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La venganza de Alba

La venganza de Alba

Autor: : Stef98
Género: Romance
Alba Smith, una vez una niña inocente, es testigo del brutal asesinato de sus padres a una edad temprana. Adoptando la identidad de Rubí Sánchez, se sumerge en un entrenamiento implacable, transformándose en un arma letal con un único propósito: vengarse de Alexis Santillán, el hombre que cree responsable de la tragedia. Con los años, Rubí se convierte en una sombra en la oscuridad, persiguiendo sus objetivos con una determinación incansable. Su camino la lleva a cruzarse con Alexis, un CEO egocéntrico y mujeriego que oculta profundidades inesperadas bajo su exterior frío. A pesar de su misión, Rubí se encuentra inexplicablemente atraída por Alex, lo que la obliga a enfrentarse a dilemas emocionales que nunca anticipó. Sin embargo, el destino tiene otro giro preparado para ella. Cuando Rubí se reencuentra con su amor de la infancia, Gabriel Santillán, las emociones reprimidas y los recuerdos enterrados resurgen, poniendo a prueba su lealtad a su misión vengativa.

Capítulo 1 Mi venganza

Mi nombre es Alba Miller, pero para el mundo exterior, soy Rubí Sánchez. Mi infancia feliz y normal se desvaneció en una noche de horror cuando, a los ocho años, presencié el cruel asesinato de mis padres a manos de un desconocido que irrumpió en nuestra casa. Logré esconderme en el clóset hasta que el peligro pasó y fui rescatada, pero mi vida cambió para siempre en ese momento.

Desde entonces, he crecido bajo el cuidado de mi madrina, la mejor amiga de mi madre, quien me ha protegido y ha mantenido mi verdadera identidad oculta del mundo. Para todos, Alba está muerta, y en su lugar, surgió Rubí Sánchez, una joven estudiante becada que encontró trabajo como recepcionista en la empresa de la familia Santillan.

Durante el último año, he estudiado meticulosamente a la familia Santillan, observando cada movimiento y analizando cada detalle. Pero mi verdadero objetivo es Alexis Santillan, el CEO despiadado y frío que, en el pasado, fue el socio de mis padres y acabó con sus vidas.

Me encuentro sentada en mi puesto de recepcionista, acompañada por Martina, mi fiel compañera en esta rutina diaria. La mañana avanza con la familiaridad de un guion repetido, y juntas hemos memorizado los rostros de todas las mujeres que ingresan a la oficina del señor Alexis, o más bien, a su santuario personal.

Su oficina es un espacio imponente, con una parte trasera que oculta un secreto a plena vista: una cama. Alexis pasa la mayor parte de su tiempo aquí, frente a su familia justifica la presencia de la cama diciendo que a veces no tiene tiempo para regresar a su casa y descansar, pero la verdad es mucho más oscura. Esa cama no es para dormir, sino para sus encuentros clandestinos con sus amantes.

Cada vez que veo entrar a una de esas mujeres, siento una mezcla de repulsión y lástima por ellas, atrapadas en la red de mentiras y engaños tejida por Alexis. Las pobres piensan que él entablara una relación con ellas; sin embargo, Alexis Santillan es famoso por acostarse con las mujeres y desecharlas.

Cuando vi salir a Ximena, la asistente personal y amante de Alexis, no pude evitar reír al verla casi llorando. Yo soy empática con las mujeres, pero ella precisamente me ha hecho la vida imposible desde que entré en la empresa.

Desde aquí, podía escuchar los gritos de regaño de Alexis porque ella había perdido un papel importante. Ximena pensaba que al tener una relación con él, evitaría que la tratara como basura como a los demás empleados, pero no era así.

-¿Qué es tan gracioso, muerta de hambre? - gruñe Ximena mientras acomoda su blusa.

-Nada, señorita Fernández.- Responde Martina tímidamente.

