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La niñera del CEO de la mafia.

La niñera del CEO de la mafia.

Autor: : Sunflowerfield
Género: Urban romance
Fleur es una chica muy intrépida trabajadora y muy responsable, tras la muerte de sus padres se ve en la necesidad de forjar su propio destino. Una organización delictiva fue la responsable de la muerte de sus padres por lo que ella no desea saber nada de ese mundo por lo que intenta alejarse de todo lo que le parece ilegal y peligroso. Por casualidades del destino conoce a Michael Lewis, un misterioso hombre que la salva de ser abusada una noche en un bar por dos sujetos, para luego convertiste en la niñera de su hijo. Ellos dos empezarán a enamorarse sin ser conscientes ¿Pero que pasará cuando se de cuenta de que su nuevo jefe es también el líder de la banda delictiva que mató a sus padres?

Capítulo 1 ¿Cómo te llamas pequeña ratona

-Te lo aseguro amiga, el día de hoy tú y yo salimos con novios ricos- dijo Míriam al llegar al bar donde la había obligado a ir a pesar de sentirse cansada y sin ningunas ganas de salir.

- Yo solo quiero tomarme un Martini y volver a mi casa - Aseguró Fleur quién no las tenía todas, su amiga era asidua a encontrar algún chico guapo y desaparecer con él.

Cómo era de esperar, Míriam no tardó en coquetear con todo lo que se le ponía enfrente, sobre todo si tenía la apariencia de tener dinero, hasta que desapareció, dejándola sola.

-Perfecto- dijo, hablándole al joven de la barra para cancelar su deuda y marcharse.

Fleur pagó su copa y le sonrió al camarero para despedirse, más no pudo marcharse. Frente a ella estaban un par de hombres impidiendo su paso.

-Mira qué linda señorita tenemos aquí- dijo el más alto de los dos.

-Si me permiten, me estoy yendo- se excusó Fleur haciéndose a un lado y volviendo a intentar alejarse.

El otro sujeto la tomó de la mano, obligándola a volver sobre sus pasos, quedando en medio de ellos.

Eso solo hizo que Fleur se mordiera los labios nerviosa, maldiciendo a Míriam por haberla dejado sola, pero también buscando con su mirada que alguien viera la situación en la que se encontraban y tratara de ayudarla.

Nadie, ni una sola alma de su alrededor, parecía dispuesta a dar un paso hacia delante y ayudarla, por lo que no le quedó de otra más que quedarse quieta entre esos dos pesados sujetos.

-¿Cómo te llamas pequeña ratona?

-No le digas así, si está asustada es por tu cara fea.

Bromearon entre sí, sin dejar de mantenerla en medio de ellos.

-Porque mejor no la invitamos a unos tragos, puede que así se relaje un poco.

-Tienes razón, ven con nosotros a nuestra mesa, pequeña ratoncita.

Fleur odió ser llamada de esa manera, pero lo mejor era no decir nada y no llevarles la contraria.

No tenía de otra, porque entre más miraba a su alrededor, menos esperanzas, tenía de que alguien la socorriera, así que desistió a resistirse y los acompañó, ya vería como alejarse antes de que sucediera nada malo.

-Traigan más botellas de whisky y vino para la joven.

-No, yo solo los acompañaré a beber, no beberé nada.

-Por supuesto que no, ratoncita, tú beberás con nosotros y te divertirás, lo has entendido - le ordenó el que parecía el jefe del par de acosadores, tomándola del mentón sin ninguna delicadeza.

Michael no acostumbraba a salir solo, normalmente iba acompañado de alguno de sus hombres. Pero aquella había sido una mala semana que culminó en un peor día en el que simplemente quería fingir ser un tipo común sin demasiadas preocupaciones y beber un par de copas sin que nadie le estuviera lamiendo el trasero.

- Una botella de bourbon - pidió sentándose en la mesa del fondo, una que estaba en la penumbra y en la que para verlo había que acercarse bastante. En cambio, él, desde allí, podía observar todo a su alrededor.

Y lo primero que observó le gustó poco, aquellos dos hombres increpando a una mujer que no parecía muy feliz de sentarse en su mesa.

«No te metas, Michael, no es asunto tuyo»

Se dijo a sí mismo mientras se llevaba el vaso de bourbon a los labios y bebía un poco sin apartar la vista de esa mesa, apretando los dedos alrededor del vaso al ver como uno de esos tipos obligaba a la mujer a verlo contra su voluntad.

