- No me puedes hacer esto, acabo de salir del puto psiquiatra, déjenme en paz, maldición.
El pelirrojo se echaba sobre el sofá de esa obstinada oficina, toda su apariencia le hacía creer a la mujer de traje que estaba viviendo en las calles, pero sabe que Konstantin solo ha sido descuidado con su aspecto desde que salió del psiquiátrico.
- Sabes que si fuera por mí te dejaría en paz, pero...
- Tus amigos del coñac me quieren joder - suspiro cansado - ¿Porque no simplemente me matan? Así me dejaría en paz.
- Es una salida fácil - lo miró - En verdad lo siento.
- ¿Qué quieren que haga? - dijo resignado.
No tenía opción y no quería regresar a estar en el centro psiquiátrico, no después de todo lo que vivió ahí.
- Quieren que vayas a California, ellos limpiarán toda la mierda - suspiro - Serás el Superintendente de Sacramento.
- Genial, tener a mi cargo a puros payasos - soltó una risa amarga - Bien, lo haré pero diles a tus amiguitos que será lo último que hago y si me joden más el trabajo dejaré que salga Lebrant y los mate a todos. Se tragaran lo que ellos crearán.
- Se los diré - le sonrió - Y tranquilo no estarás solo, tendrás a alguien.
- ¿Lo arrastraste?
- Nadie me arrastró Konstantin - lo miró sonriendo saliendo de una habitación - Yo hice que me arrastrará.
- Joder Maximus ¿porque? Ya eras libre.
- ¿A eso le llamas libertad? Maldición Konstantin, desde que la marina me degradó por mi "lesión" he estado de bar en bar, de club en club - suspiro - Quiero volver a la acción, volver a ser el dúo dinámico.
- Bueno, quién mejor que tú para cuidar mi espalda y aguantar a está bola de imbeciles.
{...}
California, Sacramento
- Bueno hemos llegado - suspiro - ¿Está listo Superintendente Lodbrok?
El pelirrojo que parecía vagabundo, ahora estaba afeitado, el cabello lo tenía corto, el traje se amoldaba bien a su cuerpo fornido y aunque tratara de ocultar todos sus tatuajes era imposible, pero no quiere ocultarnos, no quiere ocultar que fue un criminal que encerraron en el psiquiatra y que ahora es el jefe de la puta ciudad.
- 10-4 Sargento Fredriksen – le sonrió y ambos bajaron del auto.
Entraron a la Central mirando a todos, por supuesto quienes estaban a cargo se acercaron a ambos hombres de traje.
- Caballeros ¿en qué puedo servirles?
- Pues en mucho - sonrió Konstantin, y no era una sonrisa amable, era una sonrisa que daba miedo. - Soy el Superintendente Konstantin Lodbrok.
- Vaya, ya esperábamos su llegada, asuntos internos nos informó hace unas horas - suspiro - Soy el comisario Collins, él es el comisario Gambino y el comisario Reyes.
Un irlandes, un italiano y un cubano, parecía el inicio de un mal chiste.
- Tres comisarios y aún así me mandaron a mí - suspiro cansado - Bien, este de aquí es el Sargento Fredriksen.
Y aunque en ese momento hubo mucha tensión, en poco tiempo ya estaban en confianza... Solo los más allegados al Superintendente podían conocer su mejor lado, pero generalmente era un hijo de puta y un jefe que realmente hostigaba y hartaba.
Ya que le arruinaron la vida a Konstantin, él le arruinaría la vida a todo el mundo.
{...}
- Hoy llega carne fresca - dijo Maximus con una sonrisa.
- Afilen los colmillos nenas porque vamos a tener a los recién graduados de la academia de San Francisco - sonrió Konstantin. - Esto será muy divertido.
Konstantin adoraba a los nuevos reclutas, siempre llegaban 30 o 40 y al final solo terminaban 5 o 6 entre sus filas.
- Neno esto será un caos - sonrió Gambino.
- El cargamento llegó - dijo Reyes sonriendo.
Un autobús llegaba, de ella bajaban los nuevos alumnos a la central de mando de Sacramento, los comisarios y el superintendente sonrieron divertidos, les ha gustado siempre esos días porque son donde por tener poder pueden hacer lo que deseen.
- Bien Superintendente haga su magia - dijo Collins sonriendo.
Konstantin miró que eran en total 25 alumnos, parecían ya conocerse ya que algunos iban en pareja platicando o en grupo.
Los comisarios esperaban el momento de ver saltar a los alumnos de miedo. Konstantin no dijo nada, estaba sentado en una silla como si fuera un civil más. Ajustando su camisa blanca, miraba como todos entraban sin siquiera mirarlo.
Los alumnos no se inmutaban de la presencia de él. Ninguno se sentó o preguntó por el superior pero si noto a una chica que estaba de pie, con la espalda recta, sin hablar, totalmente serio. La única que se comportaba.
A Konstantin le gustó esa chica, alta, delgada, el uniforme no dejaba ver mucho, pero con solo mirarle el culo y los pechos, se podía imaginar lo buena que estaba bajo ese uniforme. La quiere para él, necesita a esa niña buena en su poder.
Así que sin demorar más, se levantó y se puso en medio de los alumnos.
- ¿Ya acabaron las princesas? - preguntó seriamente.
- ¿Cómo? - dijo uno de ellos.
Konstantin levantó una ceja mirando al chico que le dijo eso. Ni una pizca de respeto había.
- ¿Que si ya acabaron?
- ¿De que? - respondió otro.