-¿Qué está ocurriendo aquí? - pregunta Alexis entrando detrás de ella.

Él, con su cabello oscuro y unos ojos azules intensos, esa barba recién afeitada y su traje impecable, me mira con rabia como a todos los empleados. Con una mirada me pone muy nerviosa

-Alexis, esta tipa se está burlando de mí.- Me acusa Ximena.

-Sánchez, ¿qué ocurrió? - pronuncia él al mirar mi gafete, es evidente que ni siquiera sabe quién soy.

Además de su recepcionista, comparto clases con su sobrino, Gabriel Santillan. Me ha visto varias veces, pero ni siquiera sabe mi nombre. Es la primera vez que él me habla directamente. Es más frío de lo que me imaginaba. Se supone que yo lo destruiré. Para ello, debo acercarme a él y convertirme en su mano derecha, darle una puñalada cuando menos lo espere.

-¿Me está escuchando o también es sorda? - prácticamente me grita, sacándome de mis pensamientos.

-Lo escuché perfectamente, solo me reía de su asistente - le aclaré.

Noté en la expresión de su rostro que mi sinceridad lo sorprendió.

-Rubi bromea, licenciado Santillán - me intenta disculpar Martina.

-No bromeo, simplemente pienso que...

Él me interrumpe fulminandome con la mirada-Creo que hay una confusión. No me interesa lo que piense. Y ya que está de tan buen humor, señorita Sánchez, realizará horas extras.

-No es justo.

Él ríe. -La vida no es justa. De alguna forma, debe compensar sus llegadas tardes la semana pasada. Al menos que quiera buscar otro empleo, recepcionistas hay muchas.

-También asistentes, señor Santillán, y le recomiendo seleccionarlas por su intelecto, no por meritocracia.

-Le recomiendo mantenerse en su lugar. Usted no es más que una simple recepcionista es reemplazable y desechable como todos los empleados.- Sentenció antes de marcharse.

Capítulo 2 Una diosa

Cuando llegué a casa, mi madrina estaba allí, y no se veía nada feliz. Diría que algo no le resultó bien en los negocios o con su familia.

Ella es la mujer que me crió, pero no ha sido amorosa ni amable conmigo. Durante la mayoría de mi infancia, he estado sola con niñeras o con su hermano. Sé que no me quiere, aunque me he esforzado por ganar su amor, jamás lo he logrado.

-Buenas noches, madrina -la saludo con un beso en la mejilla.

Ella me observó de arriba abajo y frunció el ceño en señal de molestia.

-¿Así te vistes para trabajar?- Indaga.

Asentí.

-Ahora entiendo por qué fracasa el plan, no sabes llamar la atención de los hombres.

Me visto de manera elegante; sin embargo, no me gusta usar faldas cortas ni blusas escotadas como las demás de las mujeres en la oficina.

-¿Acaso quieres que me venda?- Pregunté rodeando los ojos.

-¿Quieres vengarte o no? Debes llamar la atención de Alexis -indaga.

Dejó una bolsa en el sofá. La abrí y era una falda pequeña y una blusa muy reveladora. Era ropa descarada, pero elegante al mismo tiempo.

-No es mi estilo.

-No es pregunta, Alba. Vístete y maquíllate como una mujer, no una niña tonta. Es tu última oportunidad. Si no me obedeces, tendrás que irte y ya no contarás con mi apoyo. Sabes lo que hará Alexander si se entera de que eres Alba, te asesinará.

-Lo sé, pero no creo que esto funcione. Hoy hablé con Alexis y me trató peor que a una empleada. Nunca llamaré su atención, y no me interesa hacerlo.

[...]

Esta mañana, me encontré vistiendo la ropa que mi madrina me había indicado usar: una blusa blanca escotada, una falda negra corta y unos tacones altos. Además, me maquillé un poco más de lo usual, con labial rojo.

