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La obsesión del mafioso italiano

La obsesión del mafioso italiano

Autor: : Nicolle Mercado
Género: Romance
Bajo el manto helado de la noche, Karina se convirtió en la redentora de un alma herida. Sin embargo, el hombre que rescató oculta oscuros secretos. Vicenzo, más que un moribundo, despierta deseos prohibidos en ella. Entre la calidez de su apartamento y la frialdad de los engaños, ambos se sumergen en una atracción peligrosa. A medida que los muros se elevan, la obsesión de Vicenzo se torna una maldición. ¿Podrá Karina escapar de las garras de su oscuro pasado, o sucumbirá a la seducción de un mafioso obsesionado?

Capítulo 1 Vicenzo

Hoy hace mucho frío. Actualmente, estoy en camino a la tienda en busca de alimentos para mi despensa vacía y un delicioso chocolate caliente, ya que soy adicta a él.

-Son veinte dólares -me informa el tendero al entregarme las bolsas. Con dinero en mano, le agradezco y salgo de nuevo, sosteniendo una sombrilla para protegerme de la tormenta de nieve que sigue cayendo.

-¡Mgm! -detengo mis pasos, asustada por un quejido que acabo de escuchar. Aprieto con fuerza el asa de la bolsa y me giro hacia el lugar de donde provienen los gemidos.

Mirando alrededor, solo veo nieve cayendo, pero al enfocarme en los contenedores de basura, cubiertos también de nieve, distingo una silueta extraña.

-¿Hola? -me acerco lentamente, observando una figura humana en cuclillas en la esquina de los contenedores -¿Estás bien?

Dejo la bolsa en el suelo por un momento y me acerco sigilosamente. Podría estar corriendo en una situación así, ya que no sé si esta persona es peligrosa, pero aquí estoy, de buen corazón, inclinándome hacia la silueta que sigue jadeando.

-Oye, ¿te encuentras bien? -pregunto de nuevo. Esta vez, alza la cabeza, revelando un rostro masculino magullado.

Es un hombre cubierto de nieve, con heridas en el rostro y rastros de sangre en la nieve, indicando otra lesión.

-La tormenta está intensa, y los pronósticos no son optimistas -comento, captando su atención, aunque solo asiente con la cabeza -¿Debería llamar a la policía? Estás herido y no parece estar en buena condición. Podrías morir aquí afuera con este frío.

A pesar de mis intentos, no obtengo respuesta al hablarle. Sin embargo, al levantar la cabeza, sus ojos fríos, frágiles y vacíos me miran sin emociones. Es lo que veo ahora. ¿Estaré en peligro? Debería seguir mi camino y dejarlo aquí, pero...

-¿Dónde vive? ¿Es un vagabundo o algo así? -insisto en el interrogatorio -¿Me escucha? No tengo toda la noche.

Maldición, no logro obtener ninguna respuesta. Su silencio me obliga a buscar algún teléfono o contacto entre sus ropas. Aunque invado su espacio personal, no quiero un cadáver cerca de mi edificio.

-Detente -me habla, haciéndome caer en la nieve por su voz ronca y repentina.

-¿Puede hablar? -pregunto, evidentemente de manera tonta -Dígame dónde vive o me veré obligada a llamar a la policía.

Baja la cabeza sin darme respuesta. "Parece un cadáver".

Suspirando y renuente a continuar con esta absurda insistencia, me levanto, tomo mi sombrilla de nuevo y recojo la bolsa que dejé en el suelo.

El hombre sigue jadeando, no sé si es por el frío o porque está herido, pero ambas cosas son cruciales para morir aquí afuera.

-Oiga -le hablo una vez más -¿Puede levantarse? Lo llevaré conmigo.

Sí, está mal. No debería recoger a un extraño de la calle, especialmente con el peligro que acecha últimamente en esta colonia. Sin embargo, no puedo simplemente irme a mi apartamento, comer y dormir tan tranquilamente después de encontrar a una persona moribunda en la calle que necesita ayuda urgente. Además, está nevando fuertemente, y pronto morirá si permanece aquí.

«Un poco de humanidad, Karina, solo un poco».

Con todas las fuerzas que tengo, ayudo a levantar al hombre del suelo. Suelta un quejido en el proceso, pero luego se apoya en mí y avanzamos hundiendo los pies en la espesa nieve. Es más grande de lo que aparenta, no lo puedo ver claramente por su mal estado, pero es demasiado alto. Me siento como una pulga. ¿Estaré haciendo lo correcto? No lo sé, pero ya está hecho.

Llegamos a mi edificio, entramos y tomamos el ascensor que nos lleva al quinto piso, donde está mi apartamento. Con dificultad, avanzo por el pasillo hasta que finalmente encuentro mi puerta. Ingreso la tarjeta y esta se abre. Lo primero que cae al piso es el hombre herido cuando estamos adentro.

-Oiga, ¿puede oírme? -lo sacudo, manteniéndolo despierto -¿Ya se murió?.

Por su quejido deduzco que no. Así que me apresuro al baño y lleno la tina de agua tibia para combatir el frío, busco una toalla seca y luego salgo en busca del sujeto, que sigue inerte recostado en la pared.

-Su colaboración no estaría de más -comento, tomándolo con mis débiles fuerzas nuevamente -¿Puede moverse? Necesito que se dé una ducha con agua tibia; la hipotermia es peligrosa.

-Puedo hacerlo -su voz ronca me sacude de nuevo.

-Entonces, lo dejaré en el baño; lo demás queda a su disposición -le indico. Pasando su mano por mi hombro, lo encamino hasta el baño, y después de dejarlo adentro, salgo y cierro la puerta.

«Nada más falta que lo bañe también».