- De hacerse las pajas, ¡malditos inútiles! Y así quieren ser policías, pues que putada, así mejor váyanse a poner multas de tránsito porque en mi comisaría no quiero anormales que se rascan los huevos - miró a las dos únicas chicas que había ahí, detuvo la vista en la chica de cabello rubio que estaba atenta a lo que él decía, entrecerró los ojos y disfruto verla de frente. Ojos azules, su cabello trenzado. Su mente viaja a lo que puede hacer. - O en su caso el coño – le dio una pequeña sonrisa, provocandole un ligero sonrojo y bajo la vista. – Para eso está su puta casa. ¡Quiero una puta fila ahora! - los alumnos se cagaron y lo hicieron de inmediato provocando la risa de los comisarios - Así me gustan nenas. Soy el Superintendente Lodbrok, a mí es a quien tienen que hacerle las pajas si quieren salir de aquí, porque una vez que entran ya no salen. - los miró - Empezaré de la derecha y en orden van diciendo su nombre.
- Greco Rodríguez - dijo un chico de barba - Listo para servir señor.
Kosntantin se puso frente a él, mirando de pies a cabeza. Tiene potencial, solo necesita saber explotarlo.
- ¿Acaso vienes de algún culto o porque tanta barba? - dijo mirándolo a la cara. - Digo si es parte de tu estilo, cada quien - soltó una risita.
Greco apretó la mandíbula, en la academia a más de uno le rompió la nariz por meterse con su estilo, pero él es su superior así que mejor guardo silencio. Konstantin no se quejaba de su arreglo personal, su mejor amigo tiene el cabello azul y de su ropa ni se diga, ha ido a la central hasta en falda.
- Viktor Volkov, listo para trabajar, superintendente.
Los rusos nunca le han agradado, pero si no tiene ideas comunistas, será un buen agente.
- ¡El primer ruso! - lo señalo, sus comisarios estaban muy divertidos con la situación aunque los alumnos no tanto - Rusito, aquí nada de cosas raras de unión soviética o cosas por el estilo - soltó una risita.
- Alexander Ivanov, superintendente.
- Genial un bulgaro ¡Fredriksen esconde el vodka! Que se nos va a ir rápido con este par - rieron divertidos.
- Elizabeth Grey señor superintendente lista para trabajar y descuide que a pesar de tener vagina haré mejor el trabajo que el resto de hombres que tiene - sonrió la morena.
Konstantin la miró de pies a cabeza, a diferencia de la otra chica que atrajo su atención, a Elizabeth le queda muy bien el uniforme. Ya puede imaginarla en su escritorio follandola por detrás mientras ruega por más.
- Chica con ovarios, me gusta y tranquila respeto la labor de las mujeres tenemos un par aquí y sin ellas sería un caos - le sonrió - ¡Fredriksen tienes nueva amiga!
- Jesús Gonetti, señor superintendente.
- Mierda ¿tienes la edad suficiente para estar aquí? ¿O es que tú voz aún no se desarrolla? - soltó una risita - ¡Chicos, tenemos el bebé de la Central ya!
- Robert.
- ¿Solo Robert a secas?
- Sí señor.
- Bien, espero que tu trabajo no sea a secas - le sonrió - ¡Ya salió el serio!
Los comisarios tenían que limpiar sus lágrimas de risa en especial de Reyes y Gambino. Les parecía tan divertido ver cómo los alumnos callaban mientras su superior los humillaba.
- Alan Reyes.
- Chico, pasaste - le sonrió - Bienvenido pero recuerda que aquí las balas te matan.
- ¡No lo asustes! - grito Reyes - De eso yo me encargo.
Konstantin palmeo su hombro, le gustaba tenerlo entre sus filas, sabe lo mucho que se ha esforzado y sabe que solo él podrá llevarlo por el buen camino.
- Ya escuchaste a tu tío - soltó una risita - Joder Tony ¿enserio?
- ¿Qué?
- Que eres casi un abuelo aquí - dijo Konstantin.
Tony era un hombre que conoció en su llegada a Sacramento, era un arquitecto que tenía ganas de ser policía y a sus 35 años se convertía en el nuevo novato.
- ¡Sacamos el bastón para ti Tony! - dijo Reyes riendo.
- Callar que les demostraré de que estoy hecho - dijo Tony - Vas a comer polvo.
- Eso está por verse amigo - sonrió Konstantin - No me jodas cabrón ¿también tú?
- ¿Qué? Si él pudo yo igual.
- Johnny tú te vas a matar solito aquí - soltó Konstantin. - ¿Quién fue el anormal que les dio el consejo de ser policías a este par de idiotas?
- Déjalos Chorbo - dijo Reyes - Si Jose Maria pudo ellos igual.
- Pues serán tu problema estos vejete - suspiro.
Y por fin estuvo frente a esa chica, ojos azules, su cabello rubio, su piel blanca. Era un rostro hermoso, tenía buenos pechos y un buen culo. Tantas cosas que imagina, tantos escenarios. Necesita a esa chica en su escritorio desnuda, abierta de piernas y ofreciéndose ante él.
La necesita.
- Eyra Wayne lista para lo que usted ordene superintendente.
>> Quiero ordenarte que te desnudes ante mí y me dejes degustar tu sabor único. <<
- Eyra Wayne - la miró. - ¿Militar o Marin?
- Marin, Señor.
- Perfecto - le sonrió y se alejó - Reyes te quedas con los vejestorios y con Elizabeth.
Aunque la quiere para él, sabe que tarde o temprano ella irá a su puerta y la hará suya. Además, necesita meter en cintura a su amigo.
- 10-4 superintendente - sonrió - Siganme.
