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La pasante del CEO

La pasante del CEO

Autor: : Blondegirl
Género: Romance
Leana se lanza decidida una noche para conocer al hombre que tanto le gustaba, Polo, pero la experiencia no sale como ella se lo esperaba y sale corriendo espantada del lugar. Cuatro años más tarde a punto de graduarse, el destino le regala una oportunidad más cruzando sus caminos nuevamente solo para descubrir que él es el CEO de la gran empresa en la que ella siempre soñó trabajar y en la que comenzará su pasantía. Traumada por lo vivido con su madre, Leana se decide firmemente a no amar a ningún hombre pero ¿podrá lograrlo cuando su jefe saque su lado más pervertido? ¿Podrá una estudiante salir con uno de los CEOs más importantes de la ciudad? ¿Qué pasará cuando él quiera robar su inocencia? No todo es tan hermoso como parece y todos tienen secretos...

Capítulo 1 Vistazo al futuro

- ¡Eres un cerdo! -fue lo primero que le dijo Leana en cuanto vio a Joan besándose en ese baño con aquella chica- ¡¿Quién te crees que soy?! Un juguete con el que entretenerte a tu antojo ¿Pensaste que nunca me iba a enterar de esto? –las lágrimas comenzaron a agruparse en sus ojos, no lo podía evitar, ¡tenía tanto coraje! -Eres un cínico y un mentiroso, si andas haciendo lo que te da la gana para qué tanta insistencia en conocerme, ¿qué soy? ¿una apuesta estúpida con tus amigos a ver si logras sonsacar a la tonta que se pasa el tiempo estudiando? Pues para que te vayas enterando, no soy ningu

na tonta y tú eres un gilipollas, asco me das

- Leana, por favor, esto tiene una explicación –por alguna razón ella notó en su rostro una mezcla de arrepentimiento, vergüenza y algo de dolor, pero no, debía ser parte de su actuación para que le siguiera creyendo su cuento y poder continuar con su estúpido juego.

No podía creer que después que lo había atrapado "in fraganti" todavía tuviera el descaro de darle un típico "esto no es lo que parece" como excusa, en ese momento ya las lágrimas caían por sus mejillas, se seguía riendo de ella, no lo podía creer, esa idea solo la encolerizó más y le atinó una bofetada para luego decirle:

- No me busques, no quiero verte más en mi vida, no te cruces conmigo en un pasillo, en una fiesta, en algún aula, haz como si yo no existiera porque no respondo por mí. ¡Ahhhh! Y haz las pruebas para unirte al club de teatro, la actuación se te da genial, imbécil.

Giró su espalda y se fue, se sintió tan orgullosa de sí misma, pudo reunir valor para decirle todo lo que quería, lo que se merecía, no se dejó socavar por ese capullo. Eso sí, estaba fatal, era la primera vez que Leana se entregaba así a un chico, la primera vez que se permitía disfrutar un poco solo para terminar en desgracia. Solo quería estar sola en su cuarto y llorar descontroladamente sin que nadie la viera.

Esa era la primera vez que Leana faltaba a clases había tenido un trayecto espectacular en su carrera y estaba en su último año, nunca pensó que un chico iba a ser la razón de una ausencia.

Quizás por eso su madre nunca cedió al romanticismo con algún hombre, quizás su padre la dañó de una manera irreparable y para protegerse se armó de esa coraza tan fría. A lo mejor no era tan mala como Leana pensaba, solo que la vida no fue justa con ella.

La siguiente semana fue catastrófica, se sentía desganada, decepcionada y, le había dejado bien claro a Víctor que no quería que tuviera ningún tipo de contacto con ella, pero de alguna manera esperaba que tratara de disculparse, ella merecía una explicación. É había sido el insistente, la buscó miles de veces para salir con ella, en un inicio ella no quería ni hablarle.

Joan había sido el que había metido la pata, era su deber buscarla de nuevo, fue muy fácil hacerlo cuando todo eran mariposas y arcoíris, pero ahora que la situación era difícil él se acobardaba, no era capaz de ofrecer unas disculpas. A pesar de eso, él no aparecía por ningún lado, nadie sabía nada de él y Leana tampoco le quería preguntar Sara, su mejor amiga, no quería que pensara que le seguía interesando.

Lo único que la animaba un poco era el curso que comenzaba justo ese día como parte de la carrera, la universidad había contratado a un empresario con mucha experiencia en márquetin y ventas de libro, algo muy necesario para Leana ya que tenía pensado abrir mi propio negocio en un futuro, una editorial así que, a pesar de todo, se sentía más animada, la literatura y el estudio fue el refugio que encontró para mantenerse distraída y no pensar en lo que había sucedido.

