PROLOGO
¡Algunos secretos permanecen ocultos para siempre... ¿O no?
Sala de urgencias Hospital Central
(Sala de partos)
¡Doctor, la perdemos! – Doctor se nos va! – No hay signos vitales.
Se escucha decir angustiada a la enfermera de turno;
Desfibrilador, uno, dos, tres, ¡despejen!
Nuevamente, uno, dos, tres, ¡despejen!
La tensión cubre el cuarto de operaciones...
Solo se escucha un sonido intenso emitido por el monitor que muestra en su pantalla una línea recta, y la cual todos observan con la expectativa de que se vuelva a ver en ella las curvas lineales... lo cual no sucedió.
Pronto son sacados de sus suspensos por el llanto de un niño, quien trae consigo, la racionalidad a los presentes.
Hora de muerte: 11:40 p.m. afirma el médico, quien aún no asimila lo que ha pasado.
Como es posible que todo se halla complicado en cuestión de minutos, todo iba bien, ¿Como no percibimos esa falla cardiaca durante su ingreso? ¿Cómo no vieron su insuficiencia durante los controles prenatales?
¡De nada sirve lamentarnos doctor, ya pasó! Ahora debemos dar la noticia a sus familiares.
Por otro lado, en la sala de partos continua...
Tras una cirugía de emergencia, la ginecóloga logra conservar la vida de la madre, entre tanto el pediatra neonatal, mira a todos en silencio, al notar que el niño parece sin vida.
Rápidamente despejan una pequeña camilla, y el médico, da suaves masajes sobre el pequeño pecho del niño mientras una bomba manual de aire le transmite oxígeno, todo parece no funcionar.
Lo siento señora el niño nació muerto. Dice vencido el pediatra neonatal.
La madre, que yace en la cama débil, abraza su bebe muerto mientras solloza y lamenta su perdida, luego se desvanece lentamente, entre tanto la enfermera se lleva el niño.
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En la sala de espera
Señor lo lamento, su esposa sufrió un paro cardiaco, no pudimos salvarla.
El hombre grita desconsoladamente, mientras la enfermera continua, el niño permanece en cuidados neonatales...
"Ojalá se muera también, no quiero ese bastardo", interrumpe el hombre a la mujer. Quien queda estupefacta ante la actitud del hombre.
El la mira y dice, "no me mire así señora, ese niño no es mi hijo, solo quería ese bastardo por su mamá, sin ella viva, no me interesa el niño."
El médico que ha observado todo desde la distancia, se acerca al hombre y le dice, da igual, no hay muchas probabilidades de que el niño sobreviva; la enfermera mira al médico confundida y ambos se retiran.
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Todos han hecho un juramento de confidencialidad, nadie aparte de los miembros de esta sala debe saber la verdad.
Una mujer sale de la sala de parto con un niño en brazos, luce feliz.
El personal encargado de la funeraria pasa con una camilla cubierta con una sábana blanca, debajo de ella yacen una madre y un niño, que tragedia, no pudieron sobrevivir.
Jennifer
Mi hermana recibe mi hijo en sus brazos, lo mira y dice: "se puede decir que de cierto modo se parece mucho a Bruno", yo quedo atónita ante su comentario, sin embargo, la secundo inmediatamente. Sin duda la sangre llama.
Mi esposo mira al niño luce sombrío, lo revisa, en busca de algo que aún no sé qué, puede ser, solo sé que yo busco en su rostro una mirada de reproche. Luego de unos instantes, que me parecen eternos, dice: "bienvenido a la familia Spencer hijo, Nos has dado un gran susto, sobre todo a tu madre, pero sin duda eres un luchador incansable como los Spencer, típico de nuestra familia".
Yo suspiro aliviada. Poco a poco todos miran al niño, y le encuentran parecido con cada miembro de la familia Spencer, ¡...aaa...! pero mi hermana no se queda atrás, ella también lo ubica en la generación de la familia Lennox, ella también lo compara con miembros de nuestra familia.
No puedo creer como una mentira disfrazada de verdad secundada por el apoyo de mi hermana, se convierte en algo con pies y manos, se convierte en un ser con vida, se convierte en mi hijo.
Me encuentro sola en mi habitación, miro todo a mi alrededor, miro las pequeñas prendas de ropa que con tanto amor escogí para mi hijo y que nunca podré ver como las lucirá.
Pienso, lloro, sufro, pero todo en silencio, nadie puede notar mi dolor, nadie puede saber que ocurrió esa noche en el hospital.
Es inevitable no pensar en mi pequeño "nacido muerto", como lo llamaron los médicos, esa pequeña creatura indefensa, que no fue capaz de sobrevivir a este mundo cruel, ni un solo minuto. Recuerdo sus tiernas manos, frías, pálidas, inertes.
Creo que estas en un lugar mejor, no pude darte mi amor, mi protección, mi calor de madre; pero que estupideces estoy pensando, si ni siquiera pude darte un lugar sagrado para que descansaras. Ahora que lo pienso, tu lugar de descanso es en mi corazón, donde prometo conservarte hasta el día de mi muerte y donde mientras tu descansas en paz, el tormento de este gran secreto se roba la mía, con esta verdad oculta.
Un llamado a la puerta me saca de mis pensamientos, es mi esposo, quien trae consigo a su hijo, a mi hijo, sí a nuestro hijo. Se acerca a mí con cuidado, mientras me dice, gracias Jennifer, yo solo lo miro y sonrío, mientras apruebo con la cabeza su afirmación, porque si llego a pronunciar una sola palabra tengo miedo de ser traicionada por mi conciencia y no poder seguir sosteniendo esta mentira.
