El olor a sangre inunda mi nariz con fuerza, los gritos retumban en mis oídos con vehemencia, el choque de un arma golpeando mi escudo me mantiene despierto, estoy cansado y exhausto, llevo peleando desde hace varias horas, pero no puedo bajar la guardia, tengo que estar alerta en todo momento, en especial en el campo de batalla.
Mi enemigo se ha cansado de tanto golpear mi escudo, así que aprovecho esta oportunidad para cortarle la cabeza de un tajo, haciendo que su cuerpo caiga al suelo como un saco. Tomo grandes bocanadas de aire, estoy demasiado agitado, el sudor de mi frente cae sobre mis ojos, obligándome a secarme con mi antebrazo. A lo lejos escucho la voz de mi padre, que me grita que debo seguir avanzando hasta la aldea y eliminar al jefe.
Sacudo un poco los hombros y empiezo a avanzar a paso firme, sé que Tyr nos concederá la victoria. Llego hasta la aldea y como era de esperar, el jefe está parado a unos metros de mí, con su arma desenfundada y su casco sobre su cabeza. Tiene una mirada estoica, postura firme y listo para hacerme frente, pero noto cierto temor en sus ojos, algo muy común en la mirada de mis enemigos, todos me tienen miedo.
No mediamos palabras, no hace falta, él sabe que no pienso irme con las manos vacías y yo sé que no va a rendirse pacíficamente. Camino un poco más hacia él, deteniéndome a cierta distancia, ambos observamos los movimientos del otro, listos para el combate.
En un parpadeo, él y yo nos estamos enfrentando en un fiero combate, a mis espaldas escucho un fuerte bullicio, entre los gritos alcanzo a distinguir la voz de mi padre, parece ser que ya han acabado con los guerreros restantes, así que no vale la pena que siga alargando este combate, en especial porque estoy cansado. El jefe golpea la orilla de mi escudo, haciendo que su brazo tiemble y aprovecho esa oportunidad para arremeter contra él, pero no por nada ha vivido tantos años ya que se ha recuperado más rápido de lo que esperaba y ha clavado su espada sobre uno de mis costados, pero esto no me impide arremeter contra él otra vez. Al final, termino por atravesar su cuerpo con mi espada, antes de morir me susurra al oído que los dioses tienen a sus favoritos.
Con el jefe de la aldea muerto, mi padre toma el control del lugar, volviéndola una extensión de nuestra aldea principal, se acerca a mí y me felicita por mi excelente desempeño, como siempre. Me limito a asentir con la cabeza, nunca he sido un hombre de palabras, no hacen falta cuando mis acciones demuestran mi valor de guerrero y hombre.
Caída la noche, me paso a retirar a mi tienda, no tengo muchos ánimos de celebrar la victoria, solo quiero volver a casa y relajarme por una larga temporada, claro, si es que eso es posible, ya que a mi padre le gusta enviarme a expediciones muy seguidas. Últimamente hemos tenido que venir a saquear varias aldeas sin descanso, al punto que no puedo dormir ni un poco, gracias a los dioses eso no me ha afectado en lo más mínimo, pero no puedo decir lo mismo de los otros guerreros, que desvarían en algunas ocasiones por el cansancio.
Antes de entrar a mi carpa, mi padre me intercepta, dejo caer un poco los hombros y me giro hacia él, seguramente quiere hablar sobre conseguir alguna esposa o algo por el estilo, ya que es lo único que le preocupa en estos momentos, que deje mi descendencia en el mundo. Nos miramos directo a los ojos, él toma una gran bocanada de aire y se pone a darme el discurso de siempre, que es importante para un vikingo dejar a su descendencia en Midgard para que esta prospere a lo largo de los años, que es mi deber como guerrero mantener mi linaje y que ya estoy demasiado grande para seguir postergando mi deber ante la comunidad.
