Al llegar marzo, varias noticias impactantes sacudieron Shoildon. Primero, se difundió que Isaac Bennett, el primogénito de la familia más rica e influyente de la ciudad, había sufrido un grave accidente automovilístico que lo había dejado parapléjico. Segundo: la prestigiosa familia Bennett había decidido concertar un matrimonio con la familia Willis, nueva en la escena de los ricos.
Sin embargo, la mayor sorpresa la dieron los protagonistas de la segunda noticia: el novio era nada menos que el propio Isaac, y la novia, la hija mayor de los Willis, una joven criada en una apartada zona rural, lejos del refinamiento de la urbe.
Mientras tanto, a kilómetros de la ciudad, Verena Willis, cuyo nombre estaba en boca de todos, permanecía en Trisas, el lugar que siempre había sido su hogar.
Ella recibió un mensaje, que rompió el silencio de la modesta sala donde se encontraba. Al ver la pantalla, descubrió que era su asistente, quien le decía: "Evelyn, tengo un paciente con un caso sumamente raro. Lleva seis meses esperando que le atiendas. ¿Cuándo podrías revisarlo?".
Verena presionó el botón de bloqueo, oscureciendo la pantalla; sus delicados dedos se detuvieron sobre el dispositivo. Segundos después, un destello de tristeza apareció en sus ojos claros.
En todo el mundo la conocían como Evelyn Rowe, la doctora milagrosa, pero la fama no significaba nada para ella desde que había fallado en salvar a la persona que más amaba. Su abuela había fallecido justo cuando ella estaba a punto de agarrar el bisturí, como si no hubiera podido esperar ni un instante más.
A sus espaldas, la chica escuchó las voces apagadas de sus padres; su discusión se filtraba a través de las delgadas paredes.
"Laura, ¿no tienes ni un poco de tacto? ¡Acabamos de enterrar a mi mamá y tú ya estás hablando de irnos!".
"Alec, en la empresa no se dan abasto con el trabajo y Kaia está a punto de cumplir dieciocho años. Dime, ¿qué es más importante? ¿Un montón de asuntos pendientes y una gran celebración familiar, o una persona muerta? Además, necesitamos que Verena regrese a la ciudad para que aprenda modales. ¡Si se comporta como una pueblerina cuando se incorpore a la familia Bennett, pondrá en vergüenza el apellido Willis!".
"¡Deja de llamarla pueblerina! ¡Es tu hija!".
"Si no lo fuera, ¿crees que me habría molestado en venir hasta aquí a buscarla?".
Verena sofocó una risa amarga mientras la discusión continuaba. Las personas que peleaban eran Alec y Laura Willis, sus propios padres.
Hubo una época en la que fueron empleados comunes, pero ascendieron poco a poco, hasta que alcanzaron el éxito. Durante sus primeros años, en los que apenas tenían lo suficiente para subsistir, no tenían tiempo para criar a su hija, así que su abuela, Shawna Willis, la acogió cuando apenas tenía un mes de nacida
Aun con sus apretadas agendas, Alec y Laura se acordaban de ella de vez en cuando y, si podían, le enviaban algún mensaje o un regalito.
El cambio en sus prioridades comenzó cuando su negocio despegó y fundaron su propia empresa. Verena tenía siete años cuando nació su hermana menor, Kaia. A partir de ese día, el interés de sus padres por ella comenzó a desvanecerse. Conforme la fortuna de los Willis crecía, estos se integraron sin dificultad en la alta sociedad.
Laura llamaba de vez en cuando, pero sus conversaciones nunca trataban sobre la educación o la salud de Verena, sino de Kaia. Decía que su hija menor era el amuleto de la suerte de la familia. De hecho, parecía que su única misión era presumir a su segunda hija, quien supuestamente había llevado prosperidad a su vida.
Cuando Kaia cumplió tres años, sus padres fueron a Trisas de visita. Alec propuso llevarse a su hija y su madre a Shoildon, pero Verena notó la tensión en la sonrisa forzada de su madre.
