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La obsesión del Mafioso Italiano (+18)

La obsesión del Mafioso Italiano (+18)

Autor: : PayperLee
Género: Romance
Un viaje relámpago a Italia hace que la vida de Natasha Parisi de un giro sorprendente. Jamás se ha visto involucrada en nada que no sea la vida de rica y mimada a la que su tía la acostumbró, todo cambia cuando sin querer entra abruptamente en la vida de Adriano Bicchieri el mafioso más temido de todo el país. Ella no podrá decidir si escapar o no porque se ha convertido en una presa desde que los ojos del mafioso estuvieron sobre su cuerpo y por más que tratara de huir ese cazador no la dejaría escapar. Está atrapada. Aunque más tarde entenderá que quizás se encontraba mejor justo entre sus brazos entregándose a la pasión descarnada.

Capítulo 1 Algo trascendental.

Natasha:

Cuando me pongo los audífonos y escucho esta canción siento que estoy en una película donde yo soy la protagonista.

Hay una sonrisa en mi rostro a la vez que veo el paisaje que se muestra por la ventana del autobús en el que estoy.

Logré convencer a mi tía de venir aquí con mi grupo de la escuela de Bellas artes.

Soy española pero llevaba años deseando venir a Italia, es por eso que insistí tanto en este viaje.

Hay algo en este país que me atrae.

Que me llama sin saber el qué.

Adoro la cultura que hay en estas calles que ahora mismo estoy viendo.

No puedo quedarme dormida como mis amigas ahora mismo cuando el sol está saliendo iluminando con sus rayos la ciudad.

Contengo un suspiro de emoción por lo que próximamente haremos.

¿Cómo no sentirme como en una película si uno de mis sueños se está haciendo realidad?

Sólo falta otra cosa...

Algo más emocionante.

Me deshago de cualquier pensamiento romántico que pase por mi cabeza y vuelvo mi cabeza a mi compañera sentada a mi lado.

Alejandra me da una mirada adormilada antes de bostezar.

- ¿Por qué estás despierta? Baja la cortina -se quejó cuando me quité los audífonos para poder escucharla y le hice caso.

Después de todo ya tendríamos tiempo de ver mejor Florencia.

-No puedo dejar de pensar en ver todas las obras.

-Lo sé -dijo ella sonriéndome ahora después de estirarse-. Yo tampoco puedo creer que estemos aquí.

-Buenos días chicos, despierten.

Ya hemos llegado al hotel.

Voy a pasar la lista para que poco a poco bajen del autobús y esperen en el lobby con la profesora Martina.

Aleja hizo una mueca para después entornar los ojos.

A decir verdad no le gustaba nada la profesora Martina.

De hecho a nadie le gusta mucho.

Casi protestan para que ella no nos acompañara en el viaje gracias a lo aguafiestas y amargada que es.

Uno a uno fueron llamando a todos hasta que fue mi turno.

-Natasha Parisi.

-Aquí estoy profesora -le dije antes de ponerme de pie para bajarme del autobús.

El viento mañanero de Florencia golpeó mi rostro haciéndome sonreír encantada mientras volvía a ponerme los audífonos para seguir trasportándome a un mundo nuevo.

Alcé mis ojos para ver el hotel Guelfa Firenze y de inmediato caminé para entrar en el lugar.

Sonreí al ver a Sophia viendo embelesada el trasero de un tipo que le daba la espalda mientras que Alejandra y Alicia discutían por algo -lo típico- y yo negué con la cabeza divertida acercándome a ellas.

- ¿Divirtiéndose? -me burlé y las tres se giraron a verme para sonreírme.

Afortunadamente las había conocido junto con entrar a la escuela porque no soy muy social.

No suelen caerme muy bien las personas.

No puedo evitarlo.

-Estamos esperando que nos asignen una habitación para dejar las cosas.

La profesora Martina dijo que iríamos a ver el museo esta misma tarde ¡Que emoción! -me dijo Alejandra sonriendo y yo le sonreí de vuelva.

-Me muero por eso.

-No te mueras, falta poco -se burló Sophia-. Por otro lado, los italianos que he visto me han echo la boca agua ¡Que delicia de hombres!