Sé que no está bien lo que estoy haciendo, porque hay varias variables negativas en esta situación. Uno: puede ser peligroso, ¿y si me hace algo? Dos: no sé quién ni por qué lo dejaron de esa manera tan deprimente, herido y casi muerto. Y tres: podría ser algún indigente malherido de la calle que no tuvo a dónde ir. Pero eso lo averiguaré después.

-¡Joder! -suelto una maldición al escuchar un golpe provenir del baño.

Me apresuro a entrar para encontrarme con el hombre al lado de la tina, desnudo y con rastros de sangre manchando el piso.

-¿¡Está bien!? -corro hacia él, ayudándolo a mantenerse firme -Oiga, diga algo, no se muera en mi baño.

-Frío...-balbucea casi en un susurro -mucho...

-Le ayudaré -me ofrezco, tomando un recipiente del lavabo para lavarlo con el agua tibia de la tina, pero me detengo al ver su cuerpo desnudo; sin embargo, no es eso lo que me distrae, sino la herida hecha, al parecer, con un objeto punzante en su abdomen que sigue sangrando.

-Date prisa...-murmura débilmente, sacándome de mi shock mental.

-Oh, sí -reacciono, comenzando a echarle agua cuidadosamente, pero a este paso tardaré toda la noche en terminar -. Lo lamento, pero esta es la forma más rápida.

Tomo la regadera, me enderezo y empiezo a rociar el agua sobre él, quien al sentir la presión, hace una mueca de dolor.

-Arde -se queja -detente.

-Solo un poco más -le pido, lavando su cuerpo golpeado y lleno de sangre con una mano, mientras que con la otra sostengo la regadera.

Me distrae un poco la figura de su cuerpo. Está muy tonificado como para ser un indigente, y sus facciones me gritan a pulmón que tuvo una buena vida, solo que está maltratado. Además, tiene tatuajes en varias partes de su cuerpo, como en los brazos, pecho y espalda.

«Creo que cometí un error al traerlo».

-Ya es suficiente con esto-dictamino, terminando con el baño -espere aquí un momento, traeré algo de ropa.

Lo dejo un poco más débil de lo normal en el piso del baño. Salgo y rebusco en el clóset algo que sea de su talla. Anteriormente, mi ex novio venía aquí según a visitarme y terminábamos en la cama, así que debe de haber alguna prenda por aquí.

Logro hallar un pantalón de tela que él usaba para dormir y una playera negra. Eso será suficiente, aunque dudo que sea de su talla. Ese hombre se ve mucho más grande.

-¿Sigue vivo? -entro al baño con la ropa y sostengo una toalla -encontré algo de ropa, así que lo dejo cambiarse.

-Bien -musita.

Antes de salir, me detengo y lo miro.

-Es aconsejable que no se ponga la playera aún, hay que tratar esa herida -concluyo y cierro la puerta.

La ropa que traía puesta era una camisa negra y un pantalón negro también, además de zapatos caros. No parece ser de la calle; su aspecto tampoco sugiere eso.

¿Debería llamar a la policía? No creo que sea una buena idea en plena tormenta de nieve, y mucho menos cuando él está herido. Podrían involucrarme a mí en eso.

Meto la ropa del hombre en la lavadora y pongo los zapatos a secar mientras él sale del baño. Al darme cuenta de eso, saco las compras que hice y llevo el paraguas a una esquina de la sala. Acomodo todo y luego pongo a hervir el chocolate caliente.

Realizo varias tareas, como cambiarme de ropa, buscar el botiquín de primeros auxilios, terminar de hacer el chocolate, pero el hombre sigue sin salir del baño. Ya era suficiente verlo desnudo; incluso ahora, lo pienso con más claridad y me da vergüenza.

-Oh -diviso la figura frente a mí. Alta, sin camisa, aún con gotas de agua deslizándose por su torso desnudo, y con algunas partes moradas y verdes por los golpes, sin mencionar esa herida que aún sangra -. Creo que le ha quedado un poco estrecha la ropa, es lo que tenía por el momento. Mañana podrá usar la que tenían antes, la puse a secar.

-Gracias -me dice, con el cabello goteando todavía.

-Es hora de tratar su herida -le digo -tome asiento en el sofá un momento.

Hace lo que le digo, se sienta en el sofá mientras yo saco alcohol, algodón y unas vendas del botiquín.

-Dolerá un poco -le aviso, antes de llevar el algodón húmedo a la herida del abdomen.

Es un corte, pero por suerte no es tan profundo. Quizás deje cicatriz. Hace una mueca mientras lo trato, pero permanece quieto. Finalmente, termino de desinfectar y le pongo una venda para que no siga sangrando.

-Creo que estará bien con eso -comento, para luego posar mis ojos en su rostro golpeado -¿Quiere que le ayude con su cara también? No tiene buen aspecto.

Asiente con la cabeza sin gesticular palabras. Lo determino por un breve momento, maquinando en mi cabeza cómo se vería su rostro sin golpes. Ahora se ve guapo; me lo imagino sin esos moretones. Mirándolo más de cerca, noto el color de sus ojos. Azules oscuros. ¿Será un tipo de modelo perdido que fue asaltado? Si es así, no quiero estar involucrada; ya he tenido suficiente en el pasado.

-Quédese quieto por un momento -señalo, sentándome más cerca a su lado, y con mi mano extendida empiezo a limpiar lentamente sus heridas.

Es un poco incómodo que me esté mirando detenidamente mientras lo hago. Ahora que lo analizo mejor, no se ve como un hombre indefenso, más bien es todo lo contrario.

-Ya está hecho -culmino, terminando de untarle un poco de crema para los moretones.

No me dice nada, solo me observa en silencio mientras recojo las cosas dentro del botiquín, y me alejo para guardarlo.

