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La pequeña indomable del CEO obsesivo

La pequeña indomable del CEO obsesivo

Autor: : Nicolle Mercado
Género: Romance
Atenea, una joven de belleza cautivadora, exhibe un rostro inocente que podría confundirse con el de un ángel; sin embargo, no te dejes engañar, ya que tras esa apariencia se oculta el mismísimo diablo en un cuerpo pequeño. Acepta la propuesta de matrimonio de Valentino Rizzo, un empresario de corazón gélido, con la obligación de salvar la casi en bancarrota fábrica de su padre. Cuando la joven rusa pisa suelo italiano, se encuentra de frente con la amante de su futuro esposo. Uno podría pensar que la frágil chica lloraría por el futuro con un prometido que tiene a otra mujer, pero... -¿Eres la mujer de mi prometido, dices? -se quita los lentes de sol, esbozando una gentil sonrisa en sus labios -. Gusto en conocerte, soy Atenea Volkova, la futura esposa de tu hombre. Perdón... nuestro hombre. En contraste, un esposo de corazón frío y firme, que constantemente le manifiesta su desprecio y frente a ella destaca su amor por su amante, queda sorprendido al descubrir un pequeño detalle que lo vincula a él y a su diminuta esposa. El amor surge, se desarrolla, se reproduce, pero en algún momento debe extinguirse, ya que Atenea Volkova no está dispuesta a entregar su corazón a ningún hombre, pues fue una promesa realizada de rodillas frente a una tumba, donde su frágil corazón quedó sepultado de por vida. ¿Podrá surgir un amor verdadero entre un corazón de hielo y otro agrietado y cerrado a los sentimientos del amor?.

Capítulo 1 Propuesta matrimonial

-¿Matrimonio? ¿Casarme? -repite Valentino con incredulidad ante las palabras de su padre-. No hagas ese tipo de bromas, no es gracioso.

Su padre suspira, pellizcando con impaciencia el puente de su nariz. Luego, mira a su hijo, quien mantiene el ceño fruncido, esperando su respuesta.

-No es broma -aclara-. Hoy mismo se envió la propuesta de matrimonio por escrito a los Volkova en Rusia. Te vas a casar.

-¿Estás loco? -su entrecejo se hunde más-. ¿Me has llamado aquí para esta tontería? No me hagas perder el maldito tiempo.

-¡Entiéndelo, Valentino, es necesario que te cases con un Volkova! -estalla, lo que provoca que su hijo se ponga en pie, llevando una mano a su barbilla, para luego mirarlo con reproche.

-¿No te das cuenta de lo que dices? Estamos hablando de boda, papá, no seas ridículo -espeta.

-Solo será por un año, este matrimonio será contractual -su padre también se pone de pie, acercándose a su hijo para colocarle una mano en el hombro-. ¿Podrías hacerlo?.

-No. -aparta la mano de su padre con brusquedad-. No me quiero casar. Y mucho menos con una mujer a la que no conozco y a la que no amo. Olvídalo.

-¿¡Es por esa mujer!? -cuestiona- ¡Ella no está a nuestro nivel social! ¡No puede ayudarnos!.

-No metas a Lirio en esto -se enfurece-. Ella no tiene nada que ver. Pero, ¿sabes? Prefiero casarme con ella. Aunque no tenga lo que estás buscando, la quiero. En vez de tratar de venderme a una loca que ni conozco, busca otra solución.

-¡Pero estamos a punto de colapsar en la fábrica! -se lamenta-. Esa mujer con la que estás no nos sirve en estos momentos. En cambio, si te casas con la hija menor de los Volkova, podremos salir de esta crisis. Solo será por un año, y luego se divorcian. Ese es el acuerdo. En ese lapso estaremos nuevamente al trote.

-¿Quieres que soporte a esa mujer durante un año? No lo creo. No deseo tener a una mujer que voy a despreciar a mi lado. Además, Lirio estará devastada con esto.

-La chica es muy hermosa, hijo -ignora sus palabras-, incluso puedes verla en las revistas para que te des cuenta que no te miento. Ella es perfecta para ti, podrás con esto. Sus padres son unos buenos amigos míos, y están dispuestos a ayudarme. Además, están interesados en el comercio de nuestra fábrica. ¡Es una gran oportunidad!

Valentino cierra los ojos por unos segundos, frotándose las sienes. Su dolor de cabeza aumenta cada vez más por la presión de su padre que sigue sin retractarse de su absurda, pero muy ventajosa decisión.

-No. -espeta.

-Muy tarde, la propuesta de matrimonio ya fue enviada -declara su padre con firmeza-. Solo quería ayudarte a entrar en razón para que vieras el lado bueno de todo esto. Vamos a salir de nuestras deudas, y nuestra fábrica empezará a surgir de nuevo.

-¿Has estado haciendo eso sin mi consentimiento? -lo mira con furia-. Será mejor que lo canceles.

-Demasiado tarde para eso -masculla-. La hija menor de los Volkova estará aquí dentro de dos días. Será mejor que te comportes con ella; es una figura importante, más que esa mujer insípida que tienes a tu lado.