Jamás entendería esos hombres que se creían más machos por humillar u obligar a una mujer a hacer lo que no quería, con lo increíblemente satisfactorio que podía ser seducirla.

Fleur, asintió a la petición tomando la copa llena de vino y bebiendo todo el contenido de golpe, lo que la hizo empezar a toser y provocó la risa de los dos hombres.

-La ratoncita parece que no está acostumbrada a beber.-La copa de Fleur volvió a ser llenada por sus acosadores.

-Anda toma otra- le indico el otro hombre con una voz que no admitía ningún tipo de réplica.

Para ese entonces, Fleur sabía que no le quedaba nada más que aceptar su destino.

Cerrar sus ojos y esperar que el licor hiciera su magia dejándola inconsciente para cuando esos hombres la llevarán a otro lugar porque tenía claro que eso pasaría.

-Mira como bebe, si ya decía yo que solo se estaba haciendo la mosquita muerta.- dijo uno de los tipos acariciándole la pierna.

-¡No me toques!- se quitó la mano de encima rápidamente -¿Quién te dio permiso de tocarme? ¡Me voy!

Se levantó de repente, ya sin miedo, el alcohol había hecho un gran cambio en la pequeña ratoncita. Dispuesta a irse a pesar de estar muy borracha.

Eso solo hizo enojar al jefe de los dos hombres, quien no dudó en abofetearla, haciendo que cayera de nuevo en el sitio donde había estado sentada.

Sin saber de dónde le vino, un fuerte puñetazo impactó en el rostro de ese hombre haciéndolo caer al suelo, Michael había estado observando todo y ya no podía aguantar más la desfachatez de esos hombres, pero lo que le hizo imposible contenerse fue ver como golpeaban a la mujer.

- No os han enseñado a tratar a una dama, ¿Verdad?

El otro tipo intentó golpear a Michael, pero él fue más rápido, lo agarró de la muñeca. La llevó tras su espalda y lo inclinó contra la mesa, quedando tras su cuerpo mientras le doblaba la muñeca, provocando con eso mucho dolor que el hombre gritó.

- Unos centímetros más y estará rota.- Aseguró observando al hombre del suelo quién sangraba por la nariz como un cerdo.- Ahora los dos dejarán que la señorita se marche y yo podré seguir tomando mi copa tranquilo, ¿entendido?

-¡Te irá mal si lo dejas marchar!- le gritó el hombre en el suelo al hombre que estaba contra la mesa con el brazo peligrosamente en las manos de ese hombre misterioso que se atrevía a retarlos.

El hombre de la mesa le tenía miedo a su jefe que trato de hacer golpear al hombre que le sujetaba el brazo, pero no pudo hacer nada, su muñeca fue rota y cayó al suelo llorando al igual que su jefe.

Por lo que ambos, se levantaron huyendo mientras lo amenazaban.

-Más te vale no aparecer frente a nosotros o te mataremos, entendiste.

Fleur se levantó solo para trastabillar y caer contra su salvador, sintiendo como todo le daba vueltas.

-Por favor sácame de aquí, tengo miedo...

Él negó, ¿Cómo iba a llevarse a una mujer borracha de un bar que no conocía de nada? Pero, por otro lado, no podía dejarla ahí en ese estado, así que a pesar de negar, simplemente la tomó de la mano y tiró de ella para llevarla hasta su coche.

- Perfecto - dijo que él al llegar a su casa y darse cuenta de que su borracha acompañante se había quedado completamente dormida en el asiento del copiloto.

La tomó entre sus brazos y entró con ella a su casa llevándola hasta la habitación de invitados, la dejó caer en la cama y se dispuso a marcharse cuando fue detenido por una mano que lo agarró del brazo.

- Por favor, no me dejes

Fleur no quería quedarse sola, todavía sentía miedo de que esos hombres regresarán, no sabía dónde estaba ni que había pasado, solo que ese hombre la acababa de salvar.

- Pero yo tengo que marcharme...

-Tengo miedo- se aferró a la mano de su ángel guarda, porque estaba segura de que era su ángel. El hombre a quien tenía sujeto de la mano.

- Estás en mi casa, nadie va a hacerte daño aquí, duerme- insistió él intentando apartarse de ella.

-Por favor...- volvió a repetirle haciendo pucheros, tirando de él hacia la cama, cada vez con mayor insistencia.

