"Señorita Fuller, está embarazada".
Al escuchar esas palabras, la mente de Natalie se quedó en blanco. Ella miró a la doctora a los ojos y preguntó con incredulidad: "¿Cómo que estoy embarazada? Eso no puede ser cierto".
Durante tres años, su relación no había pasado de besos inocentes y tomarse de la mano. Nunca habían dormido juntos. Ni una sola vez. Entonces, ¿cómo demonios podía estar embarazada?
"Doctora, tiene que haber un error".
La doctora deslizó con calma el informe del laboratorio por la mesa y dijo: "Los resultados están clarísimos. Tiene aproximadamente un mes de embarazo. Vuelve el próximo miércoles para otra revisión".
Natalie bajó las escaleras aturdida, apretando el informe. Sus pensamientos estaban revueltos, como si todo su mundo se hubiera derrumbado.
Entonces sonó su celular, sacándola de su aturdimiento.
"Natalie, la fiesta de cumpleaños de Mark ya empezó. ¿Dónde estás?".
En cuanto oyó el nombre de su novio, un recuerdo le vino de golpe a la cabeza.
Hacía casi un mes, ella y Mark Barton asistieron juntos a una cena de negocios. El evento se extendió hasta tarde y ella bebió demasiado, por lo que se quedó en el hotel.
Natalie recordaba vagamente que él la ayudó a llegar a una habitación, pero todo lo que ocurrió después era una laguna, borrada por el alcohol.
Un escalofrío le recorrió el pecho. ¿Podría haber pasado algo esa noche? ¿Mark y ella habían dormido juntos?
El pánico le cerró la garganta. Necesitaba encontrarlo de inmediato y sacarle la verdad.
El Club Lakeside, ubicado en el corazón del distrito financiero más concurrido de la ciudad, rebosaba de vida y lujo. En cuanto Natalie abrió la puerta de la sala privada, una música ensordecedora y risas estridentes la impactaron desde todas las direcciones.
Se quedó paralizada en la entrada, apretando el pomo de la puerta con fuerza. Clavó la mirada en la escena del interior.
Al otro lado de la abarrotada sala, Mark estaba sentado en el centro de la fiesta con una chica aferrada dulcemente a su lado mientras sus amigos vitoreaban a su alrededor.
La mujer tenía el brazo enredado posesivamente en el de Mark; parecía brillar bajo las cálidas luces doradas. Una mancha de crema en su mejilla por el pastel de cumpleaños la hacía ver aún más encantadora.
Natalie frunció el ceño.
La chica era Marissa Dixon, la novia de la infancia de Mark. Cuatro años antes, esta se marchó del país para perseguir sus ambiciones y al hombre que amaba.
Las conversaciones y las risas llenaban la sala hasta que alguien gritó en tono burlón: "Mark, ahora que Marissa por fin ha vuelto, ¿qué piensas hacer con Natalie?".
"¿Natalie? Vamos, seamos realistas. Si no hubiera estado persiguiendo a Mark todo este tiempo, ¿de verdad crees que él se habría fijado en ella?".
Los presentes voltearon a ver al aludido al unísono.
El joven, tumbado perezosamente en el sofá, agitaba el vino en su copa con sus largos dedos, luciendo completamente a gusto.
"Solo éramos amigos", dijo, encogiéndose despreocupadamente de hombros. "Nunca fue nada serio".
Un escalofrío helado recorrió a Natalie de pies a cabeza.
Así que, a los ojos de Mark y sus amigos, todo el amor y la devoción que ella le había dedicado no eran más que su vergonzosa obsesión unilateral.
Y el hombre que una vez le tomó la mano con tanta dulzura y le prometió que quería un futuro con ella, al parecer nunca la vio como algo más que una amiga casual.
Un dolor agudo le oprimió el pecho y casi la dejó sin aliento. Tambaleándose, retrocedió y chocó sin querer contra la puerta que tenía detrás.
El ruido atrajo al instante la atención de todos. Uno a uno, clavaron la mirada en ella.