Con eso, finaliza, dejando a su hijo en el recibidor con las manos hechas dos puños por la furia que estaba sintiendo por dentro.

Lo último que pensaba hacer era "comportarse" con esa mujer como su padre le indicó. Él no quería casarse, y si se ve obligado a hacerlo, no dudará en hacer la vida de la niña rica un infierno.

**En Rusia. Mansión Volkova**

-¿Nos estás escuchando, Atenea? -cuestiona su madre con voz severa, mientras la chica mira sus uñas con un rostro de aburrimiento.

-Ni de broma -responde por fin-. ¿Ahora puedo subir a mi recámara? Tengo mucho sueño.

-¡Atenea Volkova! -se enfurece su madre-. ¡Compórtate por primera vez en tu vida! ¡Esto es algo serio!.

Los gritos de su madre lo único que causan en la joven es... ¿Fastidio y flojera? Sí, justo eso. Pone los ojos en blanco y nuevamente finge escuchar a su madre, mientras su padre permanece inquieto.

-Cálmate, cariño -la alienta el hombre, mientras que la mujer está roja de la furia.

-¿¡No ves a tu hija!? ¡Sigue de malcriada! -se queja-. ¡Eso es porque la consientes mucho!.

-Ay mamá, por favor, deja la paranoia -hace una mueca-. ¿Por qué mejor no sigues con tu sermón para que así ya me pueda ir?.

-Bien -respira, volviendo a mantener la calma-. En dos días estarás en Italia. Te vas a casar con el hijo de Clodan Rizzo. Solo es un contrato de un año, luego de eso se divorcian.

-Ajá -suspira-. Ya me dijiste el chiste, ahora prosigue con lo importante que tienes que decirme.

-¡Atenea! -vuelve a estallar, haciendo parpadear a la chica. Reprime una sonrisa divertida, pero luego al ver a su padre, quien se pone serio, se retracta.

-Hija, tu madre habla en serio -agrega su padre, con un tono más calmado y dulce-. Justo nos llegó la propuesta de matrimonio por escrito de Valentino Rizzo. Es un matrimonio político, donde ambas familias se verán beneficiadas. Nosotros ayudaremos a recuperar su fábrica que está a punto de colapsar, y ellos nos brindan el apoyo comercial para poder distribuir nuestros productos desde Italia.

-¿Quieres decir que yo tengo que ser el puente de los Rizzo y al mismo tiempo el de ustedes para beneficios económicos? -alza una ceja, obviamente en total desacuerdo-. ¡No quiero estar casada con un bastardo que no conozco!.

-Solo será por un tiempo determinado -continúa su padre-. También es una oportunidad para ti, para que por fin sientes cabeza. Además, le debo mucho a los Rizzo, ellos también me brindaron su apoyo en su momento.

-Atenea -su madre también le habla-, ¿piensas pasarte toda la vida de fiesta en fiesta y gastando dinero?.

-Estamos podridos en ello -se encoge de hombros.

-Ese no es el punto. Tienes que comportarte como tal. Solo te la pasas de escándalo en escándalo y haciendo travesuras.

-¿Yo? -abre sus ojos de par en par, ofendida.

-¿Y lo del incendio en la casa del presidente?.

-Ese viejo quería tocarme.

-¿Y el video que subiste a las redes sociales de tu ex con tres mujeres casadas en su cama?.

-Por patán.

-¿Y la golpiza que le diste al novio de tu mejor amiga?.

-Le puso los cuernos.

-¿Y el día que tuvimos que irte a buscar a la comisaría por robo de alcohol en un bar de mala muerte?.

-El dueño quería verme las tetas. Se lo merecía.

-¿Los dos hombres que compraste en una subasta?.

-Estaban bien guapos.

-Y muchas más que ahora no quiero mencionar. ¿Te parece poco? Es hora de que te formalices y te comportes como una señorita decente.

-Lo de señorita lo dudo, porque hace rato...

-Sin detalles -le corta-. El punto es que no tienes opción. O tomas este matrimonio y reflexionas, o me veré obligada a encerrarte en un convento para que te eduquen como se debe.

-Prefiero el convento.

-¡Suficiente!-suspira con frustración -. Atenea, no está en discusión. La propuesta ya está en nuestras manos, y ya está firmada. Estás en edad de casarte, así que no se discute más del asunto.

-¿Edad de casarme a los veinte? -la mira expectante -¿Acaso te casaste con papá a los quince?.

-No puedo con esto -se lamenta la mujer -. Bernardo, dile algo a esa niña.

-¡Ya estoy en casa, familia! -las puertas del estudio se abren de golpe, revelando la entrada triunfal de la hija mayor de los Volkova.

-¿Dónde quedaron tus modales? -su madre la mira con el ceño fruncido.

-¿Qué pasa? ¿Comieron limón? Tienen unas caras que ni para qué les digo. -toma asiento al lado de su hermana menor- ¿Qué les hiciste esta vez, Atenea?

-Quieren casarme con un loco. -masculla la chica.