Michael suspiró y se dejó caer en la cama para atraerla contra su pecho, sintiendo como su corazón, que hacía mucho, parecía no tener vida, parecía empezar a palpitar de un modo en que no lo había hecho durante mucho tiempo.

- Duerme...- Fue lo único que le dijo, cerrando los ojos y dejándose llevar por el sueño que le llegó mucho antes de lo que imaginaba.

Fleur se despertó de pronto, la cabeza dolía. Pero no tenía tiempo para eso.

¿Qué hora era? Era hora de levantarse, todo estaba bien hasta que se dio cuenta de que no estaba en su casa.

Mierda.

Se dijo volteando a ver a su lado a un desconocido, lo que la hizo gritar y despertarlo.

-¿Pero quién diablos eres tú?-

Preguntó tratando de recordar, pero así de rápido como le cuestionó, le soltó un golpe cuando él se incorporó quedando sentado a un lado de ella.

Él se despertó de golpe al oír el grito, no estaba acostumbrado a dormir acompañado, mucho menos estaba acostumbrado a que nadie le despertara a gritos.

Tardó unos segundos en entender lo que sucedía cuando recordó todo lo que pasó en la noche anterior y justo iba a hablar cuando recibió un golpe.

- ¿Quieres hacer el favor de calmarte?- preguntó él intentando protegerse de otro golpe que la chica le iba a dar deteniendo su mano en el vuelo.- Pocas personas se han atrevido a levantarme la mano y siguen respirando.

Le advirtió Michael sosteniendo la otra mano cuando ella quiso golpearla de nuevo, haciéndola caer de espalda al colchón y posicionándose sobre ella para calmarla.

-¡Basta fierecilla!- exigió rozándose contra ella involuntariamente en un intento por controlarla y hacer que se estuviera quieta y dejara de patalear.

-¡Eres un delincuente abusador!

- No soy un delincuente y mucho menos un abusador - no lo era, pero el roce constante entre ellos y el forcejeo había hecho que cierta parte de él despertara y se hiciera notar en sus roces.

Ella sintió que su corazón latía cada vez más rápido, al mismo tiempo que su piel se erizaba en cada toque, en cada roce, perdiéndose en ese juego que sus cuerpos parecían dispuestos a tener sobre la cama, a pesar de lo que ellos dos sus dueños desearan.

Su instinto lo volvió mucho más agresivo, intentando dominarla, acariciando su cuerpo y teniendo que contener su deseo de ir más allá, perdiéndose por un instante en la mirada de la joven, en su cautivadora belleza.

Ella no podía dejar de querer verse reflejada en esa mirada, y por dios que bien se sentía estar entre sus brazos, pero no podía, no podía permitir que nadie entrara a su vida, no sin antes cumplir con sus metas.

-Me calmaré, solo si me das espacio- le prometió ella.

Capítulo 2 Tome, señorita atrevida.

Había sido un despertar un tanto caótico para Fleur y, tras salir de debajo del hombre desconocido con el cual había despertado esa mañana, ella corrió a refugiarse al cuarto de baño, como si fuera su tabla de salvación, por el lujo del baño era obvio de que ese no era su baño, ni siquiera recordaba haber estado nunca allí o saber en qué parte de la ciudad se encontraba en ese momento.

-Fleur, ¿Pero dónde te has metido? - se decía a sí misma tratando de recordar lo ocurrido la noche anterior, pero le era imposible su cabeza, dolía y recuerdo sin conexos se mezclaban en ella-No puede ser que hayas perdido tu virginidad con un completo desconocido- se recriminaba mientras se veía al espejo buscando alguna marca en su cuerpo, ladeando el cuello y pasando los dedos en busca de la completa normalidad que, por suerte encontró en su piel.

Necesitaba aclararse y la única forma que conocía para poner su mente en blanco era dándose un baño, por lo que volvió a asomarse a la puerta.

-Disculpa...- se asomó a la puerta notando que el desconocido estaba sobre su cama con su antebrazo izquierdo tapando sus ojos, por lo que volvió a hablar un poco más alto.

-¿Oye será que me puedes prestar un pantalón deportivo y una camisa?- Estaba claro que tendría mucha suerte si él sujetó, le prestaba lo que necesitaba, sobre todo por la forma que lo había golpeado y acusado momentos antes de correr al baño, pero, ¿De qué otra forma podía actuar despertando en la cama de alguien que no recordaba?

