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La obsesión del Ceo

La obsesión del Ceo

Autor: : Hani
Género: Romance
Addison Carter se enfrenta a un dilema cuando su editor le solicita que escriba una historia erótica. Debido a sus experiencias pasadas poco satisfactorias en el amor, ella se siente perdida y sin tener idea de cómo abordar este tipo de género. Su amiga Nina, quien también es su representante, le propone un viaje de chicas para que pueda relajarse y escribir el libro sin distracciones. Así es como Addison se dirige a pasar unos días al apartado hotel Opulent Haven, donde conocerá al enigmático dueño del lugar. Él es un hombre atractivo, rico y exitoso que sabe lo que quiere y que ha ganado el apodo de Mr. Sexo. A pesar de que Addison trata de no caer ante sus encantos debido a su arrogancia, poco a poco se dará cuenta de que Opulent Haven es mucho más que un simple hotel y por que todos lo llaman Mr. Sexo. Mientras escribe la historia erótica que le pidieron, descubrirá la sensualidad que se esconde en su propia vida. ¿Logrará resistir la tentación, o sucumbirá ante la seducción de Mr. Sexo?

Capítulo 1 Desafío literario

Reviso mi reloj por tercera vez, comprobando que es extraordinariamente tarde. Escarbo entre la montaña de objetos en mi habitación con creciente ansiedad.

-¡Voy a llegar tarde! -maldigo, consciente de que mi día estaba empezando de manera catastrófica.

Mi retraso para la reunión con mi editor y jefe me tiene al borde de la locura. Los nervios me invaden, intensificados por la preocupación expresada por Alex la noche anterior sobre la actitud de Paolo Richi, el propietario de la editorial Richi.

-¡Lucas! -grito desesperada, saliendo de la habitación e inclinándome sobre el pasamanos de las escaleras para repetir el nombre de mi hermano.

-¿Sabes dónde están las llaves de Tiny? -pregunto con velocidad.

Escucho el familiar tintineo de la cuchara pegar contra la cerámica de una taza de café y mi hermano aparece al final de las escaleras mirándome con cansancio.

-Están en el porta llaves junto a la puerta, justo donde las dejaste anoche. -Lucas rueda los ojos y vuelve a la cocina.

Me apresuro a buscar mis llaves y las encuentro en el lugar que mi hermano me indicó. Ni siquiera recordaba dónde las había dejado. Regreso a la cocina viendo cómo Lucas se encuentra haciendo el desayuno.

-¿Vas a desayunar? -pregunta Lucas al ver mi movimiento rápido.

-Solo jugo de naranja. -respondo mientras me dirijo a la nevera, pero me doy cuenta de que no hay jugo y recuerdo que olvidé comprarlo el día anterior.

Mi cabeza está hecha un desastre. Desde que mi hermano volvió, pareciera que las noches son interminables y mi hígado pide un descanso a gritos.

-Tienes que ordenar tu habitación, es una completa locura entrar ahí. -Lucas me ofrece un vaso de jugo que él mismo compró, y le agradezco en silencio.

Sí, mi organización no es la mejor, teniendo en cuenta que lo único que hay en mi habitación son centenares de libros.

-No puedo ser buena en todo.

Lucas frunce el ceño y me mira con ironía. No tiene motivo para recriminarme nada; más bien, debería agradecerme por haberlo perdonado después de tantos meses sin ponerse en contacto.

-¿Qué harías sin mí? -Lucas dice. Le sonrío mientras termino mi jugo, mi hermano vuelve a hablar-. ¿A dónde vas con tanta prisa y vestida así?

Me giro para verme en el reflejo de la nevera de color plateado. Tengo puesta una falda en tubo oscura y una camisa de vestir color blanco que resalta mis curvas con unas zapatillas a juego. No es la ropa que usualmente me pongo, pero la ocasión lo amerita.

Debo verme presentable para la reunión de hoy. El recuerdo me hace sentir tensa.

-Tengo una reunión con mi editor y Paolo Richi. -Me limpio la boca y tomo mi abrigo para salir de casa.

-¿Estará Nina también? -Lucas pregunta aparentando desinterés, aunque yo conozco bien a mi hermano.

-Recuerda que ya está casada y tiene una hija. -Le recuerdo. Pero no puedo dejar de sentir lástima por él.

¡Fue un verdadero idiota en el pasado!

