Ella una mujer de treinta y tres años, viuda, codiciada por muchos hombres y envidiada por muchas mujeres, su vida no ha sido fácil después de la pérdida de su esposo, tiene que lidiar con una sociedad machista y con la envidia de muchas personas.
Su vida da un giro inesperado cuando por cosas de la vida pasa por una escena cliché donde la chica choca con él chico y termina en sus brazos.
Pero no todo termina ahí, si no que sus día a día se vuelven a cruzar una y otra vez, donde la chispa y él deseo está ahí latente sin ellos darse cuenta....
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Él un hombre de veintiséis años estaba locamente enamorado de su novia con la cual pensaba casarse pronto.
El día que él había decidido dar el paso de formar una familia junto a ella, su mundo se derrumbó al encontrarla en una situación que él jamás pensó, su excusa fue que él jamás le brindaba la debida atención que ella merecía.
Ella lo dejo con él corazón roto, se prometió y perjuro no poner sus ojos en ninguna otra mujer.
Cuando su mundo solo giraba en torno a él ella apareció en su vida poniendo todo de cabeza, pero eso no era lo único que le esperaba, su ex-novia apareció nuevamente, pero esta vez en compañía de alguien más.
Hace dieciséis años contraje nupcias con él hombre más raro que pude conocer, y no digo raro de la manera en que sean cosas fuera de lo común, él era un hombre de otra época, era como si se hubiera atascado en el tiempo y no pudo volver a su época, él era de esos hombres del siglo pasado, pero aun así lo ame y eso que pensé que nunca lo podría amar.
Nos casamos a los días de cumplir los dieciocho años, él era un hombre de buena posición y mi padre como quería formar parte de esa sociedad o como le dicen círculo social, pero yo lo veo, así como una sociedad que margina a las demás, me caso con él señor Michel Melitón.
Michel tenía treinta años cuando contraje matrimonio con él, a pesar de parecer un hombre del siglo XIX era un hombre de buen ver, pero no por que pareciese de ese siglo me trataba como esos hombres de esa época donde las mujeres casi no tenían ni voz ni voto. No él me dejó ser a mi manera, pero eso si siempre me comporte como una esposa y señora.
A pesar de no querer casarme con él, lo hice porque mi padre me amenazó con casarme con otro, ¡ese era peor!, por eso preferí casarme con Michel.
Michel jamás me forzó a nada, después de casados no me tocó, es más primero me enamoro con cosas vanas, a pesar de tener dinero me llevaba a comer a lugares no tan populares, íbamos a lugares donde los de la alta sociedad no querían entrar, íbamos a los teatros cuando era invitado. Además, lo que me enamoro de él fue su forma de tratarme y como me hacía sentir, para él yo era su diosa y al mismo tiempo un cristal al que no se le podía tocar, era tan delicado conmigo que a la hora de tratarme me hacía sentir tan delicada como una muñeca de porcelana.
No estuve hijos con Michel y no es porque no quisimos tener hijos, intentamos de todo, pero él tenía problemas con la producción de esperma o como le dicen infértil, nunca pudimos tener uno, aunque sea, quisimos adoptar, pero cuando empezamos el proceso él enfermo y no lo iba hacer sola.
En su lecho de muerte me hizo jurarle que me daría una oportunidad con alguien más y no solo eso, me pidió que no le guardara mucho tiempo de luto.
Además de eso me dijo el por qué se casó conmigo, la verdad fue tan dura y cruel que quise revivir a mi padre y regresarle la memoria a mi madre y escucharlo de sus bocas y que me dieran una explicación de por qué me hicieron eso, yo que era su única hija.
Al él morir me sumí en un pozo de soledad, tristeza y amargura, estaba sola sin madre, ni padre, pues mi padre murió hace diez años y mi madre es como si no la estuviera, hace ocho años le diagnosticaron una enfermedad degenerativa como muchos la conocen Alzheimer, aunque ella viva conmigo es como si no la estuviera.