Poco después, Laura le susurró algo a su esposo, que fue suficiente para que él descartara la idea por completo. No había pasado mucho tiempo desde que volvieron a Shoildon cuando ella volvió a quedar embarazada y dio a luz a otro hijo.
Desde ese momento, toda la atención de Laura y Alec se centró en Kaia y en su nuevo hijo. Y aunque seguían enviándole dinero a su primogénita con regularidad, no volvieron a poner un pie en el pueblo durante quince años.
Verena no tenía dudas de que, si Shawna no hubiera fallecido, sus padres habrían seguido ignorando su existencia.
...
Solo después de que terminaron los ritos funerarios, Verena aceptó viajar a Shoildon con sus papás.
Estos le hablaban con falsa calidez. Fingían que estaban ansiosos por tenerla cerca, pero ella comprendía sus verdaderas intenciones. Después de todo, no era difícil enterarse de las noticias de Shoildon con una simple búsqueda en internet.
Laura rompió el silencio cuando se acercaban a su casa en la ciudad.
"Verena, recuerda que si alguien pregunta por tu educación, dirás que te graduaste de la Facultad de Medicina de Acorith con una maestría y que estás a punto de empezar tu internado...".
En su mente, su primogénita no era más que una simple doctora de pueblo, pues veía Trisas como un pueblucho perdido en las montañas.
De hecho, creía que Verena no había cursado la universidad, así que asumía que solo había aprendido algunas técnicas básicas de los médicos locales. Después de todo, por los pocos comentarios que había oído de Shawna sobre los estudios de medicina de su nieta fueron suficientes para que se aferrara a esa idea.
El programa de Medicina de Acorith era considerado el mejor del país, y a Laura no le importaba usar el prestigio de la facultad para mejorar su propia imagen. Por ende, la idea de que alguien descubriera que su hija mayor ejercía la medicina en un pueblucho del campo le resultaba humillante.
Verena esbozó una mueca de desdén ante la vanidad de su madre, consciente de que esta nunca se había molestado en conocerla de verdad.
Irónicamente, apenas el mes anterior, la misma Facultad de Medicina de Acorith la había invitado a dar una conferencia a sus alumnos.
En toda su vida, Laura nunca le había preguntado por su educación. Sin embargo, en una ocasión Verena faltó a dos exámenes por enfermedad y obtuvo bajas calificaciones. Al enterarse, la madre concluyó que su hija no era lo suficientemente lista para cursar estudios universitarios.
Y cuando Shawna intentó darles la buena noticia a su hijo y su nuera de que Verena había sido admitida en una universidad de primer nivel, ambos minimizaron el logro, mencionaron asuntos de trabajo y terminaron la llamada abruptamente. Desde entonces, la chica y la anciana dejaron de intentar compartir con el matrimonio cualquier cosa verdaderamente importante.
"Nunca estudié en la Facultad de Medicina de Acorith", respondió Verena con calma, mirando directamente a los ojos a su madre.
Su franqueza hizo que Laura apretara los labios. En su opinión, la negativa de su hija a seguirle el juego no era una muestra de fortaleza, sino de simple terquedad.
Por supuesto que sabía que ella nunca había estudiado allí; esa era precisamente la razón por la que le pedía que mintiera. Si comparaba a sus hijas, era evidente que Kaia no era igual de hermosa que su hermana, pero sí tenía muchos logros de los que podía presumir, lo que hacía que Verena no fuera más que una vergüenza.
Antes de que pudiera regañar a su hija mayor, Alec tosió a propósito, obligándola a tragarse sus palabras.
Laura dejó el tema de lado y, con un tono más suave, aunque evidentemente condescendiente, explicó: "Por cierto, tu hermana está acostumbrada a que la consientan. Procura no provocarla, ¿de acuerdo?". Se enoja con facilidad y se niega a comer cuando está de mal humor".
A Verena le pareció francamente ridículo que alguien de casi dieciocho años actuara como una niña. No tenía dudas de que su hermanita era la viva imagen de una chica consentida
La conversación terminó cuando el auto se detuvo frente a una imponente villa, una clara ostentación de la nueva riqueza de los Willis. Verena salió primero y contempló la fachada.