- ¿Pero cuántos italianos has visto si nos hemos bajado hace cinco minutos del autobús, Sophia? -recriminó Alicia tan malhumorada como siempre, cosa opuesta a su hermana gemela, Alejandra.

-Los suficientes como para saberlo.

¿Quién se anota para una noche loca en Italia? -azuzó Sophia y yo me reí enseguida.

Ninguna de nosotros había respondido cuando se acercó uno de los chicos que estudiaba con nosotros.

Creo que su nombre es Damian.

-Sophi ¿Podemos hablar un momento? -preguntó el chico a mi amiga con voz suave aunque varonil.

Vi como Sophia entornaba los ojos pareciendo fastidiada con su presencia.

Ella suele enamorar a los chicos que desee y Damian parece estarlo por la forma en que la mira.

- ¿No ves que estoy ocupada?

En otro momento Damian.

El asintió mientras que sus mejillas se ponían coloradas y de inmediato se marchó.

-Eres una perra -declaró Alicia y Sophia le sonrió como si le hubiera dicho un alago en vez de un insulto.

-Alicia, Natasha.

Compartirán la habitación, aquí están sus llaves -dijo la profesora Marta llamándonos y de inmediato yo fui por la llave.

Tomé mi maleta que ya habían bajado del autobús siendo seguida por Alicia.

Por lo menos me habían dado una habitación con una de mis compañeras.

Después de instalarnos en la bonita habitación la profesora había pasado para advertirnos que a las doce tendríamos que estar abajo para almorzar y de ahí llevarnos al museo.

Con cada segundo que pasaba estaba más emocionada.

Alicia y yo ya estábamos en el restaurante del hotel esperando que llegara el resto de los chicos.

Alejandra y Sophia se sentaron con nosotras hablando sobre trivialidades.

Comimos hasta que las profesoras decidieron que era hora de ir al fin a la Galleria degli Uffizi y mi emoción creció.

Nos subimos al autobús y volví a sentarme con Aleja sin dejar de parlotear lo emocionadas que estábamos.

Es obvio que estudiantes de Bellas Artes lo estén.

Al llegar vimos que había una fila muy larga para entrar pero afortunadamente ya habíamos pagado la reservación del tour para entrar.

- ¡Ay por Dios, esto es hermoso! -gimió Sophia mientras yo asentí y sonreí tomando fotografías.

Escuchamos la historia de cada pintura o escultura que veíamos gracias a la museóloga.

No sé cuánto tiempo estuvimos aquí pero me quedé absorta a todos los agentes exteriores cuando vi El nacimiento de Venus de Botticelli.

Me quedé maravillada con tanta belleza.

-Gracias al poder de los Médici, los artistas bajo protección de la familia tenían derecho a pintar sobre lo que quisieran sin temer a la intervención de la iglesia -siguió narrando la mujer del tour.

Yo conozco la historia.

Siempre me ha encantado este cuadro a pesar de que no había tenido la oportunidad de verlo en persona.

Estoy sin aliento ahora mismo.

Me encanta la idea de la feminidad dentro de esta majestuosa obra, en esta época de la que se habla eso no era nada común. Lo siento como una liberación a la mujer.

Algo trascendental.

Me quedé tan absorta al cuadro que ni siquiera me di cuenta de que los chicos me habían dejado atrás.

Una voz, gruesa y masculina hizo que diera un pequeño salto.

- ¿Te gusta? -me preguntó.

Me di la vuelta sobresaltada abriendo los ojos en asombro para encontrarme al hombre más encantador que he visto en mi vida.

Sus ojos verdes olivas se clavaron en los míos como si pudiera penetrar mi alma quitándome el aliento de inmediato.

No sólo su mirada causó esta reacción en mí, sino lo terriblemente guapo que es este hombre.

Empezando porque tuve que primero alzar mis ojos para mirar a los suyos ya que lo primero que había estado en mi campo de visión fue su pecho.

Su cabello es castaño muy claro casi rubio, ligeramente ondulado.

Su nariz es muy bonita, griega.

Sus labios son hinchados, carnosos y viriles -además de tentadores-.

