****Jenny****
Tras un medio día agotador en la universidad regreso a casa, encontrando a mi amiga muerta de risa en la recámara. Al entrar, la contemplo de pie, frente al espejo, vestida de policía, al parecer.
- ¿Qué haces con eso puesto? Se adelantó Halloween - le digo.
-Es mi disfraz para la fiesta de esta noche. Dijiste que iríamos. -responde casi ahogándose. -Deberías ver el tuyo.
- ¿De qué hablas? No mencionaste ningún disfraz.
-Sí, creo que se me paso ese detalle.
-¿Se te pasó? - me cruzo de brazos.
-Pero el disfraz que te han enviado es más decente y más sexy-camina hasta la caja que hay sobre la cama para que yo misma lo contemple. Aparto los papeles y tomo entre sus manos una túnica semi trasparente.
- ¿Qué se supone que es esto? -interrogo asombrada.
-El disfraz de Cleopatra.
Amelia apenas puede hablar por las carcajadas incontrolables.
- ¿Piensas que voy a usar esto? Dile a tu amigo Carlos que se vaya a la mierda y que no somos ningunas exhibicionistas. -Suelto el vestido en la caja-Si tú quieres ir, eres libre de hacerlo, yo no voy a mostrar el trasero. -coloco la tapa de la caja y dejo la habitación.}
La risa de Amelia cesa y me sigue hasta la cocina.
-No creí que te molestara tanto emplear un disfraz -expresa mi amiga-, yo lo tomé con gracia. -se da una vuelta tambaleando con esas botas negras de taco alto.
-Por lo menos a ti no se te ve el trasero -manifiesto sirviéndome un vaso de agua.
-si quieres utilizar el mío no hay problema. A ti te quedaría mucho mejor, no te imaginas todo lo que sufrí para entrar en esta blusa ceñida, ¡Con este cuerpazo! -Se palmea el abdomen - ¿Qué dices? ¿Intercambiamos? No sabes cuánto he deseado ser Cleopatra. Y por una noche tener los ojos de todos los hombres puestos en este cuerpito caribeño.
-Suena tentador, pero ni tú ni yo usaremos esto. Si quiere que vayamos a la fiesta iremos a nuestra manera y si le gusta bien, si no, que se meta su invitación por donde no le entra el sol -respondo molesta.
-Uy, que geniecillo el tuyo ¿Tuviste un mal día en la universidad?
-El peor, el maldito maestro de álgebra me hace la vida de cuadros.
-Nadie dijo que sería fácil estudiar Ingeniería de Sistemas e Informática.
-Ni me lo recuerdes.
-¿Bueno, siempre te quedas con mi disfraz o qué?
-Iremos a alquilar uno, conozco una tienda aquí cerca, aún no es temporada, peor supongo que la señora podría hacer una excepción.
-Como gustes.
-Ve a quitarte eso que salimos en diez minutos -advierto caminando al baño.
Por supuesto que no pensaba en las consecuencias que traería consigo esa osada idea.
De inmediato salimos a la tienda y en un par de horas después encontramos algo adecuado; una pirata y una gitana.
-No es por nada. Pero estos no son nada elegantes, si lo que quieres es que todo te miren, lo vas a conseguir -susurra Amelia.
-A mí me gustan y por el precio elevado de alquiler yo diría que están muy a nivel con los disfraces dizque finos de la fiesta.
-A lo que me refiero es que son muy anti sexis, demasiado cubiertos. Es como si llevara un cartel que dijera, soy virgen.
-Exageras demasiado, solo tienes que decir que quieres el disfraz de pirata - se lo entrego en las manos.
-Gracias, preciosa - sonríe Amelia.
Regresamos a casa a tiempo para arreglarnos y estar listas para matar, como dice Amelia muy animosa.
-Lo que, si usaremos de la caja, será el antifaz; está muy hermoso y al parecer todos usaran uno igual -le comunico.
Unos minuto después, tomamos un taxi en la esquina del edificio para ir a esa tan ansiada fiesta.
