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La transformación inesperada de mi exesposa

La transformación inesperada de mi exesposa

Autor: : Derk Blaylock
Género: Moderno
Se rumoraba que Lucas se casó con una mujer sin atractivo ni prestigio. En los tres años que estuvieron juntos, él se mantuvo frío y distante hacia Belinda, quien soportó en silencio y con resignación. Su amor por él la obligó a sacrificar su autoestima y sus sueños. Cuando el verdadero amor de Lucas reapareció, Belinda se dio cuenta de que su matrimonio había sido una farsa desde el principio, un plan para salvar la vida de otra mujer. Por eso, firmó los papeles de divorcio y se fue. Tres años después, Belinda regresó como una prodigio de la cirugía y una virtuosa del piano. Profundamente arrepentido, Lucas la persiguió bajo la lluvia torrencial y la abrazó fuertemente, mientras le decía: "Eres mía, Belinda".

Capítulo 1 Ella está de vuelta

Por la noche, una fuerte lluvia caía sobre la ciudad mientras Belinda Wright se dirigía al Club de Ensueño, empapada, pero de alguna manera manteniendo intacto el pastel que llevaba en las manos, a pesar del aguacero.

Al llegar a la entrada de una sala privada, extendió la mano con la intención de abrir la puerta.

"Verena, durante los tres años que desapareciste, Lucas no dejó de buscarte ni una sola vez. ¡Y ahora por fin estás de vuelta!".

Al escuchar eso desde el interior de la habitación, Belinda se quedó paralizada a mitad de paso.

¿Verena?

¿La misma Verena Reed que era la exnovia de Lucas Clark?

"¿Pero no se casó ya Lucas?", preguntó una voz femenina suave.

"Ah, Verena, no hace falta que te preocupes por esa mujer con la que se casó. Su padre lo obligó a hacerlo, amenazándolo con matarte si se negaba. Se casó con esa mujer solo para protegerte".

"¿En serio?". La duda de Verena era evidente.

"¡Por supuesto! ¿Por qué si no elegiría a alguien como Belinda? Es tan poco atractiva y tiene sobrepeso. Además, es una hija ilegítima. ¡Casarse con ella fue el intento de Lucas para molestar a su padre, para vengarse de él!".

Fuera de la sala privada, ella sintió frío y su tez perdió el color.

Al evocar la noche en que Lucas le propuso matrimonio, recordó cómo su corazón se había disparado. Había vivido felizmente ajena a la dura verdad. Se creyó increíblemente afortunada, sin darse cuenta de que no era más que un peón en un complot de venganza. Resultó que él solo se había casado con ella porque era fea y gorda.

Belinda no pudo evitar soltar una risa amarga, y su cuerpo se tambaleó un poco.

Agarró el pomo de la puerta para estabilizarse.

"Hablando de Belinda, han pasado cinco horas desde que se fue; es dudoso que aparezca. Delicias Postres está en los suburbios del este, y solo llegar y volver lleva más de tres horas. Además, ese lugar es famoso por sus largas colas. Seguro que no es tan tonta como para ir allí".

"Si Lucas se lo pidiera, ella iría aunque esa tienda estuviera en otra ciudad. Todo el mundo sabe lo mucho que lo ama. Es tan patética".

Al asimilar estos comentarios despectivos, la joven respiró hondo, puso una expresión estoica y abrió la puerta de la sala privada, haciendo su entrada.

Su mirada se posó rápidamente en la figura de confianza y encanto que se encontraba en el centro del lugar.

Lucas estaba sentado en el sofá con las piernas elegantemente cruzadas, encarnando un aire desenfadado pero distinguido.

Su rostro era asombrosamente atractivo, con cada rasgo exquisitamente esculpido.

Este hombre era su esposo, el estimado líder del Consorcio Triunfo.

Se hizo el silencio en la sala cuando todos vieron entrar a Belinda.

Poco después, una voz cargada de burla lo rompió. "Verena, ¿alguna vez te has preguntado cómo es la esposa de Lucas? Mírala ahora".

En ese momento, Belinda tenía un aspecto desaliñado. La ropa empapada por la lluvia se le pegaba al cuerpo, acentuando su gran complexión. Los mechones de pelo adheridos a su rostro húmedo resaltaban una notable marca oscura en su mejilla izquierda.

Ignorando las miradas desdeñosas que se posaban en ella, se acercó a su marido y dejó la caja sobre la mesa de centro con una sonrisa forzada. "Lucas, te traje el pastel de mousse que pediste".

Sin siquiera mirarla, él deslizó el postre hacia Verena, diciendo con voz encantadora: "Toma, ya puedes comerlo".

La mujer respondió con una sonrisa tímida: "Solo lo mencioné de pasada. No esperaba que de verdad le pidieras que lo comprara".

Una sacudida de comprensión golpeó a Belinda, y sus ojos se abrieron de par en par por la conmoción.

Sintió como si le hubieran apuñalado el corazón.

El pastel que había tardado casi cinco horas en conseguir... ¿Era para Verena?