En la entrada se encontraba una joven, con una blusa bonita y una falda corta, quien no dudó en correr hacia los recién llegados. Se trataba de la enérgica y juvenil Kaia.
"¡Papá, mamá, por fin regresaron!", exclamó, con un tono claro y entusiasta.
Sin embargo, su alegría se esfumó apenas vio a Verena. Se quedó observándola unos segundos, examinándola de pies a cabeza.
Vestida con una sencilla sudadera color crema, pantalones de un amarillo pálido e impecables tenis blancos, le pareció que su hermana tenía una apariencia ordinaria. Sin embargo, sus delicadas facciones, su piel perfecta y su aura serena y distante le conferían una belleza imposible de ignorar. Además, nada en ella delataba que se hubiera pasado años viviendo en la ciudad.
Kaia sabía exactamente a quién miraba: su hermana mayor, con la que nunca había compartido techo.
A ella, la vida en Shoildon la había convertido en la princesa de la familia Willis, el tesoro que sus padres más valoraban, así que la reaparición de Verena le causó una sutil opresión en el pecho.
"Ay, Kaia, ¿cómo te atreves a salir tan primaveral? ¿No tienes frío?", le preguntó Laura, al ver la ropa ligera que llevaba, antes de quitarse rápidamente su propio abrigo para ponérselo encima.
"Ja, ja, ja. Mamá, de verdad que no tengo nada de frío", respondió Kaia, tras soltar una risita, recargándose en su mamá.
La escena era tan cálida que podría haber derretido el frío del ambiente, pero Verena nunca había sido parte de momentos así. Kaia y Laura entraron en la casa riéndose, dejándola de pie en el mismo lugar, como si ya se hubieran olvidado de su llegada.
Mientras caminaba, Kaia se giró un instante para lanzarle a su hermana una mirada larga e inescrutable por encima del hombro.
Al ver a su hija menor, Alec suavizó su expresión. Luego se volvió hacia Verena para intentar tender un puente.
"Esa es tu hermana, Kaia. Le ha ido muy bien. Sacó excelentes calificaciones en los exámenes de ingreso a la universidad y ya tiene asegurado su lugar en la Facultad de Medicina de Acorith...".
Alec se detuvo cuando recordó algo: una conversación de años atrás con su madre, en la que esta le mencionó que Verena nunca había presentado un examen de admisión a la universidad.
Eso hizo que soltara un largo y cansado suspiro y comentara: "Te iría mucho mejor si fueras más como tu hermana".
La joven no se dignó a responder, pues el comentario era tan absurdo que casi le resultaba cómico. Sus padres recordaban hasta el mínimo detalle de Kaia, pero cuando se trataba de algo tan importante como la educación de su otra hija, ni siquiera se tomaron la molestia de preguntar, y simplemente asumieron que no estaba a la altura.
...
Para Verena, la casa de los Willis se sentía como un territorio desconocido. Le parecía extraño pensar en ese lugar como su hogar, especialmente porque era la primera vez que ponía un pie allí.
Laura la guio por el pasillo hasta una habitación. Le ofreció una sonrisa tranquilizadora y con un dejo de falsa preocupación, le dijo: "Si hay algo que no te guste, solo dímelo, ¿de acuerdo?".
"Gracias, mamá", respondió la chica, tranquilamente.
"Querida, no tienes que ser tan formal. Soy tu madre", respondió Laura.
Sin embargo, no se fue, sino que se quedó en el umbral, así que su hija le preguntó: "¿Necesitas algo más?".
Laura y Alec habían luchado con uñas y dientes durante años para ascender socialmente, aprovechando su gran oportunidad cuando se les presentó. Aun así, eran recién llegados, y muchas personas de la élite los consideraban nuevos ricos. En contraste, los Bennett eran una dinastía: adinerados, bien conectados y con un prestigio profundamente arraigado.
