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La revolución de la fea (Ella era fea 3)

La revolución de la fea (Ella era fea 3)

Autor: : Isavela-Robles
Género: Romance
Camila era una dulce joven con unos kilos de más que amaba probar todo tipo de platos. Desde pequeña tuvo un grupo de amigos en los que se encontraba Luis Ángel, un chico genio que será el heredero de todo un imperio cuando sea mayor de edad. Camila un día se da cuenta que está enamorada de Luis Ángel y al tener baja autoestima decide bajar de peso, aunque, un día en medio de un juego Luis Ángel le pregunta si quiere ser su novia, algo que nadie imaginaba que llegaría a pasar. Camila comienza un debate interno al no poder creer que es la novia del chico que parece ser perfecto, aunque, todos sospechan de aquella relación al no saber las intenciones de Luis Ángel. ¿Será que Luis Ángel sólo quiere jugar con los sentimientos de Camila?

Capítulo 1 1

Camila dejó salir un bostezo mientras estiraba su cuerpo sentada en el sillón de su casa.

-¡Qué... flojera! -soltó con pereza.

-Después de todo lo que comiste, es de lógica que te sientas con tanta flojera -le dijo su mejor amiga Sandrid.

-¿Qué te parece si mañana te quedas a dormir y vemos películas? -le preguntó Camila desplegando una sonrisa.

-Tengo que practicar en el grupo de porrismo, así que no sé, sabes que termino muy cansada -Sandrid se cruzó de brazos mientras comenzaba a mirar a la nada.

-Por eso pareces un palito seco, estás demasiado flaca, cada vez sacas más comidas de tu dieta. ¿Tus papás no te dicen nada?

-No puedo engordar, si lo hago tendré problemas con el grupo -explicó Sandrid.

-Ay... Qué feo, tan rico que es comer -Camila hizo un gesto de desagrado mientras observaba a su amiga.

-Oye, yo cada vez te veo más gorda, el día de tu quinceañero el vestido no te quería entrar, mira que solo estuviste con él unas cuantas horas porque te sentías ahogada y te tocó quitártelo -dijo Sandrid-. ¿Por qué no haces un poco de ejercicio?

-Solo con pensar en ejercitarme me canso, así que no -Camila soltó otro bostezo, pero uno más fuerte.

Camila era la hija menor de una pareja de chefs que tenían varios restaurantes en el país, eran conocidos por la manera en la cual servían sus platillos, solían ser comidas bastante exageradas, esa era la clave de su fama. Así que, Camila creció con un buen paladar. Tenía un hermano mayor llamado Cristian que prefería cuidarse más al momento de comer, por eso su peso era el adecuado para su edad. Ellos eran inseparables, Cristian a todo momento la vigilaba y tomaba muy en serio su papel de hermano mayor.

-¡Camila, apúrate! -gritó Cristian esperando en la sala a que su hermana terminara de buscar el chocolate en la nevera.

-¡Espera, espera, ya voy! -dijo ella abriendo la barra de chocolate.

Los hermanos salieron de la vivienda como costumbre de todos los sábados para llegar a la casa de los amigos de sus padres, ese era el ritual, hacer una comida en las tardes y reunirse en grupo para hablar de su semana.

-Dame un pedazo -pidió Cristian cuando iban cruzando un parque.

-¿Por qué nos vamos caminando? Pudimos esperar a que mis papás llegaran y nos fuéramos en el carro. Odio sudar -renegó la chica.

-Porque necesitas ejercitarte más, estás subiendo mucho de peso, Camila -explicó Cristian.

-Ah... Lo mismo de siempre, para la próxima voy a hacer que me lleves en la espalda.

-No, me estripas -se burló Cristian.

-¡Este idiota, oye, no estoy tan gorda! -gritó ella.

-Solo te falta rodar -escucharon detrás de ellos.

Había un chico de ojos verdes azulados, cabello negro y con una enorme sonrisa desplegada, que, para Camila, se vio muy idiota. Era Elián, su primo, ella no lo soportaba, de niño le hizo muchas maldades.

-¿Quieres que te dé un puño? -inquirió Camila.

-Ay, ya vienes tú toda agresiva. Solo estoy diciendo la verdad -replicó Elián.

-¿Fuiste a buscar a Luis Ángel? -le preguntó Cristian.

-Estaba con su padre en la empresa, dijo que se encontraba ocupado aprendiendo unas no sé qué cosas, no le entendí nada; sabes que se pone todo intelectual. Así que, mejor le colgué el teléfono -explicó Elián a Cristian mientras caminaban por la calle.

-Solo tenías que decirle que lo esperábamos en su casa, nada más -renegó Cristian tratando de tenerle paciencia a su primo.

-Ay, a mí se me olvidó -soltó Elián de lo más normal.

Llegaron a una casa grande bastante imponente, los padres de Luis Ángel eran muy adinerados y su vivienda lo demostraba. Camila pasó a la cocina al oler un delicioso aroma.

-¿Ella no se cansa de comer? -preguntó Elián a Cristian cuando la vieron sacar un plato de una estantería para servirse un guisado que habían terminado de preparar.

-Me asusta a veces la manera en la que come -esbozó Cristian.

-Ahorita la verás rodando por el piso y te tocará recogerla con una grúa -dijo Elián mientras se cruzaba de brazos.

Una joven con mucho porte entró a la cocina al escuchar las voces de los chicos, los reparó de abajo hacia arriba. Elián hizo un gesto de desagrado ¿quién se creía?, no soportaba a esa niña, pensaba que solo por tener bastante dinero podía pasar por encima de los demás.

-¿Qué quieres? -le preguntó.

-No ha comenzado la cena y la gorda ya está acabando los platos -dijo Neyret cruzándose de brazos mientras observaba a Camila comerse un gran plato de salsa, tenía los alrededores de su boca sucia de esta.

-¿Y eso a ti qué te importa? Gata estirada -dijo Elián respingando las cejas.

-Mejor lárgate a estudiar, bastante que te hace falta -soltó Camila como si nada (estudiaban en el mismo salón de clases).

Neyret salió de la cocina con mucha rabia y después, todos soltaron una gran carcajada por lo que había sucedido.

-¿Quién se cree esa Neyret? No la soporto -dijo Cristian-. Por cosas como estas me doy cuenta el por qué Luis Ángel la trata tan mal.

-Siempre quiere estar pisoteando a las personas -renegó Camila-. Esta es la casa de mis tíos y yo puedo comer todo lo que quiera -la joven pasó su lengua por los alrededores de su boca.

Salieron al patio de la casa donde, en la piscina, se encontraba un chico nadando, Cristian comenzó a hablar con él, su nombre era Eduar y era muy, pero muy apegado a Luis Ángel y Cristian. Muchas veces sus padres decían que terminarían siendo pareja porque todo el tiempo estaban juntos.

Por su lado, Camila no tenía un grupo como su hermano, a veces veía películas en las noches con Sandrid, pero nada más. Su rutina era ir al colegio en las mañanas, en las noches hacía las tareas y listo, esa era su vida, bueno, todo el tiempo estaba comiendo, digamos que era su pasatiempo. Siempre recordó su niñez así y ahora lo era su adolescencia. Pero no le incomodaba serlo, estaba conforme con lo que era su vida hasta el momento y no quería cambiarla.

Unas dos horas después Luis Ángel entró al patio quitándose la camiseta que traía puesta, su cuerpo estaba marcado por el ejercicio, él siempre tuvo buena apariencia, aunque, el desarrollo lo estaba volviendo todo un hombre. Camila estaba acostada en una silla para tomar el sol mientras comía unos bocadillos que tenía en una mano, a su lado estaba Neyret leyendo una revista en silencio. Camila al ver aquella panorámica que daba Luis Ángel comenzó a ahogarse con el bocadillo. Había pasado mucho tiempo que no veía el cuerpo de Luis Ángel y los resultados que vio eran muy buenos.

Luis Ángel se lanzó al agua donde estaban sus amigos bañándose y comenzó a hablar con ellos de lo más normal. Camila no era muy cercana a Luis Ángel, recordaba que de pequeña trataba de llamar su atención, pero él nunca le prestó atención. ¿Por qué estaba pensando tanto en él? Solo era un amigo, debía calmarse.

Salió del patio para poder tranquilizarse. Comenzó a dar vueltas por la sala, después, creyó que lo mejor era irse de la casa. Se encerró en su cuarto a ver una serie en su computador.

Al día siguiente, estaba en el colegio conversando con Sandrid como todos los días, pero, cuando Camila vio a lo lejos a Luis Ángel escupió un jugo que estaba tomando.