- Collins te haces cargo de los anormales y de tu sobrino, pero no te libras de mí Alan.
- 10-4 Superintendente, vamos.
- Gambino te quedas con el bulgaro y el barbas.
- Vengan idiotas.
- Fredriksen te quedas el ruso y el seco.
- Sí Señor.
- Recuerden que deben asignarles ustedes a su oficial o subinspector.
- 10-4 - respondieron los comisarios.
- Bueno Wayne, eres todo mía - le sonrió.
- 10-4 Superintendente - respondió un poco nervioso.
- Sígueme nena.
Subieron hasta su despacho, a decir verdad Eyra estaba sorprendida de el laberinto que era la Central, parecía pequeña por fuera pero por dentro te podías perder. Cuando llegaron al despacho, Konstantin cerró la puerta indicando que se sentara y así lo hizo. Mientras que el superintendente se sentó al borde de su escritorio quedando frente a la chica.
- Eyra Wayne ¿cuántos años tienes?
- 24 años.
- ¿Cuánto estuviste en la marina?
- 2 años.
- ¿Dónde naciste?
- Jersey.
- ¿Por qué la academia de San Francisco entonces? En Jersey hay muy buenas academias.
- Me fui de casa muy joven, señor.
- Déjame de decir señor, soy el Superintendente Lodbrok o bien llámame Konstantin – dijo coqueto, provocandole otro sonrojo. Esa chica le fascina.
- Superintendente Lodbrok.
- Bien, en teoría estoy a cargo de tu bonito culo hasta que llegues a alumno con entrenamiento - suspiro - Tú oficial a cargo será Brandon D'Angelo o José María Reyes - la miró. - Cualquier comisario también te ayudará.
- 10-4 superintendente Lodbrok - dijo Wayne aunque no entendía muy bien que pasaba, creía que él sería su oficial al mando.
- Saca tu teléfono y anota mi número, eres mi alumna a cargo así que debes tenerlo - la rubia asintió y apuntó el número del Superintendente - Perfecto, ahora puedes irte con el resto. Oficialmente mañana comienzas tu travesía como alumno en la Central de mando de Sacramento.
- 10-4 Superintendente Lodbrok.
Konstantin se acercó a la chica, quedando muy cerca de él. Se estaba poniendo nerviosa y llegaba a intimidarla.
- Y una cosa más, si alguien quien sea te llega a acosar, te llegas a sentir mal con algo o alguien no dudes ni un momento en informarmelo - Konstantin la miró - ¿Entendió Eyra?
- 10... 10-4 Superintendente Lodbrok - balbuceo nerviosa.
Konstantin la tomó de la barbilla para que lo mirara a los ojos, la combinación de verde y azul se hizo presente. Le gustaba ponerla nerviosa. Desea probar sus carnosos labios rosados, atraerla a su cuerpo, pero no lo hizo.
- Excelente princesa, puedes irte te quiero aquí mañana a primera hora.
Konstantin se alejó, abrió la puerta y dejó que Eyra se fuera. No sin deleitar su mirada con la vista que le dejaba su buen culo de la rubia. Mandará a hacer los trajes de las mujeres más entallados con el hecho de verla como es debido.
Necesita a Eyra Wayne entre sus manos rogando por más, suplicando que la haga suya, la necesita de todas las formas posibles. Quiere que esa chica sea suya solamente...
1 Semana Después
Eyra entraba a la Central, siempre puntual y lista para el servicio. Su uniforme bien arreglado y pulcro. Fue hasta su casillero dejando sus cosas, tomando sus armas de servicio y ajustándose el chaleco antibalas. Se miró al espejo, su cabello rubio estaba sujeto por un moño alto, no usaba maquillaje, si acaso bálsamo de labios y sus pestañas rizadas. Era lo mínimo que podía usar como alumna.
Tras dejar todo, entró a la cafetería donde algunos de sus compañeros ya estaban desayunando o solo perdiendo el tiempo hasta que iniciara su turno.
- Buenos días – saludo con una pequeña sonrisa.
- ¿Qué tal Wayne? – saludaron algunos.
Se acercó a la cafetera, tomó una taza y sirvió un poco de café, se recargó en la pared y tomó tranquilamente su café.
- Oh Wayne, ya estás aquí – dijo Rogelio – Hoy patrullamos en el lado Sur.
>>¿Otra vez?<<
- Está bien – asintió.
No ha visto a su jefe desde el día de la presentación, o más bien desde el día en el que creía que la besaría sin razón alguna.
No ha dejado de pensar en su jefe y cree que es por razones profesionales, es decir, básicamente es su encargado todo su tiempo como alumna.
Su jefe... Maldición, nunca creyó que al entrar como policía encontraría un jefe tan sexy. Pelirrojo, brazos fuertes, espalda ancha, tatuajes por todos lados, una sonrisa tan seductora. Es un orgasmo visual.
>> ¿Qué mierdas haces, Eyra? <<
Tiene que reprenderse o acabará loca.
- Solo que más tarde, debo ir a casa a cambiarme de ropa – suspiro cansado. – ¿Alguien ha visto a mi hermano?
- Está en el despacho de arriba – dijo Kyle.
- Gracias.
Sin despedirse se fue de la cafetería. Kyle miró a Eyra que estaba mirando su café como si tuviera las respuestas al universo.
- El café no responde nada Eyra, lo sé – dijo divertida – Soy Kyle, soy Comisario solo que estuve fuera de Sacramento cuando ustedes llegaron.
Kyle Johnson, alta, grandes curvas, pechos y culo perfectos. Su uniforme se ajustaba bastante bien a su cuerpo, cabello rubio oscuro, ojos avellana. La favorita del Superintendente, sin duda alguna.