Cuando llegué a la empresa, Martina me felicitó por mi nuevo look. Noté que había una fila de chicas, probablemente para el puesto de asistente, ya que Alexis había despedido a Ximena.

Como Alexis no tenía asistente, me pidieron que preparara su café. Lo hice lo mejor que pude, sin estar segura de cómo le gustaba. Una vez listo, me dirigí a su oficina, toqué a la puerta y entré cuando él me lo indicó.

Lo encontré frunciendo el ceño mientras revisaba unos balances, claramente preocupado por alguna noticia desfavorable.

-¿Qué espera, una invitación? - Pregunta de mal humor.

Me acerqué lentamente, como si entrara a la cueva de un jaguar con un collar de filete en el cuello.

-Lo siento, no quería interrumpir.- Pronuncié.

-Ya lo hizo.- Responde con simpleza.

Comienzo a acomodar el café y las galletas en su escritorio, mientras él observa mis pechos descaradamente. Si ya me siento desnuda con esta ropa, mucho peor me siento con su mirada sobre mi cuerpo. No puedo evitar sonrojarme. Él sonríe arrogantemente e intensifica la mirada.

-Gracias.

Oh, Dios, Alexis Santillán sabe decir gracias. He descubierto América.

-No es nada, señor. ¿Necesita algo más?- Indagué.

-Sí, comuniquele a Gonzáles que no siga buscando, ya encontré a mi secretaria.

-Claro, señor. Y ¿quién es, si se puede saber?- Pregunté.

-Seguiré su consejo, señorita Sáenz. Contrataré a la señora Ruiz. - Me informa.

La señora Ruiz es una anciana maravillosa. Ella lleva años trabajando en esta empresa y estaban a punto de despedirla, pero Alexis intervino hace algunos meses.

No pude evitar sonreír la señora Ruiz en verdad necesita el trabajo eso la ayudara mucho ella merece el trabajo más que yo o la pesada de Ximena.

-Eso es genial, estoy segura de que no se arrepentirá. Puedo decírselo yo.- Pedí

Él asiente con la cabeza, luego prueba el café y hace una mueca de asco.

-Lo siento, señor. Tuve unos problemas con la cafetera, y preparar café no es una de mis especialidades.- Expliqué

-Y deseaba ser mi asistente -me dice irónicamente.

Reí nerviosa. -No sé en qué estaba pensando. Qué bueno que no me contrató.

Él ríe. -Así es. Debo elegir intelecto en lugar de belleza.

No entendí muy bien lo que me quiso decir. Le dejé el café y me dirigí a mi puesto de trabajo. En mi primer momento libre, llamé a la señora Ruiz para decirle que ya no es necesario que busque trabajo porque ya tiene uno.

Cuando regrese a mi puesto me percate de que una joven castaña y de ojos verdes estaba allí. Se trataba de Vera Santillan, la hija adoptiva de Alexis.Él es un miserable, pero un acto de humanidad que realizó fue adoptar a dos niñas hace algunos años. He escuchado que las adora.

-¿Busca a alguien, señorita Santillán? - Pregunté

-Háblame de tú, Rubí -pide observando mi gafete.

Le sonreí. -¿Buscas a alguien?

-A mi padre, Alexis Santillán, pero supongo que está muy ocupado. - Ella resopla.

-Veré qué puedo hacer. En este momento, el señor está ocupado.- Respondí

-Necesitaba una autorización para una excursión. - Me informa Vera.

-Tal vez cuando llegue a casa puedas decirle. - Sugerí

-Es evidente que no lo conoces. A veces no llega. Si no es el trabajo, es con alguna tipa, pero no sé por qué te cuento esto...- Se queja Verá.

-Puedes confiar en mí, Vera. Yo sé lo que es no tener con quien charlar. - Compartí

-¿Sabes? El muchacho que me gusta irá a esa excursión. Sé que le gustó, y me dijo que tenía algo importante que decirme. Creo que me pedirá que sea su novia.