Tiene una ligera barba corta con vellitos rubios muy bonitos.

Automáticamente estoy cautivada por ese tipo.

Pero cuando veo el resto de su cuerpo me quedó flechada.

Tiene una complexión atlética, puedo percibir sus músculos tensos aún detrás del traje elegante que lleva.

- ¿Qué... qué dijo? -tuve que preguntar después de carraspear.

Ni siquiera me acordaba qué era lo que me había dicho.

De repente esbozó una sonrisa de anuncio que me dejó boquiabierta, fascinada.

Que hombre más increíblemente guapo.

¿Realmente lo estaba viendo?

¿Es real?

-Pregunté si te gustaba -me señaló el cuadro detrás de mí pero ninguno de los dos se volteó a verlo.

-Me gusta mucho, es mi cuadro favorito de hecho -me esforcé por respirar con normalidad y sobretodo a hablar como si no me afectara su divina presencia.

¿Quién es él?

Me pregunto a mí misma muy emocionada.

Mi corazón late cada vez más deprisa cuando sus ojos me detallan.

-También el mío.

No eres de la ciudad, supongo.

-Lo dirás por mi acento.

Hablo perfectamente italiano pero es obvio que no tengo el acento -comencé a balbucear sin sentido dado a que estoy nerviosa y casi me golpeo a mi misma por lo tonta que soy, recuperando el hilo de la conversación-. Soy de España.

-Sí, tu acento es exótico, hermoso -esto último lo dice con tanta alevosía que cada parte de mi cuerpo se tensa.

Sus ojos no dejan de mirarme como si pudiera oler el nerviosismo tonto al que estoy sometida.

Y su voz.

Dios mío.

Su voz es preciosa.

- ¿Eres artista? -me preguntó mirándome las manos ahora.

-Eso planeo.

Estoy estudiando -murmuré antes de sonreírle.

Él me sonrió de vuelta antes de tenderme su fuerte mano la cual no dudé en estrechar.

-Soy Adriano.

-Mi nombre es Natasha, es un placer conocerte.

-Definitivamente el placer es mío -afirmó él logrando que un conjunto de mariposas revolotearan en mi vientre.

Me mordí el labio inferior y estoy segura de que él iba a decir algo más pero mi teléfono comenzó a sonar estruendosamente por lo que tuve que soltarme de su agarre para contestar.

-Es que si yo no te llamo no me llamas -se quejó mi tía a través del auricular del teléfono y solté un suspiro.

Mi madre sufría de depresión antes de tenerme y cuando me dio a luz un día me dejó a cargo de mi tía.

Ella estaba asustada de que no hubiera vuelto a casa esa misma noche pero otro día la llamaron para decirle que ella se había suicidado.

Mi tía con tan sólo 15 años de edad tuvo que hacerse cargo de mí.

Trabajó y estudió muchísimo para convertirse en la mujer exitosa que es hoy día.

La verdad es que la veo como a mi madre pero a veces suele ser un poco estresante cuando se pone tan sobreprotectora como ahora.

-Tía, iba a llamarte pero no teníamos tiempo.

Ahora mismo estoy en el museo así que debo colgar, no podemos usar los teléfonos.

-No me mientas niña, por favor llámame antes de que vayas a acostarte.

Me preocupo por ti Tashie.

Más aún cuando estás tan lejos de mí, ¿Lo harás?

-Sí tía, te llamaré -murmuré sintiendo un nudo en mi garganta.

Ella es la única familia que he conocido.

Ha sido todo para mí.

Siempre lo será.

Por lo mismo a veces me siento culpable de que nunca se haya casado.

Nunca he conocido una relación seria suya -más que con el trabajo- y eso me rompe el corazón, ella más que nadie merece ser amada.

-Muy bien Tashie.

Entonces te dejo, te quiero muchísimo cariño ¿Lo sabes?

-Que sí, yo también te quiero mucho tía -le dije antes de colgar.

Sonreí sintiendo la calidez en mi corazón por ella y al darme la vuelta para ver a Adriano con desilusión me di cuenta de que él ya se había ido.

Hice un puchero pero luego me recompuse.