-¡Amiga! ¿Qué te sucede? -soltó Sandrid asustada.

-Lo siento, me estaba ahogando -dijo ella tratando de calmarse.

Comenzaba a preocuparle, ¿en realidad le gustaba tanto Luis Ángel? ¿Desde cuándo?, era un gran problema, él nunca le prestaría atención a la gorda que siempre estaba comiendo.

Camila, seis años:

Todos sus amigos y ella corrían por los pasillos de la cabaña que estaba a oscuras, se sentaron en un rincón mientras soltaban risitas traviesas. Encendieron una pequeña lámpara que pusieron en el centro de la ronda que hicieron.

-Si eres tan valiente debes de darle un beso a Camila -dijo Elián a Luis Ángel.

-¿Para demostrar mi valentía tengo que besar una niña? -preguntó Luis Ángel como si fuera algo estúpido.

-Sí, debes hacerlo -retó Sandrid.

Camila se ruborizó por completo mientras miraba fijamente a Luis Ángel que no se veía muy convencido en besarla, no le atraía para nada y ella lo sabía. Aunque, el niño se levantó y caminó hasta ella. Los demás estaban emocionados al verlo acercarse a Camila, la observó fijamente y después le dio un beso en los labios.

-¡Oh...! -comenzaron a gritar todos emocionados y soltaron carcajadas.

Camila quedó sorprendida al ver que Luis Ángel no se rehusó a darle un beso, otro hubiera hecho una pataleta o decir que ella era fea, pero Luis Ángel solo aceptó el reto con valentía y no la dejó en ridículo. Era tan diferente a los demás niños y eso le encantó.

Actualidad:

"Luis Ángel fue mi primer beso, ese día me encantó muchísimo. Creo que esa noche fue mágica y desde ahí me enamoré de Luis Ángel, sí, desde ese día se convirtió en alguien que admiré y poco a poco me enamoré de él. Ahora no soy capaz de verlo de lejos porque me lleno de miedo. Creo que es porque tengo claro que Luis Ángel es inalcanzable para mí, ¿cómo puede enamorarse de una chica como yo? Soy gorda y nada inteligente, todo lo contrario a él." Escribió Camila en su diario y después soltó el llanto.

Cristian escuchó llorar a su hermana cuando iba pasando por su cuarto, abrió rápidamente la puerta de la habitación de la joven.

-¿Qué sucede? -le preguntó.

-Sal de mi cuarto -pidió ella mientras limpiaba sus lágrimas.

-No, ¿por qué estás llorando? -puso sus manos en la cintura.

-¡Sal de mi cuarto, quiero privacidad! -gritó ella enojada.

-Eres una gorda grosera -Cristian tomó una almohada y se la lanzó a su hermana en la cara para después salir de la habitación.

-¿Qué te parece si comenzamos a trotar todas las tardes? -le preguntó Eduar a Luis Ángel mientras terminaban la tarea en el cuarto de estudio.

-Tienes razón, eso nos ayudaría a mejorar nuestra resistencia -aceptó Luis Ángel. Observó que su amigo estaba bastante pensativo-. ¿Qué te sucede?

-Podemos decirle a Camila que nos acompañe. ¿No te parece que está muy gorda?

-A ella no le gusta hacer ejercicio y no nos dejará concentrar.

-Es que escuché a mis padres hablar sobre ella, dijeron que para su edad está muy pasada de peso y es que se ve mucho. Siempre está comiendo, ¿no la viste el sábado? Solo sabía comer y parece que después le dio indigestión porque se fue con una cara trágica a su casa -Eduar soltó una carcajada-. Nunca he visto a una persona comer tanto.

Eduar dejó de reírse al ver a Luis Ángel serio.

-Tú le quitas el chiste a las cosas -fanfarroneó Eduar volviendo a mirar sus apuntes con rostro de aburrición.

-Si tanto quieres ayudarla puedes decirle al tío Tomás que converse con ella para hacer que comience una rutina de ejercicio. Pero, la probabilidad que hay de que Camila acepte es muy nula -sugirió Luis Ángel con su típica voz de chico serio.

-Deja de meter estadísticas cada vez que quieres explicar algo. Me haces sentir bruto -pidió Eduar.

Cuando Eduar terminó de hacer las tareas con Luis Ángel llegó a visitar a Cristian a su casa, aunque, a quien quería ver era a Camila; pero como no tenía mucha confianza con ella tomó la excusa de hablar con su primo.

-Hola Camila -la saludó con una sonrisa desplegada.

-Cristian está arriba hablando con Elián -dijo ella con un rostro un tanto aburrido.

Eduar subió al segundo piso extrañado por el pésimo humor que tenía la muchacha. Entró al cuarto donde estaba Cristian tirado en su cama comiendo unos bocadillos con Elián mientras veían una película.

-Los quedé esperando en la casa de Luis Ángel para hacer la tarea, ¿por qué no fueron? -preguntó cruzándose de brazos.

-Ay, deja de venir a atormentar la vida -pidió Cristian-. Yo después le pido a Luis Ángel que me preste la tarea.

-Teníamos que hacer el trabajo de matemáticas Elián, pero como no fuiste, ahora voy a entregar el trabajo yo solo -soltó Eduar un tanto enfadado.

-Oye, no puedes hacer eso; el trabajo es de dos -alegó Elián preocupado por su situación.

-Ah... ¿ves? Quién te manda a ser tan irresponsable -Eduar tomó un bocadillo del plato y se sentó al lado de sus amigos en la cama.

-No, no me puedes sacar del trabajo, yo también hice una parte -Elián comenzó a enfadarse. Se levantó de la cama y salió del cuarto dando un portazo al salir.

Eduar y Cristian se vieron las caras.

-Él no hizo nada, es un descarado -soltó Eduar.

-Ay no, vayan a otro lado con su cuento -renegó Cristian.

Elián bajó al primer piso para irse, vio que Camila estaba llorando en la sala mientras escribía en un libro. La joven al verlo dejó a un lado lo que estaba apuntando y se fue a la cocina para no tener que darle explicaciones del por qué lloraba.

Elián quedó curioso por lo que estaba escribiendo en aquel libro su prima, se acercó y hojeó en la página donde la chica escribía. Sus ojos se abrieron en gran manera cuando leyó "Luis Ángel, si supieras lo mucho que te amo".

-¡Anda... ¿Esto qué es?! -soltó. Cerró rápidamente el libro y lo hizo reposar sobre el mueble como la chica lo había dejado anteriormente y salió de la casa emocionado por su descubrimiento.

A Camila le gustaba Luis Ángel, ¿desde cuándo?, soltó una gran carcajada mientras caminaba por la calle. Quería contarle al joven, de hecho, llegó hasta la casa del muchacho y estuvo a punto de decirle, pero, ¿era lo correcto?, primero quería hablar con Camila.

-¿Qué me ibas a decir? -inquirió Luis Ángel.

-Ah... -Elián salió de sus pensamientos, rodó la mirada por todo el cuarto de estudio-, imagínate que Camila no le va muy bien con las matemáticas, el álgebra la tiene sacando canas verdes y pues, me preguntó si yo le podía ayudar, pero sabes que a mí no se me da muy bien eso, así que, no sé, ¿por qué no le ayudas tú?

-Ella no me ha dicho nada -respondió Luis Ángel mientras pasaba la hoja del libro que estaba leyendo.

-Claro que no te va a decir, no te tiene confianza.

Luis Ángel al escuchar esas palabras alzó la mirada para ver a su amigo.

-Nos conocemos desde que tenemos memoria, ¿por qué no me tendría confianza?

-Por esa forma de ser tan rara la tuya -respondió Elián.

-Bueno, sé que no hablamos mucho, pero no creo que sea por mi personalidad, de pequeños éramos muy amigos.

Elián al escuchar aquellas palabras soltó una carcajada y Luis Ángel puso su rostro más neutral que antes.

-Oye, ¿cuál muy amigos? Si tú siempre la has ignorado y por eso ella cuando creció se apartó de ti. Esa es la razón del por qué no te habla -explicó Elián.

A Elián le sorprendió ver que Luis Ángel estaba bastante interesado por lo que Camila pensaba sobre él. ¿Es que acaso le gustaba la chica también? Si era así tenía muy mal gusto por las mujeres.

Luis Ángel, diez años de edad:

El niño estaba sentado en una silla leyendo un libro de la historia del cine en el balcón de la cabaña de una playa cuando observó a Camila esconderse detrás de una pared mientras lo veía de lejos. Desde que tenía memoria de la existencia de la pequeña siempre la vio llamando su atención, aunque, él al ser tan inexpresivo nunca le demostró que le agradaba estar cerca de ella.