En cuanto Mark reconoció a Natalie, su expresión relajada se quebró por un instante.
Congelada en la puerta, ella sintió que todo el color se le iba de la cara.
Cuando lo miró a los ojos, no encontró más que fría indiferencia.
Apretó los puños y se obligó a pronunciar las palabras entre respiraciones temblorosas. "Lo que acabas de decir... ¿es cierto?".
Al ver la expresión de sorpresa en su rostro, Mark resopló sin rastro de simpatía. "¿Qué crees?".
A su alrededor, la multitud intercambió miradas divertidas, saboreando abiertamente su humillación.
"¿De verdad creía que acompañar a Mark todo el día la convertía en su novia?".
"Alguien debería habérselo dicho antes: a la gente de nuestro círculo le importa el estatus y la familia cuando se trata de matrimonio".
"Pero, sinceramente, señorita Fuller, con una cara tan bonita como la suya, encontrar a un tipo rico dispuesto a tontear con usted no debería ser nada difícil".
Esas crueles palabras atravesaron a Natalie, lo bastante afiladas como para hacerla temblar de rabia.
Las lágrimas le ardían en los ojos mientras fijaba la mirada en la sonrisa engreída y despreocupada de Mark.
Apretó los dientes y se clavó las uñas en las palmas de las manos, utilizando el escozor para no desmoronarse por completo.
Todos los momentos de los últimos tres años pasaron por su cabeza en destellos desordenados y dolorosos.
Después de unos segundos de silencio, de repente agarró una copa de vino de la mesa y se la arrojó a Mark.
El vino tinto le salpicó la cara y le empapó el pelo. La sonrisa fácil que llevaba desapareció en el acto, sustituida por una ira cruda. A su alrededor, toda la sala se quedó en silencio.
Marissa soltó un grito ensordecedor antes de poder contenerse. "¡¿Natalie, te volviste loca?!".
Sin responder, la otra estrelló la copa vacía contra el suelo. El violento crujido del cristal al romperse hizo que varias personas saltaran asustadas.
"Mark, se acabó. Entre nosotros ya no hay nada".
Aunque la traición la tomó por sorpresa, Natalie sabía que alargar las cosas solo la lastimaría más. Era mejor cortar los lazos limpiamente y marcharse ahora.
Sin mirar atrás, giró sobre sus talones y salió de la habitación.
La puerta se cerró de golpe detrás de ella con un estruendo ensordecedor, y la ruidosa sala privada cayó al instante en un silencio incómodo.
La incredulidad ensombreció el rostro de Mark mientras miraba la puerta cerrada.
¿Quién demonios se creía Natalie que era para hablarle así?
Uno de los amigos de Mark, sintiendo el ambiente tenso a su alrededor, rompió el silencio con cuidado.
"Las mujeres dan miedo cuando se ponen celosas. Tranquilo. Natalie va a regresar rogando pronto. Todo el mundo sabe que lleva años obsesionada contigo, Mark".
"En serio, no cedas demasiado fácil cuando venga a suplicarte esta vez".
Al oír eso, la gélida ira en el rostro de Mark se suavizó un poco.
Tenían razón. Natalie siempre había estado perdidamente enamorada de él. Probablemente perdió el control por un momento y dijo esas cosas por despecho.
Marissa lo agarró de la manga con expresión preocupada y dijo: "Mark, estás empapado. Deberías ir a cambiarte antes de resfriarte".
Él apartó su mano y contuvo la irritación que le quemaba el pecho. "No es nada".
En el fondo, seguía convencido de que Natalie se calmaría pronto y lo llamaría primero.
...
En el pasillo, Natalie se apoyó pesadamente contra la pared, y su cuerpo temblaba ligeramente.
Jamás imaginó que la relación que tanto apreciaba se desmoronaría de una manera tan humillante y ridícula.
Los minutos pasaron en silencio.
De repente, sintió un calambre en el vientre, que la dejó paralizada. Solo entonces recordó al bebé que crecía en su interior.