Michael no lograba encontrar las palabras exactas para describir a la joven que había salvado la noche anterior, y qué desagradecida encima le había golpeado, para luego correr a esconderse a su baño como si encima fuera la dueña de la casa.

Él no esperaba que lo alabara, pero haber escuchado de parte de ella. Algo como "muchas gracias por salvarme de ser abusada" habría sido suficiente.

Atrevida.

Si, esa era la palabra que él estaba buscando. Se paró de mala gana, casi gruñendo para buscar eso que la joven atrevida le había pedido, al fin y al cabo no quería una mujer desconocida andando desnuda por la casa, tenía un hijo pequeño y no sería una buena influencia para él.

-Tome, señorita atrevida- menciono Michael, colocando en sus manos uno de sus pantalones deportivos, un paquete de ropa interior de él sin usar y una sudadera - Por cierto mi nombre es Michael Lewis

Ella no dijo nada, simplemente tomó lo que él le estaba dando y se volvió a esconder rápidamente en el cuarto de baño.

No podía negar que el hombre era guapísimo, demasiado para el gusto de Fleur quien tuvo que meterse al agua y así evitar sentir el sonrojo que no solo parecía cubrir toda su cara. El agua corriendo por su cuerpo se llevaría todo, o eso pensaba, porque tras un buen rato bajo el agua de la regadera salió.

-Contrólate Fleur- se dijo a sí misma utilizando su dedo como un improvisado cepillo de dientes, ya vestida con la ropa que el tal Michael le había prestado.

Lo que esperaba es que siguiera durmiendo así, ella no tendría que hablar con el hombre y podría escapar como si aquello jamás hubiera ocurrido, dejándolo en el olvido.

Por suerte él no estaba, se había ido. Por lo que salió de la habitación rápidamente, entre más rápido mejor, se volteó a ver dentro de la habitación, cerciorándose de haber cogido todas sus cosas, solo para encontrarse de frente a un mini Michael, quien la observaba atento y curioso, ladeando levemente el rostro como lo haría un cachorrito para intentar entender una situación desconocida.

-¿Tú eres mi nueva mami?- le preguntó el niño quien no paraba de dar vueltas a su alrededor como si la estuviera analizando- eres bonita, me gustas, mi papi ha sabido escoger bien.

¿Pero de qué hablaba ese niño? ¿Su madre?

-No, yo no soy...

-Si lo eres, tú eres mi nueva mami. Has salido del cuarto de mi padre.

-No, yo me llamo Fleur- trató de explicarle eso al niño intentando no confundirlo - solo soy una amiga - mencionó ella tratando de que su explicación sonará convincente.

-¿Entonces porque llevas la ropa de mi papá puesta, eres pobre y no tienes ropa?

Esa era una buena pregunta, no le cabía ninguna duda de que el niño no era un pequeño común y corriente, era un niño inteligente y ella no estaba demasiado acostumbrada a lidiar con niños, mucho menos niños que no conocía.

-Es solo porque tuve un pequeño accidente, por eso tu papá me prestó su ropa.

Por supuesto el pequeño no le hizo caso, es más, parecía que no quería hacerle caso a ella, pero sí que ella le hiciera caso a él y todo fuera tal y como él deseaba.

-No importa lo que me digas, estoy seguro de que tú eres la madre que le pedí a mi padre, él te buscó para que ya no esté triste.

Bueno, ahora todo tenía sentido. El niño le había pedido a su padre una madre.

Sin embargo, ella no podía ser la nueva madre del pequeño, es más, ni siquiera sabía si su padre era el mismo hombre que ella creía, tal vez este hombre compartía piso con alguien más.

-Será mejor que me vaya...

-Ven vayamos a desayunar, mi papi por fin me consiguió una nueva mami- ya halaba de ella el pequeño bribón, sin dejar de decir que ella era la madre que le había pedido a su padre.

-¿Pero dónde se encuentra tu padre?- preguntó ella, esperando en el fondo que el pequeño le dijera que su padre era otra persona y no el hombre que la había salvado.

Sin embargo, en la cocina se encontraba Michael sirviéndose una taza de café, sorprendido por la forma que su hijo traía a la joven.

-¡Papá!- exclamo el pequeño soltando por fin a Fleur, quien se mostró sorprendida por ver a Michael con pantalones de vestir y una camisa de seda blanca sin abrochar, dejándole ver su torso y abdomen trabajado. Lo que hizo que ella tragara pesado al imaginar que se sentiría tocar esos perfectos abdominales con sus dedos.

