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La mafiosa para el alpha

La mafiosa para el alpha

Autor: : Escritora.Elizabeth
Género: Hombre Lobo
Leonardo se convirtió en alpha cuando solo tenia dieciséis años de edad, cuando sus padres dieron sus vidas para protegerlo, debido a la llegada de un Oráculo, él siempre pudo haber rescatado a su Mate, Su Luna, de la precaria vida que ella tenía. En cambio, dejo que la vida la moldeara, la hiciera fuerte, una guerrera en piel humana. Y ahora, que ella es todo lo que siempre quiso y más, ya no necesita que un lobo la rescate y la proteja. -¡Eres mía!- exigió él. -¡Que te den!- respondió ella empuñando una nueve milímetros sin una pizca de duda, lista para disparar. **Podéis encontrarme en mis redes como escritora.elizabethssm**

Capítulo 1 Diciembre año 1993, Pueblo de Brigus, Canadá

En las profundidades del bosque en pleno y crudo invierno al norte de Brigus, alejado de los curiosos y frágiles ojos humanos, una batalla llegaba a su fin, soldados en forma animal volvían a su imagen humana con garras y dientes manchadas de sangre seca, de Rodillas en medio del centenar de guerreros miraban con odio hacia arriba su vencedor, el Alpha Mylan de la manada SolTerra le devolvía la mirada con suma ardiente rabia, llevo su mano convertida en garras al cuello del arrodillado hombre, su Beta, hizo lo mismo con el secuaz del prisionero de rodillas.

- Esta es mi tierra.- gruño apretando su agarre, la carne sonó bajo sus manos mientras se desgarraba y la garganta del prisionero era desprendida sanguinariamente del cuerpo no humano, al menos no del todo, el Alpha lanzo al suelo la parte desmembrada y sacudió su mano con asco.

- ¡Alpha! ¡Hemos encontrado una bruja! -dio aviso uno de los hombres arrastrando del cabello una joven chica no mayor a 15 años vestida como prisionera, ropas rasgadas y viejas, su cabello largo y rubio enmarañado completamente, el polvo y la tierra se apreciaba en su lechosa piel, el Lobo miro a la niña quien al levantar la vista mostró unos ojos tan blancos como la nieve que caía en aquella gélida tarde

- no es una bruja. -señalo el tosco hombre poniéndose derecho en su porte de 1, 95 mtrs delante de la asustada niña.- es un oráculo, niña, cuál es tu nombre y que haces aquí?- pregunto en su gruesa voz, sonando más aterrador de lo que esperaba, la rubia tembló delante de él

- soy Mahia, Alpha Mylan ...- comenzó a hablar en voz baja y temerosa.- el Alpha Romert...-dijo mirando el cuerpo inerte y desgarrado en el suelo.- me encontró y me uso para poder llegar a usted... -explico la pequeña.

- ¿qué harás con ella? -pregunto el hombre al lado del Alpha, Óscar el Beta, su segundo al mando, el segundo más fuerte de la manada.

- Dios sabe qué le hicieron... la llevaremos a casa por ahora- señalo sin más, antes de dar la orden de juntar los cuerpos enemigos y quemarlos, los guerreros de la manada fueron trasladados para darles una sepultura digna. El grupo de guerreros guiados por su líder volvieron a su forma ancestral, enormes Lobos de más de metro medio, poderosas patas y mandíbulas, en grupos corrieron algunos kilómetros en las profundidades del bosque hasta llegar a un escondido pueblo con pintorescas casas, una calle principal con tiendas, un gimnasio enorme y una plaza central, los habitantes comenzaron a salir al ver llegar a los enormes lobos con prendas de ropa para cada uno de ellos en la medida que volvían a su forma humana. En medio del grupo de habitantes reencontrándose una bella mujer con un pequeño niño de 8 años soltaba a su madre

- Padre!- grito el pequeño lanzándose a los brazos del Alpha, con una enorme sonrisa recogió a su primogénito mientras una mujer con una expresión aliviada alcanzo al pequeño junto al hombre.

- mi Luna... - saludo a la mujer besando su frente al tenerla en frente, enterró su nariz en el cuello de la mujer dejándose perder por una fracción de segundo en su dulce aroma fresco.- Leo gracias por proteger a mamá.- dijo el Alpha al pequeño en sus brazos, la mujer miro a la joven que traían amarrada a cuestas, aquello le llamo la atención, pues a pesar de lo buen padre y cariño esposo que era el Alpha con ella, sabía que su esposo era un sanguinario en la batalla que no dejaba prisioneros.

