Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Moderno > La sorpresa más dulce del amor
La sorpresa más dulce del amor

La sorpresa más dulce del amor

Autor: : Theo Montgomery
Género: Moderno
Durante cinco años, estaba convencida de que vivía en un matrimonio perfecto, ¡pero descubrí que todo era una farsa! Mi esposo deseaba mi médula ósea para salvar a su amante. Justo delante de mí, le enviaba mensajes coquetos. Para empeorar las cosas, incluso la trajo a la empresa para robar mi trabajo. Finalmente entendí que nunca me amó. Dejé de fingir, reuní pruebas de su infidelidad y recuperé la investigación que me había robado. Firmé los papeles del divorcio y me fui sin mirar atrás. Él pensó que solo estaba actuando por despecho y que eventualmente regresaría. Pero cuando nos encontramos de nuevo, estaba de la mano de un magnate reconocido mundialmente, ataviada con un vestido de novia y sonriendo con confianza. Los ojos de mi exmarido estaban rojos de arrepentimiento. "¡Vuelve conmigo!". Pero mi nuevo esposo me rodeó la cintura con su brazo y, entre risas, soltó con desaire: "¡Lárgate de aquí! Ahora ella es mía".

Capítulo 1 La mentira quedó al descubierto

"Brodie, ¿perdiste la cabeza? ¿Qué te dio derecho a donar la médula ósea de Bethany a Karen a sus espaldas?".

En el Hospital VitaCore, Leyla Wilson irrumpió en la suite exclusiva, señalando con el dedo a su hermano menor, mientras descargaba su ira.

Bethany Reid acababa de llegar a la puerta con su medicamento en la mano cuando escuchó a su esposo y cuñada enfrascados en una acalorada discusión.

"No tenía otra opción". El tono de Brodie era tan firme que casi sonaba desalmado. "Karen estaba a punto de morir. La médula ósea de Bethany era su única esperanza".

Esas palabras hicieron que a esta última la recorriera un escalofrío.

¿Karen? ¿Karen Jenkins? ¡El primer amor de Brodie! ¿Volvió?

¿El llamado examen previo al embarazo en el que él insistió, diciendo que era necesario para sus futuros planes de fecundación in vitro, no había sido más que una excusa inventada desde el principio?

¿Llegó incluso a crear una elaborada mentira para conseguir que ella aceptara una extracción de médula ósea y así poder donársela a Karen?

Leyla espetó: "Hace tiempo que no ha estado bien de salud, e incluso tuvo fiebre alta durante varios días seguidos. Todo eso fue porque la obligaste a donar su médula, ¿verdad?".

Su voz sonaba incrédula y llena de indignación. "¿Karen te lavó el cerebro o qué? Una vez casi moriste por ella y pasaste cinco años postrado en una cama. Bethany fue la que nunca se separó de tu lado durante todo ese tiempo. Ahora que estás sano, ¿de verdad pusiste en peligro la vida de tu propia esposa por Karen?".

"Ya basta". Brodie la interrumpió con voz plana. "El procedimiento salió sin problemas. Bethany se recuperó, así que no tiene sentido alargar más este asunto. Karen acaba de mejorar, y sacar todo esto a colación solo la estresará".

Leyla replicó al instante: "¿Y qué pasa con Bethany? ¿Acaso ella te importa en lo más mínimo?".

Apoyada en la fría pared del pasillo, la susodicha sintió como si su sangre se hubiera congelado, y una oleada de náuseas amenazaba con abrumarla.

Aún recordaba la primera vez que vio a Brodie, y se enamoró de él al instante a los veinte años.

Cinco años atrás, este último fue emboscado por sus enemigos a causa de Karen y casi perdió la vida.

Bethany no se lo pensó dos veces antes de interponerse entre su esposo y esos matones, recibiendo tres puñaladas que iban dirigidas a él.

Cuando la rescataron, estaba cubierta de heridas.