Cayetana mira a su hermana por unos segundos antes de soltar una estruendosa carcajada. Sus padres la observan cansados de lidiar con la misma situación.

-Dejen de bromear así, ya estoy grande para eso. -termina de limpiar una lágrima que salió por el rabillo de su ojo de tanto reírse.

-No es broma. -aclara su padre.

-¿En serio, Ate? -voltea a ver a su hermana con cara de sorpresa- ¿Quién es ese pobre hombre? Vamos papá, mamá, no le hagan ese daño a un hijo ajeno, ¿qué mal les ha hecho? Debe ser grave.

-Habla la que se quiere follar a uno de sus empleados. -espeta la chica con los ojos entrecerrados.

-¿Cómo? -sus padres reaccionan ante la confesión.

-¡No le crean! -chilla roja de vergüenza- ¡Saben que es una problemática y no quiere aceptar su responsabilidad!

-¿Responsabilidad? ¿Por qué diablos tengo que aguantar a un tipo que quién sabe si lo tiene chiquito? -cuestiona con los brazos cruzados- Es lo peor que me podría pasar en toda mi vida.

Sus padres y hermana se quedan con la boca abierta, mirándola fijamente por sus tan descabelladas palabras. Pensaban que le preocuparía el tipo de hombre, o que estaría en un matrimonio por un año que le impediría hacer muchas cosas un poco descontroladas que ella frecuenta hacer, pero... ¿el tamaño de la longitud es lo que le preocupa en un momento como ese? Debe faltarle un tornillo para solo pensar en eso.

-¿Qué? -ella los mira a todos con cara de inocencia.

-No lo puedo creer -su madre se tapa el rostro con una mano.

-Esto es una mala idea -su hermana aparta la cara.

-Tienes que ir a un psicólogo, hija -agrega su padre.

-No me miren así, ni crean que voy a tocar la cama de ese tipo para luego dudar de mi propia existencia si lo que digo es verdad -hace un mohín de manera despreocupada- ¿Y qué tal si termina siendo virgen?.

-¡Atenea! -todos la gritan al unísono, logrando que la chica se encoja en su asiento refunfuñando.

Atenea Volkova, el pequeño diablillo de la familia Volkov. Una joven de veinte años, mimada y caprichosa. Siempre obtiene lo que quiere y no se somete a ningún tipo de reglas, ya que ella misma crea las suyas.

¿Qué pasará cuando conozca a su futuro esposo? No lo sabe, pero lo que sí sabe es que no le importa. Aparenta seguir las reglas establecidas, pero si te descuidas, podría ponerte una correa en el cuello y tenerte a su merced bajo sus tacones de niña rica.

Cuidado, no confíes en el ángel.

***

-¿Qué me estás diciendo? -los ojos de la castaña se abren sorpresivamente ante las palabras de su amado- ¿Te vas a casar y me lo dices como si nada?.

-Escúchame, Lirio -la sujeta de los hombros, mirándola a los ojos- esta fue la decisión de mi padre para salvar la fábrica, solo será por un año.

Ella sacude la cabeza, negándose a aceptarlo. Ha pasado un año desde que Lirio ha estado junto a Valentino, brindándole apoyo tras la pérdida de su madre. Ha soportado mucho para que ahora la releguen a un segundo plano. Lirio pensaba que sería ella quien llegaría al altar en un vestido de novia para ser su esposa, pero la propuesta nunca llegó por parte de él.

-No lo acepto, Valentino -sus lágrimas se deslizan por sus mejillas, una táctica que siempre funciona con él- ¿Qué hay de nosotros? ¿Ya no me quieres?.

-Claro que te quiero -le seca las lágrimas que humedecen sus mejillas-. Pero, Lirio, es algo que tengo que hacer. Mi padre ha tomado la decisión, y la propuesta ya ha sido enviada. Necesito que lo entiendas.

-¿Qué quieres que entienda? -se aleja de él abruptamente- ¿Que te vas a casar con otra? ¿Que vas a pasar un año entero a su lado mientras que yo tengo que esperar como tonta?.

-Te juro que no la tocaré -promete, acercándose de nuevo. Ella le da la espalda sin dejar de llorar-. Lirio, por favor, cuando el plazo termine, ella y yo nos vamos a divorciar -se acerca por su espalda y la abraza-. Luego te daré ese lugar a ti, como mi esposa.

-¿Lo dices en serio? -gimotea, con voz dulce y frágil- Tienes que prometerlo.

-Te lo prometo -asegura, dejando un beso en su mejilla-. Solo espérame, Lirio.

Capítulo 2 Su otra mujer

Atenea suspiró aburrida ante las recomendaciones de sus padres mientras la despedían en el aeropuerto. Le recordaron la importancia de ser educada, evitar la grosería y mantener la compostura propia de una Volkova.

-Ate -su hermana se acercó disimuladamente para susurrarle algo al oído -metí todos tus juguetes favoritos y algunos preservativos, por si acaso -le dijo -si tu esposo no cumple, me llamas; allá tengo muchos amigos italianos, ¿de acuerdo?