Todo se había descontrolado tan rápido que olvidó por completo preguntarle a Mark qué había pasado realmente esa noche.
Casi por instinto, bajó una mano temblorosa hasta su estómago. Sus pensamientos se enredaron dolorosamente mientras miraba aturdida el suelo pulido bajo sus pies.
Este niño no podría haber llegado en un momento más cruel.
Natalie arrastró su cuerpo agotado fuera del club y caminó tambaleándose hacia la fría noche, con la mente sumida en la confusión.
Al llegar a casa, seguía sintiéndose ajena a la realidad. Cruzó el jardín delantero y empujó las pesadas puertas de la mansión.
Una deslumbrante araña de cristal brillaba en lo alto y esparcía una cálida luz por el lujoso salón mientras alegres risas flotaban en el aire.
"Mamá, una de mis amigas te trajo especialmente este suplemento importado", dijo dulcemente Joslyn Fuller, la hermana adoptiva de Natalie, con una brillante sonrisa. "Dicen que es increíble para la piel. Definitivamente deberías probarlo".
"Oh, cariño, siempre estás pensando en mí", respondió Rhonda Fuller, la madre de Natalie, con una sonrisa complacida.
La conversación fluía con facilidad entre ellas mientras los tres hermanos de Natalie holgazaneaban cerca, observando la escena con diversión.
La joven, de pie junto a la entrada, lanzó una mirada indiferente a la reunión familiar.
Su padre, Greg Fuller, fue el primero en fijarse en ella, y enseguida frunció el ceño. "¿Por qué apenas llegas a casa?".
Al oír su voz, Rhonda y Joslyn se volvieron hacia la puerta, y el ambiente antes alegre se tensó al instante.
La calidez desapareció del rostro de la madre casi de inmediato, pero no dijo ni una palabra.
Los hermanos mayores de Natalie la saludaron secamente, mientras que el menor apenas levantó la vista de su celular antes de volver a centrar su atención en la pantalla.
A estas alturas, ella ya se había acostumbrado a la gélida indiferencia. "Tuve un imprevisto", explicó.
Greg no se molestó en preguntar más. En cambio, su mirada severa se endureció mientras desviaba la conversación hacia otro tema.
"Aún recuerdas el acuerdo matrimonial entre nuestra familia y la familia Gilbert, ¿verdad? Ya es hora de cumplirlo. Pero con la situación actual de Wesley, Joslyn no puede hacerlo. Así que tú ocuparás su lugar".
Natalie sintió que esas palabras la atravesaban como un trueno repentino. Sus pensamientos se congelaron por completo, dejando solo un agudo zumbido en sus oídos.
"Hace un mes, Wesley Gilbert, el jefe de la familia Gilbert, sufrió un grave accidente automovilístico. Desde entonces está en estado vegetativo. Ni siquiera los mejores especialistas del mundo han podido despertarlo. ¿Y ahora pretendes que yo me case con él?", preguntó con brusquedad.
Natalie sentía la situación tan absurda que casi le daban ganas de reír.
Ella y Joslyn habían sido intercambiadas por error al nacer. No fue sino hasta los trece años que sus padres biológicos, los Fuller, la recuperaron.
Pero a pesar de que Natalie regresó, nunca devolvieron a Joslyn a su familia biológica.
Los Fuller se habían encariñado demasiado con ella y no querían soltarla.
Así que, para que Joslyn no se sintiera desplazada, la familia envió a su propia hija recién recuperada, Natalie, a vivir con su abuelo, Jeff Fuller. Y no le permitieron volver a la casa familiar hasta que se graduó de la universidad y consiguió un trabajo.
Mientras tanto, los Fuller le repetían a Joslyn una y otra vez que los lazos de sangre no importaban y que ella siempre sería parte de la familia.
En cambio, a Natalie le advirtieron desde el primer momento que no ambicionara lo que no era suyo. Le dejaron claro desde el principio que el compromiso matrimonial entre la familia Fuller y la familia Gilbert era para Joslyn y Wesley, y que ella no pintaba nada en ese acuerdo.