-No entiendo por qué los disfraces, no estamos en carnavales o Halloween.
-Caprichos de niño rico -responde Amelia- y con esto no digo que Carlos lo sea. Fue idea de su hermano menor organizar una fiesta como esta. -Sonríe - Es que tiene la ilusión de encontrar en todas esas chicas misteriosas la media naranja que complemente la vida de Carlos. Sin embargo, lo que no sabe es que aquí ya está su futura esposa.
-Amelia, el amor no funciona así, los dos deberían saberlo. No estoy interesada en un noviazgo, menos en un matrimonio- La miro seria para luego soltar la carcajada.
-cuando lo conozcas te derretirás de amor. Carlos es tan dulce, amable, sincero, sencillo, carismático y más que nada todo un padre de familia responsable.
-Si tanto te gusta, porque no lo conquistas.
-Es mi amigo y siempre lo he visto con ojos de hermana, no sé, se me hace raro pensarlo de otro modo, pero estoy segura de que tú lo conquistas en una.
-No te hagas muchas ilusiones, desde hace mucho que no quiero arriesgarme a caer en un abismo de dolor.
-Deja de ser tan negativa, apenas has vivido tu primera decepciona amorosa.
-Y ya no quiero más, ambiciono terminará mi carrera, trabajar. Volver a mi pueblito en el norte y ayudar a mi familia.
Casi una hora después llegaron a una muy bulliciosa disco de moda.
-¡por Dios santo! Dime que no es aquí - expreso bajando del auto.
-Es la dirección -Dice admirada Amelia con esa sonrisa de niña en su rostro -El lugar más exclusivo de la ciudad.
Al entrar, mi corazón se descontrola, hace muchísimo tiempo que no pisaba un sitio como este; las luces enloquecedoras, globos multicolores, máquinas de humo y bailarinas semi desnudas moviéndose en los tubos.
-¡Vaya fiestecita! Si el hermanito hace una celebración como esta, no quiero imaginar lo que pasa por la cabeza de mi Marco Antonio -murmullo.
-¿A quién? -pregunta Amelia sorprendida.
-A Carlos, lo digo por lo del disfraz de Cleopatra. Ya sabes.
-Ahora estás convertida en una encantadora gitana y por lo de la decoración, todo es obra de su hermanito.
-Debe ser toda una joyita.
- Solo relájate y disfruta de la fiesta, yo tengo una cita con ese bombón de ahí - señala a un sexy policía.
-Y ¿Dónde encontraré a Carlos?
-Deja que la noche haga su magia, ¿Por qué el apuro? -responde sonriendo.
-No tengo apuro, es que no me siento cómoda.
-Está bien, Carlos siempre viste muy elegante, con saco y corbata. Es algo serio y los disfraces como que le aburren. No hay pierde, no hay otro que vestirá igual.
-Gracias.
-De nada preciosa, disfruta la fiesta - se aleja.
-¡Amelia! ¿En serio vas a dejarme sola?
Mi amiga solamente levanta la mano y se pierde entre los asistentes. Sin saber qué hacer, lo primero que cruza por mi mente es buscar el baño. Me siente mareada por las luces, la sofocación va en aumento y su corazón se acelera más por el temor de una cita a ciegas en un lugar como ese. "¿Cómo es que me dejé convencer?"
Respirando intranquila un instante, hasta que puedo localizar el cartel del baño. Camino en esa dirección sintiendo una inquietud incontrolable en mi corazón.
"¡Carajo! Por qué no habré frecuentado antes estos sitios, me siento como un bicho raro. Es un ambiente normal y común, por así decirlo. No hay de que temer"
Dejo salir una sonrisa nerviosa y como si nada pasara me abre paso entre las parejas que bailan y se besan por todos lados haciéndome sentir más incómoda.
Qué alivio siento al llegar al pequeño corredor de los servicios higiénicos.
Me arreglo un poco la falda y doy unos pasos ingresando, cuando de pronto, alguien me toma por el brazo y me lleva hacia la pared. No tengo tiempo de reaccionar, solo sentir como mi corazón se paraliza del miedo.