-¿Desea tomar chocolate caliente? Hice un poco, le servirá para el frío -le ofrezco, rebuscando una taza en la cocina -¿Sí o no?.

-Sí.

Sirvo el chocolate y se lo entrego, ahora mirándolo con la camiseta que antes era de mi ex. Me traen recuerdos buenos y también desagradables.

-¿Desea comer algo?.

-Sí, no te importa.

-Es bastante bueno con las palabras después de todo -comento, dándole la espalda y sirviendo la sopa que había cocinado mucho antes de salir de compras -¿Se siente mejor ahora?.

-Supongo.

Es de pocas palabras, pero aún así su voz se escucha débil.

-Gracias -lo escucho decir -por todo.

-No fue nada -sigo en la cocina moviendo los platos y cubiertos de un lugar a otro -. Fue un acto natural de humanidad ante una persona que necesitaba ayuda, eso es todo.

Pensándolo bien, ¿Qué haré después con este hombre? ¿Tendrá a dónde ir?.

-Listo -dejo el plato de sopa en la mesa de centro -está caliente todavía, tómelo con calma. Y si no es de su gusto, lo entiendo, no soy experta cocinando.

-¿Aceptas a cualquier extraño en tu casa tan deliberadamente?.

-¿Cómo? -lo miro confusa.

-No sabes quién soy -me estremezco con esa mirada tan profunda y fría -¿No tienes miedo de que te haga algo?.

Trago grueso, cortando el contacto visual.

-Por el momento no aparenta ser alguien peligroso -musito, no muy convencida de mis propias palabras -¿O acaso sí lo es? Aunque si lo fuera, no creo que sea tan desagradecido como para atacarme después de que le salvé la vida. Y si me pregunta por qué lo metí a mi apartamento siendo un total extraño, es porque no nací con un corazón tan duro que lo iba a dejar morir ahí afuera en medio de la tormenta de nieve, ¿Bien?.

-Vicenzo.

-¿Qué?.

-Me llamo Vicenzo-repite.

-Ah, Vicenzo...-pronuncio suave -¿Eres italiano?.

-Sí.

-Yo soy-...-me corto, mirándolo fijamente, reconsiderando mi torpeza de darle mi verdadero nombre -. Soy Kira, puede llamarme así.

-Kira -acaricia el nombre con su acento -. Te debo la vida, Kira.

No supe qué responder, porque ahora no se ve tan vulnerable como antes, más bien su aspecto moribundo ha cambiado. ¿Quién será y de dónde viene en realidad?.

Estaba a punto de decirle algo más antes de seguir comiendo, pero en ese instante, el timbre de la puerta sonó. Me disculpé con él antes de dirigirme a la misma y abrirla, para encontrarme con la última persona que deseaba ver en este momento. Con otro hombre hospedado aquí, conociendo esos celos suyos, se armará un escándalo si lo ve.

-¿Qué haces aquí? -le puse mala cara.

-Vine a verte -trató de acercarse, pero me alejé.

-¿Para qué? -cuestioné cortante.

-Vamos, cariño, sabes que te extraño -tomó mi mano y puso esa cara lastimera de nuevo -¿No podemos solo hablar? He venido con esta tormenta solo para verte.

-No te pedí que lo hicieras.

-Kari-...-antes de que terminara de decir mi nombre, le puse una mano en la boca y salí con él al pasillo cerrando la puerta del apartamento a mis espaldas. Primero, porque no quiero que vea a Vicenzo y segundo, porque no quiero que ese extraño sepa mi verdadero nombre. Tengo que ser cautelosa por ahora.

-¿Qué crees que haces al venir hasta aquí? Ya te he dejado las cosas claras, deja el acoso constante conmigo, no va a funcionar -espeté irritada -¿Por qué no vas con Angelina? Ella te dará lo que necesites en la cama.

-Karina, sabes que ella no me gusta, te necesito a ti, todo lo que pasó fue un error que no volverá a ocurrir, te lo juro.

-Claro que no volverá a ocurrir, porque no volveré contigo. Así que lárgate de mi apartamento, no quiero volver a verte.

Hice un ademán de entrar de nuevo, pero me sostuvo la muñeca con fuerza, entorpeciendo mi paso.

-Karina, enserio quiero que esto funcione de nuevo -esta vez me abraza contra la pared, rodeando todo mi cuerpo con sus brazos -¿Sabes cuánto he sufrido estos últimos meses? Por favor vuelve, volvamos a ser como antes, y sigamos con los preparativos de la boda.

Sonrío amargamente, cerrando los ojos por unos breves segundos para luego empujarlo lejos de mí tanto como pueda.

-¿Preparativos de boda? -lo miro con desdén -no seas tan cínico y descarado, Vladimir. Eso era antes de que te metieras en las piernas de Angelina, ve con ella y dile que se case contigo, que soporte la basura que eres, porque yo contigo no vuelvo nunca.

-¡Angelina no es nada para mí!.

-¡Y tú tampoco lo eres para mí, así que vete y déjame en paz!.

Le cierro la puerta en la cara escuchando sus maldiciones del otro lado, y sus gritos diciendo que va a recuperarme a como dé lugar. Golpea la puerta con fuerza hasta que se cansa y se va. Suelto un suspiro angustioso para luego encontrarme con unos ojos azules que me miran con reproche mientras deja los trastes en el lavabo después de terminar de cenar.

Capítulo 2 Manipulación

Vladimir fue mi ex novio durante aproximadamente tres meses, hasta que lo descubrí en su apartamento, compartiendo la cama con Angelina, mi hermana. Originalmente, nos estábamos preparando para casarnos debido a un arreglo entre mis padres, pero todo se desmoronó cuando descubrí su traición.