-No dije nada malo, solo pregunté si estaría ahí. -Lucas se excusa y le dedico una mirada incrédula.

Ambos tienen un pasado tormentoso. Ellos habían sido pareja en la preparatoria; se amaban mucho, pero Nina anhelaba quedarse en la ciudad mientras Lucas quería alejarse lo más posible del recuerdo de nuestros padres fallecidos.

-Sí, estará ahí. Es mi agente, tiene que estar presente. -Abro la puerta y me despido de mi hermano-. Regresaré más tarde.

Camino hacia Tiny, mi Mini Cooper blanco, y me subo, conduciendo rápidamente hacia la editorial Richi.

En menos de diez minutos, me estaciono en el aparcamiento de la editorial, estableciendo así un nuevo récord. Amo este auto. Podría decir que es mi bebé.

Subo rápidamente en el ascensor y me dirijo a la sala de juntas, no sin antes toparme con Nina, mi mejor amiga y agente.

-Llegas tarde, pecas.

-Lo siento, no encontraba las llaves de Tiny. -Me disculpo.

-Debemos entrar. -Nina está igual de nerviosa que yo.

La pregunta ronda mi mente, ¿Qué podría ser? Espero y no sean malas noticias.

-¿No sabes de qué se trata, verdad?

Mi amiga niega, dedicándome una mirada de preocupación. Al entrar a la sala, nos encontramos con Alex y Paolo Richi. Ambos parecen tranquilos, lo que ayuda a calmarme un poco.

Alex nos sonríe y nos hace una señal para que tomemos asiento en alguna de las sillas desocupadas alrededor de la mesa.

Veinte minutos después, Richi se despide y sale de la sala de juntas con una expresión satisfecha.

No me he movido de mi asiento desde que escuché la petición de mi jefe y siento como si estuviera cayendo en un abismo.

-Estoy arruinada. -Es lo primero que digo mientras mi editor y agente me miran.

-No exageres, no es para tanto, solo es un libro de erotismo.

Las palabras de Alex me deprimen aún más. Y no sé si reír o llorar.

Él cree que hacer una novela erótica solo es describir posiciones sexuales y ya. No es cómo chasquear los dedos, y está más que claro que yo no era la indicada para hacerlo.

¡Dios mío! ¡Déjame morir de una vez! Yo escribiendo un libro de esos, ni en mis peores pesadillas. Mi cabeza empieza a taladrar.

-Ustedes estaban enterados de esto, ¿no es verdad? -Los señalo con culpabilidad, en mi intento de parecer amenazante.

-Te juro que estamos tan sorprendidos como tú. -Alex dice-. Habían hablado respecto al nuevo género en la junta directiva, sobre la nueva ola de libros eróticos en el mercado, y cómo teníamos que mantener nuestra posición en ventas lanzando un libro que cautivara a los lectores. Nunca imaginé que estaban pensando en ti.

-Claro, y tú me sugeriste.

-¡No!

-¿Entonces por qué yo?

-Supongo que es por tu éxito. Tus últimos dos libros se han vendido muy bien en las librerías, están a punto de lanzar las ediciones en otros idiomas, además del libro de bolsillo; técnicamente todo está marchando de maravilla.

»Los jefes tienen fe en que detrás de las novelas de "Intercambio amoroso" y "Tentación" se encuentre una escritora apasionada, con una sensualidad escondida que solo necesita un pequeño empujón para escribir la mejor novela erótica.

-¡No juegues conmigo! -Reprendo mientras me toco la cabeza pensando en cómo salir de este problema.

-Todos creemos en ti, pecas. -Nina habla con entusiasmo.

-¿Me quieren decir cómo diablos voy a escribir ese libro si jamás he leído una cosa de esas?

Ambos amigos se miran entre sí.

-¿Quién no ha leído la reciente saga del señor Black? Al menos por curiosidad.

-¿Nada?

-¡Nunca! Soy más célibe que una monja.

Ambos bufan ante el panorama.

-Así tengas que ver porno, hentai, yaoi, ir a clases de Tantra o tengas que leerte el libro del Kamasutra y todas sus variantes, ¡tienes que escribir ese libro! -Alex está siendo muy directo.

Esto va a volverme loca, ¿cómo voy a escribir ese libro con mi nula experiencia? Y a mis veintitrés años ni siquiera soy capaz de contar lo que pasó con Jackson.

Me da vergüenza decir que no soy virgen cuando pasé por una experiencia como esa.