No descarto el darme una segunda oportunidad, pero con un hombre que valga la pena, he tenido oportunidad de rehacer mi vida no voy a mentir, pero muchos solo quieren conquistarme o como muchos dicen conquistar a la señora, pero se cuáles son las intenciones de ellos, solo lo hacen por la fortuna que me dejó mi esposo.
Soy dueña de los mejores hoteles de Malibu y no solo eso, también soy dueña de una industria de joyerías la cual lleva mi nombre Dasha Melitón.
Extraño a mi esposo si, como nunca pensé extrañarlo, fui feliz con él no lo voy a negar, él me amo a su manera y yo lo ame a mi manera, me amo con la misma intensidad que yo lo ame de eso no tengo dudas, y no creo que haya ningún hombre que me ame como él lo hizo.
Lo ame y amare por siempre.
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Pensé que ella me amaba, pero al final solo jugó conmigo y mis sentimientos, teníamos cinco años de novios, nos conocimos en la universidad, mi mundo era perfecto junto a ella decidí trabajar y estudiar para darle la vida que ella se merecía, a los tres años de novios decidimos mudarnos juntos y empezar una vida de pareja, sé que tarde dos años para dar el paso, pero como dije quería darle lo mejor.
Cuando decidí dar el paso y no solo eso, la quise sorprender, pero el sorprendido fui yo al encontrarla con uno de mis compañeros de la universidad.
Mi mundo se me vino encima al verlos y escucharlos como jadeaban ambos, no sé por cuánto tiempo me quede ahí parado viendo la escena sin que ellos se dieran cuenta, cuando reaccione lo tome y lo golpe hasta cansarme.
Mi supuesta novia lo que hizo fue ayudarlo tomar sus cosas y largarse junto a él. Y creo que fue lo mejor para los dos, no la hubiera perdonado por más que la amara.
Mi vida quedó vuelta mierda, después de unos meses las mujeres que llegaban a mi vida solo calentaban mis sabanas por unas horas y luego las echaba, para mi ellas no valían nada, la única que vale es mi madre, ella es única pero las demás no eran nada.
No estoy ni estaré para el amor nunca más las que vengan solo serán para divertirme y ya...
Pensamiento: "JAMAS DIGAS DE ESTA AGUA NO BEBERÉ".
Narra Dasha.
Mi historia de amor empezó hace años atrás. Para ser precisos hace dieciséis años cuando me obligaron a casarme con él hombre más raro del universo entero, aunque después de su muerte pensé que todo había terminado para mí, lo llegué amar cómo una loca enamorada, con él era libre me sentía la dueña del mundo y del universo a decir verdad de todo.
Con él conocí cosas que jamás había imaginado su manera de amar era única.
Dieciséis años y cuatro meses antes.
-Buenos días hija-. Miro a mi padre que irrumpe en mi habitación con una gran sonrisa.
-Buenos días padres ¿cómo estas, como te fue? -. Él sonríe de gran manera.
-Muy bien hija tengo una gran noticia que darle a tu madre y a ti, ¿dónde está ella Por cierto? -. Me encojo de hombros.
-Supongo que es una gran noticia ya que sonríes de oreja a oreja-.
-Si que lo es mi amor-.
-Okey la dirás a la hora de la cena o me equivocó-.
-Si termina de hacer tus deberes para que vengas a preparar la cena-.
-Si padre-. Digo como niña obediente.
Hora y media después estaba poniendo la mesa para servir la cena, aunque no éramos una familia de una clase alta a la cual mis padres querían entrar a como diera lugar, ellos se comportaban como una y yo era como su empleada por así decirlo, mi madre se reunía con esas mujeres de alta sociedad al igual que mi padre se codeaba con los más grandes empresarios.
Yo no quería ser parte de su circo, pero a veces tenía que fingir ser una chica de esas torcidas y vacías de la cabeza.
No me imaginaba lo que mi padre tenía que decir, pensé que era una noticia de poca importancia, pero lo que se me venía era peor que ser la sirvienta de la casa.