- y ella? – pregunto la Mujer, el Hombre se giró e hizo una seña de que acercaran a la niña.

- es un oráculo, la tenían prisionera, no sabía qué hacer con ella. - confeso el Alpha, La Luna de la manada, esposa del Alpha saco un pañuelo y lo humedeció con agua de una botella antes de acercarse a la desnutrida chica.

- ¿tu nombre? -pregunto la dulce mujer limpiando su rostro sucio suavemente.

- Mahia, Luna, Ilyana ...-dijo la joven.- felicidades Luna, será una hermosa niña...- dijo mirando el abdomen de la mujer, esta se cubrió la boca mirando su propio vientre. El Alpha enmarcó una ceja-

¿Estás?...- pregunto a su esposa y esta sonrió.

- al parecer sí ...-dijo algo divertida. El pequeño Alpha en los brazos de su padre se bajó y se acercó a la intrigante chica.

- ¿Un oráculo puede ver el futuro no? -pregunto el orgulloso niño en un tono algo burlesco.

- ¿entonces que puedes decir de mí? - pregunto nuevamente a la rubia de blanquecidos ojos, la joven miro a la Luna junto al pequeño, esta asintió.

- Anoche nació su Luna Joven Leonardo, una pequeña desamparada de tez bronceada y ojos esmeralda, su Mate, muy lejos de aquí, con un destino crudo para alguien tan pequeño ...- dijo la rubia mirando fijamente al pequeño.

- ¡¿Dónde?!.- Exigió el pequeño, aun en su corta edad debido a su cultura tenía claro el significado de su Mate, su pareja y aun en su inocencia su fuerza nata de Alpha le exigía proteger a su futura Luna.

- Donde la nieve nunca se ha visto joven Alpha, donde la arena es tan blanca como mis ojos, las aguas tibias y cristalinas y el calor del sol es tan ardiente como la nieve cruel con esta zona...- dijo la chica, cerrando sus ojos con una expresión de dolor.

- es suficiente Leo.- ordeno la Luna y miro a su esposo.- nos haremos cargo de ella, en casa, con un segundo bebe necesitaré la ayuda de una niñera y alguien que pueda ver lo desastrosos que pueden ser tus hijos seria de mucha ayuda.- señalo la dulce mujer, EL Alpha hizo una mueca no tan convencido, pero asintió, Ilyana se giró hacia la joven.- necesito ayuda en casa, ¿quieres quedarte bajo mi tutela y protección?, de otra forma te puedes marchar, la manada SolTerra no toma prisioneros y no creo que seas una amenaza para nosotros.-dijo la Luna de la manada. La joven rubia abrió sus ojos cristalizados por las lágrimas que amenazaban con salir.

- me quiero quedar. Luna... si me lo permite pagaré en vida esta oportunidad que me han dado ...- dijo la joven. La mujer sonrió.

- bien... vamos a casa... - dijo y tomó la mano de la joven para quitar las amarras y llevarla hasta su nuevo hogar.

Capítulo 2 Diciembre año 2000, Cartagena de Indias

En el aeropuerto internacional de Cartagena de indias, luego de un viaje directo en primera clase desde Sicilia, Italia, desembarca una familia italiana para extender su negocio traído desde el viejo continente hasta Latinoamérica, en la bella Cartagena de indias, Colombia.

El enorme hombre de duros ojos, facciones completamente varoniles y un habano sin encender en la boca camina a paso tranquilo, su imponente porte de 1,93 m y el aura asesina que traían solo era disipado por la esbelta, delicada y hermosa figura de la mujer a su lado, Alta de largas piernas, cabellos rubios y unos ojos tan azules como lo más profundo de los corales de su nuevo país que deberían llamar hogar, la bella Italiana tenía facciones delicadas, una presencia tan digna que era imposible no quedarse mirándole al pasar, a su lado y tomado de su mano un pequeño niño de 6 años caminaba de la misma forma imponente que sus padres, su tez trigueña como la de su padre y cabello castaño le daban la viva imagen del imponente hombre, pero sus ojos eran tan azules como la hermosa mujer que sujetaba su mano con cariño. Detrás de la singular familia, tres hombres en negros trajes los seguían a un metro de distancia, manteniendo la vista alrededor de la familia que juraron proteger con sus vidas.