La ironía era casi cruel, porque ahora que Wesley estaba en estado vegetativo, de pronto los Fuller insistían en que fuera ella quien se casara con él.
Greg frunció el ceño al ver su resistencia.
"Para alguien como tú, casarte con Wesley es una bendición", dijo con frialdad. "Si no fuera porque tu abuelo le salvó la vida a Carl Gilbert, ¿crees que siquiera tendrías esta oportunidad?".
Natalie soltó una risa burlona. "¿Si es una oportunidad tan maravillosa, por qué no dejan que Joslyn se case con él?".
La expresión de Greg se ensombreció, pero antes de que pudiera responder, Rhonda lo interrumpió bruscamente desde su lado.
"Natalie, sé que Joslyn nunca te ha caído bien, pero no pensé que pudieras ser tan desalmada".
Natalie parpadeó, confundida.
"Joslyn no es como tú", continuó Rhonda, enojada. "A ella la criamos con amor y cuidados. No soportaría algo así como tú. Si se casa con Wesley en su estado, su vida entera quedará arruinada".
Ante la mirada furiosa de su madre, Natalie bajó la vista y sonrió con amargura.
El verdadero padre de Joslyn era carnicero y su madre vendía verduras en un puesto callejero. Natalie, que había sido criada por ellos en lugar de Joslyn, creció en una pobreza aplastante.
Desde niña, se encargaba de casi todas las tareas del hogar. Sus padres adoptivos eran duros y exigentes, y los castigos eran algo habitual.
Mientras las manos de Natalie se enrojecían y agrietaban por lavar ropa y platos durante los gélidos inviernos, Joslyn era mimada por los sirvientes en la lujosa casa de los Fuller.
Natalie terminaba con todas sus tareas domésticas bien entrada la noche. Solo entonces, agotada, podía sentarse a hacer los deberes. Mientras tanto, Joslyn creció con comodidad y lujo, pasando sus días rodeada de tutores privados mientras asistía a clases de piano y ballet como una verdadera señorita de una familia adinerada.
Natalie había aprendido a soportar las dificultades simplemente porque la vida nunca le había ofrecido otra opción.
Su cuarto hermano, Stefan Fuller, la fulminó con la mirada.
"¿A qué viene esa actitud?", espetó. "¿Acaso te crees demasiado para casarte con un miembro de la familia Gilbert?".
Natalie ni siquiera se molestó en ocultar su indiferencia hacia él.
Stefan, una estrella del pop que encabezaba las listas de éxitos, siempre había adorado a Joslyn mientras trataba a la otra como a una extraña.
"¿Qué tiene que ver esto contigo exactamente?", replicó Natalie con frialdad.
La expresión de Stefan se ensombreció con impaciencia. "Incluso en coma, Wesley sigue siendo un hombre con el que innumerables mujeres soñarían casarse. Así que deja de poner esa cara".
Natalie casi se rio ante lo absurdo de la situación.
Stefan hablaba como si casarse con Wesley fuera una recompensa invaluable.
"Entonces que se case con él una de esas mujeres", dijo rotundamente. "No me interesa".
Ni siquiera conocía a Wesley, y ni de lejos sentía algo por él. ¿Por qué debería sacrificar su futuro por un desconocido?
En ese momento, su segundo hermano, Kevin Fuller, un diseñador de moda de fama internacional, se ajustó los lentes de montura dorada y habló en un tono más suave. "Nattie, deberías pensar más allá de ti misma".
Ella frunció ligeramente el ceño, sin estar segura de lo que él insinuaba.
"Natalie". La voz de Greg se volvió severa. "Eres parte de la familia Fuller. Eso implica que tienes responsabilidades. No te hemos mantenido todos estos años para nada".
Antes de que Natalie pudiera responder, la suave voz de Joslyn se escuchó en la sala. "Papá, por favor, no la presiones más. Si mi hermana de verdad no quiere hacerlo, entonces lo haré yo".