-¡Eres la mejor, hermana! -la abrazó disimulando mientras sus padres las miraban con recelo -¿Las correas también están ahí? -le preguntó en un susurro.

-Por supuesto -se separó sonriente -todas tus prendas favoritas también.

-No se hagan las tontas, sé de qué están hablando -interrumpió su madre -Ya te lo dije, Atenea, debes...

-Sí, mamá, ya te escuché -rodó los ojos -ser educada, no armar escándalos y toda esa tontería de ser una noble respetable.

-Escucha a tu madre, Ate -su padre se acercó y la abrazó -Cuídate y, por favor, te lo ruego, compórtate con los Rizzo. Vas a sobrevivir.

-Oh, por supuesto que sí -asintió como niña buena -no se preocupen, haré lo mejor que pueda para llevarme bien con mi futuro esposo.

Los escoltas comienzan a cargar su numeroso equipaje en el avión privado, reflejo del estatus de princesa millonaria que ostenta. Está lista para embarcarse en su nuevo viaje lleno de aventuras, o como ella lo llama, "maldades".

Antes de abordar, se despide con un último abrazo de sus padres y su hermana. Sin embargo, un chillido familiar resuena a lo lejos, deteniéndola en seco.

-¡Ate! -un grito agitado la hace voltear, y una chica corriendo en finos tacones la deja asombrada -¡Espera, Ate!.

-¿¡Leyla!? -se frota los ojos incrédula -¿¡Eres realmente tú!?.

La chica de cabello corto y liso detiene su carrera en tacones, quedándose de pie frente a Atenea, quien la observa como si fuera un ser de otro planeta invadiendo su tranquilo espacio.

-¿Pensabas dejarme aquí? -cuestiona, recuperando el aliento mientras dos hombres llegan detrás con su equipaje -. Si vas al infierno, yo... maldición, espera, tomo un poco más de aire -se abanica con la mano antes de continuar -. Si vas al infierno, yo voy contigo -concluye finalmente.

Atenea se lanza sobre ella, abrazándola mientras besa su rostro, arruinando un poco su perfecto maquillaje.

-¡Eres todo lo que está bien, Layla! -chilla de alegría -¿Tus padres te dejaron venir conmigo? Pensé que tendría que soportar todo esto sola.

-Tuve que usar mis artimañas durante dos días -le guiña un ojo -no voy a dejar escapar la oportunidad de conocer a esos ricos italianos.

-Te has comido a más de uno aparte de tu asqueroso novio.

-Ex novio -le corrige orgullosa.

-En hora buena.

-Ejem -su padre se aclara la garganta -seguimos aquí.

-Layla, muchas gracias por estar siempre con mi hija -dice la mujer, tomando sus manos -cuida de ella, y hazla entrar en razón, por favor.

-No se preocupe, señora, haré todo lo que esté en mis manos.

-No hay quien te crea eso -masculla Cayetana -ambas son iguales, mamá, no le creas.

Después de una breve discusión sobre quién era mejor y quién peor, Atenea y su amiga se embarcaron en el avión rumbo a Roma. Ambas son inseparables desde la infancia; estudiaron juntas y sus padres son buenos amigos.

Aunque Layla es dos años mayor que Atenea, comparten el mismo temperamento alocado y despreocupado, típico de niñas mimadas.

***

El vuelo apenas tardó tres horas y media en llegar a su destino. Atenea desciende del avión, tomada del brazo de su amiga, acomodándose los lentes de sol mientras esta sonríe ampliamente.

-Benvenuta, principessa -le dice Layla emocionada -¿Qué te parece? ¿No es hermoso?.

-Qué exagerada eres; hemos venido más de una vez a Roma -musita mientras avanzan. Se detienen al ver un auto estacionado justo en frente de ellas, con varios hombres esperando.

-¿Y estos quiénes son? -pregunta su amiga.

-No tengo idea -responde ella.

-Señoritas -un hombre de más edad se acerca -. Me presento, soy Martín, mayordomo de los Rizzo; he venido para recibirlas.

-Oh, mucho gusto, soy Layla, la mejor amiga de la novia -se presenta la pelirroja, tendiendo su mano, la cual el hombre recibe con cortesía.

-Y yo soy Atenea Volkova -tiende su mano derecha; el hombre la recibe dándole un beso en el dorso.

-Lamento decirle que el señor no pudo venir a recibirla personalmente ya que se encuentra atendiendo asuntos importantes -informa, desconcertando a Atenea.

-¿Disculpe? No entiendo; yo no espero a nadie -aclara, dejando al hombre ofuscado.

-Eh... me refiero a su prometido, señorita; no pudo venir a recibirla -repite. Atenea intercambia miradas con su amiga antes de centrarse nuevamente en Martín.

-Le repito, no espero la bienvenida de mi prometido, ni siquiera recuerdo su nombre -contesta determinadamente -. Le agradezco su amabilidad; mis hombres se harán cargo de nuestro equipaje.

-Como guste.