-Esto no es una telenovela Natasha y él no es tu príncipe azul -me susurré a mi misma para ir a buscar a los demás.

No tardé en encontrarlos y me uní a ellos aunque de vez en cuando miraba a mi alrededor para ver si volvía a ver a ese hombre pero para mi decepción no fue así.

- ¿Dónde estabas metida? -me preguntó Sophia con una sonrisa traviesa de las que ella siempre usaba.

-Me quedé viendo El nacimiento de Venus, sabes lo mucho que me gusta.

-Creí que estabas haciendo algo más interesante -se quejó Sophia y Alejandra entornó los ojos antes de hablar.

-Yo también me quedé encantada, de hecho me han dado unas ganas impresionantes de pintar.

Yo sonreí a Alejandra antes de asentir.

-Igual a mí.

-Bueno chicos, por hoy terminamos el recorrido.

Es hora de ir al hotel otra vez -avisó la profesora Lucía haciendo que todos nos quejáramos.

- ¿Y qué vamos a hacer en el hotel?

Es muy temprano -se quejó Sophia.

-Sé que ustedes no son unos adolescentes pero saben las reglas así que vamos al autobús -demandó ella y la seguimos.

Pronto estuvimos otra vez en el hotel quejándonos del aburrimiento que había en nuestras habitaciones.

Capítulo 2 Volverla a ver.

Adriano:

Creer que puedes llegar a joderme a mí, al mafioso más importante de toda Italia. Eso te hace muy estúpido.

Uno de mis hombres pensó ser lo suficientemente listo como para hacerlo.

Sí.

Definitivamente es un suicida al que voy a hacer pagar yo mismo.

Diego pensó que robando poco a poco mis drogas yo no iba a notarlo.

Sin embargo yo tengo ojos en todos lados.

No soy el mejor de nombre.

Sino porque lo demuestro y esta noche él va a comprenderlo.

Es demasiado tarde para redimirse.

Está en mi mira y acabaré con él en un abrir y cerrar de ojos.

Es tan estúpido que pensó que podía vender mis drogas en un lugar al que nadie sospecharía, un lugar a donde ninguno de los otros irían.

Excepto yo.

Crecí en el museo.

Mi madre era museóloga así que conozco todos los cuadros y las esculturas de este lugar.

Además de cada pequeño espacio oculto.

Nada escapa de mi vista.

¿De verdad este estúpido quiere joderme?

Espero cerca de donde sé que estará pero de repente hay algo que llama mi atención.

Algo especial.

Algo hermoso.

De verdad lo más hermoso que he visto en mi miserable vida.

Por primera vez en mi vida olvidé mi objetivo principal y aparté todos los pensamientos que no tuvieran que ver con ella.

¿Quién es esa preciosa diosa?

Todo mi cuerpo se endurece, en especial la zona entre mis piernas.

Mi corazón comienza a latir de forma violenta bajo mi pecho dejándome sin respiración.

Actuando tal y como un imbécil.

Mis impulsos salvajes quieren que la tome de la cintura, la acerque a mi pecho para fundirme con ella, inhalar su aroma perfecto.

Nunca había sentido esta necesidad animal.

Está volviéndome loco.

Consumiéndome.

Necesito saber quién es.

La criatura preciosa parece estar completamente absorta a la pintura tanto que no me escucha acercarme a ella lo que me hace poder captar su dulce aroma a vainilla penetrando mis fosas nasales.

Atesoro cada palabra que sale de su boca y por primera vez en mi vida creo que me han flechado.

Maldita sea, si ella me pidiera ahora mismo el maldito mundo se lo daría.

Natasha.

Saboreo el nombre en mis pensamientos.

Mi dulce Natasha no sabe lo que su presencia ha hecho conmigo y que en menos de un segundo se ha convertido en mi reina.

Por los momento debo alejarla del peligro.

Aprovecho la llamada que la distrae para hacer mi propia llamada.

La llamada de la muerte.

Me aparto de ella sigiloso aunque lo que menos deseo es dejarla ir, sin embargo sé que no será por mucho tiempo.

La encontraría hasta en el maldito fin del mundo.