Por eso, cuando ellos les sugirieron una alianza matrimonial, Laura ni siquiera consideró rechazarla. Ya se imaginaba los beneficios y todas las puertas que se le abrirían. Sin embargo, Isaac sufrió un accidente que lo dejó con una discapacidad permanente, y ella no podía concebir la idea de entregar a su preciosa hija menor a un lisiado. Fue entonces cuando decidió traer de vuelta a su primogénita.
Por un instante, al observar la mirada serena e imperturbable de Verena, Laura sintió una punzada de culpa. No había estado presente durante su crianza y no existía un verdadero lazo entre ellas. Y aunque su culpa era genuina, su desapego era más fuerte.
Sin embargo, se convenció de que esa era una oportunidad para Verena. Desde su perspectiva, el que su hija, criada en un pueblucho, mala para la escuela y que había terminado como doctora en una clínica rural en Trisas, se casara con alguien de la familia Bennett solo podía reportarle beneficios. Discapacitado o no, Isaac representaba riqueza, comodidad y seguridad.
"Hija, de momento necesitas descansar. Esta noche quiero que conozcas a alguien. Yo misma te llevaré".
Aunque Laura no le dijo de quién se trataba, Verena no necesitó preguntar. Sabía que hablaba de Isaac. Además, ya había leído en internet sobre el accidente.
La idea le causaba ganas de reírse con amargura y sacudir la cabeza al mismo tiempo. Se dijo que había sido una tontería haber esperado algo distinto de sus padres. No obstante, los hijos que crecen en un segundo plano, como ella, aprenden a vivir con una mezcla de amargura y resignación.
"De acuerdo", contestó la joven, asintiendo levemente, aunque su aceptación no tenía nada que ver con Laura.
Había ido a Shoildon con un único propósito en mente: ver a Isaac. Se preguntaba en qué estado se encontraría ahora.
"Bien. Entonces descansa. Te dejaré sola", respondió Laura, esbozando una leve sonrisa al no encontrar resistencia en su interlocutora. Justo cuando estaba por irse, se volvió hacia Verena y le dijo: "Cuando lo veas esta noche, si te pregunta por tus estudios, dile que cursaste la maestría en la Facultad de Medicina de Acorith. No te preocupes de que descubran la verdad, que yo me encargaré de todo".
Cuando su madre se fue, cerrando la puerta tras de sí, Verena se acostó en la cama. Al levantar la mano derecha, notó un leve temblor en sus dedos.
Habían pasado seis días desde que no pudo salvar a Shawna en el quirófano. El bisturí se le había resbalado y, desde entonces, la mano no había dejado de temblarle. Para una cirujana, un temblor así era el camino más seguro hacia la ruina.
Su mente iba a mil por hora, pero eventualmente el sueño la venció y terminó atrapada en una pesadilla inquietante.
En otra habitación, Kaia estaba sentada en un sillón. La pantalla de su celular se iluminaba con los mensajes de un chat grupal. Todos querían saber lo mismo: si su hermana era hermosa.
Esa pregunta le agrió el humor. Decir que Verena era bonita era quedarse corto. Incluso con ropa sencilla, poseía una belleza que atraía todas las miradas. Su cutis era terso y sin una sola imperfección; de hecho, su piel se veía tan bien cuidada que nadie pensaría que se había pasado años viviendo en un pueblucho. Y lo peor de todo era que Kaia se sentía como una chica dulce e inofensiva a su lado, pero sin verdadero encanto.
Como las preguntas no cesaban, la chica finalmente contestó: "Es normal. No es fea".
Sabía que esa era una mentira descarada, pero las palabras salieron de ella por instinto.
A esas alturas, en todo Shoildon ya corrían los rumores sobre el próximo matrimonio entre Verena e Isaac
Los jóvenes ricos de la ciudad sentían curiosidad por la mujer con la que Isaac, alguna vez un hombre con un futuro prometedor, estaba a punto de casarse. Por eso, al leer la tibia respuesta de Kaia, el chat grupal se quedó en silencio.
Cuando se decía que una mujer no era fea... en realidad se insinuaba que sí lo era. Y mucho. Eso hizo que sintieran mucha pena por Isaac.