- Roberto, sei sicuro che sia il migliore?-("Roberto, estás seguro de que esto es lo mejor?¨) pregunto la hermosa mujer a su esposo, quien continuo caminando sin contestar, al salir al exterior una fila de 5 Jeeps negros blindados esperaban a la familia, uno de los guardaespaldas abrió la puerta para los tres, el pequeño fue el primero en subir, luego el imponente hombre estiro su mano cubierta con un guante negro para ayudar a subir a su delicada esposa, y por último subió este. Sin demora, la caravana comenzó su recorrido por las costas de Cartagena.

-Carolina, amore mio, questo è il massimo, qui formeremo il nostro impero, l'eredità per il nostro grande Adriano.- ("Carolina, amor mío, esto es lo mejor, aquí formaremos nuestro propio imperio, la herencia para nuestro gran Adriano") Respondió en su voz grave y ronca a la hermosa mujer y revolvió los cabellos del chico al lado de la mujer, este sonrió levemente.

Sin más palabras al cabo de casi 30 minutos llegaron a las afueras de la bella Cartagena, una zona algo más rural, los jeeps se detuvieron frente a una enorme propiedad de la alta reja negra, unos guardias armados con enormes rifles abrieron las puertas e hicieron una reverencia mientras los coches entraban, posteriormente cerraron las puertas rápidamente y los coches se estacionaron rodeando una redonda fuente en frente de la entrada principal de la enorme mansión de dos pisos, la propiedad tenía aproximadamente 3000 metros cuadrados, un establo, una cancha de tenis, una piscina de 4.5 metros de largo, un pequeño gimnasio, una sala de cine, quincho, 12 habitaciones y 8 baños, Dos cocinas, un sótano utilizado como bodega de Vinos, una casa más pequeña que sería la oficina para los negocios del hombre, ya que su bella esposa no toleraba los negocios en la casa familiar, y por supuesto celdas subterráneas en la que sería la oficina del hombre. La familia entro en la propiedad y el niño dedico una sonrisa tranquila a sus padres.

-Padre, ¿puedo elegir mi habitación? – preguntó el pequeño en un perfecto español. El bello Adriano a su corta edad ya manejaba varios idiomas a la perfección, matemáticas y fórmulas estadísticas, mantenía un amplio vocabulario, era docto en el arte de la lucha, en distintas doctrinas y era demasiado maduro para su edad, aquella era la razón por la cual su madre le había exigido a su esposo que debían empezar de cero en otro Lugar.

La familia de Roberto Amato venía de una larga línea de las más antiguas de las familias en la cabeza de la Mafia Italiana, dedicada al tráfico de armas a lo largo de todo el mundo. Roberto había conocido a su bella esposa en una de las reuniones anuales entre las imponentes familias, ambos a una corta edad de 14 años, El hombre, un simple chico en ese minuto, había decidido hacerla su mujer desde el momento en el que tropezaron mientras la bella mujer se escondía de algún pretendiente y evitando que se golpeara Eduardo cayó con ella sobre su cuerpo amortiguando su caída al suelo, Carolina siempre le dice a su hijo que en minuto que vio los ojos de su padre ya le había entregado su alma. La familia de Carolina era una poderosa familia Italiana que se dedicaba a acoger niños huérfanos y les daba un oficio, los convertía en verdaderas máquinas de matar, entrenaba los agentes más sanguinarios de la historia y los vendía a distintas familias con el estricto acuerdo de jamás usarlos en su contra, Entrenaba a los pequeños en distintos tipos de luchas, armas, estrategia, piratería informática, espionaje entre otros, por lo cual Carolina y sus 4 hermanas no se quedaban atrás, siendo tan letal como hermosa, la delicada mujer tenía el entrenamiento para abrir el abdomen de una persona con un abrecartas o matar con un simple lápiz.

Por otro lado, cuando el pequeño Adriano llegó a sus vidas, por supuesto recibió la misma educación que sus padres, y sin poder evitarlo fue expuesto a sanguinarias torturas para los traidores de sus padres, descuartizamientos de las mujeres que trataban de acercarse a su padre entre otras cosas claramente no aptas para un inocente niño o cualquier persona común. Su madre al poco tiempo se dio cuenta de que su hermoso hijo comenzó a perder su sonrisa y luego de horas de discusión con su esposo llegaron a la decisión de sacar al niño de la casa de la rama principal de la familia, donde los sonidos de balas, huesos rompiéndose, llantos de mujeres y gritos desgarradores estaban a la orden del día por parte de cada adulto de la familia. El pequeño Adriano seguiría siendo entrenado, pero paso a paso, sus padres ya no estaban de acuerdo en quitarle por completo la infancia al pequeño jefe italiano.