"Verena, ahora ves lo mucho que Lucas se preocupa por ti, ¿verdad? Te traería la luna si lo desearas".

"¡Así es! Adelante, cómete el pastel. Después de todo, Belinda acaba de pasar cinco horas para conseguirlo. ¡No dejes que sus esfuerzos sean en vano!".

Ante eso, Belinda apretó los puños a los lados. Ahora se sentía como la mayor tonta del mundo.

Entonces, Lucas se levantó y caminó hacia ella, encontrando su mirada con un rostro inexpresivo.

Con voz fría, sentenció: "Los papeles del divorcio están en la mesa de centro de casa. Fírmalos cuando vuelvas".

Capítulo 2 Nada más que una herramienta para ti

"¿Papeles de divorcio?". Belinda se puso pálida al mirarlo, y sus labios comenzaron a temblar.

Por su parte, la expresión de Lucas se mantuvo indiferente. "Me casé contigo solo para apaciguar a mi padre y mantener a Verena fuera de peligro. Ahora que ella ha vuelto, puedo garantizar su seguridad".

Ella captó de inmediato la implicación de sus palabras.

Su matrimonio había sido meramente una jugada estratégica. Con su objetivo cumplido, él ya no veía ninguna utilidad en ella, una esposa que solo le causaba vergüenza.

Al pensar en eso, Belinda sonrió de repente. Pero su sonrisa estaba llena de resignación y amarga ironía.

Lo miró, con la tristeza reflejada en sus ojos, aunque aún se aferraba a un hilo de esperanza. "Lucas, en todos nuestros años juntos, ¿no fui más que una herramienta conveniente para ti?".

A su alrededor, la risa estalló, despectiva y aguda. "¿Está delirando? ¿De verdad cree que Lucas podría sentir algo por ella?".

"¿Acaso no se ha visto en un espejo? ¡Es horrible!".

Sin hacer caso a los crueles insultos, Belinda mantuvo su mirada fija en Lucas. Su determinación por una respuesta era palpable.

Con una voz fría, él respondió: "Sí".

Los ojos de Belinda se llenaron de lágrimas inmediatamente.

En ese momento, sintió que le arrancaban el corazón, lo arrojaban al suelo y lo aplastaban sin piedad.

El dolor la consumió.

A Belinda se le escapó una risa hueca, llena de desesperación. "Entiendo", dijo.

Asintió lentamente, aceptando su destino. "Firmaré los papeles de divorcio cuando llegue a casa".

"Nos vemos mañana a las diez en el registro civil", sentenció Lucas fríamente. Luego se dio la vuelta y se sentó de nuevo en el sofá.

Belinda caminó con pasos pesados hacia la puerta para irse.

En ese momento, se escuchó la delicada voz de Verena. "Lucas, estoy demasiado llena. ¿Puedo tirar este pastel?".

Al oír eso, Belinda se congeló.

"Por supuesto", respondió él.

Ante esa contestación, ella cerró los ojos, dejando que sus lágrimas se mezclaran con las gotas de lluvia en su rostro.

Salió de la habitación rápidamente y se dirigió de vuelta a Villa Reverie, el hogar que había compartido con él.

En la mesa de centro estaban los papeles de divorcio, justo como Lucas había dicho.

Belinda revisó los documentos y notó los términos del acuerdo. Después de divorciarse, recibiría trescientos millones de dólares y dos casas de lujo.

Aunque la había utilizado, el hombre se había asegurado de que no se fuera con las manos vacías.

Tres años de matrimonio ahora equivalían a trescientos millones de dólares y dos propiedades de lujo, ¿no era una buen compensación?

Con una sonrisa amarga en los labios, firmó los papeles.

Justo entonces, una lágrima cayó sobre el documento; se apresuró a limpiarla y levantó la vista, intentando contener el llanto.

En ese instante, su celular vibró con la llegada de un nuevo mensaje.

Era de su mentor, quien le decía:

"Belinda, ¿ya te decidiste? No dejes pasar esta oportunidad de estudiar en el extranjero, es una ocasión increíble. ¡Te arrepentirás de perdértela!".

Ella leyó el mensaje y su determinación se fortaleció mientras respondía: "Ya me decidí. Iré a estudiar al extranjero".

Durante semanas, había dudado en aceptar la oferta.

Ahora lo tenía claro.

Aprovecharía esa oportunidad.

Era el momento de empezar de nuevo. Quería una nueva vida que fuera verdaderamente suya.

Después de responder, guardó su celular en el bolsillo y comenzó a empacar.

Aunque la lluvia del día anterior la había dejado enferma, se obligó a ir, con fiebre y todo, al registro civil a las diez de la mañana del día siguiente.

Sin embargo, incluso después de las once, Lucas aún no había aparecido.

Belinda decidió llamarlo.

La voz de Verena la recibió tan pronto como se conectó la llamada. "Lucas, ¿puedes ayudarme aquí...?".

Entonces, la voz de él se escuchó al teléfono. "Ahora estoy ocupado. Volveremos a programar la visita al registro civil".