-Eso es genial.

-Pero si no voy, seguro otra chica me lo ganará.- Resopla.

-No puedo creer que esté a punto de hacer esto. Entrégame el papel.

Ella me sonríe y me entrega el papel yo practique la firma de Alexis en una hoja en blanco y finalmente logré hacerla ella me agradeció y se fue corriendo de la felicidad.

Cuando se Verá se marchaba saludo a Gabriel quien acababa de entrar. Él traía una caja de chocolate en sus manos y la depósito en mi escritorio.

-Gracias, Gabriel.- Respondí

Me han comentado que él es muy mujeriego y un sinvergüenza con las mujeres; sin embargo, conmigo es muy amable. Desde hace un año cuando entre en la misma universidad que él los demás alumnos me han humillado por ser pobre, pero Gabriel me ha tratado cortésmente. Aunque no ha negado que desea algo más que una amistad.

-Yo sé apreciar a mis empleadas y más a las guapas como tú-Él acaricia mi rostro con suavidad.

-Gabriel -escuchamos la voz de Alexis quien se acercaba y no se veía nada contento. Supongo que por los resultados de la reunión con los socios

-¡Que humor, tío! ¿Qué ocurre?.... ¿Tus putas no hicieron bien su trabajo, Alex.?- Pregunta él sarcástico

-Es otro el que no hace bien su trabajo debías asistir a la reunión.- Le recuerda Alex.

-Es en dos horas - Gabriel rodea los ojos. Los dos se parecen muchísimo. Gabriel se parece mucho más a su tío que a su propio padre.

Alexis no dejaba de mirarme como si también estuviera enojado conmigo y aún no sabe lo que acabo de hacer con su hija.

-lo siento yo...-intenta disculparse al notar que ha confundido los horarios.

-No quiero excusas Gabriel .Ahora vete ya pasaré en un castigo.- Ordena Alexis y Gabriel se marcha rodeando los ojos.

-Creí que te había quedado claro la última vez que hablamos - Me espetó Alexis.

-Disculpe ¿a que se refiere? - Pregunté incrédula.

-las relaciones entre empleados -señala los chocolates-No lo repetiré.

-No es lo que cree los chocolates son para Martina como esta enferma Gabriel quiso ser amable - Mentí descaradamente.

Él carcajea -Gabriel no es amable. Mi sobrino es un cazador nato, eso lo heredó de mí.

Nuestra conversación fue interrumpida en cuanto llegó una mujer pelirroja de ojos intensos, piel blanca. Vestía un vestido verde y tacones blancos, con un maquillaje impecable.

En cuanto vio a Alexis, lo saludó con un beso en los labios y él le correspondió. Yo comencé a jugar con mi lápiz mientras presenciaba la incómoda escena. En ese instante, volví en mí y recordé que odio a este sujeto y mi objetivo es destruirlo.

Por momentos lo olvido, pero no puedo permitirme hacerlo. Debo acabar con su relación con la supermodelo y sé cómo hacerlo. Solo debo planear exactamente qué piezas mover y en qué momento para que él caiga en la trampa.

Capítulo 3 Durmiendo con el enemigo

Estaba tranquilamente en mi lugar de trabajo cuando Gabriel se acercó. Él había anticipado que yo rechazaría su invitación a almorzar, entonces trajo el almuerzo para nosotros.

En ese momento, Alexis se acercó a nosotras fulminándonos con la mirada. No entiendo por qué está tan enfadado. La última vez que charlamos estaba bien. Me está fallando la memoria; en realidad, durante la semana ha estado súper enojado conmigo. Todavía no entiendo por qué apenas me dirige la palabra.

-¿Ocurre algo? -pregunté.

-No deberías estar aquí, Gabriel. Tienes responsabilidades que atender antes que coquetear con la recepcionista.

-Tío...