-¡Pensé que nunca llegarías! - me susurra una voz masculina, tan sexy antes de cubrir mi boca con sus labios cálidos.
Sin poder reaccionar ante el inesperado beso, únicamente siento un escalofrío inexplicable recorrerme entera, deteniendo su corazón y el tiempo. Esos labios jodidamente suaves y cálidos saborean los míos con gran pasión. Mi respiración se agita y los ojos se van cerrando por impulso, en tanto disfruto de esa lengua traviesa causando explosión en su boca.
De un segundo a otro se veo sometida ante un aprovechado, que apegado a mi cuerpo sigue besándome y acariciando mis muslos con esa destreza y delicadeza que me hace temblar. Una excitación incontrolable se apodera de mi cuerpo y se posa en mi sexo, humedeciéndolo, haciéndolo palpitar de deseo por aquel atrevido extraño.
Mis piernas tiemblan y el cuerpo traicionero se arquea hacia él dándole permiso para poseerme. Su perfume me hipnotiza cerrándome los ojos para disfrutar de un beso sensacional. Flotando en el mismo cielo y aferrándome al cuerpo de aquel extraño, al fin logro reaccionar.
Con un pequeño empuje lo aparto y saz, le dejo un rodillazo en la entrepierna, como último recurso de su debilidad. Él se aparta adolorido.
- ¿Qué diablos te sucede Ana Paula? - expresa doblándose un poco con las manos en la entrepierna.
- ¿Quién mierda es Ana Paula? - Interrogo un poco sofocada y con los labios aun palpitantes, levantándome el antifaz.
- ¡Carajo! -me mira pasmado, como deslumbrándose por mi mirada. O por la manera de confundirme con otra.
-¿Qué tanto me miras?
- No sabía que... ¿Y por qué traes su disfraz?
- ¿Qué te importa? -Trato de alejarse.
-Pues me importa -vuelve a tomarme del brazo haciéndome estremecer -porque Ana Paula es mi cita.
- ¿Y a la primera te lanzas a besarla? ¡Qué asco! -aparto su mano.
- ¿Asco? ¡Acaso no te gustó! -Sonríe volviéndome a tomar del brazo.
- ¡Suéltame! -En una sacudida me libero-¡no, no me gustó!
-Podrás decir lo que quieras, pero me pareció que lo disfrutaste mucho- vuelve a ponerme contra la pared - esa mirada fuerte me descontrola y al mismo tiempo lo llena de vida.
-¿Disfrutar? ¡Por favor! He recibido mejores besos.
-Estoy dispuesto a seguir practicando.
-¡perfecto! -lo aparto - cuando tengas experiencia me buscas.
Vuelve a dar unos pasos lejos, pero de un tirón vuelve a ponerme entre sus brazos.
-Ya que sabes tanto ¿Quieres ser mi maestra? -sonríe.
-Vete al carajo -lo aparto -Tengo mejores cosas que hacer que hablar contigo.
- ¿Cómo qué?
-Ir al baño, por ejemplo.
-Si no tienes pareja puedo hacerte compañía, mi bella gitana-. Se quita el antifaz y peina sus cabellos.
Un simple gesto que acelera mi pulso cardiaco.
"El maldito pervertido es tan sexi, con esa tentadora mirada que hace crecer mi excitación. Esos labios probadores que tienen el control de tener el tiempo. ¡No! ¡No puede gustarme!"
-Gracias, ya tengo pareja - respondo, intentando no doblegarme ante sus encantos.
- ¿Y cómo se llama? Digo, Para ir buscándolo. Entre tanta gente de clase debe haber uno que no encaje - sonríe.
Ver esa sonrisa pintada en su rostro me provoca suspiros involuntarios, pero también una enorme rabia, por la manera de expresarse.
-Se llama Carlos y es hermano del estúpido que hizo esta horrenda fiesta - le informo.
Cuando ese nombre entra por los oídos del extraño, su sonrisa de niño bobo desaparece por un segundo. Pero sigue sacándome de mis casillas.