Entre quienes leyeron ese mensaje se encontraba Bobby Bennett, el hermano menor del implicado. Por eso, soltó una grosería, antes de dirigirse a su madre, Danica.
"Mamá, entiendo que mi hermano no volverá a caminar..., ¿pero por eso tienes que casarlo con una pueblerina? Además, Kaia dice que su hermana ni siquiera es bonita".
Ese comentario causó un dolor sordo en Danica. Como cualquier madre, quería que su hijo tuviera una pareja digna, pero la condición de Isaac no solo se limitaba a no poder mover sus piernas. Su virilidad había quedado dañada permanentemente. Y ella, como matriarca de los Bennett, no podía permitir que los rumores sobre su familia se salieran de control. Por eso, el mejor camino era emparejarlo con una novia que no representara ninguna amenaza: Verena, la primogénita de los Willis, era la mejor opción.
"Esa es mi decisión y no está a discusión", sentenció ella, escondiendo sus emociones bajo un tono gélido.
Bobby tensó la mandíbula por la ira.
Por su parte, la impasible Danica se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras, sin mostrar el menor interés en tranquilizar a su hijo. Acababa de recibir un mensaje de Laura, quien le pedía organizar un encuentro entre Verena e Isaac esa misma noche, así que entró en la habitación de su primogénito.
El lugar estaba en penumbras, por lo que caminó directamente hacia la ventana para abrir las cortinas de un tirón. La luz diurna e implacable inundó la estancia, desterrando la oscuridad.
Isaac estaba recostado en la cama. Tenía los ojos ensombrecidos, pero abiertos, y su rostro conservaba sus rasgos definidos.
Como sabía que estaba despierto, Danica le dijo sin rodeos: "Esta noche conocerás a una joven. Y te casarás con ella".
"Si ese es el plan, ¿para qué perder el tiempo en formalidades? Basta con registrar el matrimonio y listo", respondió Isaac, en tono plano.
Una mezcla de compasión y silenciosa indignación se agitó en el pecho de Danica. Nadie fuera de la familia sabía que el accidente no solo había dejado a su hijo paralítico, también había acabado con la vida de su esposo. Sin embargo, con su heredero en ese estado, no se atrevía a anunciar la muerte de su cónyuge, pues eso afectaría la estabilidad de la empresa.
"No discutas conmigo. Que la conozcas primero es una simple cortesía".
Cuando Danica salió de la habitación, las sombras parecieron cernirse de nuevo sobre Isaac. El dolor y el autodesprecio nublaban la mirada del hombre. En su mente, la muerte de su padre era una carga que llevaría para siempre.
Al atardecer, Verena se despertó pues alguien llamó suavemente a su puerta. Instantes después, esta se abrió y apareció Kaia.
Con un tono que oscilaba entre la alegría forzada y una condescendencia apenas velada, esta última dijo: "Te vas a casar con un miembro de los Bennett. Felicidades. Esa es la familia más importante de Shoildon".
Los años de estudio en el extranjero habían agudizado los instintos de Verena, así que vio claramente la falsedad de su hermana. De hecho, le bastó una sola mirada para saber que la despreciaba.
Verena siguió doblando el edredón en silencio, mientras esperaba pacientemente a que Kaia soltara lo que tenía que decir.
"Puede que los Bennett tengan un apellido importante, pero Isaac está discapacitado. Y dicen que cuando un hombre queda paralítico, su virilidad también se ve afectada. Sinceramente, no quiero que termines amarrada a él", añadió Kaia, ante el silencio de su hermana.
Aunque su tono era de preocupación, su verdadera intención era evitar que Verena entrara en la familia Bennett. Isaac era ahora un discapacitado, pero en el pasado, ella misma se había sentido atraída por él. Además, no soportaba la idea de que su hermana se casara con ese hombre y tuviera una vida mejor que ella.
Verena comprendía perfectamente las intenciones de Kaia, así que respondió sin rodeos: "No me importa si no te agrado. Y no tienes que fingir que te preocupas por mí, porque...". Hizo una pausa al notar el atisbo de sorpresa en la expresión de su interlocutora, y luego remató: "El sentimiento es mutuo. Tú tampoco me caes bien".