- Yo soy Eyra, pero creo que ya lo sabes, porque dijiste mi nombre.
- ¿Quién no sabe quién eres aquí? Eres la única que se comportó al llegar a comisaría el día de tu llegada – dijo Reyes Collins, entrometiendose en la conversación. – Por algo serás la favorita de Lodbrok.
Kyle aniquiló con la mirada a Collins quien solo le sonrió mientras tomaba una dona glaseada.
- Oh gracias.
- Y también porque tu culo es de Lodbrok – soltó una risita. Su único fin era ponerla nerviosa.
>> Relajate, solo tratan de ponerte nerviosa. <<
Se recordó antes de ponerles cara a los comisarios que la miraba como ratón atrapado por dos grandes felinos.
- Sí, pero ni lo he visto desde ese día, es más creo que no lo he visto desde ese día.
- Hay Eyra – Kyle la miró con una sonrisa burlona. – Aún eres pequeña para saber la verdad de Lodbrok.
- ¿Qué pasa perras? – dijo Gambino llegando a la cafetera donde estaban ellos.
- Ya se está quejando de Lodbrok – sonrió Kyle.
- Ya era hora – sonrió divertido - ¿Wayne, verdad? – asintió – Bien Wayne, si Lodbrok llega a estar contigo haces dos cosas, rogar porque no te aniquile o pensar en que has hecho bueno.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Mi hermano fue su alumno a cargo y ¿tú? – dijo Gambino y miró a un chico que estaba robando una dona glaseada cuando el italiano lo tomó del brazo y lo atrajo con ellos. – ¿Verdad?
- Si, yo también – dijo James Gordon.
- JM ven acá – dijo Gambino y su hermano se acercó con ellos. - Dile a Wayne, ¿cuántas veces estuvo Lodbrok con ustedes?
- Dos veces – dijo Jose Maria – Y fueron aterradoras.
- Conmigo fueron tres y dos de ellas me cagué – dijo James.
- Exacto, Wayne no te sientas mal porque Lodbrok no esté contigo – le sonrió el italiano – Los comisarios estamos para eso, al igual que algunos oficiales.
- Pero, se supone que es su trabajo – dijo como si fuera lo más obvio.
- Chica con ovarios – sonrió Collins.
- Su trabajo es mantener a raya la Central y la ciudad – dijo Gambino – Lo cual trata de hacer – la miró – Llevas una semana aquí, aún faltan muchas cosas que te harán odiarlo.
- Si – dijo Kyle – Aunque no esté contigo, estará con los alumnos jodiendolos y probando que tan maduros están ya.
- No le cuenten – dijo Collins – Que ella sepa pasar por ello, es de un día a otro que Lodbrok se vuelve todo lo contrario para probarlos – la mayoría río divertido.
- No espanten a la novata – dijo Reyes llegando con ellos. – Que se va a cagar antes de tiempo – sonrió mirándola.
Eyra se arrepiente de haber hablado, ahora sentía que su jefe era Satanás.
Entonces la mayoría se quedó callada, Lodbrok había entrado a la cafetería, se quitó sus lentes oscuros y los miró a todos. Eyra se dio cuenta de que en verdad imponía mucho poder y que hasta sus comisarios bajaban la mirada ante él.
Sin embargo, su vista reparó en verlo. Camisa negra con dos botones abiertos que dejaban ver sus tatuajes del pecho y del cuello, un saco color azul oscuro y pantalones que le hacían juego. Su cabello rojo estaba bien peinado y tenía una barba bien delineada.
Ese hombre en verdad era el pecado de toda mujer.
- ¿Fiesta en la cafetería? – dijo Konstantin mirándolos.
- Algo así – sonrió Collins.
- Superintendente – dijo Kyle con una sonrisa radiante. – Su subordinada está pensando mucho en usted.
La mayoría de los que estaban ahí casi escupen lo que tenían en la boca, vieron a Eyra que estaba sonrojada hasta las orejas.
- Pero no te sonrojes – dijo Gambino a su lado, burlándose de la chica.
Konstantin relamió sus labios y la miró. Eyra ni siquiera pudo mirarlo, mantenía la vista fija en su taza de café, una pequeña sonrisa se le dibujó, así es como le gustan.
- ¿A sí Eyra? – sonrió aún con su vista fija en ella. – Solo ha pasado una semana pronto me querrás fuera de tu vista – Eyra lo miró, él le dio un guiño provocando que se sonrojara aun mas.
- No sonrojes más a la chica – dijo Maximus cuando llegó a su lado. – Quiere que se la trague la tierra.
Konstantin la miró una última vez, queriendo grabarse la imagen de la rubia en su mente.
- Está bien – soltó una risita – Gambino te quedas en H50 y Max en Z20.
- 10-4 Superintendente – respondieron los dos.
- ¿Estarás aquí? – dijo Collins.
- No, tengo que hacer otras cosas – los miró y por última vez miró a Eyra que lo miraba de reojo, le sonrió coqueto y salió de la cafetería.
Sin duda Eyra sería el meme de la semana en la Central por lo que le pasó ahí.
{...}
Konstantin bebía un sorbo de su cerveza, acomodaba sus lentes y se recargaba en su silla.
- ¿Sonrojaste a tu alumna? No me imagino lo que debió sentir.
- Yo si, fue demasiado gracioso – dijo con una sonrisa.
- Chinga, extraño esos momentos en la Central – el pelirrojo lo miró – Pero prefiero estar en las calles que encerrado.