- ¡Mira pues! Y yo que esperaba conocer a un monumento curvilíneo como acompañante del gran Carlos Martinelli; una diosa, ya sabes, una de esa mujer llena de atributos que te dejan tuerto de tanto mirar -suspira largamente.
- ¿Qué quieres decir?
-Que eres fea, amargada y pues no veo esos enormes melones apetecibles, si trasero redondo -dice mirándola de arriba abajo mientras sus manos se mueven.
Sin pensarlo dos veces lo abofetea con toda esa ira reprimida que lo hace tambalear. No sé por qué lo hice.
-Auch, eso sí dolió.
- ¡Estúpido! -expreso entre dientes.
Ya estoy explotando de coraje, no quiero seguir frente a un patán. Doy unos pasos y en un segundo estoy de vuelta frente a sus labios, retornando a ese abismo de sensaciones placenteras que me condenan al sentir sus besos. Mi cuerpo se vuelve una gelatina entre sus brazos, solo han pasado unos segundos y ya mis bragas están empapadas y él no disimula en hacerme sentir su erección.
"¡joder! Si qué es bien dotado"
Con la poca voluntad que me queda, lo aparto. No estoy dispuesta a ceder de nuevo y aunque reacciono segundos después de volver a saborear su boca, lo aparta como de rayo dejándole un gran mordisco.
-¡Diablos! -se aparta-Eso no lo esperaba, pero debo confesar que besas rico. -me sonríe mientras se limpia la sangre - ninguna otra se atrevió a tanto. Debo confesar que me has dejado muy impresionado y eso no es fácil de conseguir.
- ¿y se supone que debo darte las gracias?
-Es de buena educación hacerlo -me sonríe.
-Cretino, aprovechado.
-No te hagas la santa, que no te queda.
-¡Ay! - grito muy furiosa tapándose la cara - ¡No te soporto!
-Yo tampoco soportaría alguien como tú. Eres irritante y aburrida.
-! ¡Repítelo! -Hablo entre dientes con mi cara roja de ira.
-Hasta media sorda eres, pero eso no importa, con limpiarse los oídos se soluciona-Me guiña un ojo.
-Estúpido, pervertido.
-Flaca, mal humorada.
-¡Joder!
Hago unas involuntarias pataletas provocando las carcajadas del apuesto chico.
-No puedo negar que hasta haciendo eso, me agradas. ¿Cuántos años tienes niñita? - pregunta de manera burlona.
Solo me queda mirar la salida y caminar de vuelta a la fiesta, cubriéndome los oídos.
-Disfruta la fiesta bella gitana, fue un placer disfrutar de tus labios -manifiesta entre risas.
-Muérete, pendejo- le respondo.
Las sensaciones extrañas aún no abandonan mi cuerpo, lo que deseo es salir corriendo de ese bullicio infernal. Entonces puede distinguir a Amelia platicar muy a gusto con dos hombres altos, y uno de ellos vestía esmoquin negro, sin lugar a duda era Carlos.
"¡Dios! Ahora menos que nunca tengo ganas de conocerlo, pero ya me están mirando. ¡No! ¿Por qué? Ni modo ¡Sonríe Ale! Únicamente sonríe y acércate tranquila. Que aquí no pasó nada ¡Arranca esta página de tu historia! Ni que tuvieses la desdicha enorme de volver a toparte con ese estúpido del baño"
Esteban
Sigo riendo sin poder controlarme, me sigue pareciendo gracioso haber besado por equivocación a la cita de Carlos.
"Fue un error, nadie puede matarme por ello, no estoy traicionándolo porque fue un accidente, uno muy placentero y excitante. ¡Joder! ¿Quién diablos la manda a intercambiar disfraces? Aunque agradezco que lo haya hecho. Es especial, tan linda como bravucona, con ese algo que acelera mi corazón y me deja suspirando. ¡Diablos! No puede gustarme, no debe, ella y Carlos quizás esta noche... Sería inevitable que no pasara, pues, esa mujer tiene fuego en las entrañas."