Cuando escucho sus palabras, me recuerda mucho a mi madre, que no para de repetirme que Dagny es una excelente mujer y que ella podría ser la candidata perfecta para ser mí esposa. Para ser honesto, no tengo anhelos por casarme ni tener familia, no me veo teniendo esa vida, estoy demasiado acostumbrado a estar siempre de viaje, peleando, siendo un guerrero, pero al ser el único hijo de nuestro jefe, es mi deber y mi obligación dejar a mis hijos en este mundo, aunque no quiera.
-Entiendo tu preocupación, padre- Siempre he sido un hombre bastante serio, incluso a la hora de hablar.
-Me alegro que lo entiendas, pero no necesito que solo me escuches, necesito que hagas algo al respecto- De forma furtiva, mira por encima de su hombro. -Si no te gusta ninguna mujer de la aldea, aquí hay varias, puedes elegir una, pero lo digo enserio Ragnar, ya tienes treinta años y todavía no has considerado ningún prospecto, es algo que se debió ver apenas cumpliste los quince.
-Lo sé padre- Suspiro con ligereza. -Y no, no hay ninguna mujer en este lugar que me llame la atención- Desvío la mirada por unos instantes. -Cuando volvamos a casa, buscaré una prometida, lo prometo.
- ¡Bien! - Exclama alegremente mientras me da unas palmadas en el brazo con fuerza. -Ese es mi muchacho.
Una vez que me he librado de mi padre, entro a mi carpa, dejo mis cosas sobre una mesa que está ahí y después me encamino hacia el pequeño baño improvisado. El agua corre por mi cuerpo, llevándose consigo todo el estrés y pesadumbre que he cargado en todo el día, un suspiro de alivio se me escapa. Me hacía mucha falta sentir este inmenso alivio, aunque sea por unos instantes, ya que mañana será un nuevo día, lleno de trabajo.
Después de mi ducha, me puse mis pantalones de algodón y me he sentado sobre la orilla de la cama; por insistencia de mi padre, me prepararon una cama, pero en realidad no me molesta dormir sobre heno en el suelo. Observo la oscuridad por un largo rato y justo cuando estoy por acostarme a dormir, alguien entra a mi tienda, enseguida poso la mirada en la persona, pero por su complexión y su diminuto tamaño, debe ser una mujer.
-J-Joven R-Ragnar- Su voz me lo confirma.
- ¿Si?
La joven se acerca a mí y toma mis manos, colocándolos sobre su cuerpo, que no para de temblar como si fuera una hoja, al notar esto, aparto casi enseguida mis manos y hago para atrás mi cuerpo, la poca luz de la luna que entra, me deja ver los rasgos de la chica, tendrá como unos quince años.
-M-Me ha enviado mi madre- Susurra con timidez mientras da un paso en mi dirección. -D-Dice que... sería un gran honor... ser.... l-la madre de sus hijos.
Me levanto de mi lugar, dejando ver con claridad la enorme diferencia de tamaños, ella ni siquiera me llega a la mitad de mi abdomen, es demasiado bajita. La agarré de los hombros, le di media vuelta para después sacarla de mi carpa.
-Que tengas linda noche.
Sin esperar a que responda, regreso al interior, corriendo la cortina de cuero. Resoplo con fuerza y me sobo la frente con la yema de mis dedos, debo admitir que estaba tentado a hacerla mía, pero sabiendo la razón por la cual estaba aquí, preferí no ceder ante mis impulsos.
La chica vuelve a entrar, diciendo que sería una vergüenza para ella volver a casa sin haber cumplido la petición de su madre, le he dicho que no pienso yacer con ella esta noche y ninguna otra, por el simple hecho de que no la elijo para ser la madre de mis hijos, dicho esto, la he vuelto a sacar de mi carpa. En esta ocasión, no ha regresado, menos mal.
Durante los siguientes días, hemos cargado los barcos con todos los recursos que tenía la aldea, así también como los pocos sobrevivientes que han quedado, ya que, a partir de ahora forman parte de nuestro clan. Con todo listo y los barcos cargados, regresamos a casa.