Camila se acercó a él y se sentó a su lado, aunque no sabía leer muy bien, fingía que entendía lo que leía.

-¿Por qué no buscas el libro que te regalé? -le preguntó Luis Ángel a Camila.

Ella hizo un sí con su cabeza y corrió a buscar lo sugerido por Luis Ángel, después, llegó emocionada con un libro que tenía en la carátula un pequeño príncipe y como título "el principito".

-¿Lo terminaste de leer? -le preguntó Luis Ángel.

-No, pero mi mamá me lo lee en las noches -respondió la niña.

-Debes de leerlo sola, así nunca aprenderás a leer -explicó el niño.

Actualidad:

A Luis Ángel le importaba el no distanciarse de Camila, era la única amiga que atesoraba de su infancia, le agradaba hablar con ella; pero por su falta de tiempo, se distanciaron en gran manera. Le parecía que la joven tenía una personalidad fuerte, admiraba su valentía para no prestarle atención a lo que los demás dijeran de ella. Él quería ser como Camila, poder hacer lo que siempre le había gustado y no lo que su padre deseaba para su futuro que era ser empresario, le aburría estar en una oficina, prefería pasar su tiempo leyendo y nadando; no encerrarse en un edificio a revisar cuentas.

En cambio, sabía que, Camila desde pequeña se había inclinado por la cocina, iba por la vida probando sabores diferentes, cuando viajaba con su familia, salía a conocer nuevos restaurantes para probar los platos exquisitos que allí tenían. Luis Ángel siempre la veía de lejos, disimuladamente, para que nadie se enterara de su pequeño secreto que atesoraba con todo su corazón.

Esa noche, Luis Ángel fue a la casa de Camila para conversar un rato con ella. Pero quien le abrió fue Cristian.

-¿Y eso? ¿Qué haces aquí? -le preguntó.

-¿Está Camila?

-¿Eh? -Cristian quedó extrañado- ¿para qué quieres ver a Camila?

-No tengo que darte explicaciones -respondió Luis Ángel-, es mi amiga.

-¿Desde cuándo son amigos? -el rostro de Cristian demostraba lo extraña que le parecía la situación.

Otro que le decía lo mismo, ¿en serio se habían distanciado tanto? Vio a lo lejos a Camila subiendo las escaleras que daban al segundo piso, llevaba con ella un pote de helado en sus manos que protegía como si fuera un gran tesoro que nadie le podía robar. La joven se ruborizó por completo cuando vio a Luis Ángel e iba a subir, pero él la detuvo.

-Necesito hablar contigo -pidió Luis Ángel intentando que la muchacha no se fuera.

-¿Ah? ¿Para qué? -le preguntó ella.

-¿En qué problema te metiste ahora Camila? -indagó Cristian con rostro serio.

-No... Yo no he hecho nada -respondió ella comenzándose a preocupar.

-No es ningún problema -aclaró Luis Ángel.

-¿Entonces?, ¿para qué quieres hablar con ella? -inquirió Cristian cruzándose de brazos.

-¿Eres el papá o qué? -cuestionó Luis Ángel con su típica voz gruesa que demandaba imponencia.

-No..., solo que es raro que tú quieras hablar con ella -explicó Cristian-. Bueno, hablen, cualquier cosa estaré en mi cuarto.

Luis Ángel, quien no era muy bueno socializando, quedó a solas en la sala con Camila, ella se sentía ridícula con el pote de helado entre las manos.

-¿Nos podemos sentar? -preguntó Luis Ángel.

-Ah... Sí -Camila caminó hacia un mueble, pero se tropezó y cayó al piso botando todo el helado que quedó regado en su pecho y barriga.

-¿Estás bien? -inquirió Luis Ángel acercándose a ella para ayudarla.

-Sí, tranquilo, solo me tropecé con... ¿Con qué me acabo de tropezar? -Camila quería morirse de la vergüenza.

Buscó en la cocina un trapo con el que pudiera limpiarse, mientras lo hacía, su mente estaba hecha un caos, ¿por qué tenía que pasar eso cuando estaba Luis Ángel presente? Su lado torpe no pudo encontrar mejor momento para manifestarse. Al llegar nuevamente a la sala, se sentó frente a Luis Ángel quien se veía bastante... ¿él?, solo era su personalidad seria y calmada.

-Ahora sí, ¿qué sucede? -le preguntó la joven rompiendo el silencio que los atrapaba.

-Elián me dijo que tienes problemas con matemáticas -explicó Luis Ángel.

-¿En serio? -Camila quería morirse de la vergüenza-, lo que sucede es que la profesora explica muy rápido y no le entiendo nada; pero nada más, yo voy a repasar, eso estoy haciendo. Además, a él tampoco le va bien, si tú no le explicas ¡puf...! Le iría muy mal. Solo... necesito repasar más -hizo silencio-. A todo esto, ¿por qué te estoy dando explicaciones sobre mi situación académica? No es como que te tenga que dar explicaciones de lo que hago o dejo de hacer, suficiente tengo con mi hermano y mis papás, mi mamá se pone loca cuando se entera que saqué una mala nota. Mi tía Keidys me contó que a mi mamá le iba muy mal en clases, que siempre perdía matemáticas, así que lo bruta a los números lo saqué a ella. Bueno, siento que me perdí del tema, ¿qué era lo que te estaba contando?

Hubo un momento de silencio, Luis Ángel observó toda la sala, ¿qué hacía hablando con ella? Le acababa de decir muchas incoherencias. Camila se tornó totalmente roja, notó que todo lo que había dicho puso a Luis Ángel incómodo y sabía que él estaba pensando que hablaba con una retrasada mental.

Solo quería decirte que te puedo ayudar explicándote matemáticas -dijo Luis Ángel.

Ese momento incómodo cuando quieres que la tierra te trague...

Capítulo 2 2

"Crisis existenciales, eso tengo ahora, creo que mi vida necesita cambiar; no me siento cómoda con lo que soy ahora. Cuando hablé con Luis Ángel y me di cuenta de lo absurda que soy... me pregunté, ¿cuándo me volví en esto?, por dos semanas había estado llorando, pero no sé si eso es parte de la adolescencia; ¿necesito ir con el psicólogo? No creo que tenga que llegar a esos extremos, tengo una crisis existencial, pero no me siento depresiva, no lo sé. En fin, creé una lista con las cosas que debo de hacer para cambiar.

En la tarde cuando regresaba del colegio vi una camisa que no es de mi talla, es mucho más delgada, bueno, mucho más pequeña, yo estoy gorda. Pensé, ¿por qué no puedo ponerme esa camisa?, claro que puedo hacerlo, pero para eso necesito bajar de peso. En estos momentos creo que es imposible; a la vez... siento que me da vergüenza que las personas me vean haciendo ejercicio". Camila dejó de escribir y se acostó en su cama a meditar. "En estos momentos estoy en 90 kilos con quince años recién cumplidos, estoy muy gorda" pesó.

Estaba debatiéndose en si entrar o no en la casa, el padre de Sandrid era dueño de varios gimnasios y restaurantes de comida saludable, su nombre era Tomás, él podría ayudarle con su idea de bajar de peso, pero le daba mucha vergüenza el entrar en la casa.

Como si Dios hubiera escuchado sus súplicas, en aquel momento el hombre salió de la casa con ropa especial para hacer deporte y la quedó observando.

-Camila, ¡hola! ¿Qué haces aquí? ¿Buscas a Sandrid? -le preguntó mientras se acercaba a ella y le daba un abrazo.

-Ah... No, en realidad no, lo estoy buscándolo a usted -desplegó una sonrisa nerviosa.

-¿Estás asustada? ¿Por qué me hablas así? -inquirió él comenzando a chistar, esa era su típica forma de ser.

-Este... -comenzó a patalear, estaba estresada.

-Cálmate, ¿qué sucede? ¿Te metiste en problemas?, si quieres entramos y hablamos un rato -ofreció el hombre.

-¡No, no, no!, la casa no, si quieres vamos y hablamos mientras trotas -lo tomó de una mano y comenzó a caminar.

-Espera, no creo que mientras troto tú puedas seguirme el paso. Vamos caminar -la abrazó mientras comenzaron a pasear por la ciudad nocturna-. ¿Qué te sucede?

-Qui-quiero... Quiero bajar de peso -musitó y se ruborizó por completo.

-¿Qué? No te escuché porque hablaste muy bajito -dijo Tomás.