-Todo te quedó decente hija te esforzaste como siempre-. Me adulo mi madre. -Ven amor siéntate vamos a degustar la comida de tu hija-. Sonreí con amargura.
Tome asiento mientras mi madre servía la cena.
Empezamos a cenar cuando papá carraspeó para dar la noticia, deje de comer mientras pensaba en mi prueba del día siguiente.
-La noticia que tengo que darles es que mañana tendremos la visita del señor Wellington, él quiere conocer a mi familia así que lo invite a cenar-. Mire a mi madre quien se le pinta una gran sonrisa.
-Él señor Wellington amor eso es un gran paso...
Lo único que cruzó por mi mente fue que yo tendría que cocinar para ese señor, no lo conocía y la verdad no quería conocer un estirado como esos que frecuentan mis padres.
-Dasha hija quiero que nos sorprendas quizás y logres conquistarlo con tus dotes en la cocina-. La mire sorprendida no quería casarme con ese señor y ni siquiera que me pretendiera, solo tenía diecisiete años, bueno solo faltaba una semana para mi cumpleaños número dieciocho.
Pero aun así no quería nada de eso yo les huía a los chicos con ellos solo era un "hola y adiós".
La cena término en ello, no refute porque no servía de nada era la orden de mi madre y mi padre la apoyaba cien por ciento.
El nuevo día llego, después de presentar mi prueba regrese a casa de inmediato ya que tenía que ver que cocinaba para ese señor ya que la cena sería dedicada para él.
Además de cocinar tenía que arreglar la casa y dejarla impecable.
Mi padre me mandó a ponerme mi mejor atuendo así que lo obedecí sin protestar, mi madre me había maquillado y peinado, no entendía por qué tanto protocolo y no le preste importancia.
La hora de la cena llegó y mi padre y madre no sabían que hacer, al fin la puerta fue tocada, de inmediato mis padres se levantaron y fueron atender cuando antes nunca lo hacían.
Un minuto después por la puerta entre un señor un poco pasado de peso y con una pinta que decía tengo dinero y lo puedo comprar todo, pero algo no me parecía y era el ¿porque me miraba de esa manera?, esas miradas ya las conocía.
-¿Es ella? -. Pregunto el sin descaro.
-Si esa es mi hija, Dasha ven aquí-. Me llamo mi padre me levanté y fui con ellos. -Te presento al señor Wellington-.
-Mucho gusto señor-. Hice una reverencia, aunque estábamos en un siglo donde eso no era necesario pero mi madre me dijo que lo hiciera en cuanto mi padre me presentará.
-El gusto es todo mío Dasha-. Tomo mi mano y depósito un beso en ella.
Quise soltarme de inmediato pero mi padre hizo una mueca, así que estuve que dejar que el señor siguiera manoseando mi mano.
Mi madre saco un vino y le sirvió al señor Wellington así que así fue como me libre de él por ese momento.
Luego de media hora mi madre nos hizo pasar a la mesa.
Me hicieron sentar al lado del señor Wellington quien en toda la cena no dejo de propasarse conmigo, en una ocasión le doble uno de sus dedos para que mantuviera sus manos quietas.
La cena era una tortura para mí, no veía la hora que acabará quería irme a mi habitación a descansar.
-Está muy deliciosa la cena señora Estévez-.
-Gracias, todo esto lo preparo Dasha, la estoy preparando para que sea una buena esposa-.
-Él que tenga el privilegio de casarse con mi hija se llevará un gran premio-. Responde mi papá.
La verdad no tenía idea de lo que conllevaban esas palabras, yo era ajena a todo eso.
-Eso es bueno yo quisiera una esposa así-. Él me miraba como niño cuando le presentan una golosina.
La cena transcurrió muy incómoda para mí, en cambio mis padres estaban de lo más relajados.
Al terminar la cena recogí todo y limpié todo, fui a la sala, en cuanto aparecí mi madre me mandó hacer un té verde.