_ ¿Como piensas que debemos llamarlo?, ¡Definitivamente, Clara Inés no!, me dice mientras nos miramos y reímos a carcajadas, puesto que esperábamos con anhelo a nuestra querida Clara Inés, que nunca llegó, por suerte nunca tuvimos una descripción del sexo de nuestro hijo segura, todo fue en base a su formación física neonatal, pero nunca nos quiso mostrar su género en la ecografía, ahora todo encaja perfectamente.
Bueno que te parece Mateo le digo mientras pienso, en su significado "regalo de Dios".
Perfecto afirma, Mateo Spencer Lennox mi primogénito y heredero de la fortuna Spencer.
Pronto el nombre de Mateo es parte de los titulares de las revistas y periódicos locales donde brindan una gran reverencia a la familia Spencer y su primogénito.
Han pasado ya varios meses y casi toda la familia ha conocido a Mateo, se comparan con él y encuentran lunares y marcas en su cuerpo distintivos de la familia Spencer y... aunque no lo crean tiene muchas similitudes, para su fortuna y la de Jennifer.
Mientras pasa el tiempo, cada noche y cada mañana Jennifer eleva su oración al cielo por su ángel y por el perdón de su alma.
Hoy celebramos el cumpleaños número 10 de Mateo, es un niño fuerte, grande y de contextura delgada, pero, sobre todo, un niño muy saludable.
Debo reconocer que la encargada de la organización del evento ha hecho un buen trabajo; todo está perfectamente organizado, se nota que cada detalle fue pensado y creado de acuerdo a la solicitud de Bruno, quien siempre quiere todo perfecto, sin errores y de su total agrado, a decir verdad, se puede ver el gusto de Bruno en cada parte del evento, hasta parece ser su fiesta de cumpleaños y no la de Mateo, pero bueno, a estas alturas de una vida matrimonial de Jennifer con Bruno ella ya está acostumbrada a que todo es como el señor Bruno Spencer lo decida.
Se escuchan los gritos y algarabías de los pocos niños que acudieron a la fiesta, Mateo juega con ellos y presume su inteligencia en frente de los invitados, para llenar de orgullo a Bruno.
Jennifer luce siempre una sonrisa que se ha dibujado desde muy temprano en horas de la mañana y la cual se retoca a ratos en su habitación para que no se me borre durante el resto del día; mientras conversa con las esposas de los socios de Bruno, entre ellas su gran amiga y confidente Eliza.
Han charlado toda la tarde, comparten tips de cuidado personal, y hasta los nombres de los nuevos productos del mercado para contrarrestar los efectos de la edad. Al grupo de mujeres se les ha unido una mujer joven, muy hermosa por cierto, es la asistente de Bruno, quien solo trata de seguir la conversación para poder intervenir en ella aportando sus cuidados personales para mantener su piel joven sana y sin manchas y valla, que logra capturar la atención de las damas presentes... jajaja, sin lugar a duda todas desean una piel igual de bella que la de ella, aunque sin lugar a duda ella tiene una gran ventaja a su favor y es la edad, y créanme que a las damas en cuestión les pasó ese número un par de décadas atrás...
Todas ríen cuando escuchan las comparaciones y una que otra afirma qué si mucho la diferencia entre ellas no llega a superar ni siquiera una década, ese sí que ha sido un buen chiste, es difícil no continuar con las risas y las bromas.
Eliza se acerca a Jennifer con su mirada le dice mucho, le dice todo... quien disimuladamente la evita, no quiere dar explicaciones, no hoy, no quiere tener que explicar que como es costumbre en cada fecha especial en su familia, una celebración es solo un acto público donde se muestra una cara a la sociedad de la familia perfecta, pero que no es más que una fachada donde solo se muestra lo que Bruno quiere que vean, sinceramente, ¿no se si él sepa en realidad lo infeliz que es o simplemente se cree que son la familia perfecta?
Unos gritos escalofriantes provenientes del jardín, sacan a todos de sus entornos y los llevan a mirar en dirección de las voces aullantes que se escuchan; se logra ver a Bruno correr desesperado a la zona de juegos de los niños, no se puede lograr entender que está pasando, solo se alcanza a ver como se agacha y recoge en sus brazos a su hijo, por Dios, está recogiendo del suelo a Mateo que está pasando, que ocurre, Jennifer sale corriendo hacia donde ellos están.
Jennifer
Pronto llegamos al Hospital Central.
Los médicos esperan en la puerta, creo que Bruno los alertó en el camino para que nos recibieran; Mateo sigue inconsciente, no abre sus ojos, la incertidumbre se apodera de nosotros. Los médicos lo trasladan en la camilla a la zona de urgencias, yo solo sé lo que mi esposo les ha dicho, que ha sufrido una fuerte caída y se desmayó mientras jugaba con los otros niños, por Dios, que ha pasado, que está pasando, ¿por qué, no salen los médicos aun? han pasado varios minutos, que a mí me parecen horas, la angustia me está acabando, Bruno por su parte permanece inmóvil en la puerta de la sala de urgencia, parece no percatarse de mi presencia en la sala.
Eliza no tarda en llegar, me abraza mientras yo lloro desesperada por la impotencia de no saber nada.
También llegó Sara, la asistente de mi esposo, trae consigo un juego de ropa limpia para Bruno, el inmediatamente nota su presencia; parece ser que la joven logra cautivar la atención de los presentes a su alrededor, pero bueno la verdad eso no me importa, o por lo menos no en estos momentos.
Solo puedo concentrarme en mi hijo, la imagen de Mateo con su rostro cubierto de sangre cruza por mi mente como, un video que se repite y repite sin parar de mostrar la misma escena. Y por qué los médicos no salen a darnos ninguna noticia aún.