-¡Tío! No seas así conmigo -se avergonzó la joven.

-Pero si hablaste bajo, sin pena, habla que estamos en confianza -pidió el señor Tomás.

-¡Que quiero bajar de peso! Es eso -Camila se estaba muriendo de la vergüenza.

-Ah... Es eso, ¿y desde cuándo? ¿Te gusta algún chico? ¿Quién es? -comenzó a interrogar emocionado.

-No... Claro que no, es porque quiero mejorar mi salud, no quiero cumplir dieciocho y estar así de gorda, o no, sé que estaré el doble -en estos momentos Camila decía la verdad, inicialmente lo hacía por eso, pero también se quería ver bonita.

-No creo que lo soportes, eres muy débil. Lo dejarás a medias -se negó el hombre comenzándose a poner serio.

-¡No...! ¡Yo no soy así de débil, no me gusta dejar las cosas a medias y lo sabes! -se apartó de él enfadada y comenzó a caminar cruzada de brazos.

-¿Será? -Tomás examinó su rostro, ella también estaba seria. Después los dos soltaron carcajadas.

-Por favor tío, ayúdame, tú eres quien tiene conocimiento de todo esto -pidió Camila de manera desesperada.

-Pero con una condición, si lo dejas a medias no irás con nosotros al viaje a la cabaña por tres años y te quedarás siendo mesera en mi restaurante hasta que termines el colegio-advirtió Tomás.

-¡¿Ah?! -Camila quedó aterrada por completo, ¿cómo le podía hacer eso?

-Es mi única condición para saber que no me harás perder el tiempo, sabes que soy un hombre muy ocupado -Tomás se detuvo y se cruzó de brazos observando fijamente a la joven.

-Trato hecho -Camila le extendió una mano para que el señor la estrechara. Él quedó bastante sorprendido por la reacción de la joven, solo la estaba probando para ver si hablaba en serio.

-Entonces, es un trato -le estrechó la mano. Camila desplegó una sonrisa emocionada.

-¿Cuándo comenzamos? -le preguntó.

-Debemos de hacerte unos exámenes primero y crearte una dieta saludable para que el ejercicio tenga efecto. No será fácil, Camila -le explicó.

-Espera, así que vamos a comprar ropa para hacer ejercicio -dijo Sandrid bastante curiosa y extrañada.

-Eh... Sí, es que comenzaré a hacer ejercicio -explicó Camila mientras caminaban por el centro comercial.

-¿Tú? ¿Hacer ejercicio? -cuestionó Sandrid.

-¿Qué tiene de malo? Quiero cambiar -Camila entró a una tienda de ropa deportiva.

-Pero... Es que, no lo puedo creer -soltó Sandrid sin saber qué decir.

-Ay, ya, no es la gran cosa -soltó Camila comenzándose a ruborizar. Sabía que muchas personas reaccionarían así.

Esa tarde, Camila estaba frente a una cancha de fútbol, debía comenzar a trotar para hacer calentamiento. En su mente no dejaba de repasar la lista de las comidas que no podía comer y que para ella era una espada atravesando su espalda.

Comenzó a trotar, el amigo de su padre (Tomás) la alentaba para que siguiera, estaba haciendo los ejercicios con ella para que así se sintiera apoyada. Se ahogaba con facilidad y no lograba hacer una vuelta completa, hasta llegó a caerse y rasparse un codo. Tenía ganas de llorar, ¿en realidad era tan débil?

Sandrid, quien no podía creer que Camila había comenzado a hacer ejercicio, se acercó al gimnasio donde ella había empezado a hacer su rutina y la vio haciendo sentadillas al fondo siendo apoyada por el señor Tomás.

-No lo puedo creer -soltó con los ojos muy abiertos.

Mientras, Neyret (la hermana menor de Luis Ángel) hacía su rutina de ejercicio en aquel gimnasio y también quedó sorprendida al ver a Camila allí. Su boca se abrió de impresión al verla, rodó la mirada a Sandrid quien con su expresión le dijo que tampoco lo creía.

Así fue como todos poco a poco se enteraron de la noticia y el primero en molestarla fue Elián.

-¿Cuánto tiempo llevas? Supiste ocultarlo bien, ¿te duelen mucho las piernas? -observó el almuerzo de la joven y soltó una carcajada.

-¿Qué te resulta gracioso? -inquirió Camila con ganas de aventarle el plato de comida en la cara.

-Ya Elián, deja de molestarla -pidió Sandrid.

-Tú antes te comías cinco platos de esos -dijo el joven con una sonrisa desplegada. En sus ojos hubo un brillo-, ¿estás enamorada? Te gusta un chico, por eso estás bajando de peso.

En la mesa hubo un momento de silencio, Sandrid volteó a ver a la chica quien se ruborizó por completo. Elián con su rostro le dijo "sé de quién estás enamorada", por eso Camila comenzó a alterarse.

-Claro que no, nunca haría esto por algo tan estúpido, no me gusta nadie -replicó Camila.

-No le veo nada de malo el querer cambiar para gustarle a un chico, -opinó Sandrid- me parece que es una buena motivación. Solo que... No, sé que no eres de esas que se enamoran de chicos y cambian por ellos -Sandrid desplegó una sonrisa.

-O tal vez sí -cizañó Elián y desplegó una sonrisa mientras apoyaba sus codos sobre la mesa del comedor.

-Deja de fastidiar Elián, a veces te vuelves insoportable -regañó Sandrid.

En aquel momento llegó Cristian acompañado de Luis Ángel y Eduar, se sentaron a los lados de los chicos y Luis Ángel estaba frente a Camila quien se ruborizó por completo.

-Se me hizo muy raro ver a Camila cambiándose para ir a hacer ejercicio en estas semanas, -soltó Cristian con una risa burlona- es la cosa más extraña que he visto en mi vida, debo aceptarlo. Sabía que me ocultaba algo, pero no sabía qué era, no quería contarlo, pensaba que sería algo malo, pero es bueno que cuide su salud, así no tendré que preocuparme en que el día de su muerte tengamos que llevarla en una grúa -Cristian soltó una carcajada.

-Ay, no seas así de pesado, Cristian -pidió Sandrid. Sus amigos soltaron una carcajada.

-¿Cómo te verás delgada? -preguntó Eduar-, no te reconocería, la verdad. El día que lo hagas te sacaré a bailar, así no me dará miedo que te resbales y me estripes.

Eran las declaraciones más humillantes que había escuchado Camila en su vida; todos pensaban que era muy divertido el tener que oír cómo se burlaban de su físico, pero odiaba estar allí. Camila inclinó su mirada, mientras, Luis Ángel escuchaba todo lo que decían de la joven y sabía muy bien que se estaba sintiendo mal. Aquella chica que anteriormente no se dejaba ofender y que parecía no importarle lo que otros pensaran, ahora se veía vulnerable y pedía a gritos que alguien la ayudara.

-Si yo me burlara de sus malas notas y el que nunca entienden las operaciones matemáticas, ¿a ustedes les agradaría? -dijo de repente Luis Ángel. Todos hicieron silencio.

-¿De qué hablas? -preguntó Elián.

-Se creen con el derecho de criticar y burlarse del peso de Camila solo porque ustedes son delgados. Entonces, yo que entiendo más las matemáticas que ustedes puedo burlarme de su poca capacidad para comprender. Estamos balanceados, así que es justo que yo lo haga, ¿o se enfadarían conmigo si lo hiciera? -explicó Luis Ángel.

-Oye... te estás pasando -bufó Eduar.

-Claro que no, su poca capacidad para comprender no nota que a Camila le hace sentir mal que las personas que dicen ser sus amigos se burlan solo porque tiene más peso que ellos. Hasta el que dice ser su hermano mayor y debe cuidarla se burla de ella. -Dijo Luis Ángel- no puedo soportar ver algo así.

Todos hicieron silencio, Camila sentía que su corazón estaba latiendo muy fuerte y sus manos comenzaron a temblar.

-Lo siento Camila. Solo lo decía en broma, estoy feliz porque quieres cuidar tu salud, en serio, Luis Ángel tiene razón; no debí burlarme de ti -se disculpó Cristian.

-Yo también -Eduar inclinó la mirada.

-Ah... Tranquilos. Sé que solo saben decir burradas -soltó Camila desplegando una sonrisa para romper el momento incómodo.

Luis Ángel había vuelto a rescatarla de un momento incómodo. Si seguía así, nunca iba a superar el sentimiento que tenía por él. "Cálmate Camila, Luis Ángel solo trata de ser amable contigo" pensaba mientras le daba vueltas a la cancha de fútbol. Se dio cuenta que hacer ejercicio cuando estaba estresada le ayudaba a calmarla y no pensar tanto.