-Esto será imposible. -Me dan ganas de llorar-. Ustedes, como mi editor y agente, debieron defenderme.

¡No puedo, me niego!

-Pecas, recuerda que estamos atados por un contrato. Estamos a merced de Richi y la editorial hasta que se acabe el plazo; si nos negamos a sus peticiones, nos puede demandar y perderías mucho más que los derechos de tus libros.

-Como quien dice, Paolo nos tiene agarrados de las bolas. -Alex le completa.

Maldición, este jodido día iba de mal a peor. Tienen razón, estoy atrapada en esto.

-¿Cuánto tiempo tengo para escribir mi suicidio literario? -Dramatizo.

-Cinco meses.

Jodidos infiernos. ¿Qué se supone que voy a hacer ahora? ¿De dónde voy a sacar una historia de ese calibre en tan poco tiempo?

-Si esto sale mal, será su culpa. -Les advierto y no estoy jugando.

-Estamos juntos en esto, pecas. -Nina me apoya.

Los tres nos miramos y después de resignarnos ante nuestro destino, Nina y yo salimos de la sala de juntas y nos dirigimos al café más cercano a la editorial.

-¿Nina, qué voy a hacer? -Sigo dándole vueltas a mi reciente desafío.

-Lo harás bien, pecas, solo encuentra la forma.

-Sí, claro, ahora mismo me pondré un letrero en la frente que diga "Enséñame cómo ser una cualquiera".

Nina se burla de mí, mientras alza la mano para llamar al mesero.

-No es gracioso, Nina.

-Lo siento, aunque no sería mala idea.

La fulmino con la mirada. ¿En verdad está pensando en que haga eso?

-Buenos días, tomo su pedido.

El chico se acerca a nosotras, no levanto la mirada, estoy inerte pensando mil planes al mismo tiempo, aunque mi salida más factible es pedir mi renuncia.

-Dos cafés con leche sin azúcar...

-No, al mío póngale dos turrones. Necesito despejar mi mente -explico al ver la mirada de mi amiga sobre mí.

-Claro, en un momento se los traigo. -El mesero se aleja dejándonos a solas de nuevo.

-Lo que tú necesitas es alguien que te enseñe los placeres carnales. -Nina susurra. Levanto la cara y abro los ojos ante su propuesta.

-Sabes lo que pasó la última vez que salí con alguien. Los caminos del amor solo traen desgracia y tristeza.

-Pero yo no dije nada de amor. -Nina sonríe pícaramente y alza una ceja sugerente, mirando detrás de mí.

Giro mi rostro y me topo con la imagen del mesero.

-¿Con el mesero? -Regreso la atención hacia mi amiga.

-¿Qué tiene? Es para fines educativos. Además, si no hubieras estado tan distraída, te hubieras dado cuenta de que no te quitaba la mirada de encima. -Nina sonríe y me mira de manera sugerente.

-No puedo creerlo.

-Es eso o leer la saga del señor Black.

¡Eso está mucho peor! No tengo nada en contra de libros de ese género, pero es algo que no va conmigo. Lo mío es más romance y sexo vainilla.

Me dio curiosidad el porqué Nina mencionaba tanto ese libro.

-¿Acaso tú...?

-Ethan es muy aburrido y, por más que le propongo hacer alguna de las posiciones del libro, se niega...

-La, la, la. Por favor, no quiero tener esa imagen en mi cabeza.

-Ya no sé qué hacer para revivir la llama del amor, pero Addison, tú estás soltera y hermosa, puedes hacer con tu sexualidad lo que quieras.

-No lo sé, eso del letrero en la cabeza solo era broma. Sabes de mi demisexualidad. ¿No?

-Ya lo sé, necesitas conexión más que atracción.

Asiento.

-Descarta lo del mesero, por favor.

-¿Y si le dices a Alex?

Capítulo 2 Vacaciones

-¿Qué? ¿Y renunciar a una amistad de años? ¡Estás loca! Tengo una relación laboral que cuidar y no estoy dispuesta a ser solo un trofeo. -Doy un "no" rotundo, ni siquiera me imagino en una situación así con Alex.

Nina me mira con curiosidad, y creo que es porque ella no conoce como Alex se divierte cada fin de semana.

-Alex tiene fotos con cada persona con la que sale y folla, no quiero formar parte del álbum de sus conquistas.