El día que le dieron el alta, Brodie se aferró a ella con fuerza, con el rostro bañado en lágrimas, jurando que la cuidaría para siempre.

Desde su boda, él había sido el tipo de esposo que todos envidiaban: amable, paciente, devoto.

Ella siempre creyó que era la mujer más feliz del mundo.

Sin embargo, nunca imaginó que el lugar que ocupaba en su corazón era tan inferior al de su primer amor.

Dentro de la sala, los gritos se fueron apagando lentamente.

Bethany contuvo la respiración, levantó la barbilla y abrió la puerta en silencio.

Cuando entró, vio que Leyla tenía los ojos hinchados de tanto llorar, y una oleada de preocupación y culpa cruzó su rostro.

Brodie se giró al oír el ruido y ocultó rápidamente su inquietud bajo una suave sonrisa. "¿Trajiste la medicina?", preguntó, tomando la bolsa de la farmacia como si nada estuviera mal.

Sin decir palabra, Bethany lo esquivó y respondió con calma y en un tono plano: "Sí. ¿Podemos irnos ya?".

Brodie se encogió de hombros como si no hubiera notado su distancia y le dedicó una sonrisa cálida. "Por supuesto. Vámonos".

Mientras pasaban junto al mostrador de enfermería, se oyeron las voces susurrantes de dos jóvenes enfermeras.

"Mira, el señor y la señora Wilson son la pareja perfecta".

"Es verdad, ella tiene mucha suerte. El señor Wilson es rico, guapo y su reputación es impecable. De verdad que tiene una vida de cuento de hadas".

"Sinceramente, la señora Wilson se sacó la lotería. No todo el mundo consigue casarse con un hombre que es tan perfecto".

¿Un hombre perfecto? Bethany casi se rio al escuchar eso. Solo podía pensar en cómo la había utilizado para su carrera profesional, y ahora no era más que una donante conveniente para su antiguo amor.

Cuando llegaron a la entrada del hospital, el celular de Brodie sonó de repente. Comprobó el identificador de llamadas y una breve sonrisa se dibujó en su rostro. Luego, a toda prisa, silenció la llamada.

Pero Bethany alcanzó a vislumbrar el nombre en su pantalla: Karen.

Al instante, sintió que su corazón se congelaba.

"¿Qué pasa? ¿Quién te llamó?". Su voz sonaba áspera y amarga.

Brodie le restó importancia con una sonrisa despreocupada. "Oh, nada importante. Es solo un asunto urgente del trabajo que tengo que resolver", dijo, estirando la mano para acariciarle la cabeza. "Haré que un taxi te lleve a casa para que puedas descansar".

Bethany esquivó suavemente su toque, mirándolo a los ojos con firmeza. "Pero es fin de semana. ¿Qué podría ser tan urgente que no pueda esperar hasta el lunes?".

Brodie dudó un instante y luego mostró una expresión de resignada indulgencia. "Solo escucha, ¿sí? Me ocuparé de ello rápido y volveré enseguida contigo".

Las palabras sonaban cariñosas, pero ella pudo percibir la firmeza detrás de ellas.

Sacando su celular, Brodie le reservó un viaje rápidamente.

Se aseguró de que estuviera acomodada y cerró con cuidado la puerta del auto detrás de ella.

"Envíame un mensaje cuando llegues a casa", dijo desde la ventanilla, mostrando su impecable sonrisa.

El vehículo avanzó, aumentando la velocidad.

Por el retrovisor, Bethany vio a Brodie alejarse a grandes zancadas, dirigiéndose directamente a su elegante Bentley negro, en una dirección que sabía que no era hacia la oficina.

Ella se dejó caer en el asiento, con los ojos fuertemente cerrados. Cuando por fin los abrió, su mirada se volvió gélida.

Ese matrimonio ya no tenía sentido, y necesitaba divorciarse. Costara lo que costara, se aseguraría de que así fuera.