Llevo las manos a la cabeza y con un suspiro de calma estoy por marcharme, cuando noto que el antifaz de la dulce gitana yacía en el piso. En ese último tirón debió caérsele.
Estoy recogiéndolo cuando escucho unos pasos a mis espaldas y aquella persona que ingresaba se detiene justo frente a mí, levanto la vista y mis ojos se pierden en una encantadora figura. Unas esbeltas pantorrillas y un disfraz sexy de gitana me deslumbran; sin duda era Ana Paula, con el antifaz puesto se parecía mucho a la cita de mi hermano. La misma talla, la misma contextura, aunque no tan proporcionada, los mismos labios. Ahora entiendo por qué me equivoqué. Sin embargo, no tengo ganas de llevarla a la pared y besarla hasta quedar sin aliento... como a ella.
- ¿Espero no haberme retrasado tanto, cariño? -Dice Ana con una voz tan dulce que me estremece.
-No, claro que no. -respondo con una sonrisa.
- ¿Y qué quieres hacer primero? -interroga Ana, acercándose con sutileza y de una manera tan sexi, intentando despertar mi instinto animal dormido. No voy a negar que antes me erizaba la piel y descontrolaba mi corazón y en este instante es totalmente irrelevante.
-Lo que tú quieras - respondo a unos centímetros de su boca.
- ¿Seguro? No me tientes, que suelo ser muy exigente-susurra a mi oído, dejando un pequeño mordisco.
-No creo arrepentirme.
Busco sus labios iniciando un candente beso, pero nada comparativo con el anterior. Definitivamente, Ana Paula es puro fuego, la llevo hasta uno de los cubículos desocupados del baño. Cierro la puerta y admiro cuan dispuesta está a entregarse en cuerpo y alma a mí.
-Te deseo tanto Esteban- susurra agitada, mirándome con sus encantadores ojos negros.
-¡joder! - Exclamo ante esas traviesas manos que van en busca de mi pene erecto para masajearlo, sobre el pantalón.
-Será la primera vez que lo haga en un baño, pero lo nuevo y riesgoso me excita más - confiesa Ana, lamiéndose los labios.
-Cualquier lugar es apropiado para entregarse al deseo.
-Y al amor -. Dice ella buscando mis labios.
Toma el control de la situación, pues está notando esa inseguridad tan impropia en mí. Sus manos se deslizan bajo mi polo y acarician mi espalda de arriba abajo, luego lo apartan de mi cuerpo y recorre con sus labios mi torso. Llevo la mirada la techo sintiendo tanto placer ante su toque.
-Nunca he deseado tanto alguien como a ti -menciona ella entre jadeos, mientras saca la polla del interior del pantalón y yo muero los labios.
-Eres una pequeña traviesa.
-Soy más de lo que piensas.
Se arrodilla con picardía sin dejar de mirarme con lujuria. Besa mi polla con delicadeza, luego lame la punta con sutileza haciendo que palpite más de deseo, la calidez de su boca aprisiona mi pene, ¡Dios! Se siente tan bien. Muerda mis labios ahogando un gemido de placer.
Estoy disfrutando del mejor sexo oral de mi vida, cuando escucho a otra pareja entrar al cubículo contiguo. Sus risas y su calentura empiezan a incomodarme. No sé si sea eso o el estar pensando en aquella chica maleducada. Ana sigue tan caliente y yo a punto de enfriarme cuál témpano de hielo.
-Aquí no puedo concentrarme - Aparto a Ana, de mi polla acomodándome aprisa el pantalón.
La pequeña gitana suelta un gran suspiro de resignación y se aleja para acomodar sus prendas.
-¿Qué mierda pasa contigo? - interroga enojada.
-No puedo hacerlo cuando ellos-señalo el cubículo siguiente donde los jadeos y gritos se hacen cada segundo más incontenibles -parecen estar filmando una escena porno.