Nina alza las cejas, sorprendida, no sabía que Alex fuera ese tipo de hombre. Alex sabe muy bien cómo aprovechar sus encantos. Solo puedo opinar eso.

-Qué idiota. -Nina dice y yo asiento de acuerdo.

-Le agradezco a la vida por haberme acercado a él cuando nadie más creía en mí, ni en mi manuscrito, pero eso es todo. No pienso pedirle ayuda para salir de mi celibato autoimpuesto.

El mesero llega con las tazas de café y coloca cada una delante de nosotras. Esta vez, le sonrío amable. Luego desvío

la mirada hacia mi amiga, quien me observa con ojos pícaros.

Pongo los ojos en blanco cuando el chico se aleja nuevamente.

-Solo estoy siendo amable. Ya te dije que olvides eso. -Le explico.

-Está bien. Ya no diré nada sobre el mesero, pero tenemos que pensar en cómo escribirás ese libro.

En ese momento, mi móvil empieza a vibrar. Lo saco de mi bolso y miro el remitente con nerviosismo.

¡Lucas! ¡Maldición! No puedo contestarle en frente de Nina, ella aún no sabe que él está de regreso.

-Dame un minuto, debo contestar. -Me disculpo y me pongo de pie para ir directo al baño.

-¿Qué pasa, Lucas? -contesto-. Estoy con Nina, sabes que no quiero que sepa que has regresado.

-Solo te llamé para saber cómo te había ido en tu reunión.

Bufo ante el recordatorio; no quiero

hablar de eso con mi hermano, me parece bochornoso.

-Pero, ¿entonces estás con Nina? -La voz de Lucas suena curiosa y entonces entiendo cuál es la verdadera razón de su

llamada.

-Lucas... -le advierto-. ¿Qué fue lo que te dije a tu regreso? No llevas en la ciudad ni dos semanas; deberías tratar de

seguir el ejemplo de Nina.

-Addi, ya pasaron más de ocho años, Nina está casada y con una niña de tres. ¿Qué te hace pensar que yo haré algo

para perjudicarla?

-Lucas... Ella quedó muy devastada con tu partida, no sé cómo reaccionará cuando sepa que has regresado.

-Addi... -Lucas suplica.

Estoy entre la espada y la pared. No sé qué eventos catastróficos podría desatar su encuentro, y si algo malo pasara jamás me lo perdonaría.

-No te prometo nada, pero trataré de sacarte en la conversación.

No puedo negarle nada a Lucas, aunque sé que podría salir mal.

-¿En serio? -Lucas está emocionado.

-Pero te lo advierto, Lucas. No hagas nada estúpido; ella es feliz con Ethan. -Le expreso mi preocupación.

Lucas se queda callado. Su silencio no me dice nada, pero solo espero que él esté buscando un reencuentro amistoso.

Me despido de mi hermano y después salgo del baño, mirando a la distancia cómo mi amiga está absorta en su móvil.

Aún seguía dudando si contarle a Nina acerca de Lucas; sin embargo, se lo había prometido.

-Nina...

-Oye, mira lo que encontré en internet. -Nina interrumpe mis palabras y me muestra su móvil mientras tomo asiento en mi lugar.

-¿Qué es eso? -pregunto al ver las fotos de un hermoso hotel-. Hotel Opulent Have. -Parafraseo el nombre del

lugar.

-¿Por qué no nos vamos de vacaciones? Podrías despejar tu mente en medio de la naturaleza. -Nina parece entusiasta-. Según lo que dice el anuncio, "Despeja tu mente y cuerpo viviendo una experiencia inigualable".

-¿Nina, estás segura de que funcionará? -No estoy muy convencida, pero tal vez ella tenga razón al decirme que necesito vacaciones.

¿Desde cuándo no me tomo algunos días de descanso? Me la he pasado todo el año escribiendo mi último libro. Tal vez me falte desempolvar mi mente.

Sin contar que Lucas me tiene loca diciendo a cada minuto que ordene mi habitación, sumando a mi odioso vecino rockero que

siempre pone esa música del demonio.

-¿Y tú qué harás con Elena y Ethan?

-Puedo decirle a Ethan que iré por trabajo. Él está de sabático en su empleo, no tendrá problemas con quedarse con Elena. -Nina está muy entusiasmada con la idea y yo confío en ella-. Le diré a Laura que vaya a tu casa para revisar que todo esté en orden mientras estamos fuera.

Ya que eso no será necesario, debo decirle que Lucas cuidará de mi casa mientras tanto.