Del avión descienden los escoltas de Atenea, cada uno llevando una maleta, otros cargando los bolsos de ambas. Finalmente, baja una mujer de edad similar a Martín, la sirvienta personal de Atenea.

Todos ingresan en diferentes autos que, al cabo de unos minutos, se ponen en marcha. Atenea se siente un poco ansiosa por este cambio tan drástico en su vida con el matrimonio. Aunque no se opuso, considerándolo un beneficio familiar y político, necesitaba explorar nuevos rumbos sin preocuparse por eventualmente regresar al mismo lugar.

Solo tiene una cosa clara: no piensa enredarse con quien sea que vaya a ser su esposo. Cumplirá con su deber, que obviamente está fuera de la cama de ese hombre, y luego, una vez transcurrido el tiempo necesario, regresará por su antiguo sendero.

-Llegamos, señoritas -avisa el chófer, aparcando frente a una mansión. Aunque un tanto anticuada para el gusto de las rusas, no pierde su toque elegante y de clase.

-Vaya -Layla baja del auto, barriendo el lugar con la mirada -es mejor de lo que imaginé, ¿verdad, Ate?.

-Sí -responde con simpleza -estoy cansada, necesito una cama urgentemente o moriré.

-Su habitación ya ha sido preparada, señorita Atenea -informa Martín, pero luego mira apenado a Layla -en cuanto a usted... pues no sabíamos que habría otra invitada.

-Oh, no, tranquilo. Por mí no se preocupen, quedé en la casa de un amigo -gesticula sacudiendo la cabeza, recibiendo una mirada fulminante de su amiga.

-¿Casa de un amigo? ¿Quiere decir que viniste por él y no por mí? -cuestiona Atenea cruzada de brazos.

-Vamos, Ate, sabes que es por ti, pero tenía que solucionar un lugar donde quedarme.

-Supongamos que te creo por esta vez.

Ambas avanzan por el largo sendero rodeado de flores, seguidas por los hombres que traen sus equipajes. El jardín principal es bastante grande, con una fuente enorme y grandes pinos decorando los alrededores. La mirada de Atenea se fija en la puerta principal cuando se abre, quedándose parada frente a una mujer castaña de ojos marrones con un porte de señora de la casa.

Layla enarcó una ceja al verla, reconociendo por su rostro soberbio que no eran bienvenidas. En cambio, la reacción de Atenea fue neutral, con su rostro sin expresión alguna y aún con las gafas de sol cubriendo sus ojos.

-Bienvenidas -dice la castaña con una dulce sonrisa -. Yo soy Lirio.

-¿Lirio? -pronuncia Atenea con su acento ruso -¿Eres alguna sirvienta? Si es así, ¿podrías ayudarme con un té de manzanilla? Mi cabeza quiere explotar.

-Atenea -su amiga le da un codazo disimulado.

-No soy ninguna empleada de esta mansión -responde, apretando un poco su mandíbula por la falta de respeto que no fue intencional -. Soy Lirio Moretti, la mujer de Valentino.

Todos se quedaron boquiabiertos ante tal atrevimiento de parte de la castaña. Layla con cara de: "¿Qué dijo esta loca?" mientras los subordinados presentes se susurraban cosas unos a otros.

¿La primera humillación para Atenea, recién llegada como la prometida de Valentino? Quizás fue lo que todos pensaron en ese momento.

Por otra parte, Atenea da varios pasos al frente, haciendo resonar sus finos tacones como toda una elegante dama. Queda frente a frente ante la mujer, quien no se inmuta para nada y baja su barbilla con dignidad.

-¿Eres la mujer de mi prometido, dices? -se quita los lentes de sol, dibujando una gentil sonrisa en sus labios -. Gusto en conocerte, soy Atenea Volkova, la futura esposa de tu hombre. Perdón... nuestro hombre.

En lugar de tender su mano para un saludo, Atenea simplemente se mantuvo erguida, acariciando sus finos lentes de sol entre sus dedos, observando la no muy grata reacción de Lirio.

Una sonrisa, ausente durante todo el viaje, se reestableció en su rostro al encontrarse con semejante sorpresa. La amante de su futuro marido.

-Ah, y perdona, ¿Cómo era que se llamaba mi prometido? -pregunta con una mirada inocente -es que, fíjate que ni siquiera tuve tiempo de guardar su nombre. El viaje estuvo un poco caluroso.

-Valentino Rizzo -le responde la castaña con una leve sonrisa forzada -así se llama. Y pido disculpas en su nombre, me pidió que te atendiera en su lugar, no tuvo tiempo tampoco.

-Oh, ¿Es así? -la mira de pies a cabeza -¿Eres de alguna familia noble?.

-¿Perdón?.

-Es que no me lo pareces, además, en vez de ser su mujer, pareces su secretaria, no creo que sea justo para ti, supongo que mi futuro esposo es muy poco considerado -musita, acercándose un poco más a ella -. Lamento que tengas que hacer esto, entiendo que quizás te sientas triste porque seré su nueva mujer, ¿Pero qué crees? Me gusta compartir.