Esa mañana se arregló un poco mejor, su cara tenía buena pinta según ella, no tenía ni idea de lo hermosa que era, alisó su cabello, se puse mis jeans preferidos y un top rojo de tirantes cruzados en la espalda de modo que la mitad de esta quedaba al descubierto, un par de converse y estaba lista.

- Hoy te noto mejor semblante –le comentó Sara de camino al seminario, ella había tratado no preguntarle mucho del tema de Joan en la semana pasada para no meter el dedo en la galla.

- Sí, estoy más animada, tengo muchos deseos de comenzar el curso de ventas y márquetin de libros, siento que me va a ser imprescindible para mi desempeño laboral, además, recuerda que nos informaron que según nuestras calificaciones el encargado de dar el discurso hoy elegiría a algún estudiante para una pasantía.

- Uyyy como está la profesional –dijo sin evitar que se le escapara una risita.

- Como está la chistocita hoy –le respondió Leana sonriendo también.

- ¿Sabes? Me alegro verte un poco más contenta, aunque sea por algo de estudio –rió Sara nuevamente- el semblante triste no te pega para nada –y le dio un abrazo antes de entrar al aula.

Y vaya que Sara tenía razón, hasta la misma Leana se sentía con unas vibras diferentes, no quería convertirse en una de esas mujeres que se deprimen y se quedan en casa todo el día con el pijama puesto y comiendo chocolate debido a un hombre, no, eso sí no se lo iba a permitir jamás. Ya había tenido una semana para asimilar lo que había pasado y llorar todo lo que había querido, eso era suficiente, era hora de brillar de nuevo.

- ¿Quién será el famoso empresario que tanto revuelo han armado? –le preguntó Sara -se habían pasado toda la semana anterior recordándoles a los estudiantes ese día, promocionándolo y diciendo que era una oportunidad única que el señor empresario le había ofrecido de buena voluntad a la universidad ya que iba a ofrecer el curso de modo gratuito y por voluntad propia.

- No sé –le respondió Leana encogiéndose de hombros- supongo que lo averiguaremos ahora.

Todavía faltaban cinco minutos para que comenzara el seminario y todos a su alrededor estaban tan intrigados como ellas, para cualquier lado que miraran, se escuchaba una conversación sobre lo mismo y haciendo la pregunta del millón ¿quién será?

Las luces se opacaron y el proyector se iluminó en la parte de al frente del anfiteatro, Leana se sentaba desde siempre en la primera fila, así que tenía la mejor vista del salón. En la pantalla comenzó a reproducirse un video, una promoción de todo el trabajo que se tenía que hacer para lograr que un libro se convirtiera en best-seller, las propagandas, los panfletos, el trabajo de varios editores todo de mano de la gran empresa Stewar´s Inc, súper reconocida por la cantidad de campos en la que se desarrolla desde hace años y sobre todo, la cantidad de obras benéficas que ha organizado.

Leana la conocía, hacía unos meses había solicitado una pasantía ahí para sus prácticas de ese semestre, así que estaba más que emocionada al darse cuenta que la empresa estaba ahí, más posibilidades tenía entonces de que la aceptaran, solo tenía que estar a la altura.

Cuando el video acabó, salió desde detrás de la pantalla un hombre, no se le podía ver el rostro debido a que el foco del proyector todavía estaba prendido, pero era alguien muy alto de pecho ancho, fuerte, eso se notaba hasta por encima del traje negro que llevaba puesto que lo hacía ver extremadamente elegante, su porte era algo increíble. Se apagó el reflector y Leana no pudo creer lo que sus ojos estaban viendo, o, mejor dicho, a quien sus ojos estaban viendo.

En ese instante se quedó congelada, su corazón no podía latir más rápido, de lo contrario le daría un infarto. Era él, era el chico por el que iba a ese parque de su ciudad todos los viernes hace casi cinco años atrás ¡Era él!...

Capítulo 2 El comienzo de todo

Desde que tiene conciencia Leana ha sabido que es una luchadora, su madre pasaba muy poco por casa, durante el día trabajaba y en la tarde solo pasaba para dejarme la comida que le había comprado y para alistarse, todas las noches salía con algún tipo, muy pocas veces era el mismo, solamente mantenía relaciones algo más duraderas con aquellos que tenían la posibilidad de darle la "buena vida" que a ella le interesaba y su padre, bueno, a ese nunca lo conoció, cuando su madre salió embarazada y se lo contó hizo lo típico, irse; suena a cliché, lo sé, pero es lo que hay, estas cosas suceden en l

a vida real, quizás a alguno de los lectores de esta historia les ha pasado, así que esto también va dedicado a ustedes.