-¿Ocurre algo, señorita?- le preguntó él, al percatarse de su turbación y colocándose justo frente a ella con el pequeño en brazos y así poder darle una mejor vista de sus abdominales mientras besuqueaba cariñosamente a su hijo por toda la cara.

El pequeño solo se reía intentando alejarlo, pero en el fondo se notaba que se encontraba disfrutando de las atenciones y el cariño de su padre.

Fleur pensó que esa escena era demasiado tierna como aquel hombre que momentos atrás había golpeado, ahora se veía alguien no solo confiable, también muy atractivo, que los hombres que eran buenos con los niños siempre le habían parecido muy confiables.

-Ella no es una señorita cualquiera, es la nueva mamá que te pedí para mí.

Las palabras de su hijo hicieron que ahora Michael fuera el que se mostrara por un momento apenado, frente a Fleur.

-¿Es cierto eso?- le preguntó ella aprovechándose de lo dicho por el pequeño, solo para volver a ese hombre frío y serio, apenado, tal vez así dejaría de verlo atractivo.

-Es hora de que comas hijo...- mencionó Michael llevando a su hijo hasta su silla en el desayunador, sin querer explicarle bien la situación a la joven.

-Descuida, no tienes que explicar nada- mencionó ella viendo que realmente se había metido en una situación complicada con el pequeño al lado. Sobre todo al ver que él no parecía querer explicarle nada.

-Papi, que mami haga el desayuno- pidió el pequeño Michael.

-Pero no sé si ella desee hacerlo- respondió Michael viendo a Fleur.

-Claro que ella quiere, ella es mi nueva mamá y las mamás siempre hacen desayuno rico para sus hijos.

Michael no dijo nada, simplemente se quedó viendo a Fleur cómo si esperara que ella hiciera algo.

El pequeño no quería saber nada aparte de que la joven se quedara.

-¡Que ella haga el desayuno! ¡Quiero que ella lo haga!

Por primera vez Michael no sabía qué hacer con su hijo, era cierto que lo tenía un poco consentido, pero jamás se había portado de esa manera. Menos frente a alguien. Más no dijo nada, simplemente dejo que el pequeño siguiera haciendo su berrinche.

-Bien, no llores... - Fleur intervino al ver que el padre dejaría llorar y hacer escándalo al niño, además no tenía corazón para verlo llorar.

- Bien me quedaré y prepararé el desayuno para ti- se dirigió al pequeño con una sonrisa - pero solo si escuchas lo que tu papá te va a decir después.

El pequeño Michael asintió feliz de que ella hubiera aceptado quedarse y hacer el desayuno. Fleur estaba segura de que era igual de manipulador que su guapo padre, quien no dijo nada, es más, se había sentado de nuevo en la barra al lado de su hijo.

Aprovechando que el pequeño comía, ella trataba de interrogar a Michael, pero él no respondía ninguna de sus preguntas, por lo que los tres desayunaron, ella conversando con el pequeño tratando de hacerle entender que ella no era su madre y después buscando la manera para que el hijo de Michael la dejara marcharse.

-No, tú todavía no puedes marcharte - decía el pequeño Michael.

Fleur estaba desesperándose, sobre todo al ver que su padre parecía no querer ayudarla.

-Sí, prometo que volveré, ¿estarás tranquilo, si me marcho ahora?- a Fleur no le quedó de otra más que prometer regresar otro día al pequeño, ante su insistencia.

-Pero si vendrás de nuevo, ¿Verdad?- le preguntaba el pequeño no solo una vez, sino varias.

-Si yo vendré de nuevo a visitarte otro día.

Solo así fue que pudo salir de la casa de Michael, ese hombre no solo la había salvado, también la había casi obligado junto con su hijo a quedarse a desayunar con ellos.

Y solo después de que ella prometiera volver, fue que pudo salir de su casa bastante pensativa por aquella situación tan extraña que había vivido junto a Michael y Michael Junior.

Capítulo 3 Anda, ¿Por qué no vas a atenderlos

Ese lunes por la mañana parecía que no sería su día de suerte, Fleur no solo llegaba demasiado tarde a su trabajo, también estaba cayendo un diluvio sobre ella, por lo que tuvo que perder aún más tiempo buscando su paraguas antes de salir de casa, sus pasos eran rápidos y pesar de que las calles estaban inundadas con agua.