Permanecía allí de pie, con un vestido rosa pálido, los dedos entrelazados, como si reuniera fuerzas solo para hablar. Su aspecto frágil y vacilante se ganó de inmediato la simpatía de todos.
Jeremy Fuller, el mayor de los hermanos, reaccionó de inmediato. "No, Joslyn", dijo con firmeza. "¿Cómo podríamos dejar que te cases con él?".
Rápidamente la guio al asiento a su lado antes de dirigir una mirada fría hacia Natalie. "¿Estás satisfecha ahora? ¿De verdad vas a empujar a Joslyn a esto?".
El rostro de Greg se ensombreció aún más. "Natalie, sabes perfectamente la crisis que enfrenta el Grupo Fuller. Sin el respaldo de la familia Gilbert, la empresa sufrirá pérdidas catastróficas".
Los ojos de la aludida se volvieron gélidos.
Se había unido al Grupo Fuller incluso antes de graduarse de la universidad. Oficialmente, trabajaba como secretaria de Jeremy, pero en realidad, muchas de las decisiones importantes de la empresa habían dependido de su juicio.
A lo largo de los años, había ayudado a la compañía a recuperarse de su declive e incluso a superar con creces a sus antiguos rivales.
La crisis actual era culpa exclusiva de Jeremy, quien había ignorado sus advertencias e insistido en invertir en un enorme proyecto a largo plazo a pesar de sus objeciones.
El proyecto exigía una enorme cantidad de capital, casi agotando las reservas de efectivo de la empresa y sumiendo al Grupo Fuller en el caos.
Lo que Natalie nunca esperó fue que, cuando llegara la crisis, la familia decidiera sacrificarla sin dudarlo.
Durante años, había creído tontamente que si trabajaba lo suficiente y lo daba todo por la familia, podrían llegar a aceptarla de la misma manera que aceptaban a Joslyn.
Ahora finalmente entendía cuán ingenua había sido.
No importaba cuánto contribuyera, en el momento en que algo salía mal, ella era la primera persona que estaban dispuestos a desechar.
Natalie respiró hondo lentamente, obligándose a mantener la calma. "El Grupo Fuller está en este lío por sus propias malas decisiones", señaló con frialdad. "¿Por qué debería ser yo quien pague el precio?".
Una sombra de inquietud cruzó el rostro de Greg ante su actitud inquebrantable. Tras una breve pausa, su tono se suavizó notablemente.
"¿No sigues queriendo salvar a esa sirvienta?", preguntó. "El equipo médico de Wesley es el mejor del mundo. Si te casas con él, tendrás acceso a esos médicos".
Natalie se tensó al instante.
Cuando regresó por primera vez con la familia Fuller, la habían enviado a vivir con su abuelo.
Él era mayor y rara vez se involucraba en los asuntos domésticos, por lo que la mayor parte del tiempo, la sirvienta, Esme Fowler, la cuidó con una calidez y paciencia genuinas. Para Natalie, Esme había sido su familia, más que sus verdaderos parientes.
Pero dos años antes, la mujer se había caído por las escaleras y había entrado en coma.
Desde entonces, Natalie había buscado incansablemente especialistas y tratamientos, sin escatimar esfuerzos ni gastos, pero el estado de Esme nunca había mejorado.
Ahora Wesley también estaba inconsciente tras un accidente, y la familia Gilbert había reunido a los neurólogos más importantes del mundo para tratarlo.
Aunque solo existiera la más remota posibilidad de que esos médicos pudieran ayudar a Esme, Natalie no podía permitirse dejar pasar la oportunidad.
Recorrió la sala con la mirada. Su madre la miraba con impaciencia. Joslyn estaba allí, con una expresión lastimera. El rostro de Greg estaba lleno de cálculo, mientras sus hermanos la observaban con una presión y un juicio silenciosos. La visión de ellos la hizo sentir un frío que le calaba hasta los huesos.
En ese momento, los últimos vestigios de esperanza que había albergado por esta familia se hicieron añicos por completo.