En el viaje, Clemens no para de rechazar varias dotes, lo poco que he alcanzado a escuchar es que, todos esos guerreros pedían la mano en matrimonio de Eir, su hija más pequeña. Lo poco que se dé Clemens, además de que saber que es el curandero de nuestra aldea, es que tiene siete hijos, entre ellos están sus hijas Astrid, Nilsa y por supuesto, Eir. Solo tengo el gusto de conocer a sus dos hijas mayores, pero a la menor, no la conozco más que de nombre.
Mi mirada se pierde en el horizonte, una parte de mí quiere volver a casa y descansar, pero conociendo a mis padres, me van a presentar a miles de candidatas, en especial ahora que muchas de ellas están cumpliendo sus quince años, supongo que voy a tener que aceptar a Dagny. Es una mujer muy hermosa, de eso no hay duda y hemos estado juntos varias veces, pero no me veo sentando cabeza con ella, definitivamente no.
El largo viaje de regreso a casa termina, antes de bajar del barco, contemplo al tumulto de personas, que se han arremolinado cerca del puerto, listos para ayudar a bajar todo el cargamento de los barcos, aunque otros han venido a recibir a sus familiares o a enterrarlos. Mis ojos se pasean por el escenario tan conocido, en eso... a lo lejos, veo una melena roja como el fuego moverse entre la multitud, su color tan llamativo me ha cautivado por completo. Solo una vez en mi vida he visto una melena así de roja y fue de mi primero amor, bueno, quizás no estaba tan roja como la que estoy viendo ahora mismo.
Hipnotizado y cautivado, decido seguirla antes de que se me pierda de vista, escucho como algunos guerreros me llaman pidiendo ayuda, pero he pasado de ellos por completo, no puedo permitir que esa mujer se escape, definitivamente no. Aparto a las personas que se ponen entre esa cabellera roja y yo, pero cuando llego, ha desaparecido. Desesperado, busco a mi alrededor y cuando la vuelvo a ver en la distancia, me encamino hacia ella, a paso firme y decidido, esta vez no se me perderá de vista, pero, para mi enorme sorpresa, una vez más... la he perdido de vista ¿Cómo es que se puede mover tan rápido entre la multitud? No lo entiendo, alcanzo a verla a varios metros de mí y me muevo en esa dirección, pero... ya no está ahí.
Resoplo con fuerza, irritado y molesto por no poder alcanzar a esa melena roja. Es la primera vez que la veo andar por la aldea ¿Acaso será una nueva familia? No estoy seguro, pero lo que sí sé, es que no pienso detenerme hasta saber quién es la dueña de esa melena roja y hacerla mía, no voy a permitir que otro hombre quiera posar sus ojos sobre ella.
He regresado al barco a ayudar con todo lo que hace falta, mi padre me ha preguntado a donde había ido y que me tenía tan cautivado, me limite a decirle que creí haber visto a alguien conocido, pero no pude alcanzarlo, así que decidí volver. Sin hacerme más cuestionamientos, me ha dejado tranquilo para que siga haciendo mi trabajo.
Antes de que la noche caiga, Clemens nos ha invitado a la fiesta de cumpleaños de su hija que se va a celebrar en la plaza del pueblo, mi padre aceptó la invitación y por ende, yo también tengo que asistir, es una pena, ya tenía planes esta noche, pero, supongo que no me hará daño beber hidromiel y pasas tiempo con la gente.... si.... que divertido.
La oscuridad se cierne sobre nosotros, dejando ver las estrellas al igual que la luna, los preparativos de la fiesta ya están listos y solo queda que los invitados lleguen. Desde la ventana de mi habitación puedo ver como empiezan a llegar, felicitando a la familia por el cumpleaños de su hija, veo a toda su familia menos a la susodicha, parece que no tenía ánimos de celebrar su cumpleaños. Me termino de arreglar y me uno a mis padres en la mesa.