-Por supuesto cariño, puedes elegir cualquier habitación. - señalo su madre con una comprensiva sonrisa en el rostro, alentando al joven heredero a subir escaleras arriba e investigar cada uno de los dormitorios en la enorme propiedad. El infante comenzó a caminar con un brillo de curiosidad en los ojos mientras habría puerta tras puerta para poder asegurarse de elegir correctamente, cuando estaba por cerrar la habitación número cuatro una suave risa llamo su atención, un pequeño eco que se escuchaba a través de las cortinas del balcón, a paso decidido atravesó la persa alfombra hasta las puertas de madera de los enormes ventanales, el pequeño balcón tenía una mesa y sofá de mimbre, y más allá de eso se extendía gloriosamente las hermosas aguas turquesas del mar, la brisa salada acaricio su tersa piel, cerro sus ojos unos segundos para disfrutar del aroma a sal y dejarse invadir por los nuevos sonidos desconocidos para él, entonces nuevamente aquella dulce y suave risa interrumpió sus pensamientos, abriendo sus ojos para buscar la procedencia de tal distracción, luego de unos segundos salió del mar hasta la orilla en la blanca arena una pequeña niña de cabellos rizados y castaños, tez bronceada llevaba una larga remera desteñida y vieja que se le pegaba al cuerpo, camino unos pazos hasta un short de jeans rasgados tirados en la arena, con sus pequeñas manos estrujó su prenda superior y paso los shorts por sus piernas hasta subirlos, luego sacudió un poco sus definidos y largos rulos antes de que algo la alarmara, un par de hombres de traje negro salían de la propiedad de su padre hacia la niña gritando que se fuera, la pequeña asustada de los desconocidos tomo las roñosas y viejas zapatillas en la arena y comenzó a correr hacia el final de la playa perdiéndose entre unos arbustos. Adriano tuvo el impulso de detenerla, abrió su boca para decir algo, como si fuera posible que fuera a ser escuchado desde esa distancia, se reprendió mentalmente por su comportamiento infantil y sacudió su cabeza obligándose a retomar la compostura, se dio media vuelta para salir de aquella habitación encontrándose a su padre que miraba extrañado su curiosa expresión.

- ¿algo interesante Adriano? -preguntó el imponente hombre, y por un segundo la imagen de los largos rizos de la pequeña aparecieron en su mente.

- me gusta la vista del mar.- dijo con un tono tranquilo y sin mayor expresión.

- Es una hermosa vista- concordó su padre llevando la mirada sobre el pequeño hacia el ventanal.- ¿deseas seguir viendo las habitaciones antes de elegir?.- pregunto el hombre retirándose con calma los negros guantes de cuero que aún llevaba puestos.

- no, me quedaré con esta habitación.- concluyo el pequeño de forma segura, algo en su tono de voz llamo la atención de su padre, ¿tal vez el énfasis en tan pequeño tamaño?, o la extraña sensación de que había algo que impulsaba tal seguridad en sus palabras.

- Bien, daré aviso a Guido para que traigan tus pertenencias, saldremos con tu madre, permanece dentro de la propiedad.- ordeno su padre y este simplemente asintió con la cabeza.

Capítulo 3 El regalo

-Tanti auguri a te, Tanti auguri a te, Tanti auguri Adriano... E la torta a me! – Con una pequeña tarta en sus manos entraba Carolina y a su lado sujetando suavemente su cintura Roberto, mientras cantaban la canción "cumpleaños feliz" en su lengua natal. El pequeño Adriano abrió sus ojos azules viendo a sus padres a los pies de su cama, una enorme sonrisa que podría haber iluminado la oscura habitación se dibujó en sus labios.

- ¡Feliz cumpleaños mi dulce Adriano! -dijo su madre acercándose por el costado de la cama para sentarse al lado de este

- Pide un deseo y sopla las velas hijo- dijo su padre, este asintió con solemnidad, un deseo..., ¿Qué podía pedir un niño que podía tenerlo todo con suma facilidad?