Es completamente mía porque ya lo he decidido y dado a la forma en que ella me miró también lo desearía.

Sólo tengo que mostrárselo poco a poco.

No quiero asustarla aunque tampoco quiero introducirla en este mundo de mierda en el que todos los días estoy metido.

Mi determinación es férrea.

Cuando veo a Diego no lo dudo ni por un segundo.

Lo tomo de la garganta apuntándolo con mi arma.

Sus ojos me miran asustados.

Creo que el bastardo está a punto de hacerse en sus pantalones.

Me importa una reverenda mierda.

-Jefe...

-Si hablas ahora mismo voy a volarte los sesos -dije con voz letal y baja, amenazadora-. Vamos.

Lo empujé llevándomelo.

Conduciéndolo por las escaleras guardando mi arma en el bolsillo de mi chaqueta de cuero.

Él lo sabe y en silencio camina.

Está temblando el muy hijo de puta pero no me importa.

Debió pensarlo antes de intentar robarme a mí.

Cuando llegamos a la azotea el se gira lentamente a petición mía mirándome muy asustado.

-Por favor jefe, yo puedo explicarlo.

Mi hermana está muy enferma.

-Pudiste hablar conmigo -le dije con frialdad acrecentando su miedo.

No hay un gramo de misericordia en mi interior.

Una vez cuando la di salí jodido.

Nadie va a jugar conmigo otra vez.

La misericordia es debilidad.

-Jefe pero...

- ¿Tus últimas palabras? -lo corté ya harto de esta conversación.

No vine aquí a charlas como viejas amigas.

Vine a tomar lo que es mío y por supuesto a mostrar que conmigo nadie en este jodido mundo se mete y puede salir bien librado.

-Por favor no, jefe...

Pero antes de que terminara de decir otra cosa estúpida le disparé sin remordimientos haciendo que se cayera al suelo con los ojos vidriosos.

-Detesto a los malditos traidores.

Otra muerte más.

Ninguna me perturba.

Aprendí a matar cuando tenía escasos doce años, después de la muerte de mi madre.

He perdido la cuenta de a cuantos hombre he matado.

Después de la primera las demás son fáciles.

Dicen que no tengo alma pero el encuentro de hoy lo niega todo.

No sé cómo lo hizo esa preciosa chica pero me hizo caer sin duda.

Tomó mi corazón en sus manos y lo arrebató de inmediato.

Caminé hasta donde estaba el imbécil comprobando su pulso antes de quitarle el bolso donde llevaba mis drogas.

Me levanté y marqué el número de mi segundo al mando.

Derek.

A la primera llamada contestó.

-Jefe ¿Lo tienes?

-Lo tengo.

Envía un equipo de limpieza para la azotea de la galería.

Está un poco sucio por aquí.

-Lo haré.

-Der, otra cosa.

Manda a averiguar la lista de las personas que asistieron hoy a la galería.

Busca el número de una Natasha, no sé su apellido y también consigue su dirección.

- ¿Testigo?

Puedo encargarme de ella -afirmó Derek ansioso.

Sé que puedo confiar plenamente en él sin embargo por mi bien nunca confío en nadie.

Ni siquiera en mi maldita sombra.

A pesar de que me crié con Derek junto a mi verdadero padre una vez que mi madre murió.

Un gruñido se atoró en mi garganta sintiéndome por primera vez en mi vida posesivo y protector por alguien.

-Sólo has lo que te digo y luego borra su nombre de tu cabeza.

Nadie se puede enterar de ella Derek.

No te atrevas a acercarte.

Sólo dame la maldita información y mantente tan alejado como sea posible.

Escuché el silencio a través del auricular aunque ya conocía su respuesta.

-Como digas, jefe.

Sin darle una respuesta colgué el teléfono y bajé las escaleras como si nada hubiera pasado.

La busqué una vez más cuando estuve en el piso donde nos habíamos encontrado pero ya no había rastro de ella.

Estaba un poco decepcionado aunque sabía que pronto la volvería a ver.

De eso estaba convencido.

Capítulo 3 Buenos días, princesa.

Estaba volviéndome loco por tenerla.

La necesidad que despierta en mí es increíble.