-Señorita Volkova, lamento este inconveniente -Martín se apresura en intervenir un poco nervioso -. La señorita Lirio es...

-Sí, sí, ya lo dijo -le corta -. La mujer de mi prometido, lo ha dejado claro. Pero dígame, ¿Acaso ella vive aquí también?.

-Eh...

-Así es -contesta Lirio firmemente -Valentino me ha permitido vivir aquí como su novia, así que...

-Era todo lo que quería saber -levanta una mano haciéndola callar -. Por favor, Martín, trasmita este mensaje a mi prometido donde sea que esté. O esta mujer sale de esta mansión, o se anula el contrato. Puedo permitir que tenga todas las amantes que desee, pero rebajar mi círculo social teniéndola bajo el mismo techo que yo, eso sí que no. Así que por favor, hágaselo saber.

-¿Qué dijiste? -reacciona Lirio desconcertada -¿Quién te crees que eres? Apenas llegas y quieres dar órdenes que no te corresponden.

-Mi vida -se voltea hacia ella con una dulce sonrisa -. Ubícate, por favor. Ahora seré la señora de esta casa y tú solo quedarás en segundo plano. Seré su esposa, y si tanto te molesta, cancelo el contrato y verás cómo le consigues salvar la fábrica a tu pobre hombre, ¿Qué te parece? No tengo ningún inconveniente con eso.

-Por favor, señorita Atenea -Martín interviene de nuevo -esto es solo un malentendido, vamos a calmarnos. El señor seguramente vendrá en cualquier momento.

-Estoy calmada, Martín -suspira, irritada por la situación -solo quiero que las cosas estén claras aquí. No me gusta que me saquen las uñas si no van a soportar una mordida.

-Eh... amiga -Layla se engancha de su brazo guiándola un poco lejos de los presentes -. ¿Por qué mejor no conocemos tu habitación y hablamos un rato de esto? Necesitamos una charla urgente.

-Las habitaciones están por aquí -indica una de las sirvientas -por favor, síganme.

-Claro -asiente Layla, encaminándose con Atenea, quien le guiña un ojo a Lirio antes de subir las escaleras, siguiendo a la sirvienta.

Lirio apretó sus puños, llegando al punto en que las uñas se incrustaron en su piel. Se presentó para recibir a la prometida de Valentino, siguiendo sus indicaciones, ya que él quería dejarle claro a la que sería su esposa que él ya tenía a otra mujer.

Pero los planes no salieron como esperaban. Primeramente, Atenea no mostró disgusto por tal hecho, sino que simplemente le molestó la idea de tener que compartir techo con la amante, siendo ella una dama respetada como para que la quisieran humillar así. ¿Qué dirán los demás? Eso era lo que realmente importaba.

Aunque a Atenea le importaba poco el qué dirán de los demás, ya que, estando aún en Rusia, hacía y deshacía como se le daba la gana. Pero llegar al límite de compartir el techo con una amante que pretendía ser la señora de la casa era otro asunto que ella no iba a tolerar.

Capítulo 3 Ocupa tu lugar

-Definitivamente nos vamos a largar de regreso, Atenea -su amiga la mira mientras los hombres colocan el equipaje en la habitación- ¿Quieres seguir con esto? Mira a esa mujer de hace un momento, ¿Es su mujer? Por el amor de Dios.

-Vamos, Layla, me duele la cabeza -se queja haciendo una mueca- ¿Qué más puedo hacer? El contrato entre las familias ya se ha firmado. Solo quiero poner fin a todo este tormento de una vez por todas.

-¿Vas a soportar a esa mujer de hace un momento? Estoy segura de que ese tal Valentín o Valentino, como se llame, está haciendo todo esto a propósito.

-Me tiene sin cuidado -se encoge de hombros.

-¿Por qué lo tomas tan fácil? ¿No te importa en absoluto que tenga otra mujer?.

-Oye, ¿Por qué debería importarme un completo extraño? Eso no es asunto mío; ella seguramente fue su novia antes de que yo llegara -se frota las sienes con frustración-. Además, es mejor para mí que haya otra mujer para que le caliente la cama, porque por mi parte no recibirá ese tipo de atención.

-No me digas que te vas a quedar sin hacerlo durante todo un año, eso ya es extremo.

-Siempre tengo mis recursos, y lo sabes.

-Bien, dejemos esta conversación hasta aquí; siento mucho coraje ahora mismo -rebusca el teléfono que vibra en el interior de su bolso-. Es hora de que me vaya, Ate; hablamos en la noche. Tengo que instalarme.

-No olvides enviarme la dirección del lugar -la despide con un beso en la mejilla-. Usa protección.

-Lo haré.

Atenea suelta un suspiro cansado al quedarse sola en el pasillo, observando la espalda de su amiga mientras se marcha. Los escoltas terminan de subir el equipaje y luego son guiados por unas sirvientas al lugar donde deben hospedarse. Al entrar a su habitación, encuentra a su sirvienta personal, o más bien, su niñera, desempacando algunas cosas.