-Deja la novela, Gabriel. Quiero saber quién le firmó la autorización a Vera. -Deja el papel en el escritorio.

La señora Ruiz, quien llega detrás de Alexis, lo observa. -No tengo idea, señor Santillán. Ella estuvo esperando en recepción; yo no firmé nada.

Alexis ríe molesto. -Para firmar ese papel, falsificaron mi firma y solo pudo ser usted.

No podía dejar que culparan y posiblemente corrieran a la señora Ruiz por un error que yo cometí. Cuando ella comenzó a contener las lágrimas debido a los gritos de Alexis, supe que era el momento de confesar.

-Fui yo, licenciado. Vera me suplicó que la ayudara; ella quería ir a esa excursión y me dijo que usted no llegaría a tiempo para firmarla.

Él se acercó a mí lentamente. Debo admitir que en ese momento sentía terror. Alexis es un hombre intimidante cuando quiere.

-Eres una ingenua. Esa excursión no existió. Al menos sabes lo que firmaste.

-¿Qué? -pregunté confusa.

-Una niña de dieciséis años te vio la cara, Rubí. Es una autorización para viajar -me acusó Alexis.

-Ahora mi hija sabe dónde está, por tu irresponsabilidad. ¿Sabes que es un delito?

En verdad, es el menor de mis delitos. Estoy usurpando la identidad de la verdadera Rubí Sánchez. Planeo vengarme, no legalmente.

-Yo lo arreglaré -afirmé.

-Claro que lo arreglará -Alexis toma mi brazo-. Señora Ruiz, cancele todas mis citas.

Alex jala mi brazo sacándome de la oficina. En verdad me sorprende su actitud. No entiendo si me está corriendo de la empresa, en verdad me está apretando muy fuerte el brazo. Apenas me dio tiempo de tomar mi cartera. No paró hasta llevarme al estacionamiento.

-¿A dónde la llevas? -pregunta Gabriel, quien nos estaba siguiendo.

Alexis lo ignora abriendo la puerta de su carro e indicándome que suba-. ¿Qué esperas, una invitación?

-¿A dónde la llevas? Te pregunté -esta vez se veía enfadado.

-A dónde crees, niño. A buscar a Vera.

-Entonces yo voy con ustedes.

Él ríe-. Tú no irás a ningún lado. Tú te encargarás de la empresa y llamarás a la casa para que estén pendientes por si Vera regresa.

Me solté de su agarre.

-Está bien, Gabriel. Yo lo arruiné, yo lo arreglo -volteé a ver a Alex-. No hay tiempo que perder, licenciado.

-Tienes razón.

[...]

Agradezco tener mis papeles falsos en la cartera. Alexis conducía a toda velocidad, en verdad se veía muy enojado. Creo que si no me mata antes, nos mataremos en un choque.

-Licenciado, ¿quiere que conduzca? -pregunté.

-Quiero que te alejes de Gabriel.- Responde con frialdad

-No tenemos nada que ver. - Intente defenderme.

-. Entonces, ¿por qué se siente con derechos sobre ti? - Cuestiona Alex.

-No lo sé, señor. ¿Tiene el número de celular de Vera? Así la rastreamos. - Propuse

Él me entregó el número y yo se lo envié a Saúl, mi mejor amigo y quien también es hacker, por texto para que la rastree con la computadora. Él es un experto en tecnología y no será difícil hacerlo.

-En verdad, lo siento. Fui una torpe y entiendo si me quiere despedir. Sentí pena por Vera. Yo sé lo que es sufrir la ausencia de los padres, yo sé lo que es crecer sola. - Expliqué.

-.No sé cómo fue tu vida, pero Vera es una experta manipulando. No le prestes atención a lo que dice y no te despediré, pero tendrás tu castigo. - Afirma sin siquiera mirarme.

-Muchas gracias, señor. Si quiere, hágame trabajar horas extras o descuénteme el sueldo. No me quejaré, en verdad necesito este trabajo. - Expresé

-. Hermosa, no soy un explotador.