Finalmente, las velas fueron apagadas y su padre dio un suave aplauso, se acercó a las cortinas en las ventanas y abrió de ellas, dejando entrar los cálidos rayos del sol de verano

- Vístete desayunaremos fuera para que puedas elegir tu regalo de cumpleaños- proclamó el imponente hombre con un particular entusiasmo sobre el cumpleaños de su hijo mientras se retiraba de la habitación junto a su mujer, permitiéndole prepararse para salir.

Roberto y Carolina esperaron en el salón a que su hijo bajara mientras discutían en voz baja, algo que claramente no tenía del todo contenta a su esposa, su hijo al cabo de casi 20 minutos comenzó a bajar la escalera rápidamente, pero se detuvo en seco al escuchar la voz afligida de su madre.

-Roberto... Per favore ... Es solo un niño, aún no está listo, lo que sucedió antes de venir aquí, no es propio de un niño de su edad, deja que estudie en casa, no está listo para ir a la escuela con otros niños ...- pedía angustiada su madre

-¡Carolina Basta!, ¡Es un Amato por el amor de Dios! – Exclamó su padre en un tono tajante, grueso y brusco que le hizo dar un respingo en su propio lugar al pequeño italiano, no podía ver a su madre, pero conocía a la perfección la expresión de angustia que debía llevar en aquel segundo- Lo trajimos para este lado del mundo para que pudiera tener una infancia relativamente normal, no lo voy a encerrar aquí en casa. - dijo finalmente su padre en un tono más conciliador, aun así, no hubo respuesta por parte de su madre.

-Quiero ir a la escuela- Dijo finalmente el pequeño interrumpiendo en el salón en un tono más firme de lo que se sentía realmente, escondió sus manos en los bolsillos de la capucha, su padre no vería, bien incluso, si temblaban siquiera un poco- estoy bien mamma- dijo a su madre con una voz sumamente tranquila que lo sorprendió incluso a sí mismo. Su padre solo asintió en una fría aprobación.

Una hora más tarde la Familia Europea salía de la cafetería donde habían desayunado recientemente, caminaban tranquilamente por la avenida principal mirando los escaparates y tiendas, a unos metros más atrás, los seguían varios hombres propios de la guardia personal de la familia, Carolina se quedó mirando un traje de hombre en el escaparate y le comentaba a su esposo lo bien que se vería él en aquel color grisáceo, Adriano, algo aburrido, comenzó a caminar por la calle pateando una pequeña piedra.

-¡Idiota suéltame!- una aguda voz llamo su atención por el callejón un metro más abajo por la calle, miro a sus padres atrás, seguían mirando el escaparate, ¿Cómo podían mirar tanto rato una prenda de ropa?, se preguntó mientras negaba con la cabeza y apuró su paso hacia el callejón, en completo silencio y con cuidado se adentró en él, entrecerrando un poco sus ojos para poder ver lo que sucedía, al fondo dos niños un poco mayores que Adriano tenían arrinconada a una niña que se le hacía particularmente familiar, uno de ellos la sujeto por el cabello arrancándole un grito de dolor al jalarla hacia arriba, entonces la vio, la pequeña niña de ojos esmeralda y risa cálida como el propio verano, su expresión era gloriosa, nunca había visto tanta fuerza en algo tan indefenso, estaba rodeada, los niños la habían estado golpeando, pero sus ojos no trasmitían miedo alguno, no, trasmitían odio, rencor... venganza. Había visto aquella fuerza en alguien más, en sí mismo hace 3 meses, cuando todo se volvió rojo - ¡He dicho que me sueltes! - volvió a exigir la pequeña pataleando, uno de los chicos que la acosaba, el mismo que jalaba su cabello, regordete de ropas sucias y andrajosas al igual que las de la pequeña, rio.

- ¡no puedes exigir nada!, ¡¡Carlos ha dicho que serás una puta igual que tu madre cuando crezcas!!.- se burló su maleante compañero infantil.

Adriano miraba con curiosidad más que cualquier otro sentimiento de molestia que pudiera desarrollarse en la boca del estómago, ¿Qué haría la pequeña Bambina para librarse de ellos?

- ¿Joven amo? - llamó uno de los guardaespaldas de sus padres adentrándose en el callejón, llamando la atención de todos los infantes presentes. - Joven Adriano, su madre ha pedido que no se aleje...- explicó el hombre y miró con desagrado los sucios niños, externos por completo a su riña.