-Bueno, Nina... hablando de eso, yo quería decirte que...

-Cariño, aquí estás.

Mis palabras se quedan en el aire nuevamente, cuando Ethan, el esposo de Nina, llega al café en ese momento.

Lo miro con sorpresa porque si me hubiera adelantado por medio segundo, le estaría diciendo a Nina que Lucas se encuentra de regreso.

Nina saluda a su esposo con un casto beso en los labios. Me doy cuenta de que son felices, y el remordimiento empieza a atacarme de nuevo.

¿Estoy haciendo lo correcto al tratar de decirle lo de mi hermano?

-Hola, Addison. -Ethan me saluda, haciendo que salga de mi trance, y le respondo con una sonrisa cordial.

-¿Qué querías decirme, pecas? -Nina pregunta. Yo sacudo mi cabeza y pienso en algo rápido para decirle.

-Que debí pedir mi café sin azúcar. -Me excuso y Nina me mira curiosa al notar algo extraño en mí. Espero que no haya

notado mi nerviosismo-. Debería volver a la editorial, tengo que ir por Tiny. Luego iré a casa.

-Oye, recuerda lo que te dije, ¿sí? Te mandaré mensaje con los detalles. -Nina me sonríe, y Ethan lo hace junto con ella.

-Está bien, entonces alistaré mi equipaje. Nos vemos, Ethan. -Me despido.

-Hasta luego, Addison. -Ethan me responde.

No tardo mucho en llegar al edificio y vuelvo a subir por el ascensor para hablar con Alex sobre los planes que tengo con Nina.

Entro a su oficina sin avisar, algo que siempre he hecho antes, pero desde este momento recordaré no volver a entrar sin tocar.

Mis ojos se agrandan cuando encuentro a Laura y Alex en una posición comprometedora.

-¡Santo Dios! Perdón... yo... la puerta...

En ese momento deseo que la tierra me trague por la vergüenza. Ni siquiera se para donde mirar.

Alex aleja sus labios de los de Laura, quien está arriba del escritorio con las piernas abiertas, y él está en medio tocando su trasero.

-Puedo regresar después. -No sé qué más decir y estoy a punto de salir, pero Alex me detiene.

¿Ya había hablado de mi editor y su álbum de conquistas? Pues, es esto a lo que me refería. Sin embargo, jamás imaginé que con Laura.

-Laura ya se va, pasa Addi. -Alex se mantiene tranquilo como si mi interrupción no fuera para tanto.

Yo trato de no mirar a Laura cuando sale, me siento cohibida.

-Dime, ¿qué quieres decirme? ¿Ya encontraste inspiración para el nuevo libro?

Camino hacia el asiento, frente al escritorio, todavía pensando en lo que acabo de ver.

-Yo no, pero está claro que tú sí estás inspirado. -Señalo la puerta, por donde hace unos segundos salió Laura.

Dios les da sus peores batallas a sus mejores soldados, está más que claro.

Alex suelta una risa cínica y comienza a caminar en círculos detrás de mí. Mi cuerpo se tensa ante su actitud. Su voz baja una octava, sintiéndose más suave y aprensiva.

¿Qué jodidos está haciendo?

-Si necesitas inspiración, yo podría...-Alex susurra cerca de mi oído mientras se encuentra detrás de mí.

Río y enseguida me pongo de pie como un resorte. Debe estar jugando conmigo.

-Por favor, Addi, conmigo obtendrás experiencia y diversión. Un dos por uno. -Alex se acerca.

-Sí, como no. -Lo alejo poniendo uno de mis dedos en su pecho duro. Eso si me sorprende, pero no dejo que su cercanía

me afecté.

Alex es un hombre guapo que cautiva a cualquier mujer, y siendo honesta, también lo hace conmigo, pero conozco bien mi

papel en esta ecuación. Jamás arruinaría mi amistad con él.

-Podría enseñarte algunas cosas.

-No, no lo creo.

-Posiciones sexuales. -La mirada de Alex es depredadora-. Cómo hacer una felación casi perfecta o los sonidos que

nos excitan.

Contengo la respiración al tener tan cerca a Alex en su papel de "soy el dios del sexo"

-Será mejor que busque mi inspiración por otra parte. -Le digo mirándolo seriamente.

Tengo que dejar de lado las insinuaciones de mi amigo, no es saludable para nuestra relación.