No permitiría que sus bienes terminaran en las manos de ese descarado y su amante.

Bethany desbloqueó su celular y buscó un contacto al que casi nunca llamaba. Ese número pertenecía a Daniel Barnes, un amigo de la universidad.

En ese momento, era uno de los abogados más temibles de Lzivier, famoso por no haber perdido ni un solo caso de divorcio en los tribunales.

Tras calmar sus nervios con una larga respiración, marcó el número. "Hola, Daniel. Soy Bethany...".

En cuanto colgó la llamada, un mensaje de texto de un número desconocido iluminó su pantalla, con palabras frías y despiadadas.

"Gracias por la médula ósea. Deberías rendirte. ¿Qué sentido tiene aferrarse a un hombre que ya no te ama?".

Esas palabras golpearon a Bethany como un hierro candente, quemándola hasta lo más profundo de su ser.

"Señorita, ¿se encuentra bien?", preguntó el taxista, mirándola por el espejo retrovisor.

Bethany no pudo decir ni una palabra. Bajando la ventanilla bruscamente, dejó que la ráfaga de aire le golpeara las mejillas, tratando desesperadamente de enfriar la rabia que hervía en su interior.

El semáforo por fin cambió a verde, y el taxista retiró la mirada antes de pisar el acelerador.

En ese momento, un Maybach negro se acercó en dirección contraria.

En la parte trasera, Jonathan Taylor estaba mirando unos documentos, pero una extraña punzada en el pecho lo hizo detenerse y levantar la vista.

A través del cristal, vislumbró fugazmente el rostro pálido y angustiado de Bethany cuando sus autos se cruzaron.

"Regresa", ordenó Jonathan, con la voz más aguda de lo habitual.

Por un momento, la sorpresa se reflejó en su rostro, pero no perdió ni un segundo. "No pierdas de vista ese taxi. ¡Síguelo!".

Capítulo 2 La evidencia de su traición

La preocupación oprimía el pecho de Jonathan. La expresión que vio en el rostro de Bethany era de puro dolor, y no había ni una pizca de alegría en sus ojos, sino el vacío de alguien a quien le habían arrebatado por completo la esperanza.

En el cruce más cercano, el Maybach hizo una vuelta en U, manteniendo con fluidez el ritmo del taxi en el que iba Bethany.

Detrás del vidrio polarizado, la mirada de Jonathan no se apartó en ningún momento de la tenue silueta de la joven en el asiento trasero.

Tenía la cabeza apoyada en la ventana y le temblaban los hombros; parecía que intentaba contener sus emociones.

"Brodie Wilson...". El nombre escapó de los labios del hombre, con voz gélida.

No entendía qué clase de dolor podía despojar de todo rastro de vida a una mujer que alguna vez había brillado con energía.

El taxi acabó entrando en una exclusiva comunidad de villas y se detuvo ante una opulenta casa.

Jonathan le indicó en silencio a su conductor que se detuviera a una distancia discreta.

Desde donde estaba sentado, vio a Bethany detenerse frente a la gran puerta principal, con la cabeza echada hacia atrás mientras contemplaba el edificio.

Ni una lágrima cayó, pero la devastación grabada en su postura era más elocuente que cualquier grito de auxilio.

Tras lo que pareció una eternidad, por fin avanzó y desapareció tras la puerta.

Una vez que la perdió de vista, Jonathan, con una voz inquietantemente firme, dijo: "Robert".

"¿Sí, señor Taylor?".

"Haz un anuncio". La mirada de Jonathan era gélida. "El Grupo Taylor suspende todas las asociaciones con el Grupo Wilson, y rescinde todos los acuerdos activos con efecto inmediato".

Robert Kirk, su asistente, contuvo el aliento bruscamente. "Pero, señor Taylor, ya hemos invertido más de 100 millones de dólares...".