No he podido dejar de pensar en ella desde que llegué a casa.

La deseo fervientemente pero no quiero sólo acostarme con ella.

Quiero algo más.

La quiero toda para mí.

En mi casa, en mi cama... sobre todo entre mis brazos.

Quiero hacerla completamente mía por loco que suene encontré a la mujer de mi vida y no voy a dejarla ir.

En el mundo un montón de imbéciles dejan ir el amor.

Yo no soy igual.

No descansaré hasta tenerla.

Su rostro me viene a la cabeza y estoy a punto de llamar a Derek para ver si ya tenía información sobre ella pero en ese preciso momento él me llama.

- ¿Qué sabes sobre ella? -le pregunto nada más contestar.

-He hecho un par de investigaciones jefe, su nombre es Natasha Parisi.

Española.

Estudiante de artes, tiene 20 años.

Va llegando a la ciudad pero tampoco se quedará demasiado tiempo.

Sus padres murieron y sólo tiene así tía quien se encarga de ella.

-Así que sólo hay una persona que puede reclamarla -murmuro pensativo creando un plan en mi cabeza.

Haré todo lo que esté en mis manos por tenerla-. Averigua todo lo que consigas de ella Derek, también hazme saber más sobre esa tía suya.

Puede ser una pieza valiosa para mí.

Envíame su número por mensaje, al igual que su dirección.

-Muy bien jefe, lo haré.

Colgué el teléfono y sonreí a la nada deseoso por verla.

Esta noche lo haré.

Muy pronto será mía.

Declaré.

***

Natasha:

La noche anterior Sophia intentó hacer que saliéramos pero no quisimos dado a lo cansadas que estábamos sin embargo hoy es diferente, es nuestro último día en la ciudad después de una semana.

El tiempo en la ciudad cada vez se reduce mucho más así que ahora mismo nos estamos arreglando para salir.

Aplico un poco de rímel en mis pestañas para continuar con el rubor y finalmente el gloss que hace ver mis labios más provocativos y carnosos.

Me encanta maquillarme cuando estoy de humor pero contrario a lo que los demás creen, no lo hago para nadie más que para mi misma.

No estoy buscando la atención masculina sino sentirme bien conmigo misma.

Doy una última mirada al espejo chequeando que todo esté en orden.

Arreglo un poco mi cabello y finalmente me pongo de pie admirando no sólo mi ropa sino también mis zapatos.

-Chica, te ves estupenda -me alaba Alicia chocando con mi hombro a propósito y yo le sonrío dándole una mirada a su atuendo.

Ella también luce estupenda.

Está usando un vestido minúsculo pegado a su cuerpo con el que muestra lo sexy que es.

Sus tacones kilométricos también son de color azul como su vestido.

-Tú también te ves hermosa.

- ¿Estás listas? Es hora de la fiesta -dijo divertida Sophia llamando nuestra atención mientras sonreía de forma maliciosa.

Todas salimos de la habitación dirigiéndonos al pasillo en busca del ascensor.

-Deberíamos avisarle a alguna de las profesoras, no pueden impedirnos salir. Somos mayores de edad pero por alguna razón no me gustan los secretos -les dije y fue Sophia como siempre quien me fulminó con la mirada.

- ¿Para qué molestarlas? Estaremos aquí antes de que puedan darse cuenta de que salimos, no seas aburrida Tashie.

Ninguna agregó nada más así que entendí que en esta ocasión le daban la razón a Sophia por lo que ignoré la extraña angustia que comenzaba a formarse en la boca del estómago y las seguí.

El aire frío de la noche chocó contra mi pelo y llámame paranoica pero sentía como si estuvieran mirándome.

Apreté los dientes intentando deshacerme de ese pensamiento y gracias a Dios Sophia detuvo un taxi justo a tiempo para subirnos justo en la parte de atrás.

No tardamos demasiado en llegar a una discoteca que estaba a reventar.

Por un momento pensé que no nos dejarían entrar pero debí suponer que con Sophia de por medio nada es imposible.

Ella sedujo a uno de los tipos de la puerta -que debo decir son increíblemente sexys- y ellos nos dejaron entrar sin problema.