Leana pasó toda su infancia en esas circunstancias, por tanto, tuvo que aprender a hacerse sus cosas por sí misma, limpiar la casa, lavar sus ropas, y sí, también defenderse sola ante el abismo voraz que es la vida.

Como tenía tanto tiempo libre y nadie que la regañara o le prohibiera hacer las cosas, sobre los dieciséis años comenzó a salir sola con sus amigas, esperaba a que su madre se fuera a sus andanzas y se encontraba con ellas en un parque que quedaba cerca de un bar llamado "Instinto".

Sus amigas fueron las encargadas de ayudarla en todo ese mundo de la moda y como Leana era bastante grande para su edad, le quedaba la ropa de su madre y a escondidas las utilizaba para sus noches de chicas.

En una de esas noches de salida, ya cuando era un poco más mayor, a punto de cumplir los dieciocho, decidió ponerse un vestido rojo corto con la espalda afuera, quería impresionar a un chico que frecuentaba el bar, no lo conocía y nunca había hablado con él, pero resaltaba entre todos siempre, era alto, muy alto, tenía el pelo rubio, los ojos color avellana y una sonrisa increíble, probablemente él no supiera ni de su existencia por eso se había decidido por ese vestido rojo, se notaba que el chico era mayor que ella y de alguna forma tenía que llamar su atención.

Llegaron al lugar sobre las diez de la noche, era viernes y ella sabía perfectamente que ya él estaba dentro del bar, los viernes siempre llegaba temprano y se iba tarde, no podían entrar al bar pues eran menores de edad, así que se tenía que resignar a esperar por su salida.

Ya eran pasadas las doce de la noche, sabía que él estaba por salir, sin decirle nada a ninguna de las chicas, caminó hasta la puerta del bar, unos pocos minutos después lo vio dirigiéndose hacia la salida, retrocedió unos pasos, tomó su móvil en las manos y comenzó a caminar como si leyera algún mensaje, pasó por la entrada de "Instinto" justo cuando él salía y "accidentalmente" chocaron.

Su móvil cayó al suelo y se tambaleó un poco, desde lejos el chico se veía alto, pero ahora que lo tenía justamente frente a ella, era mucho más grande de lo que se pensaba. De un momento a otro, Leana sintió las grandes manos de él sobre sus hombros, solo la soltó cuando estuvo seguro de que ella estaba estabilizada y segura se agachó, recogió su móvil del suelo y mirándola fijamente le dijo:

- Lo siento mucho, no vi que venías caminando- pronunció mientras le entregaba el celular- Leana no pudo hacer más que quedarse unos segundos embobada, esos ojos color avellana eran preciosos y al mirarlos de cerca tenían unos destellos de verde, sus labios eran carnosos y rosados y definitivamente frecuentaba el gimnasio.

- No pasa nada -logró balbucear ella finalmente- discúlpame tú a mí que ni miraba por dónde caminaba -en su interior no creía que finalmente estaba hablando con él y para su sorpresa se quedó mirándola muy fijo a los ojos mientras le sonreía dejándola inerte.

- Bueno, esto lleva una presentación oficial, hola, me llamo Polo, un placer conocerte... -dijo dejando la frase inconclusa para que ella le dijera su nombre.

- Leana, me llamo Leana -le respondió ella todavía embobada.

- Leana... me encanta el nombre, le pega perfectamente a tus ojos azules.

Al escucharlo ella no pudo evitar sonreir, sabía que iba a mencionar algo sobre sus ojos, las personas siempre lo hacían, su tez era muy blanca, su cabello castaño bastante oscuro y eso hacía que el color de sus ojos resaltara más. Leana tenía que levantar su cabeza hacia arriba para poder mirarle la cara y eso que ella no era una chica pequeña.

- ¿Estás segura que te encuentras bien? -le preguntó Polo a lo que ella le respondió asintiendo con su cabeza- Ven, vamos a sentarnos te llevaste un buen susto -le rodeó la cintura con su brazo y la llevó a un banco que estaba justo en frente de ellos, la sentó y le revisó los brazos asegurándose que no se hubiera dado un golpe.

- Listo, examen físico terminado -declaró un par de minutos después.

- ¿Eres Médico? -fue lo primero que le vino a la cabeza de ella.

- No, soy dueño de una compañía empresarial, pero aprender primeros auxilios nunca está de más -sonrió- y tú ¿a qué te dedicas?

- Soy estudiante -le dijo sin mencionar su edad, al parecer el maquillaje y el vestido que llevaba habían cumplido su objetivo.