- Yo preferiría estar en tu lugar mil veces que como estoy ahora – suspiró terminando su cerveza.
- Sin duda – suspiraron.
El pelirrojo disfrutaba de la brisa del viento y el sonido del mar, aún mantiene su traje, solo son cinco minutos de paz con un amigo antes de regresar a su realidad.
- Aún recuerdo ese momento en el que tu hermano casi me mata cuando supo que te aventaste del helicóptero – dijo divertido.
- Pobre Tobias, paso dura esa semana – rieron divertidos – Pero, estar muerto unos días para que los Rojos cayeran fue genial – terminaron sus cervezas – Ya que estamos aquí – suspiro y lo miró. – Llegaron nuevos a la ciudad, se están metiendo en todos lados, trabajando en distintos lugares, lo que significa...
Hora de regresar a su realidad...
- Tener control de más lugares – carraspeo.
- Así es, ten el ojo abierto con los nuevos alumnos puede estar alguno topo por ahí.
- Lo tendré en cuenta.
- Aún no se reúnen en un lugar específico pero escuchen que son una mafia organizada – lo miro – Tratare de entrar al ruedo lo que significa que necesitaré mi mafia.
Konstantin lo miró con una sonrisa.
- Estaremos listos, nosotros también estaremos en nuestros líos está semana – lo miró – Cualquier cosa, avísame y estaré rápido contigo.
- 10-4 Jefecito – le sonrió – También quería decirte otra cosa.
- ¿Cuál?
- Debes vigilar a Trujillo, ha sido muy evasivo conmigo y no está entregando lo que debería – se acercó un poco – No quiero decirlo, pero, puede que sea corrupto.
- Bien, lo tendré vigilado – asintieron - ¿Algo más?
- Si ¿cuándo podré joderles el día a los nuevos? – sonrieron divertidos.
- Yo te avisare, pero sabes que la Central es tuya para joderlos – volvieron a reir – Me tengo que ir, tengo que joder a los mecánicos.
- O más bien a chingarte un culo – lo miró divertido.
- Cállate – le sonrió – No dejes que te maten.
- Lo mismo digo super.
Konstantin sacudió su traje de arena y se fue de aquella vieja casa, subió a su auto y condujo hasta llegar a los mecánicos.
La rivalidad entre los mecánicos y los policías era evidente, en especial con el Superintendente y la dueña de dicho taller.
- Buenas Superintendente ¿qué haremos por usted?
- Quiero que me limpien el auto – salió de su auto.
Entonces la vio llegar, cabello negro hasta los hombros, un traje rojo completo que se ceñia bien a su cuerpo, manchada de grasa y aceite de motor.
- Ya vienes a molestar, idiota – dijo Alina.
- Es obvio – le sonrió.
- Mire déjese de tonterías, venga a mi oficina ahí estará en paz y no molestara a nadie, porque su mera presencia jode a cualquiera.
Konstantin soltó una risita y siguió a Alina, mirando el contoneo de sus caderas, hasta su oficina. La morena cerró la puerta y lo miró con una sonrisa.
- ¿Me extrañaste? – le sonrió juguetón.
- Mucho – Alina se acercó y le dio un corto beso en los labios – Aún me duele la cadera – susurro acariciando sus mejillas.
- Oh nena, juro que te dejaré las piernas temblando en la siguiente. – Kosntantin la tomó de la cintura – No sigo feliz por lo que hiciste – rozó su nariz con la suya.
- Te dije que él me coqueteo a mí, además era un cliente más – dijo poniendo los ojos en blanco.
- Pero te dejaste y si no hubiera estado posiblemente te lo hubieras follado.
- Posiblemente – sonrió divertida.
- Lo ves – rodó los ojos – Por eso te mereces lo que te mereces.
- Bueno, yo no me quejo de que folles a todas las mujeres lindas que veas ¿verdad, amor? – le dio otro beso en los labios. – Debo trabajar Kons.
- Yo también – suspiró apretando la cintura de la chica.
- ¿Cenamos? Y después hacemos algo ¿Qué dices? – sonrió mirándolo.
- Pasa por mí a las 8:00 – la miró con una sonrisa. – Te dejaré el auto.
- Perfecto – le sonrió – Por cierto, sangre fresca en la Central Cuándo quieras, podemos ir a armar un mitin – dijo divertida.
- Dales tiempo, si ven una horda de mecánicos queriendo quemar la Central se van a cagar – los dos rieron – Deja que pase un mes y ya puedes hacerlo.
- Bien – acarició la mejilla del pelirrojo. – Nos vemos está noche amor.
{...}
Eyra miraba el reloj en la pared, era hora de irse, su turno terminó en mucho papeleo y de nuevo ni vista del Superintendente desde esa mañana. A veces cree que no quiere saber nada de ellos, actúa indiferente.
- ¿Te toca turno nocturno? – dijo Eyra al ver al bulgaro registrando su entrada.
- Si – suspiro Ivanov – Pero, mañana nos vemos temprano y sirve que comemos algo juntos ¿te parece?
- Me parece genial.
- Y descuida buscaré como te conquistes al Superintendente – dijo con una sonrisa.
- Callate – puso su mano en la boca – No me gusta el anormal ese.
- Si claro, ayer me dijiste que no dejabas de pensar en como se ve con traje y que quieres saber cuantos tatuajes tiene en su piel – le sonrió divertido – Mira, Stefan se fue a la mierda, lo superaste así que te toca seguir adelante.
- Ya lo sé.
- Y el Super está bueno – le dio un guiño, y la rubia solo empujo su hombro. – Solo digo.