Alex suelta un suspiro y se da por vencido. Seguramente es la primera vez que una mujer se le resiste, pero no

puedo hacer nada al respecto.

Al menos puedo notar como deja de insistir y eso me tranquiliza.

-¿Entonces qué harás?

-Vacaciones... -Me encojo de hombros.

Después de compartirle mis planes a Alex, ya estoy de regreso en casa. Lucas no se ve por ningún lado y no sé a dónde se ha metido.

Una notificación suena en mi móvil y la reviso. Nina me ha enviado los detalles del viaje. Por suerte, el Hotel Opulen Have está solo a las afueras de la ciudad, lo que nos llevará dos horas en auto.

Nina ya ha hecho el registro. Yo solo tengo que preparar mi equipaje y esperar a que mi hermano aparezca, para contarle que

no estaré en casa por un par de días.

Estoy tomando la idea de Nina como un atajo para encontrar inspiración y escribir el libro que me pidió Paolo Richi.

En mi mente alberga la posibilidad de poder empezar a escribir el libro sin tener que llegar a hacer nada extremo.

Capítulo 3 Señor White

Sostengo las llaves de Tiny en una mano y mi móvil en la otra. Parece ser otro día lleno de muchas catástrofes.

¡Maldición, Nina contesta! Vuelvo a marcar su número, pero la respuesta es la misma.

Nina lleva una hora de retraso, lo cuál es muy inusual en ella, y Lucas, mi hermano, no ha regresado desde el día anterior.

Sé muy bien que Lucas puede cuidarse solo. En el pasado se fue por ocho años, un día sin verlo no es nada para mí, pero lo que sí está poniéndome alerta es que Nina no responda mis mensajes, ni mis llamadas.

Después de un tiempo, mi móvil empieza a sonar y respondo a toda velocidad.

-¿Nina, estás bien? -Es lo primero que pregunto.

-Pecas, perdón. Me surgió un problema. -Nina dice apenada.

-Oye, eso no importa, solo dime que estás bien.

Nina suelta un suspiro, y yo no sé cómo tomarlo.

-Ethan mandó a Elena con mi suegra, quiere que nos quedemos en casa todo el fin de semana.

-¿Por?

-Quiere tener otro bebé... -Las palabras de Nina se quedan en pausa.

-¿Y no quieres otro hijo?

-No ahora.

-Es tu cuerpo, es tu decisión. -Le digo.

-Él está empeñado en que deberíamos tener otro bebé ahora para que Elena y su futuro hermano no se lleven tantos

años.

»Así ellos podrán tener una mejor igualdad. Conoces la relación que mantiene con, ya sabes quién, no quiere eso.

Bufo. Es un asunto en el que no puedo meterme. Esas son decisiones de dos.

-Sabes que la decisión que elijas, estaré ahí para apoyarte, ¿verdad?

-Lo sé. Ahora deberías ir a ese viaje y disfrutarlo.

-No sé si debería ir... -Dudo.

No puedo dejar a Nina así.

-Oye, ya está todo listo. No puedes dejar pasar la oportunidad. -Nina no se esfuerza mucho por convencerme.

Se escucha demasiado afligida y no quiero darle más problemas de los que tiene con Ethan. Acepto ir para despejarme un poco, y solo porque la reservación ya está realizada.

Me despido de Nina y tomo a Tiny mientras conduzco hasta el Hotel Opulent Have.

La mañana se presenta despejada, y él breve paseo por el campo parece ser una excelente manera de comenzar el viaje.

La noche anterior, me dediqué a investigar más sobre el hotel. Está ubicado en el muelle de Serene Bay, donde un departamento ronda alrededor de los tres millones de dólares. Me parece impresionante.

El GPS me indica que salga de la carretera principal y conduzca por un camino angosto. Al principio, dudo, pero después de unos minutos, diviso la puerta más grande que jamás haya visto.

¡Es enorme!

En una placa de oro, en uno de los pilares se lee: Hotel Opulent Have. Todo parece magnífico y escalofriante al mismo tiempo.

¿Eso puede ser posible?

Desciendo de mi auto para abrir paso, pero por más que lo intento, la puerta no cede.

-Identifíquese. -Una voz me sobresalta, y giro 360 grados para localizar el parlante en uno de los pilares

de la puerta.

Por poco se me sale el corazón.

-¿Hola? Soy Addison Carter. Tengo una reserva para una habitación.