Bajo la presión de mis padres y los constantes ruegos de Vladimir, decidí mudarme de casa y alquilé un apartamento para vivir sola, tratando de encontrar paz mientras trabajaba a tiempo parcial. No quería seguir en la opulenta mansión de mis padres adoptivos, donde solo les importaba la reputación y estaban empeñados en casarme con Vladimir, algo que consideraba completamente inaceptable.

Es crucial aclarar que ellos no son mis padres biológicos, y Angelina no es mi hermana de sangre. Fui adoptada a los tres meses de nacida, ya que se suponía que mi madre adoptiva era infértil. Sin embargo, un milagro dio lugar al nacimiento de Angelina, y todo el afecto siempre estuvo dirigido hacia ella.

Desconozco la identidad de mis padres biológicos y la razón por la cual me abandonaron en la puerta de una iglesia cuando era un recién nacida. Aunque han pasado muchos años, no tengo interés en descubrirlo.

-Lamento mucho el escándalo -me disculpo con Vicenzo, sintiéndome avergonzada-. ¿Quieres dormir ya? Tengo que trabajar mañana.

-Tomaré el sofá.

-No creo que sea conveniente, considerando tu herida.

-¿Tienes una mejor opción?.

Aunque no la tengo, si Vicenzo duerme en el sofá, podría lastimarse por la incomodidad. Además, su cuerpo está magullado por todas partes; necesita descansar en algo cómodo.

-En mi cama -dejo escapar de manera impulsiva, provocando una ceja enarcada por parte del hombre.

-¿Estás segura de querer compartir tu cama conmigo? -indaga, acercando sus pasos hacia mí -¿No sientes ni un poco de temor, Karina?.

-Cómo sabes...

-Escuché cuando ese tipo gritaba tu nombre -sus ojos se tornan oscuros y absorbentes al fijarse en los míos, congelándome sin poder escapar de ellos ni de él -. Karina, ese es tu verdadero nombre, no Kira.

-Kira solo es un apodo -me excuso, sin romper el contacto visual -. No confío en ti, así que no te dije mi verdadero nombre.

Su imponente figura se planta frente a mí, intimidándome, robándome la respiración, y haciendo flaquear mis piernas. ¿Qué pasa con este ambiente? Se volvió extraño de un momento a otro.

-¿Es así? -salto cuando toma mi mentón, obligándome a fijar mis ojos en los suyos, que siguen igual de oscuros, siniestros e intensos -¿Cuál es la diferencia ahora? Estoy aquí, en tu apartamento, solos, y sin nadie a quien puedas pedir ayuda por si quiero hacerte algo. ¿No lo has pensado?.

-¿Te atreverías? -lo desafío, tragándome el miedo que acaba de despertar en mí.

-Dímelo tú, ¿Crees que te haría algo?.

En vez de asustarme mucho más de lo que ya estoy, mi cuerpo me juega una mala pasada. Me sonrojo, y la respiración se me dificulta. Su voz ronca me afecta, su cercanía también, y sobre todo esa mirada tan profunda y misteriosa me hacen temblar.

-No lo creo -respondo -no creo que seas una mala persona.

Una sonrisa arrogante baila en esos peligrosos labios carnosos. Es encantador cuando ríe, incluso cada pequeño detalle como este está siendo significativo para mí, y no sé la razón.

-Bien -suelta mi mentón, retrocediendo dos pasos, recorriendo mi cuerpo con una mirada innegablemente sensual. El fuego que provoca me hace temblar -. Eres demasiado ingenua, pero tienes razón, no soy una mala persona, soy más vulnerable de lo que crees.

-¿Okey? -le lanzo una mirada confusa -¿Entonces?.

-Durmamos juntos, si no te importa claro está. Solo necesito un espacio cálido para poder descansar -lleva una de sus manos a la parte herida de su abdomen -y no te preocupes, no te haré nada, como ves, me cuesta moverme.

-De acuerdo -me apresuro a pasar por su lado, cortando el contacto visual-ven conmigo.

Siento como si dentro de mi pecho hubiera un pájaro enjaulado que no deja de aletear. Me mantengo firme, recuperando la compostura mientras avanzo por el pasillo para mostrarle la habitación. Solo tiene una cama y está amoblada con un juego de sofás, un clóset y una cómoda.

-Es aquí -enciendo las luces -. Será mejor que duermas aquí, yo lo haré en el sofá.

-No -se niega -duerme aquí también.

-¿Eh?.

-Hace frío -se sienta en la cama, como si se sintiera familiarizado con el ambiente -es tu habitación, tu espacio, y tu apartamento. Ya te dije que no te haré nada.

Lo reconsidero nuevamente porque es peligroso que un hombre y una mujer que apenas se conocen duerman juntos en una cama. Yo no lo conozco a él, y él tampoco a mí. Es una situación incómoda.

-Está bien -accedo, ocultando mis nervios lo más que puedo -apagaré las luces.

Sus ojos se mantienen fijos en mí mientras presiono el interruptor, disipando la iluminación. Cuando todo está oscuro, muevo mis pasos en la habitación y me deslizo debajo de las cobijas. Lo escucho moverse también, y de repente todo queda sumido en un silencio abrumador.

Le doy la espalda, pero no tengo idea de en qué posición se encuentra él. De frente, de lado, mirando en mi dirección, no lo sé. Pero lo que sí sé es que esta noche no podré dormir con un hombre desconocido a mi lado que no me inspira confianza, aunque tampoco le soy indiferente, ya que hace unos minutos mi corazón se descontroló por su cercanía.

-No tengo un lugar donde quedarme -me estremezco al sentirlo removerse en la cama, para luego acercarse por mi espalda -¿Podría quedarme aquí por un tiempo?