- Ivanov ¿listo? – dijo Reyes.
- 10-4 Comisario Reyes – se acercó a la rubia para darle un beso en la mejilla y aprovechar para decirle algo al oído. – Es su mejor amigo averiguare algo.
Eyra solo negó con la cabeza riendo, debe empezar a alejarse de Lodbrok porque sino parecerá colegiala o ninfomana si se sonroja cada vez que lo ve.
Konstantin llegaba a la Central, bastante tarde y con resaca, la noche fue más larga con Alina sobre él. Estaba tan cansado que no quería ir a trabajar pero Max dijo que debía ir porque necesitaban hablar de algo.
- Adelante – dijo Kosntantin cuando tocaron la puerta de su despacho.
- Kons – sonrió Maximus al entrar.
- ¿Qué quieres? – refunfuñó molesto.
- Joder, te vez como la mierda.
- Me siento como la mierda – declaró, antes de tomar un par de aspirinas con su café.
- Alina se divirtió mucho, eh – sonrió divertido.
- Muchísimo diría yo – rieron - ¿Qué pasa? ¿Para que me querías aquí?
Se quitó sus lentes oscuros, pasó una mano por su alborotado cabello, dejando ver algunos rizos que tenía.
- Bueno, después de lo que pasó ayer quería venir a verte – le sonrió – Esa chica ya va como 5 veces que dice que no estás con ella.
- Que fastidio, no quiero imaginarme de esposa, estará sobre el pobre cabron que sea su marido todo el puto día – masajeo el puente de su nariz.
- Por favor, te gusta que los alumnos estén así, rogando por verte y en especial las chicas, además – se acercó un poco. – Está tiene buen culo y te aseguro que es natural.
- Uno muy bueno – sonrió el pelirrojo. – Es una buena chica, llegará lejos – lo miró, se levantó y se aseguró de que no hubiera nadie fuera de su despacho escuchando. Volvió a su lugar y miró a su amigo. – He estado observándola, hace bien su trabajo, sus informes son la puta maravilla, los informes de los oficiales y comisarios que han estado con ella son muy positivos, está chica hace bien su trabajo sin tener que acostarse conmigo – pasó una mano por su barba. – Si sigue así, puede que ya tenga nuevo prospecto para delegar mi lugar aquí.
- Y así quitarte el puesto de Superintendente de una vez por todas.
- Si – suspiro cansado. Miró su reloj y se dio cuenta de que no había tomado su pastilla, así que sacó la botella que siempre carga en sus bolsillos, sacó su pastilla y se la tomó, movió la botella de pastillas frente a él. – La maravilla de la medicina, una pastilla te da duración en el sexo, una pastilla te quita el dolor de cabeza – suspiro – Y una pastilla detiene al asesino dentro de mí.
El único recuerdo del centro psiquiátrico en el que estuvo será ese frasco de pastillas, tomar una diaria, dos si empieza a notar que la voz en su interior se hace más grande. Una pastilla que controla que tome una ametralladora asesine a todo el mundo y después se suicide, vaya maravilla.
- La magia de la medicina – le sonrió – Konstantin – se acercó – Si quieres que ese chico llegue a tu lugar, debes entrenarlo tú y solo tú. ¿Te quieres quitar el lugar de encima? Haz tu trabajo como Superintendente.
- Lo sé – suspiro – Bueno ya que estás aquí – sacó su radio – Comisarios Gambino y Collins venga al despacho de arriba – a los pocos minutos escucho un 10-4 por parte de ambos comisarios – Tenemos que hablar de algo, se levantó y se puso su sacó color negro.
- ¿Qué pasó? – dijo Max, levantándose de su lugar.
- Es hora de entrar al rodeo – lo miró sonriendo.
- Por fin – los dos rieron, llegaron ambos comisarios. Konstantin cerró la puerta y las persianas – Esto es serio.
Los comisarios se acomodaron sobre los sofás que tenía su despacho, Konstantin se sentó en uno de ellos, sacó una botella de whisky y sirvió cuatro tragos.
- Bien – dijo Kosntantin – Nacho ya tiene en la mira a la nueva organización, Tobias ya lo sabe porque bueno Nacho es un chismoso con su hermano – suspiró y le dio un sorbo a su trago. – Posiblemente uno de los nuevos sea un sapo.
-¿Cómo?
- Como lo oyen, uno de los nuevos puede ser un topo, pero debemos saber quien es. Ha pasado una semana, debemos estar alertas y poner señuelos.
- 10-4 – dijeron casi sin creer lo que dijo su superior.
Konstantin se acomodó en el sofá y los miró con una pequeña sonrisa.
- Ahora, debemos entrar al rodeo, esta noche nos iremos al Sur donde cambiaremos nuestro aspecto – les sonrió – Los Dixon están de vuelta.
Los Dixon son una familia con demasiado poder y armas, hacen tratos con mafias grandes y después desaparecen sin dejar rastro. Los Dixon están conformados por los comisarios y el mismo Superintendente, siendo uno de sus grandes operativos, siempre ha resuelto cosas que la Central quiere ocultar, son la mejor arma.
- Sabes quienes serían perfectos aquí, aunque sean unos inmaduros – dijo Max – Tony y Jonnhy.
- También pensé en ellos – dijo Konstantin con una sonrisa. – Pero por ahora solo nosotros cuatro, ya después podremos meterlos.
- Perfecto – dijo Collins.
- Bueno te puedo dar fe de Elizabeth no es topo porque me caga en mi trabajo – los tres rieron – Lo digo enserio, Kyle es tierna y cuando debe ser una perra lo es, pero Elizabeth, joder, caga enserio. – dijo Gambino.