Sophia me tomó del brazo haciéndome caminar con rapidez para que no escuchara las quejas de los chicos que hacían la fila detrás de nosotras.

No soy una experta en discotecas porque la verdad es que salgo muy poco pero este lugar es sumamente grande.

El ambiente está animado.

Las chicas bailan de forma sensual con los chicos que buscan seducirlas pero ellas son jugadoras, tal y como Soph.

-Tenemos que buscar una mesa.

-Yo me encargo -gritó Sophia para que la escucháramos en medio de la música alta aún sin soltar mi brazo por lo que terminó arrastrándome por toda la discoteca hasta llegar a una mesa que por supuesto no estaba vacía.

En esta hay cuatro chicos y el resto de las sillas están desocupadas.

-Buenas noches, chicos.

La voz de mi amiga llama su atención y de inmediato todos nos lanzan miradas de cazadores.

Estuve a punto de bufar pero sé que Sophia me mataría.

-Buenas noches, hermosa -dijo uno de ellos pareciendo muy interesado en mi rubia amiga.

-Mis amigas y yo nos preguntábamos si podíamos sentarnos con ustedes, no tenemos una mesa.

Los ojos de ellos brillaron de inmediato y se levantaron con una sonrisa en el rostro.

-Claro que sí, siempre hay lugar para mujeres hermosas.

Soy Darío, este es Valentín, Giovanni y mi hermano Gian.

-Es un placer chicos.

Nosotras nos fuimos presentando a ellos y tomamos asiento aunque la verdad es que yo estaba sumamente incómoda.

Así es como una salida de chicas se había convertido en una salida ¿Sexual? Ni siquiera sé cómo definirla.

Los chicos no dan nada porque sí -o eso suele decir mi tía-, si nos dejaron quedar junto con ellos fue porque quieren algo de nosotras.

Sexo, probablemente.

Sé que Soph no tendría problema alguno con eso pero a pesar de que es una de mis mejores amigas yo no me parezco en nada a ella.

Los chicos empiezan con la conversación pero yo me quedo en silencio hasta que Alejandra me llama la atención.

- ¿Qué quieres de beber, Tashie?

-Vodka, por favor.

Ellos piden que nos traigan las bebidas pero yo ya no estoy prestándoles atención.

Mi atención se enfoca en mi teléfono.

No puedo evitar fruncir el ceño cuando me llega un mensaje muy raro.

-"Eres tan hermosa, sin embargo, deberías saber que eres sólo mía." ¿Qué es esto? -susurré aturdida-. Creo que se equivocaron.

-Tashie ¿No es así? Es un placer conocerte -dijo el último chico al que nos presentaron llamando mi atención nuevamente.

Él estaba sentado a mi lado.

Mis ojos se alzaron para encontrar los suyos verdes los mismos que me miraban con interés.

-También es un placer conocerte, Gian es un nombre muy bonito.

-Al igual que Tashie, suena muy dulce ¿Qué edad tienes?

-Veinte, dentro de poco cumpliré los veintiuno -le respondí sonriendo ya que Gian, a diferencia del resto parece ser muy dulce-. ¿Y tú, qué edad tienes?

-También tengo veinte.

Los dos nos sumergimos en una conversación larga hasta que Gian me invitó a bailar.

Yo coloqué mi mano sobre la de él antes de que comenzáramos a balancearnos de un lado al otro.

-Es un verdadero alivio que hayan llegado.

Mi hermano estaba analizando a las chicas de la discoteca para invitarlas a acercarse a nosotros. Pero siento que tu eres diferente.

- ¿En qué sentido? -le pregunté divertida y curiosa a la vez.

-Eres dulce.

No has intentado coquetear conmigo en algún momento.

- ¿Y eso es malo?

-No, Dios. Todo lo contrario.

Es muy bueno.

Verás, soy gay pero mi hermano no lo acepta e intenta buscar una chica que me haga cambiar de idea -me dijo sorprendiéndome.

-Vaya, no me di cuenta.

-Ahora mismo estoy seguro de que está feliz porque estoy aquí contigo.

-Pues algún día debería asimilarlo.