-Yo quiero verla hacer ejercicio, debe ser gracioso -le dijo Elián a Eduar cuando estaban en el cuarto haciendo nada.

-Oye, Luis Ángel salió a defenderla de una manera impresionante -soltó Eduar.

-A ese le gusta Camila. Eso te lo aseguro -Elián hizo un sí con su cabeza.

-¿Será? No creo -Eduar se acomodó en la cama.

-Vamos a preguntarle. Seguramente nos dirá si es cierto o no -sugirió Elián.

-Por favor, Luis Ángel es una tumba, ese tipo es tan cerrado que no nos contará nada. -Refutó su primo- seguramente lo sabe su mejor amigo, pero Cristian no nos contará nada tampoco.

-Oye, pero yo sí sé quién le gusta a Camila -soltó Elián con un rostro de astucia.

-Luis Ángel.

-¿Cómo lo sabes?

-Fue tan obvio. Estamos hablando de Luis Ángel en este momento. No sabes guardar secretos -dijo Eduar como si fuera lo más lógico.

Los chicos se acercaron al gimnasio con el pretexto de que harían ejercicio, aunque, en realidad querían ver a Camila ejercitándose. La chica estaba trabajando brazos en aquel momento.

-El tío Tomás la está ayudando. Pobrecita, debe de exigirle mucho. Por eso se ve bastante cansada cuando está en el colegio -soltó Eduar.

-Bueno, su cuerpo está teniendo una nueva rutina. No es fácil -explicó Elián.

Neyret se acercó a los chicos.

-¿Ya vienes a burlarte de Camila? -preguntó Elián.

-No... -soltó ella.

-Como siempre estás burlándote de los demás -refunfuñó Elián.

-Haber, ¿cuál es tu problema conmigo? -inquirió la joven cruzándose de brazos.

-Ay, ya, no vayan a ponerse a discutir ahora. Neyret, vete, no queremos problemas -pidió Eduar.

-Yo no me voy a ir, yo aquí vengo a hacer ejercicio y él es quien quiere discutir conmigo. ¿Cuál es su problema? Yo no puedo acercarme a ustedes porque comienzan a decirme cosas -discutió la joven con una voz bastante seria.

-Porque eres una engreída, te crees superior a los demás y siempre estás diciendo estupideces, bruta -le dijo Elián.

-Mira quien habla de bruto, el que siempre está detrás del trasero de Luis Ángel porque perdería todas las materias si no fuera por él -Neyret soltó una carcajada irónica.

-Neyret, mejor vete, no queremos formar una discusión aquí -pidió Eduar.

-Mejor lárguense ustedes, no tienen nada que hacer aquí -refutó la joven mientras se cruzaba de brazos.

-Vámonos, no perdamos el tiempo hablando con brujas estúpidas como esta -Elián barrió a Neyret de pies a cabeza, algo que le desagradó a la chica por completo.

Neyret entró al baño del gimnasio y soltó un gruñido por la furia que tenía. Para ella era una tortura el estar soportando a aquel grupo todo el tiempo, ni en su casa tenía tranquilidad porque allí también los veía y la calle donde vivía estaba inundada de ellos. Lo peor, su hermano siempre la ignoraba y sus padres estaban tan concentrados en sus trabajos que no le prestaban atención en lo absoluto y cuando estaban en la casa se reunían con sus amigos para fingir que tenían una familia perfecta. Ella se sentía excluida de aquel mundo, siempre trató de ser la chica que no se quejaba de nada y que le daba igual lo que los demás pensaran de ella, al tener un hermano como Luis Ángel y un primo como Eduar, que se comportaban como chicos perfectos, sentía que creaban una gran sombra frente a ella que no la dejaban destacar y por lo mismo trataba de mostrar que también tenía una vida perfecta.

Al llegar a su cuarto y se tiró en la cama a llorar. Se sentía sola, que si se iba del mundo a nadie le importaría.

Neyret, cinco años:

Ella amaba estar en casa de sus bisabuelos, siempre la atendían y le prestaban mucha atención, más el señor Sandoval que la sentaba en sus piernas en un mecedor y le cantaba una canción en un idioma que ella no conocía hasta que se quedaba dormida. Pero a los ocho años ellos murieron, primero su bisabuela y por último el señor Sandoval. La casa la vendieron dos años después y Neyret desde aquel tiempo no volvió a ser la misma.

Siempre sintió que sus abuelos y padres tenían más preferencia por Luis Ángel al ser más inteligente. De hecho, su padre mostraba más preferencia a él, desde pequeño le explicaba cómo se administraban las empresas y cuando él se enfermaba se quedaba todo el día a su lado.

Su tan mala relación con Elián comenzó cuando tenía ocho años. Corría por la casa del niño y dejó caer un jarrón que se veía muy costoso. Se agachó para recogerlo, pero, en el marco de la puerta de la pequeña sala de estar estaba Elián observando todo.

-¿Qué hiciste? -le preguntó el niño acercándose.

Ella al asustarse se cortó las manos al apretar con fuerza lo pedazos filosos que tenía en sus pequeñas manos.

-Por favor, no le digas a nadie -le pidió al soltar el llanto.

-Ese jarrón le gustaba mucho a mi mamá, ¿por qué lo tiraste? -regañó el niño-. Le voy a decir que lo tiraste.

-No... Mis papás me van a regañar si lo haces, no... -suplicó ella.

-Pero si no les digo a quien van a regañar es a mí -explicó él.

-No... -ella se levantó y miró sus manos llena de sangre. Elián se acercó a ella al verla en aquel estado.

-Está bien, no les diré -aceptó-. Pero, ¿cómo les explico que no fui yo?

En aquel momento entró la mamá de Elián junto con la madre de Neyret.

-¿Quién partió el jarrón? -preguntó la mamá de Neyret quien se llamaba Keidys.

Los niños hicieron silencio, las mujeres notaron las manos llenas de sangre de la pequeña.

-¡Dios mío! ¿Intentaste recogerlo? -le preguntó Keidys a la pequeña quien no dejaba de llorar-, ¿tú lo tiraste?

-No... Yo no fui, fue Elián -respondió ella llena de mucho miedo.

-¡Eso no es cierto! -gritó el niño comenzándose a enojar, sus padres eran muy estrictos con él porque tenía fama de ser travieso.

-¡Sí es cierto, me dijiste que te ayudara a recogerlo para que tu mamá no te regañara! -gritó Neyret.

-¡¿Por qué Elián?! -regañó su mamá quien se llamaba Alejandra.

-No... Yo no fui, ella lo tiró, me dijo que no te dijera porque la iban a regañar, yo no fui -insistió el niño con miedo soltando el llanto. Se acercó a la mujer y empezó a suplicarle.

-¡Deja de decir mentiras! -le dio una palmada en las manos-, ¡mira como volviste las manos de Neyret!

-¡Yo no fui, en serio, no fui yo! -insistía el niño.

Alejandra lo sacó de la pequeña sala de estar tomado de una mano, lo llevó a la principal donde estaba el papá del niño quien comenzó a regañarlo bastante fuerte. Neyret quedó abrazando a su mamá quien la tomó en brazos para llevarla corriendo a la sala principal donde todos al verle las manos llenas de sangre se asustaron. Elián siempre recordó ese día, fue la primera vez que sus padres lo golpearon, bueno, la única vez que lo hicieron, y lo peor, por algo que él no había hecho. Así que odió a Neyret y les dijo a todos sus amigos lo que ella había hecho, y claro, a él sí le creyeron.

Así que todo salió a la luz y Neyret fue castigada. La niña quedó con una mala imagen, que, para la edad que tenía, la marcó mucho. Elián nunca perdonó que por la culpa de ella le hubieran pegado y se volvió costumbre el tratarla mal cada vez que estaba cerca de ella. En pocas palabras, Elián conoció lo que era tenerle rencor a alguien.

Actualidad:

Neyret estaba sumergida en la tina de su baño, se le había vuelto un rito para ella el aguantar la respiración debajo del agua al bañarse. Pero aquella vez quería quedarse allí, de hecho, eso era lo que iba a hacer. Su vientre tenía toda una gran colección de pastillas que había guardado por varios meses, el piso del baño estaba regado con pastillas y los potes que había vaciado de estas en su estómago.

La tina se llenaba cada vez más de agua y comenzaba a llegar a su límite, así como la respiración de la joven. En su mente se procesaban una y otra vez los gritos que había recibido, la muerte de sus bisabuelos, las noches llenas de soledad y los rechazos de quienes la rodeaban.