-¿Q-qué dices? -balbuceo, conmocionada al sentir sus grandes brazos deslizarse por debajo de las cobijas para luego abrazarme fuerte por la espalda.

-Será temporalmente -su respiración acaricia mi cuello, llenando mi cuerpo de miles de sensaciones extrañas -¿Podrías?

-No lo sé...-aprieto los ojos con fuerza, tratando de concentrarme y no dejarme llevar por esta inesperada situación -primero suéltame, dijiste que no me harías nada. Estás siendo demasiado atrevido justo ahora.

-Sigue haciendo frío -la piel se me eriza cuando escucho esa voz cariñosa cerca de mi oído -no es que quiera hacerlo, pero siento que me congelo. Estuve bajo la nieve varias horas seguidas.

-Tápate con la cobija.

-No es suficiente.

Esto se está tornando peligroso. Un hombre que recogí de la calle y que no conozco más que su nombre me pide quedarse en mi apartamento por más tiempo, y además, me abraza por la espalda de manera deliberada. Sería motivo suficiente para echarlo de aquí sin importarme si se congela afuera, pero no puedo hacerlo. Por alguna razón, sus grandes brazos rodeándome me hacen sentir bien.

-Puedes quedarte -musito después de unos segundos -pero no será por mucho tiempo.

-¿Por qué? -la punta fría de su nariz roza mi piel expuesta.

-¿Cómo que por qué? ¿No tienes familia? ¿Un trabajo? ¿O amigos?.

-¿Crees que si tuviera todo eso que dices estaría en esta situación? Definitivamente no tengo a nadie, ni familia, ni amigos, ni un trabajo. Solo te tengo a ti.

-No hables como si me conocieras.

-Solo sé que te debo la vida. Eso es suficiente. Pero si lo deseas, podemos conocernos mejor, Karina.

La manera como pronuncia mi nombre con ese acento italiano me sacude y me roba suspiros. No puedo creer que esté fuera de control por tener a un hombre cerca; esto ni siquiera pasaba con Vladimir.

-Mejor duerme, hablaremos de esto mañana -evado la conversación, consiguiendo que su agarre se vuelva más fuerte alrededor de mi estómago.

-Buenas noches, Karina.

No le respondo; solo cierro los ojos tratando de conciliar el sueño. Pero es poco lo que logro cuando Vicenzo se pega más a mi espalda, acomodando la cobija sobre nuestros cuerpos unidos y entrelazando sus piernas con las mías. Si no estuviera herido, le daría un codazo en el estómago para que dejara de ser tan atrevido. Apenas nos conocemos y ya tiene este tipo de confianza. ¿Acaso todos los hombres tienden a ser así?.

***

Vicenzo.

Esa maldita fragancia floral me ha mantenido despierto toda la noche, fantaseando y baboseando con esta criatura que está metida entre mis brazos.

Se remueve contra mí, rozándome de una manera peligrosa que podría llevarme a cometer una locura, y no quiero eso.

Ella se quedó completamente dormida, ajena a lo que sucede a su alrededor. Ignorante de lo que podría hacerle, o más bien, de lo que quiero hacer. Es tan blanda e ingenua como para dejar entrar a un extraño a su apartamento solo porque estaba herido y muriéndome del frío.

Esta pequeña de ojos grandes y verdes es una presa fácil de devorar. Sigo observando cómo su ondulado cabello castaño está regado por su hombro y parte de su cuello, cubriendo la parte donde me gustaría engancharme y chupar hasta dejarla roja. La luz tenue que entra por la ventana me da la suficiente claridad para verla dormir. Sus pestañas son largas, y sus labios rosas y acolchados son una tentación. Fue lo primero que divisé cuando me recogió de la fría nieve.

Una mirada inocente y cálida fue lo que me envolvió en ella. Estaba a punto de morir después de ser atacado por mis enemigos a causa de una traición interna de mi organización. Si no hubiera sido por esta pequeña lindura, estarían haciendo una fiesta sobre mi tumba.

Por eso he decidido quedármela para mí. Primero necesito recuperarme, pero en este mismo proceso lograré corromper a este pequeño ángel que duerme tan cómodamente en mis brazos. Mi salvadora, y ahora mi obsesión.

-Karina -pronuncio su nombre suavemente, pero no se despierta. Solo se mueve en la cama, dándome la espalda.

Aprovecho que está dormida para levantarme de la cama y asomarme sigilosamente por la ventana. No puedo dormir, por más que necesite un descanso; en estos momentos deben de estar buscándome hasta por debajo de las piedras. Incluso alcanzo a ver desde aquí, escondido entre las cortinas, los autos que se entierran en la densa nieve merodeando el área, seguramente buscando mi cuerpo sin vida, que obviamente no existe.

-¿Qué haces ahí? -esa suave voz dibuja una sonrisa en mis labios, que luego desaparece cuando me volteo a verla.

-No puedo dormir.

Me crispo cuando la veo asustada, mirándome a la defensiva como si apenas se hubiera dado cuenta de que tiene a un hombre bajo su mismo techo.

-¿Me tienes miedo? -pregunto, acercándome de nuevo a la cama. Tomo asiento a su lado, observando cómo trata de alejarse de mí.

-No es eso...-aparta la cara, evadiendo mi mirada -me sorprendió verte despierto a esta hora, pensé que...

-Que intentaba hacer algo-completo por ella -¿Es eso? ¿No crees en mí?.

-¿Creerías en una extraña que recién conoces?.

-Si yo mismo la metí a mi apartamento, tengo que hacerme responsable, ¿No lo crees?.