"Solo hazlo", intervino Jonathan, sin darle oportunidad de discutir. "Y para el amanecer, quiero todos los detalles que puedas desenterrar sobre Brodie y su esposa, Bethany".

"Entendido".

...

En ese mismo instante, Bethany entró en el salón y encendió las luces, inundando la vasta y vacía villa con una fría luminosidad.

No había ni rastro de Brodie. Debía estar aún en la casa de Karen.

Sin molestarse en acomodarse, se quitó los zapatos y subió directamente al estudio.

Rara vez entraba en el despacho de Brodie; siempre se mantenía a distancia por respeto al espacio que él reclamaba como privado.

Ahora, al recordar eso, le parecía absurdamente inútil.

Encendió la computadora de él y probó todas las contraseñas que se le ocurrieron, incluso su propio cumpleaños, pero ninguna funcionó. Todos los intentos fueron denegados.

Una risa fría y burlona se escapó de los labios de Bethany. Estaba claro que ese hombre llevaba bastante tiempo protegiéndose de ella.

Sus ojos recorrieron el estudio hasta posarse en una caja fuerte compacta escondida en un rincón. Quizá allí guardaba lo que ella necesitaba encontrar.

Mientras Bethany seguía considerando su próximo movimiento, su celular comenzó a sonar dentro de su bolso.

Lo sacó y vio que el nombre de Brodie parpadeaba en la pantalla.

Se quedó mirándolo un momento antes de contestar, con un tono helado y plano: "¿Hola?".

"¿Estás en casa, Bethany? ¿Por qué no me enviaste un mensaje?". La voz de Brodie tenía la misma calidez amable de siempre. Sin embargo, el fondo estaba extrañamente silencioso, sin el menor ruido de oficina.

"Ya llegué. Solo se me olvidó", respondió ella con brusquedad.

Hubo una pausa al otro lado. Brodie pareció notar el tono cortante en su voz. "¿Pasa algo? No pareces tú misma. ¿Todavía te sientes mal?".

"Estoy bien. Solo cansada. Me voy a la cama", dijo Bethany, acercándose a la ventana.

"De acuerdo, entonces descansa un poco. Las cosas están un poco complicadas aquí, así que llegaré tarde a casa. No hace falta que te quedes despierta por mí", murmuró Brodie con suavidad. "Asegúrate de pedirle a la empleada un poco de sopa caliente. No has estado muy bien de salud y no quiero que te resfríes".

A Bethany se le revolvió el estómago al escuchar su vacía y ensayada preocupación.

¿De verdad le importaba su salud? ¿No era él la causa de eso en primer lugar?

"Está bien", espetó Bethany con voz gélida y colgó.

No podía soportar ni un segundo más la falsa ternura de Brodie.

Tras ser engañada para donar su médula ósea, por fin había descubierto su verdadera cara.

La antigua Bethany, tonta y cegada por el amor, ya no existía.

Ahora estaba decidida a recuperar con calma todo lo que era suyo y a hacer que esa pareja de sinvergüenzas pagara por lo que había hecho.

Brodie no volvió a casa hasta el siguiente mediodía. Sin siquiera quitarse los zapatos, entró corriendo y abrazó a su esposa con desesperación.

"Lo siento mucho, Bethany". Su voz era ronca y rasposa, desgastada por la larga noche, y cada palabra rezumaba un arrepentimiento falso. "La empresa tuvo un problema ayer. Estuve ocupado en el trabajo hasta la mañana. Sé que volví tarde. Por favor, no te enfades conmigo, ¿de acuerdo?".

Atrapada en sus brazos, Bethany apoyó la barbilla en el hombro de él. Su mirada se deslizó hacia abajo y se posó en el cuello blanco e impecable de su camisa, justo donde destacaba una atrevida mancha de pintalabios.

Sus ojos se detuvieron ahí por un momento, y su mente casi evocó una escena que le revolvió el estómago.