- Eso es bueno, construirse un futuro, yo también estudié mucho y gracias a eso he podido crecer tanto en el ámbito laboral, pero ya eso te lo explicaré después -se sentó a su lado y con su dedo índice comenzó a trazar un recorrido desde su rodilla hasta el muslo y cada vez subía más, ella se congeló de inmediato, Polo le encantaba, pero no sabía nada relacionado con el tema sexual, eso le aterrorizaba.

- ¿Quieres que vayamos a un lugar más privado? El bar tiene un reservado que sería especial para que pudiéramos conversar más -le sugirió él sin poder dejar de mirarla a los ojos, había algo hipnóticos en ellos.

En cuanto escuchó sus palabras, Leana entró en pánico, eché su móvil en el bolso, se puso en pie rápidamente y solo atinó a decirle:

- Muchas gracias, por tu atención Polo, pero mañana tengo que madrugar, es hora de que me vaya -y sin esperar una respuesta por su parte, giró su espalda y se marchó.

No se atrevió a volver intentar un acercamiento hacia él, no lo vio más por mucho tiempo, pero nunca pudo olvidar su mirada fija y sus ojos clavados en los míos con esa sonrisa pícara que le regaló ese día. Sin saberlo, Leana había acabado de marcar un punto de inflexión para el resto de su vida.

Capítulo 3 Una probada a lo prohibido

Narra Leana.

Después de mi encuentro con Polo aquella noche, pasé meses pensando en volver al bar, a verlo, pero el miedo se apoderó de mí y fue más fuerte que mis deseos de verlo nuevamente. Me lamenté mil veces ser tan indecisa. Cada vez que recordaba su sonrisa pícara, el toque de sus dedos en mi piel, su voz, me erizaba de pies a cabeza, había algo en él que me inspiraba confianza a pesar de la forma tan brusca que tuvo conmigo, pero nunca me armé de coraje para ir en su búsqueda de nuevo, no sabía que el destino tenía planeado algo muy diferente para mí.

(...)

Pasó el tiempo y las cosas por casa se mantenían iguales, solo que mi madre ahora andaba con un tipajo que se había mudado con nosotras. No creo que estuvieran enamorados el uno del otro, mi madre era un ser incapaz de amar, eso no era lo que ella buscaba en los hombres. A este tipo lo endulzaba y como me decía de pequeña, le daba lo que él quería, y como premio él le complacía todos los gustos que ella quisiera.

Me pasé los meses restantes de la preparatoria ansiando llegar a los dieciocho para entrar a la universidad y largarme de mi casa finalmente, no soportaba la situación de mi madre y sus parejas. Cuando por fin llegó el momento no lo podía creer, no cabía una gota más de felicidad en mi cuerpo, al fin podía ser libre.

Por esa etapa mi cuerpo había cambiado bastante, había crecido cinco centímetros más, mis caderas eran más anchas, mis senos comenzaban a formarse, su turgencia me fascinaba, al fin podía llenar un sostén sin necesidad de rellenarlos con medias. Mi pelo también había crecido, me llegaba justamente al final de la espalda lo que hacía que mis glúteos resaltaran más.

Cuando caminaba por la calle la mayoría de los hombres me miraban descaradamente, otros me decían groserías, yo sabía que eran personas despreciables y asquerosas y no sé por qué específicamente, pero por alguna razón me recordaban a los novios de mi mamá, iguales de ruines.

Decidí ir a la Universidad más alejada de mi ciudad, no podía estar más cerca de mi casa y los conflictos que encerraban sus paredes. Me fui a estudiar literatura inglesa, era algo que me fascinaba, las personas de esa época, la galantería, la vestimenta, el romance, todo era perfecto, en ocasiones pensaba que había nacido en la época equivocada.

Las clases y pruebas resultaron algo fácil para mí, al gustarme tanto la materia, me la bebía, no me costaba ningún trabajo estudiar, al contrario, era mi hobbie preferido al contrario de las relaciones sociales.

Mis amigos habían quedado atrás, tomamos caminos diferentes, casi no nos veíamos ya, solo nos quedaban las videollamadas y los mensajes de texto y debido a mi timidez, no me relacioné mucho, o, a decir verdad, casi nada, con los muchachos de la uni, la persona más cercana a mí era mi compañera de cuarto, Sara, conspiradora y planificadora de las fiestas que se realizaban.

Sari, como yo le decía cariñosamente, siempre me estaba invitando a sus eventos, pero yo los rechazaba una y otra vez, así me pasé todos los años de la carrera hasta una noche en la que me prometí a mí misma salir de mi burbuja y conocer más personas, socializar más, llevaba cuatro años en esa universidad y no había asistido ni a una sola fiesta de ninguna hermandad, me había decidido a disfrutar de la experiencia universitaria, no podía graduarme sin hacerlo.