Aún me cuesta un poco ocultar mi verdadero ser con esta criatura. Parece un gatito asustado que intenta tomar esas cobijas como su escudo de refuerzo. Si en verdad quisiera hacerle algo, ya la tendría amarrada en la cama, deslizándome dentro de ella. Pero como ahora soy alguien indefenso que necesita ser cuidado, tengo que comportarme como tal, aunque me sea difícil acostumbrarme.

-No te causaré molestias, lo prometo -aseguro, brindándole una sonrisa amistosa -¿Por qué no empezamos por ser amigos? No soy alguien a quien temer, créeme, solo quiero algo de compañía. No quiero que me hagan daño de nuevo.

Casi me atraganto con mis propias palabras, intentando mantener una expresión sincera y determinada, que, por cierto, ella terminó creyendo.

-¿Por qué te hicieron eso? -pregunta curiosa.

-Por deudas -miento -no tenía dinero para pagar mi alquiler, así que me golpearon y me echaron a la calle. Por eso me encontraste así en medio de la nieve.

-¿En serio? -sus ojos se abren con total sorpresa -¿Y no tienes empleo?.

-También me corrieron.

-Pero la manera en la que estabas vestido no parecía...

-Trabajé mucho para tener una buena vida, pero al final no funcionó -bajo la mirada, sorprendido por este papel actoral que estaba oculto dentro de mí -¿Ahora comprendes mi situación?.

-Lo siento mucho -su disculpa me saca una sonrisa de suficiencia -. Será mejor que descanses, es muy tarde.

-Sí -asiento, agradecido de que no siga con el interrogatorio porque ya no tenía más historias miserables de donde sacar.

Se vuelve a meter dentro de las cobijas, dándome la espalda de nuevo. Hago lo mismo que antes, abrazarla por detrás acurrucándome a su lado. No intenta alejarse como antes, más bien se mantiene quieta sin decir nada más. Quizás desperté en ella... ¿Lástima? Es la primera vez en mi vida que alguien siente pena por mí. Ni siquiera algo como eso merece un ser inhumano como yo. Aunque, proviniendo de mi nueva presa, es algo oportuno.

«Temporalmente estoy muerto para todos».

Capítulo 3 Problemática familiar

Karina.

Por la mañana, me despierto abruptamente al apagar la insistente alarma. A medio camino entre el sueño, arrastro mis pies hacia el baño y, casi sin darme cuenta, me sumerjo bajo la ducha, dejando que el agua tibia envuelva mi cuerpo.

No disfruto madrugar para ir al trabajo, especialmente en este frío. Trabajo a medio tiempo en un restaurante, lo que cubre mis gastos y el alquiler de este apartamento. "Hay que esforzarse", me digo.

Al salir de la ducha, me envuelvo en una toalla para secar mi cuerpo húmedo, y es entonces cuando noto una figura imponente en el umbral de la puerta, con ojos azules que me escrutan de arriba a abajo.

-¡Qué demonios! -trato de cubrirme con la toalla al verlo sin ningún pudor.

-Buenos días -me sonríe como un angelito-. Una manera interesante de comenzar el día, ¿no crees?.

-¡Cállate y deja de mirarme! -respondo avergonzada-. ¿Todavía estás ahí? ¡Sal ahora mismo!.

-¿Por qué debería? -pregunta, aparentemente sin preocuparse.

-¿¡Cómo que por qué!? ¡Necesito mi espacio! -le explico con obviedad, pero parece no importarle.

-¿Olvidaste que compartes el espacio con un hombre? -se burla.

-Bueno, eso...

-¿En serio? -se ríe.

-¡Lo olvidé! ¿Y qué hay con eso? No me acostumbro a la compañía de otra persona -me dirijo al clóset, ruborizada-. ¿No piensas salir? Necesito cambiarme.

-Hazlo -se encoge de hombros.

-No hagas que te eche a patadas de aquí si sigues provocándome.

-Bien, como quieras -vuelve a reír, irritándome aún más.

-¿Me estás retando?.

-¿Yo? Para nada -niega-. ¿Por qué no permites disfrutar de un buen paisaje a los pobres mortales? Eso es todo.

-En pocas palabras, quieres verme desnuda.

-Tu inteligencia me está enamorando.

-¿Sabes qué? Haz lo que quieras -corto la conversación y termino de sacar la ropa del clóset antes de encerrarme en el baño.

Presiono mi espalda contra la puerta, soltando un suspiro desenfrenado. Mi corazón late con fuerza y un cosquilleo revuelve mi estómago. Por un momento, olvidé la presencia de Vicenzo en mi apartamento, y que me haya visto así no solo me avergonzó, sino que también me hizo temblar por la manera tan seductora y hambrienta en que me miraba.

Reacciono dándome unas palmaditas en las mejillas antes de proceder a cambiarme. Me coloco una falda negra lisa que llega por encima de las rodillas, un suéter blanco con el logo del restaurante y unos tenis blancos.

Al salir del baño, Vicenzo ya no está, así que termino de prepararme agregando un poco de maquillaje y arreglando mi cabello en una coleta alta. Salgo de la habitación con un abrigo descansando en mi brazo y sosteniendo mi bolso en la otra mano, solo para encontrarme con Vicenzo en la mesa del comedor, esperándome con el desayuno servido.

-¿Qué significa esto? -pregunto, evidentemente sorprendida. Vicenzo al verme sonríe, observando mi cuerpo unos segundos antes de decidirse a acercarse.

-Tengo que ser de utilidad durante el tiempo que vaya a permanecer aquí, así que empecé por el desayuno. Tomé algunas cosas de la despensa, espero que no te moleste -explica, más cerca de mí de lo que debería-. ¿Ya te ibas?.

Me incomoda un poco no por haber organizado este presente, sino porque me recuerda que Vladimir también hacía lo mismo, y terminó siendo un patán. Pero aquí la diferencia es que Vicenzo y yo solo somos dos extraños que conviven temporalmente. Quizás esté bien.