Tras un largo silencio, Natalie finalmente habló. "Está bien", dijo en voz baja, las palabras casi forzadas a través de los dientes apretados. "Me casaré con él".
No era solo por Esme. Este matrimonio también le ofrecía la oportunidad de escapar de la sofocante prisión en la que se había convertido la familia Fuller.
La tensión en el ambiente se aflojó de inmediato. Greg se relajó visiblemente, mientras que Rhonda finalmente volvió a sonreír. "Sabía que tomarías la decisión correcta", comentó ella cálidamente. "De ahora en adelante, toda la familia dependerá de ti".
La familia Gilbert llevaba generaciones dominando el mundo empresarial, con una riqueza e influencia incalculables.
Para los Fuller, este matrimonio era mucho más valioso que las pocas colaboraciones comerciales que Carl les había ofrecido. El simple hecho de emparentar con ellos elevaría su estatus a un nivel completamente nuevo.
Justo cuando Greg se regodeaba en su satisfacción, Natalie volvió a hablar. "Pero tengo una condición".
La sonrisa de Greg se ensanchó. "Somos familia. Si hay algo que quieras, solo dilo".
Ella lo miró directamente a los ojos, clavando las uñas en la palma de su mano mientras decía cada palabra, lenta y claramente. "Quiero el tres por ciento de las acciones del Grupo Fuller".
Los Fuller querían todos los beneficios de aliarse con los Gilbert, pero ninguno estaba dispuesto a entregar a su hija favorita a Wesley. Natalie no tenía intención de sacrificarse por su beneficio sin obtener nada a cambio.
Durante años, había sacado al Grupo Fuller del borde de la quiebra más de una vez. Y las ganancias y oportunidades que había aportado a la empresa valían mucho más que un mero tres por ciento de las acciones.
Apenas dijo eso, el ambiente en la sala cambió por completo.
Rhonda fue la primera en reaccionar, y su rostro se contrajo por el disgusto. "¿Para qué quieres acciones de la empresa?", preguntó en un tono cortante. "¿No te hemos dado ya todo?".
Stefan soltó una carcajada despectiva desde un lado. "Tienes agallas. En cuanto aceptaste casarte con Wesley, ¿empezaste a conspirar por las acciones? ¿Cómo puedes ser tan desagradecida?".
Kevin se limitó a mirarla en silencio.
Jeremy, sin embargo, intervino rápidamente para aliviar la tensión. "Nattie, no te precipites", dijo con voz tranquilizadora. "Las acciones de la empresa se dividirán entre todos nosotros de todas formas. No hace falta que luches por ellas ahora".
Greg sonrió y asintió. "Así es. Somos familia, Nattie. Nunca te trataríamos mal", expresó, adoptando el tono de un padre cariñoso.
A Natalie casi le pareció cómico.
"Sin acciones, no hay matrimonio", respondió con firmeza. "Si no les parece, entonces busquen a otra".
Si hoy podían obligarla a casarse con un hombre en coma por sus propios intereses, ¿cómo iba a confiar en una sola promesa que le hicieran para mañana?
Cuando ella regresó por primera vez a la familia Fuller, al menos hicieron un esfuerzo por tratarla con amabilidad.
Pero esa buena voluntad desapareció más rápido de lo que imaginaba.
Siempre que ocurría algo, daban por sentado que intentaba competir con Joslyn.
En cuanto esta se mostraba un poco molesta, todas las acusaciones recaían de inmediato sobre Natalie. Nadie se molestaba en escuchar sus explicaciones; a sus ojos, cualquier defensa suya era solo otra excusa.
Quizá los años de recuerdos compartidos pesaban más que los lazos de sangre.
Natalie se había sentido muy dolida por eso, pero en el fondo seguía aferrándose a la esperanza de que algún día pudiera ganarse su amor y aceptación.
Sin embargo, hoy por fin vio la verdad. Para ella, eran su familia, pero para ellos, nunca había pertenecido de verdad.
Quizá nunca estuvo destinada a tener el calor de una familia de verdad. Y quizá, ya no lo necesitaba.