Ese perfume empalagosamente dulce flotaba en el aire, retorciéndole las entrañas y haciéndola sentir que podría vomitar. Era la inconfundible fragancia de otra mujer.

Bethany bufó para sus adentros. ¿Un problema de la empresa? Más bien una amante que se negaba a dejarlo ir.

Reprimiendo la náusea, ella se liberó de los brazos de Brodie.

"No estoy molesta". Su expresión se suavizó al instante y le dedicó una sonrisa perfecta y ensayada. "Debes estar agotado. Ve a refrescarte. Le pediré al ama de llaves que ponga la mesa".

"De acuerdo. Por cierto, Bethany, te traje algo". Brodie le entregó una afelpada caja de terciopelo azul zafiro.

Bethany la abrió con indiferencia. Dentro había un centelleante collar de diamantes, que claramente valía una fortuna.

Sus ojos recorrieron la joya con fría indiferencia. La visión no despertó nada en ella.

Brodie, sin percatarse de su frialdad, asumió que estaba encantada. "¿Te gusta? Lo elegí especialmente para ti. No hay otro igual en ninguna parte".

Bethany fingió una sonrisa entusiasta, dejando que su voz destilara una gratitud fingida. "¿En serio? Qué considerado de tu parte, cariño... Incluso con tu apretada agenda, te tomaste el tiempo para comprarme algo especial".

Brodie soltó una risilla, sin darse cuenta de su actuación, y le alborotó el cabello con suavidad. "Mientras te haga feliz, eso es lo único que importa. Me voy a duchar".

En cuanto él desapareció escaleras arriba, la falsa sonrisa de la joven se desvaneció.

Bethany esperó tres minutos, asegurándose de que él tuviera tiempo suficiente para prepararse para la ducha antes de entrar en el dormitorio. El sonido del agua corriendo del baño llenaba la habitación. La camisa de Brodie estaba tirada sobre la cama. Esa mancha de lápiz labial en el cuello resplandecía con un implacable tono rojo.

La atención de Bethany se desvió hacia la mesilla de noche. Allí descansaba el celular de él, boca abajo y sin protección.

Se acercó y lo agarró. La contraseña seguía siendo su aniversario de boda. Brodie había afirmado una vez que nunca la cambiaría porque ese día lo significaba todo para él.

¡Qué broma!

Bethany tecleó los números y desbloqueó la pantalla.

Revisó rápidamente sus fotos y mensajes, pero no encontró nada. Estaba demasiando limpio todo, como si lo hubiera borrado a propósito.

Luego, cuando iba a dejar el celular, este vibró en su mano. Apareció una nueva notificación.

"Cariño, no estoy bien... me duele".

Los dedos de Bethany se pusieron rígidos.

Una segunda notificación apareció, y luego una tercera.

"Me está sangrando el corte... ¿Me estoy muriendo?".

"Te necesito aquí. Ahora mismo".

Todos los mensajes eran de Karen.

De repente, una imagen apareció en la pantalla. A Bethany se le cortó la respiración mientras la miraba.

La foto mostraba a Karen, completamente desnuda, a horcajadas sobre Brodie en una muestra descarada y posesiva.

Tenía las mejillas sonrosadas, los ojos entreabiertos por el deseo y la clavícula cubierta de chupetones.

Alrededor de su cuello lucía un collar de diamantes, idéntico al que yacía en la caja.

La mano de Brodie, con ese exclusivo reloj Patek Philippe, descansaba perezosamente sobre la cintura de Karen.

Pero lo que de verdad hizo que a Bethany se le erizara la piel fue el fondo de la imagen.

Era su cama, una personalizada de gran tamaño que ella misma había elegido para su dormitorio principal.

Reconoció la iluminación, la decoración, incluso el libro con las esquinas dobladas que había sobre su mesilla de noche...

Todo confirmaba la horrible realidad.

¡Habían estado allí, profanando su santuario, perdidos en su sucio romance!