En poco tiempo, la música suena, la comida abunda en la mesa junto con la bebida, todos están celebrando alegremente de que la pequeña hija de Clemens haya llegado a sus quince años, todo un logro para alguien que tiene siete hijos. Cerca de la enorme fogata, puedo ver a varias personas bailando, estoy por levantarme de la mesa e irme a mi casa, ya que, en realidad, yo no tenía planeado venir, pero debido a que nos invitaron a todos como familia tuve que asistir, además ya que todos están ebrios y no notaran mi ausencia, antes de irme, vuelvo a mirar en dirección a las personas bailando y para mi enorme sorpresa.... veo esa melena roja otra vez, revoloteando al son de la música, mi corazón empieza a latir con fuerza y no puedo apartar la mirada por más que quiera.
La persona se gira un poco y nuestros ojos se encuentran... Dioses... es.... bellísima. Sus enormes ojos color miel me observan con detenimiento y una encantadora sonrisa se dibuja en sus perfectos y divinos labios rojos, sobre su rostro se posan unas pecas muy tiernas. Parpadeo varias veces y me doy cuenta de que he empezado a caminar en su dirección.
- ¡Vamos Eir! - Grita una joven quien se acerca a ella y la toma del brazo. - ¡No te detengas!
Ambas ríen y se carcajean, mi corazón no deja de acelerarse y más al escucharla reírse. Hoy he encontrado a la mujer que se convertirá en mi esposa y la madre de mis hijos, de eso no hay duda alguna. Eir vuelve a centrar su atención en seguir bailando y disfrutando de la fiesta, mientras yo la observo divertirse, no quiero apartarme de ella ni un segundo, en especial porque ya muchos guerreros están ebrios y podrían querer sobrepasarse con ella.
La fiesta termina, pero muchos siguen bebiendo, entre ellos Clemens junto con sus hijos, su esposa e hijas ya se han ido a descansar al igual que yo. Definitivamente dormiré muy bien sabiendo quien es la dueña de esa cabellera roja y de saber que por fin voy a sentar cabeza, para gran alivio de mis padres y de todo el pueblo.
Al día siguiente me despierto, siento que todo lo que vi ayer fue una mera ilusión, pero de recordar la mirada de Eir, hace que mi corazón se vuelva a acelerar y un escalofrío recorre toda mi espalda, es la primera vez en muchos años que me siento ansioso por ver a alguien. Me siento en la orilla de mi cama y coloco mi cabeza entre mis manos, apoyando mis codos sobre mis piernas, se me ha acelerado la respiración.
Alguien entra a mi habitación, atisbo la mirada y veo a Norna, nuestra esclava, parada frente a mí, luego se acerca y hace una pequeña reverencia. Ella se arrodilla cerca de mí y empieza a pasar sus manos por mis piernas, enseguida levanto la mirada hacia ella, colocando mis manos sobre las de Norna, apartándolas.
-Hoy no- Le digo en tono serio y frío. -Prepara mi ropa, tengo cosas que hacer.
-Muy bien, amo Ragnar- Se levanta de su lugar y empieza a buscar mi ropa.
Me levanto de mi lugar y camino hacia el cuarto de baño. Apenas me termino de arreglar, salgo de mi casa y mientras camino, me acomodo una de mis muñequeras de piel de oso, pero al no fijarme por donde iba, he chocado con alguien, haciendo que caiga al suelo. La joven ha soltado un quejido de dolor.
Enseguida la ayudo a pararse y a recoger lo que se le ha caído, es la primera vez en mi vida que me siento tan nervioso por hablar con alguien, pero supongo que es normal, ya que la chica me atrae. Eir agradece la ayuda prestada y se disculpa por no haberse fijado por donde iba, pero en realidad fui yo quien ha provocado su caída hacia el suelo.
-Ha sido culpa mía.