El lugar queda en silencio por unos segundos y, luego, como si nada, la puerta se abre lentamente, haciendo que vuelva a sobresaltarme, por el sonido chirriante.

La puerta se abre.

Regreso a mi auto y avanzo por el angosto sendero. No veo más que hileras de árboles que parecen no tener fin. Después de unos minutos, finalmente llego a un jardín circular.

En el centro, hay una fuente enorme de agua que parece brillar por los rayos del sol.

Estoy absorta ante el panorama. Abro la boca al contemplar el hotel, un monumento arquitectónico que se alza en frente de mí y reclama toda la atención.

Las fotos de internet no le hacen justicia en absoluto; es totalmente majestuoso y espléndido.

Estaciono mi auto justo afuera de la gran puerta blanca con adornos dorados. Parece más un castillo que un hotel, y no puedo sentirme más entusiasmada.

Lucho un poco con el broche del cinturón de seguridad y salgo sin dejar de admirar cada detalle del lugar.

Apenas pongo un pie fuera, la puerta principal se abre, y un hombre alto y fornido sale. Su rostro parece inexpresivo, y la casi invisible cicatriz en su rostro le agrega un semblante tenebroso.

El hombre está vestido pulcramente con un traje oscuro y corbatín. Se acerca a mí y me mira indirectamente.

-¿Señorita Addison Carter?

Asiento con la cabeza sin dar crédito al hombre que está frente a mí, casi puedo jurar que mide más de dos metros.

-Le damos la bienvenida al Hotel Opulent Have. ¿Me permite su equipaje y las llaves de su auto? -El hombre nunca hace contacto visual, y yo me limito a tomar mi pequeña maleta del asiento trasero de mi auto-. Me encargaré de resguardar su auto y de que su equipaje llegue a su habitación mientras usted realiza el registro en recepción.

El hombre toma mis pertenencias y entra por la misma puerta. Lo sigo hasta el interior del hotel. Observo con determinación, el amplio espacio y, de inmediato, vuelvo a quedar impresionada.

Una gran escalera curva ocupa el centro de la estancia, donde el hombre que lleva mi equipaje va subiendo. A mi lado, está la recepción con el mismo material y diseño que la puerta.

¡Esto es una locura!

Sigo contemplando el lugar hasta llegar a la recepción. Todo está perfecto e inmaculado.

¡Esto debió costar mucho dinero! Nina quiere dejarme en bancarrota antes de tiempo

El registro no se demora mucho, y en menos de lo que parece, ya estoy caminando en dirección al ascensor.

No sé cuántos pisos hay en ese lugar, pero mi tarjeta tiene escrito en grande el número cinco con dorado y el trescientos ochenta y cinco más pequeño.

Sigo observando la tarjeta al entrar al ascensor porque incluso la llave de la habitación es hermosa.

Justo cuando las puertas están por cerrarse, un zapato deportivo las bloquea, obligándolas a abrirse nuevamente.

Yo contengo con fuerza el deseo de resoplar al ver que entra al ascensor un hombre alto, atlético, de cabello

oscuro, perlado en sudor. Tiene una gorra negra en la cabeza y unos lentes oscuros.

Se ve bien a la vista y alzo una ceja cuando creo que me ve detrás de esos lentes.

Luego él toma posición dentro del ascensor, apretando un número en la pantalla, el cual no puedo ver.

Me hago a un lado creyendo que él tomará un lugar junto a mí, pero no, se queda enfrente, tapando mi panorama.

Por todo lo que trae puesto, no puedo ver su rostro, pero su perfume es bastante embriagador.

No soy una persona mal educada y saludo al hombre, pero me sorprendo cuando no recibo una respuesta de su parte.

Creo que tal vez no me ha podido escuchar, pero cuando se gira y me observa por un segundo, dándome la espalda

otra vez, sé la clase de hombre que es.

¡Un idiota mal educado!

El hombre suelta una risita, y yo me siento ofendida.

¿Se está burlando de mí?

-Será cabrón. -murmuro entre dientes, lo bastante alto para que pueda escucharme. No me importa.

Me miro en el espejo del ascensor; mi semblante no es el mejor, estoy un poco despeinada por el viaje, pero no encuentro algo

en mi aspecto que haga que ese idiota se burle de mí.

Cuando las puertas del ascensor se abren, indicándome que he llegado a mi piso, paso junto a él, empujándolo al

salir sin hablarle. Eso me hace sentir toda una chica mala.