-¿Dónde dejaste mis llaves, Luis Ángel? -preguntó Elián buscando por todo el cuarto del muchacho. Observó su celular por un momento, le impacientaba que su amigo fuera tan relajado a la hora de explicar dónde estaban las cosas.

-¿Cómo quieres que te diga si yo no vi dónde las dejaste? -inquirió Luis Ángel por la llamada.

-¡Ay...! ¡Me estresas! -Elián colgó, tiró el celular sobre la cama y quedó reparando el cuarto.

Salió mirando hasta el más mínimo detalle por el pasillo buscando sus llaves, ¿dónde se habían caído?, empezó a abrir los cuartos para revisar. "¿Será que Neyret sabe dónde están?" pensó. Tocó a la puerta de la habitación de la muchacha, pero nadie abría.

-¿No está? -se preguntó. Abrió la puerta y entró.

Al no verla comenzó a buscar por el cuarto, tal vez estarían por allí, sabía que era imposible, pero con buscar no perdería nada. Escuchó el sonido del agua cayendo cuando estaba cerca de la puerta del baño, al inclinar la mirada vio el agua salir. Quedó bastante dudoso, tocó a la puerta creyendo que la chica se estaba bañando de manera exagerada y por eso se estaba saliendo el agua, pero nadie contestaba.

-Neyret, Neyret -llamó.

Decidió abrir, al ver todas aquellas pastillas regadas se asustó, rodó la mirada por todo el baño, se acercó a la tina y al ver a Neyret inconsciente dentro de ella solo pudo tener un impulso, sacarla.

-¡Neyret! -gritó mientras le golpeaba las mejillas para que respondiera- ¡AYUDA!, ¡AUXILIO! -gritó con desesperación.

La sacó de la tina y la acostó en el piso, ¿qué podía hacer? Con solo ver todas las pastillas regadas y los potes de estos vacíos sabía que ella intentó suicidarse. Era una bomba de tiempo, no podía correr a pedir ayuda, debía de poner en práctica lo que le habían enseñado.

Comenzó a darle primeros auxilios, soltó el llanto mientras trataba de hacerla volver en sí. Neyret comenzó a botar el agua de sus pulmones, con dificultad abrió los ojos.

-¡¿Qué hiciste?! -le gritó Elián alterado-, ¡Vomita las pastillas, rápido!

Sabía que tenía tiempo, ella todavía no había digerido el medicamento. La tomó por la espalda y le sumergió un debo en la boca, rápidamente Neyret comenzó a vomitar. Elián no había procesado que la joven estaba desnuda, tampoco le importaba en ese momento, solo quería salvarle la vida.

Capítulo 3 3

-Debo pedir ayuda -informó Elián levantándose del piso.

-Espera, no lo hagas, por favor -pidió la joven en un impulso, después siguió vomitando.

-No... Necesitas ir a urgencias, te tomaste más de tres potes de pastillas -refutó Elián muy nervioso.

-Eso no es cierto, solo fueron unas cuantas, las demás las voté y están en el piso -explicó Neyret mientras trataba de calmarse-. No es la primera vez que lo hago, sé que no me voy a morir.

Elián quedó paralizado con lo que estaba escuchando. Se acercó a ella y la cubrió con una toalla y cerró la llave de la tina. La ayudó a salir del baño, se veía muy débil.

-¿Por qué lo hiciste? -preguntó el joven.

-Eso no te importa -gruñó ella.

-Te acabo de salvar la vida -recalcó Elián con voz muy seria.

-¿Acaso yo estaba pidiendo ayuda? -inquirió la joven. Tenía su rostro pálido y los labios blancos.

-Estás loca. ¿Crees que suicidarte es la solución a los problemas que tienes? -inquirió Elián.

-Lárgate, déjame sola.

-No, claro que no, intentarás hacerlo. Lo que necesitas hacer es ir a la clínica, debes recibir ayuda.

-Claro que no. Solo quiero que te largues -Neyret soltó el llanto.

Elián se sentó a su lado, todavía no procesaba lo que había pasado. Neyret intentó suicidarse, ¿tan mal estaba que prefería morir antes que vivir?

La abrazó, le sorprendió cuando ella aceptó el abrazo y lo estrechó fuertemente. Pobrecita, ¿qué la estaba haciendo añorar la muerte a tan corta edad?

Cuando Neyret terminó de cambiarse y Elián limpiar el baño, se acostaron en la cama, la joven abrazó con fuerza el cuerpo del muchacho y solo se escuchaba el silencio. Elián se sentía culpable, sabía que él tenía mucho que ver con la depresión de Neyret, le gritaba cosas muy feas cada vez que tenía oportunidad e incentivaba a sus amigos a hacerlo. En el colegio ella solía estar sola y en su casa también, desde pequeña supo lo que era perder a las personas que más quería y el rechazo de la gente.

Seguramente había intentado suicidarse en repetidas ocasiones, ella muy bien lo dijo, no fue la primera vez que tomó una gran cantidad de pastillas.

-Ay... ¿Dónde está el celular? -se preguntaba Eduar mientras buscaba por el salón el dispositivo-. Me lo han robado, partida de ladrones, pero ya verán -en aquel momento encontró su celular dentro de su bolso-, ah... aquí estás.

Salió del salón de clases bastante campante, vio que a su lado iba caminando una chica de tez morena, con los labios negros, el cabello desordenado, las medias del uniforme eran negras y la falda extremadamente larga. Tenía puesta una gargantilla que colgaba una cruz e iba escuchando una música bastante ruidosa, Eduar podía escucharla de lejos, aunque ella llevaba puesto unos audífonos.

-Hey -dijo de repente la chica-, llevas el bolso abierto.

Eduar rápidamente se quitó el bolso y cerró la corredera de este.

-Gracias -agradeció el joven. No quería está cerca de esa chica, le daba miedo.

-Oiga, ¿por qué lleva el uniforme de esa manera? -le preguntó el director a la muchacha.

-¿Qué tiene?

-Esas medias, deben ser blancas, no negras, y esa gargantilla está prohibida en esta institución, además, no puede traer ese color de labial -regañó el director que había aparecido de repente frente a ellos.

-Yo tengo derecho a la libre expresión, puedo vestirme como yo quiera -alegó la joven.

Eduar se había quedado a observar lo que estaba pasando, el director lo reparó, se conocían, él era abuelo de Sandrid, el señor Moreño, aunque, los estudiantes lo llamaban Oscoreño, algo que le hacía hervir la sangre.

-Señor Oscoreño, ella tiene razón -dijo Eduar.

El director Moreño le dio un golpe en la cabeza al joven con un periódico envuelto.

-¡Moreño, mi apellido es Moreño! -regañó.

-Lo siento -se disculpó Eduar.

-Y usted jovencita, mañana me viene con las medias del color que es y se quita esa gargantilla, además, ¡péinese!, parece que hubiera peleado con la peinilla antes de venir -el señor Moreño se alejó de los jóvenes revisando que todo estuviera en completo orden como a él siempre le gustaba.

Eduar miró a sus lados, limpió su garganta y después se marchó. La muchacha soltó un gruñido para después seguir su camino, de lejos observaba a Eduar que comenzó a conversar con Sandrid y Luis Ángel.

Eliana, así se llamaba la joven. Era nueva en el instituto, pero ya había reparado todo su alrededor en esas dos semanas.

-Se llama Eduar -escuchó a su lado.

Eliana volteó a ver a la joven que le había hablado, era Neyret. Se sorprendió al ver lo hermosa que era.

-Es un niño de plata como todos aquí. La familia de su mamá es dueña de una editorial y otras acciones. Además, su padre es el hermano de Keidys, la actriz -le explicó Neyret.

-Pero si tú también se ve que estás forrada de dinero -Eliana respingó una ceja mientras se cruzaba de brazos.

-Lo sé, yo soy su prima -Neyret desplegó una sonrisa.

-Ya sabía que te había visto en algún lado. Eres la hija de Keidys -dijo Eliana echando uno de sus mechones despeinados detrás de su hombro.

-Olvida quién es mi familia. Estoy cansada que me estandaricen por mi apellido -Neyret se sentó en una banca que estaba a pocos metros de ella.

Eliana se imaginó que debía sentarse a su lado, por lo mismo repitió el acto de la joven. Sacó del bolsillo una cajita llena de dulces que hizo sonar. ¿Qué debía de hablar con una chica millonaria?

-¿Eres nueva? Nunca te había visto -interrogó Neyret.