-Debes llamar a los de soporte y hacer que ellos arreglen ese problema

La respuesta que obtuvo a través de su móvil, solo hizo que Michael enfureciera, lo que llevó a aumentar la velocidad de su auto justo en ese momento, sin darse cuenta de que una joven estaba parada en el cruce de peatones esperando el paso mojándola por completo.

-¿Qué no puedes conducir con cuidado?- le grito Fleur al dueño del auto, aun así era imposible que esté le hubiera escuchado, por lo que solo se conformó con ver el número de sus placas. No se le olvidaría.

Justo cuando pensó que nada podía ser peor, su jefe, quien jamás llegaba temprano, se encontraba esperándola en la entrada del restaurante donde trabajaba.

-Señorita Fleur, ¿Es consciente de la hora que usted está llegando? - la regañó su jefe, quien la amenazó con quitarle un par de horas de su salario.

Fleur no tuvo más que morderse la lengua y no llevarle la contraria a su jefe y sonreír que más le quedaba, así era la vida del empleado, el jefe ponía las normas y ella debía acatarlas al menos si quería seguir trabajando y cobrar su sueldo a final de mes.

La mañana siguió su ritmo. El día parecía mejorar para ella, pero fue justo en ese entonces que se dio cuenta de que había caído justo bajo la ley de Murphy. Porque justo en ese precisó momento entraba nada más y nada menos que Michael Lewis, el tipo con el que había despertado el fin de semana, acompañado de su hijo, quien solo fue verla y ponerse contento.

Así que su día paso de mal a peor en tan solo un momento.

-Anda ¿Por qué no vas a atenderlos? - la apuró una de las chicas casi empujándola para que caminara en dirección a los recién llegados.

-Bienvenidos, mi nombre es Fleur y voy a ser su camarera esta mañana.

Michael ni siquiera volteo a verla, a pesar de que su voz le sonaba, como si en el fondo también maldecía haber entrado en ese preciso restaurante donde estaba la joven, dejó que los acompañará hasta la mesa y les entregó la carta de comidas.

Su hijo, quien ahora que había encontrado a la persona que había decidido que sería su nueva mamá, no quería irse pronto de allí, empezó a pedir cada uno de los platillos que había en el menú de la mesa.

Fleur observó impotente como el hombre dejaba que su hijo pidiera todo lo que se le antojara, por lo que ella trató de persuadir al pequeño y convencerlo de que no sería capaz de comerlo todo, aunque pudieran pagarlo le parecía un gran desperdicio de comida, en el barrio que ella residía había mucha gente que pasaba hambre y que las personas con dinero hicieran esos desperdicios de esa manera le molestaba mucho.

¿Por qué no lo donaban si tanto les sobraba?

-No crees que es demasiado, tú solo no podrás comerte todo lo que estás pidiendo-

No era la intención de ella llamarle la atención al hijo de alguien más; sin embargo, le parecía un desperdicio de comida y tenía ganas de decirle cuatro cosas a ese hombre por no saber educar bien a su hijo.

El pequeño ni siquiera pareció escucharla y siguió exigiendo que le trajeran todo lo que había pedido, se subió sobre la silla y empezó a gritar y exigir lo que quería.

-¡Quiero todos los platos que hay en el menú de niños!- decía una y otra vez haciendo que todos voltearan a verlo y la gente empezara a cuchichear en el bar.

- Siéntate Michael - ordenó el hombre- yo voy a comprarte todo lo que tú quieras.

El padre del niño ni siquiera se dignó a mirarla, simplemente se paró, se dirigió a la caja registradora y pago por todo lo que había en el menú de niños para que le sirvieran a su hijo lo que había pedido.

Se sentó sonriendo y luego le sacó la lengua a Fleur, para demostrarle que había ganado y que su padre siempre le daba todo lo que él quería.

Fleur no podía hacer más nada, más que esperar por cada uno de los platillos y servírselos, al fin y al cabo para eso le pagaban para servir a los clientes, no para meterse en sus asuntos, si ese hombre quería mal criar a su hijo era su problema.

-En serio pago todo el menú para niños,

Fleur no decía nada, mientras sus compañeras murmuraban, simplemente se mantenía callada, suficiente era con que su padre se hubiera parado a pagar todo lo que su hijo había pedido.

-¿Fleur estás bien?

Le preguntó la cocinera, por supuesto que no lo estaba, pero ¿qué más podía hacer?