No tienes que hacer nada para hacerlo feliz.

Es tu propia vida.

-Lo sé... ¿Qué sugieres?

- ¿Qué tal si se lo demuestras? No, no creo que sea buena idea, después se enfadará y podría hacer algo que no te guste -dije suspirando.

Gian me dio la vuelta bailando hasta atraerme a su pecho formando una sonrisa en sus labios.

-No.

Me gusta.

Tienes razón.

Mi hermano no dejará de molestarme hasta que lo vea con sus propios ojos, gracias por ayudarme Tashie.

Él me suelta y comienza a mirar a nuestro alrededor hasta encontrar a un chico realmente guapo que también lo estaba mirando.

Estoy a punto de detenerlo y persuadirlo para que no haga nada que pueda causarle problemas pero supongo que él sabe lo que hace.

Doy un suspiro y lo veo alejarse con firmeza hasta que dirijo mi mirada a la mesa.

Los chicos parecen entretenidos con mis amigas.

No quiero presenciar un desastre.

En primer lugar no quería salir pero ahora que estoy aquí atrapada sólo quiero volver a la comodidad de la cama del hotel.

No necesito estar en una discoteca para divertirme en Italia.

Sonrió ladina antes de sacar mi teléfono de mi pequeño bolso y les escribo a las chicas.

- "Estaré recorriendo la ciudad, me aburrí.

No se preocupen por mí.

Sé llegar."

Envié el mensaje y dándole una última mirada comencé a caminar a la salida para buscar un taxi.

Tengo un mapa de la ciudad.

Me gustaría recorrer la ciudad y hacer fotos.

Afortunadamente también tengo mi cámara en mi bolso.

Sonrío ante la nueva aventura que estoy por llevar a cabo aunque también estoy un poco nerviosa.

Nunca voy sola a ningún lugar.

Supongo que esta será la primera vez.

Pasé mis manos por mis brazos tratando de apartar el horrible frío que comenzaba a calar mis huesos.

Pero de repente siento que algo está mal.

Me pongo nerviosa.

-Siento esto, bebé. Las cosas no debieron pasar así, queda muy poco tiempo -dijeron con rapidez detrás de mí y cuando intenté voltearme alguien colocó un pañuelo en mi nariz.

Luché.

Traté de liberarme pero fue imposible.

Poco a poco sentí cómo mi lucidez se desvanecía hasta que mis piernas cedieron y esta persona me sostuvo de no caer al suelo.

-Lo entenderás, juro que algún día lo harás -ese susurro fue lo último que escuché antes de quedarme al fin dormida.

***

Parpadeo atontada después de que luché para que mis ojos se abrieran finalmente.

Todo lo que hay en este lugar es simplemente hermoso.

- ¿Qué hago aquí?

¿Dónde estoy? -me pregunté a mí misma mediante un susurro al mismo tiempo que echaba una mirada alrededor del lugar.

Nada parece ser conocido para mí, la habitación es blanca y en todos lados se encuentran detalles dorados que claramente son carísimos y es en este momento cuando el pánico me golpea dejándome sin aliento recordando lo que había sucedido antes de que mi mundo se oscureciera perdiendo el conocimiento.

Dejé a las chicas en la discoteca para dar un tour por la ciudad pero antes de que siquiera pudiera irme alguien me sorprendió durmiéndome.

Mi corazón comenzó a latir con rapidez y miedo.

¿Por qué lo habían hecho?

¿Por qué yo había dejado a las chicas para hacer algo tan arriesgado?

-Tengo que salir de aquí -murmuré con firmeza levantándome de la cama.

Como una fiera me dirigí hasta la puerta golpeándola.

- ¡Ábranme! ¡Déjenme salir de aquí!

No sé cuánto tiempo estuve haciendo lo mismo pero hubo un momento donde finalmente la puerta se abrió dejándome ver un rostro conocido.

El mismo que no me había quitado de la cabeza desde que nos vimos en la galería.

Mi corazón se apretó de inmediato reconociéndolo.

-Tú... -susurré perdida.

-Buenos días, princesa -me saludó con una sonrisa y dentro de mí, la rabia estalló finalmente.

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