Kaia se quedó sin palabras por un instante ante esa franqueza. Jamás se imaginó que Verena la confrontaría tan abiertamente.
Solo cuando su hermana salió de la habitación recuperó la voz. Furiosa, le metió un pisotón al suelo y espetó: "¿Quién te crees que eres? ¡Qué arrogante! No eres más que una simple pueblerina".
Verena apenas había cruzado el umbral cuando oyó el insulto. Se detuvo en seco y se giró para encarar a Kaia desde la puerta, a quien le dijo: "Nuestros padres vienen de ese mismo pueblo. ¿Quieres que les cuente que nos consideras a todos unos pueblerinos?".
La otra se quedó petrificada al escuchar esas palabras. La mirada aguda e inquebrantable de Verena la hizo sentir completamente expuesta; era como si su hermana mayor pudiera develar sus secretos más oscuros. Y eso solo hizo que aumentara la aversión que sentía por esa intrusa. Sin embargo, no siguió discutiendo con ella y se marchó hecha una furia.
Kaia apenas había bajado las escaleras cuando Laura apareció frente a su hija mayor, con una expresión sombría.
Verena supo el motivo de su hostilidad sin que le dijera una palabra: Kaia ya había corrido a quejarse de que la estaba maltratando.
"¿Qué le dijiste a tu hermana?", le preguntó Laura con un tono agudo y acusador.
Su interrogante dejaba en claro que ya había tomado partido, sin siquiera considerar que pudiera haber otra versión de la historia. Y la parcialidad era algo que Verena no podía soportar.
Por eso, con una sonrisa burlona, contestó: "¿Qué fue lo que te dijo?".
"¡Soy yo la que hace las preguntas aquí!", replicó Laura.
La madre se había exasperado ante esa pregunta, pues le pareció que su hija, al haber crecido en un entorno rural, carecía de la menor educación.
"Me llamó pueblerina, así que solo le recordé que, si ese es el caso entonces papá y tú también lo son, pues también vienen del mismo lugar".
"¡Tonterías! Kaia nunca diría algo así", soltó Laura. Luego, más enojada, agregó: "Ya es bastante malo que hayas hecho enojar a tu hermana, ¿y ahora inventas mentiras? ¡Eres una descarada!".
A Verena, todo el asunto le parecía absurdo. Su madre le exigía una respuesta, pero se negaba a creerle. ¿Acaso solo quería oír lo que coincidiera con su propia opinión?
Sin embargo, ella no era de las personas que se echaban para atrás, y sabía exactamente cómo provocarla. De hecho, fue la negativa de su mamá lo que la llevó a responder: "Veo que ya decidiste que soy una mentirosa, y no tengo problemas con eso. Me queda claro que le vas a creer a Kaia, sin importar lo que pase. Sin embargo, no esperes una disculpa de mi parte. Y si soy un problema tan grande, puedo regresarme al pueblo y dejar que ella se case con Isaac".
Verena conocía perfectamente cuál era el punto débil de Laura, así que lo usó para silenciarla.
"¡Oye!", exclamó su madre; estaba furiosa pero contuvo su ira mientras se recordaba a sí misma la verdadera razón por la que había traído a Verena a Shoildon.
No podía entender cómo era posible que sus hijas fueran tan diferentes. Kaia era exitosa, aduladora, y siempre sabía cómo complacerla. En cambio, Verena le parecía necia, mentirosa e insignificante. Además, los años que habían vivido separadas hacía que la sintiera como una extraña.
"Agarra tus cosas, que es hora de que te lleve a la reunión. Y cámbiate de ropa. Haré que uno de los sirvientes te traiga algo adecuado".
Verena no había vuelto a Shoildon para soportar a sus padres ni su injusta parcialidad. En el momento en que vio las noticias, reconoció a Isaac. Y como no sentía la necesidad de arreglarse para ir a verlo, cuando bajó las escaleras, llevaba exactamente la misma ropa que antes.
"¿Por qué no te cambiaste?", le preguntó Laura, visiblemente descontenta, quien ya la esperaba al pie de la escalera.