-Deberías dejarlo así, nana; las otras criadas se encargarán de ese trabajo -le dice, dejándose caer de espaldas en la cama-. Tómate un descanso por hoy.

-Estaba por prepararte un baño, te ves bastante cansada -responde, sentándose a su lado- ¿Te encuentras bien?.

Atenea cierra los ojos asintiendo con la cabeza.

-Mejor que nunca.

-No fue una muy grata bienvenida lo de hace un momento. ¿Tus padres saben de esto?.

-No lo sé... pero no importa de todos modos, esto es un asunto de papel y tinta, nana; no hay algo personal de por medio, no te preocupes.

-Si lo dices así... pues supongo que está bien.

-¿Ya te indicaron dónde te vas a quedar?.

-Sí, en la primera planta de abajo.

-Entonces ve y toma un descanso, quiero estar sola por un momento.

-Avísame si necesitas algo.

-Está bien.

La puerta se vuelve a cerrar cuando la niñera sale. Ella se desploma por completo en la cama, dispuesta a conciliar el sueño tras el incómodo viaje que tuvo. Pero justo cuando pensaba que tendría un poco de calma, la puerta se abre abruptamente de un golpe seco, causando que Atenea se revuelva en la cama asustada.

-¿Qué demonios...? -se incorpora quedándose de piedra al ver a una figura masculina parada frente a ella-. ¿Y quién rayos eres tú? ¿No sabes tocar a la puerta?.

-¿Qué? -el hombre reacciona desconcertado-. ¿Esa es tu manera de hablarme?.

-¿Perdón? -enarca una ceja-. ¿Quién demonios eres? Sal de mi habitación ahora mismo.

-¿Quién te crees que eres? -frunce el ceño severamente, dándole una mirada fría-. Esperaba más de la prometida que me enviaron.

-Espera -parpadea, analizando la situación-. ¿Eres mi prometido?.

-Desafortunadamente.

-Joder.

-¿Cómo?.

Atenea guarda silencio durante unos minutos, observando al hombre frente a ella. Lo escruta sin ningún indicio de pudor, desplazando sus ojos primero hacia su entrepierna. Enarca una ceja al notar el bulto que se refleja en el pantalón. Luego, su mirada se dirige a su rostro: ojos verdes, cabello rubio, tez clara, mandíbula cuadrada y una condición física perfecta.

Todo en él parece estar bien. Se imaginaba que casarse con un hombre poco agraciado sería un mayor disgusto, pero este es justo su tipo. A pesar de ello, no cumple con sus altos estándares.

¿Pero qué es esa mirada asesina que le lanza? Apenas se conocen y así es como la trata.

-Soy Atenea Volkova -se levanta de la cama, quedando frente a él como una pequeña muñeca frágil ante un gran ogro-, tu prometida. Mucho gusto.

Él la mira por un breve momento, pensando que quizás sería un poco más madura, pero simplemente se ve como una niña mimada delante de sus ojos.

Analiza un momento su aspecto, no está nada mal. Pelinegra, ojos grises, con un cuerpo de buena figura como si pusiera mucho empeño en cuidarlo. Una boquita rosada y pequeña, su mirada aparenta ser dulce, como la de una niña inocente, pero en el fondo se nota lo peligrosa que puede ser. Su piel blanca está bastante cuidada, es prácticamente una muñeca perfecta. Pero está fuera de su gusto.

-Valentino Rizzo -se presenta por fin-. Será mejor que dejemos las cosas claras en este preciso momento.

-Adelante -frunce los labios, restando importancia.

-No quiero que te acerques a Lirio -sentencia, con voz dura y tosca-. Este será un matrimonio simplemente de tinta y papel, así que mantente lejos de ella. Es la mujer que quiero, que te quede claro.

Atenea intentó contener una risa burlona, pero no pudo evitar soltar una carcajada, endureciendo aún más el rostro de Valentino.

-¿Qué es tan gracioso?.

-¿Tú qué crees? Este papel de imbécil que estás haciendo justo ahora -responde, tratando de contenerse nuevamente-. Veamos. Nos acabamos de conocer, yo no sé quién diablos eres, y tú tampoco sabes quién soy yo. ¿Y ahora me pides que no me meta con tu amante como si yo fuera una mujer celosa? De verdad, no sabía que a los italianos les gustaba hacer tanto el ridículo. Primero la flor marchita diciéndome que es tu mujer, actuando como una secretaria sin sueldo, y ahora tú con amenazas vacías como si me importara tu patética vida.

-Cuida tus palabras -espeta-. Si te digo todo esto es para que lo tengas claro; Lirio me ha contado todo lo que pasó y lo que le dijiste apenas pusiste un pie aquí.

-No dije nada que no fuera verdad.

-¿Piensas amenazarme para que la eche? Ella estuvo primero aquí que tú.

-Y no te lo discuto -suspira, toma asiento en la cama de nuevo-. No estoy en contra de que tengas tu romance estúpido con ella, pero que viva bajo el mismo techo que yo, pues claro que no. Búscale un nido para que caliente tus huevos.