Nos dirigimos a un bar que se encontraba cerca del campus universitario y una vez ahí, ella, comenzó a presentarme a sus amistades, que, por cierto, eran bastantes, uno de los chicos se acercó a mí y, sin premeditaciones, me soltó un «eres hermosa» lo miré sorprendida porque no me lo esperaba para nada.

- Llevo tiempo viéndote por los pasillos y pidiéndole a Sara que nos presentara, pero no había forma. ¿Te apetece un trago? -al escucharlo me quedé atónita, nunca pensé que algún chico podría fijarse en mí así sin más, tampoco pensaba mucho en ello, siempre estaba enfrascada en mis estudios.

- Sí, me apetece- le dije mirándole a los ojos, no había visto unos ojos tan oscuros, cualquiera se podía perder en ellos, tampoco pude dejar de notar sus manos, eran grandes pero delicadas a la vez y su pelo crespo le caía en la frente.

Me sirvió un vaso de cerveza y se acercó a mí de forma que me hizo retroceder un poco y quedar pegada a la barra sin dejarme escapatoria. Tomó un mechón de cabello que tenía en el rostro y me lo colocó detrás de la oreja y su mano siguió por la parte posterior de mi oreja, a todo lo largo de mi cuello consiguiendo que sintiera un agradable cosquilleo.

Cuando llegó a mi nuca me agarró firme y comenzó a pegar su boca a la mía. Inmediatamente, mi cerebro comenzó a trabajar de la forma más rápida que conocía ¿qué hago ahora? ¿lo aparto? ¿lo dejo que me bese? ¿derramo el vaso de cerveza y digo que fue accidental?

Estaba aterrada, nunca había besado a ningún chico, no tenía idea ni de cómo hacerlo, quería irme, pero me había prometido que iba a ser más divertida, no quería ser conocida en la uni como la típica chica oruga que solo mira los libros. A este chico ni lo conocía, pero, a la vez, trataba de calmarme pensando en que me había dicho que le gustaba desde hacía un tiempo, tremendo cacao mental que tenía armado.

"Vamos Leana, sé firme, es solo un beso" y salí de mis pensamientos. Cuando volví a la realidad, ya tenía sus labios pegados contra los míos. Sus labios eran suaves pero el beso era bastante fuerte, era un contraste fascinante. A medida que continuaba el beso sentía su mano caer por mi espalda hasta mis trasero, lo apretó con fuerza a la misma vez que mordió mi labio inferior y comencé a sentir algo que presionaba mi pelvis. Con su otra mano, tomó la mía y la llevó hasta el bulto que yo estaba sintiendo.

Mis ojos se abrieron de par en par, si un beso era algo grande para mí, cuál sería mi sorpresa al tocar su miembro. Mi cuerpo se estremeció, sentía un enorme vapor en las mejillas, estaba segura que se habían matizado de un color rojo similar al de mis labios (si es que después de ese beso me quedó algo del pintalabios) pero lo que más me avergonzaba era que en mis entrañas estaba sintiendo algo nuevo, unas palpitaciones que nunca antes había registrado, en el fondo me gustaba lo que el chico estaba haciendo, pegó su boca a mi oído y me susurró:

- Estaba loco por tenerte así conmigo, deseoso de que me tocaras -y cuando me miró, había algo extraño en su mirada, esos ojos negros me miraban como lo hace un cazador a su presa, sentía que podían salir chispas de fuego en cualquier momento y una vez más me asusté, lo aparté con los brazos y me fui sin decir nada ni a él, ni a Sara, solo quería estar sola con mis pensamientos en la oscuridad de mi cuarto y no en la de sus ojos.

Me pasé todo el camino de regreso reprendiéndome por haber abandonado la fiesta de aquella forma, pero es que yo no sabía nada, absolutamente nada del arte de flirteo, mi madre nunca me habló de esos temas y mis amigas eran tan ingenuas como yo, esas conversaciones nunca salieron a flote.

Necesitaba con urgencia hablar del tema con alguien, así que me fijé la meta de salir más con Sari y sus amigas, si ella era así de maja sus amigas tenían que serlo también.

Mientras tanto me acosté en mi cama tratando de recopilar todas las sensaciones que tuve. Lo prohibido, siempre dijo mi mamá que era mejor y resulta ser que le voy a tener que dar la razón. Esa mezcla del miedo que sentí con el placer fue algo exquisito que definitivamente tenía que volver a probar.

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