- Lo que pasa es que Elizabeth te está domando – sonrió Kosntantin – Se nota y mucho.
- Una mujer domando a Alonzo Gambino, debe ser bruja – dijo Collins riendo.
- Bueno de Volkov y Gonetti también doy fe, el chico puede ser torpe pero hace lo que puede y Volkov hace muy bien su trabajo, va por buen camino.
- Al cabrón le gusta su cabeza pequeña – dijo Tobias entrando al despacho - ¿Qué hacen aquí? ¿Fiesta sin mí? – se sentó junto a Konstantin.
- Genial me ahorraste el trabajo de llamarte, hoy y mañana estás a cargo de la Central, nosotros debemos entrar al rodeo con Nacho.
- 10-4 jefecito.
- Y ahora ¿Cómo que te gusta la cabeza del ruso? – dijo Kosntantin haciendo un raro gesto.
- Es muy pequeña, me gusta – dijo Maximus.
- En la tierra hay gustos muy raros – dijo Collins – Patas, manos y ahora cabezas.
- Si – dijo Konstantin, aguantando la risa.
- Bueno y de Ivanov puedo decir que hace su trabajo al 100 y los anormales tratan de hacerlo pero son muy idiotas – dijo Collins.
- Ivanov ¿eh? – dijo Tobias – Puedo decir lo que vi en las cámaras esta semana.
Konstantin sirvió dos tragos más, uno para él y uno para Tobias.
- ¿Qué viste? – dijo Konstantin como tía chismosa.
- ¿Les digo? – sonrió Tobias.
- Cállate – dijo Collins sonrojándose.
- ¿Le agarraste el culo? – dijo Alonzo con una sonrisa.
- ¿Qué? No, están locos.
- Entonces él te lo agarro a ti – dijo Max riendo.
- No.
- No – dijo Tobias riendo – Claro que no, solo comparaban tamaños de culo ¿verdad?
- Cállate – dijo Collins poniendo su mano en su boca – Salgamos a ver que pasa afuera.
Konstantin miró riendo como Collins se llevaba a Tobias de su despacho.
Le encantaba tenerlos de su lado, al principio no confiaba en ellos, pero sin duda ahora son sus mejores amigos, confía más que en nadie.
- Bueno, yo si puedo dar fe de que tu chica es una de las buenas – dijo Alonzo – Sin mencionar el culo que tiene.
- ¿Verdad que sí? – dijo Konstantin con una sonrisa. – Buen culo – suspiro - ¿Dónde está ahora?
- Creo que estaba con el cabeza de almendra levantando denuncias – dijo Alonzo.
Si quería que ella llegara a su puesto, debía controlarla y entrenarla con sus propias manos, sin mencionar que si la oportunidad se daba, tenerla de rodillas frente a él.
- Bien – tomó su radio – Wayne te quiero en mi despacho de arriba.
- 10-4 Superintendente Lodbrok.
Adoraba como sonaba su apellido salir de su boca, no quiere imaginarse cómo sonará su nombre salir de su boca en forma de gemido.
- No la pongas nerviosa – dijo Max saliendo de su despacho.
- Y tú no te folles a nadie, alumnos no, oficiales sí – dijo Alonzo. – Sí todos nos hemos controlado, tú igual cabron.
Su maldita regla para no tocar alumnas nuevas, él mismo la puso y ahora quiere quitarla.
- Si jefe – se burló Konstantin, mientras guardaba su whisky.
{...}
- Poco te puedo decir – dijo Ivanov quitándose el uniforme, mirando a Eyra sacar su uniforme de su casillero. – Dijo que es muy reservado, solo en su grupo de amigos de confianza es cuando le gusta ser libertino y bastante. Come muy sano, le gusta el café negro, el chocolate – suspiro y miro como su amiga se ponía el uniforme – Realmente no logre sacarle mucho.
- Estabas ocupado besándote con tu superior – sonrió divertida mientras ajustaba su chaleco.
- Posiblemente – rieron los dos – Pero como sea, algo que si me aseguro es que deben ser directos con él, nada de rodeos al grano directamente.
- Se nota – susurró.
Ni siquiera sabe cómo llegó al punto de querer investigar a su propio jefe, pero en verdad quiere saber de él, quiere descubrir quién demonios es su jefe.
- Ya sabes que hacer entonces Eyra – le sonrió – Mira sea lo que sea que elijas, te apoyaré siempre te he apoyado.
- Lo sé, pero no pienso meterme con mi jefe – suspiro – Bueno debo ir a mi labor.
- Yo quiero ir a dormir, nos vemos en la noche guapa.
Le dio un beso en la mejilla, tomó sus cosas y se fue.
Estaba por ponerse a tomar denuncias, cuando escucho en la radio la voz de su jefe, ni siquiera sabía que estaba en la Central.
"Wayne te quiero en mi despacho ahora"
Trago duro al escuchar eso, el color subió a sus mejillas rápido, su corazón bombeo rápido y miró a todos lados, no había nadie así que nadie se dio cuenta de lo que su jefe le provocaba.
>> Controlate, pareces ninfomana. <<
– 10-4 Superintendente Lodbrok – dijo por la radio.
Eyra se miró al espejo, su cabello estaba recogido en un moño alto, se puso bálsamo de labios y acomodo su uniforme. Comenzó a subir las escaleras cuando se encontró con los comisarios Alonzo y Maximus, que iban riendo, la miraron de arriba para abajo y siguieron su camino riendo y cuchicheando cosas. Eso no le dio buena espina. Pero siguió caminando hasta llegar al despacho del Superintendente. Tocó un par de veces la puerta cuando escuchó el "adelante" de Lodbrok.