Bethany se mordió el labio hasta que sintió el sabor de la sangre.

Seleccionó toda la conversación, asegurándose de incluir la foto explícita, y lo envió todo a su propio celular.

El progreso de la transferencia avanzaba lentamente: 5%... 10%...

Sus ojos no se apartaban de la pantalla.

37%... 52%...

Su pulso retumbaba en sus oídos, el único sonido en la silenciosa habitación.

De repente, escuchó el suave clic de una cerradura, y el sonido de una puerta abriéndose resonó detrás de ella.

Capítulo 3 No estaba sola

Se oyó un clic seco. El sonido de una cerradura al girar resonó en el silencio, tan agudo que detuvo el corazón de Bethany.

Se quedó inmóvil, conteniendo la respiración, a la espera de pasos. Pero no se escuchó nada.

Lentamente, movió la cabeza hacia el sonido.

La puerta del baño seguía firmemente cerrada; el sonido había provenido de otra que estaba abierta y fue movida por el viento.

Justo en ese momento, una notificación brilló en la pantalla de su celular, mostrando que la transferencia se había completado.

Bethany soltó un suspiro tembloroso de alivio y solo entonces se dio cuenta del sudor frío que le empapaba completamente la espalda.

Borró el historial de envío al instante y volvió a poner todo en su lugar.

Salió del dormitorio sin vacilar, cerró la puerta suavemente y se dirigió escaleras abajo.

Una vez que llegó a la sala, miró su celular. Todo el historial de chat se mostraba tranquilamente en la pantalla.

Bethany sonrió con decisión mientras observaba la imagen.

Abrió el chat con Daniel y le reenvió todo el contenido. "Esta es la última prueba".

Luego sacó una foto del collar y se la envió a un revendedor de confianza. "Ayúdame a vender esto. Dona las ganancias a la Fundación de Protección de Mujeres y Niños".

Después de terminar ambas tareas, dejó su celular a un lado. Unos minutos después, se escucharon pasos en la escalera.

Brodie apareció, secándose el cabello húmedo con una toalla. Cuando notó que ella seguía allí, su expresión cambió. "Bethany, ¿por qué no descansas?".

"Ya voy". La muchacha se giró y fijó su mirada en él. "No me siento nada bien. Voy a dormir en la habitación de invitados esta noche".

Brodie se detuvo en seco, con el ceño fruncido por la confusión. "¿Te sientes mal? ¿Quieres que llame a un médico?".

Por instinto, él extendió la mano con la intención de tocarle la frente.

"No es necesario". Bethany retrocedió lo justo para que su mano se encontrara con el vacío. "Con dormir se me pasará".

Brodie se quedó congelado, con el brazo suspendido en el aire, y antes de que pudiera hablar, ella se metió en la habitación de invitados y cerró la puerta con un silencioso y definitivo clic.

El hombre se quedó de pie frente a la puerta cerrada, sintiendo cómo un nudo de inquietud que no sabía cómo describir se formaba en su pecho.

***

A la mañana siguiente, Brodie se marchó al recibir una llamada.

En el momento en que el sonido del motor se perdió en la distancia, Bethany abrió los ojos. Estaba completamente despierta, sin rastro de somnolencia.

Después de desayunar, justo cuando se preparaba para salir, su celular sonó. Era su mejor amiga, Olivia Lawson.

La joven esbozó una leve sonrisa antes de contestar.

"Bethany, ¿estás bien?", preguntó Olivia, con un tono cargado de preocupación. "Anoche estuve en una fiesta y juro que vi a Brodie. Estaba con una mujer, actuando de manera muy íntima. Casi me acerqué para confrontarlos, pero mis amigos me detuvieron...".

"Lo sé. Ya tengo planeado divorciarme de él", respondió Bethany, con voz tranquila y firme.

Entonces le envió la foto a su amiga.