Espero no volverme a topar con ese tipo.

Al entrar a mi habitación, mi mal humor me impide deleitarme con la majestuosidad del lugar. Pero lo primero que

quiero hacer es darme una buena ducha en la tina del baño.

Me siento más fresca y reconfortada; incluso el mal rato que me hizo pasar aquel hombre ha desaparecido.

Cuando alguien llama a mi puerta, abro rápidamente pensando que es la comida que ordené, pero me sorprendo cuando veo al

hombre alto que me recibió.

-Señorita Addison, el señor White desea darle la bienvenida. -Me informa.

-¿Y quién es el señor White? -pregunto desconcertada.

-Es el dueño del hotel.

La sorpresa se hace aún más evidente en mi rostro.

¿Por qué quiere darme la bienvenida a mi? ¿O es acaso que le da la bienvenida a todos sus huéspedes? Eso me parece

casi imposible.

-¿Ahora? -No me niego. Tengo curiosidad de saber por qué me daría la bienvenida el dueño del hotel.

-La espera en cinco minutos en su oficina. -El hombre no dice nada más y se marcha.

Me quedo desorientada. Este lugar es tan maravilloso como lo es de extraño.

No me tardo mucho en ponerme algo cómodo y salir de mi habitación rumbo al ascensor; no tengo idea de dónde está la oficina del dueño del hotel, pero cuando veo al gigante esperándome, sé que él será mi guía.

Señala para que yo entre al ascensor y él sube junto a mí. Estoy casi segura de que iremos hacia arriba, sin embargo, descendemos hasta la planta baja.

Ambos salimos, y yo sigo al grandulón, quien camina más allá de las escaleras centrales.

Pasamos por un salón amplio donde hay sillas y mesas. Gente se encuentra charlando mientras meseros los atienden, sirviendo comida y bebidas.

La música de un saxofón se escucha al fondo, y todo parece tan armonioso y de alta sociedad.

Estas personas deben tener mucho dinero para tanto lujo.

Parece más un hotel de altos estándares y eso me preocupa. No tengo pensado gastar tanto en esto.

Luego nos dirigimos a otro lugar más apartado; empiezo a creer que todo el lugar no tiene fin, pero me distraigo con el par de hombres que salen de una habitación con una chica que cuelga de sus hombros, ella ríe y parece divertirse junto a ellos.

Quiero preguntarle a la montaña de hombre que tengo delante, lo que significa eso, pero no me atrevo y tampoco creo

que él vaya a contestarme.

Él no se voltea ni por un segundo para asegurarse de que yo lo sigo, pero el sonido de mis zapatos al pisar detrás de él

se lo comprueban.

Llegamos hasta la estructura de cristal de un gran león que parece desafiante e imponente; el grandulón da un giro a la derecha y luego se detiene.

-La oficina del señor White -dice y llama a la puerta con una suavidad sorprendente que no creía que él pudiera

tener.

Él abre la puerta y yo me quedo en el umbral, atacada por los nervios. ¿Por qué me siento así? Ni que fuera a ver a mi

futuro esposo.

Obligo a mis pies para que se muevan y así paso a la lujosa oficina del dueño del hotel.

-La señorita Addison Carter, señor.

-Perfecto, gracias, Mark.

Cambio mi estado de admiración a uno de alerta. Espero ver al señor White, pero el cuerpo del grandulón me lo

impide.

Aun así, no puedo evitar que su voz gruesa y sexy me dejé helada. No parece que esa voz pertenezca a un hombre obeso

y calvo.

Mark, como ahora sé que se llama, se aparta, dejando que yo observe al señor White.

¡Oh, Dios mío!

Siento cómo el latido de mi corazón golpea mi esternón, haciendo que alcance una velocidad peligrosa. Mientras mi respiración se va haciendo irregular.

¿Qué me pasa?

Por un momento, me siento mareada, y por más que le grito a mi boca para que diga algo, estoy totalmente petrificada.

Me quedo ahí mirando al hombre que tengo enfrente, mientras a su vez, él me mira a mí. Su voz gruesa me ha dejado pasmada, pero verlo...

¡Santos Dioses del Olimpo!

No creo haber visto a hombre más guapo en el mundo.

En mi estado tembloroso, soy incapaz de dar señales de vida inteligente. Es así como conozco al misterioso señor White, o como pronto lo llamaré: Mr. Sexo.

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