Mi celular comenzó a vibrar. Observé la pantalla y vi un mensaje de Saúl con la ubicación de Vera.

-Mi amigo ya me envió la ubicación. - Informe.

-¿Qué amigo? -preguntó en un tono molesto.

-Saúl Lewis -le dije mientras conectaba mi celular al GPS para guiarnos respecto a la ubicación de Vera-. Él cursa la carrera conmigo y su sobrino, Gabriel.

-Solo tienes amigos hombres: Saúl y mi sobrino -parece enfadado al decirlo.

-Sí, ¿por qué? - Indagué.

-Nada, descanse, señorita Sánchez. Será un viaje largo.

Hace varias horas estamos en el carro. Ya cruzamos el peaje. Según el GPS, Vera está a ocho horas de distancia. Llevamos seis, por lo cual solo faltan dos horas para llegar.

-Señorita Sánchez.- Pronuncia Alex antes de que yo cierre los ojos por milésima vez.

-Sí, estaba despierta.

Él ríe a carcajadas-. Ya es tarde y estoy cansado.

-Si quiere, yo conduzco.

-. Se está cayendo de dormida. Descansamos y seguimos mañana. Es una orden.

Asentí.

Nos aproximamos a un motel de aspecto desgastado, con luces parpadeantes y un cartel descolorido. Alexis estacionó el carro en el descuidado estacionamiento y nos dirigimos hacia la recepción. Noté que había varias parejas, algunas con miradas furtivas y sonrisas nerviosas. De repente, me sentí avergonzada por estar en ese lugar.

El ambiente del hotel era sombrío y desalentador, pero dada la lejanía de la zona, era lo mejor que pudimos conseguir. Alexis pagó en la recepción y le entregaron las llaves de la habitación. Luego, se acercó a mí con una expresión seria en su rostro.

-Tienen un solo cuarto disponible. - Informa él.

Era evidente que no tendrían habitaciones, casi estaba repleto de personas. Parece que a la gente le gusta venir a moteles lejanos para hacer sus cosas.

-No se preocupe, licenciado. Yo duermo en el carro.- Afirmé

Él niega con la cabeza-. Claro que no la dejaré en el carro sola, expuesta a todos los peligros y vestida así.

Es verdad, estoy vestida con una camisa escotada y una falda corta. De hecho, algunos señores no dejan de mirarme con cara de babosos.

Me dirigí a la habitación, la cual no se veía mejor que el resto del motel. Noté en la expresión del rostro de Alexis que piensa lo mismo que yo. Para empeorar la situación, se escuchan gemidos en la habitación de al lado.

Me quité la ropa, dejándola en la cama, y me dirigí a la ducha para tomar un baño largo. En verdad lo necesitaba, después de horas en el carro. De todas formas, tendré que ponerme la misma ropa porque salí de improviso.

En cuanto terminé de ducharme, me coloqué una bata y me dirigí al cuarto. Casi salto del susto cuando vi a Alexis allí. Creí que dormiría en el carro, pero parece que no.

Siento que mis mejillas se encienden cuando noto que mi ropa interior está expuesta en la cama.

-Eres muy hermosa sonrojada.- Expresa.

Ese comentario solo me hizo sonrojar más. Rápidamente, tomé mi ropa y me volteé. Noté que él reía a carcajadas.

-Lo siento, licenciado.- Me disculpé.

-Me parece una tontería que nos hablemos con formalidades fuera de la oficina, Rubí.

-Lo siento.- Repliqué.

Él vuelve a reír-. ¿Por qué te pongo tan nerviosa?

Porque tengo miedo a que me recuerdes, porque eres un hombre intimidante, porque eres el posible asesino de mis padres, y porque eres tú.

-Soy así.- Me límite a decir.