-Disfrutan el momento - me aclara Ana- y tú- levanta mi polo y lo estrella en mi pecho- tienes la mente en otro lado- expresa medio molesta.
-No sé qué me sucede - me coloco el polo.
-Estás perdiendo tu oportunidad conmigo, ¡carajo! -grita- Nadie me ha despreciado de esta manera - abre la puerta del baño y sale furiosa.
-¡Ana!, espera. Sé que la cita no ha resultado ser como querías, pero...
-¡olvídalo! De todos modos, odio las fiestas de disfraces. Y no esperes que te lleve a casa, Romeo - expresa.
-Eso, también lo entiendo. -acaricio, su rostro delicado.
-Sin embargo, esperaré tu llamada. No suelo hacer esto, pero contigo haré una excepción. -me guiña un ojo.
-Gracias. La próxima vez...
-Dejaremos que pase - me sonríe.
Ana Paula sale del baño primero, espero un momento para hacer lo mismo, mientras tanto cubro mis oídos para no sufrir tanto con los gemidos placenteros exagerados de la otra pareja. No hace falta imaginarse lo que pasa dentro, la posición de sus piernas, los gritos y el piso brilloso me da una buena vista de lo que ocurre. ¡Joder!
Al salir, me encuentro con Roger que me saluda con una gran sonrisa en el rostro. Esperando detalles de mi apasionado encuentro.
- ¿cómo está el tigre esta noche? -interroga.
-Decepcionado.
- ¿Por qué? Ana Paula está diez de diez. Y hace rato te vi echando fuego con ella.
-Digamos que me equivoqué de chica, Ana Paula acaba de llegar y también la cagué con ella. Bueno, la pareja que entro después lo echó a perder.
- ¡Espera! Desde cuando pierdes la concentración ante un monumento como Ana. Y como está eso, de que hay otra chica con el mismo disfraz.
-Es una larga historia, vayamos por un trago al club y te cuento todo -le digo palmeando su hombro y conducirlo a la salida.
-¿No vamos a permanecer en la fiesta?, he visto a un par de bombones por ahí que...
-No debo quedarme aquí - lo interrumpo- porque Carlos querrá presentarme a su cita y entonces esto se podría poner feo.
-¿Por qué?
-Porque la besé en el baño.
-¿Qué? - se sorprende-Aclárame el panorama porque no estoy entendiendo nada.
-¡Vámonos! -. Le muestro la salida-. Te cuento todo en el club.
Abandonamos la fiesta cuando apenas empezaba, en una de las mejores discotecas de la ciudad; Sutton Club. Sin duda fueron las bailarinas exóticas el mejor toque que se me pudo haber ocurrido y ahora tenía que dejarlas para salir huyendo sin contemplar sus mejores pasos.
Antes de salir del local por alguna extraña razón mis ojos la buscaron a ella y no descansaron hasta encontrarla, pude verla con mi hermano, se veía sonriente y Carlos muy emocionado, no había visto ese brillo en su mirada hace muchos años.
-¿Qué tanto miras? - interroga Roger deteniéndose para mirar en la misma dirección.
-Nada- lo tomo del brazo para sacarlo de la fiesta.
-Así que ella es la famosa rompecorazones-. Sonríe -. No está tan mal.
-Déjate de pendejadas y vámonos al club, necesito de esas diosas curvilíneas, estoy dispuesto a olvidarme hasta de mi nombre.
-¡santo cielo! Sí que debió dejarte impresionado esa mujer. Desde cuento tan interesado en morir entre los brazos de alguna desconocida mientras bebes en exceso.
-No sería la primera vez- le respondo.
-Tienes razón.
Después de Nueve minutos llegamos a Casanova club. Puede decirse que somos conocidos, no es difícil conseguir una zona Vip con los mejores culos de Colombia.
Pedimos unas copas y mientras nos deleitábamos con las chicas bailando, le cuento de la cita de Carlos y el intercambio de disfraces, que provocó este inesperado altercado.
-Si no me lo cuentas, no te creo - dice Roger.