-Dispárales – Ordenó el pequeño italiano en un tono lleno de calma y tranquilidad, con ojos llenos de fuego, ojos completamente absorbidos por los turquesas que lo miraban primero con curiosidad y ante sus palabras ... Ira. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios,

-¿Qué sucede?.- preguntó una voz autoritaria y grave, los bravucones comenzaban a asustarse al ver aquellos hombres que habían llegado con porte imponente – Adriano, ¿los conoces?- inquirió su padre poniendo su mano en el hombro pequeño de su hijo. Su madre, elegante, había llegado a su lado.

-¿Por qué estamos aquí?- pregunto la hermosa mujer en su melodiosa voz, pero un deje de aburrimiento se colaba entre sus labios.

-Quiero eso- dijo finalmente el primogénito de Roberto, quien miro hacia los niños- ahí está mi regalo de cumpleaños, padre, ella es mía -dijo con una convicción impropia de un niño de su edad.

La madre abrió sus ojos algo sorprendidos por la nueva exigencia de su hijo, su pequeño príncipe, que jamás había exigido nada en particular, ahora reclamaba a la pequeña de extraños ojos como suya, no pudo evitar reír levemente la dulce mujer.

-De tal palo, tal astilla... -comentó Carolina y en sus finos tacones, se acercó a la pequeña que había sido soltada por los otros infantes que miraban con ansiedad la escena. - ¿cómo la quieres Adriano?, ¿De esclava? ¿hermana?, ¿prometida? o, ¿compañera de juegos?- preguntó su madre, quien acercó su mano al rostro de la pequeña, esta chisto molesta y desvió sus ojos de nuevo con la misma fuerza a los del pequeño Italiano.

-Semántica y Detalles- dijo el pequeño con un notorio tono que demostraba lo poco que le interesaba el cómo la llevaran de ahí. Aquello provocó una carcajada de orgullo de su padre.

-¿Cómo te llamas?- pregunto la bella Italiana a la pequeña de cabello rizado.

- María Camelia, como mi madre. - respondió la pequeña con un tono que denotaba molestia y tal vez dolor.

-No te gusta ese nombre – no era una pregunta, pero la pequeña asintió con la cabeza- ¿Dónde está tu madre y tu padre? – preguntó nuevamente la mujer.

-no conozco a mi padre y mi madre debe estar en el bar al final de la calle- dijo la pequeña con sinceridad y dolor. A Carolina se le hizo un pequeño nudo en la garganta, aquella pequeña de ojos fieros tenía que lidiar con problemas, muy probablemente, fuera de su infantil entendimiento, miro detenidamente su figura delgada, escuálida, sucia, la ropa rota y vieja, había tomado una decisión, volteo buscando la mirada de su esposo, quien le dio una suave sonrisa y un pequeño asentimiento.

- Emma... Emma Amato, ese es tu nombre ahora, si lo quieres...- dijo la bella mujer, la pequeña abrió su boca y sus ojos sorprendidos sin decir nada por unos segundos, ¿Aquella mujer era de la realeza? Debía serlo, de otra forma no podría ofrecerle algo tan dulce, tan deseado - ¿Lo quieres? -preguntó la mujer.

-Lo quiero – concluyó la pequeña sin una pequeña duda, nada, solo seguridad y anhelo en sus ojos.

Carolina sonrió complacida y tomó a la pequeña en sus brazos, quien sin saber qué hacer, escondió su rostro sonrojado y lágrimas detrás de sus párpados entre los largos y rubios cabellos de la mujer. Pasó junto al guardaespaldas que había encontrado al pequeño Adriano.

-Elimina la basura – le dijo en un tono tan frío, tan filoso, que podría haber cortado el aire a su alrededor.

-por supuesto, madame – Dijo el hombre quien espero a que sus amos salieran del callejón y mientras salían de la oscuridad, únicamente se escucharon dos disparos silenciados por la misma arma.

Carolina anduvo un par de metros con la pequeña en brazos, hasta que uno de los jeeps se detuvo al lado de ellos en la acera, la bella mujer abrió la puerta y sentó a la pequeña.

-Yo soy mamá, él es papá y este pequeño bribón es Adriano... tu hermano mayor- señaló la mujer, la pequeña de claros ojos asintió con solemnidad.

-Vamos a casa, estoy cansado y ella apesta- señaló el pequeño pasando junto a su madre para empujar suavemente a la pequeña dentro del coche y dejar espacio a sus padres, pero a pesar de sus palabras, el pequeño italiano se mantuvo pegado a la pequeña Emma, necesitaba llegar a casa, ahí nadie podría arrebatársela, era su cumpleaños, ella le pertenecía.

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