, y reconstruyó todas las cosas que estaban rotas. Mientras dentro de si pensaba -Esto es un regalo divino... no lo que hacen ustedes dioses...- y haciendo el mismo canto de hace unos minutos vuelve al templo. Y ya estando en este, se recuesta sobre un pequeño sofá y se recuesta para descansar.

Así pasaron unos días y Charles no quería salir aún de su habitación. Y aunque Bill no podía ni quería dejar que su discípulo se hundiera en la miseria, tampoco quería presionarlo de más. Así que cada día iba a su habitación para dejarle que comer. Pero Charles no comía nada ni bebía una gota de agua, el realmente estaba deprimido. Mientras que sus padres, gracias a la ayuda de Bill, de poco en poco se habían ido reponiendo mentalmente y volviendo a algo cercano de lo que era su vida normal.

Por lo que un día, Bill en vez de llevarle a comer, se sentó al costado de la cama y empezó a hablar con Charles. Al principio no respondía nada, pero paulatinamente fue respondiendo a Bill. Y luego de cerca de tres semanas, Charles ya se encontraba algo mejor.

-Charles, ¿quieres ver que están haciendo tus padres ahora?

-N-No lo sé señor...

-Entiendo, pero, ¿Qué crees qué están haciendo ahora, hijo?

-No lo sé s-señor... Ellos se veían muy tristes. No sé si algún día ellos... Ellos volverán a ser los mismos.

-Uh... Ya veo. Pero sabes, creo que estás subestimando un poco a tus padres.

-¿Q-Qué? ¿Por qué dice eso señor?

-Pues, si quieres puedes verlo por ti mismo. -en ese momento, Bill levanta la mano y de ella sale una pequeña esfera de energía, la que luego de unos segundos, permitiría ver la casa de Charles- Ahí están.

Cuando Charles dirigió su atención a la esfera, pudo ver como sus padres estaban mucho mejor que aquella vez en la que ellos fueron, el no entendía que es lo que había cambiado tanto para que eso fuera posible, incluso empezó a creer que era una farsa de Bill, quien, con su gran intuición, lo supo casi antes que el Charles.

-Si crees que es una farsa, o que te estoy mintiendo, podemos ir allá y lo verás con tus propios ojos.

-Uh... ¿Pero ¿cómo? No entiendo...

-Uhmmm. ¿Acaso no estás feliz de verlos así? -pregunta con un tono de extrañeza, pero de forma divertida-.

-¡Claro que lo estoy! Solo... Solo no entiendo como lo superaron tan rápido... El día que fuimos... Se veían muy tristes.

-Pues, puede que yo haya tenido que ver en eso. -al escuchar eso, Charles lo mira fijamente, y Bill saca de su bolsillo el pequeño amuleto que faltaba para entregar- Y de esta cosita que tengo acá.

-¿Qué es eso señor?

-Un amuleto.

-¿Un amuleto...? ¿Y para qué sería eso?

-Para ayudar a tus padres. -Charles mira con atención a Bill- Sabes, yo no soy alguien desalmado y ver el tan deplorable estado emocional de tus padres realmente me entristeció, y cuando volvimos, vi cuanto te afectó verlos así. -hace una pequeña pausa- Por lo que quise ayudarles, y confeccione tres amuletos, uno para ti y dos para tus padres. -Charles mira muy extrañado a Bill al escucharle esas palabras- No creas que esto tiene algo que los fuerce a estar felices. Solo es un detalle para que ellos siempre te recuerden y tengan la certeza de qué tu estarás siempre con ellos.

-Ya veo... Muchas gracias por eso señor.

-De nada, así qué... ¿Quieres el tuyo? Solo faltas tú y además... Es importante que lo tengas.

-¡C-Claro señor...! ¿Y por qué es importante?

-Porque al momento en que te pongas el amuleto, tus padres podrán sentirte. Y creo que eso los hará muy felices.

-¡¿De verdad?! ¡Deme el amuleto por favor señor!

Charles toma el amuleto y se lo pone en su cuello, al instante, el amuleto graba las mismas palabras de los otros dos amuletos con el único cambio de que ahora solo aparece el nombre de Charles. Mientras que sus padres, sintieron su presencia y eso los emocionó muchísimo. Miraron al cielo y dieron gracias a los dioses por todo esto que les han ayudado, siguiendo con la idea que se le fue dada por el par de amuletos que realmente les regaló Bill Hunders. Con esto, Charles y su familia empezaron a sanar sus heridas y de apoco volver a sus vidas normales, permitiendo a la vez, poder darle por fin paso a sus nuevos destinos.

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