Al ver que la joven se negaba a ceder, Greg volvió a cambiar de táctica, suavizando su tono con una paciencia calculada.
"Nattie, Wesley puede estar inconsciente ahora mismo, pero la familia Gilbert sigue respaldándolo", comenzó. "Su influencia y su riqueza están mucho más allá de lo que la gente común puede imaginar".
Tras una breve pausa, añadió en tono tranquilizador: "Incluso después de que te cases con él, seguirás siendo una de nosotros. Tu lugar en la empresa no cambiará".
Ella soltó una leve risa burlona.
¿De verdad creían que repetir las palabras "somos familia" bastaría para convencerla de que renunciara al resto de su vida en beneficio de ellos?
"Me casaré con él una vez que me pasen las acciones", declaró con calma. Luego, sin mirar a nadie, se dio la vuelta y subió las escaleras.
"Natalie, ¿ahora eres tan engreída que crees que puedes ignorarnos?".
Rhonda golpeó de repente la mesa con su taza de café, con el rostro contraído por la ira. "¡Sabía que esto iba a terminar así! ¡Una chica que no creció con nosotros nunca va a aprender lo que es la gratitud!".
Stefan bufó con desdén. "Mamá, no es como si la conocieras de ayer. Siempre anda con esa cara de amargada como si todo el mundo le debiera algo. ¿Qué más esperabas?".
Kevin no dijo nada. Fijó la mirada en la figura de Natalie que se retiraba, y frunció levemente el ceño.
Por razones que no podía explicar, la mirada de esta lo dejó extrañamente inquieto.
Incluso Jeremy parecía preocupado mientras murmuraba: "¿Qué planea exactamente Natalie?".
Greg permaneció en silencio, con el rostro sombrío e ilegible.
Joslyn, de pie cerca, observaba en silencio las reacciones de todos. Un brillo fugaz pasó por sus ojos antes de bajar la cabeza y hablar en voz baja. "Papá, mamá, ¿por qué no me caso yo con Wesley? No me pasará nada".
Rhonda rechazó la idea de inmediato. "¡Por supuesto que no! Wesley sigue inconsciente y la familia Gilbert ya está sumida en el caos. ¿Cómo podríamos dejarte ir a esa situación?".
Después de todo, Wesley no era el único heredero de los Gilbert.
Ahora que estaba en coma, los rumores corrían por todas partes. Algunos decían que podría no volver a despertar, mientras que otros afirmaban que, aunque sobreviviera, podría quedar lisiado.
Las facciones de la familia Gilbert que antes fueron reprimidas por Wesley ya empezaban a moverse en las sombras, cada una esperando una oportunidad para arrebatar el poder.
Si él despertaba, la tormenta se calmaría de forma natural. Pero si no lo hacía, no sería más que un peón desechable en la brutal lucha interna de la familia Gilbert.
La expresión de Greg se suavizó un poco al ver el rostro preocupado de Joslyn. "No pasa nada", la consoló en voz baja. "No tienes que preocuparte por esto. Persuadiremos a Natalie de una forma u otra. Tu carrera está en una etapa importante ahora mismo. No podemos dejar que nada interfiera en ella".
Mientras tanto, Natalie entró en su habitación, al final del tercer piso.
El espacio era pequeño y oscuro, con una ventana orientada al norte que apenas dejaba entrar la luz del sol.
Una vez escuchó sin querer los chismes del personal de la casa y se enteró de que la habitación en realidad era un almacén.
Cuando ella llegó por primera vez a la familia Fuller, le asignaron un dormitorio luminoso junto al de Joslyn.
Pero más tarde, esta última mencionó casualmente que su sala de piano estaba demasiado lejos. Sin dudarlo, Rhonda le ordenó a Natalie que se mudara para que el dormitorio original pudiera convertirse en un estudio privado de piano para Joslyn.
Natalie nunca discutió.
Este lugar ya era una mejora, en comparación con la estrecha habitación que tenía antes en casa de sus padres adoptivos.