Olivia echó un vistazo a la imagen y casi rompió su celular por la mitad. "¡Ese desgraciado de Brodie! ¿Y quién es esa mujerzuela? ¡Juro que le arrancaré el cabello, mechón por mechón!".

"Karen Jenkins, es su primer amor", respondió Bethany con un tono plano.

"Deberías haber dejado a ese imbécil de Brodie hace mucho tiempo. Honestamente, deberías hacer público esto en internet, deja que la gente los haga pedazos y llamen a esa mujer una rompehogares por el resto de su vida".

Una sonrisa fría se dibujó en los labios de Bethany. "Estoy esperando el momento oportuno. Gritar y montar una escena en público es inútil. Me haría quedar como una tonta y no resolvería nada".

Hizo una pausa y su tono se volvió más deliberado. "Olivia, necesito tu ayuda con algo".

"¡Tú solo dime! Dinero, contactos, lo que necesites. Llevo años queriendo desenmascarar la fachada de santo de Brodie", exclamó la chica, casi vibrando de indignación.

El pecho de Bethany se llenó de genuina gratitud. Era reconfortante saber que no estaba sola.

"Necesito que encuentres un departamento seguro y privado, y también que investigues todo lo que puedas sobre el pasado de Karen".

"Claro. Déjalo en mis manos", respondió Olivia sin dudarlo.

***

Brodie entró en la empresa con paso decidido y se encontró con su asistente, Callum Marsh, cuyo rostro mostraba una expresión grave.

"Señor Wilson, tenemos un problema. El Grupo Taylor anunció que dará por terminada la colaboración con Farma Evergreen. Se negaron a discutir más a fondo", informó el asistente.

"Eso no tiene sentido. Nuestra colaboración ha ido sin problemas". Brodie se detuvo en seco, con el ceño fruncido por la confusión.

"Escuché que lo decidió su nuevo CEO. Hemos invertido mucho dinero en este proyecto. ¡Si la colaboración falla, nuestro flujo de caja estará en grave peligro!".

La expresión de Brodie cambió y se giró hacia su asistente. "¿Un nuevo CEO? ¿Quién es?".

"¡Se llama Jonathan Taylor!".

"¿Qué? ¿Ese tipo?". La expresión del empresario cambió y frunció el ceño con intensidad.

Jonathan Taylor. El nombre conllevaba el peso del poder absoluto y las tácticas despiadadas en el mundo de los negocios. Era conocido por ser extremadamente difícil de tratar, influyente en todos los ámbitos pero reservado y sereno.

Durante los dos últimos años, Jonathan se había centrado en negocios en el extranjero. Nadie esperaba su repentino regreso, ni mucho menos su decisión de tomar el control del Grupo Taylor, y ciertamente no que su primera acción decisiva afectara al Grupo Wilson.

"¿Cuál fue su motivo? No pueden rescindir un contrato sin dar una razón", exigió saber Brodie mientras se dirigía a la oficina del director.

Callum se apresuró a seguirlo mientras hablaba con un tono grave. "Su declaración oficial afirma que, tras una nueva evaluación, creen que Farma Evergreen tiene incertidumbres significativas en la estabilidad técnica y en el respaldo de datos clínicos del nuevo proyecto de medicamento oral, lo cual no cumple los estándares de control de riesgos del Grupo Taylor".

"¡Eso es ridículo!", escupió Brodie, empujando la puerta de la oficina con más fuerza de la necesaria. "¡Aprobaron nuestros datos clínicos hace mucho tiempo y estaban contentos con ellos! ¡Eso es claramente una excusa!".

Aflojándose la corbata, se desplomó en la silla detrás del gran escritorio con frustración.

Todo el futuro del Grupo Wilson dependía del proyecto Farma Evergreen. Si fracasaba, los siguientes tres años supondrían un desastre financiero.

"Contacta a Jonathan. Quiero hablar con él yo mismo", ordenó Brodie, con un tono brusco mientras intentaba controlar su pánico creciente.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022