-Sí, ya me iba -respondo después de unos segundos- y gracias por el desayuno. Espero que no te esfuerces demasiado, aún estás delicado con tu herida.

-¿Estás preocupada?.

-Llego tarde -evado su pregunta- ¿Puedo pasar ahora?.

-Claro -me cede el paso, y tomo asiento junto a él en la mesa.

Pruebo el primer bocado de los hotcakes que preparó con miel, algunas fresas y banana madura en rodajas, acompañado con un vaso de jugo de naranja. Tenía todo esto en mi despensa y nunca se me había ocurrido prepararlo, y eso es porque soy pésima en la cocina. Pero este hombre es un experto; en mi boca, cada bocado se deshace.

-Eres bueno en esto -comento, mirándolo fijamente, y me doy cuenta de que no ha estado comiendo sino observándome todo el tiempo-. ¿Por qué me miras y no desayunas?.

-¿No puedo? -extiende su mano hasta la comisura de mi boca, limpia un rastro de miel con su dedo pulgar para luego llevarlo a la suya y chuparlo de una manera muy incitadora-. Solo pienso que eres linda.

Mis mejillas se encienden de golpe, enviando una electricidad por toda mi espalda. Cada vez esta sensación empeora, y no quisiera sentirlo, no con él.

-Tengo que irme ya -me levanto de la mesa-. Se me hace tarde.

Tomo mi bolso y mi abrigo encaminándome a la puerta, pero justo cuando la abro, el agarre de Vicenzo en mi muñeca me impide salir.

-¿Qué haces ahora? -me volteo para encararlo.

-¿Dónde trabajas?.

-En un restaurante, ¿por qué?.

-¿Y cuál es tu horario de salida?.

-En horas de la tarde.

-Bien -me suelta- estaré esperándote.

-¿No tienes algún lugar a donde ir mientras no estoy? Tardaré mucho.

-No tengo ningún lugar, ya te lo dije.

-Está bien -suelto un suspiro-. Nos vemos.

-Espera -otra vez me sostiene de la muñeca, acercándome a su pecho-. ¿Te vas a ir así?.

-¿Así cómo?.

-Sin esto -se inclina hacia mi rostro y deja un beso suave en la comisura de mis labios, casi uniéndolos con los míos-. Tómalo como una muestra de agradecimiento. Espero que dejes de desconfiar de mí, no soy como crees.

No le respondí nada, porque no tenía palabras para describir lo que sentí cuando me besó. Ni siquiera fue en los labios, pero sí cerca de ahí, e incluso estando en estos mismos momentos en el restaurante, sigo pensando en el beso, sintiendo ese cosquilleo en mi piel donde posó sus húmedos labios.

-¿Kira? -la voz de Justin me sacude -¿En qué miembro estás pensando ahora?

-En nadie, maldito pervertido -continúo limpiando las mesas -¿Y qué te importa?.

-No trates tan mal al amor de tu vida -gimotea, haciéndose el dolido -¿Sigues pensando en el imbécil ese de Vladimir?.

-Nada que ver con él -frunzo el ceño -anoche llegó rogándome de nuevo, pero no desgasto mis neuronas en alguien tan basura como él.

-¿Y entonces? ¿En qué tanto piensas? Llegaste rara hoy.

No sabía que se me podía notar tanto que estoy pensando en alguien. Y justo la persona que ha estado invadiendo mis pensamientos desde esta mañana es Vicenzo. Debo estar loca para dejarlo vivir conmigo y permitir que se quede solo en mi apartamento. No lo conozco, pero tampoco siento que sea una mala persona. Lo que me preocupa es lo que estoy sintiendo cuando lo tengo cerca. No quiero desarrollar sentimientos por nadie más.

-No estoy pensando en nadie, no te preocupes y sigue trabajando.

La conversación culminó ahí cuando llegaron nuevos pedidos y el restaurante se empezó a llenar de nuevo. Terminé de limpiar las mesas y luego recibí el menú de todos los clientes. Pero hoy siento que mi mente está más distraída que nunca, y me da rabia que sea por un hombre.

Justo cuando pensé que mi día ya era bastante abrumador, un auto lujoso se estaciona frente al restaurante, y de él sale un hombre con lentes oscuros vestido de traje negro.

«Maldita sea».

-Señorita Karina -me habla formalmente cuando entra al restaurante -el señor Ruslan solicita su presencia.

-¿No ves que estoy en horas de trabajo? Dile que no puedo -contesto a la defensiva.

Ruslan Novikov es mi padre, y siempre tiende a mandar a alguien para buscarme cuando estoy en el trabajo, y sé que ahora el tema del cual quiere hablar es sobre el matrimonio acordado con Vladimir. Y a ese sujeto no lo quiero volver a ver ni en pintura.

-Me pidió que no regresara si no era con usted, señorita -insiste el hombre.

-Karina, si es urgente, puedes irte, yo tomaré tu turno -interviene Justin.

La opción que me da Justin es porque anteriormente este hombre que envió mi padre permanecía afuera del restaurante hasta que yo tomara la decisión de irme con él. Incluso a veces tenía que venir mi propio padre a verme. Es demasiado agotador tratar con ellos. Y creo que es hora de acabar con esto.

-Está bien -me quito el delantal, entregándolo a Justin -gracias de nuevo. Nos vemos mañana.

Sigo al hombre que me encamina hasta el auto. Cierra la puerta y toma asiento en el volante poniendo el auto en marcha. En pocos minutos ya estamos frente a esa gran mansión donde viví por veintitrés años hasta hace tres meses que decidí vivir sola.