-Me gané una beca para estudiar aquí. No quería aceptarla, pero mis padres me obligaron -explicó Eliana con un tono bastante aburrido.

-¿Y por qué no quieres estudiar aquí?, el colegio tiene buena reputación y en el instituto nadie se burlará de ti o te tratará mal.

-Bueno... El mismo director me acaba de decir que parece que hubiera peleado con la peinilla antes de venir -bufó Eliana. - Todos me ven como si fuera un bicho raro, no creo que sea del todo cierto lo que acabas de decir.

-No es por nada, pero parece que en realidad fue así -Neyret quería soltar una carcajada, pero se aguantaba.

-Dale, ríete -Eliana comenzó a comer una de las bolitas de dulce.

En aquel momento se acercó Elián a donde estaban las chicas, quería burlarse de la apariencia de Eliana, pero se contuvo.

-Hola -saludó y se sentó al lado de Neyret-. ¿Eres nueva?

-Ah... Sí -respondió ella.

-Con razón, antes no te había visto. ¿De dónde vienes? -Elián mantenía una sonrisa sostenida mientras intentaba conversar con Eliana.

-Oye, deja de acosarla -pidió Neyret.

-Solo quiero hablar con ella, ¿hay algo de malo en eso? -Elián hizo un momento de silencio-, ¿cuál es tu nombre?

-Eliana -respondió la joven.

-Mucho gusto, mi nombre es Elián, se parecen nuestros nombres, así que no olvidaré el tuyo -Elián soltó una pequeña carcajada.

-Ah, cierto, no te he dicho mi nombre, me llamo Neyret -se presentó la chica mientras desplegaba una sonrisa.

A Eliana le pareció curioso el que esos chicos se interesaran en ella, ¿por qué?, solo le hacían preguntas sobre el deporte que practicaba y el cuál fue el causante para que ella estuviera allí. En realidad, la trataban de una manera muy amable.

-Al director le gusta generar el que los estudiantes hagan deporte -dijo Neyret.

-Entiendo -Eliana no sabía socializar, en momentos como ese no sabía qué decir.

Sonó el timbre que avisaba el comienzo de las clases. Eliana entró a su salón correspondiente y al momento de llamar a lista notó que no la habían mencionado.

-Profesor -llamó.

-¿Qué sucede? -preguntó el hombre mientras se sentaba en su escritorio.

-No me ha llamado -informó la joven.

-¿Ayer no viniste a clase?

-La verdad, no.

-Han hecho cambios en los salones, así que ya no estás en este -explicó el hombre comenzando a buscar en las listas que le pertenecían.

Eliana tomó sus cosas y se acercó al hombre, ese momento en que te das cuenta que estás en el lugar equivocado, así se sentía ella.

Así que, totalmente perdida se acercó a un salón donde se suponía debía de estar el resto del año escolar, que, lastimosamente, faltaban muchos meses para que culminara. Apenas estaban en enero.

Eliana entró al salón de clase y todos plantaron sus miradas en ella haciendo completo silencio.

-¿Sí? -preguntó la profesora acomodándose los lentes.

-Soy Eliana, estudiaré aquí -explicó.

-Ah... Eliana, te había puesto falla -dijo la profesora revisando en la planilla, borró la falla-. Preséntate, por favor.

-Ah... Mucho gusto, mi nombre es Eliana Lauret -se presentó la joven algo tímida.

-¿Eres la becada? -inquirió la profesora.

-Sí, soy atleta -respondió la joven.

-Tus compañeros han estado hablando de una joven nueva que ingresó por una beca, no sabía quién era. Es muy bueno conocerte al fin, bienvenida. Puedes sentarte -dijo la profesora. Después tomó sus apuntes y comenzó a buscar la clase de ese día.

Eliana empezó a buscar con su mirada un puesto libre, se impresionó al encontrar en el salón a Eduar quien la observaba fijamente. La joven se sentó al lado de Luis Ángel quien, al parecer, no le importaba mucho la llegada de la muchacha, bueno, eso era lo que reflejaba.

-Debes elevarlo al cuadrado -dijo Luis Ángel cuando vio que ella se equivocó.

-¿Ah? -Eliana rodó la mirada hacia él.

-Te equivocaste -explicó Luis Ángel.

-Ah... Gracias -ella rápidamente borró la operación de su libreta.

-Déjame explicarte -el muchacho comenzó a escribir en la libreta de la joven la operación matemática como debía de ser.

Luis Ángel le agradó la manera de ser de Eliana, le pareció alguien muy sincera y humilde. Se notaba que estaba asustada al entrar en un colegio de tan alto nivel como lo era el Liceo.

-¿A qué hora practicas? -preguntó Luis Ángel a la joven cuando terminaron su taller.

-A las cuatro, tengo que quedarme todo el día en el colegio -respondió ella.

-Yo también practico a esa hora, estoy en natación; así que podemos irnos juntos. ¿Todavía te pierdes al buscarlo?

-Sí, el colegio es muy grande -respondió ella.

-Yo te puedo enseñar el camino cuando salgamos de clase -sugirió Luis Ángel.

Eduar y Cristian quedaron observando a los jóvenes que platicaban bastante interesados en el tema.

-¿No te parece eso extraño en Luis Ángel? -preguntó Eduar.

-Sí, ¿será que le gusta? -inquirió Cristian.

-No creo que tenga tan mal gusto. Solo mírala, es muy fea y se viste raro -refutó Eduar.

-Ay, oye, no seas tan malo. Solo es... gótica -Cristian quería soltar una carcajada.

-Hoy la vi antes de entrar a clases, el señor Oscoreño se burló de ella. Sabes cómo es él, le dijo que parecía que había peleado con una peinilla antes de venir -Eduar soltó la carcajada. -Escuchaba una música horrible y me miraba raro.

-El que más se burla va a terminar enamorado de ella, así que, deja de reírte de la muchacha; esos son sus gustos. Yo no me burlo cuando te encuentro viendo porno de muñequitos -Cristian soltó una pequeña risita. - Eso es mucho más raro que la música que escucha ella.

-Se llama hentai, y al igual es porno -aclaró el joven.

-Lo que sea, se ve muy raro que te masturbes viendo muñequitos -Cristian hizo un gesto de desagrado-. Mejor cambiemos el tema.

A la salida de la clase, Eduar, Elián y Cristian se acercaron a los muchachos.

-Hola -saludó Eduar a Eliana.

-Hola -la joven se ruborizó por completo. Le había llamado la atención el muchacho desde que lo vio.

-¿A dónde van? -preguntó Cristian a Luis Ángel.

-Vamos a hacer un recorrido por el colegio -respondió.

-Ah... Verdad, practicas atletismo, seguramente te pierdes cuando debes de ir -dijo Elián.

-Ah... Sí -Eliana comenzaba a darse cuenta que no le gustaba estar cerca de ese grupo de amigos, se sentía incómoda.

Los chicos caminaban tranquilamente por los pasillos del colegio mientras le contaban sobre los salones que estaban a su alrededor.

-Nosotros tenemos un escondite en el colegio. Como el señor Oscoreño es abuelo de una amiga nuestra y prácticamente nos crio, bueno, movimos nuestras influencias y tenemos copias de todas las llaves del Liceo. En fin, me salí del tema, lo que quería decir es que tenemos una copia del salón de natación y nos quedamos allí cuando no queremos ir a clases y nadamos hasta que nos cansamos -explicó Cristian.

-Cuando te aburra estar en clases puedes ir con nosotros y nadar un rato -sugirió Elián.

-Se verá raro que una chica esté con cuatro hombres en una piscina -dijo Eduar-. Además, ella es de atletismo.

-¿Y eso qué? Muchas veces Sandrid ha ido a nadar con nosotros -refutó Elián.

-Ella creció con nosotros, es como un hombre más, no compares -replicó Eduar.

-Cállense. No pueden ser más imprudentes porque no pueden -regañó Luis Ángel.

-Cállate tú. Te crees el sabiondo -se enojó Elián.

-¡Eliana! -gritó Neyret al salir de un salón y ver a la muchacha.

Se acercó a ella con una gran sonrisa desplegada y abrazó un brazo de la muchacha, comenzó a caminar a su lado.

-¿Te pasaron de salón? -inquirió.

-Ah... Sí -respondió.

-¿Así que estudias con ellos? Me hubiera gustado estudiar contigo -dijo Neyret.

-¿Tú qué? -replicó Eduar.

-¿Qué de qué? -Neyret hizo un gesto de desagrado.