- ¿Me necesitaba Superintendente?
Espalda recta, las manos detrás de ella, tratando de contener los nervios que tenía.
- Eyra – le sonrió al verla.
Eyra lo reparo de pies a cabeza, tenía una camisa blanca con los botones abiertos, un sacó negro y pantalones negros, su cabello estaba alborotado y por su aspecto sin duda pasó una larga noche, pero eso solo le daba un estilo de hombre rebelde. Apretó los labios y quitó su mirada de él, cuando Kosntantin la atrapó mirándolo con detalle.
- Tengo que hablar contigo – Konstantin se levantó de su asiento y caminó hasta quedar a pocos pasos de su alumna, poniendole aun más nerviosa. – Eh escuchado muchas cosas de ti – comenzó a caminar alrededor de ella, como si fuera su presa.
- E...Espero qué co...cosas buenas – carraspeo.
>> Controlate Eyra, es solo un hombre más, no un puto Dios. <<
- Claro que si Eyra – se puso detrás de ella. – Cosas muy buenas – soltó una risita – Y creo que por ello debo complacerte con algo que has pedido mucho – se puso frente a ella, invadiendo su espacio personal, levanto su mentón para que le mirara, para entonces Eyra ya estaba sonrojada de nuevo y mordiendo su labio inferior con fuerza por los nervios, Konstantin sonrió divertido, pasó su pulgar por el labio de Eyra – No te hagas daño – susurro mirándola.
- Lo... Lo siento – quiso bajar la mirada, pero Konstantin sostuvo su mentón en alto para que lo mirara.
- ¿Te pongo nervioso Eyra? – sonrió, acariciando su mentón. – Puedo sentir cómo tu cuerpo se tensa con mi voz, escucho tu corazón latir rápido, estas sonrojada y muerdes tu labio, provocó que te pongas nerviosa, nena.
>> Maldita sea, ya bésame con un demonio. <<
- N...No
Konstantin acercó su rostro al suyo, eran casi de la misma altura, Konstantin era un poco más alto. Sus narices rozaron, pudo ver como Eyra cerró los ojos esperando algo, deseando que pasara algo. Pero Kosntantin no la complació, no le gustaba complacer a la primera, le gustan que rueguen por ello y que vayan tras él buscando lo que tanto desean, soltó una risita y se alejó de Eyra.
- Iremos a patrullar – dijo alejándose por completo de Eyra, dejándola atontada y sin comprender qué pasó.
>> Hijo de perra. <<
- ¿Cómo?
- Iremos a patrullar Wayne – tomó su radio, sus lentes oscuros – Te veo frente a la Central en dos minutos – dijo pasando de largo de ella.
Eyra pasó una mano por su cara, la humilló el hijo de perra.
>> No sabes con quién estás jugando, desgraciado. <<
Cuando salió de su despacho, sonrió en grande, le encantaba esa chica y no solo la chica se quedó con ganas de besarlo, también él, pero tienen una regla entre los comisarios y él. Nada de relaciones con alumnos hasta que sean oficiales. Lo hicieron cuando los alumnos con los que se follaban comenzaban a chantajearlos por un ascenso, entonces decidieron que era mejor dejar que ellos subieran por sus propios méritos y después poder hacer con ellos lo que quisieran.
Pero sin duda ahora odia esa absurda regla.
Él jamás subiría de puesto a nadie, ni por el bonito culo que tuviera.
Suspiró y salió a recepción para mirar el alboroto que ya había estaba por irse cuando llegó Rogelio.
- Hey – se acercó con un ramo de rosas.
- Me alagas Rogelio, pero ya te dije que me acostaré contigo si me das ese poster de Bon Jovi autografiado – dijo con una sonrisa.
- Cállate – dijo casi sonrojándose. – Te trajeron esto. – se las dio. – Y ese poster jamás será tuyo.
- Sé como convencerte – le dio un guiño.
Tomó el ramo de rosas, tenía una tarjeta, sabía perfectamente de quién era. Tomó la tarjeta y leyó que decía "el dulce néctar de tus labios será mi perdición."
Solo tenía a una romántica empedernida con él y esa era Alina. Es una de las cosas que le gustan de esa chica, si él le da detalles, ella hace lo mismo y le gusta recibir detalles como ese. Soltó una risita y suspiró. Entró a su despacho de abajo y dejó el ramo de rosas en un florero, salió al estacionamiento y sacó la patrulla secreta, un BMW azul oscuro.
- Tu romántica te dejo rosas – dijo Max por la ventanilla del otro patrulla.
- Callate – sonrió divertido.
- Oye, ya quisiera yo tener a alguien así – le sonrió - ¿Cuándo le dirás? Has mirado ese anillo por meses.
- No lo sé – suspiro y saco un cigarro – Ayer me dijo que debíamos formalizar esto, pero vamos, soy yo y esas cosas no me van.
- Pero Alina te quiere, se nota a leguas, deberías intentarlo – lo miro – Ya pasó mucho tiempo y se que nadie la va a reemplazar pero, tienes a alguien que en verdad te ama, al menos piénsalo. Sino deberías de dejar de ver ese anillo guardado.
- Lo haré, pero no prometo nada.
- Más te vale y sino es con la sexy mecánica – señaló con su mirada a Eyra bajando de la escaleras dirigiéndose a él – Tienes a la sexy alumna.
- Ya veremos qué pasa – le dio un guiño y Max se fue - ¿Lista?
- 10-4 Superintendente Lodbrok.