Tomo aire antes de entrar por la puerta principal, y estando adentro diviso a mi padre sentado en uno de los finos sofás de la sala, con un café frente a él en la mesita de centro, y dándole la vuelta a una página del periódico que está leyendo.

-Bienvenida, hija -me recibe, sin siquiera quitar sus ojos del periódico -espero no haberte importunado.

-Sabes que sí -tomo asiento frente a él, mirando cómo el hombre que envió por mí me sirve una taza de café -. ¿Para qué me has llamado esta vez?.

-¿Te encuentras bien? -alza la vista, mirándome a través de sus lentes -me preocupo por ti.

-No tienes por qué, estoy bien.

-Deberías dejar ese trabajo mediocre -comenta, recibiendo de mi parte una mueca de disgusto -. Tienes la opción de trabajar en la empresa, y lo sabes, Kira.

-¿Adónde quieres llegar, papá? Estoy bien como vivo, no necesito nada más.

-Solo quiero lo mejor para ti.

-Por supuesto, como querer que Vladimir se case conmigo, eso es lo mejor que tienes para mí, papá -suelto evidentemente molesta -¿Por eso me has llamado aquí? Entérate de que mi respuesta seguirá siendo la misma.

-No eras así, Kira -me mira con soslayo, dejando en la mesita el periódico -¿Por qué te comportas así?.

-Dejaré de hacerlo cuando desistas de la decisión sobre mi matrimonio con Vladimir, papá. ¿Quieres que siga con él cuando me ha puesto los cuernos con Angelina?

-Ese fue un error, tu hermana no...

-Basta, papá -me pongo de pie -. Siempre la defiendes a ella porque es tu hija.

-Tú también lo eres.

-Sabes que no es así. Y no nos engañemos, vas a escogerla a ella siempre por sobre mí, así ha sido todo este tiempo. ¿Por qué no le pides a tu hija que se case con Vladimir? Después de todo, ya se revolcaron.

-¡Karina! -escucho el grito de mi madre provenir de las escaleras -¿Qué forma de hablar es esa de tu hermana?.

-No empieces tú también, mamá -tomo mi bolso del sofá -. Si vienes con el mismo sermón que papá, pierdes tu tiempo. No voy a casarme con Vladimir.

-Ya habíamos hecho un acuerdo, Kira -me insiste mi padre -. Los padres de Vladimir esperan nuestra cooperación.

-Eso fue antes de que Angelina se metiera en su cama -recalco nuevamente -¿Por qué no le dicen a ella que se haga responsable de lo que provocó en vez de hacerme la vida imposible para que lo acepte? Claro, no lo hacen porque es Angelina, todo para ella es permitido.

-¡Karina! -me reprende mi madre de nuevo -¿Por qué no dejas de sonar como una hermana celosa? Compórtate.

En verdad, estoy harta de escuchar las mismas palabras de siempre. Que soy una hermana celosa de Angelina, que debo comportarme a la altura de la familia y siempre aceptar cada cosa que me imponen aunque no esté de acuerdo. Estoy harta de todo.

-Te daré tiempo, Kira, piénsalo mejor, es por el bien de la familia.

Con esas palabras de mi padre, culminé mi breve estadía aquí, dirigiéndome a la puerta para que en ese mismo instante Angelina apareciera con Vladimir tomados de las manos y riendo alegremente frente a mí.

-Kira...-Vladimir la hizo a un lado al instante en que me vio -¿Qué haces aquí? Pensé que...

-¿Pensaste qué? Vas y me ruegas, luego vuelves y la buscas a ella, ¿es así?.

-Kira, no es así, no nos malinterpretes -Angelina me toma de la mano y me sonríe -solo venimos de ver una película. Vladimir estaba muy desconsolado porque lo rechazaste de nuevo, y quería distraerse. No es lo que parece.

-¿No es lo que parece? ¿Quieres que me coma ese estúpido cuento cuando vi cómo te lo cogías en su apartamento? -me suelto de su agarre con asco -. Váyanse a la mierda, hagan lo que les plazca y no me sigan jodiendo la vida.

-¡Karina! -escucho los gritos de mi madre a mis espaldas cuando decido salir de la mansión, haciendo bruscamente a Vladimir a un lado.

Él intenta detenerme como sea posible, tratando de explicarme que todo es un error y un malentendido de nuevo. Así como me lo dijo la vez que lo descubrí con Angelina en su apartamento, diciéndome que no era lo que parecía. Sabe desde cuándo me han estado viendo la cara.

Angelina es mi "hermana" menor. No le hace falta nada. Es rica, tiene a sus dos padres que le brindan todo su amor incondicional. Es hermosa, por algo es la modelo estrella de la compañía Novikov. Es una rubia de ojos miel con una figura perfecta, piel clara y una sonrisa encantadora. Lo tiene absolutamente todo, algo que yo no tengo.

Pero aún así, ella siendo el centro de todo y de todos, trata de quitarme lo poco que tengo. Todos los chicos con los que he salido, ella me los ha quitado. Los seduce, se acuesta con ellos, y lo que más coraje me da, es que busca la manera para que yo vea con mis propios ojos cómo esos chicos de los que me he enamorado, se revuelcan con ella.

Y aún así, después de todo lo que Angelina me ha hecho, mis padres siguen de su parte. Yo, la adoptada bastarda de la familia Novikov, tengo que cerrar la boda ante ella y dejarla hacer lo que se le dé la gana solo por el maldito hecho de no ser nadie.

Por eso decidí irme y vivir independiente de ellos. Después de todo, no tengo nada. No soy heredera, no tengo un rango alto en la compañía como lo tiene ella, y no soy favorecida por mis padres. No tengo absolutamente nada. Y aunque ellos digan amarme también como una hija, no es del todo cierto, ya que su centro siempre ha sido Angelina.

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