-Te juro que ambas se parecen tanto, aún más sin el antifaz, pero son tan diferentes. -Pienso un momento en ese beso - Al igual que su manera de besar.
- ¿Por qué de repente estás sonriendo Esteban? estás poniendo cara de idiota- cuestiona Roger.
-Por nada en especial, solo recordaba los cariñitos que me dio esa chica.
-Debieron ser ricos, porque traes esa cara de tonto, que hace mucho no te veía. Que me late que te enamoraste.
Empiezo a reír.
-No pasa nada, únicamente me pareció gracioso la manera en que nos conocimos- le informo.
-Claro, no siempre uno tiene la dicha de besar a una mujer tan linda.
-No es linda, es una chica sin atributos, grosera, muy mal hablada y golpea fuerte.
-Pero aun así te impresiono tanto que no has dejado de sonreír cada vez que la mencionas- Refiere.
-Son ideas tuyas, Roger.
-Quizás. ¿Y qué pasará si ella se convierte en la novia de Carlos? ¿Qué crees que diga él cuando se entere de que por poco te la comes en el baño?
-En primer lugar, fue una equivocación, segundo no es seguro que se enamoren y tercero - pienso unos segundos-tienes razón, creo que me enamoré de ella.
-Estás condenado. No puedes desear a la mujer de tu hermano- Aclara Roger.
-Carlos lleva años evitando enamorarse, no considero que esta noche sea la excepción.
-Tú lo hiciste y tienes novia - se sonríe de manera burlona.
-El que mis padres la hayan elegido a Milena para casarse conmigo, no la convierte en mi novia. Y volviendo al tema de Carlos, te diré que mi hermano a conocido mejores candidatas y no ha encontrado a la mujer indicada.
-Tu igual y mírate ahora, con los ojitos resplandecientes como estrellas, como un jovencito en su primera cita. Nunca creí que llegaría tan pronto el momento de presenciar al gran Esteban Martinelli, enamorándose a primera vista - se carcajea.
-Búrlate, que llegará también tu día- le advierto.
-Eso es complicado, amigo-Responde Roger, levantando el vaso para beber.
-Pues si sigues siendo virgen, lo tuyo es misión imposible.
-No es preciso que lo digas delante de ellas -mira a las bailarinas.
-¿Por qué temes perder tu integridad antes del matrimonio?
-¡Ya basta! -me da un golpe en el hombro-Aún no ambiciono hacerlo, es todo ¿Algún problema con ello?
-No te juzgo si todavía no decides salir del closet - murmuro, en tanto sonrío.
-No soy gay - se altera- me gusta las mujeres. Solo que no puedo hacerlo, es todo. Eso no es pecado, es precaución.
-Cálmate, no juzgo tu opción sexual.
-¡Ya basta!, tema cerrado - bebe un trago- y volviendo a tu asunto ¿Qué piensas hacer si Carlos y ella esta noche formalizan?
-Es inasequible que suceda, mi hermano es recatado.
-Pero donde pone el ojo, pone la bala y ella, amigo mío, ya está en su mira. Digamos que, en el peor de los casos, Carlos y ella se enamoren y se hagan novios oficiales ¿Qué harías, te meterías en su relación?
-¿Qué te sucede? Pareces un entrevistador de un programa de farándula.
-Es mera curiosidad.
- Únicamente si ella siente lo mismo por Carlos, me haría a un lado. De lo contrario, usaré mis armas para conquistarla.
-¿Y crees que un beso robado sea suficiente para que ella te elija, mi amigo?
-Lo sentí, Roger. Lejos de lo que dijera y las bofetadas que me dio, correspondió a mis besos -dejo un suspiro- sentimos lo mismo, su mirada se conectó con la mía.
-Como digas. Pero deberías ir borrándotela de la cabeza. Ya estás siendo cursi.
-Preciso apagar este fuego en alcohol.
-Supuse que dirías que con estas diosas de carne y hueso.
-No tengo ganas de ir a la cama con ninguna de ellas.
-Ahora te pareces a mí- se ríe mientras choca su vaso con el mío.