Poco después de sentarse, Jeremy entró con su habitual sonrisa cálida y refinada.
"Nattie", comenzó en tono conciliador. "Nunca quisimos de verdad que las cosas llegaran a esto. Pero Carl sacó de repente el tema de la boda ahora, y no tuvimos forma de negarnos".
La otra lo encontró insoportablemente hipócrita.
"¿Ah, sí?", replicó con una risa fría. "¿Te refieres a que no querías que yo me casara con Wesley, o que no querías que Joslyn se casara con él?".
Jeremy tosió incómodo antes de continuar: "Siempre has sido comprensiva y considerada con la familia. La popularidad de Joslyn en la industria del entretenimiento está aumentando rápidamente en este momento. Si se casara en esta etapa, su carrera sufriría un duro golpe".
Natalie lo miró con atención. "Pero el compromiso se hizo originalmente entre Wesley y Joslyn", señaló. "Ya que Carl lo mencionó él mismo, ¿de verdad no le importa quién se case con Wesley?".
Jeremy vaciló un instante antes de responder: "Carl nunca dijo específicamente que tuviera que ser Joslyn".
La intención del anciano era sencilla: quería cumplir el acuerdo matrimonial y preguntó si los Fuller estaban de acuerdo, así como qué condiciones podrían tener.
"Además, si somos totalmente sinceros, el compromiso era originalmente entre tú y Wesley. Joslyn solo se involucró por la confusión", agregó Jeremy.
Natalie lo miró en silencio durante unos segundos antes de soltar una risa. "Cuando llegué por primera vez a esta familia, todos ustedes me advirtieron que no me hiciera ilusiones con Wesley. Me dejaron muy claro que la futura señora Gilbert solo podía ser Joslyn".
Su hermano se tocó la nariz con torpeza, claramente incómodo. "Bueno, ahora las cosas son diferentes".
Ella frunció un poco el ceño.
No entendía cómo era posible que los Fuller pudieran actuar con tanta desfachatez mientras mantenían un doble rasero tan evidente.
Cuando Wesley era poderoso, admirado e intocable, el compromiso pertenecía a Joslyn.
Ahora que yacía inconsciente, con su futuro incierto, la empujaban a ella al frente sin la menor vacilación, y ni siquiera se molestaban en disimular sus verdaderas intenciones.
Al final, la verdad era desgarradoramente sencilla. Nunca la habían considerado realmente como parte de la familia.
Sin embargo, Natalie creyó una vez de todo corazón que eran su familia. Incluso intentó ayudar a Stefan en innumerables ocasiones, a pesar de que él siempre la había tratado con más desprecio.
La burla en sus ojos era tan clara que Jeremy apartó la vista instintivamente.
"Nattie", dijo tras una pausa. "Solo piénsalo bien. Si te casas con Wesley, es una situación en la que todos ganan".
Y salió de inmediato de la habitación.
Al otro lado de la puerta, Stefan estaba recostado con pereza contra la pared con ambas manos en los bolsillos, con el rostro lleno de desprecio.
"No tiene sentido hablar con ella", espetó. "Natalie no es más que una oportunista desagradecida. No le llega ni a los talones a Joslyn".
A los ojos de Stefan, Joslyn siempre había sido la hermana perfecta. Cuando él luchaba por hacerse un hueco en la industria musical, ella se quedaba despierta innumerables noches ayudándolo a revisar letras y pulir las composiciones. Stefan creía firmemente que nunca habría alcanzado la fama sin su apoyo.
"Además", continuó fríamente. "Wesley ya está en coma. Casarse con él no le cuesta nada. Se convierte en la señora Gilbert sin mover un dedo. ¿Cómo es que la estamos tratando injustamente?".
Jeremy suspiró en voz baja. "Quizá tenga sus propias razones".
Stefan soltó una risa burlona. "¿Qué razones podría tener? Antes me enteré por unos amigos de que ese tal Barton la dejó. Probablemente solo esté amargada y desquitándose con la familia".