"No tengo ganas", contestó la chica, con calma.
"Tú...", siseó su madre, quien solo alcanzó a fulminarla con la mirada, aunque sentía que su paciencia se agotaba.
En ese momento se dio cuenta de que Verena no era tan sumisa ni fácil de controlar como había creído. Aun así, su prioridad en ese momento era asegurar el compromiso con Isaac, razón por la que no discutió con ella.
"Bueno. Si no quieres cambiarte, entonces nos vamos...".
...
En el chat grupal de los jóvenes de la alta sociedad, Bobby seguía bombardeando con sus preguntas a Kaia.
"¿A qué se dedica tu hermana?".
Aunque se movían en el mismo círculo social, Kaia normalmente tenía pocas razones para hablar con Bobby. Por eso, al ver que él la contactaba, comenzó a planear en su mente formas de aprovechar esa oportunidad.
Como no quería que él sintiera que lo ignoraba, respondió rápidamente: "Mi mamá me dijo que trabaja como doctora en un pueblito".
'¿Médica? Bueno, al menos podrá cuidar de mi hermano', pensó Bobby, con el ceño fruncido. Esa idea lo hizo aceptar a regañadientes que su futura nuera fuera poco agraciada.
Kaia sabía que su madre planeaba decir que Verena tenía una maestría de la Facultad de Medicina de Acorith. A ella le había costado años de esfuerzo entrar en esa institución para ganarse la admiración de todos, por lo que la idea de que su hermana obtuviera ese reconocimiento sin mover un dedo la enfurecía.
Esa fue la razón por la que, con un dejo de malicia, añadió con fingida indiferencia: "Pero nunca fue a la universidad. Probablemente solo aprendió un poco de los médicos locales".
"¿Qué? ¿Ni siquiera fue a la universidad?", contestó Bobby, cuya sorpresa era evidente.
Ahora le parecía que el que los demás se refirieran a Verana como "doctora" era sospechoso. Y su ira iba en aumento. Isaac se había graduado de una de las universidades más prestigiosas del mundo, así que ya le parecía bastante malo que su hermano se casara con una fea, pero que ni siquiera hubiera estudiado...
Incapaz de contenerse más, Bobby le envió un mensaje a Isaac, en el que le decía: "Por favor, no te cases con Verena Willis. No está a tu altura. Su hermana me contó que ni siquiera fue a la universidad. Dejando de lado su apariencia, ni siquiera tiene educación".
Isaac estaba sentado en un salón privado en el Restaurante Spice, esperando a su futura esposa.
El ambiente en el elegante lugar era relajado. Sin embargo, ni él ni Danica tenían el ánimo para disfrutar de la vista a través de la ventana. Para ella, esa reunión era un mero acuerdo de negocios. Para su hijo, no era más que un recordatorio de sus propias limitaciones.
Cuando su celular sonó, Isaac echó un vistazo al mensaje de su hermano. Su rostro, de facciones marcadas, permaneció impasible.
Danica también alcanzó a ver el mensaje, cerró los ojos unos segundos y dijo: "Isaac, por favor, no me guardes rencor. No tengo otra opción".
Para ella, la única solución para acallar los dañinos rumores sobre su primogénito era casarlo. Luego, se encargaría de que él y su nuera adoptaran a un niño en secreto y lo hicieran pasar por su hijo.
Isaac sonrió con amargura, pues el resentimiento era un lujo que no podía permitirse. Desde su perspectiva, él era la razón por la que su madre había perdido a su esposo.
Por esa, razón, le contestó a su hermano con un: "Cuida tus palabras".
Bobby se enfureció al leer esa respuesta. ¿Isaac le pedía que se mantuviera educado en un momento como ese? ¿Acaso entendía cuál era el verdadero problema?
En ese momento, Verena y Laura llegaron al Restaurante Spice. La primera era alta y llevaba zapatos planos, así que caminaba a buen ritmo; en contraste, la segunda luchaba por mantener el equilibrio sobre sus tacones, así que apenas podía seguirle el ritmo a su hija.