-¿Desde cuándo eres amiga de ella? -le preguntó.

-La conocí en la entrada, es nueva y comencé a hablar con ella -explicó Neyret desplegando una sonrisa.

-Hablas de Eliana como si fuera tu nuevo perfume -replicó Eduar.

-No es un objeto, así que no la compares -discutió Neyret.

-Ay, basta -pidió Luis Ángel quien no soportaba oír una discusión.

-¿A dónde vas con ellos? -preguntó Neyret a Eliana.

-Voy a ver el club de atletismo, me están enseñando el colegio -respondió.

-Entiendo.

Neyret estaba dispuesta a seguir con ellos todo el recorrido mientras conversaba con la muchacha. Algo que no les gustó a los jóvenes y menos a Eduar.

-Hola Eliana -saludó Camila al ver a la muchacha.

-¿Se conocen? -preguntó Luis Ángel a Camila.

-Ah... Sí, la he visto trotando en mi misma ruta -explicó Camila sonriente.

-Parece que muchos te conocen -le dijo Luis Ángel a Eliana.

Sandrid se acercó al grupo y observó de pies a cabeza a Eliana "¿qué le pasó en ese cabello?" pensó.

-¿Qué hacen? -preguntó al grupo.

-Estamos recorriendo el colegio para enseñarle a Eliana la ruta. Es nueva y estudia con nosotros -explicó Elián.

-Ah... -Sandrid comenzó a caminar con ellos solo porque no quería estar sola. Aunque no le agradó para nada Eliana.

Llegaron a la cancha de atletismo. El grupo se sentó en una grada y comenzaron a sacar la comida que habían comprado.

-¿Nos vamos a saltar la clase? -preguntó Camila.

-Sí, ahora tenemos artística y esa profesora no hace nada en la clase. Seguramente hará que pintemos un dibujo libre -explicó Eduar.

-Bueno, estamos a principio de año, no es mucho lo que se hace en clase -dijo Neyret-. ¿Quieres ir a clase Eliana?

-Ah... No sé -respondió ella.

-No vas a hacer nada allí, así que no te preocupes -explicó Luis Ángel.

Estaban conversando por unos minutos de temas generales, todo iba bien hasta que Elián decidió meter un tema.

-¿Quién te gusta Camila? -le preguntó.

-¿Y esa pregunta a qué viene? -inquirió mientras destapaba un jugo de naranja.

-Estamos en confianza, así que no te preocupes -Elián desplegó una sonrisa.

-Verdad, nunca te hemos visto un novio. ¿En serio no te gusta nadie? -dijo Eduar.

-Ya dejen de molestar a mi hermana -pidió Cristian mientras comía una bolsa de papas.

-Yo te digo quién me gusta si tú me dices quien te atrae a ti -A Elián le brillaron los ojos al tener una gran idea-, ¿qué les parece si jugamos a sincerarnos?

-Con ese juego siempre sale alguien enfadado, no -refutó Luis Ángel.

-Por favor, nos conocemos desde que tenemos memoria, así que hay mucha confianza y quien se enoje por el juego debe de tener una penitencia. Así nadie se enoja.

-No pues, qué gran solución has dado Elián -Sandrid se cruzó de brazos.

-Corazón, seguramente quieres jugar, se nota que estás interesada -Elián respingó las cejas.

-Bueno... -la chica hizo un puchero.

-Digan un número y quien acierte el que estoy pensando debe decir quién le gusta -explicó Elián.

-¿Y por qué no comienzas tú? -inquirió Neyret-, eres quien decidió ponernos a jugar esto -todos apoyaron a la joven.

-Está bien, yo comienzo, pero deben de sincerarse de verdad. Bueno, con lo tanto que nos conocemos seguramente sabremos si la otra persona dice mentiras -Elián soltó una carcajada que los demás siguieron.

Hubo un momento de silencio donde todos se miraron unos a otros con un poco de tensión.

-Me sincero, la chica que me gusta... -Elián se ruborizó-, Sandrid, me gusta ella.

-No sé por qué no me sorprende -soltó Camila.

-Eso se sabía -Eduar dejó salir una carcajada.

-Ya cállense -pidió Sandrid con mucha vergüenza.

-Sé que no te gusto -Elián se cruzó de brazos-, de lo que te pierdes.

-Sobre todo -soltó con sarcasmo y barrió al joven con los ojos.

-Ahora te toca a ti -le dijo Eduar a Sandrid.

-Me sincero, a mí no me gusta nadie -soltó Sandrid, todos hicieron rostro de "no te creo"- ¡es cierto, aquí solo estudian puros mocos! -insistió ella.

-Bueno, ¿a quién le toca ahora? -preguntó Elián, rodó la mirada a Camila-, ¿quién te gusta?

-¡¿Eh?! Yo nunca dije que quería jugar -Camila comenzó a ponerse nerviosa.

-Deja de ser pendeja y responde -regañó Neyret bastante interesada.

-¿Tú qué? -inquirió Camila un poco enojada.

-¡Habla! -le gritaron todos.

-Está bien -aceptó la chica tragando en seco, rodó la mirada hacia Luis Ángel quien la observaba fijamente-. Me... sincero -¿en serio debía de responder la verdad? -, me gusta un chico que vi pasar por la calle, pero él ni me conoce.

-Mentirosa, di la verdad -regañó Elián cruzándose de brazos.

-¡Es la verdad! -replicó Camila.

-¡No es cierto! -discutió Elián.

-¿Y tú cómo sabes que no es cierto? -preguntó Cristian.

-Porque yo sé quién le gusta, de hecho, él está aquí con nosotros -rodó la mirada a Camila-, ¿verdad?, solo miren como se ruboriza.

-Basta -pidió Eduar al sentir lástima por Camila.

-Te gusta desde que eres niña, pero crees que él nunca se fijará en ti -dijo Elián-, ¿Cómo sabes eso si nunca le has preguntado? ¿Qué te parece si lo hacemos ahora? Así sabrás si debes de superar lo que sientes por él o no.

Hubo un gran silencio en el grupo, Elián observó fijamente a Luis Ángel, así que todos se enteraron de que se trataba de él. Camila tenía muchas ganas de llorar al sentirse tan humillada.

-Elián, deja de hacer esto, ya no me agrada -pidió Cristian.

-Dejen que hable Luis Ángel, ¿quién te gusta?

Luis Ángel no sabía qué responder, observó fijamente a Camila quien tenía los ojos inundados. "Ya lo sé, me va a rechazar, es mejor que me vaya de aquí, qué vergüenza" pensó la muchacha.

-Me sincero, quien me gusta es Camila -dijo Luis Ángel y desplegó una sonrisa.

Todos soltaron un grito de emoción. Sandrid eufórica comenzó a estremecer a Camila de los hombros.

-¡¿En serio?! ¡¿Desde cuándo?! -preguntó Elián emocionado.

-Desde hace tiempo -explicó Luis Ángel.

-Se notaba -Eduar soltó una carcajada.

-¿Y qué piensan hacer ahora que saben que se gustan? -preguntó Eliana.

Todos rodaron la mirada a Camila quien estaba totalmente congelada de la impresión.

-¿Es en serio? Camila está muy joven para tener novio, mis papás no van a aceptar que ella sea novia de Luis Ángel -dijo Cristian con algo de celos.

-Cállate, esa ya es decisión de ellos -regañó Elián-. Además, Luis Ángel, ¿serías capaz de pedirle noviazgo a Camila?

-Claro, si me gusta -respondió.

Camila estaba completamente ruborizada, todos la observaban esperando una respuesta de ella.

-¿No vas a aceptar a Luis Ángel como tu novio? -preguntó Neyret.

-¿Eh? Pe-pero, él no me está... -trató de hablar.

-¿Quieres ser mi novia? -preguntó Luis Ángel.

-¡¿Ah?! -Camila se asustó al escuchar esa pregunta.

Hubo un momento de silencio, Camila se notaba que apenas estaba procesando la pregunta.

-Este... -llevó una mano a su rostro.

-¿Te da vergüenza porque estamos nosotros aquí? -preguntó Eduar.

-Si quieres nos vamos y ustedes hablan a solas -sugirió Sandrid.

En aquel momento sonó el timbre que anunciaba el cambio de clase, todos se miraron los rostros.

-Bueno, ya debemos de ir a clase -soltó Elián con una sonrisa desplegada.

Los chicos bajaron de las gradas y salieron de la cancha de atletismo. Pero, Luis Ángel tomó una mano de Camila, ella rodó la mirada hacia el muchacho llena de miedo.

-Necesito una respuesta -pidió el joven.

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