Con eso, colgó abruptamente.

Belinda se quedó mirando su celular mientras la llamada se desconectaba. Un nudo se formó en su garganta.

Con el corazón apesadumbrado, compuso un último mensaje de texto para Lucas. Después, sacó su tarjeta SIM y la desechó en el basurero más cercano.

Se guardó el teléfono en el bolsillo y se alejó sin mirar atrás.

Ese día no era un día cualquiera, era el de su partida a Chixdon.

Belinda se hizo una promesa a sí misma: una vez en el extranjero, ¡borraría todos los recuerdos de Lucas de su mente!

Capítulo 3 Es increíblemente hermosa

Tres años después, se respiraba un ambiente de emoción en la finca de la familia Thomas en Owathe.

En el gran salón, las risas y las conversaciones se mezclaban con la espesa fragancia de los perfumes.

La familia Thomas, una de las cuatro familias más influyentes de Owathe, tenía un poder considerable.

Esa noche, celebraban el regreso de la ahijada del patriarca desde el extranjero con un lujoso banquete.

La élite de la ciudad se había dado cita para la ocasión.

"Lucas, ¿es cierto que Belinda también ha regresado hoy?", preguntó Ryan Adams desde un rincón del salón.

Al escuchar la pregunta, Lucas hizo una pausa y apretó los dedos alrededor de su copa. Tras un breve silencio, saboreó un sorbo de vino y asintió para confirmar la noticia.

Vestido con un impecable traje azul oscuro, el hombre desprendía un aire de sofisticación y meticulosidad.

"¡Ya era hora!", exclamó Ryan, volteándose hacia Verena, que estaba junto a Lucas. "Esa mujer con la que se casó debería haber salido de su vida hace mucho tiempo. Felicidades, Verena. Solo es cuestión de tiempo para que te conviertas en la señora Clark".

La mujer respondió con una leve sonrisa, su voz suave al decir: "Estar cerca de Lucas es lo que me importa, no el título de esposa".

A pesar de sus palabras, su mirada fija en el hombre hablaba en voz alta de sus verdaderos sentimientos, y su expectativa de casarse con él era evidente para todos.

Pero el hombre apartó la mirada, su dedo tamborileando ociosamente el cristal de su copa, y permaneció en silencio.

Al notar la mirada esperanzada de Verena, Ryan dijo: "Lucas claramente te adora. Una vez que se libere de Belinda, sin duda te hará su esposa de inmediato. ¿Cierto, Lucas?".

Él permaneció impasible, pareciendo perdido en sus propios pensamientos.

Verena abrió los labios, a punto de responder, pero la atención de todos se desvió de repente hacia la entrada por un revuelo.

Todos giraron la cabeza cuando el sonido de unos tacones resonó en el suelo de mármol, haciendo eco en los latidos de la multitud.

Apareció una figura imponente con un vestido rojo intenso. El vestido, con un profundo escote en V y lentejuelas centelleantes, tenía un dobladillo de corte sirena que danzaba mientras la mujer caminaba.

Su presencia era indiscutiblemente magnética, y su silueta, perfecta. Sus rasgos refinados se enmarcaban en unos ojos luminosos, cuyo encanto se realzaba con un delineador oscuro. Su belleza no solo se percibía, sino que se sentía, dejando a todos los presentes sin aliento.

"¡Por Dios! ¿Quién es esa mujer? ¡No puedo creer que alguien tan cautivadora haya estado viviendo aquí en Owathe todo este tiempo! ¿Por qué no la había visto antes?", exclamó Ryan, quien no pudo ocultar su asombro.

"Ciertamente, es muy llamativa", comentó Verena con una sonrisa.

Lucas levantó lentamente la mirada hacia la mujer, y sus ojos se entrecerraron bruscamente al verla.

"¡Me encanta! Voy a conseguir su número ahora mismo. ¡Espera mis buenas noticias!", dijo Ryan rápidamente, dirigiéndose hacia ella con pasos decididos.

Al acercarse a la mujer, él le dedicó la sonrisa que consideraba más encantadora. "¡Hola, hermosa! Soy Ryan Adams, hijo del presidente del Grupo Adams. ¿Me concedes el placer de conocerte?".

Belinda miró al hombre, una sutil sonrisa dibujándose en sus labios.

Anteriormente, entre el círculo de Lucas, Ryan había sido particularmente cruel con ella, siempre lanzándole insultos a su paso.

La había llamado con muchos nombres horribles, sin importarle en absoluto sus sentimientos.

Pero ahora, ahí estaba él, de pie frente a ella, claramente cautivado por su apariencia.

La dulce ironía de todo aquello hizo que Belinda se sintiera divertida.

Al ver la encantadora sonrisa de la joven, Ryan se quedó momentáneamente hipnotizado. Se aclaró la garganta y continuó: "¿Podría saber tu nombre?".

Justo cuando ella abría la boca, a punto de responder, una voz profunda la interrumpió, llamándola: "Belinda...".

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