Nos miramos a los ojos por unos instantes y me sonríe de oreja a oreja, dejando ver con claridad su inocencia en su bello rostro, nuestras manos se rozan levemente para después quitarme lo que tenía en ella. No me había percatado de que tenía uno de sus frascos entre mis manos. Doy un paso atrás y veo que entre sus brazos tiene muchas cosas, no me impresiona que le cueste trabajo andar, le dije que si necesitaba ayuda, pero me dijo que no quería molestarme, así que tomé los frascos que sostenía con dificultad y le dije que la seguía, Eir no se mostraba muy convencida de mi ayuda, pero al ver que no iba a ceder, aceptó que la acompañara.
Gran parte de mi día me la paso siguiéndola, yendo y viniendo por toda la aldea, entregando los pedidos que tenía, muchos se sorprenden por mi presencia, pero ella no le da mayor importancia, diciendo que será por única ocasión que el hijo del jefe la acompañe... al menos eso es lo que ella cree. Al parecer, ella se encarga de hacer los recados en la aldea y se nota que la gente le tiene mucho cariño y aprecio, ya que le hablan con bastante ternura. De momentos, noto que ella me mira por el rabillo de su ojo, le noto nerviosa o quizás sea mi imaginación.
Ha entregado el último frasco y un suspiro de alivio se le escapa, luego recarga su espalda sobre uno de los árboles que están ahí, nos ha tocado caminar hasta la casa de nuestra sacerdotisa, Agneta. Ella vive bastante lejos de la aldea, dice que es normal que esto se dé entre los sacerdotes de las aldeas, ya que necesitan estar más conectados con la naturaleza para poder tener un mejor enlace con los dioses.
Eir se sienta en el suelo y contempla el cielo, mientras yo la contemplo a ella. Igual que muchas mujeres, su cuerpo es muy pequeño a comparación del mío, de hecho, ella me llega hasta la cintura, ladeo un poco la cabeza y veo que su cuerpo es bastante delgado, pero sus atributos son muy generosos.... demasiado, diría yo.
- ¿Sucede algo? - Su tierna voz llega a mis oídos.
-Eres la mujer más bajita que he visto, muchas me llegan hasta arriba de la cintura o hasta la mitad de mi abdomen, pero tú, apenas me llegas a la cintura.
La expresión de su rostro es tan suave y maternal, Eir será una excelente madre, de eso no hay duda y tampoco hay duda de que yo sea el padre de sus hijos, espero que los de la aldea no estén muy acostumbrados a que ella les haga sus recados, porque cuando se case conmigo va a estar muy ocupada.
Ella se ríe entre dientes y se levanta del suelo, luego se pone enfrente de mí y compara nuestras estaturas, mirándola desde arriba, no puedo evitar ver sus enormes pechos, que sobresalen un poco de su camisa, pero Eir no se ha dado cuenta, ya que sigue entretenida, menos mal, no quiero que piense que hago esto muy a menudo, porque no es verdad.
-Sí, tienes razón- Levanta la mirada hacia mí. -Eres exageradamente alto- Suelta una pequeña risita burlona.
-En efecto, mido dos metros.
- ¡Entonces eres hijo de gigantes! - Exclama con fuerza, sus risas son muy risueñas, ella se da media vuelta, regresando a su lugar.
Verla mejor de espaldas, me doy cuenta de que tiene caderas anchas y un trasero muy bien formado, tiene el cuerpo perfecto para traer hijos al mundo, bueno, mejor dicho, para traer a mis hijos al mundo. Vuelve a sentarse en el suelo y estira las piernas, soltando un gemido de placer.
-Me impresiona que no hayan aceptado una dote por ti.
Mis palabras la toman por sorpresa, ya que ha abierto los ojos de par en par y ha respingado su espalda, luego me voltea a ver, dedicándome una pequeña sonrisa. Sus manos vagan por su impresionante cabellera roja, haciendo para atrás su cabello.