Se limitó a llevar cada uno de los platillos a la mesa.

-Provecho- se despidió de tanto del padre como del hijo.

-¡Fleur come conmigo!- pidió el pequeño.

Ella le sonrió al pequeño, agachándose sobre sus piernas para quedar a su altura -me gustaría hacerlo, pero estoy trabajando y a mi jefe no le gusta que coma con los clientes, así que come todo por favor.

El pequeño se cruzó de brazos tomando la misma postura de su padre.

-¡No comeré si no comes conmigo!

Fleur se quedó sorprendida al escucharlo, buscando la ayuda de su padre más Michael parecía no prestarle atención a ella.

-Pero estoy trabajando, no puedo sentarme a comer contigo - trataba ella de explicarle al pequeño quien no paraba de gritar y de llorar diciendo que si ella no comía con él no comería nada

Michael volvió a levantarse solo para hacer que la joven se sentará a un lado de su hijo.

-Por favor siéntese o haré que sea la última vez que trabaje en este lugar o en ningún otro sitio- susurró a su oído.

Tanto fue el escándalo que el gerente salió a ver que era lo que ocurría.

Por supuesto que el gerente la llamo, tratando de saber por qué tanto escándalo.

-¿Me quiere explicar por qué tanto alboroto?

Fleur no encontraba la manera de explicar por qué el pequeño no dejaba de llorar, sin culpar al padre, quien parecía no querer hacer nada para calmarlo.

-No lo sé, el pequeño simplemente empezó a llorar.

-No comeré a menos que Fleur coma conmigo.

Michael, cansado de que su hijo no dejara de llorar y de que ese hombre se hubiera llevado a Fleur, camino hasta donde estaban ellos.

-Mi hijo desea que ella se siente a comer con él, pero ella insiste en que no puede porque está trabajando, ¿Dígame cuánto le paga al día?

El gerente se quedó pasmado por la pregunta del hombre, aun así le dio el monto del salario de Fleur.

-Bien, pagaré diez veces más su salario, la contrato por todo el día.

Fleur no podía dar crédito a todo lo que escuchaba, sobre todo no podía dar crédito a lo que pasaba entre su jefe y el padre del niño.

-Señor, tengo mucho trabajo, no puedo sentarme a comer con el pequeño.

-Le daré 10 veces más si le permite sentarse a comer con mi hijo.

El gerente casi se le fueron los ojos al ver el dinero, sobre todo si él era quien lo recibía.

-Fleur el día de hoy atenderás a este caballero y a su hijo a menos que desees dejar de trabajar aquí. ¿Me has entendido?

Fleur no podía permitirse perder ese trabajo, era el único que hasta ahora le había permitido llegar al mes casi sin problemas gracias a las propinas que ganaba, además del sueldo.

-Está bien, comeré con el pequeño.- respondió resignada, dejando que Michael la volviera a obligar a tomar la silla que estaba a lado de su hijo y sentarse fingiendo una sonrisa que para nada tenía ganas de hacer.

Se sentía humillada, más eso parecía no importarle al hombre, es más, parecía disfrutar de verla enojada.

-¿Se siente bien obligando a alguien a hacer las cosas?- le preguntó a Michael, estaba enojada más, no importaba, es más, parecía que todo lo que hacía y la molestaba a ese hombre, no le importaba, parecía que a ese hombre solo le importaba el mismo.

Por lo que se centró en el pequeño haciendo que comiera.

-Me gusta comer contigo Fleur- le dijo el pequeño.

-A mí también me gusta comer contigo - le dijo al pequeño.

Él no tenía la culpa de ser así, era la culpa del padre quien parecía feliz de hacer de su hijo un niño malcriado dándole todas las cosas que le pedía en lugar de mostrarle lo que estaba bien y lo que estaba mal.

Terminaron de comer y Fleur se despidió del pequeño, al padre le dedicó su mejor mirada llena de odio.

-Espero que haya quedado complacido- le menciono ella a Michael llena de rabia, más este no dijo nada, solo le sonrió.

-Debería de agradecerme, es más, bien podría aprovechar que la he contratado por un día y así salir de aquí y disfrutar de su día libre, le he pagado a su jefe muy buen dinero.

Ella no quería dejar de estar enojada, pero tenía razón, su jefe no había tenido ningún reparo en tomar el dinero de Michael, en ese sentido y venderla por un día, ¿Así que por qué no disfrutar?

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