-¡Eres una insolente! -estalla, lleno de cólera-. No te voy a permitir que te metas con ella; solo serás mi esposa de papel, así que no tienes ningún derecho.

-Vamos, deja este discurso aburrido -pone los ojos en blanco-, al igual que tú, no estuve de acuerdo con esto, no me gustan los amarres, y menos con tipos amargados como tú, así que deja de ponerte en plan de víctima. Si estoy aquí es para salvar la fábrica de tu padre. Deja la lloradera, por favor.

-¿Cómo te atreves? -la toma de la muñeca, poniéndola de pie bruscamente- ¿Quién te has creído para hablarme de ese modo?.

-Si no quieres que te patee las bolas, suéltame de una buena vez -sentencia-. No pienses que, por el simple hecho de que vaya a ser tu esposa, vas siquiera a pensar en controlarme. Aterriza, Rizzo.

-Será mejor que te ubiques -la suelta sin una pizca de gentileza-. No esperes un trato amable de mi parte, porque no lo tendrás.

Dicho eso, se gira en su eje y sale de la habitación, estrellando la puerta. Atenea toma un respiro profundo y vuelve a recostarse en la cama, pensando en qué hacer con ese tipo que al parecer se alimenta de alacranes.

Amenazarla para que no se acerque a su amante. Algo realmente ridículo que más bien le causó diversión. No pudo ser más absurda esa sentencia.

Atenea esperaba muchas cosas de ese matrimonio que fue programado de improviso, pero resultó ser más divertido de lo que pensaba. Ya era hora de empezar con el desastre Volkova.

***

Valentino daba vueltas en su estudio, bastante furioso después de un enfrentamiento con la que ahora será su esposa. No le agradaba la idea de compartir su vida con ella, y mucho menos que fuera tan altanera, tratando de tener el control de todo.

En ese mismo instante, Lirio se asoma a la puerta, y él la hace pasar sin quitar ese rostro endiablado que lleva.

-¿Qué ha pasado? -le pregunta ella, colocando una cara lastimera- ¿Ya la conociste? Debió ser desagradable para ti, es una chica bastante grosera.

-¡Es una insolente! -explota, casi al borde de la locura- ¿Cómo se atreve...?.

-¿Qué te ha dicho? -se acerca y se pega a su brazo.

-Nada -suelta su agarre y se dirige a su escritorio para servirse un trago de licor-. Hoy mismo, muévete a tu antiguo apartamento.

-¿Qué? -se crispa- ¿Me vas a echar por culpa de esa mujer?.

-No discutas, Lirio, ya tengo suficiente con ella -peina su cabello bastante estresado-. Haz lo que te digo; ya te dije que es solo por un año mientras se cumple el plazo. Iré a visitarte de vez en cuando; además, nos vemos a diario en la fábrica.

-Pero, Valentino...-sus ojos se humedecen de nuevo- ¿Vas a caer en sus amenazas? Solo quiere deshacerse de mí, no se lo permitas...

Valentino proyecta en su cabeza las palabras dichas hace un momento por Atenea sobre su total desinterés en Lirio. Es obvio que sabe a lo que ha venido y no le importa en lo absoluto que él tenga una relación, así que concluye que las palabras de Lirio no tienen sentido. Una mujer no puede estar en contra de otra cuando no muestra interés en su hombre.

-Pídele a los sirvientes que te ayuden a empacar -finaliza, poniéndose de pie y dirigiéndose hacia ella-. Trata de que esto sea más fácil para ambos; tengo que pensar en salvar la fábrica, ¿de acuerdo?

-Valentino...-gimotea.

-Vuelve y empaca -le deja un beso en la frente-. Tengo asuntos que atender ahora.

Le da la espalda, regresando a su escritorio y volviendo a servirse otro trago. La mujer aprieta sus puños, conteniendo la impotencia que le causa ser echada así, simplemente por una aparecida que lo único que brindará es ayuda económica, mientras que ella es la mujer que Valentino "quiere".

Sale del estudio hecha una furia por la situación actual. ¿Cómo es que las cosas pueden cambiar tan rápido de la noche a la mañana? Antes era la única que podía estar al lado de Valentino. No tenían una relación estable como tal, pero él siempre era atento y cariñoso con ella.

Prácticamente ya eran una pareja. Pero algo la mantiene inquieta, y es que Valentino siempre la ha visto como ese apoyo emocional que tuvo en un tiempo cuando perdió a su madre. ¿Y si se acaba el afecto y él llega a enamorarse de su nueva esposa?.

Es un riesgo que corre, ya que Atenea es mucho más joven y agraciada que ella. Además, el padre de Valentino no está de acuerdo con su relación, por lo que las cosas siempre le han resultado difíciles en ese aspecto.

La única solución para Lirio para mantener su lugar al lado de Valentino será mantenerse en el papel de víctima, siendo lastimada de alguna forma por la esposa celosa.

-Valentino es mío, solo mío, ya lo verás -murmura dirigiéndose hacia su habitación para empacar.

Ahora, su papel de "señora de la casa" será ocupado por esa chiquilla, y esa chiquilla será la perdición de ambos.

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