-Te he observado y no eres para nada tímida ni nerviosa. -Él toma mi brazo, obligándome a voltear-. Me gusta ser el único que te provoca esas emociones.

-Me iré a cambiar -intento cambiar de tema.

-No tengo problema en que te desnudes frente a mí. -Carcajea al ver mi rostro-. Ve mientras preparo los sándwich y usa esto de pijama.

-¿Cómo tiene ropa?- Indagué.

Es raro que tenga sus prendas aquí, como si lo hubiera planeado con anticipación.

-Tenía ropa extra en el carro -me explica.

Me entrega una camisa. Prefiero dormir con una camisa en lugar de con mi ajustada falda y mi apretada blusa. Regresé al baño, me coloqué la ropa interior y la camisa de Alexis.

Cuando regresé, los sándwich ya estaban listos. Lo acompañé a cenar sin decir ninguna palabra. Prefiero que piense que soy tímida antes de decir alguna tontería que revele mi identidad o me ponga en peligro.

-Insisto en que puedo dormir en el carro.

Él niega con la cabeza-. Pensaré que en verdad me tienes miedo.

-Podría culparme, licenciado.

-Alex.- Corrige.

Río-. Alex -siento raro al llamarlo por su nombre. Nunca antes lo he visto como una persona, solo lo he visto como alguien a quien debo destruir.

-Así está mucho mejor.

-Es raro para mí, sin ofender, pero eres muy especial. Un día podemos hablar normalmente y otro no sé si me matará -literal.

-. Simplemente no me hagas enfadar, hermosa.- Sugiere con frialdad.

-¿Cuándo lo hice? Solo cumplo con mi trabajo.

-Observo cada uno de tus movimientos. Tu trabajo no se llama Gabriel Santillán, ¿entendido? Quiero que te alejes de él y lo estoy diciendo muy en serio.

Asentí.

Creo que le debe molestar que estoy cerca de su sobrino porque somos de posiciones sociales diferentes. Él es el heredero de los Santillán y yo soy una empleada.

Bueno, en verdad no lo soy, pero él piensa que sí. Eso explicaría su actitud hacia mí. Sinceramente, no encuentro otra explicación.

-Bien, Rubí. Con tus excelentes calificaciones, ¿por qué aceptaste un puesto de recepcionista cuando te faltan seis meses para terminar la carrera?

En verdad me sorprendió. ¿Cómo es posible que esté enterado de mi desempeño en la facultad?

-Bueno, necesito encontrar una forma de mantenerme hasta acabar la carrera. Además, quiero mudarme del lugar donde vivo y no quiero esperar.- Expliqué

Es verdad, a veces no soporto a mi madrina. No puedo invitar a Saúl ni a nadie a visitarme, y con la llegada del controlador Brad, todo se complica.

-¿Estás ahí, Rubí?- Pregunta al notar que estaba perdida en mis pensamientos.

Río-. Lo siento.

-La próxima vez que te disculpes, consideraré despedirte -bromea.

Negué con la cabeza.

Después de terminar de cenar, él recogió su ropa y se dirigió a la ducha. Yo me encargué de ordenar todo, recogiendo los platos y los restos de comida. Tomé una manta que había en la cama, dejándole la otra a él, y me recosté en el sofá. No tardé en quedarme dormida.

Me desperté sintiendo unos brazos alrededor de mis piernas y mi cuello, alzándome. Esos brazos eran de Alexis. Fingí que dormía, pero tenía una maravillosa vista de su pecho. Debo admitir que tiene un buen cuerpo, con el abdomen marcado y los brazos fuertes. No he visto a muchos hombres sin camisa, bueno, solo a Saúl. En verdad, es evidente que Alex invierte horas en el gimnasio.

Él me acomodó en la cama, para luego arroparme como si fuera una niña pequeña. Pegó su cuerpo al mío, abrazándome de la cintura. Estaba tan agotada que no lo aparté.

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